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La aventura de la meditación

Vivimos días muy complicados. Este nuevo año 2021 comienza tan cargado de problemas como el anterior que nos dejó desconectados y llenos de ansiedad. En medio de tanta incertidumbre buscamos la manera de llenarnos de paz para poder continuar con nuestra vida, para poder sentir que somos nosotros los conductores de nuestra existencia y no simples viajeros forzados en un furgón.

Recuerdo el momento en que comencé a meditar como un rayo de luz en medio de mi vida. Cogí las riendas de mi propio interior de una manera revolucionaria, sentándome en silencio y respirando, sintiendo que esto que comenzaba era un regalo que iba cambiando todo.

La meditación es algo más que una practica en moda, mucho mas que una actividad de ocio ligada al consumismo del bienestar. Supone entrar en un camino nuevo que va a ir integrando toda nuestra vida, cada momento, diluyendo las barreras nítidas entre la meditación y la vida.

Las practica de meditación tan de moda hoy en día están relacionadas con el ámbito de otras espiritualidades, sobre todo con las orientales como la budista.  El mindfulnes que hoy practican millones de personas en todo el mundo, que hasta las empresas utilizan para aumentar la productividad de sus empleados creciendo en su bienestar personal, es también una adaptación de las practicas budistas en especial del Vipassana, con influencias como el budismo Zen vietnamita de Tich Nhat Hanh. Se basa en la creación de unos espacios donde pueda surgir la atención plena, focalizando el momento presente sin juzgar, sabiendo qué está sucediendo en tu mente.

Cuando veo la gran cantidad de personas de todo el mundo que van descubriendo las ventajas de la meditación, me sobrecoge pensar que el ámbito de la mayoría de estas prácticas se halla lejos de la espiritualidad cristiana, sobre todo pensando que en occidente la mayoría de las personas han sido educadas y han vivido en familias cristianas. Y este planteamiento sé que tiene como origen el conocimiento que voy adquiriendo cada día de las palabras y enseñanzas de nuestra Santa Teresa.

La plenitud personal se forja al abrirnos a lo Eterno que nos habita. Mas que practicas o rituales lo que nos brinda Jesús es un modo de vida basado en el amor. Y para poder vivir plenamente tenemos que conocernos a nosotros mismos mientras nos sentimos mirados por esa Luz que nos habita. Teresa de Jesús nos abre este camino de la oración de una manera verdadera, sin normas ni procedimientos. La meditación para ella arranca del “conocimiento de si “mirándonos en los ojos de Jesús. Cambiando la existencia a base de momentos de oración consciente, volviendo en silencio al lugar del encuentro que abrió la puerta de todo para saltar de lo meditado a lo contemplado, cuando así ocurre como don.

Frente a las meditaciones budistas, las de Teresa están llenas de presencia y de vida compartida. No es sólo el individuo que sentado se enfrenta al panorama de sus pensamientos, deseos, sensaciones sino que va poco a poco conociendo su interior para poder vivir de manera mas satisfactoria y feliz. La meditación en Teresa está habitada, y transforma la vida en el amor hacia los demás, en el camino de lo que nos dice Jesucristo.

Tenemos por tanto en nuestra Santa una maestra de meditación auténtica, que nos habla desde su experiencia, detallándonos cómo ha sido ese viaje al centro del ser. Una palabra que estamos hoy demandando por tanto estrés y ansiedad con los que vivimos en estos días, que tiene que ver con nuestra espiritualidad, creencias y cultura. No necesitamos buscar en oriente lo que Teresa nos explica en nuestra lengua, aquí en esta tierra en la que ella vivió todo lo que nos cuenta. Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa…Las palabras de Santa Teresa parecen escritas para estos días tan complicados.

 

 

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Solsticio de invierno en el dolmen de Bernuy Salinero. Ávila

Ayer estuvimos en el dolmen de Bernuy Salinero para ver la puesta del sol y el firmamento en el solsticio de invierno. Aunque la tarde y la noche estuvieron nubosas y el cielo no permitía ver los astros , planetas y estrellas, el momento fue impresionante.

Las puestas del sol en Bernuy en estos días de otoño- invierno son bellísimas, con sus colores tan marcados sobre las montañas. Disfruté mucho en un viaje que como un regalo me volvía a situar en el momento del descubrimiento y en los días de la excavación. La emoción por ir redescubriéndose una parte de la prehistoria de Ávila, siguiendo la huella a nuestros antepasados de hace milenios. En unos momentos que interrogan al hombre de todos los tiempos, en la muerte y su conexión con la vida, en un circulo continuo en medio de la naturaleza, fuego, piedra, agua y firmamento.

Recordar el descubrimiento hace mas de 30 años, y hacerlo con tanta gente que se acercó al dolmen, mis hijas, mi querida amiga y arqueóloga Rosa Ruiz. Momentos por los que doy mil gracias a Dios.

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NAVIDAD EN ÁVILA

 

Este año nos está poniendo a prueba. Todas las restricciones que impone la pandemia así como el temor al contagio y el dolor por la perdida de seres queridos parece que son un poso amargo que va cayendo dentro de cada uno.

