Decía León Tolstoi en Guerra y Paz que “toda la variedad, todo el encanto y toda la belleza que existe en este mundo está hecha de luces y sombras”. Esta ultima semana siento que está descrita con este titulo de su obra mas conocida. La barbarie de los asesinos radicalizados que siembran el terror por medio mundo, acuchillando a personas que van paseando por la calle, al trabajo, a jóvenes que descansan en un concierto, a fieles que oran dentro de un templo, a familias que disfrutan de fiestas navideñas ,… entran a saco para pronunciar sobre todos la palabra guerra a base de cuchilladas. Estamos en guerra, y es una de las mas crueles que podemos vivir, la que en creencias religiosas se asienta. Una guerra santa contra los infieles, aquella que pregona que al morir matando a los demás, se podrá encontrar el paraíso soñado, ¿ la paz en la guerra, en la muerte y la violencia?

En medio de la desazón por los atentados de Londres, apareció esta imagen de Tolstoi llena de matices, la del joven madrileño Ignacio Echeverría. El héroe del monopatín que con su testimonio ayudando a las otras victimas de la barbarie, dando la vida por socorrerlas, ha puesto de pie una arma increíble y llena de potencia, su humanidad y su amor por los demás. Un corazón generoso y un espíritu libre que sabe lo que tiene que hacer cuando ve el sufrimiento, la muerte y la crueldad de los demás, a su lado en medio de la calle.

La lectura profunda de todo esto va conmoviendo al mundo y a la opinión publica, porque nos viene a mostrar que esta guerra tiene contrincantes muy diferentes, y que frente a los que se inmolan matando hay quienes aman hasta morir. Unos creen que matando llegarán a la paz eterna y otros saben que solo el amor puede cambiar el mundo y qué es lo que como seres llenos de humanidad deben hacer: amar.

Todo este panorama de guerras, de sombras y matices de la paz planea sobre todos y se hunde en nuestras conciencias. Estaba el otro día en un recital ópera de la conocida mezzosoprano norteamericana Joyce di Donato en el Teatro Real de Madrid. El publico operístico tan acostumbrado a un ritual tranquilo, se encontró dentro de este panorama bélico, de luces y penumbras. No hubo actos violentos, pero si apareció en la escena una especie de trinchera hecha de música en la puesta en escena de Joyce que no dejaba adormilado a nadie mientras toda la carga de música y ritmo vertiginoso, acción, pasión y vida de la música de Haendel comenzaba a sonar y a caer sobre todos. No quería un recital al uso, no. Quería conseguir lo que desde luego se vivió, una experiencia de guerra y paz dibujada en sonidos, melodías, trinos, cadencias y ritmo que a veces era trepidante y otras parecía ir posándose hasta morir en la panza de cada sonido que se dilataba. “Lascia ch’io pianga”, o si déjame llorar, cantaba llorando…

Joyce cree en algo que comparto profundamente, en el poder redentor de la cultura.

El movimiento , la acción social del “ Sistema Greece” que desde Atenas recorre el mundo desde finales de 2016 , tratando de promover la inclusión social y el bienestar de los niños que viven en los campos de refugiados griegos, al modo de las escuelas venezolanas promovidas por Dudamel o las peruanas de Juan Diego Florez.

La cultura también es redentora nuestra en otro sentido mas personal, tiene un efecto catártico y nos hace capaces de soportar nuestra existencia, siendo el refugio interior y la medicina en momentos de agitación. Nos hace habitar por dentro, y eso es siempre motivo de crecimiento personal. Al menos para mi esto es así sin duda y la música de Haendel me conduce a través de compases de guerra y otros de pacifica mirada, a mi misma.

La cultura nos redime también, cuando conocemos las raíces de nuestras sociedades y lo que han tenido que pasar, milenios de guerras y de horror para llegar a conseguir la civilización en la que estamos. Así podremos defenderla de veras, y no encontraremos niños criados en Europa que se alisten con los del otro lado de la trinchera.

Estaba el domingo en Gredos en la entrega de los premios del Festival del Piorno. Y cuando me nombraron “Embajadora de Gredos”, realmente me emocioné, sentí que en este panorama de guerra y paz, la vida, los vecinos de Gredos y ASENORG, me situaban no en su bando, sino a la cabeza de ellos , como portando la bandera. La de la paz, aquella que se encuentra en la naturaleza que nos redime y nos sosiega de tanto trajín y de tanta violencia, intransigencia y horror que donde nace es en el interior de cada uno. En medio de tanto caos, la contemplación de la naturaleza nos trae la paz, y nos hace avanzar en lo auténtico que hay en nosotros.

 

No conocí a Ignacio Echeverría en vida, pero ahora creo que comparto con todos, algo, siento que lo conozco y que su ejemplo empuja mi vida también, porque esta bandera que llevó está hecha de la misma tela. Ignacio, siempre en nuestro corazón, gracias.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 15 de junio 2017

 

Un paseo primaveral por el Pinar de Hoyocasero persiguiendo a las Pulsatillas, con un poemario de Dámaso Alonso y las palabras de San Juan de la Cruz, de su » Cántico»

El otro día en medio de miles de compromisos laborales y familiares y un dolor de cabeza del tamaño de una nube sobre la sierra, cogimos el coche y nos dirigimos a un lugar que al menos en mi recuerdo va a ser ya para siempre mágico: El pinar de Hoyocasero en Ávila. Un pequeño entorno natural único que bajo el cielo enredado en los altísimos pinos «Pinus sylvestris»se levanta de forma sorprendente, lleno de verdor, de flores increíbles, de praderas encharcadas, un verdadero oasis botánico. Y todo se levanta bañado de luz en mi memoria.

Se levanta la luz filtrada,

se levanta la mirada,

en  mis ojos, creadores de luz

en cada  sonido, se levanta

en cada pliegue, volando

en cada aguja de pino, arriba,

en cada flor.

