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Estábamos hace unos días visitando unas bodegas en Hungría, en la zona de Eger llamada el Valle de las mujeres hermosas, cuando, al salir de un castillo me encontré en una tienda de antigüedades con un delantal bordado. Tuve una sensación parecida a la de Proust cuando comía una magdalena en el camino de Swann. Volví en un momento a las labores del colegio, a los muestrarios de mi madre, a la casa familiar con sus costureros sobre la mesa.

Salir de visitar una fortaleza militar como la de este lugar húngaro, con sus torres de vigilancia, fosos, barbacanas y matacanes, mirando el paisaje nevado, calaba por dentro mi ánimo. La historia parecía que me pisaba con una huella que se quedaba impresa en la nieve como las que dejaban nuestras botas recorriendo el lugar. Y al encontrar este delantal bordado con sus pájaros y flores en el fondo de una caja de textiles antiguos, me encontré con la otra parte de la historia, la de aquellas personas que no defendían su vida con armas, sino que salían vivas de las dificultades de cada día, bordando, cosiendo, cocinando, remendado, planchando. Ahora que se usa tanto la palabra resiliencia, creo que es el término más adecuado para describir la actitud de esta parte de la población, mujeres en su mayoría, que también han escrito la historia.

En medio de las dependencias del castillo de István Dobo, encontramos una exposición de bordados de una mujer muy especial llamada Hollò Valeria que en el periodo de entreguerras creó una colección etnográfica privada de toda la cuenca de los Cárpatos. Entre las vitrinas con las muestras de vestimentas bordadas, aparecían sus fotografías cuando recorría los pueblos mientras hacía acopio de diseños, modelos de bordados, técnicas y materiales.

En este viaje al estilo de Proust, llegué a todo el mundo que mi madre me ha contado, las largas tardes en la galería de plantas de mi abuela Catalina, en lo que fue la Sección Femenina, de la que ella fue instructora general, y cómo recogían también al estilo de Holló, las piezas y bordados de toda España aprendiendo a repetir modelos para salvarlos del olvido. Las actividades artísticas y culturales que promovieron fueron más allá de las labores de adoctrinamiento político, creando espacios de libertad y de aprendizaje. Con su trabajo rescataron labores, trabajos de artesanía que habríamos perdido para siempre, enseñando a tantas mujeres a coser cosas prácticas para su vida cotidiana y a disfrutar con la realización de estas piezas.

Las labores de costura, así como otras artesanías, nos ayudan también a sobrellevar la carga de la cotidianidad que a todos nos pesa. Encontrar un ratito de vez en cuando para bordar o hacer ganchillo, sigue funcionando hoy en día como en la época de Hóllo, relajándonos, ya que, tras cada puntada o vuelta del hilo, el ánimo se va calmando y la repetición del gesto nos lleva a un estadio de bienestar interior y de sosiego.

Al coger este delantal húngaro entre mis manos, me uno a tantas personas que han ido configurando la historia verdadera, al margen de la política, la guerra y la violencia. Las que construyen su propio devenir con silencio, con una pequeña labor en sus manos, uniéndose entre ellas, y siendo parte de un puente humano que nos cose, haciéndonos entender la vida de otra manera mas tranquila, pacifica, donde la cercanía se constituye en un valor sobre el que construir el día a día.

Mientras lavo con cuidado este delantal e intento copiar los motivos bordados, siento que voy construyendo también mi propia historia familiar, dejando un legado bañado de resiliencia y pacifismo ante las adversidades, viviendo la vida la margen de todo aquello que envuelve la violencia y la intransigencia, algo que ni la nieve más pura y recién caída pude ocultar.

La nieve que está encima

Estamos en Navidad, el día mas luminoso de todo el año, ¡Qué emoción estar con todos vosotros en estas líneas!  Esta fiesta cae sobre todos como una tormenta de nieve, llenando de magia el momento. Una experiencia radiante que también a veces nos deja fríos, congelados, por el recuerdo de otros años y momentos que no volverán.

Siento que lo que realmente celebramos en este día es el nacimiento de una palabra que nos llena de vida. La palabra amor, cuyo Portal de Belén se compone de muchas figuras, todas aquellas personas que nos rodean y con las que entablar lazos de empatía.

