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CUANDO HICE A NADO EL LAGO

 

Tengo la sensación de llevar a en la espalda un saco muy pesado llamado mes de junio, con toda su carga. Es un mes mucho mas denso que cualquier otro, quizá porque aquí en Ávila nos desesperamos al ver que el verano no llega y que el frio nos acompaña hasta la cama cada día.

Surge ese deseo de fin de estación, que tal vez explique con qué gusto me he lanzado a la lectura del libro de la poeta Anne Carson “Tipos de agua”, El camino de Santiago.

Poder iniciar un nuevo camino hace que cada día y todos sus momentos se vayan perfilando de manera nueva. Supone vestirse un traje, el de peregrino y comenzar a andar por ahí.

Anne me cautiva en este libro por muchas cosas, su manera libre y radical de escribir, concisa y esencial. Por contar una aventura en forma de camino con imágenes nuevas que arrancan desde ella misma, sin la necesidad de anclarse en las metáforas de otros para avanzar. Por el encabezamiento de cada capítulo, paso a paso con un texto japonés de distintos autores, Zeami, Tanizaki, Shikibu, Basho, que me va familiarizando con ellos, samuráis, poetas, profesores, en una cultura que voy descubriendo muy parecida a estos caminos rotundos, sobrios y llenos de belleza. Los libros tienen esta peculiaridad del pegamento, de unirnos a otras personas, circunstancias y paisajes.

 

El camino de Santiago es para los peregrinos una aventura iniciática que nos conduce hacia otro lugar, sacándonos de la rutina que envuelve la vida diaria. Supone vestirse un nuevo traje, el de peregrino y comenzar a vivir en el país de la sed ya siempre hambrientos. Supone zambullirse en el agua de la existencia, en una búsqueda de nuevos horizontes, redescubriendo cada pequeño objeto y hecho del camino como un regalo personal. Leyendo el momento a cada paso, sintiendo el cansancio físico que arranca de cuajo las preocupaciones cotidianas que antes de caminar tenía. Todo cambia de percepción. Parece que volvemos por momentos a ese reino de lo que somos que comenzamos e vislumbrar en la infancia que lejana aparece a veces al borde del camino.

 

Recuerdo también al poeta Czestaw Mitosz, al que al leer sus versos he visto siempre en medio de un lago, en el mágico entorno del Valle del Issa. Desde aquel niño polaco criado en el régimen zarista, que vivió en primera persona la revolución. Sus estudios universitarios en Varsovia seguidos del horror nazi del ghetto donde vivió. Cuando miraba por la ventana de su casa norteamericana de Berkeley el jardín, creía vislumbrar las viejas formas acuáticas de un paisaje tan lejano en el tiempo como cercano en su interior.

Comenzó escribiendo poesía, y este quehacer continuó dando cuerpo a toda su vida, jalonando este camino que iba acomodándose a sus pies.

Ceslaw fue una figura muy grande en Polonia, a donde volvió cuando cayó el telón de acero, y su estatua se encuentra en el monumento de Gdansk, lugar del nacimiento de Solidaridad, junto con el Papa Juan Pablo II y Lech Walesa. Pensamiento profundo en forma de versos, acción social bañada de compromiso por los demás y misión evangélica. Un grupo de ingredientes que hicieron que aquel camino se anduviera de verdad, mientras colmaron la sed y el hambre, a base de oraciones, versos y mítines.

En 1963 ya en la universidad de Berkeley, Ceslaw escribió en versos este camino al modo de Anne.” Menguan los ríos, menguan las ciudades, / Jardines hermosos muestran lo que antes no veíamos, hojas lisiadas y polvo. / Cuando hice a nado el lago me pareció enorme, si estuviera ahora por allí me parecería un lebrillo para afeitarme.

Muchas veces no me doy cuenta de la potencia vital de gestos que parecen sencillos, como este de iniciar un camino al comienzo de las vacaciones, cuando dejamos todo nuestro traje cotidiano y vamos por ahí más ligeros de equipaje, viendo cómo al volver somos seres distintos, transformados por el mismo camino de agua. Decía Kan –Ami, actor, músico y poeta japonés del s. XIV, ahora regreso a la casa en llamas pero, ¿dónde está el lugar donde solía vivir?

El mes de junio sigue muy frio, con la lectura a veces podemos encender el corazón y nadar.

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LAS ROSAS DE ANTONIO LOPEZ  EN SILOS

LAS ROSAS DE ANTONIO LOPEZ  EN SILOS

 

 

Hay cosas que creadas con siglos de diferencia parecen encajar en un mismo puzle estético y vital. Me refiero a la exposición que el pintor Antonio López muestra en la sede de las Edades del Hombre en Santo Domingo de Silos. La sintonía de su obra con las piedras labradas del claustro, la silueta enhiesta del famoso ciprés, el cielo azul labrado sobre tierra rojiza de los campos de Castilla a finales del mes de mayo.

El camino por Castilla, las carreteras que serpenteando te llevan entre los campos que juegan al ajedrez con la mirada, arados y en barbecho, las pequeñas colinas rocosas y las cárcavas por dónde los ríos se cuelan en su correr. Y en medio de ellos la obra del hombre que se levanta como una especie de tributo a tanta belleza.

Mientras nos explicaban los capiteles y toda la iconografía, la delicada orfebrería que sobre la piedra trabajaron los hombres hace tanto tiempo, tuve un deseo de volver a aquella época, la paz conventual y la vida de los monjes benedictinos. Su laborioso trabajo en la biblioteca, la recolección de tantas hierbas para completar las recetas de la botica. Las reuniones en la sala capitular, las celdas y el frio que decoraba todo por allí.

