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BENDICIÓN PARA LOS BEBÉS

La iniciativa del obispado de Ávila y del capellán del Santuario mariano de Nuestra Señor de Sonsoles de hacer una convocatoria para bendecir a todas aquellas mamás que están esperando un bebé, me ha parecido preciosa. Poder poner en los brazos de María a los bebés, y descansar en ellos las mamás y toda la familia, en una fase de la vida tan importante como es la gestación. Sé que se pasa mucha ansiedad, que muchas noches no puedes dormir pensando qué va a pasar y si vas a ser capaz de ir adelante con tu vida y con la de tu familia. Y esta bendición es como una caricia y un apoyo.

Es la primera vez que se va a hacer, y espero que ya se vaya repitiendo todos los años, para todas las madres y mujeres que tan necesitadas estamos de consuelo espiritual.

Hemos realizado unas tarjetas para la bendición , y con estas flores decimos a todas las madres que estamos con ellas y que ánimo.

Es el día 7 de abril, lunes, a las 18,00 en el Santuario de la Virgen de Sonsoles en Ávila

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DE CENA CON LEONARDO

DE CENA CON LEONARDO

 

Hace unos días me encontré de viaje familiar ante el fresco de la Ultima Cena de Leonardo Da Vinci en el Monasterio milanés de Santa María delle Grazie. Y como me ha pasado en otros lugares donde se exponen sus cuadros, me pregunto qué es lo que tiene para causar tal efecto de masas hoy en día tantos siglos después.

Igual que en otras ocasiones, en el Louvre o incluso durante el curso sobre la Gioconda del Prado tras su restauración, creo que esta fascinación tiene que ver con las proporciones y el estilo. La mirada, el sfumato y las dimensiones y sobre todo porque a todos los que las contemplamos nos mandan mensajes. Intuimos que hay siempre algo más detrás de lo que vemos.

El fresco de Cenáculo abre con su trampantojo la pared del antiguo comedor o refectorio de los monjes, creando una falsa perspectiva que nos mete dentro de la escena, colocando los personajes en la verdad y la cotidianeidad, por sus proporciones casi humanas. Dirías que hay una mesa más en el comedor, y que allí está Jesús, y curiosamente como comensales estamos también los visitantes.

Parece que Leonardo utilizó una técnica de óleo y no al fresco que está causando desde hace siglos muchos problemas de conservación. Utilizó esta técnica por algo que desde esta visita entiendo, él quería y así lo hizo, estar mucho rato pintado y recreando la escena, interactuando con la luz que desde las paredes del comedor iba moviéndose. La rapidez del fresco no podía ir acorde con este modo de proceder casi meditativo. Es como si la escena estuviera allí antes de que Leonardo la pintara, y él iba poco a poco como un arqueólogo levantándola en este caso a base de pinceladas, y color, veladuras, y movimientos.

Pintada por encargo de su patrón el Conde Ludovico Sforza en 1597, después de un largo estudio que empezaba como en cada cuadro suyo, tomando apuntes a lápiz en un cuaderno por las calles, tabernas y las tiendas.  Iba viendo en cada modelo cómo la luz caía por su rostro, y qué era lo que anímicamente transmitían para ir confeccionando ese puzzle tan complejo y bello de los protagonistas de la escena. Esto nos lo cuenta él mismo en su “Tratado de pintura”, ligando los movimientos de las figuras con sus estados de ánimo, tratando de detener el tiempo, y hacerlo eterno, en ese momento en el que Jesús les dice que uno le va a traicionar, pese al banquete y la camaradería de ese día de fiesta.

 

Hoy en día, entendemos muy bien que es ese “quedar a cenar”. Es una parte importante de nuestro tiempo de relax y de la dinámica social.  Y la comida al menos en España nos une, celebrando todo alrededor de una mesa. Hay estudios minuciosos de recreación de qué alimentos había en la mesa y en la época de Jesús.  Nos indican que comían mucho menos que nosotros ahora, y era el pan el alimento básico, recordamos que ya Homero definía al hombre como “comedor de pan”. Se prohibía tirar migas, o poner carne roja encima y como sabemos por las escrituras no se podía cortar sino partir con las manos.  Los granos de trigo eran también aderezo para las carnes y se hacía con ellos una especie de “polenta” o “pulens” al modo romano. Tortas de trigo e incluso buñuelos fritos en aceite y recubiertos de miel. Aceitunas, frutas frescas y secas como los higos y las granadas, … Platos con salsas y hierbas aromáticas, hierbabuena, ruda, coriandro, romero silvestre en ramitos para aderezar junto con la sal y la canela. Ajos, alcaparras y cominos.

En estos días de fiesta me he acercado nuevamente en mi recuerdo a este lugar, como seguramente se acercó en vida la bella Beatriz del Este, patrona y amiga de Leonardo, cuyo retrato mira ya para siempre la escena.  Y me sorprende que en España haya tanta devoción por la Semana Santa, y tan poca recreación de este momento que como le pasó a Leonardo nos remueve muchas cosas por dentro, a nosotros que nos gusta tanto quedar para cenar. Quizá esto es así porque esta escena está pintada a nuestra escala, nos introduce y nos lleva inevitablemente a vernos reflejados en algún personaje, buscando sin duda nuestro lugar. Un lugar y una figura que es móvil porque todos pasamos en momentos, por ser Judas, Pedro o Juan que está retratado de forma femenina, como mostrando también el lado maternal del mundo, representando a María que luego fue su madre y amiga.

