A veces las palabras parece que ordenan cosas de mi vida y siento que debo dejarlas todo su poder. Esto está ocurriendo con las que componen el poema «El dolmen» basadas en mi experiencia y emoción en el descubrimiento y excavación del dolmen del Prado de las Cruces de Bernuy Salinero, en Ávila. Y es que cuando terminé de escribir el poema y lo leí todo de un tirón me di cuenta de que tenía que decirse todo así, que era como un Cantar de Gesta de época prehistórica, y me imaginaba a un grupo de personas conmigo sentadas oyendo cómo las palabras, adjetivos, imágenes del poema iba haciéndose vida.

Gracias al Excelentísimo Ayuntamiento de Ávila, y a mi amiga Rosa Ruiz la arqueóloga municipal de Ávila, este sueño se va a convertir en realidad el próximo sábado 20 de junio, a las 20,30h. Podré recitar todo el poema acompañada por la percusión del gran percusionista Paco Tejero de Ambú.

Así podré volver a su verdadero lugar a las palabras poéticas que siento que andan volando ante mi. Para vivir una nueva experiencia de arqueología, poesía, naturaleza  y vida. Viendo cómo se junta todo, y cómo lo percibimos cada uno en nuestro interior.

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A veces siento que la vida te sorprende y que en medio del trabajo cotidiano, lo solitario de la creación poética y artística llegan momentos llenos de emoción.  La concesión del Premio de la Critica de Castilla y León a mi poemario «El dolmen» entra dentro de este paisaje de sorpresa y de alegría que me impulsa a vivir cada día.

La misma emoción que siento al saber que hay lectores al otro lado de mis libros, que van a recorrer los caminos interiores que voy mostrando y se van a ir encontrando consigo mismos. Y cuando pienso en cómo ha volado mi libro  tan lejos, cómo ha sido digno de mención por parte de este jurado de críticos, profesores y expertos en literatura, veo que las palabras, las que están dentro de mis versos, son las que han tomado esta decisión de salir de mi entorno y llegar mas lejos, a otros lectores, a otros lugares mas lejanos.

Son las palabras algo muy poderoso, y tienen desde luego vida propia. Las palabras de la emoción que aún siento al rememorar el descubrimiento y la excavación del dolmen de Bernuy Salinero sintiendo lo mágico del lugar, el paso de aves, ese sitio donde el aire se llena miles de aromas ancestrales y agrios. Y cuando el pasado día 6 de junio recibí este Premio, volví allí a esos momentos, me encontré con mis antepasados de hace milenios, con las creencias que salvan mi existencia de caer en el abismo de la muerte y la desesperanza. Viendo allí a mi familia  y mis amigas del alma en esa preciosa sala del Circulo de Recreo de Valladolid dentro de la Feria del Libro de Valladolid... qué momento viví, mil gracias.

Ahora lo poético de mi vida me empuja a seguir por este sendero de silencio, a seguir indagando en lo mas sutil y delicado de todo lo que vivo, a ir siempre por la vida, en cada paseo y meditación con mi cuaderno rojo, el bolígrafo, la caja de acuarelas, los pinceles y el papel, para no dejar nada por ahí flotando en solitario.  Para que todo sea, como realmente es, parte de mis poemas, para que se basen siempre en la verdad, en ese compromiso ético que me empuja a escribir, a pintar, en definitiva, a vivir.

Quiero dar las gracias de corazón al Instituto  Castellano Leonés de la lengua por este galardón y por apostar por la lengua en este mundo tan complicado en el que vivimos como vehículo de entendimiento, concordia y verdad, al valorar la belleza de esta lengua que nos permite expresarnos con tantos matices en todas sus palabras llenas de una historia que es la nuestra. Y a la Viceconsejera de Cultura de la Junta de Castilla y León Mar Sancho por sus preciosas y atinadas palabras sobre mi poema, donde siento que ha entrado hasta el fondo de todo lo que la cata arqueológica nos regala en la emoción y la vida, creencias y amor.  A Andrés Abajo, director de esta Institución por su trato afable y sincero, y la organización de este Premio tan especial. El regalo de mi  retrato por  gran pintor Angel Luis Iglesias siempre me va a recordar este día y este Premio tan especial. Mil gracias de corazón.

Ha sido un placer compartir el premio ex-aequo con el novelista Benjamin G. Rosado, también abulense y con el que comparto muchas cosas relacionadas con la musica clásica, la literatura y la tierra en la que ambos hemos crecido.