El hombre y su búsqueda, la palabra y la paz, la proporción bella, la naturaleza al alcance de una acequia, y el canto gregoriano sonando entre las paredes desnudas.  Parámetros en los que no parece parase el tiempo. Eso es lo que sentí al cruzar una sala del Museo y entrar en la Exposición de Antonio López. La conversación con todo lo que veía se iba llenando de interlocutores porque la mayor parte de los cuadros del genial pintor tenían como protagonistas a unas rosas blancas que habíamos preparado en el taller de Donzoilo para el pintor y su esposa María Moreno hace unos años, cuando desarrollaba unos curso y talleres de pintura en el Palacio de los Serrano de la obra social de la Caja de Ávila.

Un puzle de sensaciones, percepciones y sentimientos. Es como si volviera Gonzalo de Berceo y me lo encontrara por allí. Mientras leo la Vida de Santo Domingo de Silos con la historia del santo, recordando cómo se representaba en teatros didácticos en el claustro. Viendo cómo estaba el escritor en su pupitre largos ratos, con las palabras para componer los versos alejandrinos dando cuerpo a la obra del Mester de Clerecía.

 

Leo la vida del santo en el Poema, y la de aquella ciega de Cornejana que llegó a su tumba que está en medio del claustro, y allí oró pidiendo la vista a Santo Domingo.  Cómo Sancha, que así se llamaba se curó para poder en vida cantar los laudes al Señor, mientras el lazarillo que desde el pueblo la acompañaba daba gritos de emoción por el milagro.

Es como si me fuera a recolectar a las huertas del Monasterio las hierbas para curarla, aprendiendo cada remedio y tisana, volviendo la vista atrás a los conocimientos que tras de las bellas ilustraciones botánicas se esconden.

Un puzle conventual y poético, con las voces de Gerardo Diego cantándole al ciprés, lo natural y verde saliendo como flecha en medio del reino de la piedra. En esos versos tan elocuentes, “enhiesto surtidor de sombra y sueño, que acongojas al cielo con tu lanza”.

Puzle con el presente, el paseo por los claustros y las rosas de Antonio López que van cuadro a cuadro mostrando aquello que sólo lo natural y vivo pueden regalarnos, su transformación, el ritmo de las horas, de los días y minutos. En dialogo con el claustro solemne e inmutable, las rosas se abren y van lienzo a lienzo viviendo para morir, delante de los ojos del espectador que sabe en lo hondo de su corazón lo que esto significa, el paso del tiempo y la belleza efímera de las cosas.

Es increíble lo que la vida a veces nos regala. Un paseo por Castilla y por una de las bellezas del románico, parecen fundirse como dos amantes, las rosas que se van deshojando, lo tierno y lo pétreo, le paso del tiempo en un lugar eterno de cientos de años y de millares de pasos por allí. El cielo se estampa en las raíces del ciprés que escala alturas, y el trabajo de la floristería se junta con la obra de un autor único que dibuja la vida a golpe de pinceladas sueltas que en la distancia se convierten en matices y en luz.

 

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AMOR Y AMISTAD

AMOR Y AMISTAD, UN GERMEN REVOLUCIONARIO.

 

 

 

Sobre la mesa de la biblioteca tengo una imagen de la Santa, es un icono y la silueta de Teresa se levanta sobre el dorado. En estos años que voy estudiando cosas sobre ella, su vida y sobre todo lo que nos dejó escrito me estoy encontrando con una figura que se despega de esta bella imagen y cobra vida.

La historia se compone de un elemento pequeño pero dinamizador, podemos llamarlo revolucionario, el hombre a nivel individual. No sabemos el potencial de cambio que tenemos en nuestra vida, actitud, palabras y acciones, lo que podemos hacer desde la situación sencilla, casa, cocina, taller, estudio.

Lo que empuja de manera mas acelerada esta potencialidad es la amistad, la capacidad de interrelacionarnos de manera empática, cuando además mezclamos sentimientos, propósitos y creencias. Teresa lo sabía muy bien y en esto fue realmente una mujer abierta, un marco para que sus amigos, monjas, frailes, compañeros se pudieran desarrollar a nivel personal.  Marco abierto para el Amigo del alma que vivía dentro de ella.

Un buen amigo es aquel que nos conoce y nos quiere, nos apoya en los momentos difíciles incluso cuando fallamos, en los momentos bajos y tristes, el que saca de nosotros toda nuestra potencialidad, confiando y alentando nuestro trabajo e inquietudes. Un lugar de encuentro donde compartir, tomar fuerzas y avanzar en la vida.

Reflexiono en sus amistades, y cómo sin ellos, el Señor de su corazón, Guiomar, Alonso, Luisa, Isabel, Marí, Juan, Pedro, Jerónimo no podemos entenderla ni conocerla. Constituyen la base de nuestra Santa, el sustrato de su vida y de lo que nos deja.

Teresa sabía del potencial de la amistad, hasta para hablar de oración decía: orar es hablar. Amor y amistad serían los dos vocablos teresianos básicos para poder conocerla.

Guiomar de Ulloa se hizo inseparable de la Santa cuando se quedó viuda y estaba harta de la ciudad, de andar de un lado a otro, de oír hablar y murmurar sobre ella, su belleza, juventud, porte y actitud alegre. El remanso de paz era para ella la celda de Teresa en el Monasterio de la Encarnación donde vivía nuestra Santa con un grupito de sus sobrinas a las que enseñaba a orar profundamente, a leer, cantar y tocar instrumentos. Se reunían un grupo de mujeres, y Guiomar podía estar allí porque en aquel momento las mujeres entraban dentro del Monasterio, que era según nos cuenta el p. Nicolás González una verdadera aldea castellana con mas de un centenar de monjas.

Lo que hay entre yo y mis amigos, si es algo auténtico y verdadero, puede, como en el caso de Teresa, ser el germen de un cambio muy profundo de la sociedad y de la historia. De esa celda de Teresa en una velada salió la idea de reformar la orden del Carmelo, fundando un nuevo convento donde la amistad y el amor estuviera en la base de todo. Lo vivido en la celda, la oración conjunta, el cariño, las lecturas compartidas, las canciones que aprendieron, los sueños que empezaban a plantearse. Salieron de allí para fundar el convento de San José.

