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Solsticio de invierno en el dolmen de Bernuy Salinero. Ávila

Ayer estuvimos en el dolmen de Bernuy Salinero para ver la puesta del sol y el firmamento en el solsticio de invierno. Aunque la tarde y la noche estuvieron nubosas y el cielo no permitía ver los astros , planetas y estrellas, el momento fue impresionante.

Las puestas del sol en Bernuy en estos días de otoño- invierno son bellísimas, con sus colores tan marcados sobre las montañas. Disfruté mucho en un viaje que como un regalo me volvía a situar en el momento del descubrimiento y en los días de la excavación. La emoción por ir redescubriéndose una parte de la prehistoria de Ávila, siguiendo la huella a nuestros antepasados de hace milenios. En unos momentos que interrogan al hombre de todos los tiempos, en la muerte y su conexión con la vida, en un circulo continuo en medio de la naturaleza, fuego, piedra, agua y firmamento.

Recordar el descubrimiento hace mas de 30 años, y hacerlo con tanta gente que se acercó al dolmen, mis hijas, mi querida amiga y arqueóloga Rosa Ruiz. Momentos por los que doy mil gracias a Dios.

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NAVIDAD EN ÁVILA

 

Este año nos está poniendo a prueba. Todas las restricciones que impone la pandemia así como el temor al contagio y el dolor por la perdida de seres queridos parece que son un poso amargo que va cayendo dentro de cada uno.

Las reuniones familiares se quedan muy reducidas, las fiestas sociales desaparecen, las calles parecen mucho mas tristes este año con cientos de negocios cerrados. En palabras de nuestro santo Juan de la Cruz sentimos que atravesamos una noche oscura llena de pesar y ansiedad. Pero si nos acercamos al santo de manera un poco mas cercana, leyendo sus obras y meditando lo que nos dice, la noche no es sinónimo de oscuridad y tristeza absoluta sino es un espacio donde vislumbramos la luz, transformando nuestro corazón. Un periodo de prueba que nos puede transformar si queremos vivir de manera mas sincera con nosotros mismos. Un momento de reflexión en la penumbra que nos reconstruye por dentro.

En Ávila estas navidades están llenas de esos pequeños rastros de la luz que nos pueden ayudar. Y tenemos que hacer una lectura desde la penumbra de estos días, viendo qué somos y cómo nos transformamos para ese renacimiento que supone la navidad.

Estamos en la ciudad mejor para vivir algunas experiencias navideñas únicas, las de la verdadera navidad alejadas de todo el ruido y el consumismo que rodea estas fiestas. La primera y mas sobresaliente es sin duda la propia ciudad amurallada, la decoración navideña mas bella que se pueda imaginar. La vista de una ciudad que en la noche parece elevarse en medio de un cielo azul, tan bella y sorprendente, aunque lleves toda tu vida viviendo entre estas almenas. Nos empeñamos en poner luces en las calles al modo de otras ciudades y tenemos en luz lo que nadie puede tener, una muralla bellísima iluminada.

Tenemos en segundo lugar una historia profunda y riquísima que aparece también en estos días como luces en medio de la oscuridad. Muchos pueblos desde la prehistoria han vivido en este mismo lugar donde ahora estamos tan tristes y desconcertados. Debajo de nuestros pies los yacimientos arqueológicos nos van mostrando sus costumbres y modo de vida, como vivían estos días de navidad que coinciden con el cambio de estaciones en el solsicio de invierno. Tenemos un yacimiento extraordinario en el dolmen de Bernuy Salinero, que nos habla de las gentes que vivieron en esta tierra hace miles de años y que también se conmovían con la oscuridad de estos días y buscaban como hacer para que la luz de la primavera comenzara a iluminar sus vidas. La posibilidad de ver el cielo y estar al atardecer del día 21 de diciembre en el dolmen es un regalo navideño para todos, porque nos habla de esta conexión con nuestras raíces mas remotas, uniéndonos entre nosotros.

La navidad es para todos un momento de renacimiento, un año nuevo siempre aparece como el mejor regalo de estos días. Decoramos nuestras casas y nuestros místicos Juan y Teresa nos hablan de lo que puede pasar en nuestro interior, en nuestro castillo si nos abrimos al misterio que nos envuelve en estos días. Lo exterior desaparece tras la recogida de los adornos y la limpieza de la casa, mientras lo que renace por dentro nos lleva adelante sacándonos del miedo, la ansiedad y la tristeza.

Tenemos por tanto una tercera experiencia navideña única en Ávila, poder leer lentamente a nuestros místicos en el lugar donde ellos vivieron y sintieron tantas cosas que nos explican, en una ciudad que estaba en su retina y en su corazón como en nosotros. Nadie tiene esto, a Teresa y a Juan a su lado en casa esta navidad.