 

 

 

El Instituto Castellano Leonés de la Lengua me convocó el pasado lunes 4 de mayo para grabar un Podcast en el Palacio de la Isla en Burgos, con el otro co-ganador del premio Benjamín S. Rosado. Dentro del  proyecto cultural creado en el Instituto y dirigido  por Simoneta Música.

Es un placer hablar de literatura, de la pasión por escribir, de los procesos creativos, de las dificultades y logros a la hora de la creación, la edición y la venta de los libros. Poder compartir mis experiencias poéticas y vitales, todas las vicisitudes de este oficio poético con otro escritor cuyos puntos de vista y opiniones creaban junto a las mías, un mapa conceptual muy rico y diverso.

Un espacio llamado » ¿Seguimos o no?», que viene a reflejar la cantidad de pensamientos, situaciones, preocupaciones que tenemos los escritores dentro de nosotros cada día. Un titulo que nos impulsó a hablar y a disfrutar.

Hablamos de poesía y novela como dos formas de comunicar todo aquello que nos remueve por dentro y nos hace tomar un boli, un ordenador y comenzar a escribir, pensando siempre, al menos en mi caso, en los lectores que con un poemario mío en sus manos, van a entrar en unos pocos versos, en mi propio mundo interior, poético, vital y artístico.

Mas que para hablar de los libros ganadores del Premio, que creo sinceramente que es mejor dejarlos así intactos para la lectura, este Podcast que dirige Simoneta  Música va por otras vías, entrando en la verdad de la escritura, los bloqueos, las inseguridades, lo difícil y bello de sentarse a escribir. Y poder compartir con Benjamín, Diana Garcia Bartolomé y Alfonso Gutierrez  todo esto, ha sido un verdadero placer y una sorpresa, porque aunque tenemos géneros literarios muy distintos, al hablar la sintonía entre nosotros fue total. Nuestros dos trabajos se centran en todo aquello que va mas allá de la palabra, donde la música es el motor que va engendrando las palabras. Los dos somos grandes aficionados a la música clásica, a cantar en espacios únicos, a vivir en silencio creativo, a buscar la soledad como forma de vivir y crear. Nuestra tierra abulense parecía en todo momento, sin citarla, como el paisaje de lo que íbamos contando.

Como punto final, Diana recitando y Alfonso a la guitarra, nos ofrecieron un regalo precioso en forma de música y palabra, poniendo un fondo musical a nuestras obras. Al oír el comienzo de mi poemario «El dolmen» recitado sobre la melodía de la guitarra sentí una emoción muy grande, tan enorme como mi agradecimiento a todos los que hicisteis posible este encuentro.

Doy las gracias de corazón al Instituto de la Lengua Castellano Leonesa, a su director Andrés Abajo González por esta convocatoria y por la acogida tan amigable en una tarde burgalesa donde la lluvia caía como loca por todas partes, llenándonos de vida y energía. Hasta el arco iris se colgó por un momento de la ventana del precioso Palacio de la Isla.

 

Los libros, los poemarios tienen una peculiaridad muy sorprendente que hace que nos sobrecojan algunas de sus cosas. Es esa vida propia que manifiestan una vez que los editamos y comienzan a moverse por ahí.

Cuando escribí » El dolmen» sentí un motor imparable dentro de mí, una verdadera urgencia poética, sintiendo que todo aquello que  se estaba construyendo en mi interior a base de palabras, versos, ritmo, imágenes, siluetas, tenía que salir porque tenía que ser dicho.   Vivía y aún vivo en un nudo donde se junta mi trabajo como arqueologa en el descubrimiento y excavación de este dolmen abulense hace mas de treinta años, con la emoción que aún hoy en día siento por haber vivido en comunión profunda con aquellos pueblos que enterraban a sus seres queridos y cuyos restos yo tuve en mis manos. Y a través del análisis de lo aparecido en la excavación fui conociéndolos más y más hasta sentir algo que es increíble pero cierto, sentí cercanía.

Las palabras tienen la capacidad de abrir nuestro interior hacia lugares propios, nos hacen habitar en otros sitios, dar la mano a otras personas, emocionarnos con rituales que nos comunican dentro de esa montaña mágica que era el dolmen, con otro mundo. Crean ambiente, música, color y frío. Hacen madejas de comunicación entre nosotros que nos atrapan, la emoción, y que nos protegen del frío que muchas veces sentimos.