El otro día estaba visitando la exposición de Belenes del Santuario de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro, cuando entre todos los Nacimientos tan cuidados y bellos que tienen los franciscanos, me encontré con uno que representa a la familia de Jesús con una actualidad tan impactante como auténtica. Una pareja joven viviendo en un decorado de suburbios de una gran ciudad, a la intemperie, con un recién nacido acostado en una caja de frutas.  La Navidad aparecía ante nosotros.

El mayor regalo que tenemos que dar a los que nos rodean en Navidad es la palabra amor. Dejar esta capa de nieve en la que las redes sociales y las nuevas formas de comunicación nos están envolviendo, y hablar entre nosotros de manera cercana, creando un tejido de amistad. Esta sociedad en la que vivimos se la define muchas veces como la de la imagen. Lo que somos y la proyección que damos y lo que los demás opinen de nosotros se constituye en nuestra máxima preocupación. Una tendencia peligrosa que nos hace mostrarnos de manera muy poco real muchas veces, pasando de la belleza de lo que somos por dentro cada uno de nosotros, a un molde al uso de las modas del momento.

A principios del s. XX vivía una niña en Japón llamada Kaneko Misuzu, sus poemas son un sencillo canto a la necesidad de empatía y comprensión, en un pueblo que cree realmente que la poesía nos ofrece modos de observar la vida, mientras nos enseña que en el corazón humano la palabra cae en un jardín fértil. Cuando en 2011 todo el país nipón se dolía de las consecuencias del terremoto y posterior tsunami que azotó la zona de Tohoku, eligieron los sencillos poemas de Kaneko para abrigar el frio de los corazones de tantas personas, y durante días fueron transmitidos por las cadenas de la televisión. Si digo “¿Vamos a jugar?” Dices “Vamos a jugar” / … ¿Eres un eco? No, eres todo el mundo.

En estos días leyendo sus poemas recogidos en el libro: “El alma de las flores”, he encontrado un terreno propicio para entender dónde vive la verdadera Navidad, lejos de tanto consumismo, luces intensas que nos revuelven el ánimo, músicas de villancicos que sentimos que nos dan una verdadera paliza emocional mientras duran horas y días enteros. Esta actitud de oír a los otros y de hacer nuestras sus cosas, problemas, éxitos y dificultades la explicaba nuestra Santa Teresa en un bello término profundamente navideño, abajarse.

Cuando el evangelista Juan se planteó comenzar a contar la historia de Jesús, después de una contemplación profunda, determinó que debía empezar a poner lo primero, lo más importante, para que así pudiéramos ir entendiendo de qué va la historia de la salvación y el color verdadero del misterio de Belén: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”. Una palabra que nace por dentro cuando dejamos espacio, cuando vivimos abiertos a lo que nos rodea, sintiendo que es posible un mundo donde la cercanía vaya construyendo puentes e hilos entre todos, dejando a la palabra amor, habitar entre nosotros.

Decía Kaneko desde la librería de su familia en la ciudad de Shimonoseki: La nieve que está encima/ debe de sentir frío/ la luz de la luna, helada, la atraviesa. / … La nieve que está debajo/ debe de sentir el peso/ de cientos de personas sobre ella/…

Mi regalo navideño este año se encuentra envuelto en esta nieve, esperando poder sentir el peso de tanta gente que me rodea, poniendo en marcha la palabra amor, como uno de los veleros que veía esta joven poeta alejarse por el horizonte de su casa al borde del mar. Una playa, una muralla, el cielo siempre azul, la nieve y el hielo sobre el granito: ¡Feliz Navidad!

https://avilared.com/art/73413/versos-y-acuarelas-en-contacto-con-la-naturaleza

El pasado día 1 de diciembre presenté mi último poemario ” Un jardín amado donde descansar” en Ávila rodeada de mi familia, amigos y lectores en un momento poético muy especial. Poesía, amistad, música… una mezcla llena de emoción, para dejar abiertas las puertas de este jardín poético a todos mis lectores, para que puedan adentrarse, leer y disfrutar.

Muchas gracias a todos!!!… mi jardín, las plantas que cuido con esmero, mis palabras poéticas, mis acuarelas están ya con vosotros también, compartiendo vida, poesía, arte  y amistad.

Os dejo también este enlace de Ávila Red.

 

 

 

 

Un jardín

 

El próximo viernes 1 de diciembre presento en Ávila mi último poemario Un jardín amado donde descansar y ahora que tengo ya los ejemplares en mis manos vuelvo al momento de la escritura bajo los prunos de la entrada de casa. Eran esos días en que estábamos aún con la resaca del Covid teniendo miedo de nuestra propia sombra si se acercaba un poco más de la cuenta. El verano estaba siendo cruel, con temperaturas tan elevadas que muchos árboles centenarios se murieron, recuerdo unas nogalas majestuosas y cómo se iban secando desde dentro.

