Estamos preparando con gran ilusión un curso de cítara salterio en Ávila, en la Universidad de la Mística, con la profesora Catherine Weidemann, una de las pocas que hay hoy en día en Europa y que cuenta con un método de tocar muy depurado, donde el cuerpo entra a formar parte del propio instrumento. Aprendiendo a tocar de manera relajada y tranquila, un instrumento muy antiguo que nos invita a entrar de manera sosegada en nuestro propio interior.

Catherine es mi profesora de cítara salterio, y cada día cuando me pongo a tocar este instrumento tan especial me acuerdo de sus clases, de la técnica y de todo lo que me ha enseñado. Es un sueño que pueda venir a Ávila a darnos este curso, y no puede haber un lugar mas adecuado para esto que la Universidad de la Mística, algo que concuerda completamente con esta música. También en sus clases comencé a tocar ya conocer a la gran mística , santa y doctora de la iglesia, Hildegarda de Bingen y desde entonces estoy leyendo sus libros y tocando su música, impresionada por su personalidad y valía, en una mirada contemplativa del mundo, activa y llena de creación y belleza.

Además estamos preparando un curso para aprender a cantar la música de Hildegarda de Bingen con  la Profesora Margarida Barbal.

Margarida nos enseñará a cantar a los que no cantamos nada bien y podrá ayudar a perfeccionar el canto de los que ya están mas adelantados, y conoceremos también mas a Hildegarda en sus canciones y en la explicación práctica de cómo cantar.

Hildegarda y la música

Hildegarda de Bingen es la compositora más prolíficas de melodías monódicas atribuidas con certeza, de toda la Edad Media.

Según sus propias palabras, sus cantos no son fruto de su voluntad o de su conocimiento, sino que son directamente inspirados por Dios, cuya presencia designa como Luz Viviente. Por ello abren una puerta a un universo cósmico, cuyos contornos se ven reflejados en sus textos visionarios, sus miniaturas y su música. Su gran sensibilidad y su apertura a la belleza entendida como antesala del paraíso explican la gran importancia que concede a la belleza de la música en la liturgia.

La música de Hildegard rompe con los cánones de su época, se libera melódicamente en movimientos de gran dinamismo, ámbito extenso, grandes intervalos, cascadas de notas y profusión melismática. Si unimos estas características a la fuerza expresiva de sus imágenes, a las analogías y metáforas situadas en el interior del cuerpo femenino, vinculadas a la naturaleza, al conjunto de la creación, al cosmos y a su teología salvífica encarnada, sentimos que la música de Hildegard nos reconcilia y nos uni ca con el ser humano, con la creación y con el Espíritu creador.

Hildegard y los instrumentos

Para Hildegard, la alabanza, en comunión con los ángeles y los santos, se expresa tanto con la voz como con el sonido de los instrumentos: Alabadle con el instrumento de diez cuerdas y con la cítara… todo lo que respira alabe al Señor.

Los instrumentos musicales y sus muchos sonidos se inventaron con ayuda del espíritu de Dios, para que el gozo del alma pudiera cantar. El instrumento no sólo acompaña a la voz, sino que está en interac- ción con ella: sus cantos se adaptan a las exiones de sus dedos al tocar. Esta idea esencial, transmite una práctica libre del arte de la salmodia en la que el instrumento mantiene un diálogo con la voz. Según Hildegarda, los dedos del músico son creadores, como el dedo de Dios que dio forma a Adán. Más aún: en una misma dinámica que la voz humana, el instrumento también participa plenamente en la alabanza a Dios.

Os comparto la documentación de estos cursos y animo a todos los que estén interesados en ponerse en contacto conmigo, para cualquier duda o para informarles mas detalladamente de todo.

Margarida Barbal y Catherine Weidemann ofrecen un conjunto de propuestas centradas en dos universos, Hildegard de Bingen y la cítara.

Desde 2014 las dos artistas están trabajando conjuntamente en la interpretación de los cantos de Hildegard en versión voz-cítara, que se concreta en el concierto Lux stellarum.

 

Catherine Weidemann

Es una artista musical que vive su arte con profundidad espiritual.

Su línea pedagógica: construir la alegría de tocar un instrumento, la con anza ante las di cultades y la paz interior. Ofrecer numerosas herramientas para ampliar las competencias técnicas y construir una manera de tocar ligera, relajada y armonizante.

La música, y en particular la cítara, permiten que emerja un camino hacia el yo profundo a través de la conciencia de las percepciones corporales y la apertura interior a la presencia del inefable.

Amplitud y diversidad de recursos, actitud benevolente, mirada orientada a la alabanza.

 

Margarida Barbal

En la adolescencia, el descubrimiento de la polifonía vocal constituye una revelación de belleza que inicia el dibujo del camino artístico de Margarida Barbal.

Tres décadas de docencia en el canto colectivo le conectan con el poder de la música para crear experiencias de gozo, conexión y felicidad que promueven la transformación del ser humano activando su potencialidad.

El estudio de la experiencia somática, la psicología y la espiritualidad: campos que contribuyen, y a la vez explican esta capacidad transformadora del arte vivido en el cuerpo.

En la actualidad: intérprete de música sacra de la edad media y profesora en la Escola
Superior de Música de Catalunya
donde imparte asignaturas que contemplan el cuerpo en la educación.