Mi trabajo como poeta es dejarlas libres para que hagan su propio mundo, desnudándolas de adjetivos que las amordazan, de todo aquello que envuelve la poesía llevándola al lado de lo ya dicho. Un trabajo en el que uno palabra y ritmo, en un largo poema que va reptando a medida que lo lees, como el camino de aquellos hombres al entrar por el corredor con las ofrendas y los difuntos calcinados. Entrando con las palabras en el corredor de la emoción, en un momento que parece que está fosilizado y vivo en cada uno de nosotros, el sufrimiento ante el tránsito de las personas queridas y la estadía a los pies de un abismo que no sabemos cómo se llama.

Hombres que vivieron en esta misma tierra, que se maravillaron ante la caída del sol entre las encinas, que lloraron y amaron, abrazándose a un dios cruel que los unía, construyendo grandes monumentos con piedras graníticas que se iban convirtiendo en guardianes de su vida en el mas allá que por momento sentían que se abría bajo sus pies.

Y como arqueóloga nunca pude contar estas cosas, los estudios siempre son científicos, y exentos de todo lo que tenga que ver con lo sentido, con la emoción de los que sacamos con nuestras manos restos de seres  de más de cuatro mil años. Pero la excavación tiene un elemento único que es el que  pone verdad a todo, el arqueólogo, su persona que va mas allá de lo mecánico de la extracción, siglado y documentado.  Y todo ese mundo verdadero pero en fuga es al que se dirige la poesía mostrando un todo mas orgánico y verdadero.

Recibir este  XXIII Premio de la Crítica de Castilla y León me emociona profundamente. Vuelvo en mi interior a ese momento de unión con esos hombres y de la mano parece que los llevo a este siglo XXI tan convulso donde  las lecciones que ellos nos aportan son importantes más que para vivir, para sobrevivir con dignidad, conociéndonos un poco más a nosotros mismos. A esos seres sencillo que realmente somos, que disfrutamos con el sol rayando el horizonte y el ruido del agua despeñándose entre las rocas. Hombres de esta tierra castellana que parece que se levantan en mis palabras a recibir este abrazo de los lectores que a ellos se dirigen en cada verso del libro.

Un poema que tiene un ritmo por dentro, que nos invita a viajar en un momento a otro lugar que aunque es prehistórico sentimos que ocurre ahora, así es verdadero  y real  para nosotros. Un poema para leerlo en un lugar abierto, en el campo donde las palabras se sientan bañadas por el aire, y la sombra del vuelo de los pájaros vaya anclando todo para nosotros, en la lectura.

Doy las gracias al Instituto de la Lengua Castellana por este Premio que me da nueva energía para seguir en la senda que la poesía me marca, y a todos los lectores que ya han entrado en este corredor angosto, que han vivido los ritos, el desgarro y el dolor en mis palabras y versos, para entre todos, aportar algo al hoy que parece tan atrapado en los barros, donde lo que fuimos aparece como motor de lo que somos y a donde vamos.

El Homenaje a fray Victorino Terradillos en Arenas de San Pedro.

 

La tarde del 17 de enero de 2025 estaba muy fría en Arenas. Cogimos el coche y cuando entrabamos por el túnel de vegetación que envuelve el Santuario de San Pedro de Alcántara sentí una cierta nostalgia, un sentimiento cálido y triste a la vez, recordando otros momentos en los que iba a este templo a estar un rato a solas con la naturaleza maravillosa que se nos regala, con el Santo Pedro de Alcántara que tan amigo fue de Santa Teresa y a encontrarme con un fraile muy cercano y cordial, el padre Victorino Terradillos.

La fraternidad del Monasterio y los amigos del fray Victorino habían preparado un encuentro muy especial, con la presentación de dos libros dedicados a él, con unas bellas interpretaciones de música que nos ofrecieron las hermanas alcantarinas y con la recitación de versos de Antonio Pascual Pareja.

A los lados del altar había dos grandes carteles presentando el acto y uno de ellos me impresionó mucho porque era una fotografía de Victorino de tamaño real, con ese semblante risueño y lleno de bondad con el que siempre me recibía en esta capilla tan bella.

