En medio de la preparación de la Navidad, justo las horas previas, ha fallecido mi querido amigo Rómulo Cuartas y por momentos sentí que todo se iba esfumando teñido con mi dolor. Ya no había decoraciones, villancicos, belenes que me interesaran, una nube de pena atenazaba el corazón.

Cojo mi citara salterio  a primera hora de la mañana y comienzo a tocar algo que sale de lo profundo y me sorprendo porque es algo asi como un villancico, una música que expresa todo el encanto de la Navidad, la alegría, el amor y la esperanza. A veces estas cosas ocurren, todo se mezcla de una manera profunda, el dolor y el amor, la caída en el sufrimiento y la estrella del portal que parece sacarnos de lo hondo y oscuro.

Recuerdo ahora a mi querido amigo Rómulo con ternura, parece que el Niño que nació ayer en medio de tanta algarabía familiar comienza a ejercer todo su influjo sobre mí, la paz y la naturaleza amorosa que me regala.

Mirando las plantas que con tanto cariño cuido por todos los rincones de casa, siento que entro en el mundo de la verdad, donde habita el Señor que nos ama siempre, y que nos rescata en el dolor. Y me uno aun mas con Rómulo que también adora las plantitas y ver cómo sale cada hoja, los tallos y su floración.

Hace muchos años, a mediados del s. XV, una reina, Ana de Bretaña, pidió a un artista de la miniatura ,Jean de Bourdichon, que pintara y decorara su libro de Horas. Y junto con las maravillosas cincuenta escenas de la Biblia, el Evangelio y la vida de los Santos, le pidió que las decoraciones fueran todas botánicas, mostrando cientos de especies de flores, hojas, frutos, con sus colores y texturas incluso con los insectos y mariposas que suelen vivir entre sus ramas. La escena de la Natividad, en donde hoy me sumerjo, es impresionante, porque sale pintada la noche donde nació Jesús y el Belén se ilumina de manera mágica, mostrando así la noche y el día, toda bordeada de unas preciosas matas de Papaver rojo, con insectos y mariposas. Naturaleza, música, palabra y fe parecen juntarse desde hace siglos en una rueda que continúa hasta hoy, aplastándonos con su belleza y amor.

Todo se junta en Navidad, y este año esta afirmación la vivo de manera mas rotunda. Todo en la verdadera Navidad está lleno de esperanza, una noche llena de dolor que nos atenaza el alma sabemos que se llenará de luz a las pocas horas, y que volverá a girar sobre nuestras vidas, en luces y sombras, alegrías y penas. Una Navidad que  tiene para mi otro color, y está llena de naturaleza y vida, mientras me acuerdo mucho de ti amigo, y sé que juntos estaremos ya para siempre, en cada matita y en cada flor.

Feliz Navidad

Las suites francesas de Bach

 

Desde hace unos días estoy estudiando  unas partituras que me llenan de emoción, las suites francesas de Bach en mi piano. Paso por momentos de la partitura a la música en vivo y con ella parece que entro en lugares muy distintos del salón de casa, voy al estudio del gran maestro, su casa en Leipzig llena de estudiantes bulliciosos y una familia muy numerosa. Me encuentro con Anna Magdalena Bach, la esposa del gran maestro, soprano, música, copista y estudiante de clave, para ella dejó Bach escritas un montón de bellísimas partituras entre las que se encuentran estas suites.

Al ir tocando las suites comencé a sentir su sentido como piezas de baile y de cortejo amoroso.Son rítmicas y llenas de melodías profundamente sentimentales que se van repitiendo.Las suites son piezas compuestas para  disfrutar oyéndolas, para ser bailadas, en un momento en el que eran los bailes los lugares para relacionarse y encontrar pareja mediante los movimientos. Me recreo en las allemandes sabiendo que se bailaban cogidos de las manos, con su composición binaria y lenta, llena de romanticismo, tan lejos de cómo se crearon en el medievo para caballeros que las bailaban lentamente al ir vestidos con sus armaduras. El ritmo sensual de las zarabandas me atrapa.

Bach debió componer estas piezas entre 1722/ 1725 cuando trabajaba en la corte de Cöthen para Leopoldo de Anhalt, después de haberse formado musicalmente leyendo los libros de partituras para clavecín de Jean- Henri d´Anglebert, los de Francoise Dieupart y Couperin, cuando estudiaba en Luneburgo.

Esta corte era, hasta el matrimonio con su prima Federica Henrietta, muy musical, algo que cambió totalmente por la falta de interés de la princesa, lo que motivó que Bach que acababa de casarse con Anna Magdalena se tuviera que marchar a Leipzig. Se casó Bach con Anna Magdalena dieciséis años mas joven que él, un día laboral de diciembre y todos los estudiosos comentan que fue por amor, él tenía hijos de su matrimonio anterior con María Barbara y la novia se ganaba la vida como cantante. Sólo el amor explica el motivo.

El amor que se profesaron queda reflejado en el interés que tuvo Bach de regalarle a su mujer lo que más podría gustarle, un conjunto de obras para clave recogido con el nombre de  Pequeño álbum de Anna Magdalena Bach.  En el primer volumen de los dos estaban las suites francesas junto con otras obras de Bach y de otros autores de la época.Un regalo que también podía proporcionarle algún ingreso en el momento que lo necesitara, aunque ella nunca vendió estas piezas, pese a que sabemos que murió pobre de solemnidad y que mendigaba por las calles para poder comer cuando Bach murió.

