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Beethoven

EL AÑO DE BEETHOVEN

 

Este año celebramos en todo el mundo el 250 aniversario del nacimiento de  Beethoven, y el confinamiento por la pandemia del coronavirus nos permite entrar un poco mas en su obra, oyendo unas de las piezas musicales mas bellas y rotundas de la historia, donde la naturaleza salvaje aparece en forma de notas, la historia con los ecos de la Ilustración y los redobles de la Revolución Francesa se dejan oír. Beethoven aparece como uno de los primeros músicos con conciencia de su papel en el devenir de la historia, aportando su visión y creación propias, yendo mas allá de las artes al servicio del poder, de los nobles, de la iglesia, del estado.

En un momento de cambio, como siento este que estamos viviendo ahora, donde la forma de vida establecida se resquebraja, donde apareció un hombre que refleja en su obra todo el ideal romántico, su propia biografía me conmueve. Cómo pudo formarse un genio así en medio de una familia donde el alcohol hacía estragos, cuyo padre levantaba al niño de cuatro años de la cama a las 3 de la madrugada para que se pusiera a tocar el piano, cuando él se recogía de sus juergas.

La biografía de Jan Swafford, Beethoven, publicada por Acantilado, nos abre las puertas a este viaje musical, donde vemos cómo se va forjando el carácter de este genio, y leemos su obra como fruto del momento, las enseñanzas dentro de la ilustración de su primer maestro Christian Gottlob Neefe, que pertenecía a la masonería, comoMozart o Haydn.

Analizo la relación entre los músicos mas importantes del clasicismo y el primer romanticismo, y me quedo anclada en la figura de Haydn, ¡oh papá Haydn!, maestro de los dos grandes genios musicales, Mozart y Beethoven.

Corría el año 1772, Beethoven acababa de cumplir dos años y el joven Mozart con 16 ya había compuesto entre otras muchas obras tres operas, Mitriade rei di Ponto, Ascanio in Alba, y Lucio Silla. Haydn era el kapellmeisterde la corte de Esterházy. La temporada de verano se iba alargando demasiado para los miembros de la orquesta de cámara del príncipe que pasaba estos días en su palacio de campo en Hungría. La corte del príncipe Esterházy era muy potente, con muchos criados entre los que se encontraban los músicos, y por supuesto el maestro de capilla Haydn que tenía que vestirse de librea y ocupaba sólo tres habitaciones en el enorme complejo palaciego, lleno de jardines, salones y pasillos. Los músicos pidieron Haydn que intermediara con el príncipe para volver a Viena cuanto antes con sus familias, y la manera de exponer esta petición fue muy creativa, compuso una Sinfonía,la denominada de la Despedida, Hob, 45, en cuyo último movimiento, el Adagio, los músicos iban dejando poco a poco de tocar hasta finalizar la pieza con un dúo entre Haydn y el maestro de conciertos Luigi Tomasini. Por algo se le conoce a Haydn como papá Haydn, por su capacidad de ayuda hacia los demás y por su carácter bonachón.

Beethoven, alumno suyo durante dos años, era todo lo contario. Su fuerza expresiva y su carácter iban galopando contra los auditorios, las conciencias y las normas de buena educación de todos. Desastrado, retraído y taciturno, casi sin amigos, este “der spagnol”por su tez morena, causaba el asombro en las cortes y los salones de la aristocracia europea. Un ámbito en el que aparecían actitudes que hoy en día veo en desuso. Había coinnaisseurcon gusto y erudición, que amaban las artes y interpretaban música con pasión y gusto. Había también diletanttes, para los que la música se creaba para su interpretación, los aficionados para los que se compusieron buena parte de las obras de Beethoven. Unos diletantes sin las connotaciones que luego tuvieron estos términos cuando la palabra profesional se instauró en todas las artes, dejando a este gran grupo de interpretes fuera.

En estos días en que se nos regala un poco de tiempo en casa, volver a Beethoven es un placer, y reflexionar sobre la música como expresión, no sólo de los autores sino de nuestro viaje interior, interpretando la música, haciéndola nuestra.

Estudiar una partitura de piano, es entrar de pleno en todo este mundo lleno de sonidos, naturaleza, ideales, y sentimientos. Utilizar la música para decir sutilmente cosas como hizo Haydn en la corte húngara, ir poco a poco apagando el sonido en medio de un momento lleno de incertidumbre como este en el que el covi-19 nos ha metido.

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En Navidad !!

EN NAVIDAD

 

Las Navidades tienen para mi una especie de muelle automático del recuerdo. Un cable que me une de manera profunda con mi propia familia pero también con la historia en un sentido mucho mas amplio. Y es que los estudios históricos nos hablan de nosotros mas de lo que podemos pensar.

El origen de cada elemento de la navidad se hunde en lo mas antiguo de la humanidad que en estos días de diciembre se encuentra triste, harta de tanta oscuridad y celebra con alegría la llegada del nuevo sol que vaya calentando todo un poco, en el solsticio de invierno. Decoraciones, felicitaciones, música que nos llevan a momentos pasados donde encontramos su sentido y significado.

Uno de los elementos en los que siempre me fijo en estos días, es en la música navideña. Quizá por la hartura que me producen los carols anglosajones que nos bombardean en cada esquina, y que hacen de estos días de navidad un motivo de negocio y de marketing. La tristeza al ver cuales son los villancicos mas oídos en estos días en las listas de reproducción, colapsadas por Mariah Carey y todos sus imitadores.

Me fijo en la música, porque siento que es lo que levanta de manera mágica la navidad en nuestra vida. Se crea en un momento para nosotros y está viva moviéndose. Decía Goethe de la música del gran J. S. Bach que era un profundo soliloquio con la esencia humana. Una voz que nace en los genes y que se revierte en la naturaleza. No sólo en las cantatas navideñas tan bellas como las suyas, creadas para esta introspección personal en el reino de la navidad, sino también en todo el elenco de nuestros  villancicos. Oír estos días alguno de los que aparecen en el Cancionero de Upsala del s. XVI como “ No la debemos dormir” o “ Verbum carum factum est” , nos une en este viaje hasta el fondo de nosotros en navidad, con la línea tan pura como sencilla del canto acompañado de vihuelas, panderetas, salterios. Autores como Juan del Enzina, o Cristobal de Morales, una belleza que recomiendo a todos.

La música es además una auténtica medicina que nos cura muchas cosas, también los excesos de estos días, la hartura de tanto lio, gasto y compras. Así lo vio la reina Isabel de Farnesio cuando nadie sabía cómo curar la depresión del rey Felipe V. Mandó llamar a la “estrella del rock “del momento, el castrati Farinelli, para que fuera su canto angelical el que obrara la sanación. Estuvo el cantante mas de 3000 noches cantando en el dormitorio del rey y la música bellísima de autores como Scarlatti, Jomelli, Handel, Caldara, lo consiguió.

