Las suites francesas de Bach

 

Desde hace unos días estoy estudiando  unas partituras que me llenan de emoción, las suites francesas de Bach en mi piano. Paso por momentos de la partitura a la música en vivo y con ella parece que entro en lugares muy distintos del salón de casa, voy al estudio del gran maestro, su casa en Leipzig llena de estudiantes bulliciosos y una familia muy numerosa. Me encuentro con Anna Magdalena Bach, la esposa del gran maestro, soprano, música, copista y estudiante de clave, para ella dejó Bach escritas un montón de bellísimas partituras entre las que se encuentran estas suites.

Al ir tocando las suites comencé a sentir su sentido como piezas de baile y de cortejo amoroso.Son rítmicas y llenas de melodías profundamente sentimentales que se van repitiendo.Las suites son piezas compuestas para  disfrutar oyéndolas, para ser bailadas, en un momento en el que eran los bailes los lugares para relacionarse y encontrar pareja mediante los movimientos. Me recreo en las allemandes sabiendo que se bailaban cogidos de las manos, con su composición binaria y lenta, llena de romanticismo, tan lejos de cómo se crearon en el medievo para caballeros que las bailaban lentamente al ir vestidos con sus armaduras. El ritmo sensual de las zarabandas me atrapa.

Bach debió componer estas piezas entre 1722/ 1725 cuando trabajaba en la corte de Cöthen para Leopoldo de Anhalt, después de haberse formado musicalmente leyendo los libros de partituras para clavecín de Jean- Henri d´Anglebert, los de Francoise Dieupart y Couperin, cuando estudiaba en Luneburgo.

Esta corte era, hasta el matrimonio con su prima Federica Henrietta, muy musical, algo que cambió totalmente por la falta de interés de la princesa, lo que motivó que Bach que acababa de casarse con Anna Magdalena se tuviera que marchar a Leipzig. Se casó Bach con Anna Magdalena dieciséis años mas joven que él, un día laboral de diciembre y todos los estudiosos comentan que fue por amor, él tenía hijos de su matrimonio anterior con María Barbara y la novia se ganaba la vida como cantante. Sólo el amor explica el motivo.

El amor que se profesaron queda reflejado en el interés que tuvo Bach de regalarle a su mujer lo que más podría gustarle, un conjunto de obras para clave recogido con el nombre de  Pequeño álbum de Anna Magdalena Bach.  En el primer volumen de los dos estaban las suites francesas junto con otras obras de Bach y de otros autores de la época.Un regalo que también podía proporcionarle algún ingreso en el momento que lo necesitara, aunque ella nunca vendió estas piezas, pese a que sabemos que murió pobre de solemnidad y que mendigaba por las calles para poder comer cuando Bach murió.

Anna Magdalena como nos dice su biógrafa Esther Meynell, era una persona alegre que disfrutaba tocando, cantando, bailando. En su casa organizaba unas tertulias musicales muy animadas y seguro que bailó estas suites que tal vez se llegaron a oír y a bailar en los cafés de la ciudad de Leipzig en sus horarios de invierno y de verano en los jardines.

Estas notas de baile y de relaciones sociales completan la imagen que tenemos de Bach como músico dedicado al área religiosa con sus Cantatas, sus Oratorios y Pasiones.Nos cuenta John Eliot Gardiner que era una persona que disfrutaba mucho de la vida social, haciendo con ello un paréntesis de su apretada vida laboral y compositiva en la parroquia de Santo Tomás, con tantos alumnos y obligaciones. Nos cuenta que las habitaciones de la familia estaban pegadas a las salas de estudio y de prácticas musicales de los alumnos y parece mentira que en este galimatías de sonidos y ruido pudiera componer esas sublimes partituras y cantatas que nos conmueven profundamente.

La música clásica lleva desde el s XIX encerrada en las salas de conciertos, y está muy bien que así sea, que los oyentes rompan su vida por unos minutos u horas y se pongan con todos sus sentidos a oír y disfrutar estas suites.Pero ha perdido con ello, esta es mi opinión, vida real.Poder llenar toda nuestra vida con música, orar con ella, danzar y enamorarnos, consolar a los que han perdido un ser querido, celebrar un matrimonio,… Que al oír música clásica entendiéramos música viva, que se crea para nuestros oídos y en ellos desaparece, que nos embarca en una actividad cognoscitiva que nos hace personas mas completas, agilizando nuestro propio entendimiento, sensibilidad y corazón.

Me encantan estas suites, no sólo son bellísimas musicalmente, llenas de interés, de retos compositivos, interpretativos y musicales, sublimes y delicadas, sino que me abren un mundo nuevo cada vez que voy estudiando, compás a compás sus movimientos, sintiendo sobre mí las manos unidas de los enamorados que van bailando, con los claveles amarillos que tanto gustaban a Anna Magdalena,  con los pajaritos (pardillos) que adoraba y que piaban apoyados en las ventanas de la parroquia.

