La poesía es una actividad propia de solitarios, donde sientes el silencio, donde te cuesta muchas veces imaginar que hay otras personas contigo en ese momento que se abre como saliendo de cada palabra y verso. Tu vida rompe la expresión en cada palabra. Y cuando un lector entra en tu poesía es como si esa guarida interior se abriera.  Siento esta mañana una sensación de compañía y agradecimiento profundo a este poeta tan admirado, Fermín Herrero, por sus palabras y por este artículo en el ABC cultural en la edición de Castilla y León. Y por sentir que está conmigo en este poemario, en el dolmen. Me ha encantado que me llame Activista poética, porque expresa que para mí la poesía es algo visceral que tengo que decir , que escribo como al dictado de mi propia vida.  Digo lo que tengo que decir, como en una urgencia vital.

Gracias querido y admirado amigo.

 

 

 

ALTA COSTURA EN EL MUSEO DEL LOUVRE.

Pájaros posándose entre las cuerdas y los campanarios.

Hasta el próximo 24 de agosto podemos disfrutar de una exposición espectacular en el Museo parisino del Louvre. Mas de sesenta piezas de moda de los grandes diseñadores de alta costura han llenado las salas con todo su encanto y belleza. Piezas que dialogan con las obras expuestas mostrando su inspiración en el Arte Clásico desde la Antigüedad Romana y Bizantina hasta el s.XIX. Un dialogo sorprendente, novedoso y profundamente poético.

El comisario de la exposición Oliver Gabet, director del departamento de Artes Decorativas del Museo es experto en este tipo de actuaciones novedosas que empujan a miles de visitante a ir, a volver a los museos despertando no sólo el interés sino la creatividad, llenando de vida todo.  Oliver consiguió más de once millones de visitantes en el nuevo Museo del Louvre de Abu- Dhabi.

Las piezas de alta costura invaden las salas, posándose como mariposas sobre los cuadros, las esculturas, lámparas y alfombras. Así recuerdo el maravilloso vestido de Iris Van Herpen inspirado en un pájaro mágico llenando de belleza los aposentos de Napoleón III. Me venían a la memoria los versos de Rimbaud en sus Iluminaciones.“ En el bosque hay un pájaro. Su canto os detiene y os hace envejecer…”

 En los elegantes salones aparecen las creaciones como posándose, así podemos ver el vestido inspirado en los miriñaques del japones Yohji Yamamoto. Con unos círculos que salen del vestido llenando de movimiento el espacio.

La inspiración en la Edad Media es un referente para todos los creadores y artistas, la limpieza de líneas y la rotundidad de su aspecto encaja a la perfección con el gusto contemporáneo. Así los tapices de la Dama del Unicornio del Museo de Cluny sirvieron a la diseñadora María Grazia Chiuri para hacer un vestido tan sobrio como elegante y sofisticado trabajando para Christian Dior.

Otros tapices también han desarrollado la creatividad, como el de La caza del Archiduque Maximilian tejido en Flandes a finales del s. XV con un jinete central que es nuestro emperador Carlos V.  Este tapiz inspiró al japonés Jun Takahashi  diseñador y director de Under Cover : juntando la Antigüedad Renacentista con su postulado estético cercano al punk, creando unos pantalones bombachos, los greguescos, con un aspecto de papel.

También los suelos de mármol con los motivos ajedrezados de los palacios y las Iglesias Renacentistas Italianas han inspirado algunos vestidos espectaculares como el que creó Silvia Venturini Fendi para Karl Lagerfeld.

En medio de una vitrina del museo, mezclado con calices y relojes de bronce, oro y plata aparece un corsé de Thierry Mugler, y en el relicario de la Santa Cruz bizantina se inspiró Gianni Versace para diseñar un vestido fantástico que se pega al cuerpo con todo su oro de matiz antiguo.

Tanto está gustando esta muestra que el propio comisario Gabet ha tenido que explicar que estos trajes tan bellos por más que sean verdaderas obras de arte no pueden formar parte del Louvre de manera permanente. Y es que al ver la muestra quedas fascinado, así quedé yo al ver el vestido de Dolce & Gabana inspirado en los mosaicos de la Catedral Siciliana de Montreale que tuve la suerte de visitar hace unos años, con sus colores ocres y rojos cardenal.

También me ha encantado el diseño del jovencísimo diseñador francés Charles de Vilmorin : un vestido blanco marfil drapeado que recuerda la luz que podemos ver pegada a los marfiles que se ven en la sala donde se expone, como el del Descendimiento de la Cruz.