Anna Magdalena como nos dice su biógrafa Esther Meynell, era una persona alegre que disfrutaba tocando, cantando, bailando. En su casa organizaba unas tertulias musicales muy animadas y seguro que bailó estas suites que tal vez se llegaron a oír y a bailar en los cafés de la ciudad de Leipzig en sus horarios de invierno y de verano en los jardines.

Estas notas de baile y de relaciones sociales completan la imagen que tenemos de Bach como músico dedicado al área religiosa con sus Cantatas, sus Oratorios y Pasiones.Nos cuenta John Eliot Gardiner que era una persona que disfrutaba mucho de la vida social, haciendo con ello un paréntesis de su apretada vida laboral y compositiva en la parroquia de Santo Tomás, con tantos alumnos y obligaciones. Nos cuenta que las habitaciones de la familia estaban pegadas a las salas de estudio y de prácticas musicales de los alumnos y parece mentira que en este galimatías de sonidos y ruido pudiera componer esas sublimes partituras y cantatas que nos conmueven profundamente.

La música clásica lleva desde el s XIX encerrada en las salas de conciertos, y está muy bien que así sea, que los oyentes rompan su vida por unos minutos u horas y se pongan con todos sus sentidos a oír y disfrutar estas suites.Pero ha perdido con ello, esta es mi opinión, vida real.Poder llenar toda nuestra vida con música, orar con ella, danzar y enamorarnos, consolar a los que han perdido un ser querido, celebrar un matrimonio,… Que al oír música clásica entendiéramos música viva, que se crea para nuestros oídos y en ellos desaparece, que nos embarca en una actividad cognoscitiva que nos hace personas mas completas, agilizando nuestro propio entendimiento, sensibilidad y corazón.

Me encantan estas suites, no sólo son bellísimas musicalmente, llenas de interés, de retos compositivos, interpretativos y musicales, sublimes y delicadas, sino que me abren un mundo nuevo cada vez que voy estudiando, compás a compás sus movimientos, sintiendo sobre mí las manos unidas de los enamorados que van bailando, con los claveles amarillos que tanto gustaban a Anna Magdalena,  con los pajaritos (pardillos) que adoraba y que piaban apoyados en las ventanas de la parroquia.

 

La pandemia con toda su carga de tristeza y angustia ha dejado a muchas personas sumidas en una depresión, en una tristeza vital. Junto con los daños físicos están los psicológicos y existenciales de unas poblaciones confinadas durante meses en sus casas, aislando a padres de hijos y a amigos de vecinos. El tiempo que se nos regaló a las bravas, fue un espacio de libertad también para algunas personas y aunque parezca una contradicción, el lecho para el renacimiento personal. Frente al abismo de las horas en casa apareció la posibilidad de vivir y de ser nosotros mismos, aficiones, gustos y placeres que están normalmente alejados de la jornada cotidiana laboral y social. Apareció el silencio, que en las antiguas imágenes aparece representado mediante la figura de un lector abstraído sobre un montón de libros.

El silencio y los espacios de creación van unidos de la mano siempre, ya Juan Bermudo en el s. XVI escribió ( como nos cuenta Ramón Andrés), “que la profundidad, anchura y largueza de la música no está encerrada toda en los pequeños arroyos de los instrumentos”. La música, como el resto de las artes se desarrolla en el silencio, al posibilitar la escucha de la conciencia, ya sea racional o inconsciente.

Posiblemente si estos días no me hubieran dejado en el dique seco de mis actividades cotidianas, no hubiera transitado por estos espacios de silencio, que se abre paso entre tanto sonido que lo tiene prisionero. Para volver al equilibrio interior busqué aquello que siempre me centra en mi misma, volví a la música de Bach, que aunque nunca la había dejado, en este tiempo la he vivido en sus silencios, encontrándome en ellos con el músico que creó tanta belleza.

Bach es el equilibrio sonoro y vital, el que asienta nuestro interior volviendo de manera ancestral a nosotros mismos. Esta actitud y actividad musical y vital sólo se comprende cuando se oyen también sus silencios que vienen a configurar los nuestros, a entender un poco al maestro, su percepción de lo cotidiano, lo eterno, el cielo y el suelo, las clases, los cafés y los conciertos, los alumnos, los hijos y las preocupaciones económicas de llegar a fin de mes.

La música tiene una barrera que limita dos espacios, el de la audición de las composiciones, abriéndose otra diferencia radical entre la música en directo y la enlatadaen las grabaciones, y el espacio de la interpretación. En todas estas esferas entramos en un mundo efímero que nace y desaparece para nuestros oídos, y que nos introduce en su increible espectro de belleza y sonoridad. Un ámbito donde lo radical comienza en el momento, que desaparece en segundos y va a poblar ya el silencio de nuevos contenidos sonoros y vitales. La música, si dejamos abiertos los oídos, entra hasta lo mas profundo del ser, y a veces nos conmueve.