Iba mirando cada tronco de los pinos, las gotas de agua que sobre los pétalos de las Pulsatillas Alpinas formaban pequeños estanques en los que tendía a sumergirme, los pelos y pelusas de su tallo, el movimiento acompasado por millares de corolas hacia la luz que jugaba por allí filtrándose a veces, ocultándose al fin muchas otras. Las matas de peonías silvestres que parecían sacadas del jardín romántico mas elegante de Europa, con sus flores rosas en movimiento como de baile por las laderas. Los muguetes (Convallaria Majalis) se desplazaba por las praderas bajo las otras flores como si nada, las orquídeas de Gredos (Orchis masculla),  los sellos de Salomón (Polygonatum odoratum)…

Muchas veces sientes que vives momentos cerrados, estancos, definidos como este paseo, circunscrito a un lugar como este pinar isla. Lugares con una vegetación y condiciones sorprendentes en medio del resto, como esta sierra de Hoyocasero en Ávila.  Momentos que se quedan recostados en tu interior. Sobresale esta isla interior en medio de un paisaje duro, agreste, lleno de piedras berroqueñas, tomillos, piornos y robles. Nuestro propio interior y su paisaje.

Los días, las horas, la vida con toda su cadena de casualidades va avanzando, y sientes que nada está dejado al azar. Es como si mi propia existencia la viera escrita en un libro del que no soy yo la autora aunque al irlo descubriendo, leyéndolo,  vaya viendo mi mirada, mis reflexiones, lo hondo de mi sentir hacia algunas cosas, el tallo de la Pulsatilla, y lo tierno de su presencia en medio de la migraña que nubla a veces mi vida. Y al ver  cómo todo se va escribiendo sientes un escalofrío, algunas personas lo llaman «temor», el sentimiento de estar imbuido en una corriente cálida y paternal que te envuelve y te va empujando a caminar, a mirar y ver estas cosas, a cantar al viento lo descubierto entre lo natural. A alabar a la Creación por levantarse en mi mirada creadora, hallando la luz dentro de mis ojos cerrados, dentro de mi ceguera y mi debilidad.

En esta sorpresa, en este regalo fortuito, la Creación parece que me deja mirar y crear y caminar así. Cae en mis manos, tras un paseo por un mercado de libros, un poemario de Dámaso Alonso, y siento que esto que yo vivo es tan real como otras muchas cosas de la vida, que él con su hondo sentir poético y su lirismo delicado también lo sintió. Lo siente,… dice así

Ah, gracias por mis ojos inventores.

¿Qué es la luz sin un ojo que la mire?

Sordamente se irradia, vibración utilísima,

por mares de negrura: un mundo ciego.

 

Mis ojos inventores crean luz.

Colaboran a cada millonésima parte de segundo

en el plan providente de la gran Creación:

prologan Creación, inventan luz.

 

Soy colaborador, soy delegado

de mi Dios, a través de mis ojos.

Y mas; afirmo aun mas

( y me aterra al decirlo un terror dulce)

Ojos inventores de luz, colaborando en el plan de la Creación que mas que estática y ya creada, vamos viviendo y sentimos que está viva y en continuo movimiento, y que de donde arranca es de nosotros, de esos ojos colaboradores y creadores de luz y de belleza.

En medio de lo árido de nuestro día a día, con problemas, nubes de sentimientos entrelazados, cansancio, apatía, tristeza en muchos rincones, aparece como una isla, como este pinar mágico esta llamada a colaborar con el movimiento mas dinámico y poderosos del universo: la Creación. Se levanta con nuestra búsqueda sin fin de belleza y de luz, la isla mas bella poblada de flores silvestres increíbles como estas Pusatillas tan bellísimas. Se levanta como estos pinos tan altos al cielo, siempre buscándolo. Es necesario amigos tener esa apertura de búsqueda. Para encontrar tenemos que buscar, y en esto ir con el corazón y el alma lleno de pasión. Para poder sentirnos identificados vitalmente con lo natural, para no ser un mero espectador, sino parte de todo lo creado, tan llenos de luz y belleza como todo lo que vemos alrededor. Vemos que es bello este rincón que nos cautiva al que he vuelto en muchos ratitos desde entonces, pero que es bello en general todo el paisaje, el nuestro, el interior. Que en muchos lugares de dentro hay aridez y dureza, zonas llenas de arenas y de salitre. Que el mar desde luego se extiende por dentro y que está ahí para  aprender a navegar sobre y con él, a bucear en él sin perder nunca la vista en la luz que como columnas se van levantando en mi vida. Hay bellos bosques que nacen en medio de la niebla y el dolor, y su belleza depende de mis ojos, de mi sensibilidad que es la que levanta toda la belleza y colabora con su Creador.

Con las palabras de Dámaso se unen los bellos pensamientos de mi paisano del alma de San Juan de la Cruz en el cántico Espiritual B, 1,11, que hago mis en este paseo por el pinar

Dicho queda,! oh alma!, el modo que te conviene tener para hallar al Esposo, hallarte en tu escondrijo ; pero, si lo quieres volver a oír, oye una palabra llena de sustancia y verdad inaccesible: es buscarla en fe y en amor,….que esos dos son los mozos del ciego que te guiarán por dónde no sabes, allá a lo escondido de Dios.

Ese Esposo que como Creación se levanta en nuestros ojos, que los deja amorosamente ser ellos los creadores de la luz. Un Amado al que hay que buscar en lo escondido de nuestra existencia, en el silencio interior, abriendo de manera valiente el escondijo mas profundo del alma, estando allí muchas veces, tomando en esto posesión. Una naturaleza, una Creación en pie, que se eleva en la mirada. Buscar con pasión, poniendo en esta aventura todo nuestro ser, avanzar, volver a caer y levantarnos, gatear, bucear, subir a las cumbres y bajar al fango del corazón.  Y como nos dice Juan creernos de veras que esto es así, que la vida se compone también de esto, de la interioridad habitada y florecida, de que la luz nos ilumina siempre aunque a veces nuestra migraña nos impida mirar.

Me encanta esta imagen de los dos mozos, la fe y el amor. Dos mozos que pueden guiarme hacia lo escondido de Dios. Mozos de ciego que me guían, pasión, empuje, determinada determinación de caminar, fe  y amor.

Os dejo una maravillosa música de Liszt en la interpretación del gran pianista Claudio Arrau.  Bendición de Dios en la soledad de las Harmonies poétiques et reeligieses. Unas piezas para piano que compuso en 1847, en donde toda la creación en forma de sonidos se levanta para los oyentes, toda creada para disfrutar.