Todos los que estábamos allí tuvimos cosas que decir de Fraidio, como a él le gustaba poner en sus escritos. Desde el alcalde de Arenas Carlos García que recordaba la simpatía y la dedicación a las artes de Victorino, hasta los dos autores de los libros que a él se dedican: María Victoria Triviño y el fraile Julio Herranz, Guardián del Monasterio. Dos libros interesantísimos porque recogen dos materias que para Victorino eran muy importantes, su trabajo como mistagogo, ayudando y acompañando a tantas personas en el camino de la vida. Y la otra se centra en la figura de San Pedro de Alcántara al que dedicó tantos años y estudios. Todas las investigaciones quedaron recogidas en las actas del Congreso que se celebró en el 2022 y al que nuestro amigo dedicó tanto trabajo y entusiasmo.

Decía la hermana clarisa María Victoria Triviño que había elegido la foto que ilustra el libro con un río de montaña para hablarnos de la figura de Victorino y de cómo sus escritos, que salieron directamente de lo más hondo de su espiritualidad y de su interior son pepitas de oro para todos los que buscamos un sentido a la vida. María Victoria que ya presentó otro libro con los escritos de Victorino justo hace un año: “Fraidio. Semblanzas y escritos”. Son pepitas que hay que buscar y buscar, en ese ejercicio diario que es la meditación y que nos va ayudando tanto en nuestro día a día. Dijo algo que yo siempre he sentido al pensar en Victorino, que es un místico de nuestro tiempo y que su legado está ahí para que podamos hacerlo nuestro al leer sus escritos que son parte de su vida.

El libro que presentó fray Julio Herraez: “La ermita de San Andrés atrio de la gloria”. Las actas del Congreso Nacional en el IV Centenario de su beatificación y patronazgo, es muy interesante y va a ocupar un lugar importante en mi biblioteca porque la figura de San Pedro de Alcántara me interesa muchísimo, su relación con la Santa, sus escritos, su vida y todo está recogido en estudios muy profundos que nos van revelando muchos aspectos de la vida y el pensamiento de este gran santo. Con un bello apéndice final que hizo Victorino recogiendo muchas poesías dedicadas a San Pedro.

¡Qué gusto sientes cuando se hace un homenaje a un amigo! Y qué agradecimiento tan hondo, queridos hermanos de ese Santuario, por este momento.

Ahora en Ávila, leyendo los dos libros estoy de nuevo en ese mágico lugar. Gracias de corazón.

 

Desde hace años cuando llega la primavera suelo cumplir un ritual poético y me siento en medio de una pradera florida a leer el Cántico Espiritual de San Juan. La belleza de lo contemplado tiene un eco en los versos con los que parecen encajar a la perfección los árboles que se cimbrean, las violetas, las hierbas frescas, la luz que se columpia entre todo.

Mi Amado las montañas,

los valles solitarios nemorosos,

las ínsulas extrañas,

los ríos sonorosos,

el silbo de los aires amorosos

Este año mi lectura primaveral se ha visto envuelta en un manto de tierra. Me siento como un topo revolviéndose en sus corredores atrapada por una migraña cronificada que me deja fuera de la vida muchos días. Al dolor físico se une una pena profunda por vivir sólo a sorbos, mientras me siento atrapada en un escenario de oscuridad.

Cuando San Juan creó el poema más bello de la literatura en lengua castellana, se hallaba en una prisión toledana. Estaba como sepultado, en aquel pequeño cubículo, denominado por algunos estudiosos de su vida como sepultura, en una cárcel toledana dentro del Convento de los Carmelitas de Toledo. Le habían detenido en Ávila, en el Monasterio de la Encarnación la noche del 2 al 3 de diciembre de 1577, como si fuera un convicto.  Le montaron en un pollino con los ojos vendados y así llegó a Toledo para comenzar este cautiverio, en absoluta soledad y donde le imponían muchas “disciplinas” que hoy en día nos parecen inhumanas, como echarle la comida en el suelo del refectorio para que comiera como un animal, o no dejarle que se cambiase de habito y ropa, siendo atacado por un ejército de piojos.

Los cargos que se le imputaban tenían que ver con su fidelidad a Teresa de Jesús y a la reforma que había emprendido, y ambos eran definidos en Roma como descalzos desobedientes, rebeldes y contumaces.

Para poder escribir el poema, nuestro Santo no tenía nada. Su mini celda era el retrete del convento, no tenía luz, sólo una pequeña ventana dejaba entrar algún rayo de sol en algún momento del día, y no tenía papel ni pluma. Toda esa belleza donde él buscaba a su Amado estaba sólo en su cabeza, en su interior.