Más que fijarme sólo en este momento que lleva a cada figura al borde del precipicio, me centro en la auténtica hora de la verdad. Me recreo con el momento en la amistad y alegría que aparece retratado, en la belleza de lo cotidiano como esta reunión de amigos por Pascua.  Con esto, avanzamos en una nueva visión más serena de la Pasión, lejos de ese “Sentimiento trágico de la vida” que D. Miguel de Unamuno analiza en los españoles.

Como recuerdo de la visita traje puntos de libro con el hombre de Vitrubio, y creo que esta es la imagen de Leonardo, de todos aquellos que ponen al hombre en el centro del mundo. Esto es lo que nos fascina de él. Muchas veces necesitamos bajar al suelo para desde allí mirar, vislumbrando al hombre como el centro del universo, y comenzar así a construir desde allí nuestra mirada. Sentarnos en el comedor, y con los monjes compartir una cena, comiendo peces, con panes y copas llenas

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SOLO TENDREMOS LO QUE HAYAMOS DADO

 

Este pensamiento con el que abro mi artículo es de la gran poeta Ida Vitale, de su poema Patrimonio. Desde que ha terminado la Barcelona Mobile Word Congress, tengo como una mala digestión, ¿o será un dolor de cabeza? Y no sólo por el espectáculo lamentable de algunos políticos que nos saben cuál es realmente su lugar en la esfera nacional e internacional, y llevan su mala educación a cualquier parte. Las fotos con esas caras con las que poder escribir una novela de cada una, el rey, Soraya, Ada…parecen tomadas de la Ultima Cena de Milán.

Pero lo que me lleva a este malestar es algo de mucho más peso y que ocupa ya un lugar en nuestras casas, en nuestra cabeza, me refiero a la era digital con todas las innovaciones de los smartphones.

Los teléfonos de ahora son otra cosa, con sus asistentes personales nos van indicando la señalización de un evento, las listas de tareas, incluso las metas. Siri ya forma parte de la familia, y a ella recurrimos para casi todo. Ahora mismo le digo. ¡Oye Siri,! ,¿qué música está sonando ahora?, y me responde al cabo de unos segundos Pagodas por D. Barenboin. ¡Me parece de ciencia ficción!

Ya estamos dentro de la inteligencia artificial, donde los estudios sobre las redes neuronales han entrado sondeando dentro de nosotros, en nuestra psique, deseos, gustos, fobias, placeres, son elementos del estudio.

Mi preocupación es este panorama está del lado de los indefensos, los más jóvenes e inexpertos vitales. Dejamos a su alcance los smatrphones, las tablets y si bien es cierto que algunas aplicaciones desarrollan la rapidez mental, matemática, visual, mejorando el aprendizaje en algunas cosas, hay en todo esto muchas lagunas. Da tanto pánico dejar abiertas las puertas del mundo a unos niños a los que no dejamos ya ni salir a jugar y merendar en el parque más cercano solos. Queremos que lean para educarse mejor, y damos muy mal ejemplo, nuestras casas están barridas de libros, vamos con el teléfono hasta el baño, y pasamos largos ratos incomunicados con los de casa y sobre -comunicados con los de fuera. Se llega incluso a hablar ya de “huérfanos digitales”. Delegando en Siri y en sus amigos a nuestros hijos, como si hubiéramos encontrado nuevas niñeras, me pregunto dónde queda la verdadera educación, la que hace a los hombres ser realmente humanos, me refiero a los afectos, a la línea divisoria entre el bien y el mal, a la belleza de la singularidad que va más allá de los moldes establecidos, al pensamiento crítico.

Tendremos que decir a los jóvenes quienes son los amigos, los verdaderos, no aquellos miles de las redes sociales. Enseñar a vivir de veras, sin necesidad de referir mensajes, de mostrar continuamente quienes queremos ser, y ser quienes en verdad somos, con todas nuestras valías y fallos. Decir a los demás que la conversación siempre está abierta con los amigos, que a cada poco hay que completarla en persona con un café, y así vivir y avanzar por la vida.

Realmente yo soy una persona como dirían los gurús de Barcelona, analógica porque patino mucho con las nuevas tecnologías. Y soy así porque me encantan las agendas y apuntar a mano mis cosas cada día, y poder pasar un rato delante de la agenda de  acuarelas de Edith Holden cada día sintiéndome tan afortunada, viendo cómo en marzo ya despuntan los narcisos y los gorriones comienzan a volar racheando en las ráfagas de viento. Y me empuja a salir al campo, más que a pasear, a vivir.  Me gusta llevar bolsos grandes donde siempre va algún libro, para pequeños momentos de placer y lectura, y libretas donde escribir un poco, acuarelas para garabatear algo… Creo que la vida hay que vivirla desde nosotros, y hacerlo de verdad y de manera radical, como lo hizo Edith Holden que murió joven y recién casada al intentar coger unas flores que nacían y florecían al borde del rio Támesis entre brotes de nogal.

Realmente estoy tan de acuerdo con este poema de Vitale, si, sólo tendremos lo que hayamos dado/ Y qué con lo ofrecido y no aceptado, / qué con aquello que del desdén reduce/ una vana voz, sin más/ ardiente ántrax que crece/ desatendido, adentro?