Cuando soñaban aquella tarde de septiembre con una vida juntas donde la clausura del mundo fuera el territorio de la libertad, fue Guiomar la que empujó de manera decidida y práctica el proyecto.

El segundo lugar donde desarrollaban su amistad estas mujeres era la casa Palacio de Guiomar, cerca de la iglesia de San Gil, donde trabajaba en el servicio domestico una mujer que ya en aquellos años se consideraba una santa Maridiaz. Mujer analfabeta, campesina del pueblo de Vita que al morir sus padres repartió entre los pobres todo los que tenia de herencia y se vino a Ávila sólo con una manta, que dio al primer pobre que vio pasar frio en el barrio de la Vacas, como nos cuenta el p.  Baldomero Jiménez Duque.

Vivió en una tribuna de San Gil después de servir a Guiomar y sufrir un montón de desprecios por parte de los otros sirvientes, mucho mas clasistas que su doña que desconocía todo. Y desde allí ayudaba a toda la ciudad con mas autoridad que un juez de paz, influyendo tanto en personas que cambiaban también el rumbo de la historia con su vida y pensamiento como San Juan de Ávila.

La historia se compone de todo esto, sólo hay que despegar la imagen que tenemos de los acontecimientos, personas y hechos del marco dorado, del icono que lo aprisiona. Somos capaces de mucho mas de lo que a veces pensamos, de cambiar tantas cosas a distintos niveles. Solo hay una manera de ir construyendo algo nuevo, la empatía, la amistad, el volver a hablar entre nosotros dejando que cada uno desarrolle su propia potencialidad y valía.

 

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Y EL AIRE AL SOPLAR

Y el aire al soplar…

 

A veces la vida nos regala momentos para que los guardemos en un rincón del interior, y los hace inolvidables. El pasado martes la presentación de mi libro de poemas  “ Y el aire al soplar”fue uno de ellos.

La tarea solitaria del escritor en la biblioteca, el salón, el parque detrás de cada palabra y sus sombras, se hace fiesta al compartir los versos con los demás, al ver la cara de los lectores de sus palabras. Las recitaciones de poemas son los días de fiesta de los poetas.

Agradezco tanto a todos los que me acompañan con su lectura en este paseo por la naturaleza que es este libro. Un trabajo lleno de contemplación y diálogo con ella, como fuente de estabilidad personal, de ternura y de paz frente a los problemas, dolores, inseguridades que rodean nuestra vida.

Cuando nos lanzamos por ahí dejando que la que comience a hablar y a decirnos cosas sea ella, vamos  transitando por la senda de la contemplación, ya no creamos nada jugando con la palabra, son los versos los que nos vienen a la boca y al papel como traductores de todo lo vivido en un proceso de recreación.

Dónde se encuentran las palabras, cuál es el proceso de la creación, qué es lo que ocurre cuando de repente ves delante de ti nuevas ideas, matices, sensaciones, colores y formas y vas con tu pluma fijándolas en el papel.

El comienzo de todo esto tiene un tiempo que hay que rescatar, el del silencio. No como lugar de vacío sino como “gota, envolviendo como en pañales cada momento, cada razón”. El silencio fija lo vivido y deja que lo podamos contemplar como si de una gota llena de luces y colores al sol. Abre nuevos lugares que teniéndolos ya, no los habíamos habitado, los mundos interiores.

Todo esto se articula alrededor de un verbo que lo engloba todo, el de dialogar. Lo que está fuera con toda su belleza, rotundidad, rotura, suavidad, comienza a ser nuestro interlocutor, la aquilea del borde polvoriento de un camino, las hojas en esqueleto vencidas sobre el arroyo, el envés terciopelo de una corteza llena de musgos. En un dialogo de naturaleza amorosa, al modo de los que nos cuenta nuestro paisano Juan de la Cruz en su Cantico Espiritualque realmente él llamó Coloquio de amor. Ya lo que hay fuera no me es ajeno porque comienzo a sentir que es mío, regalo, vida y amor.

Esta visión de lo natural va mas allá de los postulados ecologistas clásicos, y abre nuevos caminos alrededor de su potencia en nuestro bienestar personal. No sólo hay que conservar los bosques, los acantilados rocosos, los caminos que van serpenteando por los valles, hay que comenzar a tomar posesión de todo como parte de nuestro patrimonio personal e interior. Y esto se consigue poniéndonos las zapatillas y comenzando a pasear por ahí. Esta actitud de dialogo sanador y de recreación como regalo de la vida en la naturaleza es algo que otras culturas como las orientales tienen mas desarrollado que nosotros. Es la actitud del maestro de haiku que va asombrándose de ver que lo que vive en su interior se ve reflejado en cada hoja, mata que mira el lago, cigüeña que pasa racheando el vuelo sobre él.

El trabajo del poeta comienza así, y la búsqueda de la palabra exacta continua a ese ritmo, depurando la expresión para hacerla mas limpia, sencilla y transparente. Para dejarla todo su sonar y decir, para abrir la posibilidad de que explote dentro de cada lector cuando abre con su lectura pausada el libro.

La música, la pintura, el arte floral y las palabras se juntan en este mismo cauce expresivo, siendo llaves de conocimiento de la belleza oculta de las cosas y formas de expresión de la bello. La pausada música de la citara salterio que como instrumento para la meditación y la alabanza arranca desde la Antigüedad para dar la mano al hombre de hoy necesitado de momentos de contemplación y de dicha interior.

La vida se compone también de todo esto, y es la tarea de los poetas desenmarañar, abrir, morder, rasgar cada palabra para dar el sentido vital que necesitamos.