Me imagino las horas recitando por dentro todo, y viviendo, emocionándose con el amor que sentía en medio de la oscuridad más absoluta y del dolor físico y emocional.

Buscando mis amores,

iré por esos montes y riberas;

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras

y pasaré los fuertes y fronteras

 

Ahora que yo también recuerdo los versos en el eco que han dejado en mí tantas lecturas, en la oscuridad y la pena que el dolor me deja, entiendo todo y veo la vida de una manera más sensible y verdadera, con sus claroscuros. No hay en estos momentos difíciles que todos vivimos una oscuridad absoluta que nos deja fuera de la vida, aunque por momentos sentimos que es así y nos desesperamos. Nos dice el Santo que hay una especie de penumbra iluminada por lo vivido, por el amor recibido, por tanta belleza que se nos ha dado lo largo de nuestra vida, esas tardes y mañanas en la pradera llena de violetas con mis hijos alrededor. Nuestro lecho florido, de cuevas de leones enlazado, en purpura tendido, de paz edificado…

A Juan para insultarle le llamaban en el convento Lima sorda, porque no eran capaces de sacarle ninguna critica a Teresa renegando de su reforma. El síndrome de Estocolmo no le afectó en absoluto, todo el mecanismo de hablar sobre él como renegado de la causa, de su soledad siguiendo una cimera que ni Teresa ya seguía, no hicieron mella en su espíritu.  Estaba lleno de luz y amor, y esto bastaba para iluminar todo y llenar su existencia de belleza, consuelo y paz.

La lección que nos regala Juan dirigiendo su vida llena de dolor, oscuridad, incomprensión y sufrimiento es enorme. Esa noche que nos aplasta muchas veces no es tan radicalmente oscura, podemos volver a tantos momentos llenos de amor y belleza y reviviendo en ellos al modo de las moradas de Teresa, abrimos puertas y pequeñas ventanas en medio del sufrimiento.

He aprendido de Juan que cuando una migraña me azote, en esa mazmorra de mi cama, puedo volver a recitar como rumiando lentamente estas palabras tan bellas y llenas de verdad:

Más ¿cómo perseveras,

¡oh vida ¡, no viviendo donde vives,

y haciendo porque mueras,

las flechas que recibes

de lo que del Amado en ti concibes,?

Entonces toda esta lección de vida siento que me levanta el ánimo y me consuela, llenando de belleza tanto malestar.

Y el cerco sosegaba,

y la caballería

a vistas de las aguas descendía.

Un jardín

 

El próximo viernes 1 de diciembre presento en Ávila mi último poemario Un jardín amado donde descansar y ahora que tengo ya los ejemplares en mis manos vuelvo al momento de la escritura bajo los prunos de la entrada de casa. Eran esos días en que estábamos aún con la resaca del Covid teniendo miedo de nuestra propia sombra si se acercaba un poco más de la cuenta. El verano estaba siendo cruel, con temperaturas tan elevadas que muchos árboles centenarios se murieron, recuerdo unas nogalas majestuosas y cómo se iban secando desde dentro.

Durante los días del confinamiento mis plantas llenaron esas horas lentas llenas de presión y angustia, de buenas vibraciones y de paz. Mi relación con ellas cambió de manera sustancial, pasaron de ser seres bellos que dormitan en las terrazas, el invernadero y el jardín, a ser verdaderas doctoras de mi alma que en estos días estaba mustia y llena de tristeza. Comencé a relacionarme con ellas de manera más cercana, sintiendo por primera vez que también respiran, me acompañan y me ayudan en muchas cosas del día a día.

Abrirnos a lo natural de manera cercana, sintiéndonos un pequeño ser más de los que pueblan un jardín, es una experiencia llena de emoción que recomiendo a todos, y sobre todo cuando pasamos por malos momentos de tristeza por la pérdida de un ser querido, por tener una migraña pertinaz y dura o un estado anímico lleno de nubarrones.

El ser florista y empresaria en el sector de la jardinería me pone en contacto directo con mis clientes y su relación con las plantas, árboles, semillas y bulbos que adquieren. Muchas veces cuando lo único que mueve a la compra es un deseo de decoración de un determinado lugar de sus casas, me entristece un poco ver la cara de la plantita elegida para esa única función, que se llenará de polvo sobre una repisa encima de un radiador. Considerándolas sólo como elementos decorativos y bellos, que desde luego lo son de verdad, nos estamos perdiendo su verdadero valor en nuestras vidas como aliadas y amigas en nuestra casa.