• Curso Tocar la cítara
• 5-9 de junio de 2023

• 30 horas. lunes a viernes

Asociar el propio proyecto con la cítara con las bases indispensables de la

Construir una manera de tocar solida y ligera

Mejorar la interpretación de las piezas

Acompañar la litúrgia con suavidad y adaptabilidad

Elaborar un plan de trabajo para construir las competencias instrumentales

 

Taller Cantar Hildegard de Bingen•

5-9 de junio de 2023 • tardes
• 8 horas • lunes a viernes

Descubrir a través de la práctica del canto colectivo algunas de las canciones de Hildegard.

Explorar las capacidades vocales aplicadas a este repertorioDisfrutar de la belleza melódica sentida corporalmente

Acercarse y comprender un poco más a la autora a partir de sus composiciones e impregnarse de su mensaje místico.

 

Para inscribirse en los cursos:

 

info@psalmos.com

Tel. +49 177 488 20 42

www.cithare.info

www.psalmos.com

 

 

Cursos • España 2023
Tocar la cítara • Cantar Hildegard de Bingen

 

Cuando el verano termina y aparece el otoño con tantos días tristes y oscuros en la mirada, me gusta hacer punto con unas agujas gordas. Largas bufandas de colores que parece que me abrigan en los primeros fríos. Mas que por el calor que me dan desde un punto de vista físico, estas bufandas y estos ratos con las agujas me introducen en un mundo cálido y familiar, algo que me une con mi madre y mis abuelas, que me introduce en la historia. Con este pequeño viaje emocional, rompo el duro aspecto digital de la vida actual, donde las reuniones son a través de las pantallas de los teléfonos y las conversaciones se hacen por wattsap.

La actividad de tricotar nos adentra además hasta la prehistoria, cuando comenzaron nuestros antepasados a vestirse con las pieles de los animales mediante el uso de punzones y buriles. En actividades tribales colectivas para poder ponerse algo sobre el cuerpo. Y cómo poco a poco con el comienzo y el desarrollo de las actividades ganaderas y pastoriles, la lana de las ovejas comenzó a utilizarse, mediante largos procesos de esquileo y lavado para obtener los ovillos, usando para ello también la rueca. Desde entonces comenzó a difundirse el trabajo con la lana, siendo la rueca la actividad femenina mas sobresaliente en el ámbito familiar. Nuestra Santa Teresa sabemos que utilizaba la rueca en su celda de la Encarnación como parte del trabajo diario de la comunidad.

En el ámbito monacal, siguiendo las enseñanzas de San Benito, este tipo de trabajo manual con las lanas era idóneo para mantener el alma en la contemplación de lo eterno mientras con las manos se iban dando cuerpo a los ovillos y a los productos y prendas que de él salían en las manos de los monjes y monjas contemplativos. Este aspecto también lo recalca nuestra Santa. Al realizar estas labores manuales podemos meditar profundamente, el ritmo pausado y repetitivo es idóneo para relajarnos y entrar en unidad con lo mas hondo de nosotros mismos.

Curiosamente el trabajo con dos agujas de punto era una actividad reservada a los hombres hasta hace unos siglos. Se creó en el s. XIV el gremio de los calceteros al que para poder ingresar y formarse en sus actividades, tenían que pasar una serie de exámenes y evaluaciones durante nada menos que seis años. Para pasar el examen de maestría tenían que saber hacer una camisa, un gorro de punto cardado, un par de medias y un tapiz de distintos colores, aunque la variedad de piezas era distinta en cada región.

Ya en las ciudades medievales comenzaron a reunirse en unas determinadas calles las personas que realizaban estas labores, siendo las mujeres las que hilaban y los hombres los que sabían utilizar las agujas que tenían distintos tamaños y formas para adaptarse a cada encargo. Se reunían en el gremio para poder defender sus intereses y apoyarse en todo lo necesario, siendo muchas de las cofradías de naturaleza religiosa. Se establecían en los núcleos urbanos y obligaban a todos los que realizaban estos trabajos a regirse por un único estatuto, para controlar la actividad artesanal, evitando la competencia desleal, uniendo sus intereses para la obtención de la materia prima, la lana. Su organización era jerárquica, con maestros, aprendices que no cobrar nada en sus tres años de aprendizaje y vivían en el taller del maestro y dueño de los talleres y de los instrumentos de trabajo. En todo este panorama gremial las mujeres estaban excluidas hasta pasado el s. XVI. Ellas vivían en el campo y vendían sus productos en el mercado local.

El gremio de calceteros prosperó mucho a partir del s. XV cuando cambió la moda masculina y se sustituyeron las túnicas por otras prendas ajustadas y cortas que dejaban las piernas al descubierto y que era preciso proteger y vestir con los calcetines.

Cuando tiendo en mis manos los ovillos de lana y comienzo a mover las agujas siento esa conexión con todo esto, y me siento afortunada por momentos. Bienestar, meditación y relajación mientras voy llenando los sillones de casa de largas bufandas de colores donde recostarnos en las veladas invernales en familia. Recuerdo cómo era mi casa antes, con esas reuniones alrededor de la mesa camilla, y cómo había calor, cercanía y cariño, mientras a los niños nos ponían con las manos abiertas para ir devanando las madejas, entre conversaciones, recetas y tazas de café. Y comenzaban a aparecer los calcetines, las bufandas, los guantes y los jerséis que cada año iban creciendo en tamaño y colores, adaptando la lana a cada uno de los niños que íbamos tan orgullosos con ellos al colegio. El pasado me abraza en estas madejas que en mis manos me calientan.

 

 

Tener un amigo es tener un tesoro. Su amistad transforma nuestra vida porque sabemos que ya no estamos solos ante los problemas, las adversidades, el vértigo vital y los éxitos con su larga capa de pruebas. Sentimos su cercanía, y esto nos hace seguir con nuestro día a día de otra forma, nos entendemos, nos apoyamos, nos conocemos hasta en los detalles mas pequeños.