Una exposición fantástica donde disfrutar de las obras de arte de belleza intemporal del Louvre, donde recrearnos con la creatividad de las casas de moda de alta costura. Como bellas mariposas o pájaros los diseños llenan de vida el museo, volando, entablando un diálogo profundo con un pasado inspirador y lleno de belleza. Tendiendo puentes entre las artes y entre nosotros los visitantes, mientras recuerdo nuevamente a Rimbaud: He tendido unas cuerdas de campanario a campanario: guirnaldas de ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a estrella, y bailo.

ESTÁIS EN LA TIERRA Y VESTIDO DE ELLA.

 

Cogimos el coche en dirección a Alba de Tormes. El campo se iba iluminando al paso de las nubes. Sentí que estaba en un mar verde que iba meciéndose al ritmo de la lluvia. Un mar tempestuoso como ese del que nos habla Santa Teresa, nuestra vida y todos los revolcones y aguadillas, problemas, desilusiones, ansiedades, errores que tenemos que ir sorteando. Decía que debemos ir en una nao hecha de fe y experiencia sobre este mar embravecido.

Se fue formando una cola muy larga de náufragos llegados de muchos lugares, que esperábamos para poder ver los restos de Teresa que descansan en el convento de sus hijas carmelitas. La razón de porqué estábamos allí para ver los restos de una santa de hace tantos siglos se explica más en el lenguaje espiritual con el que Teresa nos enseña que con la lógica de una mujer del siglo XXI. Tenemos que ver estas cosas con los ojos del corazón, en palabras de San Pablo.

Llevo un tiempo enfrascada en lecturas y ensayos sobre la espiritualidad del medievo, tan distinta a la nuestra y tan fascinante.  Estoy estudiando el poder de atracción que tenían las reliquias de los santos que empujaban a peregrinar por media Europa a miles de peregrinos de toda clase y condición, caminos como el de Santiago, el del santo sepulcro de Jerusalén o Roma con los restos de San Pedro. Lugares que todavía mantienen la esencia de ese influjo que empuja el caminar. He estado en Paris hace pocos días visitando el Museo de Cluny, lleno de bellos relicarios, para imbuirme de toda esta espiritualidad que consideraba los restos de un santo venerado como motor de un ambiente de sacralidad que caía sobre los peregrinos que allí se acercaban transformando sus vidas. Decía nuestra Santa en su libro  al Señor de su alma: “estáis en la tierra y vestido de ella”. Allí en Alba sentí algo parecido, había algo que parecía recién salido de la boca y del corazón de Teresa, que llamaba a ese gran amor: el Dios de las caballerías que trotaba en su alma.  Estaba en la tierra y se vestía de ella. Una experiencia llena de fuerza y de verdad que nos saca del mar en el que tantas veces nos sumergimos.

Estábamos tantos amigos de Teresa, y sentía que esa cola que guardé durante un rato se iba hacia otros momentos, siglos atrás: el duque de Alba, el nuncio del Papa, obispos, alcaldes, familias, hijas de Teresa, carmelitas.  Sentí que en la cola estaba también junto con mi hermana, mi madre y mi abuela y que mano a mano iba perdiéndose todo hasta llegar muy lejos, siglos atrás, hasta el sepelio de Teresa.

Todo era igual a lo que leí en las crónicas sobre la muerte de Teresa. Recuerdo tantos momentos estudiando en la Universidad de la Mística y hablando de ella en Radio María, mientras me iba sumergiendo más y más en su pensamiento, su obra y su espiritualidad.  Y por momentos todo volvía: allí estaba Teresa increíblemente conservada, y rodeada de la oración de tantos peregrinos, de tantos hijos y amigas.

Teresa, he encontrado siempre tu esencia en tus escritos, allí estás viva y apareces como amiga y maestra de vida. Todo ese mundo lleno de enseñanzas, de amor y amistad se puede sentir estos días en Alba de Tormes, por el cariño y dedicación con que tus hijos y amigos han preparado todo tan brillantemente decorado con flores como a ti te gustaba. Por abrir con el estudio de tus restos, nuevos datos para conocer mejor tu cuerpo y tu existencia, abriendo nuevas páginas en el conocimiento de tu testimonio de vida, tan necesario en este mundo tan difícil en el que vivimos. Un testimonio de amor.

Un mar verde inunda estos días el féretro de Teresa.  Alba es un lugar sagrado, centro de peregrinación  para todos.

