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ORA EL ALMA, ballet sobre Teresa de Jesús y su oración.

ORA EL ALMA CON MARTA ETURA Y CHEVI MURADAY.

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El pasado sábado vivimos en Palacio Lienzo Norte, un rato muy especial. Y digo vivimos, aunque lo representado era un ballet contemporáneo, porque sentí que así era, la coreografía tan llena de lirismo y delicadeza de Chevi Mudaray, nos hacía entrar dentro del alma del que busca orar y vivir desde su verdad. Lejos de plantearse la figura de Teresa de Jesús como una santa en su trono dorado del que ha conseguido una vida llena de certidumbres y de fe que sosiega el espíritu, apareció en escena , bajo los giros casi imposibles y llenos de verdad, una mujer buscadora de si misma, luchando en medio de su vida y destino. Y todos asistíamos impresionados al devenir de cada movimiento, sus gestos tan marcados, los saltos y escorzos imposibles, colgándose a veces, saltado y flotando otras, viendo que la belleza se encuentra aquí, cerca de la verdad de lo que existe porque es mas creíble.

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Cuando nada mas comenzar, Teresa enferma se retorcía de dolor, incertidumbre y miedo sobre una cama, y una soprano en directo interpretó el aria de la ópera de Handel , Julio Cesar, “ Pianguero la sorte mía crudele”, enganchó todo en un momento, como si rugiera un engranaje oculto: no podía una música mostrar mejor el momento, la tristeza y desolación que mezcla angustia y dolor físico, con suavidad y lágrimas muy dulces. Teresa en la interpretación precisa y llena de sentimiento de Marta Etura, mostrando su maestría como actriz y su destreza absoluta como bailarina etérea, delicada y a la vez llena de dramatismo. Y sabemos, en estos días salpicados de lecciones y encuentros teresianos a tan alto nivel desde las aulas de la Universidad de la Mistica CITeS, en su Congreso Mundial teresiano, que esos momentos vividos por Teresa, la enfermedad, Brucelosis según el profesor Sanchez Caro, minaron su vida y a punto estuvo de morir, llegando a pasar días en coma profundo y años de convalecencia paralitica en una cama del Monasterio de la Encarnación. Pero Chevi, y la dirección artística de esta obra han sabido ver mas allá, el sufrimiento y la agonía de una mujer encorsetada, como sobre su habito lleno de citas rojas mostraba Teresa en escena, de no saber por donde dirigir su vida, carente en el fondo de alguna certeza que la empujara a vivir, revolviéndose sin parar, y resucitando por momentos, para luego volver a caer. Y así va transcurriendo la obra, mientras Teresa descubre en los libros de oración personal que la liberaban de tanto rito vacío y práctica hueca, su salvación. Se empapa de ellos, y estos se convierten en agua sobre su ser, que llega a colgarse de ellos, a prenderlos ya sobre su persona para siempre. El agua comienza entonces a manar por la escena, a calarlo todo, en cuanto Teresa comienza a orar de esta manera que arranca de su propio conocimiento, y aceptación. Agua que llena los cubos, que antes servían para liberar “humores” en las sangrías de la curandera. Cubos rebosantes, para comenzar a dar cuerpo a los cuatro grados de oración teresiana, el pozo, la noria, el rio y la lluvia, con una puesta en escena impactante a base de cubos de zinq que volaban en las cuatro vías de la oración.

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Aparece en escena la transformación de Teresa, desde su conversión ante un Cristo que según Chevi, la coge como en un rapto amoroso, y la funde ya con él, transformando el dolor que en su pecho ataba y comprimía el espíritu, en una labor de hilos fuertes, amorosos y llenos de pasión, “ No tengas pena, que aquí estoy”. Se transforman los símbolos que antes oprimían y ahora son liberadores, el cubo lleno de agua sirve para beber, lavarse y disfrutar, y los hilos del corazón ahora se comparten con los demás ampliando en zurzido que sobre el escenario crea una enorme tela de araña, al compás de los movimientos de los bailarines.

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Con Marta – Teresa, siempre aparece, bailando, sujetando, acariciando, siendo su báculo y asidero vital la figura de Chevi, como monje. Y realmente siento que al leer a Teresa esto es así, siempre necesitó amigos, confesores, frailes, hermanos, para avanzar en su vida de fe. Amigos íntimos , compañeros de camino. San Juan de la Cruz aparece entonces y la sombra que apoya a Teresa, repite como en eco nuevamente el sufrimiento y la angustia de los que siguen en todo la Cruz.

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Precioso, lirico y lleno de personalidad, y así siento que se constituye en otra joya mas de este centenario, aportando a todo lo que vamos sabiendo de nuestra Santa, algo mas, nos invita entre giros y movimientos imposibles, a conocer su oración y como dice el titulo de esta obra, su alma. Felicito a este equipo, a los bailarines y al coreógrafo, por crear tanta “ Hermosura” de la nada, ante el publico, en un momento.

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