 

 

 

 

 

 

 

LA SEMANA SANTA EN AVILA, CON LA MÚSICA DE TOMÁS LUIS DE VICTORIA.

Una reflexión sobre la historia de Ávila y el tesoro musical que tenemos.

 

Estaba el sábado pasado colocando unos Lotos en medio de un camino de gravas volcánicas rematando mi exposición de Mistica y arte floral “Los ojos del corazón” cuando me di cuenta que la muralla allí también aparecía mas que en la foto solamente, en toda la realidad del Museo y de los arreglos florales. Por la calle se veían muchos grupos de turistas y en el ambiente de toda la ciudad se empezaba a sentir la Semana Santa. Intenté pensar cómo se vivían estos días en los años de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz, qué arropaba la espiritualidad, mas allá de los pasos y las cofradías. Y el nombre de Tomás Luis de Victoria comenzó a llenarlo todo, especialmente en su “Tenebrae”, una música depurada, que parece levantarse en medio de la oscuridad de la Semana Santa, y que de manera cristalina construye una nueva catedral sobre los oyentes que sin saber qué es lo que oímos, nos sentimos impresionados.

Es Tomás un músico único, según musicólogos de reconocido criterio como mi buen amigo Alfonso de Vicente, el mejor compositor del Renacimiento tardío español y uno de los mas sobresalientes de todos los tiempos. Tomás es a la música religiosa, a la que se dedicó toda su vida desde que con 9 años y huérfano de padre, llegó a la catedral de Ávila, lo que Teresa es a la literatura religiosa. Son ambos junto con San Juan, místicos profundos y universales. Un autor al que se le define como “El compositor de Dios”, algo así como aquel que compuso las obras que casan perfectamente con los cuadros de otro artista profundamente religioso y genial como el Greco. Llenos ambos de la mas depurada técnica artística del momento, con una educación elevada, supieron llenar de color en forma de pinceladas o de notas las imágenes del alma de los creyentes.

 

Y me encuentro con este poema de José Hierro, al igual que él que componía siempre en los cafés, dejando sus versos recogidos en las servilletas de papel, en un momento de descanso dominical . El proceso o camino que me ha llevado a considerara su poema “ Acordes a Tomás Luis de Victoria” como uno de los mas depurados y bellos de su producción, tiene que ver con haberlo leído tranquilamente con los “Tenebrae” victorianos sonando en mis oídos. Son un conjunto de dieciocho motetes para cuatro voces a capella. textos litúrgicos para oír en el oficio de Tinieblas de toda la Semana Santa , en el Triduo, en los laudes de Jueves Santo, el Viernes y el Sábado Santo. Fueron compuestas y publicadas en Roma en 1585. Este oficio, que se celebraba con mas frecuencia antes de 1962, es realmente impresionante. Los rezos de las Horas se adelantan a la víspera por la tarde para no interferir a los oficios solemnes y se celebra en la entrada de la noche. Imaginémonos la catedral toda a oscuras, con el candelabro denominado “ tenebrario” con sus 15 velas encendidas. A cada canto de un salmo, se va apagando una vela, hasta llegar a la última que viene a significar la pasión de Jesucristo y en la que se canta el Salmo 50 “Miserere”, y se sitúa en la parte de atrás del altar ocultándolo. En ese momento los fieles producen un ruido de carracas para simbolizar los fenómenos naturales que precedieron a la muerte de Cristo.

La música que impresiona, va como pintando al modo del Greco, en pinceladas como lágrimas, todo el momento. Así dice Pepe poniendo palabras y versos al momento:

¿ Aún abrirás los bosques?, 

¿Aún talarás las olas?

¿ Alzarás las columnas 

de la noche a la gloria?…

¿ Poblarás con tu lumbre

crepuscular aurora”

Harry Christophers, director del famoso conjunto de música renacentista “The Sixteen» en un estupendo reportaje realizado por la BBC con motivo de los 400 años de la muerte de Victoria, habla de algo que yo y muchos oyentes de su obra hemos sentido algunas veces, que se mueve algo dentro de nosotros, y que parece que nos eleva a otra dimensión por momentos, entre sonidos tan dilatados en el tiempo que rompen los límites de la audición convencional, las voces cristalinas de los niños, ahora interpretados por sopranos de brillantes y limpios registros. Y esto, desde luego sitúa a Tomás en el lado de los místicos, desde la composición musical, sobre toda la estructura que parece tan férrea de la armonía que acampaba en las iglesias del Renacimiento. Parece que nos hay constancia de la relación directa de Teresa con Tomás en Ávila, por la diferencia de edad, y por la marcha del joven a Roma a los 17 años. Pero lo que no podemos dudar es que ambos junto con Juan, muestran en el arte místico, la belleza insondable de los lienzos de la muralla, el cielo cristalino sobre las almenas, el frio del ambiente que lucha por congelar el hondo sentir de un pueblo que aparece lleno de pasión y amor, que abre los bosques, que está orgullosos del pasado que aún mira dentro, con los ojos del corazón …

“ luna verde y redonda

ojo donde los hombres

apacientan sus horas”

Es la música religiosa un patrimonio increíble y bellísimo, que debería volver a ocupar su lugar en nuestras celebraciones, para construir así nuevas catedrales bajo las vidrieras de las actuales, taladrando olas, alzando columnas. Feliz Semana Santa, poblada con lumbre crepuscular y auroras.

 

Acordes a T. L. de Victoria.

José Hierro. 1952

¿Estarás donde estabas,
Tomás Luis de Victoria?
¿Al pie de las vidrieras
abiertas a las olas?
El órgano de plata.
Los rosales sin rosas.
El viento galopando
por la luz misteriosa.
El amarillo otoño
besándonos la boca.

¿Aún abrirás los bosques?
¿Aún talarás las olas?
¿Alzarás las columnas
de la noche a la gloria?
¿Gotearás de estrellas
las rojas amapolas?
¿Harás brillar los peces
sobre la orilla sola?
¿Prenderás tus marfiles
en las cimas remotas?
¿Poblarás con tu lumbre
crepuscular la aurora?
¿Serás el mismo que eras,
Tomás Luis de Victoria?
¿Llevarás en la mano
la dorada limosna,
misteriosa moneda,
luna verde y redonda,
ojo donde los hombres
apacientan sus horas?

