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EL JARDIN DE JANE

EL JARDIN DE JANE

 

Desde que visité la casa museo de Jane Austen en Chawton hace ya unos años por estas fechas, tengo una tendencia a volver a leer sus novelas por enésima vez en primavera, a sumergirme en los personajes tan fascinantes que va describiendo y que vemos en su actitud y acciones ante las cosas y acontecimientos de la vida. Volver a pasear con ella por los bosques, los grandes salones que miran al jardín, los senecios de sus terrazas, las gallinas, las orquídeas de los invernaderos, los helechos arrancados que van durmiendo entre las hojas de los libros en la biblioteca.

Estos días releo a Jane con otro nuevo ensayo de Espido Freire, a la que tuve el gusto de tener como profesora en los talleres de escritura del Palacio de los Serrano. Y comparto muchas cosas con ella, sobre todo ese sentimiento de que cuando un autor nos lleva a querer saber mucho mas de él que lo que leemos literalmente en sus obras, cuando queremos también saber entender cada matiz de lo que dice y todo lo que hay alrededor, estamos en una esfera diferente, no sólo leemos a Jane, sino que comenzamos a vivir con Jane.

Reconozco que me encanta la literatura que evoca cosas, que me hace ir mas allá de la trama, que me sorprende con su manera de contar y describir, que me empuja a seguir en muchas mas cosas que lo narrado, el sentido de todo. La que va levantando un mundo en el que puedo estar y vivir, sobre las palabras y las descripciones, aprendiendo a escribir y a leer. En las novelas, Jane siempre aparece en el papel en blanco entre las palabras escritas, su propio ser, porque tienes la sensación de que te lo está contando, con todo lujo de detalles, sólo para ti, para que disfrutes entrando en su mundo. Algo así me ocurre con otras mujeres escritoras como Teresa de Jesús y Virginia Woolf. Me conmueve sentir su manera de escribir completamente femenina, llena de la esencia de la autenticidad mas profunda.

Cuando viajas por los lugares de Jane, entras dentro de un magma de seguidores y lectores de todo el mundo, ves las casas y los salones, los jardines con sus borduras floridas, los caminos entre los tilos. Algo así como el turismo teresiano que va poco a poco tomando la ciudad en pos de Teresa de Jesús buscando su rastro y los lugares en los que se inspiró para crear sus grandes obras, para ver, aquí en Ávila, cual es la ciudad que inspiró el Castillo interior o Las Moradas, sentir el cielo azul, el frio, el roquedo, el silencio y el eco de su oración.

En las casas de Jane hay muchos detalles para entrar en su mundo personal, entre todos me quedo con su pequeño escritorio al lado de la ventana, octogonal y minúsculo, donde, cuando las visitas le dejaban un momento libre, se ponía a escribir en pequeños papeles cosidos a mano, que terminaban acumulados en los cajones secretos de su escritorio portátil. Contrastando con estas mesas de trabajo actuales, donde hay tanto espacio para trabajar como cosas variopintas acumuladas, bolígrafos, lápices, ordenadores, impresoras… También me encanta ver su pianoforte en la zona de estar, tan sencillo y pequeño, sus partituras, las labores de patchwork, su pequeña cruz de topacios.

En la tarea de recrear el mundo de Jane, también se han estudiado las variedades botánicas que ella adoraba, así los jacintos que crecían en Nothanger Abbey cerca de Catherine Morland, los geranios barbados de Fanny Price en Mansfield Park, los paseos floridos que recorría Marianne Dashwood en Sentido y Sensibilidad, el jardín de rosas de lady Bertram. Las semillas de mostaza que tanto gustaban a su hermana Cassandra y las grosellas que recogía con tanto agrado Mrs. Austen. La flor favorita de Jane eran las lilas, elegidas entre los hemerocalis, las loniceras, el phox, la rosa centifolia, las rudbeckias , las verónicas, la alchemila mollis, la astrantia y la dicentra.

En una carta de 23 de agosto de 1814 a su hermana Cassandra decía: Me alojo en una habitación de la planta baja, que me gusta especialmente, pues da al jardín. De tanto en tanto me voy a respirar un poco de aire fresco y después vuelvo a la brisa solitaria.

Y así estoy yo, querida Jane, respirando un poco, en el jardín, entre tus libros que me invitan a vivir, a aprender y a disfrutar.