Un ántrax que crece por dentro, que explota, que bulle, es la vida y toda la emoción por vivir, y la capacidad de amar que tiende siempre a salir. Algo que ni Siri puede vislumbrar de lejos, lo que somos, nuestra alma y nuestro corazón tan sensible.  Y si, sólo tendremos lo que hayamos dado.

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PASION POR LOS HELECHOS EN DONZOILO FLORES

Durante el s.XIX en Inglaterra se desarrolló una verdadera pasión por los helechos. Una verdadera Pteridomanía.
Eran las plantas mas deseadas por los jardineros, sustituyendo flores y macizos y también eran la inspiración para muchos trabajos manuales decorativos.
Se enviaban hojas de helechos pegados para felicitar el día de san Valentín, para invitaciones de bodas, bautizos. Aparecieron decoradas las vajillas, cortinas, papeles pintados con hojas de helechos
La locura por los helechos llegó a tal punto que se llegaron a esquilmar algunas variedades. !Se llegó a hablar de la necesidad de legislar para protegerlos!.

En la segunda mitad del s. XIX,….! los padres elegían el nombre de Fer, helecho para sus hijas e hijos!, y lo ponía en  el nombre de sus casas: Fern House, Fern Lodge, Fern Ville.
Las hermanas Bronte, las reconocidas escritoras de novelas tan famosas como “Cumbres borrascosas” adoraban los helechos. Salian diariamente a dar largas caminatas, para admirarlos, y recolectar sus hojas. Les recordaban los poemas de poetas románticos como  Dorothy y William Wordsworth. Dorothy recogía los helechos en los alrededores de su casa en Dove, los transplantaba en su jardín para que su hermano se inspirara y pudiera escribir sus poemas. Charlotte  Bronte se fue de luna de miel a ver helechos,…

 


Como los helechos nacía en lugares oscuros y en medio de bosques, en ruinas, tapias, árboles huecos, cercas, sirvieron como imagen de las ambientaciones de los poemas góticos, dentro de un Revival del estilo, en el arte, arquitectura y diseño. Hadas, duendes se reunían en los claros de los bosques llenos de helechos al caer la noche,…

El helecho se contemplaba como una emanación del alma de las personas, espíritu de artista, con una creatividad orgánica total. Ruskin creía que la mano de Dios podía hallarse en los espirales de los helechos florecidos.

 

En el lenguaje de las flores, una tarjeta con un helecho significaba fascinación.
Esta ramita de helecho
te dirá, sin necesidad de palabras
que, gracias a los encantos de tu arte,
tu  semblante modesto,
tu corazón amante,
me tienes felizmente fascinado

¡Ten compasión, piedad, amor!… de John Keats

¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad!

Piadoso amor que no nos hace sufrir sin fin,

amor de un sólo pensamiento, que no divagas,

que eres puro, sin máscaras, sin una mancha.

Permíteme tenerte entero… ¡Sé todo, todo mío!

Esa forma, esa gracia, ese pequeño placer

del amor que es tu beso… esas manos, esos ojos divinos

ese tibio pecho, blanco, luciente, placentero,

incluso tú misma, tu alma, por piedad, dámelo todo,

no retengas un átomo de un átomo o me muero,

o si sigo viviendo, sólo tu esclavo despreciable,

¡olvida, en la niebla de la aflicción inútil,

los propósitos de la vida, el gusto de mi mente

perdiéndose en la insensibilidad, y mi ambición ciega!

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RECONOCE EL LENGUAJE QUE TIENES EN COMÚN CONMIGO

La mañana está heladora , a mas de 7 bajo cero hace un poco. Y abro un texto que parece que hoy se me regala, y me impresiona porque viene viajando hasta mi desde hace tanto tiempo, desde el siglo V d. C.

 El sol sale cada día sobre todos y 

me invita a mantenerme serena en mi interior,

a dejar de lado las querellas,

a volver a la oración.

 

No discutas con nadie, me dice,

deja a un lado tanto lío,

no te enfades con nadie,

ora por quien te cuestione o moleste.

No vayas a plantarle cara, no de manera violenta.

Habla en el fondo de tu corazón a Dios de él.

 

No digo que calles,

sino que escojas el lugar para hablar

y mira que yo también estoy ahí.

Mírame en el silencio.

 

Donde no te ve tu adversario, sé bueno con él,

y deja que hablé  de ti todo lo que quiera, que se relaje

que aunque este enemistado contigo,  es tu hermano.

 

Reconoce en tu interior, mi signo.

 

¿Porqué no reconoces el lenguaje

que tienes en común conmigo, amigo, hermano, compañero, esposo, hijo, vecino?

 

Reconozcamos el lenguaje que nos une,

hay una sola paz

y esta sólo se levanta si tu y yo estamos juntos.