Estos días estoy también impresionada con Scarlatti, músico de la corte española que no sólo compuso mas de 500 sonatas para clave, bellísimas y únicas, sino mas de 800 cantatas para amenizar la corte del rey, muchas de ellas de navidad. Algunas tan bellas como las de Bach. El destino quiso que Scarlatti naciera el mismo año que Bach y que Haendel, uniendo a estos tres geniales músicos.

La corte española desarrolló un programa de ópera muy completo, hoy lo llamaríamos “temporada de ópera”, y tenía como eje central las fiestas de navidad, extendiéndose desde el cumpleaños del rey en septiembre, hasta fines de junio con recesos para cazar o atender asuntos de estado.

De los fastos y la belleza de la música de la corte, bajamos en un momento a otra navidad pintada con otros colores, mas auténticos. Al color marrón de los hábitos de nuestra Santa Teresa y de sus conventos. En estos días de navidad en los que las monjas tienen que festejar el nacimiento del Niño Dios con lo mejor de si, eligen algo que no vale económicamente nada pero que abre todo con su presencia, la música. Ya  SantaTeresa compuso villancicos para cantarlos, bailarlos y representarlos en estos días y dejó una costumbre que llega en las clausuras hasta hoy.

Rebuscando debajo de todo lo que me aplasta de la navidad impuesta, me encuentro con su verdadero sentido, el amor. La navidad es amor, el que hemos sentido en nuestra propia vida y familia, y el que queremos dar a los demás en forma de abrazos, felicitaciones, decoraciones, villancicos. En medio de los trabajos de cada época de la historia, la navidad llega con su mensaje limpio: el amor. Busquemos dentro de nosotros lo mejor que tengamos para darlo en estos días, y dejar que el cable de la navidad auténtica llegue a nuestros hijos y familia, a los amigos y a todos los que nos rodean.

Me encantaría tener una voz como la que curó al rey para cantaros un villancico, y dar así mi felicitación a todos desde lo hondo del corazón.

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Luz viviente. El CD de la música de Hildegarda de Bingen

La música de Hildegarda de Bingen en la citara salterio de Catherine Weidemann y la voz de la soprano Margarida Barbal .

Todos los que nos acercamos de una manera u otra a la figura de Hilegarda de Bingen nos quedamos fascinados con ella, su ingente y variada actividad en tantos ámbitos de la vida, teología, medicina, astronomía, y  la música.

Fue abadesa creando conventos para monjas benedictinas desde un monasterio masculino. Fue líder monacal, médica consumada cuyos tratados y recetas aún asombran cada día a los médicos actuales por su intuición y eficacia terapéutica.  Fué profetisa y mística y así se la conoce como la profetisa teutónica.

Es considerada como una de las mujeres mas fascinantes de la historia, polifacética en plena edad oscura del medievo, hablamos de  la Baja Edad Media, ( 1098, 1179 d. C)

Dotada de una cultura extraordinaria estuvo también muy comprometida con la reforma de la iglesia

Hildegarda nació en Bermesheim, en el valle del Rin en el seno de una familia noble alemana que al ser la décima de sus hijos la ofreció a la iglesia como diezmo desde su nacimiento. Fué entregada para su educación religiosa a Judith de Spanheim a que llamaba Jutta, quien la instruyó en el rezo del salterio, leyendo en latín.  durante estos años  leyó las Sagradas Escrituras y se formó en el canto gregoriano. Durante este momento con Jutta en el que vivieron en el castillo de Spanheim debió aprender a cantar, a tocar instrumentos como el salterio y a ver el poder interior del rezo cantado de los salmos como puerta de entrada en la interioridad habitada por una luz que ella veía siempre lucir.

Ella llamaba Luz Viviente a la presencia de Dios en su alma, y este es el titulo que la profesora y citarista Catherine Weidemann y la soprano medievalista Margarida Barbal han dado a este CD con música de Citara salterio y voz sobre las partituras y los textos de Hildegarda.

Hildegarda fue la compositora mas prolífica de melodías monódicas. Eran cantos que para ella se inspiran sólo en Dios. Por ello abren una puerta a un universo cósmico, que aparece reflejado en sus textos, reflexiones y profecías.

Tengo la enorme suerte de disfrutar tocando la citara salterio donde he descubierto este mágico mundo que los sonidos crean en su trayectoria infinita. Creo que elegí y busqué durante mucho tiempo un instrumento así, que tuviera esta peculiaridad de tener sonidos que fueran sonando de manera sostenida y hasta el final para dejar sobre ellos los salmos de cada día.

Catherine Weidemann es mi profesora de cítara salterio y con ella estoy aprendiendo y disfrutando con este instrumentos que lanza su origen hasta la antigüedad, hasta el mismo momento de componer los salmos.  Utilizar el salterio como elemento de meditación  para avanzar por la senda de la paz. Catherine compone para este instrumento que ama y sobre todo improvisa dejando que todo el cuerpo acompañe  al sonido que está ligado intrínsecamente al interprete.

Margarida Barbal, soprano,  citarista también de la escuela de Catherine es profesora de la ESMUC de Cataluña, la escuela superior de Música de Barcelona y también tiene un gusto especial y una formación como soprano especializada en el medievo.

Este CD es una belleza, y nos ayuda a entrar en ese mágico mundo que Hildegarda, Catherine y Margarida nos muestran, nuestro propio cuerpo como instrumento que puede sonar al unísono con el camino de la vida, dentro de nuestra propia piel.

Se puede  comprar en la universidad de la Mística CITeS de Ávila.

Piezas:

O choruscans lux stellarum ( fulgurante luz de las estrellas)

O quam pretiosa. (! Cuan preciosa es la virginidad de este Virgen!)

O nobilissima viriditas ( nobilissimo verdor)

O frondes viga ( Vástago frondoso)

Quia ergo fémina ( …porque una mujer)

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LA FAMILIA BACH

La familia de Bach

En estos días me cuestiono donde se encuentra la libertad del individuo, cómo los hombres de todas las épocas pese a los condicionamientos políticos, sociales, de género, han podido vivir en ella. Es cierto que determinadas actitudes, mentalidades, realidades que se imponen en la historia y en algunas sociedades y momentos incluyendo los actuales, no favorecen este suelo en el que pueda desarrollarse la libertad personal.