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Anhelo de raíces

ANHELO DE RAICES

Leyendo a May Sarton en el jardín de casa

En aquel primer fin de semana establecí el rito de la cena. Cuando me sentara a la mesa, tenía que haber flores; debía haber una botella de vino y que la mesa estuviera puesta con esmero, como por el mejor sirviente. Un libro abierto para poder leer, el equivalente a la conversación civilizada para un solitario. Todo estaba preparado como para recibir a un invitado y el invitado de la casa iba a ser yo.

May Sarton.

 

Vivimos en una sociedad liquida tal y como nos explica Zygmunt Bauman. Muchas cosas y aspectos de nuestra vida parece que se volatilizan, dejándonos flotar en el vacío tanto a nivel social como existencial. El relativismo sobre las cuestiones cotidianas, formas de vida, valores, anhelos, sensaciones acampa cada día de manera mas rotunda.

La introspección sobre lo esencial requiere de un lugar interior, una habitación propiaen la que proceder, tomando la expresión de Virginia Woolf. Requiere por tanto de un lugar en el que, a modo de un jardín, echemos raíces. Así lo refiere de manera muy bella y poética, la poeta norteamericana May Sarton(1912-1995), amiga de Virginia Woolf y de Elisabeth Bowen.  Echar raíces supone tomar posesión de lo que es nuestro y sobre lo que estamos perdiendo el dominio, cuando ya no somos conscientes de nuestros sentimientos, sensaciones, ideales, precepciones para sumergir todo en un magma común dominado por las opiniones manidas y comunes que nos envuelven con sus cantos de sirena.

Este lugar propio requiere para poder habitarlo, de momentos de silencio y de contemplación, como vamos leyendo en el libro de Sarton Anhelo de raíces. Después de una vida como poeta y profesora universitaria completamente transhumante por toda norteamerica, May mirando las pertenencias y enseres de sus padres provenientes de Gantes en Bélgica, decide pararse y buscar un lugar donde colocarlos para que constituyan físicamente el espacio que ella necesitaba para avanzar existencialmente, para constituir su propia casa. Y es que en nuestro interior tenemos también que dejar que echen raíces los recuerdos, las vivencias, las percepciones de toda nuestra vida.

Y comienza a desembalar su interior mediante los pequeños aspectos y actividades cotidianas como elegir las paredes para colgar los cuadros, el trabajo sobre un terreno de jardín pedregoso, la poda de un árbol, el canto de las bandadas de los colibríes. Y desde ahí, comienza a construir su propia vida, la verdadera, la que tiene que ver con su manera de ser, sentir y vivir, todo estaba preparado para recibir a un invitado, y el invitado de la casa iba a ser yo.

Compró una vieja granja del s. XVIII en un pequeño pueblo llamado Nelson en Nuevo Hampshire. Y poco a poco fue rehabilitándola y construyendo allí su vida y nos describe este intenso proceso cotidiano, mientras pinta paredes de blanco para captar la luz y elige el tono preciso para el suelo de la cocina. Unas bellas reflexiones sobre la amistad y el amor, la presencia real y vivida de las personas amadas que con sus visitas a nuestra casa se quedan viviendo en ella, llenando nuestra vida con su presencia. Sobre la naturaleza, en una relación con ella activa y recreadora de belleza y de vida, mientras se agrieta las manos plantando iris y moldeando parterres de flores. Y nos habla también de manera precisa, sobre el proceso creativo, cómo se desarrolla en medio de los quehaceres dando la vuelta a la existencia por momentos y asombrando en su proceder.

May escribe desde ella misma y retrata de manera exquisita el alma femenina. Al ir leyéndola he vuelto muchas veces a Virginia Woolf, a ese monólogo interior, al flujo de la consciencia que también me acerca a Marcel Proust. Escribiendo sobre lo interior, dando vida en lo relatado a las emociones e interpretaciones sociales y sobre todo las cotidianas de las que tan poco se escribe, incluso hoy en día.  En ese flujo de percepciones aparece la feminidad verdadera que voy compartiendo con la lectura. Lo femenino que lejos de estar sometido exclusivamente a la sexualidad que se mueve entre la heterosexualidad y la homosexualidad, es lo que describe el mundo y lo construye.

En estos días de principios de primavera avanzo por las horas al modo de May, plantando semillas y dejando que mis plantas echen raíces, viendo pasar el tiempo en el invernadero del jardín de la familia.