Teresa de Jesús era una amiga de verdad en medio de su azarosa vida llena de sobresaltos. Y hoy en día sigue siendo amiga nuestra y sobre todo maestra en estas cosas que están tan cercanas y con los mismos mimbres del amor. Maestra de amistad, de cómo estar cerca de los demás y de cómo disfrutar con ellos

Así, cuando Teresa reforma la orden del Carmelo con la fundación de San José en 1562 sabía que además de la construcción de aquel viejo caserón que habían podido conseguir con tanto esfuerzo, tenía que ir levantando otro edificio de naturaleza espiritual mucho más importante, lleno de amistad, confianza, fe y alegría para poder avanzar en la vida con determinada determinación, como un motor que impulsa todo hacia delante.

Teresa aparece en sus escritos pero sobre todo en lo que nos han contado de su vida y en sus cartas, como una maestra de vida, una amiga que pone la amistad como el cimiento de todo su pensamiento. La amistad es la que define su experiencia espiritual, y llega a definir a la oración, lo mas importante de toda su existencia, como un trato de amistad, algo que incluso hoy en día nos parece sorprendente.

Orar según nos dice Teresa, es tratar con quien sabemos nos ama. La amistad se constituye en los cimientos de su vida y de sus enseñanzas, y en esto nos enseña como una maestra.

Teresa fue una mujer muy cercana con todas las personas que estaban a su alrededor, era simpática y alegre, tenía un don de gentes, sabía tratar a todo el mundo y nos enseña cómo conseguirlo. Así podemos ir aprendiendo en sus escritos mayores, en la Vida, en el Castillo interior, en Camino de Perfeccióny en las Fundaciones, pero también en sus otros escritos más breves y sobre todo en sus cartas donde aparece su verdadero rostro humano y en lo que nos cuentan de su vida y de su manera de comportarse y de ser, recogido en los Procesos de beatificación y canonización que siguieron a su muerte.

Hay un Aviso que recogió Fray Luis de Leon  en la edición principede sus obras en 1588, que aunque hoy en día se cuestione la autoría de Teresa, recoge su enseñanza de manera tan clara que no puedo por menos que considerarlo como fruto de su puño y letra y de su propia experiencia personal, la que ha servido siempre de cimiento de todo su pensamiento: acomodarse a la complexión de aquel con quien trata en el alegre, alegre, y con el triste triste, en fin de hacerse todo a todos para ganarlos a todos.

Algo que hoy llamaríamos empatía que nuestra Santa ya ponía en funcionamiento en pleno siglo XV. Hay una expresión suya que recoge totalmente toda esta enseñanza, cuando nos dice que con un amigo, con la persona que tenemos al lado, tenemos que abajarnos, es decir que tenemos que pararnos un poco y mirar al otro y bajar hasta su propia vida, al momento que está pasando para ponernos en su piel  y así podremos entender qué le pasa, nos dolerán sus penas y nos pondrán muy alegres sus triunfos, seremos por momentos uno con él en la amistad y en el amor. Dos términos que Teresa siempre dice juntos, como unidos por las mismas fibras.

Teresa nunca habla de algo que no sea su propia experiencia, de algo que no haya vivido, y la amistad era lo que ocupaba su vida desde la infancia en la concurrida y alegre vivienda de don Alonso y doña Beatriz pegada a la muralla, donde jugaba con sus hermanos y con los niños que vivían por allí como los de la familia de Núñez de Vela. Los amigos y sus hermanos fueron lo mas importante en estos momentos infantiles de juegos y risas. Cuando siendo una niña murió su madre, se refugió tanto en sus amigos que su padre, tan preocupado por educar a sus hijos en la doctrina católica y en los valores de una familia hidalga castellana, no dudó en meter a la pequeña en un convento de agustinas. Era como una especie de internado donde la hermana María Briceño se convirtió en su maestra, en su madre y sobre todo en su primera amiga en el ámbito espiritual, mostrando a esta pequeña niña que eran estos sentimientos de amistad los que iban a formar siempre la urdimbre de toda su existencia.

Frente a su padre que aún desconfiaba de su hija que comenzaba a mostrar una inclinación hacia la vida religiosa, Teresa se apoyó en una amiga que estaba en el recién inaugurado Monasterio de la Encarnación, Juana Juárez, para ingresar en este enorme centro con cientos de monjas que vivían como en un pueblo medieval, libres  de las ligaduras familiares y dedicadas a la oración. Monjas entre las que la joven Teresa comenzó a encontrar a sus amigas, con las que hallar la fuerza para, un día después de la festividad de Todos Los Santos, entrar por las puertas del monasterio, a espaldas de su padre, que se disgustó mucho con la decisión de su hija.

La relación de Teresa con su padre, es una de las páginas más entrañables de todo su legado, cómo se fueron conociendo, y cómo Teresa fue entrando en el alma de su padre, y don Alonso en el de su hija inquieta y andariega, en un profundo amor que dio sentido a sus vidas y que  permitió a don Alonso caminar por las sendas místicas de la mano de su hija. Padre, hermanos y sobrinos que siempre estuvieron en el corazón de la Santa, intentando ayudarlos a todos soportando muchas veces las rencillas familiares y las pujas por los bienes. Entre todos sus familiares la relación de Teresa con su hermano don Lorenzo nos muestra la hondura de sus desvelos y cómo las preocupaciones englobaban también las del ámbito puramente espiritual y místico, con unas cartas bellísimas entre hermanos a las que hay que volver de vez en cuando.