Frente a la pesadumbre que oigo entre mis amigos sobre la situación y la ciudad en estos días, me atrevo a gritar que esto no es así. Hay aquí mas luces navideñas que en ningún otro lugar del mundo, y además son luces que nos hacen revivir anclándonos a nuestro pasado, dentro de una ciudad abrazada por una muralla que, en luces, se eleva. Feliz Navidad.

 

 

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Solsticio de invierno en el dolmen de Bernuy Salinero ( Ávila)

Cada vez me doy mas cuenta de la relación tan profunda que tenemos los hombres con el medio donde nacemos y vivimos, con la naturaleza donde existimos. El suelo con su variedad de colores, minerales, las piedras, los árboles y arbustos que crecen alrededor. Los pequeños roedores, las águilas que surcan el cielo. Los ríos, arroyos, las tranquilas charcas donde se refleja el sol. El firmamento que se enciende al declinar cada día marcando rutas misteriosas encima de nosotros.

Nuestros antepasados mas remotos, los que vivieron en esta misma tierra hace mas de 5000 años tenían todavía una relación mas íntima con lo natural.  De su fusión con la naturaleza surgieron sus creencias, sus divinidades, ritos de distinto tipo. La explicación de los enigmas de la vida como los muertos y su relación con los vivos, el agua como elemento básico de la existencia, las luces que allá en el cielo cada día relumbran, las manchas rojizas de las rocas que muestran de manera natural siluetas llenas de significado…

No eran seres para los que sus creencias eran algo externo sólo sujetas a ritos en determinados momentos, sino que estas eran lo que movía su existencia, las que organizaban socialmente los grupos jerarquizados y lanzaba a los miembros de cada grupo a ser productivos para los demás, cazando, preparando el alimento, construyendo casas, enterramientos y lugares de rito y ceremonia. Eran seres rastreadores de indicios y huellas en lo que les rodeaba.

Los arqueólogos sacamos y estudiamos los materiales que aparecen en las excavaciones desde ahí podemos ir dando forma a pequeños retazos de la vida de los pueblos primitivos, usando distintos métodos de datación y con nuestro conocimiento sobre tipografía y elaboración de los materiales. También miramos alrededor, mirando al cielo, integrando nuevos conocimientos y perspectivas al estudio, como las que nos ofrece la Astroarqueología, una disciplina que se define como una astronomía de la cultura, buscando la relación de lo que vemos en el cielo con los restos arqueológicos de los yacimientos.

Todos los pueblos primitivos tenían esta fascinación por el cielo estrellado, allí encontraban indicios de un primitivo calendario, y en algunos momentos de la prehistoria, como en el megalitismo, esto era todavía mucho mas intrínseco: sabemos y podemos comprobar cómo se tenía en cuenta el firmamento, y los movimientos del sol para la situación y orientación de los dólmenes y de los cromlech o círculos megalitos. El cielo era en estas etapas el elemento vector de las construcciones y marcaba el ritmo  de las celebraciones y ritos.

La situación de los dolmenes en sitios abiertos al firmamento es algo que podemos vivir al llegar a Bernuy y adentrarnos por el camino que desde el pueblo nos lleva al yacimiento. Igual que ahora podemos divisar desde lejos la silueta del dolmen, los pueblos primitivos durante milenios sabían que estaba allí, sabían su función como lugar de enterramiento y de celebración de ritos relacionados con el mas allá. El fuego, que aparece en el suelo de la cámara en la excavación, así como los otros fuegos que sabemos que se encendían en la entrada, en el exterior, se juntaban con la piedra, indicando el sentido de viaje iniciatico hacia el interior del monumento. Aparecen cuarzos cristalizados que con el fuego y el agua, que había en esta época de año por aquí, muestran el circulo mas profundo de creencias en el mas allá, juntando todo bajo el cielo y su enigmáticos misterios.

Poder venir en el solsticio de invierno aquí y ver con detenimiento el firmamento, respirando el aire que envuelve las tardes – noches de diciembre en medio del campo abulense, es una experiencia arqueológica y vital única, para mirar con los telescopios y la ayuda de los expertos astrónomos que nos van a acompañar, es una ocasión para tener una experiencia de cómo vivían nuestros antepasados. Así uniendo lo que observemos y vivamos con toda la información que los arqueólogos vamos descifrando y mostrando en los estudios que continuamente van actualizando , aumentará el conocimiento de esas épocas tan remotas de nuestra historia.

Una actividad abierta a todo  el que quiera acompañarnos. La organiza el Ayuntamiento de Ávila, con la dirección de la arqueologa municipal Rosa Ruiz Entrecanales y colabora Jose Raúl Muñoz director  del Grupo de Observadores Astronómicos de Ávila que explicara el firmamento  desde los telescopios que se colocaran en el recinto para que podamos ver y disfrutar con la visión del cielo en el solsticio de invierno en el dolmen de Bernuy Salinero. En un día en el que se podrá ver la conjunción Jupiter- Saturno.