Vengo replanteando esto, oyendo y estudiando una música que cada día me impresiona mas, la de Johann Sebastian Bach. No hago mas que pensar en cómo en una situación histórica tan comprimida como era la de la sociedad alemana luterana del s. XVIII, en la vida de un músico de la iglesia ,un Cantor de Santo Tomás de Leipzig, con veinte hijos, teniendo que componer música religiosa toda su vida para atender los distintos oficios religiosos, enseñando a los pobres niños a su cargo en la parroquia música y canto para interpretar cada día sus composiciones, podemos ver la obra más libre, bella y completa de un músico genial.

Desde las perspectivas actuales consideramos que un artista, un creador en cualquier rama del arte tiene que poder trabajar en lo que él vea, sienta, lo que le motive, donde las musas aparecen en un determinado momento. Pero esto no es así, en un ambiente tan apretado, lleno de tantas normas, leyes, consideraciones de naturaleza religiosa y social, puede desarrollarse la verdadera libertad, que sale como pájaro de tantos barrotes.

La familia de Bach han sido músicos profesionales desde 1619, organistas, maestros cantores, componiendo música religiosa, cantatas, corales, preludios para acompañar y meditar, en un concepto de la música como instrumento para rezar mas que como una expresión artística en sí misma. Los músicos luteranos del centro de Alemania se dedicaron a componer e interpretar muy arraigados en la tradición antigua de naturaleza polifónica religiosa frente a los músicos del norte del país que empezaron a conocer y a componer en estilos mas relacionados con la ópera, como vemos en otro genio del momento Haendel.  Cercanos al ámbito católico, ya que era en Roma donde comenzaba a oírse y a componer en un estilo en la línea de las óperas dentro del ámbito eclesiástico y del Vaticano.

Si la vida de un músico era en estos momentos y ámbitos alemanes muy regulada por normas y conceptos, imaginemos lo que era para una mujer. Y tenemos un ejemplo sobresaliente en la propia mujer de Bach, Anna Magdalena. Sabemos hoy en día, después de los estudios del profesor  Martin Jarvis que se reflejan en la reciente película “ Crónica de Anna Magdalena Bach”  de Daniéle Huillet que  no fue simplemente la copista de su marido como se leía su vida hace años. Jarvis sostiene que ella compuso por ejemplo el aria de “Las Variaciones Golberg” o el Primer Preludio de “El Clave bien temperado”.

Se casó Anna Magdalena con el maestro Johann en 1721 cuando era una joven soprano que ya se ganaba la vida con su talento vocal. Era la segunda esposa de Bach, y juntos tuvieron trece hijos. Hija de un trompetista de la corte de Zeitz , estaba al tanto de toda la música que se iba componiendo en el momento y ayudó mucho a su esposo, no sólo en su familia numerosa y como ayudante a la hora de transcribir la ingente obra musical que creaba Bach, sino que fue creando a su alrededor un ambiente de libertad y de amor por la música. Organizaba veladas musicales en casa, invitando a los amigos y propiciando la creación de los Conciertos del Café.

Pero el ambiente en el que vivían era realmente rígido y muy cruel, así al menos lo leo yo. Cuando murió Johann, Anna tuvo que irse a los pocos días de su casa en la Escuela de Sto. Tomás, buscando un lugar donde poder sacar adelante a sus cinco hijos pequeños. Sólo pudo disponer de un tercio de la herencia de Bach, que era más o menos el sueldo que ganaba como maestro y músico durante un año. Llegó a pasar hambre, a pedir para poder mantener a sus hijos.

Y al ir oyendo la enorme obra de este genial músico nos sobrecoge la emoción por cada giro de la melodía, las arias de las cantatas, el delicado estudio de la belleza sonora de cada instrumento.  Recoge Ramón Andrés “Los días, las ideas y los libros” la lista de volúmenes que componían la biblioteca de Bach al morir, y entre ellos me encuentro con una traducción alemana de “Llama de amor” de San Juan de la Cruz de Müller. Libertad como reducto del hombre. En familia Bach encontró la llave de la creación y la puerta para la libertad individual.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, el 4 de abril de 2019

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Tus cartas en mi buzón

 

La tecnología y las nuevas formas de comunicación avanzan de manera sorprendente, podemos entregar un mensaje en pocos minutos a cualquier persona de la otra parte del mundo. Todo esto ha provocado una multiplicación de las comunicaciones y me impresiona esto tanto como me asusta y en algunos casos me desagrada. Ahora hasta los partidos políticos se plantean cómo bombardearnos con sus panfletos, algo que como pacientes ciudadanos soportamos cada día; nos intentan vender a través de nuestro correo de todo.

En muchos sentidos aún sigo haciendo cosas de otros siglos.  Me gusta mucho escribir cartas y encontrar destinatarios con tiempo para leer y que no se impresionen por lo vehemente del contenido. Escribiendo sobre el tiempo y lo preciosas que están las ramas peladas de los árboles con el cielo entrecortado de la Sierra de Ávila y cómo el viento dibuja siluetas con los troncos.

Recibir cartas y mensajes con un poco de vida, lejos de toda la correspondencia comercial es muy difícil. Cada día cuando enciendo el ordenador miro a ver si rastreo algo especial, una carta que abra sus cosas para mi y me reconforte para empezar un nuevo día. Espero también encontrar algo en el buzón repleto de panfletos comerciales y recibos de banco.

En esta sociedad intercomunicada vamos a dejar un rastro muy triste, fotos de las redes sociales con breves frases y poco mas. Cuando alguien quiera saber algo nuestro, se va a topar con un montón de cosas que no nos retratan y que no dicen nada de quienes de verdad somos.

A lo largo de muchos siglos las personas se han comunicado con cartas, y a través de sus escritos nos encontramos con ellos. Me gusta mucho leer cartas de mis autores favoritos, de músicos, poetas, escritores. Siento que estoy un ratito con ellos, en una conversación íntima. Me aportan la cara oculta de su obra, su sombra que curiosamente es su verdadera manera de ser.

Cuando comencé a tocar al piano a Liszt tuve el deseo imparable de conocer todo lo posible sobre este músico tan genial, tan sublime y sus Cartas Cartas de Rilke a un joven poetatraducidas por Victoria Llort Llopart me abren la puerta de su alma y su sensibilidad. Sus flaquezas y también el porqué de toda su luz. Las cartas a su amada Marie d´Agoult desde las orillas del Lago Como, iban dibujando en sonidos el paisaje, con su superficie verdosa, las mansiones llenas de camelias y los barcos amarrados en los apeaderos al borde mismo del agua. Sus amores y debilidades, y cómo esto va escribiéndose en notas y sonando increíble sobre las teclas de un piano.

