ARTE FLORAL EN DIALOGO CON LOS CUADROS DE LA FUNDACION ÁVILA.

Desde que comencé a aprender y a practicar los principios básicos del arte floral con mis maestros que tanto recuerdo, sentí que lo que encierra un arreglo floral es algo más que una idea decorativa. Con él podemos expresarnos y llegamos a los demás de manera directa, por los sentidos, en algo que estos lenguajes artísticos tienen, algo que va más allá de lo que encierran las palabras.

Así que cuando me llamaron para realizar una intervención floral en un acto del Comité Ejecutivo de la Obra Social y Fundaciones de CECA en el impresionante Palacio de los Serrano de Ávila, me dirigí a los fondos pictóricos que atesoran, llenos de grandes obras de maestros intemporales. Fuimos viendo los grandes lienzos buscando un nexo de unión entre ellos con el espíritu del encuentro, el momento que vivimos en nuestra pequeña ciudad de Ávila, el tiempo, la belleza, la amistad, la naturaleza y las flores. Lo intemporal de la expresión hizo que eligiera tres cuadros muy diferentes pero que parecía que estaban en el mismo lugar, por esos lazos misteriosos que unen entre si a las obras de arte.

Con cada uno de ellos iba a empezar un diálogo lleno de flores, hojas, ramas, musgos, materiales que iba eligiendo en cada diseño, usándolos al modo de los pigmentos, dejando que lo sutil de su naturaleza etérea y caduca llenara el momento de otros matices que los cuadros atesorados por si solos no pueden aportarnos.

Elegimos un maravilloso cuadro de Eduardo Chicharro, uno de los grandes pintores en el paso del s. XIX al XX.  Discípulo de Sorolla, fue un pintor costumbrista que nos muestra la España de su época con un montón de matices, un colorido brillante, recogiendo elementos y ropas del momento, mostrándonos escenas llenas de vida. Este cuadro muestra una imagen costumbrista llena de encanto: un momento en el interior de una cocina de la Ávila de hace más de un siglo. Nos habla de lo que somos y sobre lo que construimos nuestra sociedad: la familia, la cocina, los niños. Ese interior que da paz y en el que la memoria descansa de tanto ajetreo diario. Con dos elementos típicos de aquí como son la jarra pintada, el plato de loza, y el gorro de paja que he elegido para el diseño.

Elegí un diseño floral clásico de estilo decorativo vintage, construido sobre una jarra con flores otoñales, aquellas que seguramente había en los huertos y jardines de hace un siglo, claveles en colores otoñales y crisantemos. Trabajado en forma de bodegón, con el gorro de paja y un textil antiguo bordado. Y se destaca las caídas de cintas de colores de lana que van a servir de punto de unión en los distintos arreglos florales. La jarra y el plato son reproducciones del ceramista de Cuevas del Valle, Alberto Illescas, con la misma decoración del cuadro.

El siguiente diálogo me ha llevado al cuadro de José Manuel Proto, que nos sumerge en la modernidad más absoluta, esa que busca en lo esencial y en el minimalismo su expresión y el mejor estilo floral para expresar esto es sin duda el Ikebana japonés, en una adaptación que denominamos en el arte floral occidental estilo formal lineal

He seleccionado unos pocos elementos que se mueven en las tres esferas del individuo, el cielo, el hombre y la tierra.  He elegido unas calas amarillas que se mueven en su tallo esbelto mostrando esta concentración, simplicidad y belleza.  Pocas flores son tan espirituales, ligeras y etéreas. Las calas se dibujan en la mirada sobre unas varas de Eremurus. Estas flores forman líneas amarillas muy poderosas y nos dejan ver la belleza rotunda de esta flor de verano que aporta sensación de asentamiento y fortaleza. Una flor que se conoce también como la Rueca de Cleopatra y que nos une con toda la simbología de la decoración. La silueta amarilla que destaca sobre el fondo negro del cuadro está trabajada en los grupos de lana amarilla en forma de nido, que nos muestran la unión de las flores y la lana.

De los dos cuadros situados uno al lado del otro, con su arte floral al lado expresando su verdadera esencia, aparece un elemento que de los cuadros y de los arreglos se lanza a la decoración de las mesas del banquete. ¡Cómo disfruté el otro día dejando caer de los nidos de lana de tonalidades amarillas melenas de lanas que daban a la decoración una calidez increible! Realmente fue la lana la que arrancó en mi interior las líneas de todo el diseño.

El día siguiente a la cena fue el cuadro de Fernando Sánchez “el Pirata” el que marcó todo el diálogo. El mercado de frutas y verduras de los viernes en el Mercado Chico es un lugar de encuentro para todos los abulenses. No sólo encontramos frutas y verduras frescas sino que seguimos con una práctica que ya hacían nuestros abuelos, y donde tenemos anclado nuestro pasado. Aquellos días de mi niñez con mi madre comprando cajas de tomates para hacer conservas.

Este cuadro del pintor abulense Fernando Sanchez tiene todo este poder evocador, en un ambiente casi de ensueño, con una niebla que lleva todo a un lugar casi místico, donde la lluvia moja el suelo, iluminando todo.