Bach convirtió el silencio en un estado interior, buscando de manera continua la concentración en medio de tantos ajetreos, y con su obra abre para todos los oyentes y los interpretes un nuevo mundo que sigue abierto de manera ininterrumpida desde el s.XVIII. Un mundo al que podemos acudir cuando lo necesitemos, para disfrutar, crear y renacer musicalmente, porque la enseñanza que nos brinda en cada pieza lleva la semilla de un nuevo camino estético y musical, un sendero para comenzar a caminar.

Hay por tanto alrededor de la música distintos espacios, y sin duda el ámbito de la música compartida es el mas emotivo sin duda. Sentir que una oleada de sonidos, matices, tempos y modulaciones entran por los oídos en un momento y que lo que sientes también está llegando a otras personas en ese mismo instante, hace que la música se expanda y su poder se haga ya imparable, mas allá del techo del auditorio o del salón está el interior de cientos, miles de personas.

Este nuevo momento en el que podemos ir a conciertos en directo, nos empuja aun mas, nos estrecha interiormente, creando vínculos profundos entre nosotros. El concierto de órgano de Monserrat Torrenten la catedral abrió una nueva vidriera dentro de la catedral del alma.

Que iba a salirse el alma… bien se podía morir

La música nos lleva a otros lugares, crea en un momento el espacio que muchas veces nos falta en los libros, la historia y las crónicas.  Conocemos a Teresa en sus libros, hijos, obras y nos falta seguirla también en la música que la acompañaba, su banda sonora original. La música es un arte que nace y va perdiéndose al momento sólo para nuestro deleite, abriendo la puerta del compositor y del intérprete, dejándonos entrar.

Hace ya muchos años cuando volvía en verano de la Universidad de Salamanca había una cita que marcaba todo para mí, el concierto del órgano de cámara de la Encarnación interpretado por Antonio Baciero. Creo que mi interés por la Santa nació en esos momentos en los que aquella música me conmovía. Aparecía con la melodía, una Teresa que yo empecé a considerar muy distinta de la que había visto en imágenes estofadas y sobredoradas, que había oído en la cultura que como abulense me ha rodeado toda la vida. Un instrumento con un sonido sencillo y limpio, donde las cuerdas se oían en su individualidad. Desde entonces me encanta la música antigua.

La música y Santa Teresa ha sido investigada por mi querido profesor Antonio Bernaldo de Quirós, que recogió todos los datos posibles sobre su madre en la fe dentro del ámbito musical, indagando en el ambiente abulense en el que vivió, la música en el entorno del monasterio de la Encarnación, sus actividades musicales y su sensibilidad hacia la música a nivel personal y místico.

La educación musical de Teresa, que intuyo que era grande, es algo que no podemos encontrar en un dato concreto. Pertenece al ámbito de la intuición y hablando de la Santa es un método de conocimiento mucho mas interesante. Creo que Teresa era una mujer muy sensible hacia la música tanto religiosa como profana y popular. No tenemos tampoco ninguna referencia sobre su educación académica y es la primera mujer doctora de la iglesia y una de las escritoras mas importantes de todos los tiempos.

La música profana en Ávila, en la época de la juventud de Teresa, cuando ella vivía con su familia y salía como niña y joven a recorrer la ciudad, era muy rica. Recoge Luis Ariz que durante la visita de la emperatriz Isabel y Felipe II de tan sólo 4 años, se organizó una fiesta impresionante con desfile de trescientas mozas aldeanas de los sesmos ataviadas ricamente con sus galanes tocando gaitas, tamboriles y panderos. También

desfilaron serranos ataviados en grupos de doce y los maestrescuela sacaron a los niños disfrazados. Esta manera de divertimento y fiesta caló en nuestra Santa reformadora, que componía villancicos y cancioncillas para animar la vida conventual, con monjas que en las recreaciones cantaban, bailaban y tocaban instrumentos como las flautitas de embocadura de pico y tres agujeros que encontramos en la clausura del Convento de San José.

Junto con estas músicas alegres y para la fiesta, Teresa desde niña oía otro tipo muy distinto que le abría nuevos caminos de profundidad interior y de mística de los sonidos que como cristales de colores daban cuerpo a esa vidriera que era la música polifónica española que ella oía en las iglesias, especialmente en la catedral. Estaban en aquel momento en nuestra ciudad compositores tan importantes y sobresalientes como Cristóbal de Morales, que estuvo en Ávila en la catedral de 1526- 1528 cuando Teresa tenía unos 11 años. Estoy oyendo estos días el Officium defunctoruma cuatro voces que compuso en estos años en Ávila y he comprendido que esta música abre muchos caminos en el alma y el espíritu de tantas personas. Teresa estaba en este momento cerca de esta cátedra musical, viviendo en primera persona la mística de la música polifónica.

Estaban en la catedral de manera sucesiva grandes músicos que fueron además los maestros del otro místico por excelencia, me refiero a Tomas Luis de Victoria, así Jerónimo de Espinar, Bernardino de Ribera y Juan Navarro.