De nuestra Santa diré, que sus cartas son realmente su reflejo. Sus cartas son ella, mujer, valiente, astuta, veraz, enamorada, mística, a veces con problemas en las cosas del día a día, en una vida sentada sobre una carreta por los caminos de España. Allí te sobrecoges con sus cosas, desde remedios para curar algún resfriado, hasta el relato de experiencias místicas y momentos de gracia, amor y amistad.

Los poetas que admiro también suelen tener epistolarios tan bellos como su propia obra poética. La Carta de Rilke a un Joven poeta, ha sido mi compañera durante toda mi vida lectora, y su epistolario español me va abriendo España los ojos de aquel poeta que por aquí vino y se quedó fascinado y a veces sobrecogido con nosotros, la cultura y nuestro país.

Conocí también más a Whitman, al verdadero en sus cartas, y a Emily Dickinson con toda su tristeza llena de algas. A Tolstoi y su variopinta lista de destinatarios y amigos de todo el mundo.

En estos días en los que nos disgustamos con toda esta montaña de mensajes y correos que sobre nosotros caen en tormenta, es el tiempo de soñar un poco. Para eso somos hombres y no máquinas, ordenadores y robots. Soñar con recibir cartas de verdad de alguien que nos cuente sus cosas, su vida y al que poder enviar todas esas tarjetas y papeles tan bonitos que atesoro para estos momentos en mi escritorio, junto al nogal pelado y las nubes que se siguen rayando con este sol.

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PENSAMIENTOS Y MÚSICA ENCADENADA

Estaba hace unos días tocando en el jardín de casa mi nueva citara salterio. Desde que la tengo y he comenzado a tocar con ella he encontrado un vehículo precioso para meditar, para dar las gracias cada dia. El rezo de la Horas que hasta hace poco no sabía ni qué era, me encanta, porque parece que pone en mi boca palabras mientras va serenando mi espíritu al ritmo de la melodia.

Ponerte así con una citara en un jardín tiene a veces consecuencias, un pajarito desde alguna rama cerca de mi comenzó a cantar, al hacer unos solos tan preciosos, a seguirme y yo a él. Nos íbamos cediendo la palabra y la música fluía  como si los dos leyéramos en la misma  partitura.

Y senti que salía de mis propios pensamientos que muchas veces están encadenados en mi interior. Se ligan unos a otros de tal manera que crean como una verdadera coraza por dentro de nosotros. Nos sentimos comprimidos, abocados a estar bajo su presión. Se siente nuestra libertad aprisionada. Es así complicado saber qué hacer, como quitarnos esa armadura tan pesada para comenzar a vagar por la vida , a volar por dentro, a ser ligeros y libres.

Los pensamientos van encadenándose a medida que nos vamos haciendo mayores, y cuando están fuertes, muy trabados son muy peligrosos, muy dañinos.  Un pensamiento tiene debajo una vivencia, una emoción que ha sido repensada, digerida, vuelta a un plano más de raciocinio. Así cuando  el proceso se completa, consideramos que todo eso razonado es verdad, y unos a otros los pensamientos se arman. El problema comienza cuando esto lo consideramos verdad pura, y comenzamos a dejarla por ahí reinar. Nos lo creemos,vamos por su camino y todo esto nos guia.

Frente a este entramado de pensamientos cabe poco que hacer por nuestros propios medios y en muchos casos se van conviertiendo en piedras tan pesadas que toda onda de libertad en ella queda escrita y subyugada como los círculos que deja el agua cuando en él se va cayendo una piedra, va cayendo nuestro ser, nuestro intelecto y corazón.

Este proceso se acentúa con los años. Los niños tiene con su actitud una tendencia a liberarse de manera sencilla y natural. Los niños saben desde pequeños lo que significa el verbo confiar. Y con esta actitud pueden avanzar tranquilos y felices a lo largo de sus días.  Ahora siento que por ahí debe estar la medicina espiritual para poder quitarnos la armadura que n0s asfixia, en la confianza.

Estaba intentando expresar todo este entramado mundo interior con flores. Usando su poder sobre mi, sabiendo que la naturaleza es mi verdadera maestra. Vi que si dejaba a un pensamiento seguir solo su camino dentro de mi, tendía a curvar su planeamiento y a cerrase. Cogí unas flores de azaleas del color más rosa que había visto en días, y supe que en ese color me quería sumergir a ver qué veía. El disfrute con el chapuzón en sus pétalos fue tal que cuando me di cuenta estaba poniendo sobre la mesa un grupito de flores en forma circular. nada podía haber ahí fuera más increíblemente suave, tierno y bello que todo lo que sentía en este baño de color.

Y pensé, un poco en cómo continuar, cómo dejar también que otras flores, hojitas, ramas, brotes, aromáticas formarán parte de este baño, abriendo el pensamiento que se cerraba. Volví en un momento al ruiseñor y a su canto libre, sobre la tarde, sin partituras y cómo fui capaz de seguirle y de ir esquiando tras su canto con las yemas de mis dedos sobre la citara. De manera intuitiva por primera ver en mucho tiempo fui cogiendo flores y materiales vegetales dejando que uno me llevara a otro sin más cuestiones que la intuición. Y cuando había cogido flores de bugavillas, calibrachoas, ramitas de mentas, flores de lavanda, ramitas de acer palmatus, flores de cebollinos,  cabezas como bolas de gallardas y bayas negras de durillos, todo ello sobre la mesa comenzó a moverse. Vi la armonia, el color tan rico y sugerente que entre todo había creado, las formas que se dibujaban, la preciosa paleta cromática  libre y sin normas que había nacido allí.

Al llegar a casa en medio del sopor de agosto, con todo esto en mi interior y con un puñado de fotos del teléfono, me acordé de un poeta al que leo muchas veces cuando ando en batallas interiores con la libertad. A Federico García Lorca en su conjunto de poemas póstumos recogidos con el nombre “ Sonetos del amor oscuro”. En un momento donde la libertad interior estaba tan atacada,en  la política,  en todo lo vital,en lo religioso, en la sexualiado, estos sonetos son una bocanada de aire fresco. Tan bellos en su forma que muchos investigadores los comparan con los de Shakespeare, con el mismo San Juan De la Cruz. Hablan de amor y de su dolor, de las heridas y las alas, de la búsqueda de lo eterno de la vida y el combate interior que nos lleva muchas veces a agotarnos y sufrir.  Vamos aprendiendo cada día a dejar a los demás, a nuestros amantes, amigos, a la naturaleza, a la vida en cada palmo que nos hablen, que nos manden largas cartas llenas de amor que nos liberen de tanto corsé vital.

