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La noche estaba muy fría pero serena, la nieve comenzaba a caer lentamente. Veía como en un cine una historia cruel por ser absolutamente verídica: tras la ventana se arremolinan las miradas de los miles de seres que buscan la manera de pasar una frontera, huyendo del hambre, el frio y la miseria. Estoy anclada en estas imágenes, en la frontera ente Polonia y Bielorrusia, y parecen recién sacadas de una novela naturalista, donde el frio se convierte, junto con el bosque, en el protagonista . Donde el horror se congela y gime lleno de vergüenza.

Junto con las razones que los políticos y los analistas presentan sobre el verdadero sentido de todo, está la nieve, la miseria y el hambre, interrogándonos como ese gamo que se acerca a la ventana mirando desde lejos, en el poema del poeta y novelista británico, Thomas Hardy.

Estos días en mi pesadumbre por tantos seres que pasan tanta necesidad en medio del bosque, me he sumergido con este poema en el mundo de Hardy, leyendo sus novelas y poesías,  aprendiendo muchas cosas sobre la capacidad de describir lo cotidiano, la personalidad de cada uno, la trama llena de giros tan insospechados como la propia vida.

Thomas Hardy(1840/1928) considerado uno de los padres de la poesía británica actual, tiene unas obras tan bien trabadas que podríamos leerlas durante años, sin dejar nunca de emocionarnos, llenas de una profunda melancolía, donde la muerte y el sentido de lo efímero cae sobre sus poemas y novelas. Concibe en sus obras la vida humana como ajena a la voluntad, todo parece estar atado por un sentido que se extiende mas allá de lo sensato.

Leyendo Los habitantes del bosque, mientras nevaba sobre Ávila, me he sentido tan cerca de lo que describe que me ha recorrido un frío interior. El bosque se convierte en el protagonista que fagocita y va expulsando a cada personaje, completamente revestidos de su esencia. Una obra maestra que nos transporta mas allá de la sociedad rural victoriana en la Inglaterra del s.XIX, y que hoy en día tiene tanta vigencia y actualidad en la lamentable situación de tantos seres que, con sus ojos oscuros nos miran detrás de la ventana, en una Europa que se siente a salvo de las oleadas de migrantes, al otro lado de las alambradas del miedo, llenos de falta de compasión.

Europa aparece en la protagonista, Grace Melbournes, preciosa, culta y remilgada a la que le resulta imposible mirar mas allá de su propia existencia para descubrir como, los seres menos favorecidos por la historia y la existencia, tienen valores y normas de comportamiento mas elevadas y dignas de admiración y respeto, llegando a morir por ello, como ocurre con el protagonista Giles Winterbone, comportándose como un Jean Valjean en el ámbito inglés.

afuera, en las tinieblas, alguien mira/ través del cristal de la ventana/desde la blanca sábana aterida”… un gamo que nos habla de la naturaleza y de la soledad, pasando por la existencia sin ser visto por los otros, siendo el bosque el que atenaza a sus personajes, como así lo consideraba Virginia Woolf, ya que Hardy era amigo de su padre Leslie Stephen.

Se han sucedido mas de treinta mil intentos de cruzar la valla alambrada cada noche en medio del frio y la nieve. Cientos de personas y niños viven en este frio entorno en tiendas de campaña, empujadas por el ejercito bielorruso contra una alambrada, después de haber sido conducidos como ratones a este terreno oscuro por el sonido de una flauta al modo de Hamelin.

La niebla se junta con el humo y no somos capaces de distinguir mas que los ojos al final de las nubes. Recogen ramitas para calentarse en tímidas fogatas, recordando sus casas y el viaje que les proporcionaron las agencias que empujaron a tantas personas al fondo del abismo y de la niebla.

El bosque contiene, a la manera de Hardy, su propia vida, incluso en la Navidad, albergando el hogar de Ded Morón, el abuelo de los fríos, una versión eslava de Santa Claus, que ancla sus raíces en los pueblos preromanos.

Estamos en Adviento, alguien nos mira al otro lado del cristal, pero damos la vuelta porque estamos cómodos y calentitos en nuestro salón, ajenos a tanto sufrimiento, sin saber que, si no miramos la realidad mundial como parte de nuestra propia esencia personal, nada cambiará.Nada cambiará si no somos un poco Jean Valjean y Giles Winterbone.

Giles muere en un chamizo para que Grace no pase frio, en medio del clima cruento del bosque. Mas allá del miedo se establece el reino del amor y la compasión, cuando somos capaces de ver en medio de la niebla sintiendo que nos duele todo por dentro, viendo que hay un gamo que nos mira en las tinieblas, a través del cristal de la ventana del salón de casa.