 

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Reseña de mi poemario ” Las hierbas de los regatos están blancas. Crónica poética de un agosto en llamas” por Asunción Escribano

Cuando decimos que San Juan de la Cruz es el mejor poeta de cuantos han escrito en nuestra lengua es, junto a otras cosas (más propias de una clase de literatura que del placer de leer), por libros como este –Las hierbas de los regatos están blancas– que arrojaron luz y armonía sobre el año 2020 que pasó. Los mejores escritores lo incendian todo a su paso. Es la enorme paradoja en torno a la que danzan la mística y el amor: cómo el amor puede ser tan intenso que la vida no sea nada tras su paso ya; cómo morir se puede de tanto amor.

La muerte blanca de la luz inmensa que nos inunda el corazón de amor: “Las hierbas de los regatos/ están blancas/ de tanto sol” –ha escrito, sintetizándolo a la perfección, la poeta María Ángeles Álvarez. O tal vez no lo haya escrito, y solo lo ha escuchado en su interior como reverberación de otras palabras que leyera: “¡Oh Llama de amor viva/ que tiernamente hieres/ de mi alma en el más profundo centro!”. Como amanuense ha transcrito, así, con paciencia gozosa e infinito alborozo, el eco de las palabras de aquel abanderado del amor y de la fe que fue –que es cada día más– Juan de la Cruz.

En este contexto de la mística sanjuanista, la poesía de María Ángeles Álvarez surge de la paradoja y el asombro de los contrastes. “La charca/ se incendiaba”, o “A veces/ me quemas/ sin llama” son inicios de alguno de sus poemas. Algunos de sus finales son: “Lirios que nacen entre cenizas/ floreciendo en las dunas/ de mi sed” o “Mi alegría entonces/ es seguir así/ en la nube de calor/ que me está matando”. Tal vez una adherencia de la mística que la impregna. “Sé regar plantas/ y me muero/ de sed” –nos dice–. Y también: “Eres/ el incendio/ y la cerilla que lo prende”. Ninguna metáfora como la de la sed para aludir al ansia de conocimiento de los místicos; ninguna como el fuego para aludir al amor. Bien lo sabe la autora, que habla de la sed desde el alto corazón roquedo de la meseta; que habla de calor allí donde mora el frío.

Con un pie en esta corriente poética –tan presente en la poesía castellanoleonesa de las últimas generaciones– que abandera el sentimiento cercano del campo y el paisaje, y el otro en la tradición poética de nuestros dos principales escritores místicos (ella y él), la poesía de María Ángeles Álvarez traslada al paisaje castellano el fuego místico del sentimiento amoroso, reflejando en la naturaleza que hay a su alrededor sus propios sentimientos de amor humano. Las hierbas de los regatos están blancashabla, por tanto, de la naturaleza de lo humano. Habla de los contrastes del amor: “Una mano amorosa/ que quema,/ que va arrasando con todo”.

Asunción Escribano. Poeta 

Asunción Escribano es una escritora salmantina, catedrática de “Lengua y Literatura Españolas” en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde es responsable de las materias asociadas con la Lengua y la Literatura y sus relaciones con los Medios de Comunicación Social, con la Publicidad, con la adaptación literaria a formatos audiovisuales; con la creatividad y con la escritura literaria.

Es profesora en el Máster y Diploma de Especialización en Creación Literaria de la Universidad de Salamanca.

Es miembro del Instituto de Estudios Medievales, Renacentistas y de Humanidades Digitales (IEMYRhd), de la Universidad de Salamanca.

Forma parte de “E-LECTRA. Grupo de Investigación sobre Lectura, Edición Digital, Transferencia y Evaluación de la Información Científica” de la Universidad de Salamanca.

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Foto: Carmen Borrego

Es Doctora en Lengua española por la Universidad de Salamanca con la tesis titulada “Uso periodístico de la lengua: los títulos en prensa”, dirigida por el catedrático D. Ricardo Senabre, y defendida en la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca.

Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, y Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Pontificia de Salamanca.

Máster en Creación Literaria por el Grupo Planeta y la Universidad Internacional de Valencia

Diplomada en Música, en la especialidad de Piano en el Conservatorio de Salamanca. Tiene la Certificación de Aptitud Pedagógica (C.A.P.) por la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Salamanca.

Blog Literario: asuncionescribano.net

Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Asunción_Escribano_Hernández

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Entrevista en RNE sobre el poemario ” Las hierbas de los regatos están blancas. Crónica poética de un agosto en llamas” con José Pulido

Poder compartir mis versos, poética y visión de la vida con otro poeta es un verdadero placer. Y si ese poeta es José Pulido lo es aun mas. Una conversación sobre este nuevo poemario, el proceso creativo, las imágenes, …

Gracias José por este rato. Lo comparto con todos mis lectores y amigos que siguen este blog.