El poeta pide a su amor que le escriba

 

Amor de mis entrañas, viva muerte

En vano espero tu palabra escrita

Y pienso, con la flor que se marchita

Que si vivo sin mi quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte

Ni conoce la sombra ni la evita

Corazón interior no necesita

La miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas

Tigre y paloma sobre tu cintura

En duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura,

O déjame vivir en mi serena

Noche del alma siempre oscura.

Federico García Lorca

Siento que todo está ahí en la mesa del invernadero, flores, pensamientos que se van liberando, el canto del ruiseñor, mis yemas doloridas sobre la citara, los poemas de Federico, San Juan y lo eterno. Y cómo música de fondo oigo una palabra que se va desdoblando, erigiendo, floreciendo: confianza. Para volver a ser como niños, para volver a mamar todo aquello que la vida nos regala y que no somos capaces de disfrutarlo.

Feliz verano a todos amigos, os dejo este vídeo que he hecho con todo como un pequeño regalo para todos. Me impresiona muchos vuestra presencia en esta casa, en esta página y en todo lo que me transmitís cada día.

 

 

 

 

 

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EL IMPULSO IMPARABLE DE CANTAR

UN CANTO QUE LLEVA UNA CUMBRE FLORECIDA ENTRE SUS MANOS

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Desde hace un tiempo tengo un deseo profundo de cantar. Mas allá de hacerlo en el coche, para ir despistando los atascos y el tráfico, quiero hacerlo en la intimidad de mi vida.

El campo está en primavera reinventándose de tal forma que crees que ya no puede ser mas bello y al día siguiente, al mes, al año vuelve a dejarte impresionado. Siento al ver el verde de los prados que es tan profundo como un mar, y que no puede algo ser mas fresco y tener en si un espíritu mas bello y sublime, cada brizna de hierba, cada pequeña flor, el cardo, la zarzamora, el pétalo de una flor de membrillo que volando sobre el tapiz  del verde se relaja.

Y quiero dar las gracias por todo, de una manera diferente, donde cada palabra, suspiro, pensamiento, deseo se quede ahí, flotando encima de un sonido dilatado que corra sin pausa hasta el horizonte. Un sonido dilatado que haga que todo tenga un momento mas tranquilo, donde pueda descansar cada palabra, donde las deje flotar hasta el infinito, en un viaje que hacia allí también a mi me lleva.

Estaba estos días en casa refugiada del frío primaveral que ataca Castilla, y sobre el escritorio abrí las Poesías  completas de T.S. ELIOT, en la cuidada edición de la Colección Visor de Poesía.

Y allí encontré este poema, frente a él me sitúe de una manera distinta, supe que en sus palabras, imágenes y sonidos quería estar largo rato, que era un canto, como así él lo llama, y que no sólo era suyo, sino que era mío también y que al lanzarlo hacia el infinito sentía que era también vuestro, de todo los lectores. Supe y sé al releerlo, que voy a volver muchas veces por aquí.

CANTO PARA SIMEON

Señor, los jacintos romanos ya florecen en los jarrones y

el sol del invierno baja por las cimas nevadas;

es la terca estación lo que perdura.

Y mi vida es ligera, aguardando aquí el viento de la muerte,

como pluma en el dorso de mi mano.

Polvo en la luz del sol y el recuerdo en rincones

aguardan este viento que sopla en tierra muerta.

 

Cóncedenos tu paz.

Ya hace muchos años que recorro estas calles,

 me he mantenido fiel, he ayudado a los pobres,

he dado y recibido honores y descanso.

A nadie rechacé desde mi umbral.

¿Quien ha de recordar este hogar mío,

y dónde vivirán los hijos de mis hijos

cuando llegue el momento del dolor?

Huirán por un camino de cabras, hacia el hogar del zorro,

Evitando la espada, los rostros extranjeros.

 

Antes que llegue el tiempo del lamento y azote

concédenos tu paz.

Antes de que escalemos la montaña de la desolación,

antes de la hora exacta del dolor maternal,

en este nacimiento que precede a la muerte,

permite que tu Hijo, la Palabra no dicha y silenciosa,

Le conceda el consuelo de Israel

a un viejo octogenario sin futuro.

 

Cúmplase tu palabra.

A Ti te alabarán y quedará marcada

cada generación por la gloria y escarnio,

oh luz sobre la luz, subiendo la escalera de los santos.

No sea para mi este martirio, éxtasis del pensar y del rezar,

no para mi la última visión.

Concédeme tu paz

( La espada se hundirá en tu corazón,

En el tuyo también)

Me cansa ya mi vida y las vidas de todos los que vienen por detrás.

Me muero por mi muerte, por las muertes de todos los que vienen detrás.

Deja ir a tu siervo,

Habiendo visto ya tu salvación.

T. S. Eliot.

En los comentarios de la edición, nos recuerdan que este canto recoge el momento de la presentación del Niño en el templo para su circuncisión  tal y como nos lo muestra el evangelista Lucas 2: 25-34. El anciano Simeon repasa su vida y como canto lo ofrece en las palabras y los bellos versos de Eliot. En ese momento que revisa su vida, donde mira y de deja mirar, donde presiente los dolores como de parto y los ecos de su propio funeral.

Un canto para leer en su partitura original de siglos que vuelan sobre nosotros, para volver a dejar abierto el espíritu a lo que cada momento de la vida nos regala, a sentir la belleza, la paz, el amor, la compasión.

Un canto que arranque desde dentro, nuestra garganta profunda, aquella en la que cada palabra y sonido viene con un girón de piel de nuestro propio interior.

Un canto helado en el tiempo, congelado desde hace milenios, que milagrosamente a veces se va deshaciendo entre los ojos y vuelve a tomar vida, como cada primavera en sus praderas de hierbas y en todo su reino de flores, mariposas, crías de ranas, hojas de higuera naciendo y rayos de luz.

Un canto para sostenerlo un poco mas de tiempo que lo que lo sostienen los sonidos al pronunciarlo, para que pueda concedernos la paz, para que vaya construyendo moradas y casas en nuestro interior. Castillos en el aire, que cada primavera vuelven a levantarse, entre hojas y brotes y soledad.

Un canto hecho de lamentos y de azotes, hecho de rasgones y de cicatrices, ramas resecas, humos que quemaba los montes, fuego que arrasaba el corazón.

Un canto que lleva una cumbre florecida entre sus manos, una palabra que corta la respiración, que quita escamas, que hace rebrotar la savia del interior.

Un canto hecho de palabras, donde empiezan a hacer ejercicio como en un gimnasio. Palabras que quieren aprender a ser mas flexibles, enteras, a flotar mas, a ser mas sutiles, menos tajantes, mas llenas de matices.