 

La pandemia con toda su carga de tristeza y angustia ha dejado a muchas personas sumidas en una depresión, en una tristeza vital. Junto con los daños físicos están los psicológicos y existenciales de unas poblaciones confinadas durante meses en sus casas, aislando a padres de hijos y a amigos de vecinos. El tiempo que se nos regaló a las bravas, fue un espacio de libertad también para algunas personas y aunque parezca una contradicción, el lecho para el renacimiento personal. Frente al abismo de las horas en casa apareció la posibilidad de vivir y de ser nosotros mismos, aficiones, gustos y placeres que están normalmente alejados de la jornada cotidiana laboral y social. Apareció el silencio, que en las antiguas imágenes aparece representado mediante la figura de un lector abstraído sobre un montón de libros.

El silencio y los espacios de creación van unidos de la mano siempre, ya Juan Bermudo en el s. XVI escribió ( como nos cuenta Ramón Andrés), “que la profundidad, anchura y largueza de la música no está encerrada toda en los pequeños arroyos de los instrumentos”. La música, como el resto de las artes se desarrolla en el silencio, al posibilitar la escucha de la conciencia, ya sea racional o inconsciente.

Posiblemente si estos días no me hubieran dejado en el dique seco de mis actividades cotidianas, no hubiera transitado por estos espacios de silencio, que se abre paso entre tanto sonido que lo tiene prisionero. Para volver al equilibrio interior busqué aquello que siempre me centra en mi misma, volví a la música de Bach, que aunque nunca la había dejado, en este tiempo la he vivido en sus silencios, encontrándome en ellos con el músico que creó tanta belleza.

Bach es el equilibrio sonoro y vital, el que asienta nuestro interior volviendo de manera ancestral a nosotros mismos. Esta actitud y actividad musical y vital sólo se comprende cuando se oyen también sus silencios que vienen a configurar los nuestros, a entender un poco al maestro, su percepción de lo cotidiano, lo eterno, el cielo y el suelo, las clases, los cafés y los conciertos, los alumnos, los hijos y las preocupaciones económicas de llegar a fin de mes.

La música tiene una barrera que limita dos espacios, el de la audición de las composiciones, abriéndose otra diferencia radical entre la música en directo y la enlatadaen las grabaciones, y el espacio de la interpretación. En todas estas esferas entramos en un mundo efímero que nace y desaparece para nuestros oídos, y que nos introduce en su increible espectro de belleza y sonoridad. Un ámbito donde lo radical comienza en el momento, que desaparece en segundos y va a poblar ya el silencio de nuevos contenidos sonoros y vitales. La música, si dejamos abiertos los oídos, entra hasta lo mas profundo del ser, y a veces nos conmueve.

Bach convirtió el silencio en un estado interior, buscando de manera continua la concentración en medio de tantos ajetreos, y con su obra abre para todos los oyentes y los interpretes un nuevo mundo que sigue abierto de manera ininterrumpida desde el s.XVIII. Un mundo al que podemos acudir cuando lo necesitemos, para disfrutar, crear y renacer musicalmente, porque la enseñanza que nos brinda en cada pieza lleva la semilla de un nuevo camino estético y musical, un sendero para comenzar a caminar.

Hay por tanto alrededor de la música distintos espacios, y sin duda el ámbito de la música compartida es el mas emotivo sin duda. Sentir que una oleada de sonidos, matices, tempos y modulaciones entran por los oídos en un momento y que lo que sientes también está llegando a otras personas en ese mismo instante, hace que la música se expanda y su poder se haga ya imparable, mas allá del techo del auditorio o del salón está el interior de cientos, miles de personas.

Este nuevo momento en el que podemos ir a conciertos en directo, nos empuja aun mas, nos estrecha interiormente, creando vínculos profundos entre nosotros. El concierto de órgano de Monserrat Torrenten la catedral abrió una nueva vidriera dentro de la catedral del alma.

LAS AFINIDADES ELECTIVAS

 

En estos días donde la violencia en las calles me interroga sobre la dinámica interna de los grupos e individuos, estoy leyendo la obra maestra de Goethe “Las afinidades electivas”. El impulso de coger este libro tiene mucho que ver con estas afinidades de elección, la cercanía y actualidad con un libro escrito en 1809 que mas allá de la ambientación romántica llena de lagos, grutas y ermitas, se va desarrollando sobre un postulado científico, analizando la naturaleza, sus leyes y como los hombres dentro de ella estamos sometidos a fuerzas de atracción que pueden llevar a la destrucción y la aniquilación en procesos violentos y dramáticos. Fuerzas parecidas a las de algunos minerales y rocas que como la cal se funden desapareciendo.

Es por tanto una reflexión fraguada en bellas imágenes y preciosas expresiones sobre la moral, el dominio de si y la alienación enfermiza. Cuatro personajes de distinto sexo se encuentran por una temporada dentro de un espacio cerrado, un palacio de campo, y las fuerzas de atracción, de elección sacan la naturaleza psicológica de cada uno, rompiendo con la razón y mostrando sus debilidades personales, llegando al limite la vida de cada uno.

Existe dos tipos de memorias que nos mueven a actuar, una voluntaria basada en la cultura de grupo, dentro del ejercicio consciente de la libertad y otra de naturaleza ancestral que aunque no somos conscientes de ello, a veces está enterrada dentro de nosotros. Nos arrastra desde dentro yendo mas allá de la voluntad, sin lógica, moral por encima de la sociedad, la familia, la amistad.