Comenzó a tener amigos y amigas en Ávila, a través de las visitas que las monjas tenían que hacer a las familias que ayudaban económicamente al convento, y también en las animadas charlas en los locutorios. Teresa era muy popular y querida, su alegría y cercanía hacían a muchas personas acercarse a la reja, algo que a ella en muchas ocasiones le causaba mucha preocupación porque se alejaba de sus horas de silencio y meditación, metiendo su mundo en la vorágine de las relaciones sociales y personales. Entre ellas tenemos que recordar a su gran amiga Guiomar de Ulloa, que tanto ayudó en las licencias, en la financiación  y las obras del convento de San José y que presentó a Teresa a un fraile muy delgado y espiritual, de maneras sencillas y muy entrañable, llamado fray Pedro de Alcántara, y allí en la casa de Guiomar se hicieron muy amigos y se ayudaron profundamente a nivel espiritual conectando de inmediato y a nivel práctico también con todos los inconvenientes que tuvo Teresa que sortear toda su vida.

Amigos espirituales de la ciudad de Ávila que constituyeron, junto con sus amigas de Encarnación el germen de la reforma, en sus encuentro orantes y de amistad, donde había personalidades tan especiales y espirituales como Marí Díaz que en ese momento estaba trabajando en la casa de doña Guiomar y que es una gran mística y santa.

Así cuando se fundó San José, aquel día sofocante de agosto, con toda la ciudad de Ávila en contra de un grupito de monjas que se habían desplazado, Teresa tenía que construir lo más importante, su pensamiento recogido en papel para ayudar a sus hijas y a sus amigos a caminar por la vida: todas se han de amar, todas se han de querer.

Puso a la amistad como la piedra angular de esta nueva construcción y todo basado en su propia experiencia más íntima al encontrarse en lo hondo de su alma con el amigo, con Jesucristo, con el que trata de amistad, con el que se siente amada y con fuerzas para transmitir todo esto. La experiencia mística de Teresa es el amor, y así debemos entender a nuestra amiga y sus mensajes, yendo más allá de éxtasis y levitaciones, aterrizando en esta relación de amor y amistad que rodeaba su vida y que nos enseña a caminar.

Cuando conocía a alguien, Teresa que era una mujer muy lista y que sabía que tenía que poner en marcha este proceso de “abajamiento”, hablaba tan desde dentro  contando su propia vida sin tapujos, como hace de manera sorprendente con todos nosotros en sus escritos , que ya quedaban amigos íntimos para siempre, con personas de toda índole y situación social, desde el rey Felipe II que siempre socorrió a Teresa en sus momentos más críticos en relación con las investigaciones de la Inquisición  y en todos los vaivenes de la orden descalza y su relación con la calzada, hasta los carreteros con los que iba por los caminos embarrados de Castilla y Andalucía, sus hijas  siempre con ella pasando frío bajo las telas de la tartana, en ventas desoladas, ríos en crecida, al acecho de maleantes y de ordas de poblaciones enfurecidas por el paso de tanta monja.

La biografía de Teresa está atravesada por miles de amigos a los que ella quería de verdad, así sus cartas nos van descubriendo el trato que tenía con ellos, cómo se hablaban cuando estaban en intimidad, con su padre del alma y confesor Jerónimo Gracián, con Juan de la Cruz el otro pilar espiritual y vital de la reforma al que Teresa siempre vio en su santidad y valía humana. Con sus hijas más queridas, a las que hablaba tan en confidencias, animándolas y a veces reprendiéndolas en otro aspecto de la amistad que Teresa también maneja con autoridad, en la ayuda a mejorar diciendo las cosas que pueden cambiar nuestra manera de ser y de comportarnos, así aparecen figuras de las grandes hijas de Teresa que luego llevaron su legado por España y por Europa, cómo María de San José, Ana de Jesús, Ana de San Bartolomésu última amiga, enfermera, secretaria, sus manos y su corazón.

En estos días de fiestas desde hace años me acerco a Teresa buscándola a ella de verdad mas allá de las imágenes barrocas y la ornamentación festiva.  En ella encuentro a una amiga que me enseña sobre cómo es y cómo debería ser la verdadera amistad apareciendo al momento una carga eléctrica que recorre todo. Sobre cómo debo proceder con los demás, sobre la espiritualidad más auténtica y la materia de la que está compuesta, sobre cómo mirar a los demás y abajarme para ver, sentir y vivir. De cómo sólo se nos pide el amor y sólo el amor en nuestra vida como decía tan bellamente san Juan y cómo la amistad se nutre de la fuente más honda de nosotros mismos. Somos y damos lo que tenemos, lo que descubrimos, lo que ponemos en marcha cada día. Mi amiga Teresa, mi maestra de vida y de amor.

 

En medio de la preparación de la Navidad, justo las horas previas, ha fallecido mi querido amigo Rómulo Cuartas y por momentos sentí que todo se iba esfumando teñido con mi dolor. Ya no había decoraciones, villancicos, belenes que me interesaran, una nube de pena atenazaba el corazón.

Cojo mi citara salterio  a primera hora de la mañana y comienzo a tocar algo que sale de lo profundo y me sorprendo porque es algo asi como un villancico, una música que expresa todo el encanto de la Navidad, la alegría, el amor y la esperanza. A veces estas cosas ocurren, todo se mezcla de una manera profunda, el dolor y el amor, la caída en el sufrimiento y la estrella del portal que parece sacarnos de lo hondo y oscuro.

Recuerdo ahora a mi querido amigo Rómulo con ternura, parece que el Niño que nació ayer en medio de tanta algarabía familiar comienza a ejercer todo su influjo sobre mí, la paz y la naturaleza amorosa que me regala.