Un canto que abra el camino hacia la unión, esa profunda que emprende el cielo con cada hierba y cada flor, rodeándola de si mismo, llevándola por momentos en sus ojos, dejando que se moje con las lagrimas de su amor.

 

La musica de todo este paseo primaveral es esta de Listz, en esta genial interpretación del gran pianista Lang Lang.

Una bellísima pieza para piano, donde las manos se van moviendo, cruzándose sobre las teclas, con una melodía que ya parece plenamente impresionista. Forma parte de un conjunto de tres estudios de concierto S. 144, también conocidos como estudios poéticos. Compuestos entre 1845 – 1849.

 

 

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GUERRA Y PAZ

 

Decía León Tolstoi en Guerra y Paz que “toda la variedad, todo el encanto y toda la belleza que existe en este mundo está hecha de luces y sombras”. Esta ultima semana siento que está descrita con este titulo de su obra mas conocida. La barbarie de los asesinos radicalizados que siembran el terror por medio mundo, acuchillando a personas que van paseando por la calle, al trabajo, a jóvenes que descansan en un concierto, a fieles que oran dentro de un templo, a familias que disfrutan de fiestas navideñas ,… entran a saco para pronunciar sobre todos la palabra guerra a base de cuchilladas. Estamos en guerra, y es una de las mas crueles que podemos vivir, la que en creencias religiosas se asienta. Una guerra santa contra los infieles, aquella que pregona que al morir matando a los demás, se podrá encontrar el paraíso soñado, ¿ la paz en la guerra, en la muerte y la violencia?

En medio de la desazón por los atentados de Londres, apareció esta imagen de Tolstoi llena de matices, la del joven madrileño Ignacio Echeverría. El héroe del monopatín que con su testimonio ayudando a las otras victimas de la barbarie, dando la vida por socorrerlas, ha puesto de pie una arma increíble y llena de potencia, su humanidad y su amor por los demás. Un corazón generoso y un espíritu libre que sabe lo que tiene que hacer cuando ve el sufrimiento, la muerte y la crueldad de los demás, a su lado en medio de la calle.

La lectura profunda de todo esto va conmoviendo al mundo y a la opinión publica, porque nos viene a mostrar que esta guerra tiene contrincantes muy diferentes, y que frente a los que se inmolan matando hay quienes aman hasta morir. Unos creen que matando llegarán a la paz eterna y otros saben que solo el amor puede cambiar el mundo y qué es lo que como seres llenos de humanidad deben hacer: amar.

Todo este panorama de guerras, de sombras y matices de la paz planea sobre todos y se hunde en nuestras conciencias. Estaba el otro día en un recital ópera de la conocida mezzosoprano norteamericana Joyce di Donato en el Teatro Real de Madrid. El publico operístico tan acostumbrado a un ritual tranquilo, se encontró dentro de este panorama bélico, de luces y penumbras. No hubo actos violentos, pero si apareció en la escena una especie de trinchera hecha de música en la puesta en escena de Joyce que no dejaba adormilado a nadie mientras toda la carga de música y ritmo vertiginoso, acción, pasión y vida de la música de Haendel comenzaba a sonar y a caer sobre todos. No quería un recital al uso, no. Quería conseguir lo que desde luego se vivió, una experiencia de guerra y paz dibujada en sonidos, melodías, trinos, cadencias y ritmo que a veces era trepidante y otras parecía ir posándose hasta morir en la panza de cada sonido que se dilataba. “Lascia ch’io pianga”, o si déjame llorar, cantaba llorando…

Joyce cree en algo que comparto profundamente, en el poder redentor de la cultura.

El movimiento , la acción social del “ Sistema Greece” que desde Atenas recorre el mundo desde finales de 2016 , tratando de promover la inclusión social y el bienestar de los niños que viven en los campos de refugiados griegos, al modo de las escuelas venezolanas promovidas por Dudamel o las peruanas de Juan Diego Florez.

La cultura también es redentora nuestra en otro sentido mas personal, tiene un efecto catártico y nos hace capaces de soportar nuestra existencia, siendo el refugio interior y la medicina en momentos de agitación. Nos hace habitar por dentro, y eso es siempre motivo de crecimiento personal. Al menos para mi esto es así sin duda y la música de Haendel me conduce a través de compases de guerra y otros de pacifica mirada, a mi misma.

La cultura nos redime también, cuando conocemos las raíces de nuestras sociedades y lo que han tenido que pasar, milenios de guerras y de horror para llegar a conseguir la civilización en la que estamos. Así podremos defenderla de veras, y no encontraremos niños criados en Europa que se alisten con los del otro lado de la trinchera.

Estaba el domingo en Gredos en la entrega de los premios del Festival del Piorno. Y cuando me nombraron “Embajadora de Gredos”, realmente me emocioné, sentí que en este panorama de guerra y paz, la vida, los vecinos de Gredos y ASENORG, me situaban no en su bando, sino a la cabeza de ellos , como portando la bandera. La de la paz, aquella que se encuentra en la naturaleza que nos redime y nos sosiega de tanto trajín y de tanta violencia, intransigencia y horror que donde nace es en el interior de cada uno. En medio de tanto caos, la contemplación de la naturaleza nos trae la paz, y nos hace avanzar en lo auténtico que hay en nosotros.

 

No conocí a Ignacio Echeverría en vida, pero ahora creo que comparto con todos, algo, siento que lo conozco y que su ejemplo empuja mi vida también, porque esta bandera que llevó está hecha de la misma tela. Ignacio, siempre en nuestro corazón, gracias.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 15 de junio 2017

 

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Gozos de la vista

Un paseo primaveral por el Pinar de Hoyocasero persiguiendo a las Pulsatillas, con un poemario de Dámaso Alonso y las palabras de San Juan de la Cruz, de su ” Cántico”

El otro día en medio de miles de compromisos laborales y familiares y un dolor de cabeza del tamaño de una nube sobre la sierra, cogimos el coche y nos dirigimos a un lugar que al menos en mi recuerdo va a ser ya para siempre mágico: El pinar de Hoyocasero en Ávila. Un pequeño entorno natural único que bajo el cielo enredado en los altísimos pinos “Pinus sylvestris”se levanta de forma sorprendente, lleno de verdor, de flores increíbles, de praderas encharcadas, un verdadero oasis botánico. Y todo se levanta bañado de luz en mi memoria.

Se levanta la luz filtrada,

se levanta la mirada,

en  mis ojos, creadores de luz

en cada  sonido, se levanta

en cada pliegue, volando

en cada aguja de pino, arriba,

en cada flor.