La afinidad en términos sociológicos se define como un parentesco de espíritu aunado a otras similitudes interpersonales, y al añadir a esto altos niveles de intimidad y convivencia en grupos cercanos y cercados, aparecen los conocidos como grupos de afinidad. Una afinidad de ideas, ideales y causas compartidas.

Leo a Goethe en un libro de 1939, traducido por R. M Tenreiro , polifacético escritor, compañero de Picasso y amigo personal de Azaña, que realizó esta traducción mientras estaba exiliado al lado de un lago suizo. Y me voy encontrando entre las páginas con pequeñas huellas de su anterior propietario, manchitas de café y pequeñas anotaciones a lápiz. La afinidad de elección me cierra con ellos entorno a Goethe, autor que ejerce una atracción real sobre los lectores como otros genios contemporáneos como Beethoven, cuya obra también es un rio desbordado, dejando a la naturaleza en su esplendor.

Hoy en día la lectura en tablets limpias de toda huella humana nos ofrece la lectura de una manera mas higiénica borrando el tiempo. Si hubiera optado por este medio de lectura, mi reflexión sobre la situación de la España de la guerra civil, la violencia que se desató también dentro de estas fuerzas de elección y afinidad, sería distinta. Sólo me hubiera movido en las líneas de relación de los personajes, lejos del fragor de la batalla, la mordaza de las ideologías, la lucha fratricida. Y ahora me doy cuenta que esta línea entre la paz social, el respeto, la moral y la ética se puede romper fácilmente, la violencia ancestral y las afinidades dentro de momentos de tensión social o económica como el actual pueden hacer explotar todo.

Goethe fue una persona ilustrada, culta y sensible que veía con horror como se había desencadenado la Revolución francesa y el cambio provocado por la violencia, que arrancó de un sueño compartido de ideas sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Estos duros días que vivimos presionan nuestra vida y llevan a determinados seres y grupos a sacar de lo mas hondo de su naturaleza, al juntarse, una fuerza destructora de todo lo vivido, para la construcción de un hipotético nuevo mundo, por medio de la violencia, como el magma de un volcán, destrozando calles, pisoteando a las fuerzas del orden, yendo mas allá y creando sustratos de odio y violencia de muy difícil contención.

Si, Goethe me encanta leer tus cosas sobre todo en primavera. Afinidad electiva que me hace disfrutar, reflexionar y seguir adelante.

LA ERA DE LAS PANDEMIAS

Una reflexión en medio de la pandemia del coronavirus

Esta temporada tan complicada que vivimos está llena de interrogantes y de ansiedad. Tengo esa sensación de cambio de época, de crisis profunda en muchas mas cosas que la pandemia, aunque sea ésta la que empuje todo de manera violenta. El cambio económico de las potencias mundiales en un relevo hacia oriente y el desgaste político de unas naciones hartas de vivir con gobiernos poco competentes para despegar de los problemas, que son desde hace décadas de naturaleza mundial en un mundo profundamente interconectado. Una época de fracturas que me hace centrar la atención a otros momentos históricos también de crisis profunda.
Hoy en día los estudios históricos amplían sus enfoques a cosas importantes de la vida de los pueblos que convivían con las causas política, económicas y de pensamiento que tradicionalmente estudiamos. Así desde hace años el profesor Kyle Harper, rector del Departamento de classics and letters de la universidad de Oklahoma viene estudiando el fatal destino del Imperio romano centrando sus investigaciones en las enfermedades que sufrieron y que aparecen en el estudio del ADN y de sus patógenos, así como en el estudio de la climatología de esos momentos a través de los archivos naturales como piedras rupestres, núcleos de hielo, anillos de árboles, depósitos de lagos o sedimentos marinos.
El profesor Harper nos cuenta en su apasionante libro “El fatal destino de Roma”, que estas dos causas fueron determinantes en los momentos de crisis romana y esta tesis que hace unos pocos meses podríamos considerar muy arriesgada, hoy en día la entendemos, ya que vivimos bajo una pandemia mundial con millones de vidas perdidas , con poblaciones enclaustradas en sus domicilios, y porque estamos presos de un montón de fenómenos climáticos violentas que irrumpen como nevadas, lluvias torrenciales, enfriamiento global, que nos hablan sin duda de un cambio climático. Estas dos causas son la cara visible, real y podría decir salvaje de estos momentos tan críticos.
Tenemos que volver la mirada a los romanos en este momento para aprender de sus errores, dándonos cuenta de que la naturaleza puede plantarnos cara de forma violenta, mostrándonos en una mirada sencilla que el cambio climático está acampado ya entre nosotros y que los patógenos siguen su evolución como un ejercito de virus y bacterias que van mutando a cada poco haciéndose resistentes a los medicamentos.
Estudiando un poco las pestes romanas, la Antoniana (año 165) con mas de cinco millones de victimas, y la de Justiniano del 541 con mas de 50 millones, nos encontramos junto a ellas el cambio climático profundo con el que se desarrollaron. Así hubo una pequeña edad del hielo en este s. VI a consecuencia de unas erupciones volcánicas. Y la peste surge también como el Covid, de la ingestión de animales como la marmota en Mongolia y su transmisión a Europa vino con los mercaderes y fue transportada por un mundo interconectado lleno de calzadas romanas de un extremo al otro.
Viendo el nivel de vida que tenemos en occidente y en parte de oriente, los adelantos en todos los campos que nos han llevado a la luna, al estudio profundo de miles de aspectos, cambiando las formas de trabajo e interconectando a millones de personas, creemos que estamos protegidos por nuestra capacidad intelectual de ser afectados por cosas como una enfermedad vírica o una tormenta. Y estos días nos demuestran que esto no es así. Frente a todo nuestro potencial y poder aparece la naturaleza dándonos un revolcón muy doloroso. Hemos contaminado los fondos marinos, talado millones de hectáreas de bosques y tenemos un hambre imparable de consumir, transformar y devastar. Y la intercomunicación que nos permite estar juntos todos los habitantes del planeta en segundos, los medios de comunicación de masas, propician la transmisión de ese ejecito de bacterias que desde mercados muy lejanos nos llegan en forma de enfermedad y muerte. Estamos por tanto en la era de las pandemias, existen según el IPBS mas de un millón de virus no descubiertos en mamíferos y aves. Sabemos que hasta 850.00 podrían tener la capacidad de infectar personas.
Estas reflexiones me llevan a ver que la única manera de salir de estas situaciones es mediante un cambio de mentalidad a nivel global, pasando de la reacción a la prevención, mirando a la naturaleza de manera mas sostenible, ya que la aparición del Covid ha sido impulsada por actividades humanas, en este marco de sobreexplotación de todas las riquezas y bellezas que el planeta nos ofrece.
Una nueva era que planteando nuevos retos nos tiene que llevar a cambiar, a ser resilentes y a vivir de ahora en delante de otra manera, con otra mirada, con otras actitudes.
El estudio de la historia me da otras perspectivas ante la existencia y las dificultades, ahondando en el sentimiento de que los estudios de humanidades son herramientas necesarias hoy en día para vivir de manera mas sensata, conociendo más lo que somos en lo que hemos sido, vivido, creído y anhelado. Aprendiendo de los errores y avanzando.