Durante los días del confinamiento mis plantas llenaron esas horas lentas llenas de presión y angustia, de buenas vibraciones y de paz. Mi relación con ellas cambió de manera sustancial, pasaron de ser seres bellos que dormitan en las terrazas, el invernadero y el jardín, a ser verdaderas doctoras de mi alma que en estos días estaba mustia y llena de tristeza. Comencé a relacionarme con ellas de manera más cercana, sintiendo por primera vez que también respiran, me acompañan y me ayudan en muchas cosas del día a día.

Abrirnos a lo natural de manera cercana, sintiéndonos un pequeño ser más de los que pueblan un jardín, es una experiencia llena de emoción que recomiendo a todos, y sobre todo cuando pasamos por malos momentos de tristeza por la pérdida de un ser querido, por tener una migraña pertinaz y dura o un estado anímico lleno de nubarrones.

El ser florista y empresaria en el sector de la jardinería me pone en contacto directo con mis clientes y su relación con las plantas, árboles, semillas y bulbos que adquieren. Muchas veces cuando lo único que mueve a la compra es un deseo de decoración de un determinado lugar de sus casas, me entristece un poco ver la cara de la plantita elegida para esa única función, que se llenará de polvo sobre una repisa encima de un radiador. Considerándolas sólo como elementos decorativos y bellos, que desde luego lo son de verdad, nos estamos perdiendo su verdadero valor en nuestras vidas como aliadas y amigas en nuestra casa.

Siento mucha ternura y una verdadera manta de compasión sobre mi cabeza cuando me pongo a cuidarlas, a cortar sus hojitas, a abonarlas y regarlas. Entro en un estadio de relación que me dice seriamente que estas plantas son seres vivos como yo, que son mis mascotas verdes, floridas y bellas. Me siento amada y comprendida, más allá de la contemplación avanzo por lugares mucho más etéreos, me permiten volar sobre los problemas y los dolores, dejando atrás la sombra de tanta ansiedad.

Abrí mi cuaderno rojo, y toda esa sensación de sentirme cobijada comenzó a reflejarse en los versos que iban saliendo lentamente, mientras las sombras de los árboles se iban moviendo como en un baile lento, con el cielo azul como escenario. Unos versos que quieren agradecer a todas mis plantitas la curación de tanto malestar, migrañas y angustias. A unos amigas llenas de hojas que son mis maestras de vida en muchas cosas, aportando sosiego, ternura y bienestar sólo a cambio de unos pocos cuidados, del riego, y del amor.

Descubrí, y ahora quiero compartirlo con todos vosotros mis lectores, que era la poesía la forma de expresar todo este mundo verde que me salva, porque es la expresión de estas plantas, de este jardín que tanto me aporta y donde puedo descansar sintiéndome amada, consolada y en paz. Es la palabra poética la que puede abrir espacios interiores donde encontrarnos con todo este mundo verde y florido, haciéndonos vivir por momentos en el jardín aún en los meses y días más fríos, tristes y duros. Un nuevo poemario que se llena también de mis acuarelas como expresión de los versos, ampliando  junto a ellos la estadía verde y tierna en un jardín amado donde verdaderamente siento que puedo descansar.

 

El canto azul.

El nuevo Club de Amigos de la Casa de la Poesía.

 

Cuando el poeta Carlos Aganzo escribió su poemario Paraíso claustral no podía imaginar que sus palabras iban a encabezar este artículo en el que quiero hablar de poesía, de amistad y de gratitud. No basta con vivir. Es necesario/ esculpir lo vivido. Los versos son así amigo Carlos, viven libres por ahí y a veces se posan en artículos de periódicos.

Hace cinco años se abrió en Ávila un lugar donde esculpir lo vivido, donde oír los cantos azules de los más de treinta poetas que nos han visitado y que han dejado un legado lleno de lirismo y belleza en nuestro corazón, en la Casa de la Poesía Juan de la Cruz. Grandes poetas y amigos que van ensanchando nuestra mirada cotidiana con su persona y obra.