Iba mirando cada tronco de los pinos, las gotas de agua que sobre los pétalos de las Pulsatillas Alpinas formaban pequeños estanques en los que tendía a sumergirme, los pelos y pelusas de su tallo, el movimiento acompasado por millares de corolas hacia la luz que jugaba por allí filtrándose a veces, ocultándose al fin muchas otras. Las matas de peonías silvestres que parecían sacadas del jardín romántico mas elegante de Europa, con sus flores rosas en movimiento como de baile por las laderas. Los muguetes (Convallaria Majalis) se desplazaba por las praderas bajo las otras flores como si nada, las orquídeas de Gredos (Orchis masculla),  los sellos de Salomón (Polygonatum odoratum)…

Muchas veces sientes que vives momentos cerrados, estancos, definidos como este paseo, circunscrito a un lugar como este pinar isla. Lugares con una vegetación y condiciones sorprendentes en medio del resto, como esta sierra de Hoyocasero en Ávila.  Momentos que se quedan recostados en tu interior. Sobresale esta isla interior en medio de un paisaje duro, agreste, lleno de piedras berroqueñas, tomillos, piornos y robles. Nuestro propio interior y su paisaje.

Los días, las horas, la vida con toda su cadena de casualidades va avanzando, y sientes que nada está dejado al azar. Es como si mi propia existencia la viera escrita en un libro del que no soy yo la autora aunque al irlo descubriendo, leyéndolo,  vaya viendo mi mirada, mis reflexiones, lo hondo de mi sentir hacia algunas cosas, el tallo de la Pulsatilla, y lo tierno de su presencia en medio de la migraña que nubla a veces mi vida. Y al ver  cómo todo se va escribiendo sientes un escalofrío, algunas personas lo llaman “temor”, el sentimiento de estar imbuido en una corriente cálida y paternal que te envuelve y te va empujando a caminar, a mirar y ver estas cosas, a cantar al viento lo descubierto entre lo natural. A alabar a la Creación por levantarse en mi mirada creadora, hallando la luz dentro de mis ojos cerrados, dentro de mi ceguera y mi debilidad.

En esta sorpresa, en este regalo fortuito, la Creación parece que me deja mirar y crear y caminar así. Cae en mis manos, tras un paseo por un mercado de libros, un poemario de Dámaso Alonso, y siento que esto que yo vivo es tan real como otras muchas cosas de la vida, que él con su hondo sentir poético y su lirismo delicado también lo sintió. Lo siente,… dice así

Ah, gracias por mis ojos inventores.

¿Qué es la luz sin un ojo que la mire?

Sordamente se irradia, vibración utilísima,

por mares de negrura: un mundo ciego.

 

Mis ojos inventores crean luz.

Colaboran a cada millonésima parte de segundo

en el plan providente de la gran Creación:

prologan Creación, inventan luz.

 

Soy colaborador, soy delegado

de mi Dios, a través de mis ojos.

Y mas; afirmo aun mas

( y me aterra al decirlo un terror dulce)

Ojos inventores de luz, colaborando en el plan de la Creación que mas que estática y ya creada, vamos viviendo y sentimos que está viva y en continuo movimiento, y que de donde arranca es de nosotros, de esos ojos colaboradores y creadores de luz y de belleza.

En medio de lo árido de nuestro día a día, con problemas, nubes de sentimientos entrelazados, cansancio, apatía, tristeza en muchos rincones, aparece como una isla, como este pinar mágico esta llamada a colaborar con el movimiento mas dinámico y poderosos del universo: la Creación. Se levanta con nuestra búsqueda sin fin de belleza y de luz, la isla mas bella poblada de flores silvestres increíbles como estas Pusatillas tan bellísimas. Se levanta como estos pinos tan altos al cielo, siempre buscándolo. Es necesario amigos tener esa apertura de búsqueda. Para encontrar tenemos que buscar, y en esto ir con el corazón y el alma lleno de pasión. Para poder sentirnos identificados vitalmente con lo natural, para no ser un mero espectador, sino parte de todo lo creado, tan llenos de luz y belleza como todo lo que vemos alrededor. Vemos que es bello este rincón que nos cautiva al que he vuelto en muchos ratitos desde entonces, pero que es bello en general todo el paisaje, el nuestro, el interior. Que en muchos lugares de dentro hay aridez y dureza, zonas llenas de arenas y de salitre. Que el mar desde luego se extiende por dentro y que está ahí para  aprender a navegar sobre y con él, a bucear en él sin perder nunca la vista en la luz que como columnas se van levantando en mi vida. Hay bellos bosques que nacen en medio de la niebla y el dolor, y su belleza depende de mis ojos, de mi sensibilidad que es la que levanta toda la belleza y colabora con su Creador.

Con las palabras de Dámaso se unen los bellos pensamientos de mi paisano del alma de San Juan de la Cruz en el cántico Espiritual B, 1,11, que hago mis en este paseo por el pinar

Dicho queda,! oh alma!, el modo que te conviene tener para hallar al Esposo, hallarte en tu escondrijo ; pero, si lo quieres volver a oír, oye una palabra llena de sustancia y verdad inaccesible: es buscarla en fe y en amor,….que esos dos son los mozos del ciego que te guiarán por dónde no sabes, allá a lo escondido de Dios.

Ese Esposo que como Creación se levanta en nuestros ojos, que los deja amorosamente ser ellos los creadores de la luz. Un Amado al que hay que buscar en lo escondido de nuestra existencia, en el silencio interior, abriendo de manera valiente el escondijo mas profundo del alma, estando allí muchas veces, tomando en esto posesión. Una naturaleza, una Creación en pie, que se eleva en la mirada. Buscar con pasión, poniendo en esta aventura todo nuestro ser, avanzar, volver a caer y levantarnos, gatear, bucear, subir a las cumbres y bajar al fango del corazón.  Y como nos dice Juan creernos de veras que esto es así, que la vida se compone también de esto, de la interioridad habitada y florecida, de que la luz nos ilumina siempre aunque a veces nuestra migraña nos impida mirar.

Me encanta esta imagen de los dos mozos, la fe y el amor. Dos mozos que pueden guiarme hacia lo escondido de Dios. Mozos de ciego que me guían, pasión, empuje, determinada determinación de caminar, fe  y amor.

Os dejo una maravillosa música de Liszt en la interpretación del gran pianista Claudio Arrau.  Bendición de Dios en la soledad de las Harmonies poétiques et reeligieses. Unas piezas para piano que compuso en 1847, en donde toda la creación en forma de sonidos se levanta para los oyentes, toda creada para disfrutar.

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¿AÚN ABRIRÁS LOS BOSQUES?

 

 

 

 

 

 

 

LA SEMANA SANTA EN AVILA, CON LA MÚSICA DE TOMÁS LUIS DE VICTORIA.