El martes sentí que mis palabras iban volando por ahí, como los vilanos de los Dientes de león, y me sentí muy agradecida a ese viento que soplando sobre la vida la llena de naturaleza y de amor. Y el aire al soplar.

Articulo publicado el 4 de mayo de 2019 en el Diario de Ávila

 

Al levantar los rios

los enredaste

en el cielo.

 

Las algas 

se confundían

con las estrellas,

y todo el reflejo

de la luz sobre el agua

se hizo nube.

 

Y paseaban sobre mi

que miraba

su fuga

en su ascender

entre los árboles.

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LA FAMILIA BACH

La familia de Bach

En estos días me cuestiono donde se encuentra la libertad del individuo, cómo los hombres de todas las épocas pese a los condicionamientos políticos, sociales, de género, han podido vivir en ella. Es cierto que determinadas actitudes, mentalidades, realidades que se imponen en la historia y en algunas sociedades y momentos incluyendo los actuales, no favorecen este suelo en el que pueda desarrollarse la libertad personal.

Vengo replanteando esto, oyendo y estudiando una música que cada día me impresiona mas, la de Johann Sebastian Bach. No hago mas que pensar en cómo en una situación histórica tan comprimida como era la de la sociedad alemana luterana del s. XVIII, en la vida de un músico de la iglesia ,un Cantor de Santo Tomás de Leipzig, con veinte hijos, teniendo que componer música religiosa toda su vida para atender los distintos oficios religiosos, enseñando a los pobres niños a su cargo en la parroquia música y canto para interpretar cada día sus composiciones, podemos ver la obra más libre, bella y completa de un músico genial.

Desde las perspectivas actuales consideramos que un artista, un creador en cualquier rama del arte tiene que poder trabajar en lo que él vea, sienta, lo que le motive, donde las musas aparecen en un determinado momento. Pero esto no es así, en un ambiente tan apretado, lleno de tantas normas, leyes, consideraciones de naturaleza religiosa y social, puede desarrollarse la verdadera libertad, que sale como pájaro de tantos barrotes.

La familia de Bach han sido músicos profesionales desde 1619, organistas, maestros cantores, componiendo música religiosa, cantatas, corales, preludios para acompañar y meditar, en un concepto de la música como instrumento para rezar mas que como una expresión artística en sí misma. Los músicos luteranos del centro de Alemania se dedicaron a componer e interpretar muy arraigados en la tradición antigua de naturaleza polifónica religiosa frente a los músicos del norte del país que empezaron a conocer y a componer en estilos mas relacionados con la ópera, como vemos en otro genio del momento Haendel.  Cercanos al ámbito católico, ya que era en Roma donde comenzaba a oírse y a componer en un estilo en la línea de las óperas dentro del ámbito eclesiástico y del Vaticano.

Si la vida de un músico era en estos momentos y ámbitos alemanes muy regulada por normas y conceptos, imaginemos lo que era para una mujer. Y tenemos un ejemplo sobresaliente en la propia mujer de Bach, Anna Magdalena. Sabemos hoy en día, después de los estudios del profesor  Martin Jarvis que se reflejan en la reciente película “ Crónica de Anna Magdalena Bach”  de Daniéle Huillet que  no fue simplemente la copista de su marido como se leía su vida hace años. Jarvis sostiene que ella compuso por ejemplo el aria de “Las Variaciones Golberg” o el Primer Preludio de “El Clave bien temperado”.

Se casó Anna Magdalena con el maestro Johann en 1721 cuando era una joven soprano que ya se ganaba la vida con su talento vocal. Era la segunda esposa de Bach, y juntos tuvieron trece hijos. Hija de un trompetista de la corte de Zeitz , estaba al tanto de toda la música que se iba componiendo en el momento y ayudó mucho a su esposo, no sólo en su familia numerosa y como ayudante a la hora de transcribir la ingente obra musical que creaba Bach, sino que fue creando a su alrededor un ambiente de libertad y de amor por la música. Organizaba veladas musicales en casa, invitando a los amigos y propiciando la creación de los Conciertos del Café.

Pero el ambiente en el que vivían era realmente rígido y muy cruel, así al menos lo leo yo. Cuando murió Johann, Anna tuvo que irse a los pocos días de su casa en la Escuela de Sto. Tomás, buscando un lugar donde poder sacar adelante a sus cinco hijos pequeños. Sólo pudo disponer de un tercio de la herencia de Bach, que era más o menos el sueldo que ganaba como maestro y músico durante un año. Llegó a pasar hambre, a pedir para poder mantener a sus hijos.

Y al ir oyendo la enorme obra de este genial músico nos sobrecoge la emoción por cada giro de la melodía, las arias de las cantatas, el delicado estudio de la belleza sonora de cada instrumento.  Recoge Ramón Andrés “Los días, las ideas y los libros” la lista de volúmenes que componían la biblioteca de Bach al morir, y entre ellos me encuentro con una traducción alemana de “Llama de amor” de San Juan de la Cruz de Müller. Libertad como reducto del hombre. En familia Bach encontró la llave de la creación y la puerta para la libertad individual.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, el 4 de abril de 2019

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LOS NARCISOS

No hay hierba digna de tal flor. Los narcisos

Reconozco mi amor por los narcisos , cada año me gustan mas, creo que tiene que ver con el paso del invierno frio y desgarrado hacia la primavera, el color amarillo tan lleno de potencia, las praderas encharcadas, los jardines que aun están pintados de gris, su aroma floral tan exquisito …

Suele coincidir su floración con el día de San José, otra fiesta que destaca sobre un panorama cuaresmal y gélido, en el que no entiendo que no sea fiesta nacional.

Flores como anticipo de la Resurrección que como primavera volverá a renovar todo. Unos pequeños seres que viene a poner un poco de aire fresco en un panorama de actualidad cada vez mas crispado, atentados por muchos países como fruto de la intransigencia, desafíos soberanistas, problemas de violencia familiar, social y en la iglesia.