En el diseño de este cuadro del mercado, coloqué un paraguas trabajado con verdes ya un poco otoñales. Y una caja de frutas y flores, uvas, higos y peras, así como plantas de  crossandras, brezos, violas y helechos, para que el cuadro tome vida y nos introduzca en todo su mágico escenario pictórico. Todos estamos en este viernes en la plaza del Chico, comprando, encontrándonos y disfrutando

Realicé un camino de arena verde para seguir las mismas líneas compositivas del cuadro, el camino que más que ser sólo el que nos conduce a la compra cada viernes, es el de la vida que viernes a viernes va pasando, donde dejé algunas frutas que muestran la línea de fuga de la memoria que viene hacia nosotros y se va poco a poco perdiendo.

El arte floral expresa vida y nos adentra en nosotros mismos, lo que somo como producto de lo que hemos vivido, de donde hemos tenido la suerte de vivir. El paso del tiempo, como hojas que llenan de color y belleza el pavimento con sus adoquines ruidosos. Como decía  el gran novelista y poeta japonés Natsume Soseki en este bello haiku  : Cayeron hojas,/ y el viento las encumbra,/ sobre las torres. Hojas de recuerdo, flores que avanzan en nuestro interior.

ALTA COSTURA EN EL MUSEO DEL LOUVRE.

Pájaros posándose entre las cuerdas y los campanarios.

Hasta el próximo 24 de agosto podemos disfrutar de una exposición espectacular en el Museo parisino del Louvre. Mas de sesenta piezas de moda de los grandes diseñadores de alta costura han llenado las salas con todo su encanto y belleza. Piezas que dialogan con las obras expuestas mostrando su inspiración en el Arte Clásico desde la Antigüedad Romana y Bizantina hasta el s.XIX. Un dialogo sorprendente, novedoso y profundamente poético.

El comisario de la exposición Oliver Gabet, director del departamento de Artes Decorativas del Museo es experto en este tipo de actuaciones novedosas que empujan a miles de visitante a ir, a volver a los museos despertando no sólo el interés sino la creatividad, llenando de vida todo.  Oliver consiguió más de once millones de visitantes en el nuevo Museo del Louvre de Abu- Dhabi.

Las piezas de alta costura invaden las salas, posándose como mariposas sobre los cuadros, las esculturas, lámparas y alfombras. Así recuerdo el maravilloso vestido de Iris Van Herpen inspirado en un pájaro mágico llenando de belleza los aposentos de Napoleón III. Me venían a la memoria los versos de Rimbaud en sus Iluminaciones.“ En el bosque hay un pájaro. Su canto os detiene y os hace envejecer…”

 En los elegantes salones aparecen las creaciones como posándose, así podemos ver el vestido inspirado en los miriñaques del japones Yohji Yamamoto. Con unos círculos que salen del vestido llenando de movimiento el espacio.

La inspiración en la Edad Media es un referente para todos los creadores y artistas, la limpieza de líneas y la rotundidad de su aspecto encaja a la perfección con el gusto contemporáneo. Así los tapices de la Dama del Unicornio del Museo de Cluny sirvieron a la diseñadora María Grazia Chiuri para hacer un vestido tan sobrio como elegante y sofisticado trabajando para Christian Dior.

Otros tapices también han desarrollado la creatividad, como el de La caza del Archiduque Maximilian tejido en Flandes a finales del s. XV con un jinete central que es nuestro emperador Carlos V.  Este tapiz inspiró al japonés Jun Takahashi  diseñador y director de Under Cover : juntando la Antigüedad Renacentista con su postulado estético cercano al punk, creando unos pantalones bombachos, los greguescos, con un aspecto de papel.

También los suelos de mármol con los motivos ajedrezados de los palacios y las Iglesias Renacentistas Italianas han inspirado algunos vestidos espectaculares como el que creó Silvia Venturini Fendi para Karl Lagerfeld.

En medio de una vitrina del museo, mezclado con calices y relojes de bronce, oro y plata aparece un corsé de Thierry Mugler, y en el relicario de la Santa Cruz bizantina se inspiró Gianni Versace para diseñar un vestido fantástico que se pega al cuerpo con todo su oro de matiz antiguo.

Tanto está gustando esta muestra que el propio comisario Gabet ha tenido que explicar que estos trajes tan bellos por más que sean verdaderas obras de arte no pueden formar parte del Louvre de manera permanente. Y es que al ver la muestra quedas fascinado, así quedé yo al ver el vestido de Dolce & Gabana inspirado en los mosaicos de la Catedral Siciliana de Montreale que tuve la suerte de visitar hace unos años, con sus colores ocres y rojos cardenal.

También me ha encantado el diseño del jovencísimo diseñador francés Charles de Vilmorin : un vestido blanco marfil drapeado que recuerda la luz que podemos ver pegada a los marfiles que se ven en la sala donde se expone, como el del Descendimiento de la Cruz.

Una exposición fantástica donde disfrutar de las obras de arte de belleza intemporal del Louvre, donde recrearnos con la creatividad de las casas de moda de alta costura. Como bellas mariposas o pájaros los diseños llenan de vida el museo, volando, entablando un diálogo profundo con un pasado inspirador y lleno de belleza. Tendiendo puentes entre las artes y entre nosotros los visitantes, mientras recuerdo nuevamente a Rimbaud: He tendido unas cuerdas de campanario a campanario: guirnaldas de ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a estrella, y bailo.

Estamos viviendo una primavera muy difícil.  La Pascua se llevó al cielo al Papa Francisco en medio de un panorama mundial que tiene la forma de una ola negra que nos asfixia. Catástrofes naturales que arrasan con miles de vidas, personajes que tienen en sus manos el destino de millones de personas que ven el mundo como un gran mercado en el que obtener beneficios, muertes, guerras, intransigencia y dolor.