Con Tomas Luis, Teresa tenía muchas semejanzas, aunque no tenemos constancia de que se conocieran en persona. Cuando Tomas entró como seise en la catedral para educarse musicalmente, Teresa estaba en la Encarnación. Y seguramente este joven monaguillo oyó hablar del revuelo que una monja estaba protagonizando en la fundación de un pequeño convento en 1562 dedicado a San José. Luego Victoria se marchó a Roma y volvió en 1582 cuando nuestra Santa ya había fallecido. No se conocieron mucho en persona, aunque seguro que se habían saludado por ser sus familias feligresas de la parroquia de San Juan y casi vecinos. Pero lo que no me cabe ninguna duda es que ambos andaban por los mismos caminos de creación, de indagación personal y de búsqueda continua de la Belleza.

También feligrés de San Juan fue en estos años otro grandísimo músico, Antonio Cabezóncasado con una mujer abulense y aquí pasaba algunos días, deleitando a los fieles en las celebraciones catedralicias.

En la Encarnación cuando entró Teresa había un grupo de monjas que eran músicas y se dedicaban a tocar en las ceremonias litúrgicas y a acompañar el rezo del oficio divino. Eran las que tocaban esos preciosos instrumentos, en su mayoría contemporáneos de la Santa, que podemos ver en el museo del monasterio. Arpas de dos órdenes, guitarra, viola da gamba, salterio y el órgano de mesa. En el libro del Retablo de Carmelitas de Doña María Pinelrescatado y publicado por el anterior capellán del monasterio el p. Nicolás González, aparecen historias de monjas músicas que entraban sin dote, como las hermanas mellizas Isabel y Mariana Rosa Velasco o las otras hermanas Clara Eugenia y Eugenia Clara que tocaban el órgano y hasta el bajón.

La música en cuanto se interpreta, es propiedad del oyente que la hace suya y que va siguiendo su movimiento mas allá del oído. Teresa nos relata en la Relación 15 una experiencia mística profunda que ella vivió al oír una voz cantando en la oración, siel canto no cesara que iba a salirse el alma del gran deleite y suavidad que nuestro Señor le daba a gustar,…bien se podía morir, mas, no podía decir que cesase

Tenemos que educarnos un poco para disfrutar de esta música tan divina, pero luego será ella, la que nos irá educando a nosotros en muchas cosas, nuestra maestra. Es increible, pero cierto, conocemos a la Santa de manera muy especial y auténtica, oyendo a Victoria, Cabezón o Morales, en el sonido antiguo de un órgano de mesa, en la voz que a veces nos conduce muy lejos del sillón.

 

 

 

 

EL AÑO DE BEETHOVEN

 

Este año celebramos en todo el mundo el 250 aniversario del nacimiento de  Beethoven, y el confinamiento por la pandemia del coronavirus nos permite entrar un poco mas en su obra, oyendo unas de las piezas musicales mas bellas y rotundas de la historia, donde la naturaleza salvaje aparece en forma de notas, la historia con los ecos de la Ilustración y los redobles de la Revolución Francesa se dejan oír. Beethoven aparece como uno de los primeros músicos con conciencia de su papel en el devenir de la historia, aportando su visión y creación propias, yendo mas allá de las artes al servicio del poder, de los nobles, de la iglesia, del estado.

En un momento de cambio, como siento este que estamos viviendo ahora, donde la forma de vida establecida se resquebraja, donde apareció un hombre que refleja en su obra todo el ideal romántico, su propia biografía me conmueve. Cómo pudo formarse un genio así en medio de una familia donde el alcohol hacía estragos, cuyo padre levantaba al niño de cuatro años de la cama a las 3 de la madrugada para que se pusiera a tocar el piano, cuando él se recogía de sus juergas.

La biografía de Jan Swafford, Beethoven, publicada por Acantilado, nos abre las puertas a este viaje musical, donde vemos cómo se va forjando el carácter de este genio, y leemos su obra como fruto del momento, las enseñanzas dentro de la ilustración de su primer maestro Christian Gottlob Neefe, que pertenecía a la masonería, comoMozart o Haydn.

Analizo la relación entre los músicos mas importantes del clasicismo y el primer romanticismo, y me quedo anclada en la figura de Haydn, ¡oh papá Haydn!, maestro de los dos grandes genios musicales, Mozart y Beethoven.

Corría el año 1772, Beethoven acababa de cumplir dos años y el joven Mozart con 16 ya había compuesto entre otras muchas obras tres operas, Mitriade rei di Ponto, Ascanio in Alba, y Lucio Silla. Haydn era el kapellmeisterde la corte de Esterházy. La temporada de verano se iba alargando demasiado para los miembros de la orquesta de cámara del príncipe que pasaba estos días en su palacio de campo en Hungría. La corte del príncipe Esterházy era muy potente, con muchos criados entre los que se encontraban los músicos, y por supuesto el maestro de capilla Haydn que tenía que vestirse de librea y ocupaba sólo tres habitaciones en el enorme complejo palaciego, lleno de jardines, salones y pasillos. Los músicos pidieron Haydn que intermediara con el príncipe para volver a Viena cuanto antes con sus familias, y la manera de exponer esta petición fue muy creativa, compuso una Sinfonía,la denominada de la Despedida, Hob, 45, en cuyo último movimiento, el Adagio, los músicos iban dejando poco a poco de tocar hasta finalizar la pieza con un dúo entre Haydn y el maestro de conciertos Luigi Tomasini. Por algo se le conoce a Haydn como papá Haydn, por su capacidad de ayuda hacia los demás y por su carácter bonachón.