San Agustín ( 354-430 a. C)

Estas bellas y hondas palabras, estas reflexiones me hacen ir al taller de las flores, a pasear en medio del hielo recolectando aquellas hojas, ramitas y flores que del frío terrible se están liberando, soltando lagrimitas de hielo. Elijo los tonos que mas me identifican hoy, el color de la tierra, cálida y amarronada. Igual que este texto ha llegado a mis manos en medio del hielo de la mañana, así siento el deseo de enviaros a vosotros todo este mundo profundo del amor y del perdón, de cómo puedo continuar con mi vida y salir adelante. Y uso el lenguaje de las flores, ese íntimo modo de comunicarnos que llega directamente al corazón, que nos hace ser realmente personas porque ponemos en marcha lo que nos hace serlo, nuestra capacidad de amar, de crear, de disfrutar de cada cosa que se nos da, el rayo de luz que sobre el hielo brilla, la familia con todos su colores, la amistad, la vecindad.

Sé desde hace años que con flores puedo deciros muchas mas cosas que con mis palabras.  Sé que si cojo un pensamiento helado con toda su carita de pétalos pintada a manchas y la pongo en mi mano y me dirijo a ti, tu sabes que te digo desde lo mas hondo y mas delicado de mi ser que pienso en ti, que te tengo muy dentro, que oro por ti también.

Sé que al ver las hojitas de las Heucheras con sus preciosos tonos granates, vas a pensar en ti, en mi, en nuestro propio ser que del barro de sus problemas, fallos, y ansiedades sale cada día, reponiéndose del hielo, asumiendo su belleza oscura y siendo al final un elemento natural radiante y lleno de belleza natural.

El tomillo te dice que te sigo con todos mis sentidos y que te encuentro mas allá de cada cosa, que tu aroma hoy veo que es así, agreste, dulce y a la vez profundo. El olor del tomillo  sobre el camino de mi vida, que avanza cada día.

Que hay elementos a veces que me elevan el espíritu, que como este texto me empujan hacia delante. Hay mas vida por vivir que el enfrentamiento con alguien. Hay vida y vida junto con ellos. Y poner a cada uno dentro de nosotros es ir considerando a cada poco que mi vida se complementa con la suya y mis colores se mezclan con los suyos y ya poco a poco puedo decir no suyos, sino tuyos, porque ya estás en este regalo de vida conmigo. Tu conmigo.

 

Es un regalo y es un circulo, una meditación, un paseo. Es eso que decía Teresa que es la oración, hablar con nosotros mismos, y con los demás desde dentro de nuestro ser, iluminados de la Vida que se nos regala, incluso en medio del hielo y de la depresión.

Reconozcamos el lenguaje que nos une,

realmente hoy siento que hay una sola paz,

y que está contigo siempre cerca.

Os dejo esta preciosa música para meditar un ratito,.. perfecta para este tiempo de Cuaresma…..Erbarme dich, mein Gott,

 

Erbarme dich, mein Gott,
Um meiner Zähren willen.
Schaue hier,
Herz und Auge
Weint vor dir bitterlich.
Erbarme dich!
 
Ten piedad de mí, Dios mío,
advierte mi llanto.
Mira mi corazón,
mis ojos que lloran
amargamente ante Ti.
¡Ten piedad de mí!

 

 

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JARDINES EN MACETAS

Mientras nieva, hiela y hace un frio tremendo me acomodo tranquilamente tras los cristales. El panorama es bellísimo, con los árboles cargados de nieves en sus ramas, el hielo acristalando los paseos, la luz rasgándose entre las nubes a ras del suelo. De la manta helada del invierno me levanto disfrutando con todas las plantas del mirador.  Emprendo así un paseo por el campo en una maceta, la eterna primavera, el aroma de la tierra mojada, la gota de riego brillando entre las hojitas que del crudo invierno se refugian. ¿Cómo disfrutaban nuestros antepasados, cómo iban metiendo el campo en casa?

Un paseo que me lleva a lo largo de la historia olfateando tierra húmeda, matas, hojitas y flores como un sabueso en medio de la estepa helada: el disfrute de lo natural recluido en el interior, en el claustro de la vida diaria. Nos hablan ya de esto los antiguos romanos en los restos de la sepultada por el volcán Pompeya con sus casas construidas con patios ajardinados en el interior, el trabajo topiario en mirtos, boj, lentiscos, y plantas con flor como las adelfas y los rosales Damascenos. Plantas para acompañar las oraciones y el tributo a los antepasados, los lararios domésticos, y los jardines sagrados con esculturas de dioses entre árboles de sombra. Plantas aromáticas para cocinar, verduras y hortalizas.

Me remonto a Egipto para seguir el rastro de las plantas pequeñas, aquellas que acompañaban la vida de las familias, con sus huertos en la vega fértil del Nilo con sus limos. Habitando junto a los grandes jardines de los faraones que se extendían, agigantándose por momentos.  Recuerdo las escenas talladas en los relieves de las tumbas como la de la reina Hatshepsut del Museo del Cairo, que nos muestran el viaje al país de Punt, contándonos cómo amaban las variedades botánicas y cómo disfrutaban de ellos en esta y en la otra vida.

Hay restos de macetas de terracota ya desde Grecia, arrastrándose hasta nuestros días entre patios ajardinados, donde se plantaba entre fuentes y cauces de agua. Me acuerdo de los árabes con toda su delicada sensibilidad, dejando a la naturaleza invadir las partes centrales de sus palacios, sus lugares de ocio, de placer, los negocios y asuntos caseros, las amistades. Los patios floridos como manifestación del poder y su vivencia de la naturaleza a diario, plantas y sobre ellas, arcos y artesonados llenos de filigrana y belleza. Naranjos, jazmines, madreselvas entre cipreses, cedros y palmeras.

