En medio de la preparación de la Navidad, justo las horas previas, ha fallecido mi querido amigo Rómulo Cuartas y por momentos sentí que todo se iba esfumando teñido con mi dolor. Ya no había decoraciones, villancicos, belenes que me interesaran, una nube de pena atenazaba el corazón.

Cojo mi citara salterio  a primera hora de la mañana y comienzo a tocar algo que sale de lo profundo y me sorprendo porque es algo asi como un villancico, una música que expresa todo el encanto de la Navidad, la alegría, el amor y la esperanza. A veces estas cosas ocurren, todo se mezcla de una manera profunda, el dolor y el amor, la caída en el sufrimiento y la estrella del portal que parece sacarnos de lo hondo y oscuro.

Recuerdo ahora a mi querido amigo Rómulo con ternura, parece que el Niño que nació ayer en medio de tanta algarabía familiar comienza a ejercer todo su influjo sobre mí, la paz y la naturaleza amorosa que me regala.

Mirando las plantas que con tanto cariño cuido por todos los rincones de casa, siento que entro en el mundo de la verdad, donde habita el Señor que nos ama siempre, y que nos rescata en el dolor. Y me uno aun mas con Rómulo que también adora las plantitas y ver cómo sale cada hoja, los tallos y su floración.

Hace muchos años, a mediados del s. XV, una reina, Ana de Bretaña, pidió a un artista de la miniatura ,Jean de Bourdichon, que pintara y decorara su libro de Horas. Y junto con las maravillosas cincuenta escenas de la Biblia, el Evangelio y la vida de los Santos, le pidió que las decoraciones fueran todas botánicas, mostrando cientos de especies de flores, hojas, frutos, con sus colores y texturas incluso con los insectos y mariposas que suelen vivir entre sus ramas. La escena de la Natividad, en donde hoy me sumerjo, es impresionante, porque sale pintada la noche donde nació Jesús y el Belén se ilumina de manera mágica, mostrando así la noche y el día, toda bordeada de unas preciosas matas de Papaver rojo, con insectos y mariposas. Naturaleza, música, palabra y fe parecen juntarse desde hace siglos en una rueda que continúa hasta hoy, aplastándonos con su belleza y amor.

Todo se junta en Navidad, y este año esta afirmación la vivo de manera mas rotunda. Todo en la verdadera Navidad está lleno de esperanza, una noche llena de dolor que nos atenaza el alma sabemos que se llenará de luz a las pocas horas, y que volverá a girar sobre nuestras vidas, en luces y sombras, alegrías y penas. Una Navidad que  tiene para mi otro color, y está llena de naturaleza y vida, mientras me acuerdo mucho de ti amigo, y sé que juntos estaremos ya para siempre, en cada matita y en cada flor.

Feliz Navidad

Me acuerdo tanto de mi padre…

Llegó la festividad de Todos los Santos y el otoño aún no se había ido. Los arces del jardín, los liquidambar y los viburnos se deshacía en miles de tonalidades bellísimas, en un último adiós al verano,  a las temperaturas cálidas y soleadas, a las meriendas familiares, las risas y los encuentros.

Toda la tristeza y melancolía que envuelve estos días ha quedado este año pintada de estos colores, con el cielo azul como fondo inspirador de todo, lienzo para soñar en un mundo diferente, el que se extiende mas allá de la muerte, uniendo el amor en  hojas que enramadas se pierden en el infinito.

Cuando se fue mi padre creía que el suelo se abría con una fosa y que yo me iba cayendo de dolor. No encontraba asiento mas que en la fe que siento que me sostiene en todos los momentos de mi vida y de la muerte, una cuerda que me rescató de todo. Saber que hay un mundo mas allá, que los colores que veo y que siento como propios de mis ojos y de mi corazón, pertenecen al autor de todo. Un padre eterno que nos abraza a ti y a mi. Y  doy gracias por ti papá , con hojas y flores llenas de amor y de cariño, por haber estado siempre a mi lado.

Me acuerdo de tantas cosas,… las hojas del jardín me consuelan, en un mullido colchón que me habla de la vida compartida y de lo mucho que nos quisimos.

RABINDRANATH TAGORE

Después del parón académico impuesto por la pandemia, retomamos las actividades poéticas en La Casa de la Poesía Juan De la Cruz de la Universidad de la Mística de Ávila. Y lo hacemos dando a conocer uno de los poemarios mas valorados y leídos en todo el mundo,  Gitánjali ( Ofrenda lírica) del gran Rabindranath Tagore, en su traducción directa del bengalí por Manuel Díaz Gárriz. Un poemario por el que Tagore ganó en Premio Nobel de Literatura en 1913. Tagore era un hombre profundamente humanista, poeta, dramaturgo, novelista, pintor, músico, pedagogo y místico.