 

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Literatura de cordel. El almanaque

 

Cada año por estas fechas compro un almanaque del año que va a comenzar en enero. Me gusta comprarlo en pequeñas librerías de mi ciudad o en tiendas de ultramarinos de algún pueblo perdido que de repente aparece viajando por carreteras secundarias.

Me maravilla la cantidad de información que cada día me muestran: santoral, ciclo lunar, algún proverbio o refrán, la salida y la puesta del sol, el pronóstico meteorológico, el momento para sembrar qué tipo de verduras u hortalizas…

Contiene mucha información que tiene que ver con la historia, y para mi tiene un poso sentimental al sentir que desde hace ya siglos se viene usando.  Me une con personas de tantos sitios de España que, en ese momento, al principio de cada día, se paran a leer todas esas cosas escritas en letra pequeñita, en un fino papel.

Cuando no había hombres del tiempo, ni televisiones, ordenadores, estos calendarios o tacos eran los smartphones que todo el mundo usaba para saber en qué día vivía, y cómo tenía que afrontar la vestimenta, a quien tenia que felicitar, y si tenía ya que plantar los ajos porque la luna estaba en creciente. Pero era mucho mas.

Se consideran como literatura de hilo o cordel porque se colgaba de un hilo en los cristales de las librerías. Proviene de la palabra árabe al manak que significa clima mostrando su sentido, aunque el verdadero origen hunde sus raíces en Grecia, con los avances que hizo Ptolomeo, astrólogo de Alejandría en el s. I d. C.

Este año con la pandemia he mirado la hoja diaria del almanaque con mas interés. El frenazo de las actividades durante el confinamiento me ha dejado mas horas ante el escritorio. Poder acordarme de los santos de tantas personas amigas y familiares y poder felicitar desde casa, demostrando mi cariño y recuerdo.  He mirado mas el firmamento y he estado, desde el sillón de casa en las épocas de plantación de los huertos. He seguido las semanas del salterio.

En toda la información que tiene no aparecía nada que pudiera indicar este horror en el que el covid nos ha metido este año 2020. La vida continua en sus hojitas como si todo esto no tuviera que ver con estos días tan complicados y tristes.

Me imagino que el del año que viene contendrá algo de todo lo que estamos viviendo, como sucedió con el calendario Zaragozano El Firmamento con la gripe española de 1918 que en sólo un año mató entre 20 y 40 millones de personas en todo el mundo.

Fundado en 1840 por Mariano Castillo y Osciero puso el nombre de Zaragozano en honor al astrónomo español Victoriano Zaragozano y García Zapater que ya en el s. XVI elaboraba sus propios almanaques.

También me gusta tener el taco del Corazón de Jesús fundado en 1865 con sus aportes catequéticos, el santoral y las devociones. Todavía hoy cuando cojo algún libro de la biblioteca de mi madre, me encuentro con la hoja de un almanaque separando las páginas por donde iba la lectura de mi abuela.

Me gusta mucho toda esta historia que de unas simples y pequeñas hojitas se puede contar, porque creo que han sido mas importantes muchas veces que los sesudos libros y enciclopedias que por cuestiones económicas o culturales, no estaban al alcance de todos. Han sido maestras de millones de personas y aun hoy en día nos ponen en tierra a muchas otras, relacionándonos con lo importante de cada día de manera sencilla, sin problemas de coberturas, links, ni terminales.

Esta literatura de cuerda se completa con un montón mas de folletines que han ido entreteniendo, informando y culturizando a miles de personas. Recuerdo que novelas tan importantes en la historia de la literatura como La Comedia Humana de Balzaco Los papeles póstumos del Club Pickwickde Charles Dickens, se vendieron en estos quioscos en entregas periódicas.

Una literatura de cordel que tira fuerte de cada día. Que nos une a miles de personas en la tradición, la historia, la religiosidad y el saber popular. El sustrato de nuestra cultura común. Un hilo lleno de palabras y de vida encima del escritorio cada día.

 

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Teresa de Jesús y la música

Que iba a salirse el alma… bien se podía morir

La música nos lleva a otros lugares, crea en un momento el espacio que muchas veces nos falta en los libros, la historia y las crónicas.  Conocemos a Teresa en sus libros, hijos, obras y nos falta seguirla también en la música que la acompañaba, su banda sonora original. La música es un arte que nace y va perdiéndose al momento sólo para nuestro deleite, abriendo la puerta del compositor y del intérprete, dejándonos entrar.

Hace ya muchos años cuando volvía en verano de la Universidad de Salamanca había una cita que marcaba todo para mí, el concierto del órgano de cámara de la Encarnación interpretado por Antonio Baciero. Creo que mi interés por la Santa nació en esos momentos en los que aquella música me conmovía. Aparecía con la melodía, una Teresa que yo empecé a considerar muy distinta de la que había visto en imágenes estofadas y sobredoradas, que había oído en la cultura que como abulense me ha rodeado toda la vida. Un instrumento con un sonido sencillo y limpio, donde las cuerdas se oían en su individualidad. Desde entonces me encanta la música antigua.