Las reuniones familiares se quedan muy reducidas, las fiestas sociales desaparecen, las calles parecen mucho mas tristes este año con cientos de negocios cerrados. En palabras de nuestro santo Juan de la Cruz sentimos que atravesamos una noche oscura llena de pesar y ansiedad. Pero si nos acercamos al santo de manera un poco mas cercana, leyendo sus obras y meditando lo que nos dice, la noche no es sinónimo de oscuridad y tristeza absoluta sino es un espacio donde vislumbramos la luz, transformando nuestro corazón. Un periodo de prueba que nos puede transformar si queremos vivir de manera mas sincera con nosotros mismos. Un momento de reflexión en la penumbra que nos reconstruye por dentro.

En Ávila estas navidades están llenas de esos pequeños rastros de la luz que nos pueden ayudar. Y tenemos que hacer una lectura desde la penumbra de estos días, viendo qué somos y cómo nos transformamos para ese renacimiento que supone la navidad.

Estamos en la ciudad mejor para vivir algunas experiencias navideñas únicas, las de la verdadera navidad alejadas de todo el ruido y el consumismo que rodea estas fiestas. La primera y mas sobresaliente es sin duda la propia ciudad amurallada, la decoración navideña mas bella que se pueda imaginar. La vista de una ciudad que en la noche parece elevarse en medio de un cielo azul, tan bella y sorprendente, aunque lleves toda tu vida viviendo entre estas almenas. Nos empeñamos en poner luces en las calles al modo de otras ciudades y tenemos en luz lo que nadie puede tener, una muralla bellísima iluminada.

Tenemos en segundo lugar una historia profunda y riquísima que aparece también en estos días como luces en medio de la oscuridad. Muchos pueblos desde la prehistoria han vivido en este mismo lugar donde ahora estamos tan tristes y desconcertados. Debajo de nuestros pies los yacimientos arqueológicos nos van mostrando sus costumbres y modo de vida, como vivían estos días de navidad que coinciden con el cambio de estaciones en el solsicio de invierno. Tenemos un yacimiento extraordinario en el dolmen de Bernuy Salinero, que nos habla de las gentes que vivieron en esta tierra hace miles de años y que también se conmovían con la oscuridad de estos días y buscaban como hacer para que la luz de la primavera comenzara a iluminar sus vidas. La posibilidad de ver el cielo y estar al atardecer del día 21 de diciembre en el dolmen es un regalo navideño para todos, porque nos habla de esta conexión con nuestras raíces mas remotas, uniéndonos entre nosotros.

La navidad es para todos un momento de renacimiento, un año nuevo siempre aparece como el mejor regalo de estos días. Decoramos nuestras casas y nuestros místicos Juan y Teresa nos hablan de lo que puede pasar en nuestro interior, en nuestro castillo si nos abrimos al misterio que nos envuelve en estos días. Lo exterior desaparece tras la recogida de los adornos y la limpieza de la casa, mientras lo que renace por dentro nos lleva adelante sacándonos del miedo, la ansiedad y la tristeza.

Tenemos por tanto una tercera experiencia navideña única en Ávila, poder leer lentamente a nuestros místicos en el lugar donde ellos vivieron y sintieron tantas cosas que nos explican, en una ciudad que estaba en su retina y en su corazón como en nosotros. Nadie tiene esto, a Teresa y a Juan a su lado en casa esta navidad.

Frente a la pesadumbre que oigo entre mis amigos sobre la situación y la ciudad en estos días, me atrevo a gritar que esto no es así. Hay aquí mas luces navideñas que en ningún otro lugar del mundo, y además son luces que nos hacen revivir anclándonos a nuestro pasado, dentro de una ciudad abrazada por una muralla que, en luces, se eleva. Feliz Navidad.

 

 

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Literatura de cordel. El almanaque

 

Cada año por estas fechas compro un almanaque del año que va a comenzar en enero. Me gusta comprarlo en pequeñas librerías de mi ciudad o en tiendas de ultramarinos de algún pueblo perdido que de repente aparece viajando por carreteras secundarias.

Me maravilla la cantidad de información que cada día me muestran: santoral, ciclo lunar, algún proverbio o refrán, la salida y la puesta del sol, el pronóstico meteorológico, el momento para sembrar qué tipo de verduras u hortalizas…

Contiene mucha información que tiene que ver con la historia, y para mi tiene un poso sentimental al sentir que desde hace ya siglos se viene usando.  Me une con personas de tantos sitios de España que, en ese momento, al principio de cada día, se paran a leer todas esas cosas escritas en letra pequeñita, en un fino papel.

Cuando no había hombres del tiempo, ni televisiones, ordenadores, estos calendarios o tacos eran los smartphones que todo el mundo usaba para saber en qué día vivía, y cómo tenía que afrontar la vestimenta, a quien tenia que felicitar, y si tenía ya que plantar los ajos porque la luna estaba en creciente. Pero era mucho mas.

Se consideran como literatura de hilo o cordel porque se colgaba de un hilo en los cristales de las librerías. Proviene de la palabra árabe al manak que significa clima mostrando su sentido, aunque el verdadero origen hunde sus raíces en Grecia, con los avances que hizo Ptolomeo, astrólogo de Alejandría en el s. I d. C.