 

Estamos viviendo una primavera muy difícil.  La Pascua se llevó al cielo al Papa Francisco en medio de un panorama mundial que tiene la forma de una ola negra que nos asfixia. Catástrofes naturales que arrasan con miles de vidas, personajes que tienen en sus manos el destino de millones de personas que ven el mundo como un gran mercado en el que obtener beneficios, muertes, guerras, intransigencia y dolor.

En medio de todo busco algo que amortigüe tanta presión, algo que lejos de ser sólo un entretenimiento me sirva para buscar la paz y la verdad que sé, porque nuestra Santa nos lo dice, está dentro de nosotros. La costura es una especie de oración que siempre tiene un poder medicinal para miles de personas, cada puntada es algo así como una nueva cuenta de un rosario que amortigua las preocupaciones y nos reconforta el ánimo.

Busqué un tipo de bordado que me ayudara a relajarme y apareció el shasiko un tipo de puntadas, del tamaño de un grano de arroz, que se lleva haciendo en Japón desde hace siglos. Sobre una sencilla tela de algodón de color azul oscuro, los japonenses van cosiendo, puntada a puntada, motivos que parten de una cuadricula, y que tienen su propia simbología como las flores de los cerezos, los movimientos de las olas del mar o de los pájaros en el aire, las puntas de diamante. Un bordado que se hacía para reforzar las telas que eran costosas sobre todo para la población mas pobre del país.  Bordando en las casas, donde hombres y mujeres disfrutan con sus diseños en las épocas de menos trabajo agrícola o pesquero y ahora en los tiempos libres al terminar las jornadas laborales.

Me pregunto porqué volvemos desde occidente la mirada al mundo oriental en particular al japonés y la respuesta creo que está en la búsqueda de la sencillez de lo esencial y su belleza.  Los haikus están entre los poemas mas leídos y admirados por esa ventana de aire fresco que provocan. Belleza, contención y paz, quitando lo superfluo. Algo así ocurre con la práctica floral del Ikebana, representado con pocos elementos la naturaleza desde el suelo hasta las ramas de los árboles que nos introducen en el cielo. Agua, hoja, flor, rama, en un paisaje al tamaño de mi casa, de la mesa del salón. Los bonsáis y todo su mundo lleno de sabiduría en la verdadera esencia de los árboles, en cuyo cuidado sentimos que nos cuidamos también a nosotros.

Las casas las vamos decorando también siguiendo algunos de los postulados japoneses del estilo japandi, buscando espacios relajantes, líneas sencillas y materiales naturales. O la utilización del estilo wabi-sabi que busca la belleza de lo imperfecto, ayudándonos a valorar las cosas incompletas y efímeras que nos rodean, dándolas una nueva oportunidad y haciendo que se vean bellas en nuestro hogar. En la línea del kintsugi, buscando la belleza de aquello que se rompió en pedazos pero que al recomponerlo adquiere una belleza singular.

Entre todos los diseños de shasiko que he podido recopilar en plantillas, me centro en uno que hace la forma de las olas. Uno de los artistas que se cita en relación con este motivo, es Katsushika Hokusai, que vivió entre los siglos XVIII y XIX. Sus grabados como la serie “Treinta y seis vistas del monte Fuji”, han impresionado por su belleza a públicos de todas las partes del mundo. Así el dibujo de una gran ola fue el que eligió el musico Claude Debussy para que acompañara a su obra musical, La mer.

Para posicionarnos en este panorama tan complejo y difícil, el arte y las artesanías como este Shasiko, no son sólo entretenimientos y momentos de evasión. Creo que sacan de nosotros, en medio del sosiego que nos provocan, lo mejor que tenemos, nuestra humanidad. Mirándonos a nosotros mismos, reflexionando con un trozo de tela, podremos apostar por un mundo diferente, lejos de guerras y de violencia, buscando lo bello y sencillo de la humanidad, puntada a puntada. Mientras bordo cada grano de arroz rezo por Francisco dando gracias por todo su legado de humanidad evangélica y amor a los pobres, en medio de una ola negra  al estilo de la de  Hokusai , que llena todo de tristeza y preocupación.

Una de las cosas que provocan las obras de arte es la invasión de nuestros sentidos, la habitación interior. Cuando, después de ver una exposición, oír un concierto o una ópera, visitar la capilla de un templo, leer un poema, sigues en ese mundo creado para ti, durante días o meses, la obra de arte está ejerciendo todo su poder: puedo decir, sin ser exagerada, que sientes que está viva.