Una reflexión sobre la historia de Ávila y el tesoro musical que tenemos.

 

Estaba el sábado pasado colocando unos Lotos en medio de un camino de gravas volcánicas rematando mi exposición de Mistica y arte floral “Los ojos del corazón” cuando me di cuenta que la muralla allí también aparecía mas que en la foto solamente, en toda la realidad del Museo y de los arreglos florales. Por la calle se veían muchos grupos de turistas y en el ambiente de toda la ciudad se empezaba a sentir la Semana Santa. Intenté pensar cómo se vivían estos días en los años de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz, qué arropaba la espiritualidad, mas allá de los pasos y las cofradías. Y el nombre de Tomás Luis de Victoria comenzó a llenarlo todo, especialmente en su “Tenebrae”, una música depurada, que parece levantarse en medio de la oscuridad de la Semana Santa, y que de manera cristalina construye una nueva catedral sobre los oyentes que sin saber qué es lo que oímos, nos sentimos impresionados.

Es Tomás un músico único, según musicólogos de reconocido criterio como mi buen amigo Alfonso de Vicente, el mejor compositor del Renacimiento tardío español y uno de los mas sobresalientes de todos los tiempos. Tomás es a la música religiosa, a la que se dedicó toda su vida desde que con 9 años y huérfano de padre, llegó a la catedral de Ávila, lo que Teresa es a la literatura religiosa. Son ambos junto con San Juan, místicos profundos y universales. Un autor al que se le define como “El compositor de Dios”, algo así como aquel que compuso las obras que casan perfectamente con los cuadros de otro artista profundamente religioso y genial como el Greco. Llenos ambos de la mas depurada técnica artística del momento, con una educación elevada, supieron llenar de color en forma de pinceladas o de notas las imágenes del alma de los creyentes.

Y me encuentro con este poema de José Hierro, al igual que él que componía siempre en los cafés, dejando sus versos recogidos en las servilletas de papel, en un momento de descanso dominical . El proceso o camino que me ha llevado a considerara su poema “ Acordes a Tomás Luis de Victoria” como uno de los mas depurados y bellos de su producción, tiene que ver con haberlo leído tranquilamente con los “Tenebrae” victorianos sonando en mis oídos. Son un conjunto de dieciocho motetes para cuatro voces a capella. textos litúrgicos para oír en el oficio de Tinieblas de toda la Semana Santa , en el Triduo, en los laudes de Jueves Santo, el Viernes y el Sábado Santo. Fueron compuestas y publicadas en Roma en 1585. Este oficio, que se celebraba con mas frecuencia antes de 1962, es realmente impresionante. Los rezos de las Horas se adelantan a la víspera por la tarde para no interferir a los oficios solemnes y se celebra en la entrada de la noche. Imaginémonos la catedral toda a oscuras, con el candelabro denominado “ tenebrario” con sus 15 velas encendidas. A cada canto de un salmo, se va apagando una vela, hasta llegar a la última que viene a significar la pasión de Jesucristo y en la que se canta el Salmo 50 “Miserere”, y se sitúa en la parte de atrás del altar ocultándolo. En ese momento los fieles producen un ruido de carracas para simbolizar los fenómenos naturales que precedieron a la muerte de Cristo.

La música que impresiona, va como pintando al modo del Greco, en pinceladas como lágrimas, todo el momento. Así dice Pepe poniendo palabras y versos al momento:

¿ Aún abrirás los bosques?, 

¿Aún talarás las olas?

¿ Alzarás las columnas 

de la noche a la gloria?…

¿ Poblarás con tu lumbre

crepuscular aurora”

Harry Christophers, director del famoso conjunto de música renacentista “The Sixteen” en un estupendo reportaje realizado por la BBC con motivo de los 400 años de la muerte de Victoria, habla de algo que yo y muchos oyentes de su obra hemos sentido algunas veces, que se mueve algo dentro de nosotros, y que parece que nos eleva a otra dimensión por momentos, entre sonidos tan dilatados en el tiempo que rompen los límites de la audición convencional, las voces cristalinas de los niños, ahora interpretados por sopranos de brillantes y limpios registros. Y esto, desde luego sitúa a Tomás en el lado de los místicos, desde la composición musical, sobre toda la estructura que parece tan férrea de la armonía que acampaba en las iglesias del Renacimiento. Parece que nos hay constancia de la relación directa de Teresa con Tomás en Ávila, por la diferencia de edad, y por la marcha del joven a Roma a los 17 años. Pero lo que no podemos dudar es que ambos junto con Juan, muestran en el arte místico, la belleza insondable de los lienzos de la muralla, el cielo cristalino sobre las almenas, el frio del ambiente que lucha por congelar el hondo sentir de un pueblo que aparece lleno de pasión y amor, que abre los bosques, que está orgullosos del pasado que aún mira dentro, con los ojos del corazón …

“ luna verde y redonda

ojo donde los hombres

apacientan sus horas”

Es la música religiosa un patrimonio increíble y bellísimo, que debería volver a ocupar su lugar en nuestras celebraciones, para construir así nuevas catedrales bajo las vidrieras de las actuales, taladrando olas, alzando columnas. Feliz Semana Santa, poblada con lumbre crepuscular y auroras.

 

Acordes a T. L. de Victoria.

José Hierro. 1952

¿Estarás donde estabas,
Tomás Luis de Victoria?
¿Al pie de las vidrieras
abiertas a las olas?
El órgano de plata.
Los rosales sin rosas.
El viento galopando
por la luz misteriosa.
El amarillo otoño
besándonos la boca.

¿Aún abrirás los bosques?
¿Aún talarás las olas?
¿Alzarás las columnas
de la noche a la gloria?
¿Gotearás de estrellas
las rojas amapolas?
¿Harás brillar los peces
sobre la orilla sola?
¿Prenderás tus marfiles
en las cimas remotas?
¿Poblarás con tu lumbre
crepuscular la aurora?
¿Serás el mismo que eras,
Tomás Luis de Victoria?
¿Llevarás en la mano
la dorada limosna,
misteriosa moneda,
luna verde y redonda,
ojo donde los hombres
apacientan sus horas?

Silencio. Del instante
lunar, la fuente brota.
¡Dios mío! Estamos muertos.
Gira el astro. Se borra
la eternidad herida,
las heridas palomas,
el cristal donde estalla
la luz que se desploma.
Todas las almas llevan
sangrando su corona.
Sin tiempo. Sin caminos.
Como un árbol sin hoja.
Como una primavera
muda, y errante y rota…

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 5 de abril, 2017https://www.youtube.com/watch?v=KKeL6_NaHtg