 

Algunos libros y autores se encuentran durante muchos años, algunos toda la vida, bajo el influjo del tiempo vital en que los hemos leído. Como lectores no somos hoy en día los mismos que cuando éramos jóvenes y niños, lo que podíamos disfrutar y entender es al menos diferente sino completamente alternativo. Esta es la deuda que siento con Tagore, haber dejado mi admiración y lectura aparcada por decenios en las lecturas de mi juventud. Para los jóvenes de los ochenta, Tagore era una referencia, leíamos sus poemas y sobre todo extraíamos bellas frases que nos conmovían por su belleza y las colocábamos en las carpetas del instituto y colgábamos posters con imágenes de naturaleza con sus frases para que decoraran nuestro cuarto.

Este verano debajo de los árboles del parque he comenzado a  releer a Tagore y me ha dado un vuelco el interior. He sentido una enorme gratitud hacia él por mostrarme tantas cosas de la vida y sobre todo del mundo interior tan llenos de belleza y naturaleza, que lejos de estar fuera de nosotros, en su lectura siento que nos abre las puertas de lo hondo. Silencio, gratitud, belleza, música y vida en la simplicidad. Y no he parado de encontrar en muchos matices e imágenes a nuestro Santo Juan de la Cruz.  Y muchas veces he dicho por dentro: si es así Rabindranath, Juan también nos cuenta esto mismo…

Siempre había leído su obra poética en un bello libro azul de la biblioteca de mi  madre, de la editorial Aguilar, en la depurada y poética traducción de Zenobia Camprubí y revisada y enriquecida por Juan Ramón Jimenez, con un prólogo muy documentado de Ortega y Gasset. En él siempre he releído con admiración la parte relativa a la escuela experimental de Tagore, Santiniketan en Bengala occidental, entrando en su filosofía de base , con los alumnos viviendo con su maestro en una comunidad educativa autosuficiente.

Rabindranath fue el menor de los catorce hijos de Debendranath y Sarada, y vivió en una casa que era un centro cultural, donde los hijos se dedicaban a la música, el teatro o la poesía. Así sus hermanos fueron novelistas, músicos, dramaturgos. Era además un lugar imbuido de una honda espiritualidad, ya que su padre era la figura clave de la religión Brahmputra o Sociedad de Dios. Siguiendo al fundador, Roy Rammohun creían que los conocimientos de occidente no podían ser ignorados. Admiraban las tradiciones filosóficas liberales y criticaban de manera rotunda la religión existente en India con sus prácticas y sobre todo por su rígido sistema de castas.

El interés por occidente determinó a los padres a enviar a sus hijos a estudiar a occidente, en concreto Rabindranath estuvo en Brigthon y en el universitario collage de Londres. Pero estuvo sólo un año y volvió a la India sin terminar sus estudios. Entiendo perfectamente que su delicado y meditativo espíritu no pudiera vivir en medio de las rígidas normas inglesas.

Fue cuando después de casarse muy joven, aterrizó como administrador de las propiedades familiares en Shilaihaha ( Banglades) y empezó a sentirse como un poeta, viviendo en una casa barco. La vista que se perdía en la superficie del agua, las ramas en su movimiento aéreo, el suave tintineo de los cascabeles que las jóvenes se colocaban en los pies.

La poesía siempre nace de la contemplación y de estadios de silencio, pudiendo captar los aspectos de la vida que están visibles pero que parecen no ser apreciados en un mundo de prisas y de superficialidad.

Si la traducción de Zenobia es un trabajo muy poético y bello, la reciente traducción directamente del bengalí del padre jesuita Manuel Díaz Gárriz está llena de verdad, experiencia y hondura. Recordemos que fue el propio Rabindranath el que tradujo del bengalí, su lengua materna, al inglés su poema Gitánjali y él no dominaba a fondo la lengua inglesa. Y de esta versión, Zenobia tradujo al castellano en poema. Según cuentan los estudiosos, la traducción de esta obra fue para Zenobia y Juan Ramón como un encuentro poético entre ellos, ya que disfrutaron amorosamente de estar juntos traduciendo las bellas palabras de Tagore. Hasta la llegada de Gitánjali a Europa en 1912, Europa ignoraba culturalmente a Asia.