Las nuevas variedades que ya desde la conquista de América se iban trayendo para estudiar nuevas especies, dieron lugar a los jardines botánicos, algunos con patrocinio real como El Real Botánico de Madrid levantado sobre El Jardín de Migas Calientes, en el trabajo ingente de José Quer y Martinez.  Los jardines y huertas eclesiásticas plantadas a la sombra de las abadías y monasterios pobladas de Abrotanum, Ambrosía, Menta, Nepeta,…

La historia mantiene su pulso en las plantas como en todo lo demás. El disfrute de las plantas a nivel individual y el proceso que ha llevado a llenar nuestras casas y miradores de plantas de procedencia, floración y follaje increíble, abarcando todo el planeta está nuevamente relacionada con el desarrollo de las revoluciones industriales y el nacimiento de la clase media burguesa. En el s XIX las plantas de interior comenzaron a estar a disposición de la gente. Los invernaderos y Orangeries llenaban los parques de belleza, y dentro de las casas se comenzó a coleccionar plantitas, helechos, plantas crasas, palmeras, nuevas variedades de orquídeas, para el disfrute personal.

Ahora nos encontramos rodeados de una variedad increíble de plantas, de orígenes tan diversos, americanas muchas de ellas, asiáticas, llenas de interés, floraciones increíbles, y llenan así la parte de dentro de casa de vida natural en estos días terribles de frio.

Dice el investigador Daniel Chamovitz en su conocida “ What a plant knows” que las plantas debido a su falta de extremidades inferiores locomotoras, desarrollan habilidades para subsistir, y la relación humano-vegetal se refuerza, con transferencia de energía, estableciendo relaciones hasta ontológicas. Y esto es así, y me encanta que un estudio tan reputado como este fraguado en su doctorado en Yale llegue a decirlo claramente. Poder abrir las puertas de casa a la naturaleza, sobre todo cuando estamos castigados con tan crudo clima. Caminar con nuestro espíritu olfateando las flores de las gardenias del salón, es como volver a lugares naturales especiales en un momento … a la pradera esa que pintó Waterhouse con las jóvenes descritas por Bocaccio en el Decameron, mirando a Fiammeta:  “ Estaba tal lugar sobre una pequeña montaña, por todas partes alejado de nuestros caminos,… “  lugares mágicos en la naturaleza, dentro de nuestro interior.Y todo tras los cristales de casa. Un jardín en una maceta, sólo para nuestro disfrute que llega tras una larga historia llena de amor por la naturaleza, buscando formas para plantarla cerca de nosotros, en nuestra casa, ciudad, templo, jardín, paseo, monasterio, invernadero, parterre diseñado por Gertrude Jekyll, senda florida, jarrón de flores, maceta de aromáticas, abetos, rosales en flor, … Ya sabía de antemano que al hablar de plantas tendría que terminar con puntos sucesivos …

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 8 de febrero, 2018

 

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HABITANDO EN LA CIUDAD LIQUIDA

 

 

Mientras nieva intensamente y las calles de Ávila parecen salidas de una postal invernal, me acomodo en la biblioteca con un nuevo libro “En la ciudad líquida” de Marta Rebón. Ya el título y el que sea la reflexión de una reputada traductora de los grandes escritores de lengua rusa, Dostoievki, Navokov, Pasternak, Tolstoi, Gógol, es una tentación en estos días tan blancos. Me atrae esa imagen conceptual de las ciudades como mares de líquido, donde no sólo se han sumergido y siguen haciendo los escritores, los artistas, los pensadores, sino donde nos sentimos todos dentro. Exponer esta imagen en otro lugar del mundo, quizá requeriría de una explicación un poco más detallada, pero en Ávila todo esto no hace falta describirlo, porque lo que hacemos es vivir dentro de todo este fluido que como mar o laguna invade la ciudad, y hace que en ella se refleje el cielo azul, o blanco en estos días de ventisca de nieve.

A veces cuando miro las murallas, callejeando, fijándome en los detalles de las fachadas renacentistas, las imbricadas filigranas de hielo que entre el granito se abren como vidrieras de otro mundo, pienso y en esto parece que viajo, que por aquí pasaron seres tan especiales y únicos como nuestra Santa arrastrando a la iglesia con su arrojo femenino; como Juan de la Cruz mordido por el Cántico en la punta de la lengua, recitando para dentro; Gógol vestido con una sotana enganchada en melodías y polifonías tan rasgadas. Guido Caprotti mirando aturdido al sereno del cuadro, con el aliento helado y la imaginación volando sobre la nieve, la ciudad y el cielo; A veces me gusta arrastrar los pies hasta San Segundo mirando el santo que el Adaja refleja y viendo cómo se llevan las aguas su imagen esculpida en alabastro y el bíblico barro que él pregonó. Aranguren tras los rebaños de vacas en los peñascos graníticos que como miradores ofrecen sus asientos a los pensadores; Rafael Arnaiz, con su cuadernito, dibujando, rimando, volando por ahí.