Ayer estuvimos en el dolmen de Bernuy Salinero para ver la puesta del sol y el firmamento en el solsticio de invierno. Aunque la tarde y la noche estuvieron nubosas y el cielo no permitía ver los astros , planetas y estrellas, el momento fue impresionante.

Las puestas del sol en Bernuy en estos días de otoño- invierno son bellísimas, con sus colores tan marcados sobre las montañas. Disfruté mucho en un viaje que como un regalo me volvía a situar en el momento del descubrimiento y en los días de la excavación. La emoción por ir redescubriéndose una parte de la prehistoria de Ávila, siguiendo la huella a nuestros antepasados de hace milenios. En unos momentos que interrogan al hombre de todos los tiempos, en la muerte y su conexión con la vida, en un circulo continuo en medio de la naturaleza, fuego, piedra, agua y firmamento.

Recordar el descubrimiento hace mas de 30 años, y hacerlo con tanta gente que se acercó al dolmen, mis hijas, mi querida amiga y arqueóloga Rosa Ruiz. Momentos por los que doy mil gracias a Dios.

 

Este año nos está poniendo a prueba. Todas las restricciones que impone la pandemia así como el temor al contagio y el dolor por la perdida de seres queridos parece que son un poso amargo que va cayendo dentro de cada uno.

Las reuniones familiares se quedan muy reducidas, las fiestas sociales desaparecen, las calles parecen mucho mas tristes este año con cientos de negocios cerrados. En palabras de nuestro santo Juan de la Cruz sentimos que atravesamos una noche oscura llena de pesar y ansiedad. Pero si nos acercamos al santo de manera un poco mas cercana, leyendo sus obras y meditando lo que nos dice, la noche no es sinónimo de oscuridad y tristeza absoluta sino es un espacio donde vislumbramos la luz, transformando nuestro corazón. Un periodo de prueba que nos puede transformar si queremos vivir de manera mas sincera con nosotros mismos. Un momento de reflexión en la penumbra que nos reconstruye por dentro.

En Ávila estas navidades están llenas de esos pequeños rastros de la luz que nos pueden ayudar. Y tenemos que hacer una lectura desde la penumbra de estos días, viendo qué somos y cómo nos transformamos para ese renacimiento que supone la navidad.

Estamos en la ciudad mejor para vivir algunas experiencias navideñas únicas, las de la verdadera navidad alejadas de todo el ruido y el consumismo que rodea estas fiestas. La primera y mas sobresaliente es sin duda la propia ciudad amurallada, la decoración navideña mas bella que se pueda imaginar. La vista de una ciudad que en la noche parece elevarse en medio de un cielo azul, tan bella y sorprendente, aunque lleves toda tu vida viviendo entre estas almenas. Nos empeñamos en poner luces en las calles al modo de otras ciudades y tenemos en luz lo que nadie puede tener, una muralla bellísima iluminada.