En medio de todo busco algo que amortigüe tanta presión, algo que lejos de ser sólo un entretenimiento me sirva para buscar la paz y la verdad que sé, porque nuestra Santa nos lo dice, está dentro de nosotros. La costura es una especie de oración que siempre tiene un poder medicinal para miles de personas, cada puntada es algo así como una nueva cuenta de un rosario que amortigua las preocupaciones y nos reconforta el ánimo.

Busqué un tipo de bordado que me ayudara a relajarme y apareció el shasiko un tipo de puntadas, del tamaño de un grano de arroz, que se lleva haciendo en Japón desde hace siglos. Sobre una sencilla tela de algodón de color azul oscuro, los japonenses van cosiendo, puntada a puntada, motivos que parten de una cuadricula, y que tienen su propia simbología como las flores de los cerezos, los movimientos de las olas del mar o de los pájaros en el aire, las puntas de diamante. Un bordado que se hacía para reforzar las telas que eran costosas sobre todo para la población mas pobre del país.  Bordando en las casas, donde hombres y mujeres disfrutan con sus diseños en las épocas de menos trabajo agrícola o pesquero y ahora en los tiempos libres al terminar las jornadas laborales.

Me pregunto porqué volvemos desde occidente la mirada al mundo oriental en particular al japonés y la respuesta creo que está en la búsqueda de la sencillez de lo esencial y su belleza.  Los haikus están entre los poemas mas leídos y admirados por esa ventana de aire fresco que provocan. Belleza, contención y paz, quitando lo superfluo. Algo así ocurre con la práctica floral del Ikebana, representado con pocos elementos la naturaleza desde el suelo hasta las ramas de los árboles que nos introducen en el cielo. Agua, hoja, flor, rama, en un paisaje al tamaño de mi casa, de la mesa del salón. Los bonsáis y todo su mundo lleno de sabiduría en la verdadera esencia de los árboles, en cuyo cuidado sentimos que nos cuidamos también a nosotros.

Las casas las vamos decorando también siguiendo algunos de los postulados japoneses del estilo japandi, buscando espacios relajantes, líneas sencillas y materiales naturales. O la utilización del estilo wabi-sabi que busca la belleza de lo imperfecto, ayudándonos a valorar las cosas incompletas y efímeras que nos rodean, dándolas una nueva oportunidad y haciendo que se vean bellas en nuestro hogar. En la línea del kintsugi, buscando la belleza de aquello que se rompió en pedazos pero que al recomponerlo adquiere una belleza singular.

Entre todos los diseños de shasiko que he podido recopilar en plantillas, me centro en uno que hace la forma de las olas. Uno de los artistas que se cita en relación con este motivo, es Katsushika Hokusai, que vivió entre los siglos XVIII y XIX. Sus grabados como la serie “Treinta y seis vistas del monte Fuji”, han impresionado por su belleza a públicos de todas las partes del mundo. Así el dibujo de una gran ola fue el que eligió el musico Claude Debussy para que acompañara a su obra musical, La mer.

Para posicionarnos en este panorama tan complejo y difícil, el arte y las artesanías como este Shasiko, no son sólo entretenimientos y momentos de evasión. Creo que sacan de nosotros, en medio del sosiego que nos provocan, lo mejor que tenemos, nuestra humanidad. Mirándonos a nosotros mismos, reflexionando con un trozo de tela, podremos apostar por un mundo diferente, lejos de guerras y de violencia, buscando lo bello y sencillo de la humanidad, puntada a puntada. Mientras bordo cada grano de arroz rezo por Francisco dando gracias por todo su legado de humanidad evangélica y amor a los pobres, en medio de una ola negra  al estilo de la de  Hokusai , que llena todo de tristeza y preocupación.

Una de las cosas que provocan las obras de arte es la invasión de nuestros sentidos, la habitación interior. Cuando, después de ver una exposición, oír un concierto o una ópera, visitar la capilla de un templo, leer un poema, sigues en ese mundo creado para ti, durante días o meses, la obra de arte está ejerciendo todo su poder: puedo decir, sin ser exagerada, que sientes que está viva.

Este poder mágico hace que los días que están bajo su influjo, salgan de lo cotidiano para llevarnos a otros lugares. Esto es lo que siento con un cuadro de Lord Frederick Leigthon que tuve la ocasión de ver en una fría mañana londinense en la Royal Academy of Arts. Una mancha naranja potente que atraviesa la figura femenina y que se fija en las pupilas del espectador, y nos hace sentir calor en medio del clima frío, alegría en medio de una migraña cruel, amistad mientras estamos recluidos en casa. Calor, luz y vida recogidos en el cuadro “Flaming June”.

La obra que pude ver en Londres está habitualmente en el Museo de Arte de Ponce de Puerto Rico. A este país llegó en una serie de vaivenes que relatan muy bien las fracturas que muchas veces presenta el mercado del arte y las críticas y apreciaciones de las obras de arte a lo largo de los años. Pese a ser la obra de un artista consagrado, que llegó a ser el director de esta Academia Real londinense, su obra sufrió durante decenios una cruel consideración de ser amanerada, pasada de moda y al contrastarla con el arte contemporáneo, se la dejó de valorar en su justa medida. Algo que pasó con buena parte de los artistas del movimiento llamado  Prerafaelitismo del siglo diecinueve inglés.

