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Manos y cucos

 

 

En medio de toda la preocupación mundial por el avance del coronavirus nos fuimos una mañana  de finales de febrero a visitar la Cueva del Castillo en Puente Viesgo, Cantabria.  Los cucos comenzaron a cantar a lo lejos. Pasamos en un momento a otro viaje lleno de emoción, aquel que nos lleva a encontrarnos con los hombres que vivieron en estos lugares nada menos que 150.000 años.

Pasar dentro de una cueva prehistórica supone entrar en un reino de oscuridades que desde tiempos remotos sorprendian a los hombres que allí llegaban como nos impresionan ahora. Cada grieta o protuberancia tomaba vida con el movimiento oscilante del fuego, llevando al grupo a encontrarse con el corazón de la tierra, allí donde fundirse con lo creado, al propio centro de todo.

No sólo vivían bajo la protuberancia de la entrada que a modo de techado de roca protegía sus asentamientos, sino que cazan por todos los contornos, mariscaban, se dedicaban largos ratos a despiezar el botín, a sacar el máximo rendimiento de cada parte de sus presas con la industria lítica y ósea tallada que encontramos en las excavaciones, buriles, raspadores o azagallas.

El grupo estaba también organizado de manera ritual, las creencias compartidas por todos daban cohesión. El concepto de libertad de expresión no entraba en sus parámetros vitales, todo estaba dominado por el grupo y las practicas comunales y rituales los constituían como tribu.

Aunque hayan pasado tantos miles de años, y nuestras sociedades nada tienen que ver con estas tan antiguas, hay de repente cosas que nos llevan a sentir que somos los mismos hombres, que estos grupos de homosapiens son nuestros antepasados. Que nos podemos dar con ellos la mano, como siento al ver las manos pintadas en las paredes de la cueva.

Todavía hoy en día usamos las manos para expresar tantas cosas. Saludarnos, fijar algo entre nosotros, para expresar nuestro apoyo unánime a algo como ocurrió con las manos blancas en recuerdo de Miguel Ángel Blanco, un momento que supuso el principio del fin del apoyo social a los atentados terroristas de ETA.

Manos para recorrer las grietas de la cueva en sus galerías mas ocultas, donde tenían que avanzar muchas veces reptando como internándose de manera valiente en las entrañas del mundo conocido.  Las manos de los hombres de hoy en día que se unen para sentir el apoyo de unos para con otros, como símbolo de los que nos une. Lo que nos une hoy en día y con nuestro pasado mas remoto.

El coronavirus nos tiene a todos muy preocupados. El ritmo mundial, la economía, los transportes se van paralizando, el miedo comienza a reinar recordándonos los momentos de pánico por las pestes que recorrieron Europa durante siglos. El mundo intercomunicado en el que vivimos tiene estas consecuencias.

Los hombres que vivían en Puente Viesgo también se sentían amenazados, la ansiedad debía ser también algo habitual en aquel momento. La necesidad de buscar alimentos y de rogar para no se extinguieran los animales, las plantas, los peces que mantenían al grupo. Pedir ayuda a las fuerzas ocultas de la naturaleza mediante ritos, mediante chamanes que llevaran a cabo las ceremonias.

En estas celebraciones podemos leer el arte rupestre que admiramos en las cuevas. Para ellos entrar en las profundidades de las cuevas era un verdadero viaje al mas allá, donde las protuberancias de las paredes iluminadas por el fuego daban vida a los animales que pintaban, en una especie de imágenes con vida propia, al movimiento de la luz, del aire, del propio deambular del grupo. Como se ve en el bisonte pintado en el Castillo aprovechando una protuberancia natural de la roca, como también aparece en la cueva de Niaux en Francia. El hombre no sólo buscó y encontró la figura del animal, sino que contribuyó de manera decisiva a hacer que el grupo y ahora nosotros lo podamos contemplar.

La mañana parecía primaveral, la música de Frederick Delius (1912) con su juego de cucos, con los oboes, los violines y el clarinete parecía describir el campo. Primavera que se va intuyendo, saliendo del fondo de la caverna, reinando en un mundo que aun hoy en pleno s. XXI está lleno de ansiedad, como hace milenios.

 

 

 

 

 

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CORONA DE ADVIENTO. SIGNIFICADO DE LOS SIMBOLOS DE LA NAVIDAD

 Cuando decoramos nuestras casas, no somos conscientes a primera vista del sentido profundo de cada elemento color, material, colocación. Cuando vas investigando un poco en el origen y sentido de los adornos y elementos te diriges de manera imparable a la parte mas antigua de la humanidad, y allí en las culturas de pueblos y civilizaciones que nos precedieron y son nuestro origen, encontramos los sentidos y explicaciones de muchas cosas. Del imperio romano sobre el que se asienta nuestra cultura que desde la Edad Media viene hasta nosotros reinterpretando dentro de la espiritualidad cristiana muchos ritos y fiestas de origen pagano.

También de actos, creencias y símbolos de los pueblos indígenas, celtas y de toda la Europa que resistió la invasión romana. Su relación tan profunda con todo lo natural aparece en cada elemento como imagen de su religiosidad que también fue asumida y hecha suya por la civilización occidental cristiana durante milenios.

Las fiestas en todos estos pueblos antiguos, entre los que podemos incluir civilizaciones tan potentes como la egipcia y la sumeria, celebraban el momento del solsticio del inviernoque coincide con nuestras fiestas de Navidad, donde se reunían para pedir a sus dioses que volviera el sol triunfante sobre la oscuridad que vivían en esos días con tantas horas de oscuridad.

Los pueblos se reunían como hacemos nosotros en los momentos y días previos a las fiestas para prepararlas, nuestro Adviento.Como eran fiestas de naturaleza religiosa y espiritual, se preparaban no sólo en lo referente a la decoración de sus casas, sino en su espíritu, realizando oraciones, peticiones, y purificándose mediante la asunción de lo que querían superar y que querían que el sol que iba a nacer, pudiera limpiarles dándoles luz.