Tenemos en segundo lugar una historia profunda y riquísima que aparece también en estos días como luces en medio de la oscuridad. Muchos pueblos desde la prehistoria han vivido en este mismo lugar donde ahora estamos tan tristes y desconcertados. Debajo de nuestros pies los yacimientos arqueológicos nos van mostrando sus costumbres y modo de vida, como vivían estos días de navidad que coinciden con el cambio de estaciones en el solsicio de invierno. Tenemos un yacimiento extraordinario en el dolmen de Bernuy Salinero, que nos habla de las gentes que vivieron en esta tierra hace miles de años y que también se conmovían con la oscuridad de estos días y buscaban como hacer para que la luz de la primavera comenzara a iluminar sus vidas. La posibilidad de ver el cielo y estar al atardecer del día 21 de diciembre en el dolmen es un regalo navideño para todos, porque nos habla de esta conexión con nuestras raíces mas remotas, uniéndonos entre nosotros.

La navidad es para todos un momento de renacimiento, un año nuevo siempre aparece como el mejor regalo de estos días. Decoramos nuestras casas y nuestros místicos Juan y Teresa nos hablan de lo que puede pasar en nuestro interior, en nuestro castillo si nos abrimos al misterio que nos envuelve en estos días. Lo exterior desaparece tras la recogida de los adornos y la limpieza de la casa, mientras lo que renace por dentro nos lleva adelante sacándonos del miedo, la ansiedad y la tristeza.

Tenemos por tanto una tercera experiencia navideña única en Ávila, poder leer lentamente a nuestros místicos en el lugar donde ellos vivieron y sintieron tantas cosas que nos explican, en una ciudad que estaba en su retina y en su corazón como en nosotros. Nadie tiene esto, a Teresa y a Juan a su lado en casa esta navidad.

Frente a la pesadumbre que oigo entre mis amigos sobre la situación y la ciudad en estos días, me atrevo a gritar que esto no es así. Hay aquí mas luces navideñas que en ningún otro lugar del mundo, y además son luces que nos hacen revivir anclándonos a nuestro pasado, dentro de una ciudad abrazada por una muralla que, en luces, se eleva. Feliz Navidad.

 

 

Cada vez me doy mas cuenta de la relación tan profunda que tenemos los hombres con el medio donde nacemos y vivimos, con la naturaleza donde existimos. El suelo con su variedad de colores, minerales, las piedras, los árboles y arbustos que crecen alrededor. Los pequeños roedores, las águilas que surcan el cielo. Los ríos, arroyos, las tranquilas charcas donde se refleja el sol. El firmamento que se enciende al declinar cada día marcando rutas misteriosas encima de nosotros.

Nuestros antepasados mas remotos, los que vivieron en esta misma tierra hace mas de 5000 años tenían todavía una relación mas íntima con lo natural.  De su fusión con la naturaleza surgieron sus creencias, sus divinidades, ritos de distinto tipo. La explicación de los enigmas de la vida como los muertos y su relación con los vivos, el agua como elemento básico de la existencia, las luces que allá en el cielo cada día relumbran, las manchas rojizas de las rocas que muestran de manera natural siluetas llenas de significado…

No eran seres para los que sus creencias eran algo externo sólo sujetas a ritos en determinados momentos, sino que estas eran lo que movía su existencia, las que organizaban socialmente los grupos jerarquizados y lanzaba a los miembros de cada grupo a ser productivos para los demás, cazando, preparando el alimento, construyendo casas, enterramientos y lugares de rito y ceremonia. Eran seres rastreadores de indicios y huellas en lo que les rodeaba.

Los arqueólogos sacamos y estudiamos los materiales que aparecen en las excavaciones desde ahí podemos ir dando forma a pequeños retazos de la vida de los pueblos primitivos, usando distintos métodos de datación y con nuestro conocimiento sobre tipografía y elaboración de los materiales. También miramos alrededor, mirando al cielo, integrando nuevos conocimientos y perspectivas al estudio, como las que nos ofrece la Astroarqueología, una disciplina que se define como una astronomía de la cultura, buscando la relación de lo que vemos en el cielo con los restos arqueológicos de los yacimientos.

Todos los pueblos primitivos tenían esta fascinación por el cielo estrellado, allí encontraban indicios de un primitivo calendario, y en algunos momentos de la prehistoria, como en el megalitismo, esto era todavía mucho mas intrínseco: sabemos y podemos comprobar cómo se tenía en cuenta el firmamento, y los movimientos del sol para la situación y orientación de los dólmenes y de los cromlech o círculos megalitos. El cielo era en estas etapas el elemento vector de las construcciones y marcaba el ritmo  de las celebraciones y ritos.

La situación de los dolmenes en sitios abiertos al firmamento es algo que podemos vivir al llegar a Bernuy y adentrarnos por el camino que desde el pueblo nos lleva al yacimiento. Igual que ahora podemos divisar desde lejos la silueta del dolmen, los pueblos primitivos durante milenios sabían que estaba allí, sabían su función como lugar de enterramiento y de celebración de ritos relacionados con el mas allá. El fuego, que aparece en el suelo de la cámara en la excavación, así como los otros fuegos que sabemos que se encendían en la entrada, en el exterior, se juntaban con la piedra, indicando el sentido de viaje iniciatico hacia el interior del monumento. Aparecen cuarzos cristalizados que con el fuego y el agua, que había en esta época de año por aquí, muestran el circulo mas profundo de creencias en el mas allá, juntando todo bajo el cielo y su enigmáticos misterios.