Silencio. Del instante
lunar, la fuente brota.
¡Dios mío! Estamos muertos.
Gira el astro. Se borra
la eternidad herida,
las heridas palomas,
el cristal donde estalla
la luz que se desploma.
Todas las almas llevan
sangrando su corona.
Sin tiempo. Sin caminos.
Como un árbol sin hoja.
Como una primavera
muda, y errante y rota…

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 5 de abril, 2017https://www.youtube.com/watch?v=KKeL6_NaHtg

 

Taller de meditación con flores y música sobre el poema de San Juan de al Cruz » Cántico Espiritual»

El pasado martes 4 de abril desarrollamos una actividad con flores, música y poesía muy especial en el Monasterio de San Francisco. Dentro del marco de la Exposición » Los ojos del corazón» que está abierta desde el día 1 al 15 de abril de 2017 en el Centro de Interpretación del Misticismo de Ávila, en su Museo de mística.

Llevaba mucho tiempo con la idea de poder realizar algún día algo así, con música en directo que fuera, junto con las flores naturales, vehículos en un viaje mas contemplativo que propiamente meditativo. Dejar que las palabras de Juan nos llevaran y hacerlo en grupo, compartir con otros esta experiencia. El taller se desarrolló para 20 personas, y con la técnica de Ikebana fueron realizando sus arreglos dentro de todo lo que sentíamos sensorialmente, la música, el olor de las flores, su tacto. Abriendo en ello los sentidos, los interiores, como dice el titulo de la Exposición, » los del corazón».

La tarde en Ávila estaba primaveral, con los prunos florecidos y las primeras cabezas de león saliendo en las praderas. Fui en los días anteriores seleccionando todas aquellas flores que considero que tienen que decir algo al corazón y que andan muy bien de la mano de las palabras de Juan: brezos, narcisos, tulipanes, guisantes de olor, claveles de poeta, lilums, astrantias, delphinios, acónitos, claveles, crisantemos, ranúnculos, celosías, escalas,anémonas. Con ramas de magnolia, esparragueras Spengueri, eucaliptos, helechos, musgos, hojas de salas. También había rañas de  cortezas, piñas, tramas de ciruelos, mimbres.

La musica fue sublime. No sé cómo agradecer a la pianista Adela Ochadiano y a la soprano María García el concierto bellísimo que nos ofrecieron. Una música que se constituyó en la verdadera voz que nos guiaba y nos transportaba a otro lugar en la limpia coloratura de María. El » Aria di Chiesa» de Alessandro Stradella, » Caro mío Ben» de Giuseppe Giordani,  » Domine deus» de Vivaldi y para finalizar, Ridonami la Calma de Paolo Tosti y el Ave María de Schubert.

Fuimos dejando que todo nos fuera llevando y los arreglos florales comenzaron a levantarse. Cada uno de los participantes hizo suyo un trozo del Cántico de San Juan y todos ellos, una vez terminados y colocados allí en el escenario, junto con la música, levantaron el Cántico desde el corazón de todos los que allí estábamos.

Un momento inolvidable, en el que vamos caminando por nuevas formas de expresión y de vivencias de lo natural. En los que dejamos que el momento nos sorprenda, sabiendo que lo que vivimos es algo mas que la suma de las partes y de los elemento que allí teníamos. Hay algo mas, un lugar mágico al que nos llevan, a cada uno al suyo propio, y que todos juntos levantados en flores parece que nos dicen hondamente que la mística, como experiencia de lo espiritual está viva, y que sólo tenemos que disponernos, abriendo los sentidos, con un corazón anhelante que diga de forma profunda…¿ Dónde estás?, para poder sentir que el momento nos mira, y el espíritu se llena de paz y de armonía. De sensaciones que desde luego sentimos como regalo, como parte de la hermosura viva de lo creado.

Agradezco desde estas líneas a la concejala de cultura del Ayuntamiento de Ávila,  Sonsoles Sanchez-Reyes esta oportunidad,  a Juanjo Barcenilla y a Adela y María nuevamente mi agradecimiento total. A todos los que levantasteis juntos este poema con flores, el poema de amor mas bello de la historia. Mil gracias a todos.

La inscripción para el curso será donada a la Cruz Roja en su dedicación a los Refugiados de la guerra de Siria.

Con motivo de los 75 años de la muerte del admirado poeta Miguel Hernández nos reunimos un grupo de poetas y amigos de la literatura en el Episcopio de Ávila al comienzo de la primavera. Un año mas acudimos a la convocatoria del poeta Jose María Muñoz Quirós, leemos nuestros poemas, y otros del querido Miguel Hernandez. Con música en directo de una flauta  travesera, usamos un encuentro único.

 

Puse en pie mi poema floral leve la piedra. Poder mostrar el mágico proceso de la creación, cómo se va todo creando en flores, ramas, musgos ante nuestros ojos. El arte floral que normalmente disfrutamos es un arte ya final, le falta toda la vida del proceso creativo que normalmente se quedó solitario en el taller de las flores. Me gusta compartirlo con  otras personas, dándole el sentido que tiene.

 

 

 

Leve la piedra,

sobre la piedra se apoya,

sobre el estanque del musgo.

El mantel de la mancha, la viña,

el silbido, la menta y el piano,

leves sobre la montaña .

 

El circulo de las piedras

que enhiesto se inmola, leve.

El oxido de la grieta, el guerrero

de la pintura, su buril,

la gravidez de la cierva

que danza mientras muere.

 

Leve la vida que sobre el principio

del triángulo se tiende, la vulva,

la piel de la caricia, la zinnia

del corazón boscoso.

El latigazo del sonido al rasgarse,

El cielo marrón y su seco cable.

 

Leve la manzana que

sobre otra verde se pudre.

El moho del polvo, el tiempo,

terciopelo que se ahoga.

El pinchazo y tu dedal,

que sobre mi dedo descansa.

 

Leve la nube que sobre el monte

se rasga, el cielo sobre

el horizonte del trueno.