No basta con leer, con escribir. Es obligado vivir según lo escrito, dice Carlos. Realmente si dejamos anclada a una lectura o escritura solitaria toda nuestra actividad literaria y poética, estamos dejando de disfrutar de muchas otras cosas importantes. La cercanía con quien ha escrito los poemas y con quienes como nosotros disfrutan oyendo recitar versos nos reconforta. La lectura y escritura se convierten en un verdadero placer cuando se asientan, en esta red de amistad con autores y lectores.  Momentos que enriquecen no solo el acto de leer o de escribir sino de vivir. Nos empujan por una senda nueva de vida y de creación que nos hace reflexionar sobre lo más hondo de nosotros, sobre la belleza, el arte y la vida.

Reunirnos para dejar a la poesía un lugar, aquel que se abre más allá de las palabras, y que nos amplifica la mirada y nos hace cantar una música sincopada con el latir del mundo. En un mundo tan complejo como el que vivimos, tan lleno de conflictos, violencia e intransigencia, la poesía enriquece a la vida, sacando la esencia de nuestra naturaleza, de nuestra humanidad. Nos ayuda a descubrir este tesoro oculto en nosotros, dejando que obre con toda su fuerza el mágico poder de las palabras escritas que viven en los poemas y transcienden la vida, como estas de Paraíso claustral.

Carlos ha unido en este poemario el jardín oculto al que se retiró un poeta chino del s. IX llamado Sikong con la celda del monje místico Bernardo de Claraval . Un puente que no es algo forzado, una licencia de creación poética, sino que nos habla de esa íntima relación que existe entre la poesía y la mística. Y es en Ávila donde todo esto tiene un verdadero sentido ya que aquí nació y vivió durante muchos años el poeta más sublime de la historia, Juan de la Cruz. Teníamos que abrir su casa en Ávila, teníamos que ir poniendo poco a poco las piedras de esta construcción en un terrero cercano a donde él vivió, en Monasterio de la Encarnación y donde hoy en día vienen cientos de personas de todo el mundo a estudiar sus libros y a encontrase con su persona en la Universidad de la Mística, CITeS.

San Juan fue un poeta que siempre compartía sus escritos con sus amigos, para ellos escribía. Era muy cercano con todos, y muchas veces cogía un papelito y escribía un poema que ponía en el bolsillo de una monja o de un seglar. En uno de estos papeles dibujó el famoso Cristo con esa perspectiva que tanto impresionó a Dalí y que se encuentra en el Museo de la Encarnación. Nos enseña a compartir poesía, a establecer lazos de fraternidad y de amistad, a construir juntos esta casa poética, a reunirnos cada ultimo martes de mes. A crear nuevos lazos entre nosotros como este nuevo Club de Amigos de la Casa de la Poesía: poetas, lectores y amigos que apoyamos esta construcción. Un club que estamos creando y al que os invito, amigos. Así en las normas de la Casa de la Poesía que este club de amigos presenta, se pone a la poesía, la amistad y la gratitud en el centro de todo. Un club desde donde agradecer tanto que se nos brinda en esta Casa de Poesía, dando las gracias a los poetas que vienen a vernos desde tantos lugares, a los que consideramos verdaderamente amigos. La amalgama de la respiración/con la mas pura vibración del aire. Amalgama de palabras, versos, amistad , belleza, sosiego, creación y paz.

 

En el s.XII vivió una mujer muy sensible y llena de luz llamada Hildegarda de Bingen. Ella, que estaba arraigada a la vida por unas raíces que avanzaban hasta lo más hondo de la existencia, siempre que quería expresarse musicalmente comenzaba cantando un Ohhhhh largo lleno de las modulaciones de los pneumas medievales. Un largo canto que era una mezcla de grito y de sonido bellísimo que parecía encender como un fósforo lo más oscuro, lo más claro, los contrastes de la vida y su belleza múltiple que va más allá de lo obvio.

Y es que lo que nos acontece cada día está lleno de muchas más cosas de lo que en apariencia sentimos y vivimos. En estos días de vacaciones nos vamos acercando a las playas buscando paz y armonía dejando que la vista se pierda y descanse en lo infinito del mar. La belleza de las rocas, todo el mágico mundo de lo que debajo de cada ola se mueve. Pero si nos emocionamos en este momento de paz y descanso y lanzamos interiormente un largo sonido al estilo de Hildegarda, éste sin duda se puede abrir y se va a transformar en un grito desgarrador que nos parte por medio el corazón, porque el escenario del mar y su belleza contiene también matices y colores de desolación muerte y abandono.