Compara Marta su trabajo de traductora con los quehaceres de un buceador, un hombre rana que pertrechado con diccionarios a modo de linterna, y de un fusil para cazar palabras, trabaja en las entrañas de un mar de letras. Pero muchas veces entre palabras, aparecen otras cosas de muy difícil traducción: el silencio, la separación, el tiempo, los estados de ánimo. Ese mar que vemos sobre todo entre los versos de un poema, entre las notas de una canción. ¿Cómo podemos transcribir, poner en claro, dar a conocer esos espacios en blanco, el aire con el que se inflan los pulmones entre dos movimientos de una cantata? Simplemente intentarlo ya es algo, saber que existe es un regalo.

Sentarte en un día como estos de invierno, abrir sus libros, o cerrar los ojos sumergiéndote en una composición musical. Seguir con tu interior los vericuetos caminos del espíritu, yendo a calentarte a ese lugar donde nunca hace frio, al líquido del interior.

Hace años que leo la literatura rusa de la manos de Navokov en su “ Curso de literatura rusa”. Cuando baja al fondo del mar en la obra de Tolstoi, nos abre su vagar por ahí, y la búsqueda de esa “ verdad esencial” , ístina, una de las pocas palabras de la lengua rusa que no se puede rimar. No tiene pareja verbal, y se sitúa entonces en esa oscura roca del fondo en este buceo vital.  La mayoría de los autores, los pensadores, místicos, artistas, han puesto un tremendo interés en descubrirla, y en irla mostrando con su arte, con su mente, con sus palabras, con el camino de sus pasos, con las manos constructoras de muros, murallas y catedrales. Para Pushkin era de mármol, Dostoiesvki de sangre, Chéjov mantenía sobre ella una mirada pasmada mientras se adentraba en un paisaje brumoso de frías estepas nevadas. Tosltoi fue directamente hacia ella como Teresa, con la cabeza baja y los puños cerrados, encontrando el lugar y en él encontrando la cruz.

Miro ahora la ciudad nevada, los atascos y resbalones, los destrozos de la nieve en este temporal que nos sitúa en dónde estamos en relación con la naturaleza madre de los cielos blancos. La que sobre las almenas se levantan reflejándose en el rio helado que abajo se recrea mirándola. Todos estos elementos mojan, nos van calando como el líquido al que nos exponemos al vivir aquí, al deambular por estos lugares. Líquido bajo el que se encuentra la roca helada y brillante, diamante del interior.  Las casas por donde vivieron Victoria, Teresa, Jose Luis. Los llamadores de sus puertas, el alfeizar de sus ventanas, las cuestas por donde paseaban. Ávila nevada, eterna, llena de mares estrellados en el cielo, rocas, cantos, santos. Ávila, ¿nos atrevemos a preguntarnos si eterna? Solo tenemos que ponernos el buzo y sumergirnos en su líquida verdad.

Artículo publicado en el Diario de Ávila el 11 de enero de 2018

 

Boris Pasternak

Hay que vivir sin imposturas…

Hay que vivir sin imposturas
Vivir de modo que con el tiempo
Nos lleguemos a ganar el amor del espacio,
y oigamos la voz del futuro.

Hay que dejar blancos
En el destino y no en el papel
y en los márgenes anotar
Pasajes y capítulos de la vida entera.

Debemos sumirnos en el anónimo
Y ocultar en él nuestros pasos
Tal como se oculta el paisaje
Tras una niebla espesa.

Otros siguiendo tus huellas, frescas
Recorrerán tu camino palmo a palmo,
Pero tú mismo no debes distinguir
La derrota de la victoria
No debes renunciar ni a una brizna de ti mismo.

Tú debes estar vivo.
Solamente vivir
Hasta el final.

 

 

 

 

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POR DÓNDE VAGARÉ

POR DÓNDE VAGARÉ

Cuando me enteré de la muerte en septiembre del poeta norteamericano John Ashbery, (1927-2017) tuve la sensación de no haberle nunca entendido, de que por donde el “vagaba” yo nunca había vagado. Conocer las Consolaciones de Listz por él me había enganchado a sus cosas: yo tampoco me he consolado mucho con ellas, quizá un poco con las de tono menor. Considerado como uno de los poetas más grandes de la literatura actual, comparándole con Wallace y con Whitman, sus poemas me producían un torbellino del que me sentía fuera al finalizar los versos. Sabía que era un camino poético diferente, sentía que era también mío pero que algo me lanzaba fuera inexorablemente.

El otro día me comunicaron que los chicos de la Casa Grande de Martiherrero querían hacerme su embajadora. La impresión y la responsabilidad me ha lanzado de manera increíble a los brazos poéticos de Ashbery. Es como si ese “¿por dónde vagaré?” se hubiera convertido en mi interior en una especie de mantra.

Tengo esa sensación de que la maraña de palabras que de los versos se lanzan y que sentía como un vendaval sobre mí, ahora como ligera nieve van cuajando, levantándose y mostrándome su belleza y lo radiante de su verdad.

“Sigue una cosa a otro toldo en el horizonte de acontecimientos. Al marchar cambia una vida de tema. Tenían sentido unas cosas, otras no. No esperaba morir tan pronto. En fin, supongo que tenía que haberme tabulado de algún modo. Había hablado de escribir en tu pierna ,…” Heavy home, 2005.