Este año con la pandemia he mirado la hoja diaria del almanaque con mas interés. El frenazo de las actividades durante el confinamiento me ha dejado mas horas ante el escritorio. Poder acordarme de los santos de tantas personas amigas y familiares y poder felicitar desde casa, demostrando mi cariño y recuerdo.  He mirado mas el firmamento y he estado, desde el sillón de casa en las épocas de plantación de los huertos. He seguido las semanas del salterio.

En toda la información que tiene no aparecía nada que pudiera indicar este horror en el que el covid nos ha metido este año 2020. La vida continua en sus hojitas como si todo esto no tuviera que ver con estos días tan complicados y tristes.

Me imagino que el del año que viene contendrá algo de todo lo que estamos viviendo, como sucedió con el calendario Zaragozano El Firmamento con la gripe española de 1918 que en sólo un año mató entre 20 y 40 millones de personas en todo el mundo.

Fundado en 1840 por Mariano Castillo y Osciero puso el nombre de Zaragozano en honor al astrónomo español Victoriano Zaragozano y García Zapater que ya en el s. XVI elaboraba sus propios almanaques.

También me gusta tener el taco del Corazón de Jesús fundado en 1865 con sus aportes catequéticos, el santoral y las devociones. Todavía hoy cuando cojo algún libro de la biblioteca de mi madre, me encuentro con la hoja de un almanaque separando las páginas por donde iba la lectura de mi abuela.

Me gusta mucho toda esta historia que de unas simples y pequeñas hojitas se puede contar, porque creo que han sido mas importantes muchas veces que los sesudos libros y enciclopedias que por cuestiones económicas o culturales, no estaban al alcance de todos. Han sido maestras de millones de personas y aun hoy en día nos ponen en tierra a muchas otras, relacionándonos con lo importante de cada día de manera sencilla, sin problemas de coberturas, links, ni terminales.

Esta literatura de cuerda se completa con un montón mas de folletines que han ido entreteniendo, informando y culturizando a miles de personas. Recuerdo que novelas tan importantes en la historia de la literatura como La Comedia Humana de Balzaco Los papeles póstumos del Club Pickwickde Charles Dickens, se vendieron en estos quioscos en entregas periódicas.

Una literatura de cordel que tira fuerte de cada día. Que nos une a miles de personas en la tradición, la historia, la religiosidad y el saber popular. El sustrato de nuestra cultura común. Un hilo lleno de palabras y de vida encima del escritorio cada día.

 

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Grullas que cruzan el horizonte

 

 

Mientras preparaba el trabajo y los diseños florales para la campaña del día de todos los Santos, una grulla pasó por delante de la pradera. Empezaban a venir en migración otoñal desde mas de 4000 kilómetros a invernar en las orillas de los pantanos y ríos de Extremadura y la zona sur de Ávila.

Siempre he visto a las grullas como un ave que nos dice mucho, su movimiento en el cielo. Parecen escribir con sus negras siluetas. Ya los griegos lo veían así y creían que fue el dios Hermes el que inventó la escritura al contemplar su vuelo sobre el cielo. Nos van contando un mensaje bastante acorde con estos días de finales de octubre que van cabalgando hasta los Santos, cada día mas cortos y oscuros, donde las cosechas se van terminando y el invierno se comienza a vislumbrar.

El tránsito a la otra vida ha sido descrito por las distintas religiones y tradiciones de manera muy diferente, aunque el elemento común de todas es el viaje, el comenzar una nueva existencia que da esperanza en medio de la vida y que aprieta en este mundo el sentido de perfección personal, de bondad y cuidado de los otros.

Recuerdo como uno de los textos que mas me ha impresionado leer en mi vida, el libro de los muertos(1540 a.C./ 60 a.C.) mientras viajaba a bordo de un pequeño barco por el Nilo hace ya bastantes años. Lo que hay que hacer en ese momento del tránsito, lo que hay que ir preparando durante la vida, cómo explicar lo hecho y vivido, está contenido en un libro, que toma la forma de un largo pergamino, de unos 40 metros, con el que se enterraba a los muertos, momificados y con un escarabajo encima del pecho.

Toda la escritura jeroglífica parece como una manada de grullas que, desde su desciframiento, nos va contando muchísimas cosas, que no son sólo interesantes sino bellísimas, palabras llenas de poesía:Oh, vosotros, todos los dioses y todos los espíritus, preparad un camino para mi. Los egipcios creían que el difunto emprendía un viaje subterráneodesde el oeste hacia el este, como Re, el sol, que en su ocaso comienza otra vez a resucitar con la mañana. En su viaje llegaba el difunto a un laberinto, la Sala de la Doble Verdadante un tribunal formado por 42 jueces y presidido por Osiris, y hacía una confesión negativa, en la que iba diciendo todas las malas acciones que no había cometido.