 

 

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Las hierbas de los regatos están blancas. Mi nuevo poemario

CRÓNICA POÉTICA DE UN AGOSTO EN LLAMAS

Acabo de recibir algunos ejemplares de mi nuevo poemario  Las hierbas de los regalos están blancas. Crónica poética de un agosto en llamas, y están aquí entre mis manos. La tarde de noviembre está muy triste, húmeda y fría muy alejada de todo lo que cuento sobre el calor, el incendio y el verano en este último libro.

La vida es así, este contraste entre estaciones me muestra parte del panorama de mi  existencia, con distintos momentos, todos ellos con un denominador común que soy yo. Ahora al volver a leer mis palabras y ver los dibujos siento que dicen cosas distintas, el poso del tiempo y las estaciones producen este cambio. Miro todo lo escrito y vivido con una especie de velo que lo amortigua un poco, la niebla que va cayendo también pone sus palabras ahora con las mías.

La experiencia de un verano en el campo con la familia, y la  vivencia del amor que quema cada rincón del paisaje interior, árboles, perros corriendo, mis plantas, los helechos de la garganta, el sol, la sombra, el río, el pueblo, el amor. Fogonazos de mi existencia que en forma de versos y ya recogidos en un libro, empiezan a tomar cuerpo y vuelo en mis lectores.

Coger cajas para cosechar, y el fondo de Gredos destacándose sobre una cabaña donde dormimos y vivimos en familia. Coser, andar, escribir, rezar, barrer, regar las plantas, recoger tomates mientras la vida va avanzando y nos llena el interior de todo su fuego y su amor.

Con mi maestro de los caminos interiores Juan de la Cruz. Aquel que dijo que las cosas del alma hay que leerlas  con anchura . Cosas que el Amado nos regala en la naturaleza, quemando y haciéndonos renacer.  He querido que me acompañaran un puñado de grandes poetas y pensadores que están siempre cerca de mi. Siento que ellos también están detrás de todo lo dicho, Gary Snyder, Sophia de Mello Breyner Andressen, Wordsworth, Hölderlin, Rilke, Huidobro, Hildegarda de Bingen, Tranströmer…

Esta vez he dejado que mi cuaderno de trabajo esté reflejado completamente en el libro.  Siempre tengo en mi interior una imagen potente y definida del poema que estoy escribiendo y mi caja de acuarelas está siempre preparada. En este libro se puede leer el poema y ver al lado la imagen que como un brochazo nos indica la profundidad de lo dicho, definiendo las palabras con siluetas y color.

Estará a la venta en toda España desde el 14 de diciembre de 2020. Me impresiona la coincidencia con el día de San Juan de la Cruz…!!

Doy las gracias a Alicia Arés de la Editorial Cuadernos del Laberinto por esta bellísima edición. Y a Álvaro Valverde, poeta al que admiro y leo con gran placer y a  Javier Sancho Fermin por acompañarme en este trabajo. A Eduardo Ayuso por su ayuda y amistad.

Pon en primer lugar las imágenes, dice el gran poeta Walt Whitman, como luz para todos y como canto inaugural de todos. Imágenes y palabras que comienzan ahora a vivir libres por ahí en vuestra lectura. Un canto por todo lo que se nos regala a cada momento.

 

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Las pequeñas cosas

Llevamos desde el mes de marzo metidos en casa, la pandemia nos ha cerrado la puerta. Nuestro hogar ha pasado de ser un lugar de tránsito entre quehaceres laborales, familiares y sociales, a convertirse en nuestro castillo, y aquí estamos tomando posesión de cada rincón, de cada territorio.

Natsume Soseki es un conocido y aclamado autor japonés, que además de cultivar el haiku, escribió una novela considerada por el publico nipón como nuestro Quijote, “ Kokoro”. La dedicación al haiku conlleva una nueva actitud ante las pequeñas cosas de la vida para darlas el verdadero sentido que tienen, como pequeños espejos del cielo, como muestras de Dios en las cosas diarias. Un día escribió este haiku que parece que podría haber salido de nuestras casas en estos días de confinamiento “ Sin decir nada, el niño/ ve un ciruelo a lo lejos/ y lo señala.

Cuando entramos en nuestro castillo familiar y reforzamos los candados, los prunus-ciruelos de Ávila estaban en flor. Desde la ventana mirábamos a lo lejos, aprendiendo a disfrutar en la lejanía de lo que normalmente está sobre nosotros. Los niños, como dice Soseki, miraban por las ventanas dejándonos un momento tan elocuente como difícil, conteniendo las carreras con los amigos, las pachangas en el patio, las clases y los deportes. Duras situaciones que se han convertido en maestras de algo que no se enseña en los colegios, la contemplación, la calma, el silencio y la soledad.