El adviento es por tanto un momento de preparación que hunde sus raíces en la Antigüedad. Un momento que tiene la forma de un camino, algo que tenemos que hacer para poder llegar a la navidad preparados para que la luz tenga su parada y casa en nosotros.

El adviento es un momento para buscar la luz,y supone partir de la propia vida. Es un momento de reflexión para asumir lo que soy y lo que quiero cambiar, para ser una mujer nueva cuando las fiestas hayan terminado.

En esta preparación aparece la corona de adviento, al ir preparándola, seleccionando, cortando, preparando los distintos elementos que la componen, vamos también meditando y preparándonos interiormente para la Navidad.

 

LAS CORONAS DE ADVIENTO son varios arreglos que tienen distinto significado, se colocan en lugares diferentes. Hay unas coronas que se colocan en las puertascomo se ha hecho desde la Antigüedad, para anunciar que va a haber una fiesta importante que va a transformar esta casa y que los habitantes de la misma le dan la bienvenida a quien llame y por supuesto a la Navidad. Podemos remontarnos a las coronas de laureles de los campeonatos y victorias de los romanos y también a la práctica medieval de poner estas coronas en las puertas en Navidad y dejarlas hasta la primavera como invocando la luz y el renacimiento.

Si ponemos una corona en la puerta de casa decimos muchas cosas, damos la bienvenida a los que hasta casa lleguen, y nos sirve de recordatorio de que llega la Navidad muy pronto que tenemos que preparar muchas cosas. Prepara cosas y decoración y prepararnos a nosotros mismos en nuestro interior.

Se realizan con ramitas de árboles y arbustos perennes como el abeto, el pino, acebo, colocando piñas, muérdago, atadito de palitos, cintas, rodajas de naranja,…

Se hacen sobre un aro de ramas que se van curvando hasta tomar la forma de la corona, y sobre ellas vamos colocando y entrelazando los otros elementos, utilizando alambres de florista para poder ir colocando cada elemento donde mas nos guste. Cada elemento tiene su simbología que vamos a ir describiendo.

La otra corona de adviento es la que se realiza para colocar sobre una mesay se hace sobre una base de esponja de moss natural para que pueda hidratar todos los materiales y elementos. Esta corona tiene un fin profundamente meditativo y orante, nos sirve en esta preparación del Adviento, sobre todo si conocemos el significado de cada elemento, y al ir viendo cada cosa, podemos ir dando a estos días todo el sentido que tienen.

 

La base de la corona se realiza con EL ABETO. El amor a los abetos ya viene desde la Antigüedad. Todos sus elementos configuran la corona y tienen un significado y simbolismo muy especial.

Ya en el s. VIII San Bonifacio cogió un rito celta de adoración a un árbol de hoja caduca, un fresno, y lo explicó a la manera cristiana eligiendo un árbol de hoya perenne como un abeto. La hoja caduca venía a significar la muerte y la vida que tras un largo invierno frío y crudo puede no renacer. San Bonifacio hablaba otro “idioma”, basado en el amor perenne de Dios, que siempre está con el hombre.

Se acaba pues el nerviosismo, de si renaceremos después del invierno, no hay preocupación, siempre lo haremos, renaceremos nuevamente porque estamos alimentados por el amor de Dios que es misericordioso, y lo es con todas sus criaturas.

 

Detrás del abeto, en forma de corona o de árbol de navidad está la imagen del ÁRBOL DE VIDA.

Un mágico árbol que está plantado en medio del alma del creyente, que se alimenta con el agua del manantial que brota de lo profundo de nosotros mismos.

Agua de vida que el Señor nos envía y nos moja, fundiéndose con nuestro ser. La naturaleza nos llena de amor, la eucaristía nos funde con su Persona, con una persona muy especial y verdadera llamada Jesús. La lectura de la palabra de Dios va moldeando el alma en este manantial de su ser.

 

El abeto, el árbol de vida simboliza también el mundo y lo que vayamos colocando en él van a ser los dones o regalos que vamos a pedir en este año.

 

El árbol de Navidad era en la Antigüedad un tronco de árbol que se quemaba en la noche del solsticio de invierno para festejar el renacimiento del sol. Esta costumbre también la tenían los egipcios y los sumerios. Los celtas cogieron esta costumbre. Cogían un leño, lo adornaban con coníferas, acebo y hiedra, y otras plantas perennes. Lo colocaban en un lugar de honor en el hogar para que todos los miembros de la familia pudieran tocarlo y dejaba golosinas y regalos. Las fiestas de las Saturnales en Roma, coincidían sobre el día 23, 24 en una fiesta de naturaleza religiosa, donde los sacerdotes de las distintas religiones bendecían las decoraciones. Y otra fiesta mucho más ” pagana”, parecida al Carnaval que solía celebrarse sobre el 30, 31 de diciembre, algo parecido a nuestra Nochevieja.

Al ponerse el sol el día del solsticio de invierno, normalmente la madre de la familia prendía fuego al tronco y sus cenizas se veneraban, decían que podían curar enfermedades. Y se solían guardar en algún cofre para que esos carbones sirvieran de yesca el año siguiente, en la próxima fiesta de invierno.

Los pueblos celtas en el solsticio de invierno, celebraban las fiestas de Yule, del fresno. Era la festividad que recordaba el triunfo de la vida sobre la muerte.

Colocaban un árbol bajo un techo, este recordaba a YGGCDRASSIL,  El gran Fresno, de cuyas ramas penden los nueve mundos, incluyendo en uno a los hombres.

El adviento lo que busca es la luz. Es por tanto la LUZ el elemento fundamental en la simbología de estos días. Ya los hombres antiguos se reunían en estos días largos del fin del invierno a encender hogueras pidiendo a sus dioses que vuelva la luz. Los cristianos encendemos velas con este mismo motivo, para pedir luz al Señor en tantas cosas.

LAS VELAS de la corona  son 4 o 5 y sus colores son tres, el morado que significa purificación y preparación espiritual, el color rosa que se usa la tercera semana de Adviento, en relación con la misa de Gaudete.

También se puede poner una vela verde significando la esperanza y cuando termina el adviento, se sustituyen por cuatro velas rojas que nos hablan del amor de Dios y de su generosidad.