Leigthon, no sólo fue un hombre guapo, fuerte, inteligente y poliglota, sino que se formó en París tomando clases con Alexander Dupuis, en Roma con Eduard Pynter y en París nada más ni nada menos que con Mcneill Whismer. Fue el líder de un grupo de escultores que tenían como inspiración en Partenon, llamados “Los olímpicos” donde estaba también Lawrence Alma Tadema.

Pese a lo bellisimo que es este cuadro Luz de junio, con esa figura femenina recostada que recuerda a las figuras que el gran Miguel Angel realizó para la tumba de Giuliano de Medici, no se llegó a vender en una subasta en 1960, una década cruel para este movimiento prerrafaelista. Su precio de reserva era de unos 860  euros actuales, más o menos.

Luis E. Ferrer, empresario y político puertorriqueño, estaba de viaje en Europa y encontró en Ámsterdam, en un rincón perdido de una galería este cuadro, que inmediatamente cautivó su mirada. Pudo adquirir la obra por unos 10.000 dólares, ya que le dijeron que nadie la quería por ser una pieza anticuada. Y así llegó Flaming June a Puerto Rico y hoy en día es una de las piezas más emblemáticas que tiene este museo, y que hace que miles de visitantes de todo el mundo vayan a ver este cuadro que se le considera allí como un milagro, al modo de la Gioconda y sus miles de visitantes.

No siempre lo que dicen los críticos de arte, ni los manuales al uso debe cambiar lo que sentimos al vivir una obra de arte que se mete en vena en nuestro interior. La experiencia personal, nuestros sentidos y sensibilidad están por encima de todo y sólo a ellos debemos rendir respeto.  Eso siento cuando cada día veo una pequeña reproducción del cuadro que pude comprar en la tienda de la Royal Academy. Adoro las tiendas de los museos, poder llevarme una pequeña reproducción de eso que tanto me ha cautivado, para dejar que me ayude a vivir aquí en casa, así, aunque haya días fríos y pasados por agua, puedo sentir esa luz de junio naranja y cálida que me llena de emoción.

El Homenaje a fray Victorino Terradillos en Arenas de San Pedro.

 

La tarde del 17 de enero de 2025 estaba muy fría en Arenas. Cogimos el coche y cuando entrabamos por el túnel de vegetación que envuelve el Santuario de San Pedro de Alcántara sentí una cierta nostalgia, un sentimiento cálido y triste a la vez, recordando otros momentos en los que iba a este templo a estar un rato a solas con la naturaleza maravillosa que se nos regala, con el Santo Pedro de Alcántara que tan amigo fue de Santa Teresa y a encontrarme con un fraile muy cercano y cordial, el padre Victorino Terradillos.

La fraternidad del Monasterio y los amigos del fray Victorino habían preparado un encuentro muy especial, con la presentación de dos libros dedicados a él, con unas bellas interpretaciones de música que nos ofrecieron las hermanas alcantarinas y con la recitación de versos de Antonio Pascual Pareja.

A los lados del altar había dos grandes carteles presentando el acto y uno de ellos me impresionó mucho porque era una fotografía de Victorino de tamaño real, con ese semblante risueño y lleno de bondad con el que siempre me recibía en esta capilla tan bella.

Todos los que estábamos allí tuvimos cosas que decir de Fraidio, como a él le gustaba poner en sus escritos. Desde el alcalde de Arenas Carlos García que recordaba la simpatía y la dedicación a las artes de Victorino, hasta los dos autores de los libros que a él se dedican: María Victoria Triviño y el fraile Julio Herranz, Guardián del Monasterio. Dos libros interesantísimos porque recogen dos materias que para Victorino eran muy importantes, su trabajo como mistagogo, ayudando y acompañando a tantas personas en el camino de la vida. Y la otra se centra en la figura de San Pedro de Alcántara al que dedicó tantos años y estudios. Todas las investigaciones quedaron recogidas en las actas del Congreso que se celebró en el 2022 y al que nuestro amigo dedicó tanto trabajo y entusiasmo.

Decía la hermana clarisa María Victoria Triviño que había elegido la foto que ilustra el libro con un río de montaña para hablarnos de la figura de Victorino y de cómo sus escritos, que salieron directamente de lo más hondo de su espiritualidad y de su interior son pepitas de oro para todos los que buscamos un sentido a la vida. María Victoria que ya presentó otro libro con los escritos de Victorino justo hace un año: “Fraidio. Semblanzas y escritos”. Son pepitas que hay que buscar y buscar, en ese ejercicio diario que es la meditación y que nos va ayudando tanto en nuestro día a día. Dijo algo que yo siempre he sentido al pensar en Victorino, que es un místico de nuestro tiempo y que su legado está ahí para que podamos hacerlo nuestro al leer sus escritos que son parte de su vida.

El libro que presentó fray Julio Herraez: “La ermita de San Andrés atrio de la gloria”. Las actas del Congreso Nacional en el IV Centenario de su beatificación y patronazgo, es muy interesante y va a ocupar un lugar importante en mi biblioteca porque la figura de San Pedro de Alcántara me interesa muchísimo, su relación con la Santa, sus escritos, su vida y todo está recogido en estudios muy profundos que nos van revelando muchos aspectos de la vida y el pensamiento de este gran santo. Con un bello apéndice final que hizo Victorino recogiendo muchas poesías dedicadas a San Pedro.

¡Qué gusto sientes cuando se hace un homenaje a un amigo! Y qué agradecimiento tan hondo, queridos hermanos de ese Santuario, por este momento.

Ahora en Ávila, leyendo los dos libros estoy de nuevo en ese mágico lugar. Gracias de corazón.