Beethoven, alumno suyo durante dos años, era todo lo contario. Su fuerza expresiva y su carácter iban galopando contra los auditorios, las conciencias y las normas de buena educación de todos. Desastrado, retraído y taciturno, casi sin amigos, este “der spagnol”por su tez morena, causaba el asombro en las cortes y los salones de la aristocracia europea. Un ámbito en el que aparecían actitudes que hoy en día veo en desuso. Había coinnaisseurcon gusto y erudición, que amaban las artes y interpretaban música con pasión y gusto. Había también diletanttes, para los que la música se creaba para su interpretación, los aficionados para los que se compusieron buena parte de las obras de Beethoven. Unos diletantes sin las connotaciones que luego tuvieron estos términos cuando la palabra profesional se instauró en todas las artes, dejando a este gran grupo de interpretes fuera.

En estos días en que se nos regala un poco de tiempo en casa, volver a Beethoven es un placer, y reflexionar sobre la música como expresión, no sólo de los autores sino de nuestro viaje interior, interpretando la música, haciéndola nuestra.

Estudiar una partitura de piano, es entrar de pleno en todo este mundo lleno de sonidos, naturaleza, ideales, y sentimientos. Utilizar la música para decir sutilmente cosas como hizo Haydn en la corte húngara, ir poco a poco apagando el sonido en medio de un momento lleno de incertidumbre como este en el que el covi-19 nos ha metido.

A veces las cosas que nos van pasando sentimos que tienen un mensaje oculto, una especie de mandato que las empuja. Así leemos estos días de confinamiento, esta entrada y estadía en el horror, el sufrimiento y la oscuridad, cada uno desde su casa.

La vida está llena de cambios de ritmo, de luces y sombras, de badenes emocionales entre la alegría y la profunda tristeza. Así me siento en estos días de confinamiento, mientras vuelvo como cada año a oír la partitura de Semana Santa mas bella nunca escrita, el Officium Hebdomadae Santae de nuestro paisano Tomás Luis de Victoria. Y siento que dibuja musicalmente lo que anda mordiendo por dentro mi interior, la pena en forma de hondas lamentaciones por esta dura situación y también la búsqueda del verdadero sentido de la vida, desprovista de todo lo superfluo, que nos devuelve a la verdad de lo que somos. La música de Victoria es mística, es amor, con un mensaje tan hondo como el de Teresa y Juan, y con unas vías de penetración en nuestro ser mucho mas profundas, a través del oído, el sentido que nos llega a conmover hasta lo mas hondo.

Lamentando tanto dolor, sufrimiento por el confinamiento de millones de personas que se ven entrando en la caverna oscura de la soledad y el aislamiento, en sociedades donde se vive en pequeños núcleos familiares, muchos de ellos de una sola persona. El dolor y la desolación de los enfermeros y médicos que cuidan a tantos enfermos viendo como se apelotonan en los pasillos, teniendo que construir en pocos días hospitales de campaña como en épocas de guerra, combatiendo a la pandemia sin armas reales, sin escudos, ni espadas, a pecho descubierto. Miles de enfermos se mueren solos, desprovistos de una mano familiar que les ayude a abrir las puertas del mas allá, sin consuelo, sin duelo, sin despedida. Deshumanizando el transito doloroso del adiós que tan certeramente dibuja en notas y polifonía Victoria. Los ancianos muriendo solitariamente, dan el tono de estas músicas dolientes, al mostrarnos cómo estamos dibujando la sociedad, y el lugar en el que ponemos las siluetas y el corazón, la vida que han entregado por todos.

A estas lamentaciones, a la manera del profeta Jeremías, tan crudas y dolorosas como las que escribió hace milenios, “ha desviado mi camino, me ha destrozado, me ha dejado hecho una ruina, “… “me ha roto los dientes con guijarro, me ha alimentado de ceniza”, tenemos que sumar las nuestras.

Tengo que citar la incertidumbre y la ansiedad que siento por ver un mundo que se desmorona, que cambia y veo que ya para siempre será diferente. La crisis económica brutal con mas de 3 millones de parados que no pueden conciliar el sueño cada noche, la economía apagada y con el miedo oculto de que al arrancar sus motores se vea que hay cables que se han roto ya para siempre. Y sobre todo las lamentaciones sobre el fin de era que podemos oír dentro de nosotros como en épocas de guerra, sintiendo que el humanismo cristiano que ha definido el mundo que conocemos y desde occidente se ha vertido sobre el planeta, basado en el amor y la caridad de unos hombres, hijos y hermanos, se va a cambiar por otro fondo de pensamiento, otras culturas del ámbito oriental.