Siento mucha ternura y una verdadera manta de compasión sobre mi cabeza cuando me pongo a cuidarlas, a cortar sus hojitas, a abonarlas y regarlas. Entro en un estadio de relación que me dice seriamente que estas plantas son seres vivos como yo, que son mis mascotas verdes, floridas y bellas. Me siento amada y comprendida, más allá de la contemplación avanzo por lugares mucho más etéreos, me permiten volar sobre los problemas y los dolores, dejando atrás la sombra de tanta ansiedad.

Abrí mi cuaderno rojo, y toda esa sensación de sentirme cobijada comenzó a reflejarse en los versos que iban saliendo lentamente, mientras las sombras de los árboles se iban moviendo como en un baile lento, con el cielo azul como escenario. Unos versos que quieren agradecer a todas mis plantitas la curación de tanto malestar, migrañas y angustias. A unos amigas llenas de hojas que son mis maestras de vida en muchas cosas, aportando sosiego, ternura y bienestar sólo a cambio de unos pocos cuidados, del riego, y del amor.

Descubrí, y ahora quiero compartirlo con todos vosotros mis lectores, que era la poesía la forma de expresar todo este mundo verde que me salva, porque es la expresión de estas plantas, de este jardín que tanto me aporta y donde puedo descansar sintiéndome amada, consolada y en paz. Es la palabra poética la que puede abrir espacios interiores donde encontrarnos con todo este mundo verde y florido, haciéndonos vivir por momentos en el jardín aún en los meses y días más fríos, tristes y duros. Un nuevo poemario que se llena también de mis acuarelas como expresión de los versos, ampliando  junto a ellos la estadía verde y tierna en un jardín amado donde verdaderamente siento que puedo descansar.

 

Mensajes sanadores desde la nebulosa del tiem

 

Así comienza un poema escrito en el s.XIII por una mujer, beguina, llamada Hadewich de Amberes. Su nombre aparece en medio de una nebulosa que nos lleva a una época muy antigua pero fascinante. La lengua que utiliza para escribir sus textos es la propia del Ducado de Brabante, sus Cartas y Canciones nos muestran su elevada educación y el gran dominio de la lengua en un momento en el que estamos en los inicios de la literatura en los Países Bajos, expresando en ellos su vida interior, yendo por tanto un paso mas allá en la expresión que en el momento se centraba sobre todo en los textos sobre la vida cotidiana y caballeresca.

Lo que me hace leer una y muchas veces sus textos es la viveza de lo contado que al referirse a lo que nos acontece por dentro encuentra un puente perfecto con mi interior. Así nos entendemos profundamente, y llego a aprender muchas cosas de Hadewich, que se comporta conmigo como una mistagoga o maestra de vida espiritual al estilo de Teresa de Jesús.

Hacia finales del s. XII hubo un grupo de mujeres en distintos sitios de Europa que abandonaron sus vidas como señoras, viudas o solteras para ir a mendigar por las aldeas siguiendo el ideal radical y auténtico del Evangelio. Buscaron otra vía alternativa al matrimonio o la vida consagrada dentro de un convento. Algunas vivían errantes y otras se asentaron en casas individuales o en pequeñas comunidades de compañeras. Al principio este nombre, beguinas, tenía connotaciones heréticas como beatas dispersas pero luego poco a poco al ir conociéndolas esta apreciación cambió totalmente. Se dedicaban a enseñar, a curar enfermos, y a ayudar a todo el que estuviera a su alrededor también en el ámbito de la espiritualidad. Llevaban una vida de oración continua y debido a lo esmerado de su educación también interpretaban las Sagradas Escrituras lo que comenzó a levantar muchas sospechas sobre ellas, llevando a un gran número de estas mujeres a la hoguera.

Hadewich tiene un lugar de renombre entre las beguinas, por su propia vida y expresión de lo vivido en el alma, lo que llega acarrearle muchas incomprensiones incluso entre estas mujeres. Sus Cartas son documentos muy valiosos no sólo para sus discípulas de ese momento sino para todos y así a sido a lo largo de la historia. Su camino místico empujó a esta beguina a hablar sobre sus experiencias y a compartir todo esto con sus amigas para ayudarlas también a ellas en el camino de la vida.