El padre Díaz Gárriz misionero en la India es el traductor de este poema desde el bengalí. La India tiene 450 idiomas muchos de ellos de minorías y posee además veintidós idiomas oficiales, con mas de 230 millones de hablantes. Es una traducción que me conmueve profundamente porque al ir directamente a la raíz de cada palabra y al dejarla limpia, la devuelve a la verdad que llena de belleza insondable cada verso. La palabra poética es tan bella y potente que sólo en la desnudez de complementos disfrutamos de su esencia y verdad. Esta austeridad bella y rotunda es la que contemplo al leer el Gitánjali en esta traducción. Siento además que el poemario vuelve a ser lo que quería el poeta, una ofrenda a la vida, al amor y al desconocido amante que vive en las sombras de cada planta y cada raíz.

Releer a Tagore es una nueva aventura llena de sentido, mística y verdad.

Tú me has hecho inmortal. Así ha sido de tu agrado./Este vaso mío lo vacías y lo llenas/con vida siempre nueva

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El próximo martes 13 de julio voy a dirigir un taller de meditación con flores en los jardines de la Universidad de la Mística, CITeS que están preciosos , umbríos y refrescantes. Poder coger una flor, una hoja, rama, musgo, … espiga y dejar que sean ellas las que nos vayan contando cosas, supone un gesto lleno de verdad. Como dice Teresa de Jesus, lleno de humildad, al saber un poco mas lo que somos, y cuál es nuestra casa, y nuestro Padre…

Sentirnos unos seres mas sencillos, viviendo por momentos en la naturaleza, dejando que muchas de las cosas por las que pasamos sin darnos cuenta, como la suavidad del envés de una hoja o el tono de una flor, nos ayuden a vernos por dentro y a alabar a la creación que en un pequeño ser se manifiesta tan lleno de belleza y rotundidad.

Creo que es necesario venir con un sólo ingredientes: la capacidad de asombro,… para poder captar la belleza que es efímera y aparece casi siempre al lado de nuestros pies al pasear por jardines tan bellos como estos donde nos vamos a reunir.

Agua, flores y meditaciones que salen del jardín para contarnos muchas cosas que tal vez tenemos un poco olvidadas…

 

Os espero amigos!!! Entrada libre hasta completar aforo. 13 de julio, de 19,30 a 20,30h.

Mi caja de semillas

Leyendo a Elisabeth von Armin, en un delicioso libro lleno de buen humor, amor por los jardines y libertad ante los convencionalismos sociales, en una escritora del s. XIX que parece traspasar el tiempo en su exposición que encaja a la perfección con las lectoras actuales.

Cuando aparece la naturaleza y todo se despierta de repente sentimos que su reloj inmutable, que funciona exactamente desde hace milenios, nos da la seguridad que necesitamos ante el devenir y las preocupaciones de cada día. Mi reloj en estos días está alerta a la floración de un grupo de amigas, que me levanta feliz por las mañanas. De una tarde de migrañas me levantaron el otro día unas flores de Polentillas en el Pinar de Hoyocasero con el color amarillo mas radiante que pueda imaginar. Las praderas llenas de jacintos silvestres y las flores rojizas de los musgos. La vida, me dicen, está para disfrutar de lo que te regalamos en un paseo.

Muchas personas comparten conmigo estos pensamientos sobre la primavera, y la belleza de lo efímero de las flores. Algunas como Elisabeth von Armin, en su conocido libro Abril Encantado comienza su escritura con un anuncio que me parece genial: “ para aquellos que gusten de las glicinias y el sol, se alquila pequeño castillo medieval italiano durante el mes de abril”. La posibilidad de volcar nuestra agenda y mirada hacia la naturaleza que comienza a deshacerse en belleza.

Es verdad que muy pocos pueden como Elisabeth dedicarse sólo a la contemplación de su jardín, ella era baronesa y vivía en un jardín enorme y maravilloso en Pomerania con su marido y sus hijos, rodeada de jardineros y doncellas. Estoy estos días leyendo su libro Elisabeth y su jardín alemán con tanto placer. Esto es algo que solo la lectura te permite, vivir por momentos con ella disfrutando de sus semilleros, de las plantaciones de rosales e hipoemeas, oliendo las lilas que en cientos de arboles llenaban su jardín.