Encendemos así las quince velas del tenebrario de nuestro corazón, y dejamos que sea la luz la que ilumine el fondo de nuestro pesar, mientras con matracas y carracas vamos rompiendo el silencio de la noche, como se oía la música de Victoria en la catedral de Ávila, o en la Capilla Sixtina del Vaticano donde se depositó el esbozo de esta partitura. Y la luz se abre paso entre la oscuridad, con un mensaje cargado de optimismo, alegría y esperanza. Como defensa ante todo dolor, aparece el amor. Y es que así lo creemos de verdad, así lo dice el discípulo amado de Jesús, Dios es amor, no es otra cosa. Hacerse uno de nosotros, bajar a la arena de la campaña, del hospital, del asilo, construir un mundo con los más altos ideales y propósitos, amar, socorrer, curar, atender, escuchar, estar ahí cada uno en su lugar en la vida, la familia, la sociedad.

Este es el mensaje que como corriente eléctrica me quema en estos días de hondas lamentaciones y tristeza. Dejar que siga dando chispas a los demás, sonando sobre las tinieblas es la misión mas grande que tenemos en esta vida.

 

EN NAVIDAD

 

Las Navidades tienen para mi una especie de muelle automático del recuerdo. Un cable que me une de manera profunda con mi propia familia pero también con la historia en un sentido mucho mas amplio. Y es que los estudios históricos nos hablan de nosotros mas de lo que podemos pensar.

El origen de cada elemento de la navidad se hunde en lo mas antiguo de la humanidad que en estos días de diciembre se encuentra triste, harta de tanta oscuridad y celebra con alegría la llegada del nuevo sol que vaya calentando todo un poco, en el solsticio de invierno. Decoraciones, felicitaciones, música que nos llevan a momentos pasados donde encontramos su sentido y significado.

Uno de los elementos en los que siempre me fijo en estos días, es en la música navideña. Quizá por la hartura que me producen los carols anglosajones que nos bombardean en cada esquina, y que hacen de estos días de navidad un motivo de negocio y de marketing. La tristeza al ver cuales son los villancicos mas oídos en estos días en las listas de reproducción, colapsadas por Mariah Carey y todos sus imitadores.

Me fijo en la música, porque siento que es lo que levanta de manera mágica la navidad en nuestra vida. Se crea en un momento para nosotros y está viva moviéndose. Decía Goethe de la música del gran J. S. Bach que era un profundo soliloquio con la esencia humana. Una voz que nace en los genes y que se revierte en la naturaleza. No sólo en las cantatas navideñas tan bellas como las suyas, creadas para esta introspección personal en el reino de la navidad, sino también en todo el elenco de nuestros  villancicos. Oír estos días alguno de los que aparecen en el Cancionero de Upsala del s. XVI como “ No la debemos dormir” o “ Verbum carum factum est” , nos une en este viaje hasta el fondo de nosotros en navidad, con la línea tan pura como sencilla del canto acompañado de vihuelas, panderetas, salterios. Autores como Juan del Enzina, o Cristobal de Morales, una belleza que recomiendo a todos.

La música es además una auténtica medicina que nos cura muchas cosas, también los excesos de estos días, la hartura de tanto lio, gasto y compras. Así lo vio la reina Isabel de Farnesio cuando nadie sabía cómo curar la depresión del rey Felipe V. Mandó llamar a la “estrella del rock “del momento, el castrati Farinelli, para que fuera su canto angelical el que obrara la sanación. Estuvo el cantante mas de 3000 noches cantando en el dormitorio del rey y la música bellísima de autores como Scarlatti, Jomelli, Handel, Caldara, lo consiguió.

Estos días estoy también impresionada con Scarlatti, músico de la corte española que no sólo compuso mas de 500 sonatas para clave, bellísimas y únicas, sino mas de 800 cantatas para amenizar la corte del rey, muchas de ellas de navidad. Algunas tan bellas como las de Bach. El destino quiso que Scarlatti naciera el mismo año que Bach y que Haendel, uniendo a estos tres geniales músicos.

La corte española desarrolló un programa de ópera muy completo, hoy lo llamaríamos “temporada de ópera”, y tenía como eje central las fiestas de navidad, extendiéndose desde el cumpleaños del rey en septiembre, hasta fines de junio con recesos para cazar o atender asuntos de estado.

De los fastos y la belleza de la música de la corte, bajamos en un momento a otra navidad pintada con otros colores, mas auténticos. Al color marrón de los hábitos de nuestra Santa Teresa y de sus conventos. En estos días de navidad en los que las monjas tienen que festejar el nacimiento del Niño Dios con lo mejor de si, eligen algo que no vale económicamente nada pero que abre todo con su presencia, la música. Ya  SantaTeresa compuso villancicos para cantarlos, bailarlos y representarlos en estos días y dejó una costumbre que llega en las clausuras hasta hoy.

Rebuscando debajo de todo lo que me aplasta de la navidad impuesta, me encuentro con su verdadero sentido, el amor. La navidad es amor, el que hemos sentido en nuestra propia vida y familia, y el que queremos dar a los demás en forma de abrazos, felicitaciones, decoraciones, villancicos. En medio de los trabajos de cada época de la historia, la navidad llega con su mensaje limpio: el amor. Busquemos dentro de nosotros lo mejor que tengamos para darlo en estos días, y dejar que el cable de la navidad auténtica llegue a nuestros hijos y familia, a los amigos y a todos los que nos rodean.

Me encantaría tener una voz como la que curó al rey para cantaros un villancico, y dar así mi felicitación a todos desde lo hondo del corazón.