Mirando las plantas que con tanto cariño cuido por todos los rincones de casa, siento que entro en el mundo de la verdad, donde habita el Señor que nos ama siempre, y que nos rescata en el dolor. Y me uno aun mas con Rómulo que también adora las plantitas y ver cómo sale cada hoja, los tallos y su floración.

Hace muchos años, a mediados del s. XV, una reina, Ana de Bretaña, pidió a un artista de la miniatura ,Jean de Bourdichon, que pintara y decorara su libro de Horas. Y junto con las maravillosas cincuenta escenas de la Biblia, el Evangelio y la vida de los Santos, le pidió que las decoraciones fueran todas botánicas, mostrando cientos de especies de flores, hojas, frutos, con sus colores y texturas incluso con los insectos y mariposas que suelen vivir entre sus ramas. La escena de la Natividad, en donde hoy me sumerjo, es impresionante, porque sale pintada la noche donde nació Jesús y el Belén se ilumina de manera mágica, mostrando así la noche y el día, toda bordeada de unas preciosas matas de Papaver rojo, con insectos y mariposas. Naturaleza, música, palabra y fe parecen juntarse desde hace siglos en una rueda que continúa hasta hoy, aplastándonos con su belleza y amor.

Todo se junta en Navidad, y este año esta afirmación la vivo de manera mas rotunda. Todo en la verdadera Navidad está lleno de esperanza, una noche llena de dolor que nos atenaza el alma sabemos que se llenará de luz a las pocas horas, y que volverá a girar sobre nuestras vidas, en luces y sombras, alegrías y penas. Una Navidad que  tiene para mi otro color, y está llena de naturaleza y vida, mientras me acuerdo mucho de ti amigo, y sé que juntos estaremos ya para siempre, en cada matita y en cada flor.

Feliz Navidad

Me acuerdo tanto de mi padre…

Llegó la festividad de Todos los Santos y el otoño aún no se había ido. Los arces del jardín, los liquidambar y los viburnos se deshacía en miles de tonalidades bellísimas, en un último adiós al verano,  a las temperaturas cálidas y soleadas, a las meriendas familiares, las risas y los encuentros.

Toda la tristeza y melancolía que envuelve estos días ha quedado este año pintada de estos colores, con el cielo azul como fondo inspirador de todo, lienzo para soñar en un mundo diferente, el que se extiende mas allá de la muerte, uniendo el amor en  hojas que enramadas se pierden en el infinito.

Cuando se fue mi padre creía que el suelo se abría con una fosa y que yo me iba cayendo de dolor. No encontraba asiento mas que en la fe que siento que me sostiene en todos los momentos de mi vida y de la muerte, una cuerda que me rescató de todo. Saber que hay un mundo mas allá, que los colores que veo y que siento como propios de mis ojos y de mi corazón, pertenecen al autor de todo. Un padre eterno que nos abraza a ti y a mi. Y  doy gracias por ti papá , con hojas y flores llenas de amor y de cariño, por haber estado siempre a mi lado.

Me acuerdo de tantas cosas,… las hojas del jardín me consuelan, en un mullido colchón que me habla de la vida compartida y de lo mucho que nos quisimos.

RABINDRANATH TAGORE

Después del parón académico impuesto por la pandemia, retomamos las actividades poéticas en La Casa de la Poesía Juan De la Cruz de la Universidad de la Mística de Ávila. Y lo hacemos dando a conocer uno de los poemarios mas valorados y leídos en todo el mundo,  Gitánjali ( Ofrenda lírica) del gran Rabindranath Tagore, en su traducción directa del bengalí por Manuel Díaz Gárriz. Un poemario por el que Tagore ganó en Premio Nobel de Literatura en 1913. Tagore era un hombre profundamente humanista, poeta, dramaturgo, novelista, pintor, músico, pedagogo y místico.

 

Algunos libros y autores se encuentran durante muchos años, algunos toda la vida, bajo el influjo del tiempo vital en que los hemos leído. Como lectores no somos hoy en día los mismos que cuando éramos jóvenes y niños, lo que podíamos disfrutar y entender es al menos diferente sino completamente alternativo. Esta es la deuda que siento con Tagore, haber dejado mi admiración y lectura aparcada por decenios en las lecturas de mi juventud. Para los jóvenes de los ochenta, Tagore era una referencia, leíamos sus poemas y sobre todo extraíamos bellas frases que nos conmovían por su belleza y las colocábamos en las carpetas del instituto y colgábamos posters con imágenes de naturaleza con sus frases para que decoraran nuestro cuarto.

Este verano debajo de los árboles del parque he comenzado a  releer a Tagore y me ha dado un vuelco el interior. He sentido una enorme gratitud hacia él por mostrarme tantas cosas de la vida y sobre todo del mundo interior tan llenos de belleza y naturaleza, que lejos de estar fuera de nosotros, en su lectura siento que nos abre las puertas de lo hondo. Silencio, gratitud, belleza, música y vida en la simplicidad. Y no he parado de encontrar en muchos matices e imágenes a nuestro Santo Juan de la Cruz.  Y muchas veces he dicho por dentro: si es así Rabindranath, Juan también nos cuenta esto mismo…

Siempre había leído su obra poética en un bello libro azul de la biblioteca de mi  madre, de la editorial Aguilar, en la depurada y poética traducción de Zenobia Camprubí y revisada y enriquecida por Juan Ramón Jimenez, con un prólogo muy documentado de Ortega y Gasset. En él siempre he releído con admiración la parte relativa a la escuela experimental de Tagore, Santiniketan en Bengala occidental, entrando en su filosofía de base , con los alumnos viviendo con su maestro en una comunidad educativa autosuficiente.