La música y Santa Teresa ha sido investigada por mi querido profesor Antonio Bernaldo de Quirós, que recogió todos los datos posibles sobre su madre en la fe dentro del ámbito musical, indagando en el ambiente abulense en el que vivió, la música en el entorno del monasterio de la Encarnación, sus actividades musicales y su sensibilidad hacia la música a nivel personal y místico.

La educación musical de Teresa, que intuyo que era grande, es algo que no podemos encontrar en un dato concreto. Pertenece al ámbito de la intuición y hablando de la Santa es un método de conocimiento mucho mas interesante. Creo que Teresa era una mujer muy sensible hacia la música tanto religiosa como profana y popular. No tenemos tampoco ninguna referencia sobre su educación académica y es la primera mujer doctora de la iglesia y una de las escritoras mas importantes de todos los tiempos.

La música profana en Ávila, en la época de la juventud de Teresa, cuando ella vivía con su familia y salía como niña y joven a recorrer la ciudad, era muy rica. Recoge Luis Ariz que durante la visita de la emperatriz Isabel y Felipe II de tan sólo 4 años, se organizó una fiesta impresionante con desfile de trescientas mozas aldeanas de los sesmos ataviadas ricamente con sus galanes tocando gaitas, tamboriles y panderos. También

desfilaron serranos ataviados en grupos de doce y los maestrescuela sacaron a los niños disfrazados. Esta manera de divertimento y fiesta caló en nuestra Santa reformadora, que componía villancicos y cancioncillas para animar la vida conventual, con monjas que en las recreaciones cantaban, bailaban y tocaban instrumentos como las flautitas de embocadura de pico y tres agujeros que encontramos en la clausura del Convento de San José.

Junto con estas músicas alegres y para la fiesta, Teresa desde niña oía otro tipo muy distinto que le abría nuevos caminos de profundidad interior y de mística de los sonidos que como cristales de colores daban cuerpo a esa vidriera que era la música polifónica española que ella oía en las iglesias, especialmente en la catedral. Estaban en aquel momento en nuestra ciudad compositores tan importantes y sobresalientes como Cristóbal de Morales, que estuvo en Ávila en la catedral de 1526- 1528 cuando Teresa tenía unos 11 años. Estoy oyendo estos días el Officium defunctoruma cuatro voces que compuso en estos años en Ávila y he comprendido que esta música abre muchos caminos en el alma y el espíritu de tantas personas. Teresa estaba en este momento cerca de esta cátedra musical, viviendo en primera persona la mística de la música polifónica.

Estaban en la catedral de manera sucesiva grandes músicos que fueron además los maestros del otro místico por excelencia, me refiero a Tomas Luis de Victoria, así Jerónimo de Espinar, Bernardino de Ribera y Juan Navarro.

Con Tomas Luis, Teresa tenía muchas semejanzas, aunque no tenemos constancia de que se conocieran en persona. Cuando Tomas entró como seise en la catedral para educarse musicalmente, Teresa estaba en la Encarnación. Y seguramente este joven monaguillo oyó hablar del revuelo que una monja estaba protagonizando en la fundación de un pequeño convento en 1562 dedicado a San José. Luego Victoria se marchó a Roma y volvió en 1582 cuando nuestra Santa ya había fallecido. No se conocieron mucho en persona, aunque seguro que se habían saludado por ser sus familias feligresas de la parroquia de San Juan y casi vecinos. Pero lo que no me cabe ninguna duda es que ambos andaban por los mismos caminos de creación, de indagación personal y de búsqueda continua de la Belleza.

También feligrés de San Juan fue en estos años otro grandísimo músico, Antonio Cabezóncasado con una mujer abulense y aquí pasaba algunos días, deleitando a los fieles en las celebraciones catedralicias.

En la Encarnación cuando entró Teresa había un grupo de monjas que eran músicas y se dedicaban a tocar en las ceremonias litúrgicas y a acompañar el rezo del oficio divino. Eran las que tocaban esos preciosos instrumentos, en su mayoría contemporáneos de la Santa, que podemos ver en el museo del monasterio. Arpas de dos órdenes, guitarra, viola da gamba, salterio y el órgano de mesa. En el libro del Retablo de Carmelitas de Doña María Pinelrescatado y publicado por el anterior capellán del monasterio el p. Nicolás González, aparecen historias de monjas músicas que entraban sin dote, como las hermanas mellizas Isabel y Mariana Rosa Velasco o las otras hermanas Clara Eugenia y Eugenia Clara que tocaban el órgano y hasta el bajón.

La música en cuanto se interpreta, es propiedad del oyente que la hace suya y que va siguiendo su movimiento mas allá del oído. Teresa nos relata en la Relación 15 una experiencia mística profunda que ella vivió al oír una voz cantando en la oración, siel canto no cesara que iba a salirse el alma del gran deleite y suavidad que nuestro Señor le daba a gustar,…bien se podía morir, mas, no podía decir que cesase

Tenemos que educarnos un poco para disfrutar de esta música tan divina, pero luego será ella, la que nos irá educando a nosotros en muchas cosas, nuestra maestra. Es increible, pero cierto, conocemos a la Santa de manera muy especial y auténtica, oyendo a Victoria, Cabezón o Morales, en el sonido antiguo de un órgano de mesa, en la voz que a veces nos conduce muy lejos del sillón.