En gritos disuelto, en rabia,

la paz y el desencanto del airado

tambor de la pancarta.

 

Leve tu mirada sobre los ojos

descansa, el sembrado sobre el mijo,

La cal que por el suelo se baña.

Y la sinuosa soga de la luna

que nos amordaza, hermano.

La parva que del tendido se lanza.

 

MEDITACIÓN EN LA NATURALEZA EN CUARESMA

Ser peregrino, al menos sentirse así, es vestirnos un poco del espíritu de estos días de cuaresma.

Ser peregrino es sentir que hay en nuestra vida algo tan importante y que nos apremia tanto, que nos empuja a salir por ahí tras ello, tras Él, el dueño del corazón. En la búsqueda siempre arriesgamos en la medida de lo que nos importe lo que andamos siguiendo, es ese ansia profunda la que acelera o retrasa nuestro buscar y nuestro paso.

Estaba estos días muy abatida, sintiendo que tenía tanto que arrancar de mi misma para ser realmente la peregrina que quiere mi corazón. Sintiendo que a veces, las ansias y deseos no van por el mismo camino que nuestros actos, que me pierdo en veredas que no me llevan a lo que anhela mi corazón. La mañana estaba cubierta de niebla, y era tan espesa como mi tristeza, veía el Puerto del Pico taponado con nubes y no podía mas que reprimir mis ganas de llorar, porque todo aquello era el paisaje de mi propio interior. Serpenteando la carretera mas bonita que una peregrina pueda desear, bajamos el puerto y nos llenamos de niebla. Allí, con los focos antiniebla a tope, sentía que la niebla me consolaba como una sábana, la humedad me iba perfectamente para hidratar mi piel.

Con el Libro de Rainer María Rilke » El libro de las horas»  en mi mochila, arrancaba a caminar en medio del campo. Iba intentando ver si la primavera se comenzaba a notar, los brotes, las primeras flores de los frutales, las matas de hierbas florecidas de los lados de la cuneta. Peregrinaje hacia otro lugar, un amarre vital a la naturaleza que florecerá dentro de mi también. Sentí, y así os lo comparto, que este momento  es realmente muy bello, con toda su cola de tristeza y de silencio. Es como cuando preparas un viaje, y en la preparación vas eligiendo el lugar donde quieres dormir, qué vas a visitar, qué vas a probar de comida,…  te vas entrenando para poder subir cuestas, aligeras el equipaje para poder caminar por dónde vayan los demás. Pensando así en mi vida espiritual, voy avanzando también con espíritu de cuaresma, de regalo, de preparación. Quitando tanto que siento que me lleva a caminos de tristeza y desencanto, caminos por los que avanzo a veces siguiendo un canto de sirena, el mío propio, mi imagen y todo el sobre mundo que a ella he ido agregando. Quizá es eso lo mas difícil de estos días y el mayor sacrificio que podemos tener, quitar de nuestra alma todo lo que hemos puesto basado en nuestra propia apreciación de lo que somos. Arrancar hasta llegar a lo que soy, mi verdadero corazón, un lugar que siento realmente cuarteado.

Dice Rilke: ( en el Libro de las horas, traducción de Federico Bermúdez-Cañete )

DIOS habla a cada cual sólo antes de crearlo;

luego sale, callado, con él desde la noche.

Mas las palabras de antes que cada uno comience,

esas palabras nebulosa, son:

 

Enviado al exterior por tus sentidos,

vete hasta el limite de tu ansia;

dame con qué vestirme.

 

Crece como llama tras las cosas,

para que así sus sombras, extendidas,

me cubran siempre por entero.

 

Deja que te suceda lo bello y lo terrible.

Sólo hay que andar: ningún sentimiento es remoto.

No dejes que te aparten de mi lado.

Cercana está la tierra

a la que llaman vida.

 

La reconocerás por su gran seriedad.

Dame la mano.

Las primulas se miran en la corriente que arrasa con todo, y sobre su ímpetu de agua se miran agarradas a las piedras de la cortante. Y florecen cada mes de marzo, abiertas como ojos llenos de infancia y de candor. El trajín del agua deslizándose sobre la tripa de la reguera, las rocas de la cortante del arroyo, refrescan el alma, y siempre esto a sido así. Llenan el silencio que envuelve estos días de penitencia, de música que arrasa por dentro todo atisbo de tristeza.

Y es que todo » crece como llama tras las cosas», en mi caso sé lo que persigo, y doy gracias a la vida que me lo ha mostrado desde la hierba florida, la aromática recién nacida, la rama de albaricoque llena de capullos, la luz y cómo se filtra entre los alisos. Llegar a Dios a través de lo natural, no es que sea fácil, es que es automático.  Querer seguir a Jesucristo sentimos que nos llena el alma de semillas de primulas, que aunque no sepamos cuidar como merecen, florecerán en primavera. Crearán con su color y belleza el aspecto del Reino ese que quiere en nosotros construir para deleite y gusto de los demás. Los otros, los que son realmente los dueños de todo este jardín de dentro del corazón, por los que florece por Pascua.

 

Sólo tenemos que estar ahí en la naturaleza y hacer eso que Teresa de Jesús llama » conocimiento de si», o mirarnos por dentro, y veremos, como así a mi me pasa, que somos un ser mas de un lugar mágico y bello que no es sólo nuestro. Y que estamos en su ciclo como algo mas, que tenemos que salir del invierno, quitar el frío y la tristeza, y llegar florecer para dar fruto. Algo que ofrecer con las manos abiertas.

Poco a poco los días van pasando, y vuelvo a salir por ahí en cuanto puedo. La naturaleza es verdaderamente nuestra casa, como lo es de las arañas que se agarran a los palos del establo, de los membrillos que comienzan a brotar, de los mirlos que canturrean por las sendas, los gatitos que pasan por allí, el topo que deja toda la pradera llena de volquetes de tierra oscura y humeante. Allí encuentro el sentido de mi verdadera alma de peregrina que hacia adelante avanza, siguiendo el rastro del corazón. ¿Dónde está el mío?, en dónde a veces lo coloco no sabiendo que debe estar cerca del agua manantial, y siempre bañándose en la luz.