Rabindranath fue el menor de los catorce hijos de Debendranath y Sarada, y vivió en una casa que era un centro cultural, donde los hijos se dedicaban a la música, el teatro o la poesía. Así sus hermanos fueron novelistas, músicos, dramaturgos. Era además un lugar imbuido de una honda espiritualidad, ya que su padre era la figura clave de la religión Brahmputra o Sociedad de Dios. Siguiendo al fundador, Roy Rammohun creían que los conocimientos de occidente no podían ser ignorados. Admiraban las tradiciones filosóficas liberales y criticaban de manera rotunda la religión existente en India con sus prácticas y sobre todo por su rígido sistema de castas.

El interés por occidente determinó a los padres a enviar a sus hijos a estudiar a occidente, en concreto Rabindranath estuvo en Brigthon y en el universitario collage de Londres. Pero estuvo sólo un año y volvió a la India sin terminar sus estudios. Entiendo perfectamente que su delicado y meditativo espíritu no pudiera vivir en medio de las rígidas normas inglesas.

Fue cuando después de casarse muy joven, aterrizó como administrador de las propiedades familiares en Shilaihaha ( Banglades) y empezó a sentirse como un poeta, viviendo en una casa barco. La vista que se perdía en la superficie del agua, las ramas en su movimiento aéreo, el suave tintineo de los cascabeles que las jóvenes se colocaban en los pies.

La poesía siempre nace de la contemplación y de estadios de silencio, pudiendo captar los aspectos de la vida que están visibles pero que parecen no ser apreciados en un mundo de prisas y de superficialidad.

Si la traducción de Zenobia es un trabajo muy poético y bello, la reciente traducción directamente del bengalí del padre jesuita Manuel Díaz Gárriz está llena de verdad, experiencia y hondura. Recordemos que fue el propio Rabindranath el que tradujo del bengalí, su lengua materna, al inglés su poema Gitánjali y él no dominaba a fondo la lengua inglesa. Y de esta versión, Zenobia tradujo al castellano en poema. Según cuentan los estudiosos, la traducción de esta obra fue para Zenobia y Juan Ramón como un encuentro poético entre ellos, ya que disfrutaron amorosamente de estar juntos traduciendo las bellas palabras de Tagore. Hasta la llegada de Gitánjali a Europa en 1912, Europa ignoraba culturalmente a Asia.

El padre Díaz Gárriz misionero en la India es el traductor de este poema desde el bengalí. La India tiene 450 idiomas muchos de ellos de minorías y posee además veintidós idiomas oficiales, con mas de 230 millones de hablantes. Es una traducción que me conmueve profundamente porque al ir directamente a la raíz de cada palabra y al dejarla limpia, la devuelve a la verdad que llena de belleza insondable cada verso. La palabra poética es tan bella y potente que sólo en la desnudez de complementos disfrutamos de su esencia y verdad. Esta austeridad bella y rotunda es la que contemplo al leer el Gitánjali en esta traducción. Siento además que el poemario vuelve a ser lo que quería el poeta, una ofrenda a la vida, al amor y al desconocido amante que vive en las sombras de cada planta y cada raíz.

Releer a Tagore es una nueva aventura llena de sentido, mística y verdad.

Tú me has hecho inmortal. Así ha sido de tu agrado./Este vaso mío lo vacías y lo llenas/con vida siempre nueva

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El próximo martes 13 de julio voy a dirigir un taller de meditación con flores en los jardines de la Universidad de la Mística, CITeS que están preciosos , umbríos y refrescantes. Poder coger una flor, una hoja, rama, musgo, … espiga y dejar que sean ellas las que nos vayan contando cosas, supone un gesto lleno de verdad. Como dice Teresa de Jesus, lleno de humildad, al saber un poco mas lo que somos, y cuál es nuestra casa, y nuestro Padre…

Sentirnos unos seres mas sencillos, viviendo por momentos en la naturaleza, dejando que muchas de las cosas por las que pasamos sin darnos cuenta, como la suavidad del envés de una hoja o el tono de una flor, nos ayuden a vernos por dentro y a alabar a la creación que en un pequeño ser se manifiesta tan lleno de belleza y rotundidad.

Creo que es necesario venir con un sólo ingredientes: la capacidad de asombro,… para poder captar la belleza que es efímera y aparece casi siempre al lado de nuestros pies al pasear por jardines tan bellos como estos donde nos vamos a reunir.

Agua, flores y meditaciones que salen del jardín para contarnos muchas cosas que tal vez tenemos un poco olvidadas…

 

Os espero amigos!!! Entrada libre hasta completar aforo. 13 de julio, de 19,30 a 20,30h.

Mi caja de semillas

Leyendo a Elisabeth von Armin, en un delicioso libro lleno de buen humor, amor por los jardines y libertad ante los convencionalismos sociales, en una escritora del s. XIX que parece traspasar el tiempo en su exposición que encaja a la perfección con las lectoras actuales.

Cuando aparece la naturaleza y todo se despierta de repente sentimos que su reloj inmutable, que funciona exactamente desde hace milenios, nos da la seguridad que necesitamos ante el devenir y las preocupaciones de cada día. Mi reloj en estos días está alerta a la floración de un grupo de amigas, que me levanta feliz por las mañanas. De una tarde de migrañas me levantaron el otro día unas flores de Polentillas en el Pinar de Hoyocasero con el color amarillo mas radiante que pueda imaginar. Las praderas llenas de jacintos silvestres y las flores rojizas de los musgos. La vida, me dicen, está para disfrutar de lo que te regalamos en un paseo.