Miro los narcisos mientras disfruto con su olor, veo cómo han despertado el interés de muchos pueblos antepasados nuestros desde la Antigüedad. Así lo rastreamos en los mitos y leyendas que se han contado, recogidos de manera bella y completa en libros como las Metamorfosis de Ovidio.

En 2008 tuve la enorme suerte de poder asistir a una exposición antológica del pintor británico John William Waterhouse en la Royal Academy School de Londres. Allí pude ver a Narciso mirándose en el reflejo del agua, mientras la ninfa Eco lloraba su desplante. La metamorfosis estaba allí llena de narcisos con tanto detalle y belleza.  En este cuadro olfateamos las influencias prerrafaelitas, la obra de un joven pintor que demostró todo su interés por la Antigüedad clásica y la naturaleza, con una capacidad de transmitir los mitos, los poemas, cada leyenda.

Todo el componente de auto referencia enfermiza que tiene el termino narcisista, no arranca hasta el comienzo del s. XX con los estudios del médico Havelock Ellis.

No pensaba en todo este perfil de persona con muestras de grandiosidad, necesidad de admiración y falta completa de empatía, el poeta Petrarca cuando puso esta comparación en un soneto a su amada Laura en el s. XIV. La comparación de esta bella joven con la flor iba en el sentido de la belleza y del sentimiento de orgullo que tiene quien la posee como parte de los gestos del cortejo amatorio. Y le dice a su amada: no hay hierba digna de tal flor.

Narciso aparece también en la historia como espejo de belleza, incluso dentro del panorama religioso de naturaleza místico, poético. Así la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz tiene un bello auto sacramental llamado “El Divino Narciso” (1689) donde este joven, con nombre de mi amada flor es la personificación de Jesucristo. Narcisos en el siglo de oro español al otro lado del mar.

Narciso es el nombre de muchos catalanes, un santo muy venerado en Gerona desde el s. IV cuando salió de esa tierra para predicar el evangelio a Alemania y los Alpes, instalándose en Augsburgo y convirtiendo a un grupo de mujeres en santas como lo fue Afra. Al volver a Gerona fue martirizado y como de su cadáver salieron moscas en un momento de cambio de sus restos a otro lugar, se le comenzó a representar rodeado de estos insectos en cuadros e imágenes. Narcisos y moscas.

En todo el mundo se disfruta de los narcisos y se utiliza esta flor para festejar días importantes o acontecimientos memorables, así en China simbolizan la buena fortuna. Regalar un ramo viene a dar muy buenos augurios para comenzar una nueva estación.

Este significado se amplia en Japón donde significa también alegría, algo que desde luego comparto. Significa esperanza en Francia y los árabes los utilizan para combatir la calvicie.

Un montón de significados de algo que se llama el lenguaje de las floresdesde que Louis Cortambert lo recogió en su obra en 1819, dando cuerpo a todo el movimiento de la Floriografía victoriana británica, siguiendo el camino de Lady Mary Wortel Montegu y el lenguaje floral turco que ella pudo ver en los harenes de este país cuando vivía allí como embajadora inglesa.

Pero donde me quedo un rato a leer y disfrutar con estas flores, donde me identifico con lo que dice es en los versos de Federico García Lorca: Narciso, / tu olor/ y el fondo del rio. Quiero quedarme en tu vera/ flor del amor, Narciso.Trompetas que anuncian la primavera y tiñen de positivismo cada día.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, jueves 21 de marzo 2019

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MARIA DE SAN JOSÉ

SIN APARTAR UN PUNTO EL PENSAMIENTO

No hay mejor manera para celebrar el día de la mujer que conociendo a algunas que nos impresionan por su vida y pensamiento. En medio de muchas que podríamos elegir, me decido por una mujer muy especial cuya trayectoria y personalidad son impactantes, María Salazar.

Su vida como monja carmelita descalza, dejando a un lado los lujos y deleites de la pequeña corte de Doña Luisa de la Cerda en Toledo, arranca cuando apareció en el palacio nuestra Santa Teresa de Jesús. Cuando llegó y con su actitud cercana, amigable, muy recogida y orante, impresionó a la joven de unos 14 años que comenzaba a disfrutar de su belleza y de las relaciones sociales. Era Teresa una persona que rompía los moldes de lo que se esperaba de ella y creo que en muchas cosas sigue siendo así. Puso como actitud algo que tiene que ver con el verbo relacionarse y con la palabra mágica amistad. Ambas cosas ponen en marcha ese reino en la tierra. Amistad con Aquel que nos ama, desarrollando una actitud de conversación, atención y amor con los demás.

Ella misma nos cuenta, en su obra más reconocida El Libro de las Recreaciones,escrito de manera dialogada, al estilo y manera de ser de Teresa, con cercanía y suavidad, qué fue lo que la llevó a entrar en el camino que cambió su existencia:  la oración. María como fiel discípula de la Santa se hizo luego maestra de sus hermanas como leemos en Instrucción de novicias al modo de Camino de Perfección.

Fue y así podemos verla cuando leemos sus textos, una elegante poeta, mística profunda, muy culta ya que hablaba varias lenguas entre ellas el francés que le sirvió para plantear los primeros pasos de la fundación teresiana en el país vecino.  Una gran conocedora de la Biblia, estudiando con detenimiento el Antiguo Testamento. Sabía y leía en latín, podía por tanto rezar las Horas de cada día conociendo y haciendo suyas las palabras de cada salmo. Sus poesías son tan bellas y cuidadas, mostrándonos algo que ya la Santa decía de ella, que era muy culta e instruida. El investigador Carlos Ros llega a pensar que alguna de las poesías que creemos que son de Teresa podrían ser de María.