 

LOS ATADITOS, son grupitos de tronquitos atados que nos vienen a decir que la unión es la mejor manera de avanzar en la vida y mucho mas en estos días.

Un simbolismo navideño precioso lo constituyen las ramitas atadas.Simboliza la unión entre nosotros que esto juntos para darnos calor, que podemos con más facilidad “prender” nuestra alma, dar luz a los otros.

 

ACEBO

El arbusto mágico de la Navidad, cuyas bayas decoran siempre las coronas. Simboliza la dignidad. Aquel que está orgulloso de si, de los frutos dulces y rojos aunque sus hojas dentadas nos corten las manos al cogerlos.

Una de las cosas que más me gustan en la naturaleza son los contrastes, como un fruto apetitoso tiene estas hojas duras y cortantes. Es como un capullo bellísimo de rosas que tiene sus espinas y allí tiene su contraste y equilibrio.

 

MUSGO

Es la cubierta húmeda y de terciopelo vegetal que envuelve toda la corona. Es un elemento con el que me encanta colocar, quizá porque siento que está vivo, lleno de agua y de emoción.

Simboliza para mi el suelo de mi ser. A donde vuelvo cada día en la oración. El musgo es una esponja vegetal que cubre el suelo y le da vida.

Siempre con vida natural podemos recubrir nuestro ser avanzando por este camino de la vida

Podemos recurrir a él cuando estemos asfixiados, nos sintamos sucios y abatidos y sentiremos todo el embrujo de su presencia y ser.

Un material que aunque veamos que está completamente seco y parezca cuarteado está aún ¡vivo! Un poco de agua y vuelve a su ser.

 

PIÑAS

Símbolo para los romanos de fertilidad, llevando dentro las semillas. Formaba parte de las decoraciones que se  hacían en las fiestas Saturnales de los romanos que se celebraban en estos días de finales de diciembre para honrar al Dios Invicto, el Sol.

Las piñas son el elemento que nos acerca a este bosque mágico dónde transcurren estos días.

Su olor y todo lo que llevan de lenguaje floral, nos dicen:

“te recogí en aquel paseo

calientas desde entonces mi casa

me haces sentir que éste es mi hogar”

El elemento que simboliza lo que está a punto de prenderse. Me encanta tenerlo cerca de mí, sentir que una chispa puede llevarlo todo a la incandescencia. Que ilumina, me da calor, me alegra con su crujir.

Es el elemento de las decoraciones navideñas caseras. Una decoración con piñas es siempre una decoración de navidad.

 

 

BOLAS DE NAVIDAD

Significan dones, regalos que le pedimos a Dios y por eso las colgamos en el árbol.

Las bolas azules significan reconciliación, con nosotros mismos, con los demás, con un grupo, con una actitud,…

Las bolas rojas significan amor generoso. Un amor que Dios nos regala y que tenemos que también nosotros compartir así como es el suyo, generoso, aceptador de todas las gentes, razas, sexo, ideas, abierto, sin limites, sin rencillas,…

Las bolas verdes significan la esperanza, en estos años tan complicados con el medio ambiente, nuestra oración y petición a Señor deben ir también con este sentido de protección de la casa común que es la naturaleza.

Las bolas doradas piden riqueza y prosperidad para la casa.

Las blancas, pureza, alegría. Fé y agradecimiento.

Las bolas que hacemos con lanas en casa son para pedir por las familias y los hogares cristianos.

Las bolas de cuerda y de otros materiales naturales nos hablan de la nauraleza también.

La forma de la bola siempre es “fácil” a la hora de hacer arreglos florales, su superficie lisa y brillante hace que se reflejen los otros elementos que brillan más.

 

HUEVOS

Las bolas en algunos países de Centro Europa se cambiaron por huevos, que se vacían y se decoran, introduciéndose en las decoraciones.

Huevo como símbolo de vida, pensemos en la Pascua de Resurrección y cómo en muchos países se celebra con huevos y con pollitos

 

LAZOS

Un elemento clásico de la Navidad que no somos conscientes de lo que significa.

Lazo tiene que ver con la unión, con la amistad, la familia y el amor. Lazo que significa unión, también con nuestro Señor.

Lazo también significa regalo y los pequeños regalitos envueltos de manera especial son elementos de la corona también

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ESTRELLAS

Que como guiaron a los pastores y a los Reyes magos nos indican el camino. Aquí está nuestra casa Señor,..!!!

Ponemos decoraciones navideñas llenas de estrellas, y estamos indicando cada una que aquí, en este lugar va a nacer Jesucristo

En mi casa

En el trabajo

En las calles

Sobre los Belenes que llenan las casas

Coronando los árboles de Navidad.

 

GUIRNALDAS.

Se hacían para dar la bienvenida a alguien a casa en los ritos paganos, y se asociaban con algún momento especial de la vida religiosa y comunitaria, bodas, …

también las guirnaldas se usaban antiguamente para ahuyentar a los malos espiritus.se hacían con plantas que se consideraban mas fuertes, como el abeto, el acebo y el muerdago,…

En la Edad Media se colocaban en las puertas todo el invierno hasta la llegada de la primavera.

 

MUERDAGO

Es una especie saprofita que vive en las ramas de los árboles, fundamentalmente de los pinos. Los druidas lo usaban para protegerse de los rayos, la maldad, y las enfermedades.

Los romanos lo usaban para besarse debajo de un ramo en los Saturnales, en la Navidad nuestra, y para no separarse de él ya nunca.

Su significado es por tanto “ te deseo mucha suerte”, una que vamos a compartir juntos protegidos “mágicamente” por este acebo.

También significabeso y amor.

 

LOS BASTONES DE LA NAVIDAD.

Significan los pastores que cuidan y dirigen al pueblo. Se solían colocar bastones  de caramelo en los abetos de las iglesias, en Alemania en el s. XVIII . Los sacerdotes los daban dar a los niños en Navidad

 

 

COLORIDO

El color de la navidad es sin duda el color rojo, surge de las manzanas y continua en los pétalos de las flores de Pascua o Poinsetias que florecen en Navidad.