Captar las cosas pequeñas de cada día, mirarlas, disfrutar con ellas y agradecer cada detalle, es una de las lecciones que aprendemos en esta escuela nueva de cada casa- castillo interior. Poder organizar un cajón reencontrándome con cosas que me hablan de mi vida, regalos que me hicieron con tanto cariño, viejos pañuelos bordados metidos en sus cajitas, las láminas dibujadas, los alfilereros, las plumas estilográficas, los plumines con sus cartillas de caligrafía… Volver al mundo que abre en mi corazón cada pequeña cosa de mi vida, es viajar arriba y abajo por mi existencia, dando gracias por tanto como me ha dado.

Edith B. Holden, vivía apegada a lo que cada día le iba regalando, recogiendo en un diario al estilo victoriano, cada flor que se abría la lado del camino, el canto de un arrendajo sobre el grosellero, el movimiento del aire serpenteando las vaguadas floridas de su casa en Solihull, Gran Bretaña, a principios del siglo XX. Cada día iba a ver lo que le regalaba el momento, abriendo cada regalo pequeño que si no lo desempaquetaba, se iba a morir en el rincón del olvido. Tanto es así, que murió en una crecida del rio mientras seguía el movimiento de una rama, después de haber dejado puesta la mesa para la cena en casa. Me gusta leer estos diarios de personas que viven los momentos y los dan su verdadero valor como muestras de lo eterno que se nos regala. Aunque el momento al final sea difícil, aunque la muerte y la enfermedad nos azote, las pequeñas cosas de la vida nos van abriendo las puertas de lo eterno y de la verdad.

En estos días sólo había una noticia que abarcaba todo, y el resto de las miradas han estado centradas en casa. Hacer los puzles que estaban arrinconados en el baúl, intentar hacer un bizcocho o un pan, tocar el piano, bordar un mantel, escribir, dibujar, esculpir, leer… Disfrute, entretenimiento y sobre todo escuela de lo que soy. Te replanteas tu vida mirando lo que realmente importa, y el desarrollo de ti mismo en tantas facetas que hemos ido olvidando y desterrando por el exceso de trabajo, el ritmo de las obligaciones, muchas de ellas autoimpuestas, que han dejado aparte, muchas veces , el equilibrio personal, la fuente del bienestar, el tiempo para ser realmente lo que soy, y entregarme a estas pequeñas cosas que se me regalan, agradeciendo cada una, viviendo mi vida en plenitud.

Dios está en las pequeñas cosas que me rodean, hasta cuando las iglesias han cerrado temerosas de la pandemia, mi casa se ha convertido en un templo, mostrándome algo que intuía, que sólo en el amor está lo divino, y que esto se encuentra en los gestos y actitudes, en las pequeñas cosas de cada día.

 

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Beethoven

EL AÑO DE BEETHOVEN

 

Este año celebramos en todo el mundo el 250 aniversario del nacimiento de  Beethoven, y el confinamiento por la pandemia del coronavirus nos permite entrar un poco mas en su obra, oyendo unas de las piezas musicales mas bellas y rotundas de la historia, donde la naturaleza salvaje aparece en forma de notas, la historia con los ecos de la Ilustración y los redobles de la Revolución Francesa se dejan oír. Beethoven aparece como uno de los primeros músicos con conciencia de su papel en el devenir de la historia, aportando su visión y creación propias, yendo mas allá de las artes al servicio del poder, de los nobles, de la iglesia, del estado.

En un momento de cambio, como siento este que estamos viviendo ahora, donde la forma de vida establecida se resquebraja, donde apareció un hombre que refleja en su obra todo el ideal romántico, su propia biografía me conmueve. Cómo pudo formarse un genio así en medio de una familia donde el alcohol hacía estragos, cuyo padre levantaba al niño de cuatro años de la cama a las 3 de la madrugada para que se pusiera a tocar el piano, cuando él se recogía de sus juergas.

La biografía de Jan Swafford, Beethoven, publicada por Acantilado, nos abre las puertas a este viaje musical, donde vemos cómo se va forjando el carácter de este genio, y leemos su obra como fruto del momento, las enseñanzas dentro de la ilustración de su primer maestro Christian Gottlob Neefe, que pertenecía a la masonería, comoMozart o Haydn.