El mar Mediterráneo, nos cuenta la gran poeta salmantina María Ángeles Pérez López es también el mar de los muertos. Hay seres que a veces se ven como un flotador en lo más lejano de la mirada, como fajos de tela en las playas, donde parece residir por momentos la nada y es como un escenario desolado del más allá, donde Brama el mar en su nombre y en el tuyo .Tenemos una tendencia a ver sólo el paisaje de nuestra propia respiración y lo que les ocurra a otros seres venidos de tierras lejanas, lo consideramos ajeno, lejano, buscando en los organismos internacionales y en otros grupos y personas la solución a tanto horror y muerte.

La poesía aparece en forma de aullido y nos desgarra por dentro, dando a nuestra mirada y existencia un montón de matices y colores distintos basados en la verdad, aquella que tantas veces no queremos ver. La belleza innata de la palabra poética llena de ritmo, color, sutilezas y rotundidades es el camino para abrirnos el interior en medio de la vida, en esta playa, donde los muertos parecen integrarse con las dunas y las arenas configurando paisajes de muerte y desolación. Aullidos llenos de belleza como los de María Ángeles, imaginación en imágenes y metáforas tan brillantes como incisivas y un perfecto dominio de las palabras para como con una cuarcita cortante abrirte en dos al ir leyendo, al ir recitando pausadamente tantas palabras bellas llenas de dolor por dentro, rocas que al respirar nos dicen entre susurros que también podemos nosotros respirar.

Cuando nos referimos a estos hechos crueles y dolorosos, en el año 2022 el número de víctimas llegó a más de 2.400, siempre usamos como canal de comunicación las noticias periodísticas que llenas de datos, entrevistas y opiniones se van volando en los aires de la actualidad. Pero si además de leer, oír noticias,abrimos un poemario como el de Pérez López, Libro mediterráneo de los muertos, ganador del VI Premio de Poesía Margarita Hierro, todo lo efímero se va como las gaviotas volando y nos quedan los cantos , respirando a nuestro lado en forma de libro.

Abrimos así en dos nuestra vida con la mirada de una gran poeta y comenzamos a gritar con ella al modo de Hildegarda, sintiendo que nada de lo que nos rodea nos es ajeno, porque todo está recitándose en nuestro interior sólo para nosotros. Y la poesía se convierte al ser leída, en un arma poderosa en nuestra vida cotidiana, rompiéndonos las entrañas en cada palabra e imagen, envolviéndonos también en toda la belleza del ritmo, que va desatándose en cada verso, en cada párrafo, en cada silencio lleno de sal.

Caminos de valentía que os animo a emprender leyendo este poemario bellísimo, donde el lenguaje se rompe como nuestra respiración. Aprendiendo con María Ángeles Pérez López a aullar, gritando, cantando un Ohhhhh lleno de pneumas y matices al estilo medieval como Hildegarda pero en pleno s. XXI.

Toglietemi la vita ancor 

 

Estaba el otro día en un recital de la mezzosoprano Joyce Didonato en el Teatro Real de Madrid. El nombre de Edén encajaba a la perfección con la orquesta barroca, el coro de niños y la soberbia interpretación de la cantante. Rompiendo todos los moldes de un recital tradicional, la diva norteamericana nos introdujo en un lugar al que sólo con la música podemos llegar si la dejamos explotar en nuestro interior con toda su grandeza y potencia. En un viaje que arrancando del paisaje mas remoto de la humanidad se va poco a poco transformando por la Belleza de lo natural y a la vez se va doliendo por todo el daño que vamos infringiendo con nuestras acciones y omisiones. La música se fundía como si fuera una sola sinfonía con obras que arrancaban desde el Barroco con Giovanni Valentini (1582-1679), Biagio Marini (1594-1663), Francesco Cavalli (1602-1676) o G. Friederich Händel (1685-1759) hasta Aron Coopland (1900-1990), con el Poema de Eight Poems of Emily Dickinson, titulado Nature, the gentlest mother.

De repente sentí que volvía a un estadio perdido que también se dolía. Volvía a la Belleza con mayúsculas, a aquella que es mía y dónde siempre quiero vivir. La naturaleza como madre que nos sostiene no siempre me produce una sensación de paz y de belleza, a veces sufro al ver cómo la machacamos sin piedad: basureros al borde de un camino, urbanizaciones estandarizadas que rompen el paisaje apacible, vertidos putrefactos en las aguas, venenos en convivencia con miles de toneladas de sal. ¿Dónde queda la Belleza del vuelo de las cigüeñas sobre los campos encharcados de las tormentas de un junio desatado?