 

 Este verano me he sumergido en el mundo de las lanas, los vellones, las ruecas y los husos. Ha sido como volver a los orígenes, en un viaje a la Edad Media, al sentir entre mis manos ese regalo que las ovejas nos dejan, la lana. Todo empezó cuando mi hijo S. Zoilo, vitivinicultor en la Sierra de Gredos, comenzó a usar los vellones de las ovejas que pastan en nuestros viñedos para tapar las raíces y el tronco de sus viñas, para protegerlas de las inclemencias del tiempo, calores sofocantes y fríos extremos, así como para ayudar a prevenir plagas e infecciones. Cuando vi todos esos vellones bajo las viñas, tuve el deseo de tocarlos, de trabajar con ellos, de conocerlos. Me parece increible que un producto tan especial que ha sido el emblema y la riqueza de Castilla durante buena parte de su historia ahora no se utilice. En los pocos talleres españoles de mantas y otros objetos como en Grazalema, hechos de lana virgen, se traen los vellones de Australia y de otros países, sin aprovechar lo que nuestros rebaños nos dan.

La producción de la lana en nuestro país fue muy importante hasta los años ochenta cuando la lana sintética que es mucho más económica, se impuso en el mercado. Hoy en día sólo el uno por ciento de la producción mundial de fibras textiles se desarrolla a partir de la lana virgen.

Comencé a darme cuenta de la naturaleza de todos los objetos de lana que tengo, jerséis, bufandas, mantas y que, aunque pensaba que eran de lana, realmente están hechos de plásticos. Con eso me visto y me caliento, y ver esos vellones tan poco valorados me produce una pena enorme.

Me llevé a casa un vellón, y siguiendo videos de mujeres de pueblos perdidos en la montaña que aún usan la lana de sus rebaños, comencé a lavar, escarmenar, cardar, hilar… a hacer todo lo que se necesita para que podamos obtener de los vellones unos ovillos para poder tejer calcetines, chaquetas o bufandas. La experiencia con el vellón fue preciosa, sentí una conexión profunda con una parte antigua de mí que no conocía. Entendí el valor de la lana y lo increible que es trabajar con ella.

Los días pasaban en Mombeltrán este verano, y poco a poco iba entendiendo el proceso hasta conseguir manejar los husos y tener unas rudimentarias madejas con las que comenzar a tejer. Y cual fue mi sorpresa cuando en Cuevas del Valle se realizó un taller para enseñar todo este trabajo que yo estaba haciendo. Un grupo de personas estábamos allí, en la Calle Real, en un pequeño local, creando vínculos entre nosotros, animándonos a seguir en esto. Algunas personas comenzaron a quedar para ir a los ríos a lavar los vellones, a teñir la lana con tintes naturales de plantas y otros elementos que la naturaleza nos regala. Todo un movimiento que nos lleva a valorar la lana y que nos permite tener entre nuestras manos hilos de calidad que aporten a nuestra vida diaria calor, ternura y suavidad. Protegiéndonos de la humedad, en jerséis, mantas y calcetines que durarán en nuestros cajones años.

Ahora quiero conseguir una rueca y poder pasar las tardes de los días de descanso, hilando y consiguiendo ovillos con los que poder hacer mil prendas que se me ocurren. Volver a una actividad que ha sido siempre coto de las mujeres, donde se reunían muchas veces a hablar y a pasar las tardes tan entretenidas. Voy en un momento a la celda de nuestra Santa Teresa, y a su rueca que siempre estaba cerca de ella. Mientras hablaba con sus amigas estaba seguramente con esa sensación placentera que tengo entre mis manos cuando estoy hilando, con ese olor a oveja dulce y agrio que me envuelve en el tiempo, y que me reconforta en medio de un panorama mundial lleno de tragedias naturales, guerras, intransigencia y dolor. Huyendo por momentos del mundanal ruido.

Estábamos hace unos días visitando unas bodegas en Hungría, en la zona de Eger llamada el Valle de las mujeres hermosas, cuando, al salir de un castillo me encontré en una tienda de antigüedades con un delantal bordado. Tuve una sensación parecida a la de Proust cuando comía una magdalena en el camino de Swann. Volví en un momento a las labores del colegio, a los muestrarios de mi madre, a la casa familiar con sus costureros sobre la mesa.

Salir de visitar una fortaleza militar como la de este lugar húngaro, con sus torres de vigilancia, fosos, barbacanas y matacanes, mirando el paisaje nevado, calaba por dentro mi ánimo. La historia parecía que me pisaba con una huella que se quedaba impresa en la nieve como las que dejaban nuestras botas recorriendo el lugar. Y al encontrar este delantal bordado con sus pájaros y flores en el fondo de una caja de textiles antiguos, me encontré con la otra parte de la historia, la de aquellas personas que no defendían su vida con armas, sino que salían vivas de las dificultades de cada día, bordando, cosiendo, cocinando, remendado, planchando. Ahora que se usa tanto la palabra resiliencia, creo que es el término más adecuado para describir la actitud de esta parte de la población, mujeres en su mayoría, que también han escrito la historia.

En medio de las dependencias del castillo de István Dobo, encontramos una exposición de bordados de una mujer muy especial llamada Hollò Valeria que en el periodo de entreguerras creó una colección etnográfica privada de toda la cuenca de los Cárpatos. Entre las vitrinas con las muestras de vestimentas bordadas, aparecían sus fotografías cuando recorría los pueblos mientras hacía acopio de diseños, modelos de bordados, técnicas y materiales.