Cuando María conoció a la Santa, ésta ya estaba decidida a fundar el nuevo convento de San José en Ávila. Fue a Toledo a consolar a doña Luisa que se había quedado viuda. Pero no fue hasta la segunda visita de Teresa en 1570 cuando se decidió a vestir el habito del Carmelo descalzo, para entrar y profesar en Malagón, con el nombre de María de San José, tenía 27 años. Entraba en la orden recién fundada una hija muy querida de nuestra Santa, destinataria de muchas cartas, y la que quiso que fuera su sucesora. La fundadora de Carmelos, como el de Sevilla.

Me impresiona María de San José por su lealtad hacia Teresa y los fundamentos de la nueva orden que fundó. Asumió desde el principio esta actitud de la amistad profunda, ese “andar en verdad”, avanzando por caminos muy duros, de descredito, falsas acusaciones, incluso la prisión por nueve meses dentro del convento que ella misma fundó en Lisboa. Se quedó ciega y salió de allí muy enferma.  Y todo por defender la obra espiritual de nuestra Santa, el predicamento de libertad, suavidad y trato de amistad y ser leal a esto siendo mujer, en el camino de Teresa. Todo lo que consiguió nuestra Santa, fundando una nueva orden reformando no solo a monjas sino a frailes, quería ser amortiguado en una visión de la sociedad y de la espiritualidad realmente machista después de la muerte de Teresa. Y María de San José, Ana de Jesús, San Juan de la Cruz y el padre espiritual de Teresa, Jerónimo Gracián defendieron con todo su ser y su vida el legado de la Santa, y sufrieron así persecuciones, cárcel e incluso fueron expulsados de la orden como ocurrió con Gracián.

María en todo este durísimo trance que vivió, estuvo fuertemente atada a la oración, allí encontraba su asiento, “Si siempre en ti pensase el alma mía, sin apartar un punto el pensamiento”esto la empujó a sobrevivir a tanta noche y crueldad.

Sobrecoge leer sus cosas y ver cómo ella llevaba su vida con tanta paz, así lo veo en su Carta de una pobre y presa descalza escrita un viernes Santo de 1593 en la prisión de Lisboa.

Cuando leemos las cosas de Teresa en pleno siglo XXI y nos sorprenden por su actualidad, la defensa de cada ser y el papel de las mujeres dentro de la espiritualidad, la libertad como pilar de la vida reformada, la amistad y el amor de unos con otros, podemos hacer este otro análisis que nos dejará aturdidos. Lo que era y cómo se veía en pleno s. XVI. Una mujer, una monja, reformando hombres y mujeres, diciendo todo esto desde la más rotunda libertad y construyendo un nuevo camino espiritual y de vida. Ella pudo sortear los problemas con la Inquisición, pero mucho más dolor y sufrimiento vivieron en su propia carne sus hijas e hijos que seguían con todo este nuevo predicamento, a los que la vida les exigía mucho valor y sobre todo mucha fe.

Realmente María no pudo  ni quiso apartar un punto su pensamiento.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 7 de marzo, 2019

 

 

 

 

 

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Tus cartas en mi buzón

 

La tecnología y las nuevas formas de comunicación avanzan de manera sorprendente, podemos entregar un mensaje en pocos minutos a cualquier persona de la otra parte del mundo. Todo esto ha provocado una multiplicación de las comunicaciones y me impresiona esto tanto como me asusta y en algunos casos me desagrada. Ahora hasta los partidos políticos se plantean cómo bombardearnos con sus panfletos, algo que como pacientes ciudadanos soportamos cada día; nos intentan vender a través de nuestro correo de todo.

En muchos sentidos aún sigo haciendo cosas de otros siglos.  Me gusta mucho escribir cartas y encontrar destinatarios con tiempo para leer y que no se impresionen por lo vehemente del contenido. Escribiendo sobre el tiempo y lo preciosas que están las ramas peladas de los árboles con el cielo entrecortado de la Sierra de Ávila y cómo el viento dibuja siluetas con los troncos.

Recibir cartas y mensajes con un poco de vida, lejos de toda la correspondencia comercial es muy difícil. Cada día cuando enciendo el ordenador miro a ver si rastreo algo especial, una carta que abra sus cosas para mi y me reconforte para empezar un nuevo día. Espero también encontrar algo en el buzón repleto de panfletos comerciales y recibos de banco.

En esta sociedad intercomunicada vamos a dejar un rastro muy triste, fotos de las redes sociales con breves frases y poco mas. Cuando alguien quiera saber algo nuestro, se va a topar con un montón de cosas que no nos retratan y que no dicen nada de quienes de verdad somos.

A lo largo de muchos siglos las personas se han comunicado con cartas, y a través de sus escritos nos encontramos con ellos. Me gusta mucho leer cartas de mis autores favoritos, de músicos, poetas, escritores. Siento que estoy un ratito con ellos, en una conversación íntima. Me aportan la cara oculta de su obra, su sombra que curiosamente es su verdadera manera de ser.

Cuando comencé a tocar al piano a Liszt tuve el deseo imparable de conocer todo lo posible sobre este músico tan genial, tan sublime y sus Cartas Cartas de Rilke a un joven poetatraducidas por Victoria Llort Llopart me abren la puerta de su alma y su sensibilidad. Sus flaquezas y también el porqué de toda su luz. Las cartas a su amada Marie d´Agoult desde las orillas del Lago Como, iban dibujando en sonidos el paisaje, con su superficie verdosa, las mansiones llenas de camelias y los barcos amarrados en los apeaderos al borde mismo del agua. Sus amores y debilidades, y cómo esto va escribiéndose en notas y sonando increíble sobre las teclas de un piano.

De nuestra Santa diré, que sus cartas son realmente su reflejo. Sus cartas son ella, mujer, valiente, astuta, veraz, enamorada, mística, a veces con problemas en las cosas del día a día, en una vida sentada sobre una carreta por los caminos de España. Allí te sobrecoges con sus cosas, desde remedios para curar algún resfriado, hasta el relato de experiencias místicas y momentos de gracia, amor y amistad.