Estoy leyendo a Raffaele La Capria, Nostalgia de la belleza, uniendo la Sierra de Gredos a los atardeceres de Capri, sintiendo ese aire fresco que provoca lo bello cuando vivimos con él, cuando es parte de nuestra existencia, lejos de teorías de manuales de arte, de las selecciones arbitrarias de los expertos en todo, que opinan sobre la naturaleza, lo artístico o la vida. Y es que como dice esta aria de Alesandro Scarlatti de su ópera “ Il Pompeo”, Toglietemi la vita ancor ,

Quitadme la vida cielos crueles,

si queréis robarme el corazón,

quitadme la vida…

Algo así nos explicó el gran poeta Antonio Colinas en el solemne y bellísimo acto de su investidura como doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca. El encuentro vital con la Belleza de un niño al que mandaban sus padres a un pueblo de la Bañeza a pasar los veranos y cómo iba viendo como yo ahora mismo, las praderas llenas de cigüeñas y las nubes mordiendo y durmiendo en las cumbres. Algo tan propio, una búsqueda en la que el poeta invierte su vida, buscando palabras y rimas para que sus lectores volvamos con ellas a esos espacios tan reales como efímeros.

La Belleza se compone de mucho mas que lo reunido en un manual. Con la música, la pintura y el pensamiento aparece la naturaleza, los árboles a los que agarrarnos para sobrevivir, las palabras que nos sostienen en los momentos de tristeza y nos aúpan al cielo cuando sentimos que lo que recitamos o escribimos es el verdadero predicado de nuestra vida.

Decía Emily Dickinson en estos versos que Coopland musicalizó y Joyce canta:

La naturaleza, la madre mas amable

vino un viento como una corneja

¿por qué me excluyen del cielo?

El mundo se siente polvoriento…

Las cigüeñas continúan volando incluso sobre basuras, dolor y suciedad. Las nubes sobre los cuadros de Turner, las arias de Haendel y Scarlatti, el suave terciopelo de una rosa que en junio se llena de rocío cada amanecer. La Belleza a la que a veces puedo atrapar y dónde vivir lo que realmente soy.

La búsqueda de la Belleza nos empuja a lo mas íntimo de nosotros mismos y es el motor para poder sobrevivir a tanto ajetreo y violencia, a la fealdad y la intransigencia. Poder abrir un poemario de Colinas o de Dickinson en medio de una tormenta de finales de la primavera sintiendo que el sonido de las gotas al caer, como la cristalina voz de Joyce la otra tarde, abren ese espacio de paraíso donde reside el verdadero Edén. Y canturreo mientras la vista se pierde mas allá de los alisos en las laderas mordidas de piedras,…Toglietemi la vita ancor.

 

Mensajes sanadores desde la nebulosa del tiem

 

Así comienza un poema escrito en el s.XIII por una mujer, beguina, llamada Hadewich de Amberes. Su nombre aparece en medio de una nebulosa que nos lleva a una época muy antigua pero fascinante. La lengua que utiliza para escribir sus textos es la propia del Ducado de Brabante, sus Cartas y Canciones nos muestran su elevada educación y el gran dominio de la lengua en un momento en el que estamos en los inicios de la literatura en los Países Bajos, expresando en ellos su vida interior, yendo por tanto un paso mas allá en la expresión que en el momento se centraba sobre todo en los textos sobre la vida cotidiana y caballeresca.

Lo que me hace leer una y muchas veces sus textos es la viveza de lo contado que al referirse a lo que nos acontece por dentro encuentra un puente perfecto con mi interior. Así nos entendemos profundamente, y llego a aprender muchas cosas de Hadewich, que se comporta conmigo como una mistagoga o maestra de vida espiritual al estilo de Teresa de Jesús.

Hacia finales del s. XII hubo un grupo de mujeres en distintos sitios de Europa que abandonaron sus vidas como señoras, viudas o solteras para ir a mendigar por las aldeas siguiendo el ideal radical y auténtico del Evangelio. Buscaron otra vía alternativa al matrimonio o la vida consagrada dentro de un convento. Algunas vivían errantes y otras se asentaron en casas individuales o en pequeñas comunidades de compañeras. Al principio este nombre, beguinas, tenía connotaciones heréticas como beatas dispersas pero luego poco a poco al ir conociéndolas esta apreciación cambió totalmente. Se dedicaban a enseñar, a curar enfermos, y a ayudar a todo el que estuviera a su alrededor también en el ámbito de la espiritualidad. Llevaban una vida de oración continua y debido a lo esmerado de su educación también interpretaban las Sagradas Escrituras lo que comenzó a levantar muchas sospechas sobre ellas, llevando a un gran número de estas mujeres a la hoguera.