Pasé el otro día por mis propios pasos, y aún había una prímula viviendo tan tranquila en la pila de agua de la entrada de la ermita. La luz se filtraba entre los robles que empezaban a brotar, los castaños y los nogales. En forma de triángulo se dibujaba sobre la superficie, y me conmovió su figura. Sin querer recitaba las palabras del libro de Isaias: » como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra y fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca»,… cómo bajan,…y cómo empapan,…

 

Palabras que abren el alma, arrancan la niebla y hacen en lo hondo de nosotros crecer la vida en forma de jardín. Empujan mi alma peregrina hacia delante y digo con Rilke, desvistiendo mi vida de tanta tristeza,…

» DESDE  mis amplias alas vuelvo a casa,

de extraviarme con ellas.

Como un canto fui yo, y Dios, como una rima,

aun suena en mis oidos»

 

Cuaresma como camino

y mi alma hecha de anhelos

vestida de capa de peregrina

con anémonas de luz dentro de la tristeza,

arrancando la maleza que el invierno oscuro crió

dentro de mi, para seguirte

y en las alas de la luz bañarme

suspendida en el agua del amor.

 

 

El paisaje me susurra, para que no esté ya triste,…  Deja que te suceda lo bello y lo terrible,… Vive de veras tu vida,…Sólo hay que andar, nada de lo que sientes es remoto, ajeno, extraño, es la misma vida que a chorros sobre ti va cayendo.

Y grito yo también !! no dejes que te aparten de mi lado, Oh Señor mío!. Mira aquí abajo, mira,… está cercana la tierra, la que llaman vida.

Peregrinando por mi propia vida, sintiendo que ya sólo el camino aunque a veces esté nublado es un regalo,  un don que nos regala la sombra que nos cubre. Voy así avanzando hacia la primavera , la Pascua  que renacerá en el abismo de mi vida.

 

La música de todo este paisaje interior que comparto con vosotros es esta maravillosa pieza de Anton Webern, Im Sommerwind, compuesta en 1904. Con sus sonidos como tendidos al infinito, flotando, creando una especie de tela de araña, de ala delta para nuestro espíritu. De terciopelo en su naturaleza, lleno del post romanticismo mas brillante y lleno de belleza. Una obra para oír en soledad, cerrando los ojos y sumergiéndonos en toda la hondura de la música. Una obra maestra, al menos para mi.

 

 

Tras los días de la fiesta de la Santa hago un pequeño paréntesis para visitar la exposición de Caillebotte en el Thyssen. La muestra de un pintor impresionista amigo de Monet, que descubrió en la naturaleza y en los jardines el motor de su vida. Hasta el 30 de octubre podemos con él remar por el Sena, viajar por Normandía, y perdernos por los parterres de girasoles de su jardín de Petit Gennevilliers. El salto, la chispa o la inspiración que hace a un artista encontrar su propio camino y forma de expresión, hunde sus raíces en su propia vida y vivencia. Algo transforma su visión de la realidad, haciendo entrar a su mirada creativa en otra dimensión.

Desde hace unas semanas, tengo siempre cerca un ensayo de John Fowles, (1926, 2005) “ El Árbol”, que profundiza de manera amena sobre el mundo natural que nos rodea, el patio con manzanos de su casita de infancia en Londres, y la conexión, el punto de arranque de la creación artística. La actitud que en el fondo de todo el libro parece fluir es la de “ dejarse caer”, el arte de deambular, de dejar que lo que por allí vemos, sentimos, oímos, nos enseñe. El arte pues del vagabundeo vital, del que se pone las botas, y recorre el monte, el jardín o la ribera de un rio. El arte con guantes del jardinero que pasa la mañana rastrillando el huerto.

Gustave Caillebotte, igual que John Fowles se dejó cazar. La naturaleza en estos casos pasa de ser la presa a ser la rapaz que entra a invadir el espíritu creativo de un artista. El apetito de lo natural, sus riveras pobladas de juncos, el huerto de los manzanos en flor, el camino de las dalias, llegó a ser voraz, en el sentido mas lúdico y glotón posible. Miles de cuadros forman el corpus de este autor que en los últimos años está recobrando su justa apreciación por la critica artística, con exposiciones como esta de Madrid..

Esta manera de acercarse a la naturaleza, es sin duda vital y artística en su caso, sobre todo porque de lo que se separa de manera clara es de una actitud en exceso positivista. Si sólo nos acercáramos al campo para saber, conocer, descubrir,   los artistas como Caillerbote, se volvería académicos, eruditos: no dejarían a lo natural llevar la delantera.

Esta actitud vital de entrar en la naturaleza desprovistos de manuales de plantas y animales, de móviles, fotos y cuadernos de anotaciones, dejando que lo que por allí sentimos vaya definiendo el momento, cambia nuestra percepción de la naturaleza, nos llena de energía verde, y en algunas personas desata su creatividad y arte. Allí pues se encuentra esa chispa que arranca el proceso creativo.

En 1979 John Fowles publicó “ El árbol” como compendio de sus pensamientos y artículos , casi diez años después de su famosa novela “ La mujer del teniente francés”, donde su final abierto apunta mucho de su pensamiento sobre el libre albedrío. Cómo debemos dejar que la vida nos vaya sorprendiendo y cómo hundiendo nuestros pasos y manos en la tierra del jardín, la huerta o el bosque, estamos dejando abierta esta posibilidad.

img_1481 img_1480 img_1479 img_1478

Una de las características de nuestra sociedad intercomunicada, es la de la prisa, la cultura de lo inmediato. La tecnología está tan por encima de nuestra capacidad de entenderla, que nos hemos sometido a ella, y dejamos que sean las informaciones, las redes sociales, los whatsapps, los que definan nuestros pasos de cada día. Wikipedia es la diosa, parece que todo se subsume en ella, y fuera de allí, el saber se encuentra como una pequeña mata de malvas al margen del camino. Y el arte se enclava en esta red tan complicada, sobre todo en el aspecto de la fuente de inspiración, de la comunicación y del estilo artístico. En medio de todo este planteamiento, los pensamientos de Fowles nos dan un poco de sosiego. La naturaleza, entendida en este sentido tan amplio que abarca desde luego también a las hierbas silvestres y rastrojos de la tapia del jardín que salen y salen floreciendo cada primavera, es un motor diseñado por la creación para los hombres. Nuestro patrimonio. Una creación que debemos ver mas que como sustantivo, como verbo. Siempre en movimiento. Un movimiento que arranca el espíritu artístico, y recuerdo en todo esto el oratorio de Haydn “ La Creación”, la música de esta inspiración, la creación en notas.