Cuando llegó a la casa de campo de su marido después de cinco años de matrimonio, se dio cuenta de dónde estaba la felicidad. Mas allá de las relaciones sociales, banquetes y viajes de placer, el lujo está en lo natural que se nos regala a cada momento. Cuando percibimos y olemos, entramos en un mágico momento donde sentimos que todo esto nos pertenece como una segunda piel, y que sólo con lo natural nos sentimos felices y en casa. Estas sensaciones nos reconfortan también porque aceleran nuestra memoria, el pasado deja de habitar en la niebla y se hace presente al oler un ramo de muguets o al mirar la cara de un diente de león en un paseo. Memoria que es nuestro legado y que, me digo a mi misma muchas veces, me tiene que servir para vivir en los momentos difíciles y duros que muchas veces atravieso.

Creo que los jardineros tenemos entre nosotros muchas cosas en común. Fundamentalmente somos personas esperanzadas y pacientes, que tenemos en nuestra caja de semillas nuestro tesoro. Tengo siempre ese deseo de conocer qué variedades guardan los otros amigos en sus cajas, y creo que al ver lo que contienen, descubro su verdadera personalidad de una manera muy sutil, su momento emocional y su energía vital.

Para Elisabeth, la escritura y el jardín son espacios libertad, donde sentirnos realmente vivos. Mas allá de nuestro concepto contemporáneo de decoración de zonas verdes, está la palabra jardín que encierra en si ese germen, a modo de semilla de la libertad. Es espacio de libertad, porque cada parterre de flores parece desatar la sensibilidad, dejándonos disfrutar de lo sencillo mas bello que tenemos a nuestro lado. Y es espacio de creación, porque cuando percibimos la belleza tenemos un deseo imparable de contribuir también a agrandarla, cogiendo un puñado de plántulas y una azada para ir colocándolas de manera natural y armónica en el jardín.

Mi caja de semillas este año está llena, y cientos de plantones crecen por aquí, creo que este duro momento de pandemia también me ha empujado a todo esto, con ese intimo pálpito de que agarrada al reloj de la primavera que va pasando, me voy sintiendo cada vez mejor, como en casa.

Leyendo a Elisabeth von Armin en una bella y cuidada edición de la Editorial Lumen, con los fantásticos dibujos de la ilustradora Sara Morante. Una lectura que recomiendo para disfrutar en el jardín.

¿ Si el dolor prepara la paz…

Yo creo que el dolor puede preparar la paz Emily, de una rama seca y atizada por mil vientos helados, nieve y relámpagos se abre una belleza llena de flores tímidas y recién nacidas. De la nevada mas grande de los últimos tiempos, surge a su vez un libro muy bello El herbario y la antología botánica de Emily Dickinson.

Comparto contigo el dolor, la incertidumbre, la tristeza  de cada día que al llenarse de mil colores, pétalos suaves, gotas de rocío, me hiere de una manera dulce y profunda. Siento que el malestar no me deja disfrutar del regalo de la naturaleza en estos días. Lo efímero del tiempo carga sobre mi una gran ansiedad, la posibilidad de que un revolver como en una jugada de la ruleta rusa, lleno de hielos, nieves y ventiscas, acabe con todo y no haya podido tomar posesión de lo que me regalas con tanta delicadeza.

Sentirse amado es algo muy parecido, sientes miedo por no poder atrapar todo lo que el otro te quiere dar. Cerrar los sentidos para atrapar lo recibido supone también encorsetarse en uno mismo y sufrir. Con el paso de los años voy sintiendo que lo que debo hacer es algo muy diferente, abrir siempre las puertas, compartir, para poder dejar todo fluir como tú, Señor de las flores, quieres.

Los días de marzo se suceden llenos de esplendor, cogiendo pequeñas flores, ramitas de prunos en flor, hojas de helechos azules, pensamientos y romero, entre nubarrones y rayos de sol. Me detengo a mirar cómo la luz los transforma al colocarlos en un pequeño florero de cristal al cielo, levitando sobre la mesa, sublimando mi pequeño trabajo de recolección y disposición, a la luz que lo eleva. La vida, me dicen estas pequeñas amigas, va por este camino, el dolor se eleva como luz. La oscuridad nos introduce en  el gimnasio mas bello y duro del universo,  mientras  habitamos en el jardín,  en el prado, la vereda, el pasillo soleado de casa. Habitaciones que a tu luz se hacen eternas, para que pueda ir y toma posesión de ellas. Las flores viven en esa esfera de lo sublime, sólo para mis ojos y mi corazón.