Poder venir en el solsticio de invierno aquí y ver con detenimiento el firmamento, respirando el aire que envuelve las tardes – noches de diciembre en medio del campo abulense, es una experiencia arqueológica y vital única, para mirar con los telescopios y la ayuda de los expertos astrónomos que nos van a acompañar, es una ocasión para tener una experiencia de cómo vivían nuestros antepasados. Así uniendo lo que observemos y vivamos con toda la información que los arqueólogos vamos descifrando y mostrando en los estudios que continuamente van actualizando , aumentará el conocimiento de esas épocas tan remotas de nuestra historia.

Una actividad abierta a todo  el que quiera acompañarnos. La organiza el Ayuntamiento de Ávila, con la dirección de la arqueologa municipal Rosa Ruiz Entrecanales y colabora Jose Raúl Muñoz director  del Grupo de Observadores Astronómicos de Ávila que explicara el firmamento  desde los telescopios que se colocaran en el recinto para que podamos ver y disfrutar con la visión del cielo en el solsticio de invierno en el dolmen de Bernuy Salinero. En un día en el que se podrá ver la conjunción Jupiter- Saturno.

 

 

Cada año por estas fechas compro un almanaque del año que va a comenzar en enero. Me gusta comprarlo en pequeñas librerías de mi ciudad o en tiendas de ultramarinos de algún pueblo perdido que de repente aparece viajando por carreteras secundarias.

Me maravilla la cantidad de información que cada día me muestran: santoral, ciclo lunar, algún proverbio o refrán, la salida y la puesta del sol, el pronóstico meteorológico, el momento para sembrar qué tipo de verduras u hortalizas…

Contiene mucha información que tiene que ver con la historia, y para mi tiene un poso sentimental al sentir que desde hace ya siglos se viene usando.  Me une con personas de tantos sitios de España que, en ese momento, al principio de cada día, se paran a leer todas esas cosas escritas en letra pequeñita, en un fino papel.

Cuando no había hombres del tiempo, ni televisiones, ordenadores, estos calendarios o tacos eran los smartphones que todo el mundo usaba para saber en qué día vivía, y cómo tenía que afrontar la vestimenta, a quien tenia que felicitar, y si tenía ya que plantar los ajos porque la luna estaba en creciente. Pero era mucho mas.

Se consideran como literatura de hilo o cordel porque se colgaba de un hilo en los cristales de las librerías. Proviene de la palabra árabe al manak que significa clima mostrando su sentido, aunque el verdadero origen hunde sus raíces en Grecia, con los avances que hizo Ptolomeo, astrólogo de Alejandría en el s. I d. C.

Este año con la pandemia he mirado la hoja diaria del almanaque con mas interés. El frenazo de las actividades durante el confinamiento me ha dejado mas horas ante el escritorio. Poder acordarme de los santos de tantas personas amigas y familiares y poder felicitar desde casa, demostrando mi cariño y recuerdo.  He mirado mas el firmamento y he estado, desde el sillón de casa en las épocas de plantación de los huertos. He seguido las semanas del salterio.

En toda la información que tiene no aparecía nada que pudiera indicar este horror en el que el covid nos ha metido este año 2020. La vida continua en sus hojitas como si todo esto no tuviera que ver con estos días tan complicados y tristes.

Me imagino que el del año que viene contendrá algo de todo lo que estamos viviendo, como sucedió con el calendario Zaragozano El Firmamento con la gripe española de 1918 que en sólo un año mató entre 20 y 40 millones de personas en todo el mundo.

Fundado en 1840 por Mariano Castillo y Osciero puso el nombre de Zaragozano en honor al astrónomo español Victoriano Zaragozano y García Zapater que ya en el s. XVI elaboraba sus propios almanaques.

También me gusta tener el taco del Corazón de Jesús fundado en 1865 con sus aportes catequéticos, el santoral y las devociones. Todavía hoy cuando cojo algún libro de la biblioteca de mi madre, me encuentro con la hoja de un almanaque separando las páginas por donde iba la lectura de mi abuela.

Me gusta mucho toda esta historia que de unas simples y pequeñas hojitas se puede contar, porque creo que han sido mas importantes muchas veces que los sesudos libros y enciclopedias que por cuestiones económicas o culturales, no estaban al alcance de todos. Han sido maestras de millones de personas y aun hoy en día nos ponen en tierra a muchas otras, relacionándonos con lo importante de cada día de manera sencilla, sin problemas de coberturas, links, ni terminales.

Esta literatura de cuerda se completa con un montón mas de folletines que han ido entreteniendo, informando y culturizando a miles de personas. Recuerdo que novelas tan importantes en la historia de la literatura como La Comedia Humana de Balzaco Los papeles póstumos del Club Pickwickde Charles Dickens, se vendieron en estos quioscos en entregas periódicas.

Una literatura de cordel que tira fuerte de cada día. Que nos une a miles de personas en la tradición, la historia, la religiosidad y el saber popular. El sustrato de nuestra cultura común. Un hilo lleno de palabras y de vida encima del escritorio cada día.