La llegada a la Casa Grande de Martiherrero te traslada en un momento a otra época cuando era sanatorio para la tuberculosis. Esperas ver por allí enfermeras con cofias blancas y largas tertulias de enfermos en los miradores. El jardín con sus altos árboles, que dejan en el verde un montón de caminos laberínticos por donde vagar. Pero cuando traspasas de veras su puerta, comienzas a hablar con los cuidadores, monitores y los chicos, sientes que eso es lo grande que como adjetivo va a las espaldas de su nombre. De ser una casa de reposo y curación se ha transformado en algo grande, lleno de humanidad que palpita, porque los que por allí viven, los que trabajan cada día en estos largos salones, se quieren.

Hablamos en estos días mucho de amor. Una palabra que queremos que ocupe, como decía Wallace Stevens el lugar de una montaña. Allí la ponemos, y estos días prenavideños la decoramos con luces, la vestimos de regalos. Me pegunto qué es el amor, y en qué consiste.

Creo que podría escribir con todo en estos días de descanso navideño un poema al estilo de Ashbery. Usando imágenes impactantes, como piernas escritas con amor en cada sala de fisioterapia. Diciendo que los toldos que vemos desde la carretera son realmente tejados fuertemente construidos para proteger a este lugar de la inclemencia del tiempo, de la crítica, el egoísmo y la indiferencia. Expresaría de algún modo poético que muchas cosas no tienen sentido en mi vida pero que habitan junto a otras que poco a poco se van levantando como casas robustas: estar al lado de los más sencillos y necesitados tiene cada día más sentido y verdad.

 

Dice Andrés Ibañez que no se lee un poema como otro texto, novela o artículo. Un poema se lee, soñando. Pasan entonces las palabras a ese lugar de penumbra entre la luz y la ensoñación, un lugar que cuando lees así de manera profunda y dormida, se queda dentro hasta que un buen día algo los hace resurgir y tienes la certeza de que siempre han estado allí. Los títulos de los poemas de Asberry pertenecen a ese tesoro que se esconde en lo hipnótico de mi ser, como este “por dónde vagaré”. Leer un poema es ajustar los ojos a la profundidad a la que queramos mirar.

El otro día recorriendo el centro con su directora Pura Alarcón y con Esther Martín, viendo con sus ojos todo aquello, dejando que sus palabras y sus gestos tan llenos de amor me salpicaran, sentí que por estos pedregosos lugares de la sierra de Ávila, lo que la lectura de la vida nos deja es algo cercano al granito, a sus musgos y a la luz. A la verdad en palabras de Teresa de Jesús, que da también el nombre a todo. Y es que ella parece también vagar por estos lugares, como de la mano de estas amigas. Granito que brilla al sol más que un fino diamante, lleno de durezas y de belleza. Parece que sus palabras sobre esto aún nos salpican, la belleza de los seres humanos está en nuestro interior, y allí somos tesoros y hermosura. La de los que levantan este centro con su trabajo, apoyo y tesón. Los que ayudan económicamente, los que se acuerdan de ellos, lo que por ellos oran, los que trabajan en definitiva por la paz. Creo que todo lo que la realidad de este lugar nos envuelve, se queda vagando en el interior. Podremos escribir un día un largo poema lleno de inconexas palabras que como copos de nieve formarán una silueta. Una roca brillante de hielos en forma de corazón.

Articulo publicado en el Diario de Ávila el día 14 de Diciembre. 2017

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ORACIÓN por la paz

Oración en forma de flores por la paz.

Diseño floral del Encuentro Islamo-cristiano: construir la paz. Universidad de la mistica. CITeS. Ávila  17-19 noviembre 2017

     

En este mundo tan lleno de conflictos, atentados y guerras, donde la intransigencia se va adueñando de muchas conciencias, levanto estas flores y comparto con vosotros una oración por la paz. Flores con las que voy construyendo este diseño floral, flores que son ahora palabras con las que dibujar , con las que meditar un rato, con las que orar al Padre creador del Universo.

Hablar decía Teresa es orar,

descubrir que todo arranca de dentro,

que allí, en ese jardín del alma

es dónde tenemos que construir,

plantar y cultivar la paz.

 

Encuentro y vida,

arrancando a caminar por otras sendas,

sintiendo que mi camino se parece al tuyo,

que mi interior está pintado con los mismos colores

que el tuyo, ahora que te tengo cerca, hermano.

 

Hay un lugar que es la cima de un monte

poblada de musgos , desde donde a veces

puedo ver lo que hay tras las ramas,

el cielo recortándose sobre el sol.

Desde donde tu también oras

y te encuentras con tu ser.

 

Cima para escalar y para construir sobre ella,

un refugio del espíritu,

arrancando la escalada violenta que arrasa la esperanza,

ayudando así a otros a caminar.

 

Fondo bajo el agua, sintiendo la inundación

de vida que recibimos,

si como hojas nos tendemos y abiertos

vamos cambiando y aceptando nuestro propio color,

el que desde el origen nuestro Señor nos ha pintado,

el colorido de nuestra piel y nuestra canción.

 

Son las ramas, velas de verdura,

orando por todos en su pequeñez,

elevando la voz, flor a flor,

en cada hoja roja , en cada brote verde,

el otoño rotundo y radical que vive

en cada mirada de paz,

construyendo puentes,

transformando el corazón.