Te entiendo tan profundamente Emily que me impresiono. Lo que se nos da al lado de nuestro día a día en casa, en el jardín, es tan increíblemente bello y está tan lleno de amor, que para evitar el sufrimiento de la pérdida de la belleza, tomaste la decisión de internarte de por vida en casa y me parece un acto de justicia vital.  Lo que nos sucede en nuestra vida sencilla y familiar  no es sólo una pequeña gota de algo que está fuera. No, lo que tenemos a la altura del zapato, esa pequeña flor de trébol, la luz que da en las ventanas, el aire que inunda el jardín, es tan bello como el mar de afuera, el firmamento con su cielo azul. La belleza insondable de una gota de rocío, de una flor del pruno, de una pequeña mata de muscaris a finales del invierno.

Así entiendo tu herbario (1839-1846), y cómo la poesía se pega a él como un rayo de sol a una margarita. Vital, profundo, íntimo, valiente, así es siempre un herbario, momentos de contemplación de lo regalado, vida y amor. Y la necesidad de buscar palabras para expresar tanta belleza, giros, metáforas, imágenes.

Leer a Emily me sobrecoge, la cercanía que siento con una mujer de hace mas de dos siglos, con la que comparto el dolor como una parte bella de lo vivido: la soledad, la contemplación y el amor.

 

Si el dolor prepara la paz

ved los años “ Augustos”

que aguardan a nuestros pies.

 

Si las Primaveras del Invierno emergen

¿puede calcularse

la de la Anémona?

 

Si primero se alza la noche, después el mediodía,

para rodearnos de sol,

-¡qué espectáculo!-

 

!Cuando, desde mil cielos,

sobre nuestros firmes ojos

ardan los mediodías!

traducción de Eva Gallud

Ed. Ya lo dijo Casimiro Parker

 

 

Vivimos días muy complicados. Este nuevo año 2021 comienza tan cargado de problemas como el anterior que nos dejó desconectados y llenos de ansiedad. En medio de tanta incertidumbre buscamos la manera de llenarnos de paz para poder continuar con nuestra vida, para poder sentir que somos nosotros los conductores de nuestra existencia y no simples viajeros forzados en un furgón.

Recuerdo el momento en que comencé a meditar como un rayo de luz en medio de mi vida. Cogí las riendas de mi propio interior de una manera revolucionaria, sentándome en silencio y respirando, sintiendo que esto que comenzaba era un regalo que iba cambiando todo.

La meditación es algo más que una practica en moda, mucho mas que una actividad de ocio ligada al consumismo del bienestar. Supone entrar en un camino nuevo que va a ir integrando toda nuestra vida, cada momento, diluyendo las barreras nítidas entre la meditación y la vida.

Las practica de meditación tan de moda hoy en día están relacionadas con el ámbito de otras espiritualidades, sobre todo con las orientales como la budista.  El mindfulnes que hoy practican millones de personas en todo el mundo, que hasta las empresas utilizan para aumentar la productividad de sus empleados creciendo en su bienestar personal, es también una adaptación de las practicas budistas en especial del Vipassana, con influencias como el budismo Zen vietnamita de Tich Nhat Hanh. Se basa en la creación de unos espacios donde pueda surgir la atención plena, focalizando el momento presente sin juzgar, sabiendo qué está sucediendo en tu mente.

Cuando veo la gran cantidad de personas de todo el mundo que van descubriendo las ventajas de la meditación, me sobrecoge pensar que el ámbito de la mayoría de estas prácticas se halla lejos de la espiritualidad cristiana, sobre todo pensando que en occidente la mayoría de las personas han sido educadas y han vivido en familias cristianas. Y este planteamiento sé que tiene como origen el conocimiento que voy adquiriendo cada día de las palabras y enseñanzas de nuestra Santa Teresa.

La plenitud personal se forja al abrirnos a lo Eterno que nos habita. Mas que practicas o rituales lo que nos brinda Jesús es un modo de vida basado en el amor. Y para poder vivir plenamente tenemos que conocernos a nosotros mismos mientras nos sentimos mirados por esa Luz que nos habita. Teresa de Jesús nos abre este camino de la oración de una manera verdadera, sin normas ni procedimientos. La meditación para ella arranca del “conocimiento de si “mirándonos en los ojos de Jesús. Cambiando la existencia a base de momentos de oración consciente, volviendo en silencio al lugar del encuentro que abrió la puerta de todo para saltar de lo meditado a lo contemplado, cuando así ocurre como don.

Frente a las meditaciones budistas, las de Teresa están llenas de presencia y de vida compartida. No es sólo el individuo que sentado se enfrenta al panorama de sus pensamientos, deseos, sensaciones sino que va poco a poco conociendo su interior para poder vivir de manera mas satisfactoria y feliz. La meditación en Teresa está habitada, y transforma la vida en el amor hacia los demás, en el camino de lo que nos dice Jesucristo.