 

 

 

 

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ALGO TANGIBLE

 

En estos tiempos donde prima lo digital en ocio, trabajo y relaciones interpersonales, me siento naufragar muchas veces, como si estuviera con los pies sin asiento en medio de un mar oscuro. Y vuelvo a anclar la mirada, a tocar, sentir, oler aquellas cosas que me enseñan, me consuelan, llenan mi vida de verdad y de vida. Libros con su olor tan característico en los que volver una y otra vez a los párrafos y capítulos favoritos, anotando ideas, dejando que todo quede ahí como testigo de tantos buenos ratos. El libro como un todo en si mismo, abriendo las puertas a lugares lejanos que comienzo a visitar, la belleza de sus hojas, los cantos y la edición, las láminas que hacen a los ejemplares únicos, bellos y llenos de rotundidad porque son y no porque parecen ser, reflejados en la pantalla de los ordenadores y los móviles. Porque los cojo y me pesan entre las manos, ocupan lugar y este es verdadero.

Los libros digitales como otro montón de cosas, películas, series, música, conversaciones, ideas, relaciones, se van volando en un momento presos de una actualización, el desfase de los soportes, un cambio brusco de presión, y comienzan a volar, dejándome una sensación de vacío y de soledad. Como esas imágenes de orientales que viven con un espectro de amigo, novia o sirviente en el salón.

Y todo se hace virtual, y siento que este momento de pandemia me empuja aun mas a este nuevo espacio, lleno de reuniones virales, trasformando las plazas, parques, bares y salones en la soledad de una pantalla que me lanza lejos de los demás. Falta cercanía entre nosotros y lo que me preocupa es que no sé si volveremos a abrazarnos y besarnos como antes, o si este camino lleno de pantallas viene ya para quedarse y aislarnos en casa, lejos del contacto real.

Todo esto cuando lo analizo me preocupa mucho. Estamos todos dentro del dominio de una nube digital, donde nuestras neuronas se van confundiendo con los circuitos de la red que va entrando por dentro modificando nuestra capacidad de decisión, hasta en los sueños todo esto repercute.

Dejamos nuestras relaciones en las redes sociales pensando que tenemos muchos amigos, y que nos comunicamos continuamente con ellos, y son los propios Ceos de las grandes compañías como Facebook, Twiter, WhatsApp, los que nos hablan de su trabajo en nuestro cerebro, siendo hackers de nuestro pensamiento, deseos, relaciones, como comenta Chamath Palihapitiya, que con Mark Zuckerberc construyó la red de Facebook del 2007 al 2011.  Chamath se encuentra ahora en el lado de las personas que conociendo lo que han hecho, se lamentan profundamente de su trabajo, y son verdaderos objetores de conciencia. La utilización de corazones y pulgares hacia arriba que fomentan el aumento de las endorfinas creando verdaderos procesos de dependencia al modo de las drogas mas conocidas. Los hackers ahora están en estas tareas, entrando a controlar nuestras neuronas.

Frente a todo esto, tenemos una herramienta muy fuerte que debemos aplicar desde ahora mismo. La herramienta del  “no”, para salir de la adicción y volver a ser las personas que realmente somos. Hacer un ayuno de esta nube que nos oprime, al menos alguna vez al mes. Así podremos disfrutar de los libros, de las plantas, de la música, las charlas con los amigos, los cuadernos, la escritura, los pinceles, las recetas de cocina.

Me imagino un futuro muy distinto a lo que quieren que vaya acostumbrándome. Sociedades mas cultas y comprometidas con el medio ambiente, responsables y solidarias con los que tienen menos y están menos preparados. Ayudándonos entre todos, hablando y sintiéndonos cerca, lejos de ser meros conejillos de Indias de desalmados con muchos masters y muy poca ética personal.

El futuro comienza ahora mismo, y voy a empezar a hacer ayuno de muchas cosas que me sientan muy mal y con las que no quiero vivir mi vida. Volviendo en este bucle vital a fijarme en lo concreto y tangible que ponga mis pies y mi cabeza en el suelo de la realidad y de la vida.

 

 

 

 

 

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Manos y cucos

 

 

En medio de toda la preocupación mundial por el avance del coronavirus nos fuimos una mañana  de finales de febrero a visitar la Cueva del Castillo en Puente Viesgo, Cantabria.  Los cucos comenzaron a cantar a lo lejos. Pasamos en un momento a otro viaje lleno de emoción, aquel que nos lleva a encontrarnos con los hombres que vivieron en estos lugares nada menos que 150.000 años.