Las grullas avanzan estos días por un cielo muy sombrío, reflejo de tanta pesadumbre, tristeza y ansiedad. Esta pandemia nos está probando a todos de manera salvaje, a nivel personal mostrándonos nuestra fortaleza interior, la capacidad de empatía y amor hacia los demás; a nivel social, reforzando los lazos entre vecinos y compañeros de trabajo para poder salir adelante; a nivel nacional mostrándonos la cara y la capacidad de nuestros gobernantes y también a nivel mundial viendo cómo son nuevamente los países mas pobres los que mas van a sufrir toda esta locura vírica.

Llegará un día en que tengamos que reflexionar sobre nuestra actitud y entrega. Como decía nuestro santo Juan de la Cruz, al final de la vida, nos examinarán en el amor. Entraremos en otro espacio mas allá de la vida donde nuestros seres queridos nos esperan. Esto es lo que recordamos estos días, que el circulo no se cierra con la muerte sino que funciona como un espiral que nos empuja.

El signo que para mi explica este tránsito, es el circulo, como vemos ya en necrópolis tan antiguas como las del interior de la acrópolis de Micenas que excavó Heinrich Schliemann en 1876. Una estela de la tumba V ( 1600/1500 a.C) con círculos que se transforman en espirales sobre el bajorelieve del difunto caballero. Círculos que mueven el cielo como las grullas y que también mueven el camino de cada uno en esta vida, entrando todos en un espiral continuo que no para y nos libra, cuando así lo creemos, de la tristeza.

Por mi trabajo y familia he hecho muchas decoraciones para estas fiestas de los santos, mas allá de la costumbre hay algo mucho mas hondo y bello, la esperanza, el cariño y el amor, que sabemos por la fe que, al estar cerca de Dios en su presencia, son eternos. El momento de dolor y pérdida se irán poco a poco volando como las grullas sobre el cielo, sintiendo cómo la esperanza en nuestro interior funciona como una verdadera espiral de vida que nos une ya para siempre.

 

 

 

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Teresa de Jesús y la música

Que iba a salirse el alma… bien se podía morir

La música nos lleva a otros lugares, crea en un momento el espacio que muchas veces nos falta en los libros, la historia y las crónicas.  Conocemos a Teresa en sus libros, hijos, obras y nos falta seguirla también en la música que la acompañaba, su banda sonora original. La música es un arte que nace y va perdiéndose al momento sólo para nuestro deleite, abriendo la puerta del compositor y del intérprete, dejándonos entrar.

Hace ya muchos años cuando volvía en verano de la Universidad de Salamanca había una cita que marcaba todo para mí, el concierto del órgano de cámara de la Encarnación interpretado por Antonio Baciero. Creo que mi interés por la Santa nació en esos momentos en los que aquella música me conmovía. Aparecía con la melodía, una Teresa que yo empecé a considerar muy distinta de la que había visto en imágenes estofadas y sobredoradas, que había oído en la cultura que como abulense me ha rodeado toda la vida. Un instrumento con un sonido sencillo y limpio, donde las cuerdas se oían en su individualidad. Desde entonces me encanta la música antigua.

La música y Santa Teresa ha sido investigada por mi querido profesor Antonio Bernaldo de Quirós, que recogió todos los datos posibles sobre su madre en la fe dentro del ámbito musical, indagando en el ambiente abulense en el que vivió, la música en el entorno del monasterio de la Encarnación, sus actividades musicales y su sensibilidad hacia la música a nivel personal y místico.

La educación musical de Teresa, que intuyo que era grande, es algo que no podemos encontrar en un dato concreto. Pertenece al ámbito de la intuición y hablando de la Santa es un método de conocimiento mucho mas interesante. Creo que Teresa era una mujer muy sensible hacia la música tanto religiosa como profana y popular. No tenemos tampoco ninguna referencia sobre su educación académica y es la primera mujer doctora de la iglesia y una de las escritoras mas importantes de todos los tiempos.

La música profana en Ávila, en la época de la juventud de Teresa, cuando ella vivía con su familia y salía como niña y joven a recorrer la ciudad, era muy rica. Recoge Luis Ariz que durante la visita de la emperatriz Isabel y Felipe II de tan sólo 4 años, se organizó una fiesta impresionante con desfile de trescientas mozas aldeanas de los sesmos ataviadas ricamente con sus galanes tocando gaitas, tamboriles y panderos. También

desfilaron serranos ataviados en grupos de doce y los maestrescuela sacaron a los niños disfrazados. Esta manera de divertimento y fiesta caló en nuestra Santa reformadora, que componía villancicos y cancioncillas para animar la vida conventual, con monjas que en las recreaciones cantaban, bailaban y tocaban instrumentos como las flautitas de embocadura de pico y tres agujeros que encontramos en la clausura del Convento de San José.

Junto con estas músicas alegres y para la fiesta, Teresa desde niña oía otro tipo muy distinto que le abría nuevos caminos de profundidad interior y de mística de los sonidos que como cristales de colores daban cuerpo a esa vidriera que era la música polifónica española que ella oía en las iglesias, especialmente en la catedral. Estaban en aquel momento en nuestra ciudad compositores tan importantes y sobresalientes como Cristóbal de Morales, que estuvo en Ávila en la catedral de 1526- 1528 cuando Teresa tenía unos 11 años. Estoy oyendo estos días el Officium defunctoruma cuatro voces que compuso en estos años en Ávila y he comprendido que esta música abre muchos caminos en el alma y el espíritu de tantas personas. Teresa estaba en este momento cerca de esta cátedra musical, viviendo en primera persona la mística de la música polifónica.