Analizo la relación entre los músicos mas importantes del clasicismo y el primer romanticismo, y me quedo anclada en la figura de Haydn, ¡oh papá Haydn!, maestro de los dos grandes genios musicales, Mozart y Beethoven.

Corría el año 1772, Beethoven acababa de cumplir dos años y el joven Mozart con 16 ya había compuesto entre otras muchas obras tres operas, Mitriade rei di Ponto, Ascanio in Alba, y Lucio Silla. Haydn era el kapellmeisterde la corte de Esterházy. La temporada de verano se iba alargando demasiado para los miembros de la orquesta de cámara del príncipe que pasaba estos días en su palacio de campo en Hungría. La corte del príncipe Esterházy era muy potente, con muchos criados entre los que se encontraban los músicos, y por supuesto el maestro de capilla Haydn que tenía que vestirse de librea y ocupaba sólo tres habitaciones en el enorme complejo palaciego, lleno de jardines, salones y pasillos. Los músicos pidieron Haydn que intermediara con el príncipe para volver a Viena cuanto antes con sus familias, y la manera de exponer esta petición fue muy creativa, compuso una Sinfonía,la denominada de la Despedida, Hob, 45, en cuyo último movimiento, el Adagio, los músicos iban dejando poco a poco de tocar hasta finalizar la pieza con un dúo entre Haydn y el maestro de conciertos Luigi Tomasini. Por algo se le conoce a Haydn como papá Haydn, por su capacidad de ayuda hacia los demás y por su carácter bonachón.

Beethoven, alumno suyo durante dos años, era todo lo contario. Su fuerza expresiva y su carácter iban galopando contra los auditorios, las conciencias y las normas de buena educación de todos. Desastrado, retraído y taciturno, casi sin amigos, este “der spagnol”por su tez morena, causaba el asombro en las cortes y los salones de la aristocracia europea. Un ámbito en el que aparecían actitudes que hoy en día veo en desuso. Había coinnaisseurcon gusto y erudición, que amaban las artes y interpretaban música con pasión y gusto. Había también diletanttes, para los que la música se creaba para su interpretación, los aficionados para los que se compusieron buena parte de las obras de Beethoven. Unos diletantes sin las connotaciones que luego tuvieron estos términos cuando la palabra profesional se instauró en todas las artes, dejando a este gran grupo de interpretes fuera.

En estos días en que se nos regala un poco de tiempo en casa, volver a Beethoven es un placer, y reflexionar sobre la música como expresión, no sólo de los autores sino de nuestro viaje interior, interpretando la música, haciéndola nuestra.

Estudiar una partitura de piano, es entrar de pleno en todo este mundo lleno de sonidos, naturaleza, ideales, y sentimientos. Utilizar la música para decir sutilmente cosas como hizo Haydn en la corte húngara, ir poco a poco apagando el sonido en medio de un momento lleno de incertidumbre como este en el que el covi-19 nos ha metido.

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lecturas y cuarentena. Feliz Día del Libro

DEJAD DE RESPIRAR Y QUE OS REPIRE LA TIERRA…

En estos casi cuarenta días de confinamiento, siento que los días se han ido posando lentamente sobre los pilares que asientan mi vida. Calma, serenidad, tiempo y espacio para volver a sentir qué es eso que me ayuda a vivir, a ser cómo soy, a levantarme cada día.

Y uno de esos pilares es la lectura, sobre todo la que se hace con calma dejando que cada palabra, capitulo, narración o verso ocupe su lugar.

Una mañana mientras me sentaba un ratito a leer después de todos los trajines domésticos, cogí un libro de la biblioteca como  el que agarra un flotador al saltar de la barca. El mar de abajo donde me lanzaba estaba y aun hoy está muy oscuro, y gigantes olas de preocupación y dolor me invaden . Claudio Rodriguez es siempre para mí un flotador que me saca para arriba y me muestra la luz, lo que está por encima de las palabras. Las suyas siempre me parece que al leerlas van saltando como chispas hasta llegar por encima de casa, del árbol, del cordel de ropa…

Un poeta del que al leer sólo alguno de sus versos, sientes un profundo respeto y admiración porque no se puede decir poéticamente algo mejor…

! Dejad de respirar y que os respire

la tierra, que os incendie en sus pulmones

maravillosos! Mire

quien mire, ¿no verá en las estaciones

un rastro como de aire que se alienta?

Sería natural aquí la mueret.

No se tendría en cuenta

como la luz, como el espacio. !Muerte

con sólo respirar ! Fuer de día

ahora y no me quedaría sin sentido

en estos campos, y respiraría

hondo como estos árboles, sin ruido.