Tenemos por tanto en nuestra Santa una maestra de meditación auténtica, que nos habla desde su experiencia, detallándonos cómo ha sido ese viaje al centro del ser. Una palabra que estamos hoy demandando por tanto estrés y ansiedad con los que vivimos en estos días, que tiene que ver con nuestra espiritualidad, creencias y cultura. No necesitamos buscar en oriente lo que Teresa nos explica en nuestra lengua, aquí en esta tierra en la que ella vivió todo lo que nos cuenta. Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa…Las palabras de Santa Teresa parecen escritas para estos días tan complicados.

 

 

 

Este año nos está poniendo a prueba. Todas las restricciones que impone la pandemia así como el temor al contagio y el dolor por la perdida de seres queridos parece que son un poso amargo que va cayendo dentro de cada uno.

Las reuniones familiares se quedan muy reducidas, las fiestas sociales desaparecen, las calles parecen mucho mas tristes este año con cientos de negocios cerrados. En palabras de nuestro santo Juan de la Cruz sentimos que atravesamos una noche oscura llena de pesar y ansiedad. Pero si nos acercamos al santo de manera un poco mas cercana, leyendo sus obras y meditando lo que nos dice, la noche no es sinónimo de oscuridad y tristeza absoluta sino es un espacio donde vislumbramos la luz, transformando nuestro corazón. Un periodo de prueba que nos puede transformar si queremos vivir de manera mas sincera con nosotros mismos. Un momento de reflexión en la penumbra que nos reconstruye por dentro.

En Ávila estas navidades están llenas de esos pequeños rastros de la luz que nos pueden ayudar. Y tenemos que hacer una lectura desde la penumbra de estos días, viendo qué somos y cómo nos transformamos para ese renacimiento que supone la navidad.

Estamos en la ciudad mejor para vivir algunas experiencias navideñas únicas, las de la verdadera navidad alejadas de todo el ruido y el consumismo que rodea estas fiestas. La primera y mas sobresaliente es sin duda la propia ciudad amurallada, la decoración navideña mas bella que se pueda imaginar. La vista de una ciudad que en la noche parece elevarse en medio de un cielo azul, tan bella y sorprendente, aunque lleves toda tu vida viviendo entre estas almenas. Nos empeñamos en poner luces en las calles al modo de otras ciudades y tenemos en luz lo que nadie puede tener, una muralla bellísima iluminada.

Tenemos en segundo lugar una historia profunda y riquísima que aparece también en estos días como luces en medio de la oscuridad. Muchos pueblos desde la prehistoria han vivido en este mismo lugar donde ahora estamos tan tristes y desconcertados. Debajo de nuestros pies los yacimientos arqueológicos nos van mostrando sus costumbres y modo de vida, como vivían estos días de navidad que coinciden con el cambio de estaciones en el solsicio de invierno. Tenemos un yacimiento extraordinario en el dolmen de Bernuy Salinero, que nos habla de las gentes que vivieron en esta tierra hace miles de años y que también se conmovían con la oscuridad de estos días y buscaban como hacer para que la luz de la primavera comenzara a iluminar sus vidas. La posibilidad de ver el cielo y estar al atardecer del día 21 de diciembre en el dolmen es un regalo navideño para todos, porque nos habla de esta conexión con nuestras raíces mas remotas, uniéndonos entre nosotros.

La navidad es para todos un momento de renacimiento, un año nuevo siempre aparece como el mejor regalo de estos días. Decoramos nuestras casas y nuestros místicos Juan y Teresa nos hablan de lo que puede pasar en nuestro interior, en nuestro castillo si nos abrimos al misterio que nos envuelve en estos días. Lo exterior desaparece tras la recogida de los adornos y la limpieza de la casa, mientras lo que renace por dentro nos lleva adelante sacándonos del miedo, la ansiedad y la tristeza.

Tenemos por tanto una tercera experiencia navideña única en Ávila, poder leer lentamente a nuestros místicos en el lugar donde ellos vivieron y sintieron tantas cosas que nos explican, en una ciudad que estaba en su retina y en su corazón como en nosotros. Nadie tiene esto, a Teresa y a Juan a su lado en casa esta navidad.

Frente a la pesadumbre que oigo entre mis amigos sobre la situación y la ciudad en estos días, me atrevo a gritar que esto no es así. Hay aquí mas luces navideñas que en ningún otro lugar del mundo, y además son luces que nos hacen revivir anclándonos a nuestro pasado, dentro de una ciudad abrazada por una muralla que, en luces, se eleva. Feliz Navidad.