Es un color navideño por si miso, sin necesidad de añadir ningún otro elemento brillante plateado o dorado.

Los colores de la Navidad son el rojo, el morado, el verde y el blanco. El dorado y el plateado vienen del carácter sagrado y divino de estas fiestas.

 

CIRCULO, ARO CORONA

Los celtas adoraban los árboles, se sentaban bajo ellos, encendía velas y hogueras, comían los frutos que tenían y le pedían al invierno que por favor diera paso ya a la primavera.

Un paso o tránsito del solsticio de invierno celebrado por todos los pueblos centroeuropeos en la antigüedad.

Fue un pastor protestante en Irlanda el que tomó una rueda y rellenándola de ramitas de abeto, comenzó a dar una catequesis, haciendo con velas una especie de calendario de luz, que nos ha dejado el calendario de regalos y chocolates que esperan on ilusión los niños de las casas.

La espera de la primavera, para los cristianos el nacimiento del Niño Jesús que “renueva la faz de la tierra” no es algo lineal, en cuyo fin no sé si no me caeré en el abismo de mi propio ser. No, no es una línea, es un circulo, un aro, una corona.  El símbolo de la eternidad que rueda sobre su propia  vida.

La forma de las coronas tiene este símbolo, la vida que sale al encuentro después de la muerte.Parece que nos dicen “Aquí estaos esperando, esperanzados esperando la primavera, el nacimiento de Jesús, nuestro Redentor que de la muerte y la noche nos salva”

 

CAMPANAS.

Según una antigua superstición para poder ahuyentar a los malos espíritus se sonaban las campanas,.. Continúa siendo un elemento clásico de la navidad. También ahora significa que llega la navidad¡!!

 

HERRADURA

Simboliza la buena suerte, desechando las influencias negativas.

 

FIGURAS.

Las figuritas de Navidad, que también se incluyen las de los belenes, pudieron tener su origen antes de la difusión de los belenes por San Francisco de Asis, en los exvotos romanos de arcilla, que se ofrecían a los dioses para pedir algo. En Romas las diferentes religiones que convivían tenían cada una sus propios exvotos y su significado variaba. De ahí debieron de coger estas figuras los primeros cristianos.

Comencemos estos días de preparación del Adviento realizando la corona para casa, para disfrutar con todos los elementos naturales , su aroma, colorido … Y también como elemento natural que nos va ayudar en nuestra meditación diaria, fuente del equilibrio personal. Feliz Adviento a todos!!

 

 

 

 

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Como quien va mondando una fruta

MUJERES OLVIDADAS DE LA HISTORIA

 

Coinciden en estos días mis lecturas, música, poemas, reflexiones y exposiciones de pintura con la obra de grandes mujeres de la historia, muy poco conocidas algunas, otras ocultas en los pliegues del tiempo y la sociedad. Su obra y pensamiento vienen no sólo a mostrar el trabajo de la parte mas oculta de la historia, la de las mujeres, sino nos aportan una nueva manera de contar, de expresar, de vivir y de ser de la humanidad dentro del interior femenino.

Estoy leyendo a la monja carmelita descalza Cecilia del Nacimiento(1570-1646) cuya poesía es tan bella y lirica como la de su padre Juan de la Cruz con el que debió coincidir en su convento de Valladolid, lugar donde algunas monjas hicieron de copistas de las obras del santo, como el Cántico. La poesía tan brillante de la hermana se ha leído durante siglos como la obra del santo o como la de una monja que escribía al estilo o copiando al poeta. Releyéndola en un estudio critico de su poesía, encontramos no a una mera copista, sino a una de las poetas más brillantes de la poesía en español. El próximo martes 26 de noviembre vamos a conocerla y a leer sus poemas en La Casa de la Poesía Juan de la Cruz de la Universidad de la Mística.

La familia de Cecilia era un foco doméstico de humanismo, música especialmente el clavicordio, pintura, caligrafía ya que los Sobrino fueros secretarios de la corte, y grandes lectores entre otros de Luis Vives. Su madre Cecilia Moriles ha sido considerada como una de las mujeres más instruidas de su momento, en lenguas sabias y vivas, en ciencias naturales, filosofía, teología y cosmognía manteniendo conversaciones con Andrés García de Céspedes el matemático- cosmógrafo más brillante del momento.

Este mismo ambiente familiar ilustrado, ha sido el suelo en el que han surgido las dos mujeres pintoras que en esto días muestran su obra en el Museo del Prado, Sofonisba Anguisola( 1535-16259) y Lavinia Fontana(1552-1614). Sus cuadros han sido reconocidos desde el momento de su creación como obras de arte singulares pero su autoría, la mano femenina que los realizó, se fue perdiendo, y al igual que le pasó a Cecilia, se atribuyeron sus obras a varones, reconocidos pintores como Alfonso Sanchez Coello en relación a los cuadros de Sofonisba.

Sofonisba estuvo pintando en la corte española durante 14 años, con retratos admirables del propio rey Felipe II y de sus esposas Isabel de Valois y Ana de Austria. La familia de Sofonisba educaba a sus hijos en igualdad, y sus hijas fueron grandes pintoras de reconocimiento social dedicándose a este trabajo y organizando un taller que se constituyó como en el caso de Lavinia, en el sustento familiar, dando clases a sus pupilos y desarrollando un amplio abanico de temáticas.

Me sorprende con dolor que haya sido muy recientemente a través de investigadoras  del arte  como María Kusche, cuando se haya visto todo esto y haya vuelto la autoría de estas obras de arte a sus auténticas autoras que todavía no figuran en los manuales de texto.

Más allá del tiempo, volando al s. XI me llevan las partituras para citara salterio de otra mujer impresionante, la abadesa alemana, santa y doctora de la iglesia Hildegarda de Bingen(1098,1179) con una obra extraordinaria que abarca pintura, escritos de botánica y medicina natural, astronomía, mística, pensamiento, teología, música. Una mujer adelantada a su tiempo que puso el camino para avanzar a muchas otras, y cuya existencia y obra se está rescatando de la niebla por su absoluta actualidad.