En este viaje al estilo de Proust, llegué a todo el mundo que mi madre me ha contado, las largas tardes en la galería de plantas de mi abuela Catalina, en lo que fue la Sección Femenina, de la que ella fue instructora general, y cómo recogían también al estilo de Holló, las piezas y bordados de toda España aprendiendo a repetir modelos para salvarlos del olvido. Las actividades artísticas y culturales que promovieron fueron más allá de las labores de adoctrinamiento político, creando espacios de libertad y de aprendizaje. Con su trabajo rescataron labores, trabajos de artesanía que habríamos perdido para siempre, enseñando a tantas mujeres a coser cosas prácticas para su vida cotidiana y a disfrutar con la realización de estas piezas.

Las labores de costura, así como otras artesanías, nos ayudan también a sobrellevar la carga de la cotidianidad que a todos nos pesa. Encontrar un ratito de vez en cuando para bordar o hacer ganchillo, sigue funcionando hoy en día como en la época de Hóllo, relajándonos, ya que, tras cada puntada o vuelta del hilo, el ánimo se va calmando y la repetición del gesto nos lleva a un estadio de bienestar interior y de sosiego.

Al coger este delantal húngaro entre mis manos, me uno a tantas personas que han ido configurando la historia verdadera, al margen de la política, la guerra y la violencia. Las que construyen su propio devenir con silencio, con una pequeña labor en sus manos, uniéndose entre ellas, y siendo parte de un puente humano que nos cose, haciéndonos entender la vida de otra manera mas tranquila, pacifica, donde la cercanía se constituye en un valor sobre el que construir el día a día.

Mientras lavo con cuidado este delantal e intento copiar los motivos bordados, siento que voy construyendo también mi propia historia familiar, dejando un legado bañado de resiliencia y pacifismo ante las adversidades, viviendo la vida la margen de todo aquello que envuelve la violencia y la intransigencia, algo que ni la nieve más pura y recién caída pude ocultar.

Mensajes sanadores desde la nebulosa del tiem

 

Así comienza un poema escrito en el s.XIII por una mujer, beguina, llamada Hadewich de Amberes. Su nombre aparece en medio de una nebulosa que nos lleva a una época muy antigua pero fascinante. La lengua que utiliza para escribir sus textos es la propia del Ducado de Brabante, sus Cartas y Canciones nos muestran su elevada educación y el gran dominio de la lengua en un momento en el que estamos en los inicios de la literatura en los Países Bajos, expresando en ellos su vida interior, yendo por tanto un paso mas allá en la expresión que en el momento se centraba sobre todo en los textos sobre la vida cotidiana y caballeresca.

Lo que me hace leer una y muchas veces sus textos es la viveza de lo contado que al referirse a lo que nos acontece por dentro encuentra un puente perfecto con mi interior. Así nos entendemos profundamente, y llego a aprender muchas cosas de Hadewich, que se comporta conmigo como una mistagoga o maestra de vida espiritual al estilo de Teresa de Jesús.

Hacia finales del s. XII hubo un grupo de mujeres en distintos sitios de Europa que abandonaron sus vidas como señoras, viudas o solteras para ir a mendigar por las aldeas siguiendo el ideal radical y auténtico del Evangelio. Buscaron otra vía alternativa al matrimonio o la vida consagrada dentro de un convento. Algunas vivían errantes y otras se asentaron en casas individuales o en pequeñas comunidades de compañeras. Al principio este nombre, beguinas, tenía connotaciones heréticas como beatas dispersas pero luego poco a poco al ir conociéndolas esta apreciación cambió totalmente. Se dedicaban a enseñar, a curar enfermos, y a ayudar a todo el que estuviera a su alrededor también en el ámbito de la espiritualidad. Llevaban una vida de oración continua y debido a lo esmerado de su educación también interpretaban las Sagradas Escrituras lo que comenzó a levantar muchas sospechas sobre ellas, llevando a un gran número de estas mujeres a la hoguera.

Hadewich tiene un lugar de renombre entre las beguinas, por su propia vida y expresión de lo vivido en el alma, lo que llega acarrearle muchas incomprensiones incluso entre estas mujeres. Sus Cartas son documentos muy valiosos no sólo para sus discípulas de ese momento sino para todos y así a sido a lo largo de la historia. Su camino místico empujó a esta beguina a hablar sobre sus experiencias y a compartir todo esto con sus amigas para ayudarlas también a ellas en el camino de la vida.

En un tono apasionado nos habla del amor y de cómo cambia nuestra vida cuando nos hacemos súbditos de él. Pero lo que me engancha a su lectura son todas las apreciaciones sobre las adversidades, problemas, enfermedades que sufrimos. Sobre la falta de lealtad de los amigos, la inestabilidad interior y la búsqueda de Dios en el ritualismo que nos ata dolorosamente el espíritu cuando no va lleno de la verdad y el amor que nos habita. Sobre el abandono que sentimos, ese sentimiento de orfandad vital que nos empuja muchas veces a la tristeza y la depresión.

La literatura epistolar en la Edad Media tenía unos matices diferentes a los de hoy en día. Se escribía para ser leído en voz alta, ya que la escritura estaba sólo restringida a un grupo de privilegiados. Siempre utiliza la expresión “querida niña”, no porque sus destinatarias fueran jóvenes sino para introducir en sus palabras un gesto de cariño y cercanía que hoy llamamos empatía. Con sus consejos hallaban consuelo en la adversidad de una vida llena de riesgos y de dificultades.