MUJERES OLVIDADAS DE LA HISTORIA

 

Coinciden en estos días mis lecturas, música, poemas, reflexiones y exposiciones de pintura con la obra de grandes mujeres de la historia, muy poco conocidas algunas, otras ocultas en los pliegues del tiempo y la sociedad. Su obra y pensamiento vienen no sólo a mostrar el trabajo de la parte mas oculta de la historia, la de las mujeres, sino nos aportan una nueva manera de contar, de expresar, de vivir y de ser de la humanidad dentro del interior femenino.

Estoy leyendo a la monja carmelita descalza Cecilia del Nacimiento(1570-1646) cuya poesía es tan bella y lirica como la de su padre Juan de la Cruz con el que debió coincidir en su convento de Valladolid, lugar donde algunas monjas hicieron de copistas de las obras del santo, como el Cántico. La poesía tan brillante de la hermana se ha leído durante siglos como la obra del santo o como la de una monja que escribía al estilo o copiando al poeta. Releyéndola en un estudio critico de su poesía, encontramos no a una mera copista, sino a una de las poetas más brillantes de la poesía en español. El próximo martes 26 de noviembre vamos a conocerla y a leer sus poemas en La Casa de la Poesía Juan de la Cruz de la Universidad de la Mística.

La familia de Cecilia era un foco doméstico de humanismo, música especialmente el clavicordio, pintura, caligrafía ya que los Sobrino fueros secretarios de la corte, y grandes lectores entre otros de Luis Vives. Su madre Cecilia Moriles ha sido considerada como una de las mujeres más instruidas de su momento, en lenguas sabias y vivas, en ciencias naturales, filosofía, teología y cosmognía manteniendo conversaciones con Andrés García de Céspedes el matemático- cosmógrafo más brillante del momento.

Este mismo ambiente familiar ilustrado, ha sido el suelo en el que han surgido las dos mujeres pintoras que en esto días muestran su obra en el Museo del Prado, Sofonisba Anguisola( 1535-16259) y Lavinia Fontana(1552-1614). Sus cuadros han sido reconocidos desde el momento de su creación como obras de arte singulares pero su autoría, la mano femenina que los realizó, se fue perdiendo, y al igual que le pasó a Cecilia, se atribuyeron sus obras a varones, reconocidos pintores como Alfonso Sanchez Coello en relación a los cuadros de Sofonisba.

Sofonisba estuvo pintando en la corte española durante 14 años, con retratos admirables del propio rey Felipe II y de sus esposas Isabel de Valois y Ana de Austria. La familia de Sofonisba educaba a sus hijos en igualdad, y sus hijas fueron grandes pintoras de reconocimiento social dedicándose a este trabajo y organizando un taller que se constituyó como en el caso de Lavinia, en el sustento familiar, dando clases a sus pupilos y desarrollando un amplio abanico de temáticas.

Me sorprende con dolor que haya sido muy recientemente a través de investigadoras  del arte  como María Kusche, cuando se haya visto todo esto y haya vuelto la autoría de estas obras de arte a sus auténticas autoras que todavía no figuran en los manuales de texto.

Más allá del tiempo, volando al s. XI me llevan las partituras para citara salterio de otra mujer impresionante, la abadesa alemana, santa y doctora de la iglesia Hildegarda de Bingen(1098,1179) con una obra extraordinaria que abarca pintura, escritos de botánica y medicina natural, astronomía, mística, pensamiento, teología, música. Una mujer adelantada a su tiempo que puso el camino para avanzar a muchas otras, y cuya existencia y obra se está rescatando de la niebla por su absoluta actualidad.

He titulado este articulo con una imagen de otra gran mujer de la historia, Christine Pizan  (1364-1430), veneciana criada en París, amiga de Juana de Arco que al enviudar desarrollo una obra de literatura para poder subsistir, con libros que hoy leemos con admiración por la defensa de la mujer y su lugar en la sociedad. Creadora de la organización Querella de las Mujerespara defender los derechos y que estuvo en marcha hasta el s. XVIII. En su obraCiudad de las Mujeres(1405) hablaba de este nuevo descubrimiento de la sociedad, el papel de las mujeres, en un proceso de sacar lo oculto, y dejar que se pueda saborear todo lo que nos muestran y dan el verdadero gusto de la humanidad en su totalidad, “como quien va mondado una fruta”.

 

 

 

El día 5 de septiembre desarrollamos en Ávila un recital poético musical muy especial. Una actividad dentro del Congreso mundial Sanjuanista “Cántico Espiritual”.

La noche del Cántico, la de Juan, se juntaron con la de Ávila estrellada, allí en  un lugar al lado de la muralla, Castillo del interior.

Ya tenemos el Youtube del Recital del Cántico y lo compartimos con todos nuestros amigos. Se retransmitió en directo a mas de 18 países.

Un acto que comenzó juntando a todos los poetas que tenemos a Juan de la Cruz como guía y fuente de inspiración, a los poetas de la Casa de la Poesía y a los Juglares de Fontiveros, en un sencillo momento con musgos, menta y tomillos entre nosotros.
Fue emocionante leer entre todos estos versos tan sublimes del Cántico, la música de fondo, y poder poéticamente dialogar con Juan de la Cruz.
Un grupo de amigos, de poetas tanto de la Casa de la Poesía como de los Juglares de Fontiveros, en el CITeS que es la casa de Juan, donde viven sus hijos e hijas y todos los que siguen su legado de amor y luz.