Estaban en la catedral de manera sucesiva grandes músicos que fueron además los maestros del otro místico por excelencia, me refiero a Tomas Luis de Victoria, así Jerónimo de Espinar, Bernardino de Ribera y Juan Navarro.

Con Tomas Luis, Teresa tenía muchas semejanzas, aunque no tenemos constancia de que se conocieran en persona. Cuando Tomas entró como seise en la catedral para educarse musicalmente, Teresa estaba en la Encarnación. Y seguramente este joven monaguillo oyó hablar del revuelo que una monja estaba protagonizando en la fundación de un pequeño convento en 1562 dedicado a San José. Luego Victoria se marchó a Roma y volvió en 1582 cuando nuestra Santa ya había fallecido. No se conocieron mucho en persona, aunque seguro que se habían saludado por ser sus familias feligresas de la parroquia de San Juan y casi vecinos. Pero lo que no me cabe ninguna duda es que ambos andaban por los mismos caminos de creación, de indagación personal y de búsqueda continua de la Belleza.

También feligrés de San Juan fue en estos años otro grandísimo músico, Antonio Cabezóncasado con una mujer abulense y aquí pasaba algunos días, deleitando a los fieles en las celebraciones catedralicias.

En la Encarnación cuando entró Teresa había un grupo de monjas que eran músicas y se dedicaban a tocar en las ceremonias litúrgicas y a acompañar el rezo del oficio divino. Eran las que tocaban esos preciosos instrumentos, en su mayoría contemporáneos de la Santa, que podemos ver en el museo del monasterio. Arpas de dos órdenes, guitarra, viola da gamba, salterio y el órgano de mesa. En el libro del Retablo de Carmelitas de Doña María Pinelrescatado y publicado por el anterior capellán del monasterio el p. Nicolás González, aparecen historias de monjas músicas que entraban sin dote, como las hermanas mellizas Isabel y Mariana Rosa Velasco o las otras hermanas Clara Eugenia y Eugenia Clara que tocaban el órgano y hasta el bajón.

La música en cuanto se interpreta, es propiedad del oyente que la hace suya y que va siguiendo su movimiento mas allá del oído. Teresa nos relata en la Relación 15 una experiencia mística profunda que ella vivió al oír una voz cantando en la oración, siel canto no cesara que iba a salirse el alma del gran deleite y suavidad que nuestro Señor le daba a gustar,…bien se podía morir, mas, no podía decir que cesase

Tenemos que educarnos un poco para disfrutar de esta música tan divina, pero luego será ella, la que nos irá educando a nosotros en muchas cosas, nuestra maestra. Es increible, pero cierto, conocemos a la Santa de manera muy especial y auténtica, oyendo a Victoria, Cabezón o Morales, en el sonido antiguo de un órgano de mesa, en la voz que a veces nos conduce muy lejos del sillón.

 

 

 

 

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ALGO TANGIBLE

 

En estos tiempos donde prima lo digital en ocio, trabajo y relaciones interpersonales, me siento naufragar muchas veces, como si estuviera con los pies sin asiento en medio de un mar oscuro. Y vuelvo a anclar la mirada, a tocar, sentir, oler aquellas cosas que me enseñan, me consuelan, llenan mi vida de verdad y de vida. Libros con su olor tan característico en los que volver una y otra vez a los párrafos y capítulos favoritos, anotando ideas, dejando que todo quede ahí como testigo de tantos buenos ratos. El libro como un todo en si mismo, abriendo las puertas a lugares lejanos que comienzo a visitar, la belleza de sus hojas, los cantos y la edición, las láminas que hacen a los ejemplares únicos, bellos y llenos de rotundidad porque son y no porque parecen ser, reflejados en la pantalla de los ordenadores y los móviles. Porque los cojo y me pesan entre las manos, ocupan lugar y este es verdadero.

Los libros digitales como otro montón de cosas, películas, series, música, conversaciones, ideas, relaciones, se van volando en un momento presos de una actualización, el desfase de los soportes, un cambio brusco de presión, y comienzan a volar, dejándome una sensación de vacío y de soledad. Como esas imágenes de orientales que viven con un espectro de amigo, novia o sirviente en el salón.

Y todo se hace virtual, y siento que este momento de pandemia me empuja aun mas a este nuevo espacio, lleno de reuniones virales, trasformando las plazas, parques, bares y salones en la soledad de una pantalla que me lanza lejos de los demás. Falta cercanía entre nosotros y lo que me preocupa es que no sé si volveremos a abrazarnos y besarnos como antes, o si este camino lleno de pantallas viene ya para quedarse y aislarnos en casa, lejos del contacto real.

Todo esto cuando lo analizo me preocupa mucho. Estamos todos dentro del dominio de una nube digital, donde nuestras neuronas se van confundiendo con los circuitos de la red que va entrando por dentro modificando nuestra capacidad de decisión, hasta en los sueños todo esto repercute.