Pasar dentro de una cueva prehistórica supone entrar en un reino de oscuridades que desde tiempos remotos sorprendian a los hombres que allí llegaban como nos impresionan ahora. Cada grieta o protuberancia tomaba vida con el movimiento oscilante del fuego, llevando al grupo a encontrarse con el corazón de la tierra, allí donde fundirse con lo creado, al propio centro de todo.

No sólo vivían bajo la protuberancia de la entrada que a modo de techado de roca protegía sus asentamientos, sino que cazan por todos los contornos, mariscaban, se dedicaban largos ratos a despiezar el botín, a sacar el máximo rendimiento de cada parte de sus presas con la industria lítica y ósea tallada que encontramos en las excavaciones, buriles, raspadores o azagallas.

El grupo estaba también organizado de manera ritual, las creencias compartidas por todos daban cohesión. El concepto de libertad de expresión no entraba en sus parámetros vitales, todo estaba dominado por el grupo y las practicas comunales y rituales los constituían como tribu.

Aunque hayan pasado tantos miles de años, y nuestras sociedades nada tienen que ver con estas tan antiguas, hay de repente cosas que nos llevan a sentir que somos los mismos hombres, que estos grupos de homosapiens son nuestros antepasados. Que nos podemos dar con ellos la mano, como siento al ver las manos pintadas en las paredes de la cueva.

Todavía hoy en día usamos las manos para expresar tantas cosas. Saludarnos, fijar algo entre nosotros, para expresar nuestro apoyo unánime a algo como ocurrió con las manos blancas en recuerdo de Miguel Ángel Blanco, un momento que supuso el principio del fin del apoyo social a los atentados terroristas de ETA.

Manos para recorrer las grietas de la cueva en sus galerías mas ocultas, donde tenían que avanzar muchas veces reptando como internándose de manera valiente en las entrañas del mundo conocido.  Las manos de los hombres de hoy en día que se unen para sentir el apoyo de unos para con otros, como símbolo de los que nos une. Lo que nos une hoy en día y con nuestro pasado mas remoto.

El coronavirus nos tiene a todos muy preocupados. El ritmo mundial, la economía, los transportes se van paralizando, el miedo comienza a reinar recordándonos los momentos de pánico por las pestes que recorrieron Europa durante siglos. El mundo intercomunicado en el que vivimos tiene estas consecuencias.

Los hombres que vivían en Puente Viesgo también se sentían amenazados, la ansiedad debía ser también algo habitual en aquel momento. La necesidad de buscar alimentos y de rogar para no se extinguieran los animales, las plantas, los peces que mantenían al grupo. Pedir ayuda a las fuerzas ocultas de la naturaleza mediante ritos, mediante chamanes que llevaran a cabo las ceremonias.

En estas celebraciones podemos leer el arte rupestre que admiramos en las cuevas. Para ellos entrar en las profundidades de las cuevas era un verdadero viaje al mas allá, donde las protuberancias de las paredes iluminadas por el fuego daban vida a los animales que pintaban, en una especie de imágenes con vida propia, al movimiento de la luz, del aire, del propio deambular del grupo. Como se ve en el bisonte pintado en el Castillo aprovechando una protuberancia natural de la roca, como también aparece en la cueva de Niaux en Francia. El hombre no sólo buscó y encontró la figura del animal, sino que contribuyó de manera decisiva a hacer que el grupo y ahora nosotros lo podamos contemplar.

La mañana parecía primaveral, la música de Frederick Delius (1912) con su juego de cucos, con los oboes, los violines y el clarinete parecía describir el campo. Primavera que se va intuyendo, saliendo del fondo de la caverna, reinando en un mundo que aun hoy en pleno s. XXI está lleno de ansiedad, como hace milenios.

 

 

 

 

 

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HOMERO DA LA FELICIDAD

¡Ay, a qué hombres pertenecerá esta tierra a la que he venido?

 

Así meditaba Ulises en la Isla de Eskeria después de dejar caer una piedra al mar, como nos cuenta Homero en el Canto VI de la Odisea. “Serán violentos, salvajes, injustos u hospitalarios y temerosos de los Dioses? Yo he escuchado clamor de jóvenes”.

Todas las crueles instantáneas de estos días en las calles, carreteras, aeropuertos de Cataluña remueven las conciencias y el espíritu de todos.  Cómo podemos estar viviendo tanta violencia, de dónde surge, cómo este magma humano se comporta así lanzando adoquines, arrastrando con todo lo que a su paso se encuentran, lanzando artefactos incendiarios contra las fuerzas del orden público, considerándoles y a todo el país con ellos, como enemigos.

He pasado un rato con Sylvain Tesson “Un verano con Homero” y muchos momentos mas releyendo pasajes de los poemas homéricos, y estos días de violencia ciega he vuelto a todo este mar, que en palabras de Homero era de color rojo. Hice lo que el escritor y aventurero francés nos dice en el comienzo de su libro, apagar el ordenador y el teléfono móvil y volver a Homero, quien nunca dejará de hablarnos. Volver siempre a Homero, no sólo por la belleza lirica de los textos y el placer de su lectura, sino porque nos aporta una mirada sobre temas inmortales del hombre, en un viaje al fondo de nosotros como individuos.