Este poder mágico hace que los días que están bajo su influjo, salgan de lo cotidiano para llevarnos a otros lugares. Esto es lo que siento con un cuadro de Lord Frederick Leigthon que tuve la ocasión de ver en una fría mañana londinense en la Royal Academy of Arts. Una mancha naranja potente que atraviesa la figura femenina y que se fija en las pupilas del espectador, y nos hace sentir calor en medio del clima frío, alegría en medio de una migraña cruel, amistad mientras estamos recluidos en casa. Calor, luz y vida recogidos en el cuadro “Flaming June”.

La obra que pude ver en Londres está habitualmente en el Museo de Arte de Ponce de Puerto Rico. A este país llegó en una serie de vaivenes que relatan muy bien las fracturas que muchas veces presenta el mercado del arte y las críticas y apreciaciones de las obras de arte a lo largo de los años. Pese a ser la obra de un artista consagrado, que llegó a ser el director de esta Academia Real londinense, su obra sufrió durante decenios una cruel consideración de ser amanerada, pasada de moda y al contrastarla con el arte contemporáneo, se la dejó de valorar en su justa medida. Algo que pasó con buena parte de los artistas del movimiento llamado  Prerafaelitismo del siglo diecinueve inglés.

Leigthon, no sólo fue un hombre guapo, fuerte, inteligente y poliglota, sino que se formó en París tomando clases con Alexander Dupuis, en Roma con Eduard Pynter y en París nada más ni nada menos que con Mcneill Whismer. Fue el líder de un grupo de escultores que tenían como inspiración en Partenon, llamados “Los olímpicos” donde estaba también Lawrence Alma Tadema.

Pese a lo bellisimo que es este cuadro Luz de junio, con esa figura femenina recostada que recuerda a las figuras que el gran Miguel Angel realizó para la tumba de Giuliano de Medici, no se llegó a vender en una subasta en 1960, una década cruel para este movimiento prerrafaelista. Su precio de reserva era de unos 860  euros actuales, más o menos.

Luis E. Ferrer, empresario y político puertorriqueño, estaba de viaje en Europa y encontró en Ámsterdam, en un rincón perdido de una galería este cuadro, que inmediatamente cautivó su mirada. Pudo adquirir la obra por unos 10.000 dólares, ya que le dijeron que nadie la quería por ser una pieza anticuada. Y así llegó Flaming June a Puerto Rico y hoy en día es una de las piezas más emblemáticas que tiene este museo, y que hace que miles de visitantes de todo el mundo vayan a ver este cuadro que se le considera allí como un milagro, al modo de la Gioconda y sus miles de visitantes.

No siempre lo que dicen los críticos de arte, ni los manuales al uso debe cambiar lo que sentimos al vivir una obra de arte que se mete en vena en nuestro interior. La experiencia personal, nuestros sentidos y sensibilidad están por encima de todo y sólo a ellos debemos rendir respeto.  Eso siento cuando cada día veo una pequeña reproducción del cuadro que pude comprar en la tienda de la Royal Academy. Adoro las tiendas de los museos, poder llevarme una pequeña reproducción de eso que tanto me ha cautivado, para dejar que me ayude a vivir aquí en casa, así, aunque haya días fríos y pasados por agua, puedo sentir esa luz de junio naranja y cálida que me llena de emoción.

LA CANTATA DE LAS MIGRACIONES.

Cuando mi querida amiga y admirada poeta María Ángeles Pérez López me invitó a la presentación en primicia de la Cantata de las Migraciones en la Universidad de la Mística, ya intuía que el argumento y el texto iba a recordarme su poemario El mar Mediterráneo de los muertos. Hay libros que cuando los lees sientes que algo en tu interior se ha dado la vuelta, que el mundo poético que habitas, donde escribes y donde aprecias la obra de otros poetas, ha cambiado. Esto siento cada vez que abro este poemario, que ganó el prestigioso premio de poesía Margarita Hierro, así como el Premio Nacional de Poesía Menéndez Valdés al mejor libro de poemas del 2024. Cuando dejas a la palabra poética lanzar toda su potencia, que es enorme y ataca directamente a nuestro interior, sientes que es una herramienta maravillosa que transforma todo.

Romper el lenguaje, ir siempre más allá en la expresión, buscar las imágenes más genuinamente valientes para ir construyendo un poema íntimo y personal. Y cuando expresamos sentimientos profundos, comienza todo a hablarnos de manera muy particular, en temas tan dolorosos, injustos y crueles como la sangría de miles de seres que en un intento de llegar a una costa de vida, se encuentran en un mar de muerte.