Muchas personas comparten conmigo estos pensamientos sobre la primavera, y la belleza de lo efímero de las flores. Algunas como Elisabeth von Armin, en su conocido libro Abril Encantado comienza su escritura con un anuncio que me parece genial: “ para aquellos que gusten de las glicinias y el sol, se alquila pequeño castillo medieval italiano durante el mes de abril”. La posibilidad de volcar nuestra agenda y mirada hacia la naturaleza que comienza a deshacerse en belleza.

Es verdad que muy pocos pueden como Elisabeth dedicarse sólo a la contemplación de su jardín, ella era baronesa y vivía en un jardín enorme y maravilloso en Pomerania con su marido y sus hijos, rodeada de jardineros y doncellas. Estoy estos días leyendo su libro Elisabeth y su jardín alemán con tanto placer. Esto es algo que solo la lectura te permite, vivir por momentos con ella disfrutando de sus semilleros, de las plantaciones de rosales e hipoemeas, oliendo las lilas que en cientos de arboles llenaban su jardín.

Cuando llegó a la casa de campo de su marido después de cinco años de matrimonio, se dio cuenta de dónde estaba la felicidad. Mas allá de las relaciones sociales, banquetes y viajes de placer, el lujo está en lo natural que se nos regala a cada momento. Cuando percibimos y olemos, entramos en un mágico momento donde sentimos que todo esto nos pertenece como una segunda piel, y que sólo con lo natural nos sentimos felices y en casa. Estas sensaciones nos reconfortan también porque aceleran nuestra memoria, el pasado deja de habitar en la niebla y se hace presente al oler un ramo de muguets o al mirar la cara de un diente de león en un paseo. Memoria que es nuestro legado y que, me digo a mi misma muchas veces, me tiene que servir para vivir en los momentos difíciles y duros que muchas veces atravieso.

Creo que los jardineros tenemos entre nosotros muchas cosas en común. Fundamentalmente somos personas esperanzadas y pacientes, que tenemos en nuestra caja de semillas nuestro tesoro. Tengo siempre ese deseo de conocer qué variedades guardan los otros amigos en sus cajas, y creo que al ver lo que contienen, descubro su verdadera personalidad de una manera muy sutil, su momento emocional y su energía vital.

Para Elisabeth, la escritura y el jardín son espacios libertad, donde sentirnos realmente vivos. Mas allá de nuestro concepto contemporáneo de decoración de zonas verdes, está la palabra jardín que encierra en si ese germen, a modo de semilla de la libertad. Es espacio de libertad, porque cada parterre de flores parece desatar la sensibilidad, dejándonos disfrutar de lo sencillo mas bello que tenemos a nuestro lado. Y es espacio de creación, porque cuando percibimos la belleza tenemos un deseo imparable de contribuir también a agrandarla, cogiendo un puñado de plántulas y una azada para ir colocándolas de manera natural y armónica en el jardín.

Mi caja de semillas este año está llena, y cientos de plantones crecen por aquí, creo que este duro momento de pandemia también me ha empujado a todo esto, con ese intimo pálpito de que agarrada al reloj de la primavera que va pasando, me voy sintiendo cada vez mejor, como en casa.

Leyendo a Elisabeth von Armin en una bella y cuidada edición de la Editorial Lumen, con los fantásticos dibujos de la ilustradora Sara Morante. Una lectura que recomiendo para disfrutar en el jardín.

¿ Si el dolor prepara la paz…

Yo creo que el dolor puede preparar la paz Emily, de una rama seca y atizada por mil vientos helados, nieve y relámpagos se abre una belleza llena de flores tímidas y recién nacidas. De la nevada mas grande de los últimos tiempos, surge a su vez un libro muy bello El herbario y la antología botánica de Emily Dickinson.

Comparto contigo el dolor, la incertidumbre, la tristeza  de cada día que al llenarse de mil colores, pétalos suaves, gotas de rocío, me hiere de una manera dulce y profunda. Siento que el malestar no me deja disfrutar del regalo de la naturaleza en estos días. Lo efímero del tiempo carga sobre mi una gran ansiedad, la posibilidad de que un revolver como en una jugada de la ruleta rusa, lleno de hielos, nieves y ventiscas, acabe con todo y no haya podido tomar posesión de lo que me regalas con tanta delicadeza.

Sentirse amado es algo muy parecido, sientes miedo por no poder atrapar todo lo que el otro te quiere dar. Cerrar los sentidos para atrapar lo recibido supone también encorsetarse en uno mismo y sufrir. Con el paso de los años voy sintiendo que lo que debo hacer es algo muy diferente, abrir siempre las puertas, compartir, para poder dejar todo fluir como tú, Señor de las flores, quieres.

Los días de marzo se suceden llenos de esplendor, cogiendo pequeñas flores, ramitas de prunos en flor, hojas de helechos azules, pensamientos y romero, entre nubarrones y rayos de sol. Me detengo a mirar cómo la luz los transforma al colocarlos en un pequeño florero de cristal al cielo, levitando sobre la mesa, sublimando mi pequeño trabajo de recolección y disposición, a la luz que lo eleva. La vida, me dicen estas pequeñas amigas, va por este camino, el dolor se eleva como luz. La oscuridad nos introduce en  el gimnasio mas bello y duro del universo,  mientras  habitamos en el jardín,  en el prado, la vereda, el pasillo soleado de casa. Habitaciones que a tu luz se hacen eternas, para que pueda ir y toma posesión de ellas. Las flores viven en esa esfera de lo sublime, sólo para mis ojos y mi corazón.