 

 

 

 

Mientras preparaba el trabajo y los diseños florales para la campaña del día de todos los Santos, una grulla pasó por delante de la pradera. Empezaban a venir en migración otoñal desde mas de 4000 kilómetros a invernar en las orillas de los pantanos y ríos de Extremadura y la zona sur de Ávila.

Siempre he visto a las grullas como un ave que nos dice mucho, su movimiento en el cielo. Parecen escribir con sus negras siluetas. Ya los griegos lo veían así y creían que fue el dios Hermes el que inventó la escritura al contemplar su vuelo sobre el cielo. Nos van contando un mensaje bastante acorde con estos días de finales de octubre que van cabalgando hasta los Santos, cada día mas cortos y oscuros, donde las cosechas se van terminando y el invierno se comienza a vislumbrar.

El tránsito a la otra vida ha sido descrito por las distintas religiones y tradiciones de manera muy diferente, aunque el elemento común de todas es el viaje, el comenzar una nueva existencia que da esperanza en medio de la vida y que aprieta en este mundo el sentido de perfección personal, de bondad y cuidado de los otros.

Recuerdo como uno de los textos que mas me ha impresionado leer en mi vida, el libro de los muertos(1540 a.C./ 60 a.C.) mientras viajaba a bordo de un pequeño barco por el Nilo hace ya bastantes años. Lo que hay que hacer en ese momento del tránsito, lo que hay que ir preparando durante la vida, cómo explicar lo hecho y vivido, está contenido en un libro, que toma la forma de un largo pergamino, de unos 40 metros, con el que se enterraba a los muertos, momificados y con un escarabajo encima del pecho.

Toda la escritura jeroglífica parece como una manada de grullas que, desde su desciframiento, nos va contando muchísimas cosas, que no son sólo interesantes sino bellísimas, palabras llenas de poesía:Oh, vosotros, todos los dioses y todos los espíritus, preparad un camino para mi. Los egipcios creían que el difunto emprendía un viaje subterráneodesde el oeste hacia el este, como Re, el sol, que en su ocaso comienza otra vez a resucitar con la mañana. En su viaje llegaba el difunto a un laberinto, la Sala de la Doble Verdadante un tribunal formado por 42 jueces y presidido por Osiris, y hacía una confesión negativa, en la que iba diciendo todas las malas acciones que no había cometido.

Las grullas avanzan estos días por un cielo muy sombrío, reflejo de tanta pesadumbre, tristeza y ansiedad. Esta pandemia nos está probando a todos de manera salvaje, a nivel personal mostrándonos nuestra fortaleza interior, la capacidad de empatía y amor hacia los demás; a nivel social, reforzando los lazos entre vecinos y compañeros de trabajo para poder salir adelante; a nivel nacional mostrándonos la cara y la capacidad de nuestros gobernantes y también a nivel mundial viendo cómo son nuevamente los países mas pobres los que mas van a sufrir toda esta locura vírica.

Llegará un día en que tengamos que reflexionar sobre nuestra actitud y entrega. Como decía nuestro santo Juan de la Cruz, al final de la vida, nos examinarán en el amor. Entraremos en otro espacio mas allá de la vida donde nuestros seres queridos nos esperan. Esto es lo que recordamos estos días, que el circulo no se cierra con la muerte sino que funciona como un espiral que nos empuja.

El signo que para mi explica este tránsito, es el circulo, como vemos ya en necrópolis tan antiguas como las del interior de la acrópolis de Micenas que excavó Heinrich Schliemann en 1876. Una estela de la tumba V ( 1600/1500 a.C) con círculos que se transforman en espirales sobre el bajorelieve del difunto caballero. Círculos que mueven el cielo como las grullas y que también mueven el camino de cada uno en esta vida, entrando todos en un espiral continuo que no para y nos libra, cuando así lo creemos, de la tristeza.

Por mi trabajo y familia he hecho muchas decoraciones para estas fiestas de los santos, mas allá de la costumbre hay algo mucho mas hondo y bello, la esperanza, el cariño y el amor, que sabemos por la fe que, al estar cerca de Dios en su presencia, son eternos. El momento de dolor y pérdida se irán poco a poco volando como las grullas sobre el cielo, sintiendo cómo la esperanza en nuestro interior funciona como una verdadera espiral de vida que nos une ya para siempre.