Una Cantata en pleno siglo XXI, que arranca su vuelo en una capilla, en un ambiente de oración profundo que nos iba llevando a habitar en esos escenarios que iban apareciendo: una nueva morada teresiana en esta su casa. Una cantata donde los inspirados y bellos versos de María Ángeles se fundían de manera profunda con la música que el grupo musical Pilar de la Sota de Salamanca ha creado para ellos. La voz de los dos cantantes se enlazaba con el chelo, las flautas traveseras, el violín, la guitarra y el acordeón. Y comenzaba a aparecer todo como un conjunto armónico, en la recitación de los poemas por parte de distintas personas que con sus voces daban también una mezcla de colores y de matices a los versos.

Las palabras y las canciones nos llevaban a esos momentos íntimos en los que un ser decide dejar su vida y su casa para empezar en tierras lejanas una nueva existencia. Y este anhelo, “levantando arroyos verticales al perseguir la luz” se convirtió en una trepadora llena de zarcillos, ahogando y maltratando sus ilusiones.  Comenzaba la música dentro de un aire, un viento que fue moviéndose hasta el final, mostrándonos el rostro de tantos seres, de tantos muertos abandonados, de niños que dejaron atrás sus juguetes, de mujeres que solo querían morir en medio del paraíso al que llegaban.

Cifras, miles de muertos, miles de seres envueltos en una caravana de penas y de violencia, mientras el mundo en el que habitamos vuelve la cara. Y yo me preguntaba en medio de la impresión por lo que íbamos oyendo, si la compasión y el amor que ha construido nuestras creencias y que empuja nuestras vidas, no es capaz de lanzarnos a los demás, a esos seres indefensos que el mar dejar varados en las costas.

Las imágenes que íbamos viendo en la pantalla al ritmo de la música comenzaban a mostrarnos algunos rostros con nombres propios como el del pequeño niño Adou que viajó en una maleta, como los de Dunia, Alima y Mariam.

Y todo terminó de una manera tan bella como cruel, el cielo que era un mar rojo comenzó a llover gotas de sangre, mientras las libélulas se golpeaban una y otra vez. Un mar que todos comenzamos a producir en nuestras gargantas, que nos lanzaba a cantar alzando la voz, mientras la capilla se llenaba de una cálida y húmeda capa tejida con la emoción que conteníamos.

La poesía es un instrumento muy sutil que nos da vuelcos por dentro y que puede cambiar el panorama de este mundo tan cruel en el que habitamos, si hacemos caso a nuestro corazón y vamos a coger la mano del que se ahoga delante de nuestra casa.

Querida amiga poeta, escribir versos que se llenan de música por dentro, que vuelan sobre los espectadores, que gimen y lloran, mientras en su ser íntimo no pueden dejar de ser bellos, es algo que transforma el momento, como el que viví el otro día en el CITeS, en medio del Congreso “ De los sentidos del corazón” de la X Cátedra Enrique Ossó.   Palabras y versos que transforman mi vida, mi escritura y mi corazón, gracias.

El Homenaje a fray Victorino Terradillos en Arenas de San Pedro.

 

La tarde del 17 de enero de 2025 estaba muy fría en Arenas. Cogimos el coche y cuando entrabamos por el túnel de vegetación que envuelve el Santuario de San Pedro de Alcántara sentí una cierta nostalgia, un sentimiento cálido y triste a la vez, recordando otros momentos en los que iba a este templo a estar un rato a solas con la naturaleza maravillosa que se nos regala, con el Santo Pedro de Alcántara que tan amigo fue de Santa Teresa y a encontrarme con un fraile muy cercano y cordial, el padre Victorino Terradillos.

La fraternidad del Monasterio y los amigos del fray Victorino habían preparado un encuentro muy especial, con la presentación de dos libros dedicados a él, con unas bellas interpretaciones de música que nos ofrecieron las hermanas alcantarinas y con la recitación de versos de Antonio Pascual Pareja.

A los lados del altar había dos grandes carteles presentando el acto y uno de ellos me impresionó mucho porque era una fotografía de Victorino de tamaño real, con ese semblante risueño y lleno de bondad con el que siempre me recibía en esta capilla tan bella.

Todos los que estábamos allí tuvimos cosas que decir de Fraidio, como a él le gustaba poner en sus escritos. Desde el alcalde de Arenas Carlos García que recordaba la simpatía y la dedicación a las artes de Victorino, hasta los dos autores de los libros que a él se dedican: María Victoria Triviño y el fraile Julio Herranz, Guardián del Monasterio. Dos libros interesantísimos porque recogen dos materias que para Victorino eran muy importantes, su trabajo como mistagogo, ayudando y acompañando a tantas personas en el camino de la vida. Y la otra se centra en la figura de San Pedro de Alcántara al que dedicó tantos años y estudios. Todas las investigaciones quedaron recogidas en las actas del Congreso que se celebró en el 2022 y al que nuestro amigo dedicó tanto trabajo y entusiasmo.