En un tono apasionado nos habla del amor y de cómo cambia nuestra vida cuando nos hacemos súbditos de él. Pero lo que me engancha a su lectura son todas las apreciaciones sobre las adversidades, problemas, enfermedades que sufrimos. Sobre la falta de lealtad de los amigos, la inestabilidad interior y la búsqueda de Dios en el ritualismo que nos ata dolorosamente el espíritu cuando no va lleno de la verdad y el amor que nos habita. Sobre el abandono que sentimos, ese sentimiento de orfandad vital que nos empuja muchas veces a la tristeza y la depresión.

La literatura epistolar en la Edad Media tenía unos matices diferentes a los de hoy en día. Se escribía para ser leído en voz alta, ya que la escritura estaba sólo restringida a un grupo de privilegiados. Siempre utiliza la expresión “querida niña”, no porque sus destinatarias fueran jóvenes sino para introducir en sus palabras un gesto de cariño y cercanía que hoy llamamos empatía. Con sus consejos hallaban consuelo en la adversidad de una vida llena de riesgos y de dificultades.

Sus Canciones, a las que pertenece este verso que he utilizado para el título, expresan de manera poética la raíz experiencial de su vida. Nuevamente éste es el medio que utilizan los místicos para comunicarnos su vida interior. Para contarnos que aunque languidecen la estación y las aves, aunque la vida a veces se ponga difícil, es el amor lo que nos salva, rescatándonos como a estas mujeres del peligro, la incomprensión y la tristeza. Mujeres que desde la nebulosa del tiempo nos lanzan mensajes sanadores para seguir caminando.

Durante el s.XIX en Inglaterra se desarrolló una verdadera pasión por los helechos. Una verdadera Pteridomanía.
Eran las plantas mas deseadas por los jardineros, sustituyendo flores y macizos y también eran la inspiración para muchos trabajos manuales decorativos.
Se enviaban hojas de helechos pegados para felicitar el día de san Valentín, para invitaciones de bodas, bautizos. Aparecieron decoradas las vajillas, cortinas, papeles pintados con hojas de helechos
La locura por los helechos llegó a tal punto que se llegaron a esquilmar algunas variedades. !Se llegó a hablar de la necesidad de legislar para protegerlos!.

En la segunda mitad del s. XIX,….! los padres elegían el nombre de Fer, helecho para sus hijas e hijos!, y también en  el nombre de sus casas: Fern House, Fern Lodge, Fern Ville.
Las hermanas Bronte, las reconocidas escritoras de novelas tan famosas como «Cumbres borrascosas» adoraban los helechos. Salian diariamente a dar largas caminatas, para admirarlos, y recolectar sus hojas. Les recordaban los poemas de poetas románticos como  Dorothy y William Wordsworth.

Dorothy , la hermana de Wordsworth recogía los helechos en los alrededores de su casa en Dove, los transplantaba en su jardín para que su hermano se inspirara y pudiera escribir sus poemas. Charlotte  Bronte se fue de luna de miel a ver helechos,…

 


Como los helechos nacían en lugares oscuros y en medio de bosques, en ruinas, tapias, árboles huecos, cercas, sirvieron como imagen de las ambientaciones de los poemas góticos, dentro de un Revival del estilo, en el arte, arquitectura y diseño. Hadas, duendes se reunían en los claros de los bosques llenos de helechos al caer la noche,…

El helecho se contemplaba como una emanación del alma de las personas, espíritu de artista, con una creatividad orgánica total. Ruskin creía que la mano de Dios podía hallarse en los espirales de los helechos florecidos.

En el lenguaje de las flores, una tarjeta con un helecho significaba fascinación

Esta ramita de helecho
te dirá, sin necesidad de palabras
que, gracias a los encantos de tu arte,
tu  semblante modesto,
tu corazón amante,
me tienes felizmente fascinado

 

¡Ten compasión, piedad, amor!… de John Keats

¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad!

Piadoso amor que no nos hace sufrir sin fin,

amor de un sólo pensamiento, que no divagas,

que eres puro, sin máscaras, sin una mancha.

Permíteme tenerte entero… ¡Sé todo, todo mío!