Los poetas que admiro también suelen tener epistolarios tan bellos como su propia obra poética. La Carta de Rilke a un Joven poeta, ha sido mi compañera durante toda mi vida lectora, y su epistolario español me va abriendo España los ojos de aquel poeta que por aquí vino y se quedó fascinado y a veces sobrecogido con nosotros, la cultura y nuestro país.

Conocí también más a Whitman, al verdadero en sus cartas, y a Emily Dickinson con toda su tristeza llena de algas. A Tolstoi y su variopinta lista de destinatarios y amigos de todo el mundo.

En estos días en los que nos disgustamos con toda esta montaña de mensajes y correos que sobre nosotros caen en tormenta, es el tiempo de soñar un poco. Para eso somos hombres y no máquinas, ordenadores y robots. Soñar con recibir cartas de verdad de alguien que nos cuente sus cosas, su vida y al que poder enviar todas esas tarjetas y papeles tan bonitos que atesoro para estos momentos en mi escritorio, junto al nogal pelado y las nubes que se siguen rayando con este sol.

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LOS JARDINES EN ÁVILA. Dialogo y paseo.

Cuando paseo por las ciudades históricas como la nuestra disfrutando de la belleza del entorno, la arquitectura, el cielo, el pavimento, los jardines mi percepción me lleva siempre un poco mas allá de lo que veo. Comienzo a dialogar con todo.

Vivir en ciudades así tan apabullantemente bellas y llenas de historia y cultura requiere sobre todo afinar nuestra sensibilidad ante lo natural y el pasado, sobre todo a aquellas personas que tienen la responsabilidad de llevar a cabo las actuaciones que se requieran.

Algo en lo que siempre me fijo es en los jardines, las plazas con arbolado, los paseos serpenteados de matas, las laderas cultivadas, las especies y su ubicación. Desarrollo, sobre todo por mi amor por lo natural, por la botánica y el Patrimonio, un diálogo con lo que me encuentro. Una conversación que muchas veces me deja llena de pena.

Creo que debo empezar a analizar todo desde las propias palabras con las que denominamos todo esto, viendo qué entendemos porque de ellas se va a derivar un planteamiento o una actuación concreta. El primer concepto es el de zonas verdes. Con él se engloba una serie de ideas y planteamientos muy distintos y en muchos casos antagónicos, podría decir que en lucha campal muchas veces. En zonas verdesincluimos los jardines junto con las zonas de esparcimiento social de distinta naturaleza, como zonas de juegos para niños, campos de deportes, lugares para practicar deportes estáticos, zonas para perros y otras muchas mas. Todo creo que parte de las bondades y belleza de los jardines por su propia naturaleza: todos disfrutamos en ellos y desde la Antigüedad se han constituido en lugares para el disfrute. Y se ha ampliado su uso a todas aquellas manifestaciones de tiempo libre que se realizan al aire libre. Meter en todo este conjunto tan heterogéneo de lugares a los jardines y sobre todo a los de las ciudades históricas de manera absoluta me parece un error. Algo que lamentablemente veo a mi alrededor.

Los jardines forman parte de nuestro Patrimonio, son un Bien cultural a proteger porque están en una relación intrínseca con el resto de los otros Bienes como los edificios. Son además, como dice la Carta de Florencia de la Unesco de 1981 unos Bienes vivos, perecederos y renovables. Una expresión de la unión entre la historia y la naturaleza. Bellos y únicos por estar formados de especies naturales son lugares para el deleite, el paseo, la meditación.

Los jardines y zonas ajardinadas o arboladas de nuestra ciudad son jardines históricos y la conservación del Patrimonio debe englobarlos. Así no sólo hay que proteger lo que tenemos, árboles, especies, diseños, tierras y rocallas, parterres, rosaledas y fuentes, buscando siempre renovar aquellas plantas que vayan faltando por el paso del tiempo, o por enfermedades y plagas de distinto tipo, sino que el planteamiento de nuevas intervenciones arquitectónicas debe ir envueltas en el Patrimonio vegetal y la historia. Digo esto porque me duele ver cómo se colocan especies de plantas, árboles sin que los aspectos antes mencionados de respeto al lugar se mantengan. Quitamos Negrillos porque están muriéndose, algo lamentable y que a veces ya no resulta posible solucionar, y en vez de volver a plantarlos en los mismos lugares de la ciudad donde han estado por siglos, los sustituimos por otro árboles ajenos a todo, que no mantienen coherencia con el entorno y dejan las plazas en una situación absolutamente diferente de lo que la historia nos ha regalado.

Para mi, todo jardín en Ávila es un jardín histórico, tiene a la muralla como muro, al cielo y al roquedo como aliado. Jardines que nos deben decir de nosotros, de nuestra historia, recuperando lo que se perdió y cuidando lo que mantenemos. Haciendo un diálogo cultural, estético y coherente con el medio en el que nuestra ciudad se mueve, la Sierra, los cantos berroqueños, dejándonos leer algo interesante, motivador y auténtico. Buscando en lo nuestro a nivel botánico lo que debemos replantar, sabiendo que es mas sostenible en cuanto al clima, agua y suelo e infinitamente mas bello por ser natural y nuestro. Rocallas con plantas vivaces que puedan atraer a visitantes de todo el mundo, viendo como florece la Saxifraga, las Prímulas serranas, los Dianthus de nuestros roquedos, los ranúnculos. Las aromáticas en variedades. Mostrando el paso de las estaciones y la belleza de nacer entre rocas y formar con ellas espacios armónicos como los que vemos en un paseo por los alrededores.  Macizos de piornos que muevan a disfrutar de sus variedades y colorido, siendo en esto un jardín en la línea con otros botánicos de todo el mundo. Rosaledas con variedades antiguas, zonas alrededor de las fuentes con aromáticas, algunas de ellas en los claustros conventuales con su sentido medicinal.