Pintores como Caillebotte, Monet, escritores como Fowles, músicos como papá Haydn, nos dejan sus obras, algunas llegamos a considerarlas maestras, únicas, con gran valor. Pero todas ellas fueron creadas y lo que leemos y observamos está ya pasado, fijo, muerto, salvo que lo admiremos y lo hagamos nuestro de manera personal y creativa, lo interpretemos. Sólo la creación en la naturaleza es siempre viva “ per se”. Bella, única y en movimiento, sólo tenemos que ponernos las botas, dejar los pensamientos recurrentes , las preocupaciones familiares, la política con su red de problemas, las redes sociales, para entrar a formar parte de algo que se gesta para nosotros, vivo. Vagabundeando por ahí un rato, sabiendo cómo tenemos que calzarnos las botas.

 

 

ORA EL ALMA CON MARTA ETURA Y CHEVI MURADAY.

 

 

El pasado sábado vivimos en Palacio Lienzo Norte, un rato muy especial. Y digo vivimos, aunque lo representado era un ballet contemporáneo, porque sentí que así era, la coreografía tan llena de lirismo y delicadeza de Chevi Mudaray, nos hacía entrar dentro del alma del que busca orar y vivir desde su verdad. Lejos de plantearse la figura de Teresa de Jesús como una santa en su trono dorado del que ha conseguido una vida llena de certidumbres y de fe que sosiega el espíritu, apareció en escena , bajo los giros casi imposibles y llenos de verdad, una mujer buscadora de si misma, luchando en medio de su vida y destino. Y todos asistíamos impresionados al devenir de cada movimiento, sus gestos tan marcados, los saltos y escorzos imposibles, colgándose a veces, saltado y flotando otras, viendo que la belleza se encuentra aquí, cerca de la verdad de lo que existe porque es mas creíble.

 

Cuando nada mas comenzar, Teresa enferma se retorcía de dolor, incertidumbre y miedo sobre una cama, y una soprano en directo interpretó el aria de la ópera de Handel , Julio Cesar, “ Pianguero la sorte mía crudele”, enganchó todo en un momento, como si rugiera un engranaje oculto: no podía una música mostrar mejor el momento, la tristeza y desolación que mezcla angustia y dolor físico, con suavidad y lágrimas muy dulces. Teresa en la interpretación precisa y llena de sentimiento de Marta Etura, mostrando su maestría como actriz y su destreza absoluta como bailarina etérea, delicada y a la vez llena de dramatismo. Y sabemos, en estos días salpicados de lecciones y encuentros teresianos a tan alto nivel desde las aulas de la Universidad de la Mistica CITeS, en su Congreso Mundial teresiano, que esos momentos vividos por Teresa, la enfermedad, Brucelosis según el profesor Sanchez Caro, minaron su vida y a punto estuvo de morir, llegando a pasar días en coma profundo y años de convalecencia paralitica en una cama del Monasterio de la Encarnación. Pero Chevi, y la dirección artística de esta obra han sabido ver mas allá, el sufrimiento y la agonía de una mujer encorsetada, como sobre su habito lleno de citas rojas mostraba Teresa en escena, de no saber por donde dirigir su vida, carente en el fondo de alguna certeza que la empujara a vivir, revolviéndose sin parar, y resucitando por momentos, para luego volver a caer. Y así va transcurriendo la obra, mientras Teresa descubre en los libros de oración personal que la liberaban de tanto rito vacío y práctica hueca, su salvación. Se empapa de ellos, y estos se convierten en agua sobre su ser, que llega a colgarse de ellos, a prenderlos ya sobre su persona para siempre. El agua comienza entonces a manar por la escena, a calarlo todo, en cuanto Teresa comienza a orar de esta manera que arranca de su propio conocimiento, y aceptación. Agua que llena los cubos, que antes servían para liberar “humores” en las sangrías de la curandera. Cubos rebosantes, para comenzar a dar cuerpo a los cuatro grados de oración teresiana, el pozo, la noria, el rio y la lluvia, con una puesta en escena impactante a base de cubos de zinq que volaban en las cuatro vías de la oración.

 

Aparece en escena la transformación de Teresa, desde su conversión ante un Cristo que según Chevi, la coge como en un rapto amoroso, y la funde ya con él, transformando el dolor que en su pecho ataba y comprimía el espíritu, en una labor de hilos fuertes, amorosos y llenos de pasión, “ No tengas pena, que aquí estoy”. Se transforman los símbolos que antes oprimían y ahora son liberadores, el cubo lleno de agua sirve para beber, lavarse y disfrutar, y los hilos del corazón ahora se comparten con los demás ampliando en zurzido que sobre el escenario crea una enorme tela de araña, al compás de los movimientos de los bailarines.

 

Con Marta – Teresa, siempre aparece, bailando, sujetando, acariciando, siendo su báculo y asidero vital la figura de Chevi, como monje. Y realmente siento que al leer a Teresa esto es así, siempre necesitó amigos, confesores, frailes, hermanos, para avanzar en su vida de fe. Amigos íntimos , compañeros de camino. San Juan de la Cruz aparece entonces y la sombra que apoya a Teresa, repite como en eco nuevamente el sufrimiento y la angustia de los que siguen en todo la Cruz.

 

Precioso, lirico y lleno de personalidad, y así siento que se constituye en otra joya mas de este centenario, aportando a todo lo que vamos sabiendo de nuestra Santa, algo mas, nos invita entre giros y movimientos imposibles, a conocer su oración y como dice el titulo de esta obra, su alma. Felicito a este equipo, a los bailarines y al coreógrafo, por crear tanta “ Hermosura” de la nada, ante el publico, en un momento.

BOCCHERINI Y ARENAS DE SAN PEDRO: UN PUZLE.