Te entiendo tan profundamente Emily que me impresiono. Lo que se nos da al lado de nuestro día a día en casa, en el jardín, es tan increíblemente bello y está tan lleno de amor, que para evitar el sufrimiento de la pérdida de la belleza, tomaste la decisión de internarte de por vida en casa y me parece un acto de justicia vital.  Lo que nos sucede en nuestra vida sencilla y familiar  no es sólo una pequeña gota de algo que está fuera. No, lo que tenemos a la altura del zapato, esa pequeña flor de trébol, la luz que da en las ventanas, el aire que inunda el jardín, es tan bello como el mar de afuera, el firmamento con su cielo azul. La belleza insondable de una gota de rocío, de una flor del pruno, de una pequeña mata de muscaris a finales del invierno.

Así entiendo tu herbario (1839-1846), y cómo la poesía se pega a él como un rayo de sol a una margarita. Vital, profundo, íntimo, valiente, así es siempre un herbario, momentos de contemplación de lo regalado, vida y amor. Y la necesidad de buscar palabras para expresar tanta belleza, giros, metáforas, imágenes.

Leer a Emily me sobrecoge, la cercanía que siento con una mujer de hace mas de dos siglos, con la que comparto el dolor como una parte bella de lo vivido: la soledad, la contemplación y el amor.

 

Si el dolor prepara la paz

ved los años “ Augustos”

que aguardan a nuestros pies.

 

Si las Primaveras del Invierno emergen

¿puede calcularse

la de la Anémona?

 

Si primero se alza la noche, después el mediodía,

para rodearnos de sol,

-¡qué espectáculo!-

 

!Cuando, desde mil cielos,

sobre nuestros firmes ojos

ardan los mediodías!

traducción de Eva Gallud

Ed. Ya lo dijo Casimiro Parker

 

 

Vivimos días muy complicados. Este nuevo año 2021 comienza tan cargado de problemas como el anterior que nos dejó desconectados y llenos de ansiedad. En medio de tanta incertidumbre buscamos la manera de llenarnos de paz para poder continuar con nuestra vida, para poder sentir que somos nosotros los conductores de nuestra existencia y no simples viajeros forzados en un furgón.

Recuerdo el momento en que comencé a meditar como un rayo de luz en medio de mi vida. Cogí las riendas de mi propio interior de una manera revolucionaria, sentándome en silencio y respirando, sintiendo que esto que comenzaba era un regalo que iba cambiando todo.

La meditación es algo más que una practica en moda, mucho mas que una actividad de ocio ligada al consumismo del bienestar. Supone entrar en un camino nuevo que va a ir integrando toda nuestra vida, cada momento, diluyendo las barreras nítidas entre la meditación y la vida.

Las practica de meditación tan de moda hoy en día están relacionadas con el ámbito de otras espiritualidades, sobre todo con las orientales como la budista.  El mindfulnes que hoy practican millones de personas en todo el mundo, que hasta las empresas utilizan para aumentar la productividad de sus empleados creciendo en su bienestar personal, es también una adaptación de las practicas budistas en especial del Vipassana, con influencias como el budismo Zen vietnamita de Tich Nhat Hanh. Se basa en la creación de unos espacios donde pueda surgir la atención plena, focalizando el momento presente sin juzgar, sabiendo qué está sucediendo en tu mente.

Cuando veo la gran cantidad de personas de todo el mundo que van descubriendo las ventajas de la meditación, me sobrecoge pensar que el ámbito de la mayoría de estas prácticas se halla lejos de la espiritualidad cristiana, sobre todo pensando que en occidente la mayoría de las personas han sido educadas y han vivido en familias cristianas. Y este planteamiento sé que tiene como origen el conocimiento que voy adquiriendo cada día de las palabras y enseñanzas de nuestra Santa Teresa.

La plenitud personal se forja al abrirnos a lo Eterno que nos habita. Mas que practicas o rituales lo que nos brinda Jesús es un modo de vida basado en el amor. Y para poder vivir plenamente tenemos que conocernos a nosotros mismos mientras nos sentimos mirados por esa Luz que nos habita. Teresa de Jesús nos abre este camino de la oración de una manera verdadera, sin normas ni procedimientos. La meditación para ella arranca del “conocimiento de si “mirándonos en los ojos de Jesús. Cambiando la existencia a base de momentos de oración consciente, volviendo en silencio al lugar del encuentro que abrió la puerta de todo para saltar de lo meditado a lo contemplado, cuando así ocurre como don.

Frente a las meditaciones budistas, las de Teresa están llenas de presencia y de vida compartida. No es sólo el individuo que sentado se enfrenta al panorama de sus pensamientos, deseos, sensaciones sino que va poco a poco conociendo su interior para poder vivir de manera mas satisfactoria y feliz. La meditación en Teresa está habitada, y transforma la vida en el amor hacia los demás, en el camino de lo que nos dice Jesucristo.

Tenemos por tanto en nuestra Santa una maestra de meditación auténtica, que nos habla desde su experiencia, detallándonos cómo ha sido ese viaje al centro del ser. Una palabra que estamos hoy demandando por tanto estrés y ansiedad con los que vivimos en estos días, que tiene que ver con nuestra espiritualidad, creencias y cultura. No necesitamos buscar en oriente lo que Teresa nos explica en nuestra lengua, aquí en esta tierra en la que ella vivió todo lo que nos cuenta. Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa…Las palabras de Santa Teresa parecen escritas para estos días tan complicados.