Con todo esto los jardines se irían constituyendo en otras páginas de la ciudad que muestran su historia, que sirven para algo mas que para ser zonas verdes, crean cultura, fomentan el turismo y las visitas y nos enseñan a todos lecciones de historia, cultura, belleza y humildad.

 

 

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HAIKUS EN LA CASA DE LA POESIA JUAN DE LA CRUZ

 

Estamos en estos días preparando el encuentro con la poesía japonesa y los haikus en la Casa de la Poesía Juan de la Cruz y me encuentro inmersa en este mundo fascinante de la cultura nipona.

Muchas de las manifestaciones culturales y vitales de Japón han ido entrando en la civilización occidental para quedarse: la comida asiática con el Sushi llena de restaurantes y puestos de comida los supermercados. Palabras y actividades como el Origami , la papiroflexia está atrayendo cada vez a mas personas, lo que Unamuno llamaba cocotología o el arte de construir pajaritas de papel. Los libros de Murakami son top ventas en las librerías y muchos de nuestros hogares van siendo decorados con toda la filosofía del minimalismo de Feng Shui con su lema sencillo y claro: “menos es mas”. Los dibujos animados japoneses Manga con Oliver y Benji han sido los cuentos de un montón de generaciones de españoles, los bonsáis llegaron con fuerza como elemento de vida natural en medio del salón de casa desde que en los años 80 se pusieran de moda por la afición a cuidarlos y coleccionarlos del entonces presidente Felipe González.

Me planteo un poco todo este “sunami” oriental y las causas de la fascinación que suscita no solo entre nosotros sino en todo el mundo occidental. Creo que se basa en algo muy sencillo y a la vez muy espiritual como todo lo que hacen y piensan, y se reduce en un verbo: “quitar”. Tendemos a acumular mil cosas, mil pensamientos, mil actitudes en occidente, en un ansia a veces imparable por el cambio y el movimiento de todo que llega en muchos casos y millones de personas a la desorientación y la ansiedad. Queremos hacer, conocer, tener, oír, leer a un ritmo mas acelerado del que nuestra vida nos permite con su trabajo, quehaceres y familia. Todas las actividades, tradiciones y artes que vienen de Japón se basan en este principio de la simplicidad del que ha sabido quitar tantas cosas para disfrutar con pocas de la vida.

Voy ahondando un poco mas y me encuentro con los japoneses en su verdad construida en parte muy importante por sus dos tradiciones religiosas, el Sintoismo y el Budismo Mahayana. El sintoísmo, originario de Japón no tiene libros sagrados al estilo de las Sagradas Escrituras. Sus dioses “ Kami” los encuentran en los fenómenos como la lluvia, el viento, que interrelacionan interiormente con la misericordia o la fertilidad .Las personas al morir se convierten en Kami y son venerados por su familia, personas que se consideran desde su nacimiento buenos, honrados y nobles.

La espiritualidad budista aporta también a este corpus del alma nipona elementos fundamentales. El budismo mas que una religión es una forma de vivir que trata de eliminar todo sentimiento vital insatisfactorio mediante la practica de la meditación como motor base de todo este viaje interior transformante.

Este sustrato cultural ha ido construyendo unos pueblos muy diferentes a los occidentales y a los que miramos con mucho interés. Así estos días estoy analizando cómo son los niños nipones y cuales son las bases de su educación. En los colegios se enseña a los niños a ser independientes, a aprender a ir solos de casa al cole, a hacer la mochila adecuadamente, a hacer las tareas cotidianas necesarias en el cole como barrer, quitar el polvo, cuidar las plantas, atender en el comedor y limpiar las basuras de los bosques, los parques o las playas. Así es como van aprendiendo los principios básicos de la convivencia que ya van a marcar su vida, la honestidad sabiendo comportarse decorosa e íntegramente tanto con los demás como consigo mismos, el respeto a todos sin discriminaciones, la solidaridad dando parte de su tiempo a otras personas que los rodean, la humildad conociendo las propias limitaciones y la paciencia del que aprende a esperar.

Reforzamiento de los valores personales y cívicos, y un deseo de tener poco y disfrutar de cada momento, así lo hacen en medio de las maratonianas jornadas laborales que llegan a producir hasta enfermedades y muerte por exceso de trabajo. La felicidad está en las pequeñas cosas de cada día y en la estabilidad interior y la paz de espíritu.

 

Todo esto que he ido exponiendo de condensa en un tipo de poema tan esencial y breve como profundo y hondo, me refiero al Haiku. En pocas palabras, tres versos sin rima, con un esquema 5, 7, 5 se puede decir mucho, hacer verdaderas obras de arte. La forma básica de haiku se reforzó y se llenó de espiritualidad con Matsuo Basho (1644-1694), que fue un monje zen budista que estuvo toda su vida de viaje aprendiendo de la naturaleza, dejándola ser la protagonista y llevando su escritura hasta el mínimo de expresión y de contemplación.

Pretender en estos días aquí en Ávila ir por este camino de escritura de la naturaleza  es algo al menos refrescante. Me permite ver todo como muy prescindible, arranca el deseo de organizar mi casa al método Konmari , coger un rama, dos flores, tres hojas y una piedra y comenzar a recrear la naturaleza en un ikebana sencillo y verdadero, lo que veo por dentro de mi. Hacer esto con palabras escribiendo haikus, intentarlo al menos siguiendo lo que Basho nos dijo,… “ no sigas el camino de los antiguos, busca lo que ellos buscaron” . Nos apunta esto algo que tiene que ver con el verbo perforar, mirar contemplando la naturaleza para ir mediante un ejercicio de quitar tanta cosas hasta lo que subyace, lo que me hace persona y donde está en fondo de mi equilibrio y felicidad. Escribimos haikus aquí en Avila, y nos vemos con todos los que quieran venir a compartir en la Casa de la Poesía.