Esa forma, esa gracia, ese pequeño placer

del amor que es tu beso… esas manos, esos ojos divinos

ese tibio pecho, blanco, luciente, placentero,

incluso tú misma, tu alma, por piedad, dámelo todo,

no retengas un átomo de un átomo o me muero,

o si sigo viviendo, sólo tu esclavo despreciable,

¡olvida, en la niebla de la aflicción inútil,

los propósitos de la vida, el gusto de mi mente

perdiéndose en la insensibilidad, y mi ambición ciega!

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En medio del camino de la vida errante me encontré por selva oscura

Comienzo este articulo con el inicio de libro mas hermoso de la literatura universal de la mano de Dante Alighieri. Cuando lees estas palabras te sientes ya, en solo una frase en medio de esa oscuridad que todos vivimos y sobre la que reflexionamos al sentirnos en la plenitud de nuestra existencia.

La Divina Comedia es una obra que sigue fascinando a los lectores de todo el mundo, su atractivo es tan grande que parece escrita para ti y olvidas momentáneamente que la escribió un señor florentino nada mas y nada menos que en el s. XIV. Nuevamente la época medieval sale del cajón del oscurantismo en el que la hemos encorsetado en nuestros estudios y aparece llena de belleza, magnetismo y verdad interior.

Quizá una de las características que mas me enganchan a esa obra es este carácter de peregrino en busca de si mismo, esa vida errante llena de lirismo, aventuras y poesía.

El prestigioso medievalista italiano Alessandro Barbero, en un libro de la editorial Acantilado, afronta de manera rigurosa la figura de Dante y nos introduce en la sociedad de la época mediante una documentación exhaustiva, que nos abre de manera inmediata la puerta a la Florencia del medievo. Vemos la composición social y el papel de las familias, la suya dentro del partido güelfo.

Aparece así Dante, cuyo verdadero nombre debió ser Durante, como poeta y escritor que mas que estar recluido en su estudio, se movía en las aguas de la política, en un momento de crecimiento y desarrollo de la ciudad. Un político en activo con un alma de poeta, en busca de un sentido a la existencia.

También en estos días estoy leyendo un precioso poemario de una mujer del s. XIX, Elisabeth Siddal, que también se sintió en la orbita de admiración a Dante dentro del grupo de artistas británicos en la Hermandad Prerrafaelita. La historia de esta bellísima mujer de cabellera rojiza, musa y modelo de los pintores es increible. La poeta y traductora Eva Gallud a abordado su vida y personalidad para traducir su obra poética y nos muestra aspectos increíbles de su trayectoria.  Nació en una familia de ascendencia inglesa y galesa y su padre era comerciante de cuchillos. Se trasladaron a ese Londres que tan bien nos pinta Dickens, donde la miseria vivía por las calles y los niños vagaban por ahí. Debió de aprender a leer y escribir sin mas estudios, aunque desde joven sabemos que leía la poesía de Alfred Tennyson. Cuando con veinte años comenzó a trabajar en una sombrerería, fue descubierta como modelo por Walter Deverell.

Comenzó a posar como musa de una generación de pintores, en una época en la que esto era real, pasando horas en los estudios. Fue la modelo del famosísimo cuadro de Ofelia de John Everett Millais, y estuvo dentro de una bañera llena de agua con velas colocadas debajo para calentar el agua, en pleno invierno, y cuando se apagaron posó durante hora en un agua helada y terminó con una neumonía que será el desencadenante de su muerte.

Al leer su poesía nos encontramos con una mujer delicada, exquisita con un alma muy espiritual y bello, en la búsqueda, como su adorado Dante, del sentido último de la vida, lleno de la melancolía tan en boga en esos momentos. En vida errante, en medio de una selva oscura. Poeta y también pintora que fue algo mas que una celebridad de la época, y se codeaba con los artistas para los que posaba.

Su marido fue el gran pintor Dante Gabriel Rossetti, por cuyo nombre podemos intuir la devoción que su familia tenía por el autor florentino del medievo. Un artista tan brillante como disperso vitalmente.

La Divina Comedia no es sólo una obra clásica, es un texto de culto para muchos lectores porque habla de cosas, reflexiones, que compartimos. El amor a su amada Beatriz es tan mítico como bello, atravesando la realidad y tocando lo sublime a base de versos y palabras.

Buceando entre sus líneas disfrutamos, nos reencontramos y vivimos en espacios llenos de humanidad y belleza. Una lectura fantástica para comenzar este año nuevo que estamos estrenado.