 

Que iba a salirse el alma… bien se podía morir

La música nos lleva a otros lugares, crea en un momento el espacio que muchas veces nos falta en los libros, la historia y las crónicas.  Conocemos a Teresa en sus libros, hijos, obras y nos falta seguirla también en la música que la acompañaba, su banda sonora original. La música es un arte que nace y va perdiéndose al momento sólo para nuestro deleite, abriendo la puerta del compositor y del intérprete, dejándonos entrar.

Hace ya muchos años cuando volvía en verano de la Universidad de Salamanca había una cita que marcaba todo para mí, el concierto del órgano de cámara de la Encarnación interpretado por Antonio Baciero. Creo que mi interés por la Santa nació en esos momentos en los que aquella música me conmovía. Aparecía con la melodía, una Teresa que yo empecé a considerar muy distinta de la que había visto en imágenes estofadas y sobredoradas, que había oído en la cultura que como abulense me ha rodeado toda la vida. Un instrumento con un sonido sencillo y limpio, donde las cuerdas se oían en su individualidad. Desde entonces me encanta la música antigua.

La música y Santa Teresa ha sido investigada por mi querido profesor Antonio Bernaldo de Quirós, que recogió todos los datos posibles sobre su madre en la fe dentro del ámbito musical, indagando en el ambiente abulense en el que vivió, la música en el entorno del monasterio de la Encarnación, sus actividades musicales y su sensibilidad hacia la música a nivel personal y místico.

La educación musical de Teresa, que intuyo que era grande, es algo que no podemos encontrar en un dato concreto. Pertenece al ámbito de la intuición y hablando de la Santa es un método de conocimiento mucho mas interesante. Creo que Teresa era una mujer muy sensible hacia la música tanto religiosa como profana y popular. No tenemos tampoco ninguna referencia sobre su educación académica y es la primera mujer doctora de la iglesia y una de las escritoras mas importantes de todos los tiempos.

La música profana en Ávila, en la época de la juventud de Teresa, cuando ella vivía con su familia y salía como niña y joven a recorrer la ciudad, era muy rica. Recoge Luis Ariz que durante la visita de la emperatriz Isabel y Felipe II de tan sólo 4 años, se organizó una fiesta impresionante con desfile de trescientas mozas aldeanas de los sesmos ataviadas ricamente con sus galanes tocando gaitas, tamboriles y panderos. También

desfilaron serranos ataviados en grupos de doce y los maestrescuela sacaron a los niños disfrazados. Esta manera de divertimento y fiesta caló en nuestra Santa reformadora, que componía villancicos y cancioncillas para animar la vida conventual, con monjas que en las recreaciones cantaban, bailaban y tocaban instrumentos como las flautitas de embocadura de pico y tres agujeros que encontramos en la clausura del Convento de San José.

Junto con estas músicas alegres y para la fiesta, Teresa desde niña oía otro tipo muy distinto que le abría nuevos caminos de profundidad interior y de mística de los sonidos que como cristales de colores daban cuerpo a esa vidriera que era la música polifónica española que ella oía en las iglesias, especialmente en la catedral. Estaban en aquel momento en nuestra ciudad compositores tan importantes y sobresalientes como Cristóbal de Morales, que estuvo en Ávila en la catedral de 1526- 1528 cuando Teresa tenía unos 11 años. Estoy oyendo estos días el Officium defunctoruma cuatro voces que compuso en estos años en Ávila y he comprendido que esta música abre muchos caminos en el alma y el espíritu de tantas personas. Teresa estaba en este momento cerca de esta cátedra musical, viviendo en primera persona la mística de la música polifónica.

Estaban en la catedral de manera sucesiva grandes músicos que fueron además los maestros del otro místico por excelencia, me refiero a Tomas Luis de Victoria, así Jerónimo de Espinar, Bernardino de Ribera y Juan Navarro.

Con Tomas Luis, Teresa tenía muchas semejanzas, aunque no tenemos constancia de que se conocieran en persona. Cuando Tomas entró como seise en la catedral para educarse musicalmente, Teresa estaba en la Encarnación. Y seguramente este joven monaguillo oyó hablar del revuelo que una monja estaba protagonizando en la fundación de un pequeño convento en 1562 dedicado a San José. Luego Victoria se marchó a Roma y volvió en 1582 cuando nuestra Santa ya había fallecido. No se conocieron mucho en persona, aunque seguro que se habían saludado por ser sus familias feligresas de la parroquia de San Juan y casi vecinos. Pero lo que no me cabe ninguna duda es que ambos andaban por los mismos caminos de creación, de indagación personal y de búsqueda continua de la Belleza.

También feligrés de San Juan fue en estos años otro grandísimo músico, Antonio Cabezóncasado con una mujer abulense y aquí pasaba algunos días, deleitando a los fieles en las celebraciones catedralicias.

En la Encarnación cuando entró Teresa había un grupo de monjas que eran músicas y se dedicaban a tocar en las ceremonias litúrgicas y a acompañar el rezo del oficio divino. Eran las que tocaban esos preciosos instrumentos, en su mayoría contemporáneos de la Santa, que podemos ver en el museo del monasterio. Arpas de dos órdenes, guitarra, viola da gamba, salterio y el órgano de mesa. En el libro del Retablo de Carmelitas de Doña María Pinelrescatado y publicado por el anterior capellán del monasterio el p. Nicolás González, aparecen historias de monjas músicas que entraban sin dote, como las hermanas mellizas Isabel y Mariana Rosa Velasco o las otras hermanas Clara Eugenia y Eugenia Clara que tocaban el órgano y hasta el bajón.