Sylvain escribió este pequeño libro en un palomar enfrente de la Isla de Mikonos, leyendo bajo una bombilla de luz intermitente, consciente de su actualidad, de que las palabras de Homero saltan desde la Grecia antigua hasta nosotros no solo llenas de verdad sino que se constituyen como reflexiones y análisis muy atinados.

Es un poco arriesgado extrapolar civilizaciones y culturas tan distintas, pero la historia del hombre es realmente cíclica y las expresiones de los pueblos, las masas, los ejércitos y de sus guerreros, políticos, gobernantes, ideólogos son parecidas en muchas cosas.

Los griegos ya hablaban de un concepto que define todo lo que vemos estos días en Cataluña, la “hibris” o perra rabiosa, un estado de ausencia de mesura, el concepto griego de transgresión, cuando un individuo o un grupo actúa por encima de su verdadera realidad, y que en este análisis contemporáneo va unido con la sensación de insaciabilidad, volviéndose cada vez más narcisistas.

Frente a las actuaciones de los dioses griegos siempre interviniendo de manera caprichosa en la vida de los hombres aparece hoy en día la ambición política de unos grupos de poder e ideólogos que se convierten en los tiranos, actuando de manera subjetiva, empujando a las masas al exceso, en un movimiento violento muy difícil de parar.

Es por tanto la “hibris” una fijación de ideas preconcebidas, un rechazo a las ideas de los contrarios, de los que piensan distinto, un trato prepotente lleno de hiperactividad irreflexiva.

Me duele ver a los policías y guardias civiles bajo una nube de piedras, injuriados como si fueran enemigos del otro lado de la trinchera. Ver las casas, calles, comercios destrozados, los niños con miedo al ir al colegio mientras que los ideólogos- dioses de todo intentan así dar un jaque mate a un estado democrático, mientras mantienen la prepotencia del que no se sacia con nada mas que con la violencia.

Las masas de violentos están formadas por jóvenes adoctrinados desde los colegios, transgrediendo la historia de España y el análisis de lo que está pasando.

El pensamiento y la cultura clásica lamentablemente  arrancados de los planes de estudio nos aportan mucho y hacen falta aunque muchos gobernantes no lo vean. La cultura va cimentando las conciencias, el razonamiento nos hace libres y la reflexión nos saca del magma de violencia en el que a veces los dioses del hoy en día nos sitúan. “Homero da la felicidad y debería prescribirse a todo aquel que sufra”. Con Ulises miro la piedra que cae en lo hondo de la conciencia… con preocupación.

 

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Cerro Gallinero. Un lugar mágico

El pasado sábado 13 de julio estuvimos viendo cómo se ponía el sol en Cerro Gallinero, recitando poemas, oyendo la guitarra de aire de David Duyos.  Mis poemas se unieron allí sobre el cerro con los de Ángela Segovia, Antonio Pérez Río y J. Seafree.

Cerro Gallinero es un lugar especial, allí sientes una ola de energía. Desde mis épocas de arqueóloga, de prehistoriadora tengo este sentimiento profundo de la unión del hombre con el medio ambiente, con las rocas, las praderas encharcadas, los caminos polvorientos, las plantas que agrestes llenan todo de su esencia silvestre. Y también he ido descubriendo que hay lugares donde todos los elemento, cielo, roca, agua, vistas, aire, naturaleza, olor, se juntan y lo convierten en mágico. En estos lugares los hombres han querido vivir y sobre todo orar y adorar, en lugares como el Cerro Gallinero, ir para entrar en conexión con todo lo creado, en una experiencia natural llena de potencia, la de saberse parte de un todo bello y lleno de energía.

Desde que conozco a Carlos de Gredos le admiro por su mirada poética de lo natural y por ser un verdadero rastreador de huellas. Lo encontrado que posiblemente es al revés, lo que nos encuentra en la vida, se constituye con el paso de nuestro camino en compañero, y vamos aprendiendo algo mas que rastros o huellas, vamos aprendiendo su nombre. Nombrar algo es lo máximo que podemos hacer, llamar genista, roca llena de cazuelas del frío, grieta florida, serpenteante vaguada llena de restos de cantera.

Carlos nombra todo esto, y lo va mostrando de manera re-creada. Es bello lo que hace porque está constituido de la belleza más absoluta que tenemos los hombres, la creación, la naturaleza, esta madre o padre, Jefe, compañero, Amado con el que caminamos. Y él nos lo muestra, lo nombra, y lo que ve en su interior después de esta experiencia de naturaleza, lo expresa en arte, el mas bello y sublime, el efímero.