He titulado este articulo con una imagen de otra gran mujer de la historia, Christine Pizan  (1364-1430), veneciana criada en París, amiga de Juana de Arco que al enviudar desarrollo una obra de literatura para poder subsistir, con libros que hoy leemos con admiración por la defensa de la mujer y su lugar en la sociedad. Creadora de la organización Querella de las Mujerespara defender los derechos y que estuvo en marcha hasta el s. XVIII. En su obraCiudad de las Mujeres(1405) hablaba de este nuevo descubrimiento de la sociedad, el papel de las mujeres, en un proceso de sacar lo oculto, y dejar que se pueda saborear todo lo que nos muestran y dan el verdadero gusto de la humanidad en su totalidad, “como quien va mondado una fruta”.

 

 

 

Cecilia del Nacimiento, Liras a Santa Teresa de Jesús.

Cecilia del Nacimiento (1570-1646) es una poeta excepcional que vivió toda su vida en un convento de clausura como hija de Santa Teresa de Jesús.

Sus poemas se ha confundido durante muchos años con los de San Juan de la Cruz por la belleza de su rima y lo depurado y fino de su composición, impregnada de una profunda espiritualidad fruto de una vida mistica.

Ingresó en el Convento de Valladolid con 19 años, y allí se leía y se copiaba al Santo y Cecilia se chocó de frente con las obras de Juan que seguramente la impresionaron muchísimo.

Hija de una familia ilustrada, educada en música, dibujo, caligrafía ya que sus antepasados fueron calígrafos , interesada en la astrología y humanista en contacto con la obra de Luis Vives.

Sigue a San Juan en la forma pero muestra su propio estilo y su fondo espiritual. Mas que ser su escritura fruto de la influencia del ” poeta de los poetas”, ambos poetas nacen y se desarrollan en su escritura como dos flores de un mismo prado, que viven del mismo sustrato espiritual pero que muestran su vida mística de amor y de dicha.

Leer a Cecilia es rescatar del baúl del olvido a poetas mujeres que no conocemos, que tuvieron una vida apartada viviendo en  Cristo su existencia, que conviene conocerlas, leerlas para disfrutar y colocarlas en el lugar de la historia de la literatura , la mistica y la poesía que merecen.

Para festejar las fiestas de la Santa, Santa Teresa de Jesús, hemos preparado este video con una lira que Cecilia le dedicó a su madre Teresa de Jesús en un día como el de hoy, 15 de octubre. Feliz Fiesta  de la Santa a todos!!

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Mi regalo a Teresa

Mi libro ” Un castillo lleno de flores”es un regalo para una amiga que me ayuda en miles de cosas de mi vida diaria, Teresa de Jesús. La lectura de las Moradas o el Castillo interior abrió en mi interior un montón de puertas a lugares por los que voy desde entonces transitando. Lugares que eran míos pero que no los conocía, estaban bajo la niebla que oscurecía tantas cosas que vivimos por dentro.

Cuando pienso en esta obra, me recorre un escalofrío, la aventura tremenda en la que me metí a nivel personal, el trabajo ingente de diseño de todo lo que veía  retratado en 140 diseños de arte floral, recogidos en acuarelas con todas las especificaciones de plantas, flores, luz, color, lugar, ambiente. El trabajo enorme el taller de flores de Donzoilo realizando los arreglos de cada página, mas de tres años de desarrollo de la obra. El trabajo con el gran fotógrafo Jesús Gallo, de dos años y medio persiguiendo luces, colores, perspectivas por toda la ciudad de Ávila, la lluvia, el granizo, el roquedo, el basurero, el interior…

El diseño del libro con María Palomo, las tardes en el despacho maquetando, buscando la mejor toma, … La edición del libro al pie de las máquinas de la imprenta Palermo, buscando que cada flor mantuviera su color verdadero.

Siento Teresa que esta es una obra única en mi vida, que juntas hemos hecho. El cansancio aun hoy lo siento, y las preocupaciones por tantos papeles que tuve que asumir, autora, escritora, florista, editora, diseñadora, … Pero esta obra está ahí, para que nuestros lectores puedan recorrer sus páginas disfrutando de la belleza de tus palabras, en mis flores y los lugares por donde juntas transitamos.

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LAS ROSAS DE ANTONIO LOPEZ  EN SILOS

LAS ROSAS DE ANTONIO LOPEZ  EN SILOS

 

 

Hay cosas que creadas con siglos de diferencia parecen encajar en un mismo puzle estético y vital. Me refiero a la exposición que el pintor Antonio López muestra en la sede de las Edades del Hombre en Santo Domingo de Silos. La sintonía de su obra con las piedras labradas del claustro, la silueta enhiesta del famoso ciprés, el cielo azul labrado sobre tierra rojiza de los campos de Castilla a finales del mes de mayo.

El camino por Castilla, las carreteras que serpenteando te llevan entre los campos que juegan al ajedrez con la mirada, arados y en barbecho, las pequeñas colinas rocosas y las cárcavas por dónde los ríos se cuelan en su correr. Y en medio de ellos la obra del hombre que se levanta como una especie de tributo a tanta belleza.

Mientras nos explicaban los capiteles y toda la iconografía, la delicada orfebrería que sobre la piedra trabajaron los hombres hace tanto tiempo, tuve un deseo de volver a aquella época, la paz conventual y la vida de los monjes benedictinos. Su laborioso trabajo en la biblioteca, la recolección de tantas hierbas para completar las recetas de la botica. Las reuniones en la sala capitular, las celdas y el frio que decoraba todo por allí.

El hombre y su búsqueda, la palabra y la paz, la proporción bella, la naturaleza al alcance de una acequia, y el canto gregoriano sonando entre las paredes desnudas.  Parámetros en los que no parece parase el tiempo. Eso es lo que sentí al cruzar una sala del Museo y entrar en la Exposición de Antonio López. La conversación con todo lo que veía se iba llenando de interlocutores porque la mayor parte de los cuadros del genial pintor tenían como protagonistas a unas rosas blancas que habíamos preparado en el taller de Donzoilo para el pintor y su esposa María Moreno hace unos años, cuando desarrollaba unos curso y talleres de pintura en el Palacio de los Serrano de la obra social de la Caja de Ávila.