Sus Canciones, a las que pertenece este verso que he utilizado para el título, expresan de manera poética la raíz experiencial de su vida. Nuevamente éste es el medio que utilizan los místicos para comunicarnos su vida interior. Para contarnos que aunque languidecen la estación y las aves, aunque la vida a veces se ponga difícil, es el amor lo que nos salva, rescatándonos como a estas mujeres del peligro, la incomprensión y la tristeza. Mujeres que desde la nebulosa del tiempo nos lanzan mensajes sanadores para seguir caminando.

En medio del camino de la vida errante me encontré por selva oscura

Comienzo este articulo con el inicio de libro mas hermoso de la literatura universal de la mano de Dante Alighieri. Cuando lees estas palabras te sientes ya, en solo una frase en medio de esa oscuridad que todos vivimos y sobre la que reflexionamos al sentirnos en la plenitud de nuestra existencia.

La Divina Comedia es una obra que sigue fascinando a los lectores de todo el mundo, su atractivo es tan grande que parece escrita para ti y olvidas momentáneamente que la escribió un señor florentino nada mas y nada menos que en el s. XIV. Nuevamente la época medieval sale del cajón del oscurantismo en el que la hemos encorsetado en nuestros estudios y aparece llena de belleza, magnetismo y verdad interior.

Quizá una de las características que mas me enganchan a esa obra es este carácter de peregrino en busca de si mismo, esa vida errante llena de lirismo, aventuras y poesía.

El prestigioso medievalista italiano Alessandro Barbero, en un libro de la editorial Acantilado, afronta de manera rigurosa la figura de Dante y nos introduce en la sociedad de la época mediante una documentación exhaustiva, que nos abre de manera inmediata la puerta a la Florencia del medievo. Vemos la composición social y el papel de las familias, la suya dentro del partido güelfo.

Aparece así Dante, cuyo verdadero nombre debió ser Durante, como poeta y escritor que mas que estar recluido en su estudio, se movía en las aguas de la política, en un momento de crecimiento y desarrollo de la ciudad. Un político en activo con un alma de poeta, en busca de un sentido a la existencia.

También en estos días estoy leyendo un precioso poemario de una mujer del s. XIX, Elisabeth Siddal, que también se sintió en la orbita de admiración a Dante dentro del grupo de artistas británicos en la Hermandad Prerrafaelita. La historia de esta bellísima mujer de cabellera rojiza, musa y modelo de los pintores es increible. La poeta y traductora Eva Gallud a abordado su vida y personalidad para traducir su obra poética y nos muestra aspectos increíbles de su trayectoria.  Nació en una familia de ascendencia inglesa y galesa y su padre era comerciante de cuchillos. Se trasladaron a ese Londres que tan bien nos pinta Dickens, donde la miseria vivía por las calles y los niños vagaban por ahí. Debió de aprender a leer y escribir sin mas estudios, aunque desde joven sabemos que leía la poesía de Alfred Tennyson. Cuando con veinte años comenzó a trabajar en una sombrerería, fue descubierta como modelo por Walter Deverell.

Comenzó a posar como musa de una generación de pintores, en una época en la que esto era real, pasando horas en los estudios. Fue la modelo del famosísimo cuadro de Ofelia de John Everett Millais, y estuvo dentro de una bañera llena de agua con velas colocadas debajo para calentar el agua, en pleno invierno, y cuando se apagaron posó durante hora en un agua helada y terminó con una neumonía que será el desencadenante de su muerte.

Al leer su poesía nos encontramos con una mujer delicada, exquisita con un alma muy espiritual y bello, en la búsqueda, como su adorado Dante, del sentido último de la vida, lleno de la melancolía tan en boga en esos momentos. En vida errante, en medio de una selva oscura. Poeta y también pintora que fue algo mas que una celebridad de la época, y se codeaba con los artistas para los que posaba.

Su marido fue el gran pintor Dante Gabriel Rossetti, por cuyo nombre podemos intuir la devoción que su familia tenía por el autor florentino del medievo. Un artista tan brillante como disperso vitalmente.

La Divina Comedia no es sólo una obra clásica, es un texto de culto para muchos lectores porque habla de cosas, reflexiones, que compartimos. El amor a su amada Beatriz es tan mítico como bello, atravesando la realidad y tocando lo sublime a base de versos y palabras.

Buceando entre sus líneas disfrutamos, nos reencontramos y vivimos en espacios llenos de humanidad y belleza. Una lectura fantástica para comenzar este año nuevo que estamos estrenado.

 

 

Estamos preparando con gran ilusión un curso de cítara salterio en Ávila, en la Universidad de la Mística, con la profesora Catherine Weidemann, una de las pocas que hay hoy en día en Europa y que cuenta con un método de tocar muy depurado, donde el cuerpo entra a formar parte del propio instrumento. Aprendiendo a tocar de manera relajada y tranquila, un instrumento muy antiguo que nos invita a entrar de manera sosegada en nuestro propio interior.

Catherine es mi profesora de cítara salterio, y cada día cuando me pongo a tocar este instrumento tan especial me acuerdo de sus clases, de la técnica y de todo lo que me ha enseñado. Es un sueño que pueda venir a Ávila a darnos este curso, y no puede haber un lugar mas adecuado para esto que la Universidad de la Mística, algo que concuerda completamente con esta música. También en sus clases comencé a tocar ya conocer a la gran mística , santa y doctora de la iglesia, Hildegarda de Bingen y desde entonces estoy leyendo sus libros y tocando su música, impresionada por su personalidad y valía, en una mirada contemplativa del mundo, activa y llena de creación y belleza.