8512

La vista de la Sierra de Gredos se recorta por encima de los bosques de castaños, cuando vas llegando a Arenas: fresnos, alisos en los arroyos, higueras y pinos, entre praderas y huertas. La mirada va planeando en ala delta de un lugar a otro, las mimosas florecidas, mimbres y rocas en las que los arroyos se desploman. Y cuando oí por primera vez el “ Stabat Mater” de Boccherini, el ilustre músico que vivió y compuso joyas musicales como esta por aquí, tuve esa sensación de haber terminado un puzle , como esa pieza de bordes curvos que encaja perfectamente sobre todo.

IMG_2306 IMG_2305

Luigi Boccherini ( Lucca, 1734-Madrid 1805), vino a Arenas a la corte del infante Luis Antonio de Borbón, hermano menor de Carlos III, como maestro de música de cámara, “ compositore e virtuoso da camera” para componer, interpretar y dirigir la orquesta que entretenía y deleitaba al infante, a su esposa María Teresa Vallabriga y a la corte que les rodeaba. El lugar, la tranquilidad esa que parece rebotar por allí y la vegetación del enclave se juntaron en la maestría de un músico genial, aquel que es capaz de conmover al público durante años, siglos también. ¿Hasta dónde influye un lugar en una obra de arte, como este Stabat Mater encajando en Gredos y sus cortantes, para que lo oigamos tan cercano, lleno de actualidad y belleza? Sinceramente creo que las obras de arte así contempladas , en el lomo del ala delta, amplían nuestra mirada y el horizonte en el que se enmarcan, se dilata; las entendemos y las disfrutamos con mayor profundidad. La interacción del paisaje y la vida natural en el arte, creo que nos lleva a experiencias artísticas mucho mas hondas y verdaderas. En el camino de la creación interior y personal del espectador que ante ellas se conmueve. Llevar la obra de arte de la mano del lugar en el que se engendró, la música de Boccherini, este “Stabat Mater” tan bello a las cascadas de los ríos que de las montañas se lanzan, las praderas encharcadas entre los bosques de vegetación, el suave perfume de las hojas del nogal, las salas y los pasillos donde se oyen los pasos al caminar del palacio, el perfume que sobre el paisaje se tiende, parterres de flores y cestos de frutas recién cogidas.

GZ00610000 GZ00610000-1 images

Dicen los expertos que compuso esta pieza, bajo la influencia de Pergolesi, pero personalmente creo, al oírlo tranquilamente, que nuestro músico lo supera, con esas melodías galantes que parecen posarse entre los robles, con un lenguaje a varias líneas musicales internas, lleno de belleza.

Comenzó a sonar así el día del estreno: la propia mujer de Boccherini , Clementina Pelicho cantaba en la voz de soprano, mientras Luigi tocaba el chelo, con la familia Font llevando el quinteto de cuerdas al ritmo; y todo allí en el Palacio de la Mosquera.

IMG_2960 IMG_2961

Así sientes que por un momento has entrado en “la máquina del tiempo”, el lugar con su belleza natural tan delicada parece colarse entre la música; la historia llega viva como un relato de actualidad. El legado ese que deja como un camino de huellas sobre la carrera del día a día, se hace por un momento partitura ante nosotros: la música enredada en los bosques, parece que comienza muy lentamente a despegar.

IMG_1551

 

Arenas de San Pedro, un lugar único en el que la belleza de las cumbres de Gredos sobre el campo suena lentamente, mientras paseamos por sus bosques llenos de vida natural, música y arte vivo. Y Boccherini mas que sentir lejanía viviendo a tantos miles de kilómetros de los círculos musicales de Europa, vistió de su sensibilidad tan sobresaliente, su música, llevándola por derecho propio a la historia del arte de todos los tiempos. Compositore e virtuoso, como nuestra vista entre los pinos que encajando melodías, arroyos y robles, como pieza de un puzle, del Puerto del Pico se lanza.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. Jueves 13  de Noviembre. 2014.

 

IMG_3381

Las Alstroemerias son unas preciosas flores que nacen originariamente en las regiones frescas y montañosas de los Andes. También se conocen como » Lirio de campo».

Es una planta que se desarrolla de un tubérculo o de un rizoma. Sus tallos son muy esbeltos y altos, con pocas hojas lanceladas, que me gusta quitar cuando hago arreglos florales con ellas porque en seguida se quedan muy babosas y se pierden. El tallo termina en una cabeza floral múltiple en forma de umbrela.

Parece que su nombre botánico se lo dio Carlos Linneo para recordar a su amigo, el botánico sueco barón Claus von Alströmer, en un viaje a Sudamerica en 1753.

images 220px-Clas_Alstroemer_1771 daefa624b16df215e009fe209a05967e

 Dibujo botánico. Alstroemeria. Proyecto de digitalización de los dibujos de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (1783-1816), dirigida por José Celestino Mutis:

240px-Alstroemeria_magnifica_-_Flickr_004

 

En floristería usamos mucho esta flor, por su belleza tan manchada, los colores tan variados desde el blanco, crema y amarillo, a los anaranjados, rosas en sus distintas tonalidades a los corales y granates. Duran al menos dos semanas en un jarrón, si tenemos cuidado de poner agua limpia, evitando la putrefacción del mismo al no introducir en él ninguna hojita. Es muy importante añadir unos gramos de alimento para flor cortada de calidad

IMG_3386 IMG_3384 IMG_3362

Unas flores para disfrutar en casa, … un jarrón lleno de colores. Preciosas de verdad.

IMG_3373 IMG_3388

 

En el lenguaje de las flores, nos habla su presencia de la amistad y su cuidado. Devoción y fortuna. Delicadas y tiernas, duraderas y siempre llenas de color, las flores ideales para tener un detalle con un amigo. Amistad, fortuna, devoción y delicadeza,… una mezcla muy interesante!!

Me gustaría poner de mi cosecha, esta música de Pergolesi, con una mandolina sonando como flotando por ahí, casi como una Alstroemeria,…

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=t03-ZQY7vXA&w=560&h=315]

Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736). Concierto para mandolina en Si bemol, interpretado por I Solisti Veneti, dirigidos por Claudio Scimone.