Un puzle de sensaciones, percepciones y sentimientos. Es como si volviera Gonzalo de Berceo y me lo encontrara por allí. Mientras leo la Vida de Santo Domingo de Silos con la historia del santo, recordando cómo se representaba en teatros didácticos en el claustro. Viendo cómo estaba el escritor en su pupitre largos ratos, con las palabras para componer los versos alejandrinos dando cuerpo a la obra del Mester de Clerecía.

 

Leo la vida del santo en el Poema, y la de aquella ciega de Cornejana que llegó a su tumba que está en medio del claustro, y allí oró pidiendo la vista a Santo Domingo.  Cómo Sancha, que así se llamaba se curó para poder en vida cantar los laudes al Señor, mientras el lazarillo que desde el pueblo la acompañaba daba gritos de emoción por el milagro.

Es como si me fuera a recolectar a las huertas del Monasterio las hierbas para curarla, aprendiendo cada remedio y tisana, volviendo la vista atrás a los conocimientos que tras de las bellas ilustraciones botánicas se esconden.

Un puzle conventual y poético, con las voces de Gerardo Diego cantándole al ciprés, lo natural y verde saliendo como flecha en medio del reino de la piedra. En esos versos tan elocuentes, “enhiesto surtidor de sombra y sueño, que acongojas al cielo con tu lanza”.

Puzle con el presente, el paseo por los claustros y las rosas de Antonio López que van cuadro a cuadro mostrando aquello que sólo lo natural y vivo pueden regalarnos, su transformación, el ritmo de las horas, de los días y minutos. En dialogo con el claustro solemne e inmutable, las rosas se abren y van lienzo a lienzo viviendo para morir, delante de los ojos del espectador que sabe en lo hondo de su corazón lo que esto significa, el paso del tiempo y la belleza efímera de las cosas.

Es increíble lo que la vida a veces nos regala. Un paseo por Castilla y por una de las bellezas del románico, parecen fundirse como dos amantes, las rosas que se van deshojando, lo tierno y lo pétreo, le paso del tiempo en un lugar eterno de cientos de años y de millares de pasos por allí. El cielo se estampa en las raíces del ciprés que escala alturas, y el trabajo de la floristería se junta con la obra de un autor único que dibuja la vida a golpe de pinceladas sueltas que en la distancia se convierten en matices y en luz.

 

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Leer en Madrid. Entrevista

La Naturaleza nos devuelve a nuestra casa interior – Mª Ángeles Álvarez Sánchez, poeta y escritora

Maribel Orgaz – info@leerenmadrid.com
Mª Ángeles Álvarez, poeta y escritora, experta en arte floral presenta el próximo martes 30 de abril en el episcopio de la Catedral de Ávila, su primer poemario; Y el aire al soplar, Editorial Cuadernos del Laberinto. Directora de la Casa de la Poesía en la Universidad de la Mística de Ávila, es autora de los libros de arte floral y pensamiento 31 meditaciones con flores sobre los textos de Teresa de Jesús (2012) y Un Castillo lleno de flores (2015); su página personal es una de las más hermosas que pueden encontrarse en Internet en español.

Hay una armoniosa conjunción en tu obra de Naturaleza y poesía. ¿Aún necesitamos desarrollar, como sociedad, esa otra inteligencia llamada biofilia

Creo que los españoles tenemos un largo camino que andar en relación con la naturaleza. Al lado de consideraciones ecologistas hay que poner las vivenciales y de dialogo personal con lo natural. Esto lo saben muy bien los japoneses que conciben todas las flores, las ramas, los musgos como elementos necesarios para su equilibrio interior porque les devuelve por minutos al campo, lugar de encuentro con nosotros y foco de estabilidad y belleza.

La naturaleza seguimos considerándola como un marco, un paisaje de fondo, no como el interlocutor que nos devuelve  el equilibrio interior y que es fuente de disfrute y belleza.

En estos días, salir al campo y estar atentos para contemplar ¿qué flor?

Salir al campo todos los días para ver el paso de las estaciones, los brotes, cada luz que se desploma en las hojas, las cortezas que se llenan de musgos. Y hacerlo de manera abierta y contemplativa, que sea la naturaleza la que nos vaya diciendo, y nosotros dialogar con ella por dentro para ir construyendo nuestra propia voz y poesía vital. De manera libre, desprendernos de muchos prejuicios es una tarea a iniciar, cuando vemos que son tan bellas las flores silvestres del borde de las cunetas como las rosas del parterre botánico, la genista vencida por el aire, los troncos llenos de sedum y las piedras de un camino polvoriento lleno de achileas.

Por qué el auge de la poesía en tiempos no precisamente poéticos.

La poesía es el arte de la palabra mágica, la indómita y llena de potencia. En lugares donde el tiempo y el silencio son bienes escasos por el ritmo de vida, los poemas dicen mucho en pocos segundos. Y además son palabras explosivas, dicen de nosotros los poetas y también mucho de los lectores que van por caminos diferentes con nuestras palabras. Nos hacen reflexionar envolviendo de rima, belleza, imágenes, matices, la vida diaria que es un poco monótona y monocolor. Por eso los jóvenes siguen detrás de la poesía. Y se impresionan al seguirla, al aprender a dejarla libre por ahí.

Si la poesía es intensidad, ritmo y voz. Qué es la Voz.

Cuando abrimos las puertas y entramos en el camino de la naturaleza, de su contemplación, caminando por nuestra propia vida y persona con flores y ramas en el dialogo, nos podemos encontrar con esa Voz que nos lleva y nos maravilla. Es nuestro propio interior, pero enriquecido por la contemplación de lo natural que comienza a hablarnos y a construir nuevos reinos por dentro, haciéndonos como peregrinos de su estela, caminantes, como los monjes zen escritores de Haikus o las canciones del Cantico Espiritual de San Juan de la Cruz.