Hadewich tiene un lugar de renombre entre las beguinas, por su propia vida y expresión de lo vivido en el alma, lo que llega acarrearle muchas incomprensiones incluso entre estas mujeres. Sus Cartas son documentos muy valiosos no sólo para sus discípulas de ese momento sino para todos y así a sido a lo largo de la historia. Su camino místico empujó a esta beguina a hablar sobre sus experiencias y a compartir todo esto con sus amigas para ayudarlas también a ellas en el camino de la vida.

En un tono apasionado nos habla del amor y de cómo cambia nuestra vida cuando nos hacemos súbditos de él. Pero lo que me engancha a su lectura son todas las apreciaciones sobre las adversidades, problemas, enfermedades que sufrimos. Sobre la falta de lealtad de los amigos, la inestabilidad interior y la búsqueda de Dios en el ritualismo que nos ata dolorosamente el espíritu cuando no va lleno de la verdad y el amor que nos habita. Sobre el abandono que sentimos, ese sentimiento de orfandad vital que nos empuja muchas veces a la tristeza y la depresión.

La literatura epistolar en la Edad Media tenía unos matices diferentes a los de hoy en día. Se escribía para ser leído en voz alta, ya que la escritura estaba sólo restringida a un grupo de privilegiados. Siempre utiliza la expresión “querida niña”, no porque sus destinatarias fueran jóvenes sino para introducir en sus palabras un gesto de cariño y cercanía que hoy llamamos empatía. Con sus consejos hallaban consuelo en la adversidad de una vida llena de riesgos y de dificultades.

Sus Canciones, a las que pertenece este verso que he utilizado para el título, expresan de manera poética la raíz experiencial de su vida. Nuevamente éste es el medio que utilizan los místicos para comunicarnos su vida interior. Para contarnos que aunque languidecen la estación y las aves, aunque la vida a veces se ponga difícil, es el amor lo que nos salva, rescatándonos como a estas mujeres del peligro, la incomprensión y la tristeza. Mujeres que desde la nebulosa del tiempo nos lanzan mensajes sanadores para seguir caminando.

Los ojos de Amadora

Muchas veces nos conocemos de manera mas íntima con la mirada, sin necesitar miles de palabras y largos ratos de conversación. Los ojos a veces aparecen como puentes que nos llevan al interior de otras personas, nos dejan ver aspectos nuevos y otras perspectivas vitales. Esto es lo que sentí, impresionada por los ojos de los niños del Mombeltrán de principios de siglo XX, cuando visité las salas del nuevo museo etnográfico que el Ayuntamiento de esta localidad ha abierto en el Antiguo Hospital de San Andrés magníficamente rehabilitado como Museo.

En las salas con todo el material etnográfico cedido por los vecinos aparecen las distintas estancias de la vida del pueblo, las alcobas, los sobraos, las entradas de las casas donde se guardaba el ganado, la elaboración del vino y del aceite, los quesos, la miel, la botica… Elementos que tienen un valor sentimental profundo para los vecinos que vuelven a encontrarse con parte de su vida, con cosas que ya habían olvidado pero que les envían inmediatamente, como en una maquina del tiempo, a su propia existencia, a la de sus padres y abuelos. Era entrañable ver la emoción de los vecinos y con qué gusto explicaban todo a los visitantes, orgullosos de su pasado y de sus raíces.

Llevo años disfrutando de la belleza natural y arquitectónica, así como del trato afable y cercano de los vecinos de las Cinco Villas en Ávila. He analizado la botánica que me apasiona, el suelo, los caminos siempre frondosos y llenos de belleza, las rocas, los manantiales y fuentes, las ermitas, los rollos jurisdiccionales y las iglesias, y siempre he intentado encontrar detrás de todo al hombre y la mujer que se esconden en el pasado, los que han configurado estos pueblos en lo que realmente son, los que han arado, cultivado, acarreado carros de mulas. Los que han recogido los huevos y han fabricado el vino de pitarra en los cántaros y tinajas. Los que se impresionaban dentro de la iglesia de san Juan Bautista de Mombeltrán con trazas de catedral, rezando detrás de una reja magnifica que los apartaba de todo, sentados en el suelo con los pies descalzos.