En esta fiesta del libro escojo a Claudio, siempre Claudio.  Así les digo a mis hijas en estos días, siempre Claudio hijas. Volver siempre a Claudio y encontrareis la esencia de la poesía, y toda su luz.

Leyendo a Claudio con el ensayo de Jose Luis Rey ” BRUJAS A MEDIODÍA”. Anotaciones a la poesía de Claudio Rodriguez. Me siento muy identificada con Jose Luis Rey en muchas cosas, y me encanta que la lectura de los poemas y su análisis la realice un poeta. El ensayo va por otros caminos de significado, de formas expresivas, logros, nuevos caminos, sutiles matices, sombras y resistencias… Gracias José Luis

 

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LA PALABRA

LA PALABRA

 

Desde hace un tiempo cuando analizo la realidad política y social que nos rodea, muchos de los problemas, los rasgos de peligrosidad que intuyo me llevan a replantarme qué es la palabra, qué sentido tiene hoy en día. La palabra es aquella que materializa la realidad, la que define sus aristas y bucea por lo hondo de su contenido. Llena de un montón de matices que como poso del tiempo se van depositando sobre ella, en una herencia volátil que tiene y que la hace ser multicolor y llena de interés. Nombrar algo, es el proceso por el cual le damos vida.

¿Qué ocurre entonces cuando no dejamos a las palabras su verdadero lugar, cuando exponemos de ellas sólo la parte que nos interesa para nuestro razonamiento? Siento que lo que conseguimos se llama demagogia. Sobre todo porque esa utilización de una parte del significado como totalizadora, hace que se construya la casa sobre cimientos de falta de verdad. Así palabras importantes para la sociedad como patria, libertad, solidaridad, vida o pueblo van edificándose en terreno pantanoso.

Decía la gran poeta portuguesa Sophia de Mello Breyner  Andresen que “la verdad a medias es como habitar medio cuarto, ganar medio salario, como tener sólo derecho a la mirad de la vida.  El demagogo dice de la verdad la mitad y el resto lo juega con habilidad, porque piensa que el pueblo solo piensa a medias, …

Debemos buscar el verdadero sentido de las palabras, porque con ellas vamos viviendo, y nos acercan o alejan de su significado. Y en esta búsqueda la educación es la herramienta que nos permite aliarnos con la verdad y la libertad que a su vez nos hará libres.

Cuando no tenemos ese interés por las palabras, caemos en un uso estereotipado de las mismas, expresando ideas ya muy lavadas, desprovistas de verdad. Hoy en día todo esto va en aumento, al menos en mi percepción, porque se van sustituyendo las lecturas reposadas de libros por las descargas de las redes sociales que tienen ese deseo de que todos pensemos igual y que usemos las palabras y sus conceptos de la misma manera. Un rodillo de homogeneización que lleva a la violencia en el momento que alguien use las palabras de manera diferente, aunque sea por dotarlas de su verdadero y total sentido.

La palabra es el origen de la vida, como así nos cuenta el comienzo del Evangelio, y es en ella en la que podemos aprender desde la fe muchas cosas que se nos van revelando.

Tener palabra, es algo que siempre ha constituido la base de las relaciones humanas. Con sólo decir algo, esa palabra dicha unía, desunía, afectaba a las personas de manera automática, de forma que durante mucho tiempo lo dicho era ley, porque se basaba en la honradez de los que la habían recibido, en su honorabilidad. Hoy en día siento que esto está en desuso, hay que leer siempre la letra pequeña de un contrato porque puede ser que allí te estén engañando, o contando lo que estás a punto de suscribir de manera contraria a lo hablado.

Son los poetas los que desde antiguo han estado siempre a la búsqueda de la palabra. Decía Federico García Lorca que “la poesía era como una cacería nocturna”. Acercándonos a la poesía vamos a encontrarnos con la palabra y todo su reino, indagando en lo que nos dicen los poetas, nos encontramos también con lo que nosotros mismos nos planteamos. Poesía y reflexión, análisis de las palabras y respeto a su verdadero y amplio reino de significado.