Citas a San Juan de la Cruz que es un poeta muy especial para ti, cuáles son o serían sus flores.

San Juan es un poeta en continua admiración hacia lo natural. En su vida recorrió a pie miles de kilómetros, y cuando llegaba de un exhausto trayecto a un convento, rápidamente salía al campo cercano a contemplar. Todo era para él regalo, “todo es mío y todo para mi”. Sus flores son las que aparecen en el Cántico, los rosales, los mirtos, los dientes de león, los collados llenos de aromáticas y los valles al lado de los ríos con sus violetas. Una poesía que está llena de aromas, a menta, a arroyo que va bajando entre rocas, a árbol de vida florecido, musgos… Un paisaje que se llena de cada florecilla de las estaciones del año que al lado de sus pies descalzos él contemplaba emocionado.

Rousseau herborizando feliz en la isla de la isla de Saint-Pierre…

Cuando me encontré las Ensoñaciones de un paseante solitario descubrí al verdadero Rousseau, mientras paseaba con él.  En sus paseos comienza a recoger su espíritu, perdiendo el recuerdo de sus dolencias y problemas y entrando por otro camino donde está la verdadera felicidad para el ser humano. En camino de la contemplación que es una aventura personal llena de potencial renovador, donde dejamos que sea lo natural lo que nos devuelva a la casa interior de la que salimos con tanta frecuencia por el trajín de la vida y el estrés que ello nos proporciona.

Y el aire al soplar
MªÁngeles Álvarez

Editorial. Cuadernos del Laberinto

Al levantar los ríos
los enredaste
en el cielo.

Las algas
se confundían
con las estrellas,
y todo el reflejo
de la luz sobre el agua
se hizo nube.

Y paseaban sobre mi
que miraba
su fuga
en su ascender
entre los árboles.

 

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Reseña del poemario ” Y el aire al soplar” de Asuncion Escribano

María Ángeles Álvarez es una poeta, arqueóloga e historiadora apasionada por lo frágil, por lo insignificante, por lo pequeño que cumple la misión de dejar la huella de lo sagrado en el mundo. Así lo manifiesta en su reciente poemario Y el aire al soplar, publicado por “Cuadernos del Laberinto” donde, con un lenguaje depurado, rescata aquellos instantes que pasan desapercibidos para la mayoría, pero que llamados por su nombre hacen de la vida un lugar habitable. Una “gota de lluvia/ que colgando de un cable de luz/ sobre el precipicio se balancea”, por ejemplo, una leve sombra de lo que se nos impone como algo pasajero que apena influye en el discurrir de nuestros afanes. Pero cuya suma puede construir una colección de imágenes que salven, al final, de lo turbio y de lo oscuro que nos rodea.​​

Los elementos de la naturaleza dialogan profundos con el poema. No es de extrañar que así sea en alguien que está dedicada a uno de los oficios más hermosos del mundo, el de cuidar de las flores. El aire que sopla revela en su danza toda la luz que le acoge: “Y el aire al soplar/ podía desprender/ el lengüetazo del sol/ sobre las hojas”. Todos esos elementos forman un coro que acompaña al sujeto lírico que tiene una conciencia profunda de pertenecer al mismo mundo que ellos simplemente por el hecho de poder ser consciente de su existencia.

También los espacios naturales le sirven a la autora como modo simbólico de hablar de su vida, de sus relaciones humanas, porque no hay nada más expresivo que la vida hablando de la vida. Con versos cortos, a veces constituidos por un solo término, como fogonazos que dejan su impresión en la retina, acumula su verdad: “Quise que fueras rama/ y flor/ y fruto maduro,/ mientras tú/ mirabas/ las raíces/ que lentamente/ regalabas/ a/ mis/ pies.”

El poemario suma, de este modo, espacios simbólicos con espacios reales, en una danza rítmica de la que participa quien lo lee. Universo humanizado que se hace uno con las acciones de quien lo habita y viceversa (“No sé cuándo/ plantaste/ tu árbol/ aquí), en una fusión que le debe mucho a ese “Cántico Espiritual” de nuestro místico más amado, alguno de cuyos versos encabezan el libro. Igualmente comparten los poemas con el fontivereño toda su simbología aérea: “Y entonces/ un pájaro se posó/ en su garganta/ y comenzó a cantar”. El ascenso y el canto, la luz y el vuelo. Y también la salvación y la necesidad: “Son las palabras,/ aves en vuelo/ que a veces pasan/ cerca/ y de sus alas/ se escapan/ surcando la frente,/ descansando/ en ella”.

Pero como ya he adelantado, de entre todos los elementos de este poemario destacan los temas sanjuanistas, a veces explicitados por las citas que encabezan algunos de los poemas: las aves y su vuelo, el jardín, el diálogo entre los amantes,… y también la palabra desde sus múltiples perspectivas. La unidad lo preside todo. Lo alto y lo bajo se funden en quien contempla el universo como si fuera uno en su interior: “Al levantar los ríos/ los enredaste/ en el cielo.// Las algas/ se confundían/ con las estrellas,/ y todo el reflejo/ de la luz sobre al aguaCaudex/ se hizo nube.// Y paseaban sobre mí/ que miraba/ su fuga/ en su ascender/ entre los árboles.”

Es, para concluir, Y el aire al soplar un hermoso poemario con fragancia de haikus y conciencia de la necesidad del tiempo y la entrega en los procesos: “Para ser barro,/ utuoso y pardo,/ el que deja los pies manchados/ y la memoria turbia,/ hay que dejarse/ moler”, o “Firmas con tu luz el cielo/ mientras te enraízas profundamente/ en el vuelo”. La naturaleza en estado puro es el contexto en el que germina un poemario caracterizado por el fulgor de hermosas imágenes de todo tipo, si bien destacan las de la relación entre entre la amante y el amado (“Tiene tu música/ salmos por dentro/ y su pulso va marcando/ mis horas,/ entre rocas,/ entre mares”), entre las que cobra importancia la imagen del árbol como elemento simbólico en torno al cual la autora logra generar bellos símiles: “Soy así,/ invasiva,/ llena de raíces/ que van conquistando/ tu agua”.