Decía la hermana clarisa María Victoria Triviño que había elegido la foto que ilustra el libro con un río de montaña para hablarnos de la figura de Victorino y de cómo sus escritos, que salieron directamente de lo más hondo de su espiritualidad y de su interior son pepitas de oro para todos los que buscamos un sentido a la vida. María Victoria que ya presentó otro libro con los escritos de Victorino justo hace un año: “Fraidio. Semblanzas y escritos”. Son pepitas que hay que buscar y buscar, en ese ejercicio diario que es la meditación y que nos va ayudando tanto en nuestro día a día. Dijo algo que yo siempre he sentido al pensar en Victorino, que es un místico de nuestro tiempo y que su legado está ahí para que podamos hacerlo nuestro al leer sus escritos que son parte de su vida.

El libro que presentó fray Julio Herraez: “La ermita de San Andrés atrio de la gloria”. Las actas del Congreso Nacional en el IV Centenario de su beatificación y patronazgo, es muy interesante y va a ocupar un lugar importante en mi biblioteca porque la figura de San Pedro de Alcántara me interesa muchísimo, su relación con la Santa, sus escritos, su vida y todo está recogido en estudios muy profundos que nos van revelando muchos aspectos de la vida y el pensamiento de este gran santo. Con un bello apéndice final que hizo Victorino recogiendo muchas poesías dedicadas a San Pedro.

¡Qué gusto sientes cuando se hace un homenaje a un amigo! Y qué agradecimiento tan hondo, queridos hermanos de ese Santuario, por este momento.

Ahora en Ávila, leyendo los dos libros estoy de nuevo en ese mágico lugar. Gracias de corazón.

 

Mensajes de luz, como la estrella de Belén, en medio de tanta oscuridad y pena.

La comunicación interpersonal ha dado un vuelco a la realidad, el whatsap por ejemplo se ha constituido en estos días tan inciertos y duros donde las catástrofes naturales se unen a las guerras y la violencia, en un puente de comunicación entre todos. Podemos expresar nuestras inquietudes, opiniones y también podemos poner en marcha acciones que de otro modo serían mucho más difíciles de llevar a cabo con tanta rapidez. En cuestión de minutos podemos unirnos para aportar nuestros recursos y valías en la catástrofe que ha arrasado la provincia de Valencia, inundando y destrozando casas, negocios y sobre todo vidas. Llevándose por delante todo lo que tenía a su alcance de manera brutal, provocando dolor, muerte y sufrimiento.

Desde que en el año 2021 expuse mis acuarelas y arte floral en los espacios de arte del Hospital de San Andrés en Mombeltrán y en el Palacio de la Mosquera en Arenas de San Pedro (Ávila), conocí y entré a formar parte del grupo de artistas Arte-son. He podido, año tras año disfrutar con el arte que llena estos espacios, pintura, escultura, fotografía, cerámica, textil, vidrio. Creo que es una de las muestras de arte contemporáneo mas importantes que tenemos en Ávila, lugar de encuentro de artistas de toda España que nos llenan de belleza y de arte. Ponen a nuestra provincia en un lugar destacado del panorama nacional. Los visitantes se convierten, nada más entrar, en partícipes de lo que hay expuesto, con su mirada la obra de arte se crea en un momento. La creación personal, el hacer nuestro lo expuesto, es una de las señas de identidad del arte contemporáneo que traspasa lo meramente decorativo para decirnos cosas que son tan personales como variadas son nuestras sensibilidades hacia lo bello.

Así, cuando ocurrió la inundación y la dana barrió vidas, casas y negocios, el grupo de WhatsApp de Arte-son comenzó a llenarse de cientos de comentarios. El dolor y la desazón por lo ocurrido y por la falta de previsión y de ayudas, nos unió de manera mas profunda. Y cuando algo te duele mucho, sientes ese deseo de ayudar un poco a tantas personas, poniendo lo que cada uno pueda, dentro de una corriente de solidaridad que es lo único bello y bonito de esta tragedia.

He contado más de 70 artistas en este movimiento de solidaridad, que aportan sus obras de arte para poder venderlas y con esos fondos ayudar en esta catástrofe. Las obras de arte se van a exponer y se pueden comprar en el Edificio del Reloj de Valencia del 19 de diciembre al 2 de febrero.