La música en cuanto se interpreta, es propiedad del oyente que la hace suya y que va siguiendo su movimiento mas allá del oído. Teresa nos relata en la Relación 15 una experiencia mística profunda que ella vivió al oír una voz cantando en la oración, siel canto no cesara que iba a salirse el alma del gran deleite y suavidad que nuestro Señor le daba a gustar,…bien se podía morir, mas, no podía decir que cesase

Tenemos que educarnos un poco para disfrutar de esta música tan divina, pero luego será ella, la que nos irá educando a nosotros en muchas cosas, nuestra maestra. Es increible, pero cierto, conocemos a la Santa de manera muy especial y auténtica, oyendo a Victoria, Cabezón o Morales, en el sonido antiguo de un órgano de mesa, en la voz que a veces nos conduce muy lejos del sillón.

 

 

 

 

 

En estos tiempos donde prima lo digital en ocio, trabajo y relaciones interpersonales, me siento naufragar muchas veces, como si estuviera con los pies sin asiento en medio de un mar oscuro. Y vuelvo a anclar la mirada, a tocar, sentir, oler aquellas cosas que me enseñan, me consuelan, llenan mi vida de verdad y de vida. Libros con su olor tan característico en los que volver una y otra vez a los párrafos y capítulos favoritos, anotando ideas, dejando que todo quede ahí como testigo de tantos buenos ratos. El libro como un todo en si mismo, abriendo las puertas a lugares lejanos que comienzo a visitar, la belleza de sus hojas, los cantos y la edición, las láminas que hacen a los ejemplares únicos, bellos y llenos de rotundidad porque son y no porque parecen ser, reflejados en la pantalla de los ordenadores y los móviles. Porque los cojo y me pesan entre las manos, ocupan lugar y este es verdadero.

Los libros digitales como otro montón de cosas, películas, series, música, conversaciones, ideas, relaciones, se van volando en un momento presos de una actualización, el desfase de los soportes, un cambio brusco de presión, y comienzan a volar, dejándome una sensación de vacío y de soledad. Como esas imágenes de orientales que viven con un espectro de amigo, novia o sirviente en el salón.

Y todo se hace virtual, y siento que este momento de pandemia me empuja aun mas a este nuevo espacio, lleno de reuniones virales, trasformando las plazas, parques, bares y salones en la soledad de una pantalla que me lanza lejos de los demás. Falta cercanía entre nosotros y lo que me preocupa es que no sé si volveremos a abrazarnos y besarnos como antes, o si este camino lleno de pantallas viene ya para quedarse y aislarnos en casa, lejos del contacto real.

Todo esto cuando lo analizo me preocupa mucho. Estamos todos dentro del dominio de una nube digital, donde nuestras neuronas se van confundiendo con los circuitos de la red que va entrando por dentro modificando nuestra capacidad de decisión, hasta en los sueños todo esto repercute.

Dejamos nuestras relaciones en las redes sociales pensando que tenemos muchos amigos, y que nos comunicamos continuamente con ellos, y son los propios Ceos de las grandes compañías como Facebook, Twiter, WhatsApp, los que nos hablan de su trabajo en nuestro cerebro, siendo hackers de nuestro pensamiento, deseos, relaciones, como comenta Chamath Palihapitiya, que con Mark Zuckerberc construyó la red de Facebook del 2007 al 2011.  Chamath se encuentra ahora en el lado de las personas que conociendo lo que han hecho, se lamentan profundamente de su trabajo, y son verdaderos objetores de conciencia. La utilización de corazones y pulgares hacia arriba que fomentan el aumento de las endorfinas creando verdaderos procesos de dependencia al modo de las drogas mas conocidas. Los hackers ahora están en estas tareas, entrando a controlar nuestras neuronas.

Frente a todo esto, tenemos una herramienta muy fuerte que debemos aplicar desde ahora mismo. La herramienta del  “no”, para salir de la adicción y volver a ser las personas que realmente somos. Hacer un ayuno de esta nube que nos oprime, al menos alguna vez al mes. Así podremos disfrutar de los libros, de las plantas, de la música, las charlas con los amigos, los cuadernos, la escritura, los pinceles, las recetas de cocina.

Me imagino un futuro muy distinto a lo que quieren que vaya acostumbrándome. Sociedades mas cultas y comprometidas con el medio ambiente, responsables y solidarias con los que tienen menos y están menos preparados. Ayudándonos entre todos, hablando y sintiéndonos cerca, lejos de ser meros conejillos de Indias de desalmados con muchos masters y muy poca ética personal.

El futuro comienza ahora mismo, y voy a empezar a hacer ayuno de muchas cosas que me sientan muy mal y con las que no quiero vivir mi vida. Volviendo en este bucle vital a fijarme en lo concreto y tangible que ponga mis pies y mi cabeza en el suelo de la realidad y de la vida.