Igual que creo que la actualidad no es sólo lo que sale en las noticias de cada día, que el color del cielo, la sequedad de un campo erosionado y el paso tranquilo de un madre con sus hijos, es lo que define el momento, creo que la poesía nos ayuda a pensar, meditando sobre el significado de las palabras entramos en un lugar libre y verdadero. Parece mentira que ya Teresa de Jesús hablara hace tanto tiempo de la necesidad de “andar en verdad”, en la verdad de nosotros mismos que definimos con palabras.  Decía Sophia “ Iba y venía/  y a  cada cosa preguntaba/ qué nombre tenía”

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Como quien va mondando una fruta

MUJERES OLVIDADAS DE LA HISTORIA

 

Coinciden en estos días mis lecturas, música, poemas, reflexiones y exposiciones de pintura con la obra de grandes mujeres de la historia, muy poco conocidas algunas, otras ocultas en los pliegues del tiempo y la sociedad. Su obra y pensamiento vienen no sólo a mostrar el trabajo de la parte mas oculta de la historia, la de las mujeres, sino nos aportan una nueva manera de contar, de expresar, de vivir y de ser de la humanidad dentro del interior femenino.

Estoy leyendo a la monja carmelita descalza Cecilia del Nacimiento(1570-1646) cuya poesía es tan bella y lirica como la de su padre Juan de la Cruz con el que debió coincidir en su convento de Valladolid, lugar donde algunas monjas hicieron de copistas de las obras del santo, como el Cántico. La poesía tan brillante de la hermana se ha leído durante siglos como la obra del santo o como la de una monja que escribía al estilo o copiando al poeta. Releyéndola en un estudio critico de su poesía, encontramos no a una mera copista, sino a una de las poetas más brillantes de la poesía en español. El próximo martes 26 de noviembre vamos a conocerla y a leer sus poemas en La Casa de la Poesía Juan de la Cruz de la Universidad de la Mística.

La familia de Cecilia era un foco doméstico de humanismo, música especialmente el clavicordio, pintura, caligrafía ya que los Sobrino fueros secretarios de la corte, y grandes lectores entre otros de Luis Vives. Su madre Cecilia Moriles ha sido considerada como una de las mujeres más instruidas de su momento, en lenguas sabias y vivas, en ciencias naturales, filosofía, teología y cosmognía manteniendo conversaciones con Andrés García de Céspedes el matemático- cosmógrafo más brillante del momento.

Este mismo ambiente familiar ilustrado, ha sido el suelo en el que han surgido las dos mujeres pintoras que en esto días muestran su obra en el Museo del Prado, Sofonisba Anguisola( 1535-16259) y Lavinia Fontana(1552-1614). Sus cuadros han sido reconocidos desde el momento de su creación como obras de arte singulares pero su autoría, la mano femenina que los realizó, se fue perdiendo, y al igual que le pasó a Cecilia, se atribuyeron sus obras a varones, reconocidos pintores como Alfonso Sanchez Coello en relación a los cuadros de Sofonisba.

Sofonisba estuvo pintando en la corte española durante 14 años, con retratos admirables del propio rey Felipe II y de sus esposas Isabel de Valois y Ana de Austria. La familia de Sofonisba educaba a sus hijos en igualdad, y sus hijas fueron grandes pintoras de reconocimiento social dedicándose a este trabajo y organizando un taller que se constituyó como en el caso de Lavinia, en el sustento familiar, dando clases a sus pupilos y desarrollando un amplio abanico de temáticas.

Me sorprende con dolor que haya sido muy recientemente a través de investigadoras  del arte  como María Kusche, cuando se haya visto todo esto y haya vuelto la autoría de estas obras de arte a sus auténticas autoras que todavía no figuran en los manuales de texto.

Más allá del tiempo, volando al s. XI me llevan las partituras para citara salterio de otra mujer impresionante, la abadesa alemana, santa y doctora de la iglesia Hildegarda de Bingen(1098,1179) con una obra extraordinaria que abarca pintura, escritos de botánica y medicina natural, astronomía, mística, pensamiento, teología, música. Una mujer adelantada a su tiempo que puso el camino para avanzar a muchas otras, y cuya existencia y obra se está rescatando de la niebla por su absoluta actualidad.

He titulado este articulo con una imagen de otra gran mujer de la historia, Christine Pizan  (1364-1430), veneciana criada en París, amiga de Juana de Arco que al enviudar desarrollo una obra de literatura para poder subsistir, con libros que hoy leemos con admiración por la defensa de la mujer y su lugar en la sociedad. Creadora de la organización Querella de las Mujerespara defender los derechos y que estuvo en marcha hasta el s. XVIII. En su obraCiudad de las Mujeres(1405) hablaba de este nuevo descubrimiento de la sociedad, el papel de las mujeres, en un proceso de sacar lo oculto, y dejar que se pueda saborear todo lo que nos muestran y dan el verdadero gusto de la humanidad en su totalidad, “como quien va mondado una fruta”.