Todas las obras de arte que se van a poner a la venta, donadas por sus autores, saldrán con un precio mucho más reducido de lo habitual.

Podremos ayudar a tantas personas comprando estas obras de arte, llevándolas a casa o a la oficina, y en ellas siempre podremos entrar en ese momento solidario que nos envuelve. Junto con aquello que el artista nos muestre y que cada uno vaya descubriendo de manera personal, aparecerá este mensaje de ayuda, amor, acompañamiento, solidaridad. Y creo que no sólo coincide en estos días de navidad, que van a ayudar a vender tantas cosas, sino que vienen a mostrar lo que realmente engloba la palabra Navidad, un mensaje lleno de las cosas buenas que llenan nuestra vida, cuando ayudamos a los que sufren, cuándo nos apiadamos de aquel que ha perdido todo, que no tiene casa y que empieza una nueva vida sin algún ser querido, reinventado un mundo que todavía hoy está barrido, como el escenario de la mayor de las batallas.

Os felicito amigos de Arte-son por estar ahí siempre presentes, aportando belleza y arte para construir este mundo tan barrido y desolada que ha dejado la dana, la ineficacia de los políticos, la falta de sensibilidad y de empatía de los gobiernos. Dolor sobre dolor, en una Navidad donde los voluntarios y las aportaciones como esta de este grupo de artistas, nos mandan mensajes de luz, como la estrella de Belén, en medio de tanta oscuridad y pena.

El poeta Antonio Machado, en un poema que musicalizó Serrat, decía que amaba los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón. Uno de esos mundos sin duda es el de la música. Es un mundo porque podemos habitar en él, sentirlo, emocionarnos, y nos dice tantas cosas inefables.

Hay vivencias que dan la vuelta a nuestra vida, cada uno ha sentido esto en distintos ámbitos, en mi caso la música ha sido el vehículo para transformar muchas cosas. Al sentir que entro en este nuevo mundo, fascinada por lo que oigo, quiero seguir en ese suelo tan evanescente que se compone de sonidos y hacer de este paisaje sonoro, algo propio.

Recuerdo el año 2008 y una representación del oratorio de Händel “El triunfo del tiempo y del desengaño” en el Teatro Real de Madrid dirigida por el británico Paul McCreesh, fundador de The Gabrieli Consort, un conjunto vocal e instrumental especializado en la interpretación de obras del Renacimiento y del Barroco.  Ese nuevo mundo al que me refiero se abrió en un momento, y la música de Händel sonaba de otra manera tan diferente a lo que había oído antes. La utilización de instrumentos barrocos como el clavicémbalo, el violín, la viola da gamba, la tiorba, el laúd, con otra afinación basada en los temperamentos barrocos, creó un lugar realmente mágico e ingrávido. Y decidí estar allí y hacerlo mío, pasando de ser sólo una oyente sentada en el teatro, a interpretar las piezas que oía.

Abrí una puerta barroca hecha de sonidos y silencios, Bach, Händel, Scarlatti, Vivaldi o Soler. Encargué un clavicémbalo al constructor de claves Rafael Marijuan. Ahora cuando me siento a tocar se abre este lugar y siento que habito en él.  Dice el gran poeta y amigo Antonio Colinas en su poema “¿Conocéis el lugar donde van a morir las arias de Händel?, que ese lugar está aquí en Castilla, en mi caso en Ávila, al comenzar a tocar.

Händel y su música entra en las venas al modo de una inyección. Cuando se interpreta con su ritmo adecuado toma una fuerza como la de un motor de un coche de carreras. Las arias te hacen saltar con esa mezcla de dinamismo, lirismo y delicadeza. Una forma de animar al público que llenaba los teatros londinenses a dejar sus conversaciones y sus refrigerios, y ponerse a oír al castrato Senecino o a la soprano Francesca Cuzzoni.

En el 2009 el investigador Terence Best realizó un compendio de toda la obra para clavicémbalo de Händel, desde sus primeras obras alemanas, las que compuso en Italia y las que escribió en Inglaterra a partir de 1712 cuando ya se estableció. Muchas de ellas las escribió para sus alumnos y alumnas, por ejemplo en la época en la que vivió en Cannons, (1717, 1719). Recordemos como Scarlatti compuso en España para la reina Bárbara de Braganza, su alumna de clavicémbalo, muchas de sus 155 sonatas.

Acabo de volver de Londres donde he seguido el paso de Händel y sus partituras, he visto su tumba en la Abadía de Westminster, oyendo el Himno Funeral de William Croft que sonó en 1759 el día que todo Londres lloró su muerte en su casa de Brook Street, hoy Museo y visita obligada para todos los que adoramos su música.