 

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LA VIDA PRIVADA DE LOS OBJETOS

LA VIDA PRIVADA DE LOS OBJETOS

Lo que cuentan los periódicos y brama en los informativos, este momento que vivimos lleno de noticias convulsas se parece a la superficie del mar. A veces se cristaliza y se plasma en noticias.  Así, con su capa dura como el hielo impide que veamos otra historia que a la vez va moviéndose por debajo, la intrahistoria. Llevo unos días siguiendo a D. Miguel de Unamuno en su ensayo “En torno al casticismo” (1895). Allí habla y dibuja la intrahistoria, de la que forma parte nuestro día a día lleno de hechos y de datos, como un fondo de mar.

Hace unos días leí la reseña de un nuevo ensayo sobre las hermanas Brönte de una catedrática de literatura norteamericana, D. Miguel de Unamuno. Lo que me tiró a intentar conseguirlo y devorarlo, fue un título de sus capítulos que decía “la vida privada de los objetos”. A partir de un estudio minucioso de ocho objetos que la autora de “Cumbres Borrascosas “y sus hermanas tenían, nos muestra la vida real, la de su casa en Haworth: los libros diminutos que iban elaborando y escribiendo; los utensilios de la cocina cuya mesa a veces era el escritorio con sus mondas de patatas; el bastón de los paseos con su cajón de escritura y su taburete de campo;  las mascotas de la familia; los pliegos de papel y los recortes de viejas revistas; los álbumes de recuerdos, y un montón de reliquias muy del s. XIX como pequeños amuletos del cabello de un ser amado, conchas de mar o pequeñas piedras rodadas. Todos ellos constituyen esa intrahistoria que Unamuno llamó fondo de mar. Con ellas podemos rastrear y revivir en cada página la vida real de las tres escritoras geniales, y cómo su oficio nació en sus juegos entre hermanos que intentan por todos los medios a su alcance, librarse de la sombra cruel de la muerte que los rodeaba, y pasar el rato en una casa sin televisión, internet, ni luz eléctrica. Una casa recién salida de un cuadro gótico, con un cementerio como jardín, y estrechas habitaciones casi siempre húmedas y frías, donde la familia del clérigo se criaba, rodeada de llanuras pobladas de mantas de brezo sacudidas por un viento tan racheado como frio.

Conocemos así una página de la historia de Gran Bretaña en el S. XIX, de la verdadera, la de las casas, el pensamiento, el arte y la espiritualidad. Y entendemos mejor a Emily en su obra maestra “Cumbres borrascosas”. Una novela que se sale del marco del Romanticismo, se desborda, transformándose en un bisturí que va recortando los personajes.  Todos tan variopintos, azotados en su interior por vientos tan helados como los que soplaban junto a la Granja de los Tordos. Nos sitúa al lado del territorio del Sr. Heathcliff, cuyo poder empático y turbulento envuelve como un torbellino la historia y toda la obra, hasta hacernos sentir a los lectores que a veces azota también el sillón de casa donde seguimos cada página con devoción.

Una intrahistória de lo real leída en objetos que los lectores de todos los tiempos han guardado como reliquias, dejando que su fondo e influjo los acercara a las historias y a las autoras. Algo así nos ocurre aquí con nuestra Santa, tenemos cerca de nosotros sus cosas y podemos sumergirnos en su mar, en un paseo por la ciudad, tocando las calles por donde deambuló, la pila donde se bautizó, las baldosas de barro del suelo de su celda, el confesionario donde se arrodillaba. Nos envuelve por completo, sobre todo cuando, como en el caso de las Brönte o la Santa hemos leído sus escritos y poco a poco queremos pasar al otro lado del escritorio y colarnos cerca de ella, bajo la misma luz que de la ventana abocinada de su celda se colaba.

Apuesto desde hace años por una museología basada en estos conceptos, porque creo que los objetos nos abren estas puertas reales de conocimiento, por donde avanzamos de una manera mucho más vivencial, real y profunda. Al saber cómo escribió Santa Teresa, sentada sobre sus rodillas y que cada página de sus escritos está perfilada por una pluma de ganso hecha en casa, escribiendo de noche tras una jornada agotadora, valoramos sus escritos desde su génesis y con ella seguimos su travesía vital de otra manera. La conocemos en su vida.

Miro las noticias que van a definir nuestra historia de hoy, y cuando bajo al fondo de nuestro mar, me encuentro que el rastro que dejamos, los objetos son tan poco materiales, redes, nubes de datos, conversaciones on line, … ¿Qué vamos a dejar?, me pregunto, sin cartas, sin tierra, sin barro de verdad. ¿Qué van a pensar de nosotros en el futuro? Ahora siento que un aire racheado y helador me recorre, como a los brezos de la casa familiar de Charlotte, Emily y Anne.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. Jueves, 16 de noviembre, 2017

Eventos

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II CONGRESO MUNDIAL SANJUANISTA. NOCHE OSCURA

La Universidad de la mistica CITeS  (Ávila) convoca otro nuevo congreso internacional para estudiar, compartir investigaciones, y disfrutar de todo el increíble mundo de San Juan de la Cruz, místico y poeta sublime. En esta obra ” Noche Oscura”, llena de hondura, lirismo y experiencia mistica. Una cita para todos los que leemos sus cosas y nos sentimos tan impresionados por la belleza de todo lo que nos dice y de cómo lo cuenta,…

Se puede seguir en directo en la universidad de la mistica, pudiendo pernoctar allí así como comer , y también se puede seguir on-line desde cualquier parte del mundo.

 

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