Subir allí con mis hijos, compartir el momento con otras personas que también se sentían impresionadas por el lugar con la dificultad de elegir qué ángulo de mirada es el más bello, potente y único. Poetas, amigos, arte y música en la guitarra de David Duyos que parecía ser parte del aire que nos envolvía con su lengua de sol que se va perdiendo.

Lugares así, museos al aire libre como este, tengo la sensación que van a ser muchos en un futuro. Carlos es en España pionero, ya que sólo hay tres museos así en nuestro país. Y lo va a ser, porque es auténtico y único, con paredes de aire, sin entradas ni pasillos, con el cielo de techo y las rocas berroqueñas como suelo. Sin aparcamientos, sin colas, dejando a la belleza ser libre lejos de la cárcel que muchas veces es una sala de exposiciones.

Te felicito Carlos por este Museo con obras de reputados artistas internacionales  de mirada tan única y animo a todos los que quieran tener una experiencia artística en la naturaleza que vengan a este lugar, Cerro Gallinero, para entrar en un lugar mágico que las cumbres peladas de  Hoyocasero nos regalan. Y así podremos aprender a nombrarlas y a entablar un dialogo profundo y personal.

 

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Luz viviente. El CD de la música de Hildegarda de Bingen

La música de Hildegarda de Bingen en la citara salterio de Catherine Weidemann y la voz de la soprano Margarida Barbal .

Todos los que nos acercamos de una manera u otra a la figura de Hilegarda de Bingen nos quedamos fascinados con ella, su ingente y variada actividad en tantos ámbitos de la vida, teología, medicina, astronomía, y  la música.

Fue abadesa creando conventos para monjas benedictinas desde un monasterio masculino. Fue líder monacal, médica consumada cuyos tratados y recetas aún asombran cada día a los médicos actuales por su intuición y eficacia terapéutica.  Fué profetisa y mística y así se la conoce como la profetisa teutónica.

Es considerada como una de las mujeres mas fascinantes de la historia, polifacética en plena edad oscura del medievo, hablamos de  la Baja Edad Media, ( 1098, 1179 d. C)

Dotada de una cultura extraordinaria estuvo también muy comprometida con la reforma de la iglesia

Hildegarda nació en Bermesheim, en el valle del Rin en el seno de una familia noble alemana que al ser la décima de sus hijos la ofreció a la iglesia como diezmo desde su nacimiento. Fué entregada para su educación religiosa a Judith de Spanheim a que llamaba Jutta, quien la instruyó en el rezo del salterio, leyendo en latín.  durante estos años  leyó las Sagradas Escrituras y se formó en el canto gregoriano. Durante este momento con Jutta en el que vivieron en el castillo de Spanheim debió aprender a cantar, a tocar instrumentos como el salterio y a ver el poder interior del rezo cantado de los salmos como puerta de entrada en la interioridad habitada por una luz que ella veía siempre lucir.

Ella llamaba Luz Viviente a la presencia de Dios en su alma, y este es el titulo que la profesora y citarista Catherine Weidemann y la soprano medievalista Margarida Barbal han dado a este CD con música de Citara salterio y voz sobre las partituras y los textos de Hildegarda.

Hildegarda fue la compositora mas prolífica de melodías monódicas. Eran cantos que para ella se inspiran sólo en Dios. Por ello abren una puerta a un universo cósmico, que aparece reflejado en sus textos, reflexiones y profecías.

Tengo la enorme suerte de disfrutar tocando la citara salterio donde he descubierto este mágico mundo que los sonidos crean en su trayectoria infinita. Creo que elegí y busqué durante mucho tiempo un instrumento así, que tuviera esta peculiaridad de tener sonidos que fueran sonando de manera sostenida y hasta el final para dejar sobre ellos los salmos de cada día.

Catherine Weidemann es mi profesora de cítara salterio y con ella estoy aprendiendo y disfrutando con este instrumentos que lanza su origen hasta la antigüedad, hasta el mismo momento de componer los salmos.  Utilizar el salterio como elemento de meditación  para avanzar por la senda de la paz. Catherine compone para este instrumento que ama y sobre todo improvisa dejando que todo el cuerpo acompañe  al sonido que está ligado intrínsecamente al interprete.

Margarida Barbal, soprano,  citarista también de la escuela de Catherine es profesora de la ESMUC de Cataluña, la escuela superior de Música de Barcelona y también tiene un gusto especial y una formación como soprano especializada en el medievo.

Este CD es una belleza, y nos ayuda a entrar en ese mágico mundo que Hildegarda, Catherine y Margarida nos muestran, nuestro propio cuerpo como instrumento que puede sonar al unísono con el camino de la vida, dentro de nuestra propia piel.

Se puede  comprar en la universidad de la Mística CITeS de Ávila.

Piezas:

O choruscans lux stellarum ( fulgurante luz de las estrellas)

O quam pretiosa. (! Cuan preciosa es la virginidad de este Virgen!)

O nobilissima viriditas ( nobilissimo verdor)

O frondes viga ( Vástago frondoso)

Quia ergo fémina ( …porque una mujer)