Dejamos nuestras relaciones en las redes sociales pensando que tenemos muchos amigos, y que nos comunicamos continuamente con ellos, y son los propios Ceos de las grandes compañías como Facebook, Twiter, WhatsApp, los que nos hablan de su trabajo en nuestro cerebro, siendo hackers de nuestro pensamiento, deseos, relaciones, como comenta Chamath Palihapitiya, que con Mark Zuckerberc construyó la red de Facebook del 2007 al 2011.  Chamath se encuentra ahora en el lado de las personas que conociendo lo que han hecho, se lamentan profundamente de su trabajo, y son verdaderos objetores de conciencia. La utilización de corazones y pulgares hacia arriba que fomentan el aumento de las endorfinas creando verdaderos procesos de dependencia al modo de las drogas mas conocidas. Los hackers ahora están en estas tareas, entrando a controlar nuestras neuronas.

Frente a todo esto, tenemos una herramienta muy fuerte que debemos aplicar desde ahora mismo. La herramienta del  “no”, para salir de la adicción y volver a ser las personas que realmente somos. Hacer un ayuno de esta nube que nos oprime, al menos alguna vez al mes. Así podremos disfrutar de los libros, de las plantas, de la música, las charlas con los amigos, los cuadernos, la escritura, los pinceles, las recetas de cocina.

Me imagino un futuro muy distinto a lo que quieren que vaya acostumbrándome. Sociedades mas cultas y comprometidas con el medio ambiente, responsables y solidarias con los que tienen menos y están menos preparados. Ayudándonos entre todos, hablando y sintiéndonos cerca, lejos de ser meros conejillos de Indias de desalmados con muchos masters y muy poca ética personal.

El futuro comienza ahora mismo, y voy a empezar a hacer ayuno de muchas cosas que me sientan muy mal y con las que no quiero vivir mi vida. Volviendo en este bucle vital a fijarme en lo concreto y tangible que ponga mis pies y mi cabeza en el suelo de la realidad y de la vida.

 

 

 

 

 

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LAS PLANTAS DE CASA

 

En estos días del confinamiento por la pandemia del coronavirus me he sentido muy afortunada por tener en casa muchas plantas, por tener un pequeño jardín y una terraza llena de helechos. Toda la rigidez, la dureza de esos momentos se evaporaban en cuestión de segundos cuando me ponía a regar, plantar, hacer esquejes o abonar, cuando miraba sus hojitas, el peludo tallo de un helecho azul, la apertura llorona de las Alocasias, la caída hacia el suelo de las miles de bolitas del Senecio Royelanus.

Estos días he sentido la conexión íntima y profunda del hombre con la naturaleza a través de las plantas, los árboles, las hierbas, las flores. No sólo en el sentido de que una plantita de casa me abre en un momento una conexión con la naturaleza- madre rotunda y profunda, sino me hace ver que no son seres inertes, sino que se comunican entre si, que también lo hacen con nosotros, que no se trasladan de un lugar a otro, pero sí se mueven y mucho cada día, en movimientos que podemos hoy en día ver con las cámaras de video.

Este contacto- comunicación con las plantas requiere por tanto que nos tomemos un tiempo mayor del que normalmente utilizamos para cuidarlas. Con este interlocutor que se mueve tan lentamente, debemos entrar a conectar también en este ritmo distinto, que nos introduce en momentos meditativos. En sesiones de midfulness, y de meditaciones de todo tipo, las plantas son un vehículo potente y que nos acompaña, entrando en este proceso, podremos sumergirnos en esa red de comunicación llena de estados electromagnéticos, a través de la red de las raíces. Y podremos llegar a sentir, como dice el botánico italiano Stefano Mancuso, autor de libros superventas, cómo al entrar en estos estadios de conexión, sentiremos bienestar y serenidad, estando muy quietos y a la vez con un movimiento lento y lleno de naturaleza y bienestar.

Pude disfrutar de una clase on line con Stefano, degustando lentamente todo lo que exponía sobre la “plant revolution”, conociendo de manera empírica por medio de sus ensayos y estudios científicos, lo que ya intuía personalmente desde hace mucho tiempo. En su libro “la Nación de las plantas” reconoce que entre ellas hay una practica de ayuda mutua, cómo se comunican los peligros y cómo la combinación de plantas, sobre todo en espacios acordes botánicamente, crea entre ellas un mayor bienestar que se traduce en un mejor cultivo.

Quien se acerque a la agricultura biodinámica y a sus postulados, intentando comprender cada ecosistema como un lugar vivo y lleno de relaciones entre el suelo, las plantas de distinto tipo, los insectos, los pájaros, el cielo, los ciclos lunares, el agua, los abonos y principios activos para las enfermedades y plagas. Los huertos se llenan de caléndulas, bledos, dientes de león y ortigas, hoteles de insectos aparecen en los bordes de la plantación y se va buscando en la tradición agrícola aquellos métodos de cultivo que no son tan dañinos como los que tiene la agricultura convencional, llena de abonos muy potentes, y miles de litros de pesticidas que van directamente a nuestros platos y que afectan sin duda nuestra salud.