Al plantearme la relación de Händel y España me he encontrado con un pasaje de la ópera Rinaldo, estrenada en 1711 en Haymarket, cuyo tema eran las Cruzadas y donde aparece nuestro caballero Raimundo de Borgoña al frente del ejército, compuesto sobre un poema de Torcuato Tasso “La Jerusalén liberada” de 1575.

Amigos, siento que he abierto una puerta llena de música y que esta Navidad que se va acercando nuevamente, se componen sin duda de ese mismo material efímero y mágico. Oír el Mesías, o volver como cada año a las Cantatas y Oratorios de Navidad de Bach, mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón, como pompas de Navidad. Felices Fiestas.

 Este verano me he sumergido en el mundo de las lanas, los vellones, las ruecas y los husos. Ha sido como volver a los orígenes, en un viaje a la Edad Media, al sentir entre mis manos ese regalo que las ovejas nos dejan, la lana. Todo empezó cuando mi hijo S. Zoilo, vitivinicultor en la Sierra de Gredos, comenzó a usar los vellones de las ovejas que pastan en nuestros viñedos para tapar las raíces y el tronco de sus viñas, para protegerlas de las inclemencias del tiempo, calores sofocantes y fríos extremos, así como para ayudar a prevenir plagas e infecciones. Cuando vi todos esos vellones bajo las viñas, tuve el deseo de tocarlos, de trabajar con ellos, de conocerlos. Me parece increible que un producto tan especial que ha sido el emblema y la riqueza de Castilla durante buena parte de su historia ahora no se utilice. En los pocos talleres españoles de mantas y otros objetos como en Grazalema, hechos de lana virgen, se traen los vellones de Australia y de otros países, sin aprovechar lo que nuestros rebaños nos dan.

La producción de la lana en nuestro país fue muy importante hasta los años ochenta cuando la lana sintética que es mucho más económica, se impuso en el mercado. Hoy en día sólo el uno por ciento de la producción mundial de fibras textiles se desarrolla a partir de la lana virgen.

Comencé a darme cuenta de la naturaleza de todos los objetos de lana que tengo, jerséis, bufandas, mantas y que, aunque pensaba que eran de lana, realmente están hechos de plásticos. Con eso me visto y me caliento, y ver esos vellones tan poco valorados me produce una pena enorme.

Me llevé a casa un vellón, y siguiendo videos de mujeres de pueblos perdidos en la montaña que aún usan la lana de sus rebaños, comencé a lavar, escarmenar, cardar, hilar… a hacer todo lo que se necesita para que podamos obtener de los vellones unos ovillos para poder tejer calcetines, chaquetas o bufandas. La experiencia con el vellón fue preciosa, sentí una conexión profunda con una parte antigua de mí que no conocía. Entendí el valor de la lana y lo increible que es trabajar con ella.

Los días pasaban en Mombeltrán este verano, y poco a poco iba entendiendo el proceso hasta conseguir manejar los husos y tener unas rudimentarias madejas con las que comenzar a tejer. Y cual fue mi sorpresa cuando en Cuevas del Valle se realizó un taller para enseñar todo este trabajo que yo estaba haciendo. Un grupo de personas estábamos allí, en la Calle Real, en un pequeño local, creando vínculos entre nosotros, animándonos a seguir en esto. Algunas personas comenzaron a quedar para ir a los ríos a lavar los vellones, a teñir la lana con tintes naturales de plantas y otros elementos que la naturaleza nos regala. Todo un movimiento que nos lleva a valorar la lana y que nos permite tener entre nuestras manos hilos de calidad que aporten a nuestra vida diaria calor, ternura y suavidad. Protegiéndonos de la humedad, en jerséis, mantas y calcetines que durarán en nuestros cajones años.

Ahora quiero conseguir una rueca y poder pasar las tardes de los días de descanso, hilando y consiguiendo ovillos con los que poder hacer mil prendas que se me ocurren. Volver a una actividad que ha sido siempre coto de las mujeres, donde se reunían muchas veces a hablar y a pasar las tardes tan entretenidas. Voy en un momento a la celda de nuestra Santa Teresa, y a su rueca que siempre estaba cerca de ella. Mientras hablaba con sus amigas estaba seguramente con esa sensación placentera que tengo entre mis manos cuando estoy hilando, con ese olor a oveja dulce y agrio que me envuelve en el tiempo, y que me reconforta en medio de un panorama mundial lleno de tragedias naturales, guerras, intransigencia y dolor. Huyendo por momentos del mundanal ruido.