Sólo los peces muertos nadan en la corriente
Durante unos días he recibido por medio de las redes sociales un montón de mensajes sobre el mundo, sobre acontecimientos increíbles por su dramatismo y sentido, como la muerte de cuatro monjitas de la madre Teresa de Calcuta. Y así como la mayoría de ellos siempre han tenido “ una atención mediática”, ahora parece que ya no va siendo así en todos los casos. Por qué no es titular de telediarios la muerte de cuatro mujeres que siguiendo la llamada de su corazón ayudan a personas moribundas en un asilo en Arden. Sólo he visto referencias a ellas haciendo coincidir su tragedia con el día de la mujer trabajadora, y permítanme que disienta en esto. No era su trabajo, ni siquiera en el cuidado de las personas enfermas, ancianos, o leprosos lo que llevó a la hindú Anselm, a las ruandesas hermanas Marguerite y Reginette y a la hermana Judith de Kenia, a estar en ese asilo ese día. Ni tampoco fue el desarrollo de su trabajo lo que pintó sobre su blanco habito una cruz roja en la mente asesina de los terroristas islámicos, fue su fe y su posición católica de amor.
Cuando Agnes Gotxha de origen libanés se hizo monja a principios del s. XX decidió llevar en adelante el nombre de Teresa en recuerdo de la carmelita de Lisieux patrona de las misiones. Dejó su trabajo en un convento irlandés para irse a ayudar a los mas pobres del mundo, en la India, y en los suburbios de las grandes metrópolis de occidente. Enfermos, discriminados de todo tipo, sin hogar, aquellas personas olvidadas al margen, peces que nadan en esta sociedad contracorriente de todo. Y ella que había sentido “ una llamada dentro de otra llamada” quiso comenzar a estar del lado de esos seres que se quedan al borde del rio, y esa intima certeza de qué tenía que hacer con su vida, la desarrolló en una frase que define muy bien esto “ ama siempre hasta que te duela. Esa es una buena señal”.
Cuando nos planteamos cómo pueden estas hermanas dedicadas a la caridad, pobres y entregadas ser objetivo de un grupo de asesinos, las razones nos mojan a todos. Todos estamos ya en ese rio del que veíamos peces nadar y sobrevivir, peces ahogándose, desnutridos, y hambrientos. La caridad molesta sólo cuando lo que molesta es el porqué se hacen las cosas. Cuando detrás de gestos tiernos, amorosos y fraternales está un Dios que en el fondo odiamos porque se opone a nuestras creencias. El radicalismo y duro giro que el mundo da cada día hiela el corazón de tantas personas que nos sentimos como en una película de terror, que es todavía mas de horror porque no podemos salir de ella e irnos a casa tranquilamente a hablar de los efectos especiales: es todo verdad.
Casos como este, los asesinatos de religiosos en tantas partes de mundo dejan de ser noticia, ya en pleno siglo XXI. El rio avanza cada vez con mas suciedad y nadar contracorriente es una tarea que lamentablemente no sólo tenemos que hacer todos nosotros, sino es el legado que dejamos a nuestros hijos. Guerras de religión el plena era de la sociedad intercomunicada que te manda mensajes en directo de cualquier cosa.
Cuando Teresa levantó el primer hogar para moribundos en Calcuta, lo hizo sobre un abandonado templo hindú. Allí regalaba atención medica y la posibilidad de una muerte digna a quien lo necesitara ya fueran hindúes, musulmanes o cristianos de cualquier rito, para poder morir “como ángeles, amados y queridos” y no como animales y peces olvidados. Y lo hacía todo en un ambiente muy especial, el del silencio:“ sólo él nos proporciona una visión nueva de todas las cosas”. Silencio para afrontar cada problema, cada diferencia de pensamiento, de creencias. Silencio para asimilar lentamente que a pesar de todo, de las muertes sin sentido podemos construir entre todos un mundo mas seguro, un nuevo asilo. Un silencio pues activo y motivador. En estos días de tanta noticia violenta, cuando vemos que el rio de la sinrazón y el odio nos azota, la vida de personas como estas mártires parece que nos dan una pequeña luz en la oscuridad. Construyen con su vida un nuevo testimonio de amor a la humanidad que llega sin duda también a golpear, en los asesinos de duro corazón, a los que seguro que ellas con sus pobres hábitos remendados, abrirían la puerta del asilo para morir. Amando como decía Teresa hasta que duela tanto, tanto.
Articulo del Diario de Ávila. 18 de marzo. 2016.