Esta pandemia que sufrimos espero que al menos nos haya dado la posibilidad de replantearnos qué está pasando en el mundo ahora, y porqué sufrimos esta plaga. El coronavirus es un problema muy pequeño comparado con el calentamiento global que nos va a llevar como especie humana a la extinción en unas decadas, o quizás menos. Es algo atroz ver las desforestaciones de los grandes bosques del mundo, la subida de las aguas de los océanos, el recalentamiento de la Antártida que el verano pasado llegó a superar los 19 º . El coronavirus nos ha afectado de manera personal, si no guardas las medidas de confinamiento y prevención, puedes enfermar y morir, y eso al ser personal, ha desatado esta situación de alerta, que los expertos nos dicen que va a seguir durante mas tiempo. Es por tanto una llamada de atención de la naturaleza que nos dice que frenemos un poco, que seamos seres mas sensibles y tranquilos. Los hombres somos la única especie que aniquila el medio natural donde vive.

Las plantas son algo distinto a la decoración, son seres vivos, mascotas vegetales que tenemos en casa y que nos aportan muchas cosas necesarias para nuestro bienestar personal, siendo los seres sencillos que realmente somos, viviendo en la naturaleza. Aumentan nuestra creatividad y productividad, nos ayudan a relajarnos y meditar como forma de terapia diaria para seguir con el ritmo de vida, interactuando con ellas iremos obteniendo como premio el silencio y la serenidad. El silencio amable y lleno de vida de un bosque, una `pradera florida o un roquedo sobre los precipicios sobre el mar. Bosque, vida y pradera entre las plantas de mi casa, en medio del confinamiento y la tristeza.

 

 

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Las pequeñas cosas

Llevamos desde el mes de marzo metidos en casa, la pandemia nos ha cerrado la puerta. Nuestro hogar ha pasado de ser un lugar de tránsito entre quehaceres laborales, familiares y sociales, a convertirse en nuestro castillo, y aquí estamos tomando posesión de cada rincón, de cada territorio.

Natsume Soseki es un conocido y aclamado autor japonés, que además de cultivar el haiku, escribió una novela considerada por el publico nipón como nuestro Quijote, “ Kokoro”. La dedicación al haiku conlleva una nueva actitud ante las pequeñas cosas de la vida para darlas el verdadero sentido que tienen, como pequeños espejos del cielo, como muestras de Dios en las cosas diarias. Un día escribió este haiku que parece que podría haber salido de nuestras casas en estos días de confinamiento “ Sin decir nada, el niño/ ve un ciruelo a lo lejos/ y lo señala.

Cuando entramos en nuestro castillo familiar y reforzamos los candados, los prunus-ciruelos de Ávila estaban en flor. Desde la ventana mirábamos a lo lejos, aprendiendo a disfrutar en la lejanía de lo que normalmente está sobre nosotros. Los niños, como dice Soseki, miraban por las ventanas dejándonos un momento tan elocuente como difícil, conteniendo las carreras con los amigos, las pachangas en el patio, las clases y los deportes. Duras situaciones que se han convertido en maestras de algo que no se enseña en los colegios, la contemplación, la calma, el silencio y la soledad.

Captar las cosas pequeñas de cada día, mirarlas, disfrutar con ellas y agradecer cada detalle, es una de las lecciones que aprendemos en esta escuela nueva de cada casa- castillo interior. Poder organizar un cajón reencontrándome con cosas que me hablan de mi vida, regalos que me hicieron con tanto cariño, viejos pañuelos bordados metidos en sus cajitas, las láminas dibujadas, los alfilereros, las plumas estilográficas, los plumines con sus cartillas de caligrafía… Volver al mundo que abre en mi corazón cada pequeña cosa de mi vida, es viajar arriba y abajo por mi existencia, dando gracias por tanto como me ha dado.

Edith B. Holden, vivía apegada a lo que cada día le iba regalando, recogiendo en un diario al estilo victoriano, cada flor que se abría la lado del camino, el canto de un arrendajo sobre el grosellero, el movimiento del aire serpenteando las vaguadas floridas de su casa en Solihull, Gran Bretaña, a principios del siglo XX. Cada día iba a ver lo que le regalaba el momento, abriendo cada regalo pequeño que si no lo desempaquetaba, se iba a morir en el rincón del olvido. Tanto es así, que murió en una crecida del rio mientras seguía el movimiento de una rama, después de haber dejado puesta la mesa para la cena en casa. Me gusta leer estos diarios de personas que viven los momentos y los dan su verdadero valor como muestras de lo eterno que se nos regala. Aunque el momento al final sea difícil, aunque la muerte y la enfermedad nos azote, las pequeñas cosas de la vida nos van abriendo las puertas de lo eterno y de la verdad.

En estos días sólo había una noticia que abarcaba todo, y el resto de las miradas han estado centradas en casa. Hacer los puzles que estaban arrinconados en el baúl, intentar hacer un bizcocho o un pan, tocar el piano, bordar un mantel, escribir, dibujar, esculpir, leer… Disfrute, entretenimiento y sobre todo escuela de lo que soy. Te replanteas tu vida mirando lo que realmente importa, y el desarrollo de ti mismo en tantas facetas que hemos ido olvidando y desterrando por el exceso de trabajo, el ritmo de las obligaciones, muchas de ellas autoimpuestas, que han dejado aparte, muchas veces , el equilibrio personal, la fuente del bienestar, el tiempo para ser realmente lo que soy, y entregarme a estas pequeñas cosas que se me regalan, agradeciendo cada una, viviendo mi vida en plenitud.