Esa sociedad de nuestros abuelos y tatarabuelos que dista de nosotros mucho mas que un siglo, porque hemos pasado de una economía de subsistencia que nos habla del pasado mas remoto de la humanidad, al s. XXI donde todos los habitantes tenemos un teléfono móvil en el bolsillo estamos al tanto de lo que pasa en todo el mundo en cuestión de minutos.

Y lo que me impresiona es sentir que aunque estemos dentro de esta falla del tiempo tan salvaje, somos los mismos y no nos podemos conocer si no nos reconocemos en nuestros antepasados, con todas estas cosas que la etnología recoge.

Cuando veía las fotos antiguas que expone la muestra, mi mirada se quedó en los ojos de esos niños de antaño, con sus ropitas sencillas hechas por sus madres, los pies descalzos y sobre todo con unos ojos que como linternas aun alumbran mi interior algunas veces. Unos ojos que nos llevan a otros lugares que estaban en donde ahora vivimos y paseamos, que ponen el elemento humano que está presente en este Museo.

Hace años me gustaba hablar con una señora muy especial, llena de viveza y ternura que se llamaba Amadora y vivía en San Esteban del Valle. Me hablaba de la vida de antes, de las recetas que hacían cuando llegaba la Pascua o la Navidad, de cómo hacía las conservas, de cómo tenían que ir a trabajar desde niñas a la capital, en un momento en el que se iba a lavar la ropa de la casa al Rio Adaja y con los nudillos se rompía el hielo. Los ojos de los niños de esta exposición me han puesto inmediatamente en este lugar narrado, y con la fuerza de la fotografía, con su viveza que aún mantiene después de casi un siglo, nos cuenta mas cosas que miles de libros y nos pone nuevamente en contacto con los vecinos y amigos de antes, con Amadora, sus ojos de niña aún en esa cara de mujer anciana, con los que me miraba hace unos pocos años.

 

 

 

 

Desde el día 1 de abril están expuestas en las paredes del Antiguo  Hospital de San Andrés en Mombeltrán Ávila, mis acuarelas florales. Son diseños florales para realizar arreglos florales con piornos. Están recogidos en nuestro libro Gredos en amarillo, Guia práctica de decoración con piornos, con Isabel Sánchez Tejado.

El día 2 de abril de 2023,  sábado a las 18 h, presentamos el libro en el Hospital de San Andrés y quedó inaugurada la exposición de las acuarelas. Un grupo de vecinos y amigos estuvo con nosotras disfrutando del espectáculo de la Sierra toda florida y radiante… Mil gracias, amigos.

Los piornos son unas bellas flores silvestres que llenan de amarillo la Sierra de Gredos en Ávila en los meses de mayo y junio con un espectáculo impresionante, miles de laderas floridas que  impregnan todo de un dulzón y agreste olor muy característico.

Es la segunda vez que cuelgo mis acuarelas en este entorno antiguo tan especial y lleno de encanto. En el verano de 2021 expuse mis cuadros en la Exposición  de arte contemporáneo de Artesón.  Estas nuevas acuarelas son diseños florales, los que utilizo para trabaja con las flores en mis talleres de arte floral.

Desde hace mas de diez años voy a los pueblos de la sierra de Gredos a desarrollar talleres de arte floral, muchos vecinos de los pueblos acuden y se forman en técnicas profesionales de arte floral, aprendiendo a recolectar el material, a hidratarlo correctamente y a desarrollar arreglos sostenibles en el tiempo, respetuosos con todos los materiales naturales y llenos de belleza.

Luego en los distintos pueblos los vecinos se reúnen para determinar que van a hacer y cómo van a participar en el concurso de decoración de exteriores. Y los resultados son sorprendentes… os animo a visitar esta zona durante el Festival , y a disfrutar con toda esta creatividad. Es un momento inolvidable para todos los que disfrutamos con las flores y todo lo natural en su entorno… una belleza.

En Mombeltrán podes ver mis propuestas e ideas que espero que sean motivadoras para seguir trabajando con flores, realizando arreglos florales llenos de encanto natural .

Doy las gracias al Ayuntamiento por su apoyo en esta exposición . Muchas gracias!!

 

 

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