Además estamos preparando un curso para aprender a cantar la música de Hildegarda de Bingen con  la Profesora Margarida Barbal.

Margarida nos enseñará a cantar a los que no cantamos nada bien y podrá ayudar a perfeccionar el canto de los que ya están mas adelantados, y conoceremos también mas a Hildegarda en sus canciones y en la explicación práctica de cómo cantar.

Hildegarda y la música

Hildegarda de Bingen es la compositora más prolíficas de melodías monódicas atribuidas con certeza, de toda la Edad Media.

Según sus propias palabras, sus cantos no son fruto de su voluntad o de su conocimiento, sino que son directamente inspirados por Dios, cuya presencia designa como Luz Viviente. Por ello abren una puerta a un universo cósmico, cuyos contornos se ven reflejados en sus textos visionarios, sus miniaturas y su música. Su gran sensibilidad y su apertura a la belleza entendida como antesala del paraíso explican la gran importancia que concede a la belleza de la música en la liturgia.

La música de Hildegard rompe con los cánones de su época, se libera melódicamente en movimientos de gran dinamismo, ámbito extenso, grandes intervalos, cascadas de notas y profusión melismática. Si unimos estas características a la fuerza expresiva de sus imágenes, a las analogías y metáforas situadas en el interior del cuerpo femenino, vinculadas a la naturaleza, al conjunto de la creación, al cosmos y a su teología salvífica encarnada, sentimos que la música de Hildegard nos reconcilia y nos uni ca con el ser humano, con la creación y con el Espíritu creador.

Hildegard y los instrumentos

Para Hildegard, la alabanza, en comunión con los ángeles y los santos, se expresa tanto con la voz como con el sonido de los instrumentos: Alabadle con el instrumento de diez cuerdas y con la cítara… todo lo que respira alabe al Señor.

Los instrumentos musicales y sus muchos sonidos se inventaron con ayuda del espíritu de Dios, para que el gozo del alma pudiera cantar. El instrumento no sólo acompaña a la voz, sino que está en interac- ción con ella: sus cantos se adaptan a las exiones de sus dedos al tocar. Esta idea esencial, transmite una práctica libre del arte de la salmodia en la que el instrumento mantiene un diálogo con la voz. Según Hildegarda, los dedos del músico son creadores, como el dedo de Dios que dio forma a Adán. Más aún: en una misma dinámica que la voz humana, el instrumento también participa plenamente en la alabanza a Dios.

Os comparto la documentación de estos cursos y animo a todos los que estén interesados en ponerse en contacto conmigo, para cualquier duda o para informarles mas detalladamente de todo.

Margarida Barbal y Catherine Weidemann ofrecen un conjunto de propuestas centradas en dos universos, Hildegard de Bingen y la cítara.

Desde 2014 las dos artistas están trabajando conjuntamente en la interpretación de los cantos de Hildegard en versión voz-cítara, que se concreta en el concierto Lux stellarum.

 

Catherine Weidemann

Es una artista musical que vive su arte con profundidad espiritual.

Su línea pedagógica: construir la alegría de tocar un instrumento, la con anza ante las di cultades y la paz interior. Ofrecer numerosas herramientas para ampliar las competencias técnicas y construir una manera de tocar ligera, relajada y armonizante.

La música, y en particular la cítara, permiten que emerja un camino hacia el yo profundo a través de la conciencia de las percepciones corporales y la apertura interior a la presencia del inefable.

Amplitud y diversidad de recursos, actitud benevolente, mirada orientada a la alabanza.

 

Margarida Barbal

En la adolescencia, el descubrimiento de la polifonía vocal constituye una revelación de belleza que inicia el dibujo del camino artístico de Margarida Barbal.

Tres décadas de docencia en el canto colectivo le conectan con el poder de la música para crear experiencias de gozo, conexión y felicidad que promueven la transformación del ser humano activando su potencialidad.

El estudio de la experiencia somática, la psicología y la espiritualidad: campos que contribuyen, y a la vez explican esta capacidad transformadora del arte vivido en el cuerpo.

En la actualidad: intérprete de música sacra de la edad media y profesora en la Escola
Superior de Música de Catalunya
donde imparte asignaturas que contemplan el cuerpo en la educación.

• Curso Tocar la cítara
• 5-9 de junio de 2023

• 30 horas. lunes a viernes

Asociar el propio proyecto con la cítara con las bases indispensables de la

Construir una manera de tocar solida y ligera

Mejorar la interpretación de las piezas

Acompañar la litúrgia con suavidad y adaptabilidad

Elaborar un plan de trabajo para construir las competencias instrumentales

 

Taller Cantar Hildegard de Bingen•

5-9 de junio de 2023 • tardes
• 8 horas • lunes a viernes

Descubrir a través de la práctica del canto colectivo algunas de las canciones de Hildegard.

Explorar las capacidades vocales aplicadas a este repertorioDisfrutar de la belleza melódica sentida corporalmente

Acercarse y comprender un poco más a la autora a partir de sus composiciones e impregnarse de su mensaje místico.

 

Para inscribirse en los cursos:

 

info@psalmos.com

Tel. +49 177 488 20 42

www.cithare.info

www.psalmos.com

 

 

Cursos • España 2023
Tocar la cítara • Cantar Hildegard de Bingen