Dios está en las pequeñas cosas que me rodean, hasta cuando las iglesias han cerrado temerosas de la pandemia, mi casa se ha convertido en un templo, mostrándome algo que intuía, que sólo en el amor está lo divino, y que esto se encuentra en los gestos y actitudes, en las pequeñas cosas de cada día.

 

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Beethoven

EL AÑO DE BEETHOVEN

 

Este año celebramos en todo el mundo el 250 aniversario del nacimiento de  Beethoven, y el confinamiento por la pandemia del coronavirus nos permite entrar un poco mas en su obra, oyendo unas de las piezas musicales mas bellas y rotundas de la historia, donde la naturaleza salvaje aparece en forma de notas, la historia con los ecos de la Ilustración y los redobles de la Revolución Francesa se dejan oír. Beethoven aparece como uno de los primeros músicos con conciencia de su papel en el devenir de la historia, aportando su visión y creación propias, yendo mas allá de las artes al servicio del poder, de los nobles, de la iglesia, del estado.

En un momento de cambio, como siento este que estamos viviendo ahora, donde la forma de vida establecida se resquebraja, donde apareció un hombre que refleja en su obra todo el ideal romántico, su propia biografía me conmueve. Cómo pudo formarse un genio así en medio de una familia donde el alcohol hacía estragos, cuyo padre levantaba al niño de cuatro años de la cama a las 3 de la madrugada para que se pusiera a tocar el piano, cuando él se recogía de sus juergas.

La biografía de Jan Swafford, Beethoven, publicada por Acantilado, nos abre las puertas a este viaje musical, donde vemos cómo se va forjando el carácter de este genio, y leemos su obra como fruto del momento, las enseñanzas dentro de la ilustración de su primer maestro Christian Gottlob Neefe, que pertenecía a la masonería, comoMozart o Haydn.

Analizo la relación entre los músicos mas importantes del clasicismo y el primer romanticismo, y me quedo anclada en la figura de Haydn, ¡oh papá Haydn!, maestro de los dos grandes genios musicales, Mozart y Beethoven.

Corría el año 1772, Beethoven acababa de cumplir dos años y el joven Mozart con 16 ya había compuesto entre otras muchas obras tres operas, Mitriade rei di Ponto, Ascanio in Alba, y Lucio Silla. Haydn era el kapellmeisterde la corte de Esterházy. La temporada de verano se iba alargando demasiado para los miembros de la orquesta de cámara del príncipe que pasaba estos días en su palacio de campo en Hungría. La corte del príncipe Esterházy era muy potente, con muchos criados entre los que se encontraban los músicos, y por supuesto el maestro de capilla Haydn que tenía que vestirse de librea y ocupaba sólo tres habitaciones en el enorme complejo palaciego, lleno de jardines, salones y pasillos. Los músicos pidieron Haydn que intermediara con el príncipe para volver a Viena cuanto antes con sus familias, y la manera de exponer esta petición fue muy creativa, compuso una Sinfonía,la denominada de la Despedida, Hob, 45, en cuyo último movimiento, el Adagio, los músicos iban dejando poco a poco de tocar hasta finalizar la pieza con un dúo entre Haydn y el maestro de conciertos Luigi Tomasini. Por algo se le conoce a Haydn como papá Haydn, por su capacidad de ayuda hacia los demás y por su carácter bonachón.

Beethoven, alumno suyo durante dos años, era todo lo contario. Su fuerza expresiva y su carácter iban galopando contra los auditorios, las conciencias y las normas de buena educación de todos. Desastrado, retraído y taciturno, casi sin amigos, este “der spagnol”por su tez morena, causaba el asombro en las cortes y los salones de la aristocracia europea. Un ámbito en el que aparecían actitudes que hoy en día veo en desuso. Había coinnaisseurcon gusto y erudición, que amaban las artes y interpretaban música con pasión y gusto. Había también diletanttes, para los que la música se creaba para su interpretación, los aficionados para los que se compusieron buena parte de las obras de Beethoven. Unos diletantes sin las connotaciones que luego tuvieron estos términos cuando la palabra profesional se instauró en todas las artes, dejando a este gran grupo de interpretes fuera.

En estos días en que se nos regala un poco de tiempo en casa, volver a Beethoven es un placer, y reflexionar sobre la música como expresión, no sólo de los autores sino de nuestro viaje interior, interpretando la música, haciéndola nuestra.

Estudiar una partitura de piano, es entrar de pleno en todo este mundo lleno de sonidos, naturaleza, ideales, y sentimientos. Utilizar la música para decir sutilmente cosas como hizo Haydn en la corte húngara, ir poco a poco apagando el sonido en medio de un momento lleno de incertidumbre como este en el que el covi-19 nos ha metido.