Entre los recursos utilizados predominan las anáforas siempre sugerentes e intensificadoras (como en este poema tan evocador del cuarto evangelio: “Si pudiera dirigir el aire […] Si pudiera dirigir el viento [,,,] Si pudiera dirigir el agua […] Si pudiera dirigir el curso/ de tu agua,/ ya no tendría sed.“). También otros juegos fonéticos, como el eco, con los que se consigue además resaltar la semántica hermosa de sus términos (“Un sonido/ que es un nido “); igualmente la paranomasia o semejanza fonética (“que surgió/ un día/ en medio/ del miedo”), la anadiplosis combinada con la aliteración (“Pradera oscura,/ oscura caverna,/ donde a veces/ aúllas cantando”), y tantos otros que muestran el perfecto dominio que su autora tiene del lenguaje, y de sus recursos retóricos.

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Y EL AIRE AL SOPLAR . Entrevista en Radio Eiberoamericana literaria

Entrevista con Paquí Sánchez Galbarro, para el programa radiofónico ” Tipos y letras”.

Hablo de este libro, de la génesis y el proceso creativo, de poesía y naturaleza. Gracias Paqui  por este rato tan agradable.

 

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AMOR Y AMISTAD

AMOR Y AMISTAD, UN GERMEN REVOLUCIONARIO.

 

 

 

Sobre la mesa de la biblioteca tengo una imagen de la Santa, es un icono y la silueta de Teresa se levanta sobre el dorado. En estos años que voy estudiando cosas sobre ella, su vida y sobre todo lo que nos dejó escrito me estoy encontrando con una figura que se despega de esta bella imagen y cobra vida.

La historia se compone de un elemento pequeño pero dinamizador, podemos llamarlo revolucionario, el hombre a nivel individual. No sabemos el potencial de cambio que tenemos en nuestra vida, actitud, palabras y acciones, lo que podemos hacer desde la situación sencilla, casa, cocina, taller, estudio.

Lo que empuja de manera mas acelerada esta potencialidad es la amistad, la capacidad de interrelacionarnos de manera empática, cuando además mezclamos sentimientos, propósitos y creencias. Teresa lo sabía muy bien y en esto fue realmente una mujer abierta, un marco para que sus amigos, monjas, frailes, compañeros se pudieran desarrollar a nivel personal.  Marco abierto para el Amigo del alma que vivía dentro de ella.

Un buen amigo es aquel que nos conoce y nos quiere, nos apoya en los momentos difíciles incluso cuando fallamos, en los momentos bajos y tristes, el que saca de nosotros toda nuestra potencialidad, confiando y alentando nuestro trabajo e inquietudes. Un lugar de encuentro donde compartir, tomar fuerzas y avanzar en la vida.

Reflexiono en sus amistades, y cómo sin ellos, el Señor de su corazón, Guiomar, Alonso, Luisa, Isabel, Marí, Juan, Pedro, Jerónimo no podemos entenderla ni conocerla. Constituyen la base de nuestra Santa, el sustrato de su vida y de lo que nos deja.

Teresa sabía del potencial de la amistad, hasta para hablar de oración decía: orar es hablar. Amor y amistad serían los dos vocablos teresianos básicos para poder conocerla.

Guiomar de Ulloa se hizo inseparable de la Santa cuando se quedó viuda y estaba harta de la ciudad, de andar de un lado a otro, de oír hablar y murmurar sobre ella, su belleza, juventud, porte y actitud alegre. El remanso de paz era para ella la celda de Teresa en el Monasterio de la Encarnación donde vivía nuestra Santa con un grupito de sus sobrinas a las que enseñaba a orar profundamente, a leer, cantar y tocar instrumentos. Se reunían un grupo de mujeres, y Guiomar podía estar allí porque en aquel momento las mujeres entraban dentro del Monasterio, que era según nos cuenta el p. Nicolás González una verdadera aldea castellana con mas de un centenar de monjas.

Lo que hay entre yo y mis amigos, si es algo auténtico y verdadero, puede, como en el caso de Teresa, ser el germen de un cambio muy profundo de la sociedad y de la historia. De esa celda de Teresa en una velada salió la idea de reformar la orden del Carmelo, fundando un nuevo convento donde la amistad y el amor estuviera en la base de todo. Lo vivido en la celda, la oración conjunta, el cariño, las lecturas compartidas, las canciones que aprendieron, los sueños que empezaban a plantearse. Salieron de allí para fundar el convento de San José.

Cuando soñaban aquella tarde de septiembre con una vida juntas donde la clausura del mundo fuera el territorio de la libertad, fue Guiomar la que empujó de manera decidida y práctica el proyecto.

El segundo lugar donde desarrollaban su amistad estas mujeres era la casa Palacio de Guiomar, cerca de la iglesia de San Gil, donde trabajaba en el servicio domestico una mujer que ya en aquellos años se consideraba una santa Maridiaz. Mujer analfabeta, campesina del pueblo de Vita que al morir sus padres repartió entre los pobres todo los que tenia de herencia y se vino a Ávila sólo con una manta, que dio al primer pobre que vio pasar frio en el barrio de la Vacas, como nos cuenta el p.  Baldomero Jiménez Duque.

Vivió en una tribuna de San Gil después de servir a Guiomar y sufrir un montón de desprecios por parte de los otros sirvientes, mucho mas clasistas que su doña que desconocía todo. Y desde allí ayudaba a toda la ciudad con mas autoridad que un juez de paz, influyendo tanto en personas que cambiaban también el rumbo de la historia con su vida y pensamiento como San Juan de Ávila.

La historia se compone de todo esto, sólo hay que despegar la imagen que tenemos de los acontecimientos, personas y hechos del marco dorado, del icono que lo aprisiona. Somos capaces de mucho mas de lo que a veces pensamos, de cambiar tantas cosas a distintos niveles. Solo hay una manera de ir construyendo algo nuevo, la empatía, la amistad, el volver a hablar entre nosotros dejando que cada uno desarrolle su propia potencialidad y valía.