Damos mil gracias a todos los que hicisteis posible este momento, los poetas, los músicos, amigos, colaboradores…. A los que con vuestra presencia nos acompañasteis en la lectura y que erais la parte esencial de ese momento, compartiendo poesía y vida.
Gracias Fernando Campillo y María Tellechea por esa música tan llena de emoción y belleza.
Gracias a Milagros Quintela, Danilo Ayala, Juan del Santo, Julio Collado, Esther Bueno, Jose María Muñoz Quirós, Asunción Escribano, María Ángeles Perez Lopez, José Pulido, Carlos de Gredos, Alfredo Perez  Alencart, Miguel Angel Mesa Bouzas, Clara Janés, Ilia Galán.
Gracias al p. Javier Sancho y toda la Comunidad de Cites por hacerlo posible, siempre con tanto cariño.
Mil gracias a Todos!!!
Congreso Mundial Sanjuanista que se desarrolla en la universidad de la Mística, CITeS de Ávila, la Casa de la Poesía Juan de la Cruz ha desarrollado un recital poético con música en directo.

La música de Hildegarda de Bingen en la citara salterio de Catherine Weidemann y la voz de la soprano Margarida Barbal .

Todos los que nos acercamos de una manera u otra a la figura de Hilegarda de Bingen nos quedamos fascinados con ella, su ingente y variada actividad en tantos ámbitos de la vida, teología, medicina, astronomía, y  la música.

Fue abadesa creando conventos para monjas benedictinas desde un monasterio masculino. Fue líder monacal, médica consumada cuyos tratados y recetas aún asombran cada día a los médicos actuales por su intuición y eficacia terapéutica.  Fué profetisa y mística y así se la conoce como la profetisa teutónica.

Es considerada como una de las mujeres mas fascinantes de la historia, polifacética en plena edad oscura del medievo, hablamos de  la Baja Edad Media, ( 1098, 1179 d. C)

Dotada de una cultura extraordinaria estuvo también muy comprometida con la reforma de la iglesia

Hildegarda nació en Bermesheim, en el valle del Rin en el seno de una familia noble alemana que al ser la décima de sus hijos la ofreció a la iglesia como diezmo desde su nacimiento. Fué entregada para su educación religiosa a Judith de Spanheim a que llamaba Jutta, quien la instruyó en el rezo del salterio, leyendo en latín.  durante estos años  leyó las Sagradas Escrituras y se formó en el canto gregoriano. Durante este momento con Jutta en el que vivieron en el castillo de Spanheim debió aprender a cantar, a tocar instrumentos como el salterio y a ver el poder interior del rezo cantado de los salmos como puerta de entrada en la interioridad habitada por una luz que ella veía siempre lucir.

Ella llamaba Luz Viviente a la presencia de Dios en su alma, y este es el titulo que la profesora y citarista Catherine Weidemann y la soprano medievalista Margarida Barbal han dado a este CD con música de Citara salterio y voz sobre las partituras y los textos de Hildegarda.

Hildegarda fue la compositora mas prolífica de melodías monódicas. Eran cantos que para ella se inspiran sólo en Dios. Por ello abren una puerta a un universo cósmico, que aparece reflejado en sus textos, reflexiones y profecías.

Tengo la enorme suerte de disfrutar tocando la citara salterio donde he descubierto este mágico mundo que los sonidos crean en su trayectoria infinita. Creo que elegí y busqué durante mucho tiempo un instrumento así, que tuviera esta peculiaridad de tener sonidos que fueran sonando de manera sostenida y hasta el final para dejar sobre ellos los salmos de cada día.

Catherine Weidemann es mi profesora de cítara salterio y con ella estoy aprendiendo y disfrutando con este instrumentos que lanza su origen hasta la antigüedad, hasta el mismo momento de componer los salmos.  Utilizar el salterio como elemento de meditación  para avanzar por la senda de la paz. Catherine compone para este instrumento que ama y sobre todo improvisa dejando que todo el cuerpo acompañe  al sonido que está ligado intrínsecamente al interprete.

Margarida Barbal, soprano,  citarista también de la escuela de Catherine es profesora de la ESMUC de Cataluña, la escuela superior de Música de Barcelona y también tiene un gusto especial y una formación como soprano especializada en el medievo.

Este CD es una belleza, y nos ayuda a entrar en ese mágico mundo que Hildegarda, Catherine y Margarida nos muestran, nuestro propio cuerpo como instrumento que puede sonar al unísono con el camino de la vida, dentro de nuestra propia piel.

Se puede  comprar en la universidad de la Mística CITeS de Ávila.

Piezas:

O choruscans lux stellarum ( fulgurante luz de las estrellas)

O quam pretiosa. (! Cuan preciosa es la virginidad de este Virgen!)

O nobilissima viriditas ( nobilissimo verdor)

O frondes viga ( Vástago frondoso)

Quia ergo fémina ( …porque una mujer)