 

 

 

 

En estos días del confinamiento por la pandemia del coronavirus me he sentido muy afortunada por tener en casa muchas plantas, por tener un pequeño jardín y una terraza llena de helechos. Toda la rigidez, la dureza de esos momentos se evaporaban en cuestión de segundos cuando me ponía a regar, plantar, hacer esquejes o abonar, cuando miraba sus hojitas, el peludo tallo de un helecho azul, la apertura llorona de las Alocasias, la caída hacia el suelo de las miles de bolitas del Senecio Royelanus.

Estos días he sentido la conexión íntima y profunda del hombre con la naturaleza a través de las plantas, los árboles, las hierbas, las flores. No sólo en el sentido de que una plantita de casa me abre en un momento una conexión con la naturaleza- madre rotunda y profunda, sino me hace ver que no son seres inertes, sino que se comunican entre si, que también lo hacen con nosotros, que no se trasladan de un lugar a otro, pero sí se mueven y mucho cada día, en movimientos que podemos hoy en día ver con las cámaras de video.

Este contacto- comunicación con las plantas requiere por tanto que nos tomemos un tiempo mayor del que normalmente utilizamos para cuidarlas. Con este interlocutor que se mueve tan lentamente, debemos entrar a conectar también en este ritmo distinto, que nos introduce en momentos meditativos. En sesiones de midfulness, y de meditaciones de todo tipo, las plantas son un vehículo potente y que nos acompaña, entrando en este proceso, podremos sumergirnos en esa red de comunicación llena de estados electromagnéticos, a través de la red de las raíces. Y podremos llegar a sentir, como dice el botánico italiano Stefano Mancuso, autor de libros superventas, cómo al entrar en estos estadios de conexión, sentiremos bienestar y serenidad, estando muy quietos y a la vez con un movimiento lento y lleno de naturaleza y bienestar.

Pude disfrutar de una clase on line con Stefano, degustando lentamente todo lo que exponía sobre la “plant revolution”, conociendo de manera empírica por medio de sus ensayos y estudios científicos, lo que ya intuía personalmente desde hace mucho tiempo. En su libro “la Nación de las plantas” reconoce que entre ellas hay una practica de ayuda mutua, cómo se comunican los peligros y cómo la combinación de plantas, sobre todo en espacios acordes botánicamente, crea entre ellas un mayor bienestar que se traduce en un mejor cultivo.

Quien se acerque a la agricultura biodinámica y a sus postulados, intentando comprender cada ecosistema como un lugar vivo y lleno de relaciones entre el suelo, las plantas de distinto tipo, los insectos, los pájaros, el cielo, los ciclos lunares, el agua, los abonos y principios activos para las enfermedades y plagas. Los huertos se llenan de caléndulas, bledos, dientes de león y ortigas, hoteles de insectos aparecen en los bordes de la plantación y se va buscando en la tradición agrícola aquellos métodos de cultivo que no son tan dañinos como los que tiene la agricultura convencional, llena de abonos muy potentes, y miles de litros de pesticidas que van directamente a nuestros platos y que afectan sin duda nuestra salud.

Esta pandemia que sufrimos espero que al menos nos haya dado la posibilidad de replantearnos qué está pasando en el mundo ahora, y porqué sufrimos esta plaga. El coronavirus es un problema muy pequeño comparado con el calentamiento global que nos va a llevar como especie humana a la extinción en unas decadas, o quizás menos. Es algo atroz ver las desforestaciones de los grandes bosques del mundo, la subida de las aguas de los océanos, el recalentamiento de la Antártida que el verano pasado llegó a superar los 19 º . El coronavirus nos ha afectado de manera personal, si no guardas las medidas de confinamiento y prevención, puedes enfermar y morir, y eso al ser personal, ha desatado esta situación de alerta, que los expertos nos dicen que va a seguir durante mas tiempo. Es por tanto una llamada de atención de la naturaleza que nos dice que frenemos un poco, que seamos seres mas sensibles y tranquilos. Los hombres somos la única especie que aniquila el medio natural donde vive.

Las plantas son algo distinto a la decoración, son seres vivos, mascotas vegetales que tenemos en casa y que nos aportan muchas cosas necesarias para nuestro bienestar personal, siendo los seres sencillos que realmente somos, viviendo en la naturaleza. Aumentan nuestra creatividad y productividad, nos ayudan a relajarnos y meditar como forma de terapia diaria para seguir con el ritmo de vida, interactuando con ellas iremos obteniendo como premio el silencio y la serenidad. El silencio amable y lleno de vida de un bosque, una `pradera florida o un roquedo sobre los precipicios sobre el mar. Bosque, vida y pradera entre las plantas de mi casa, en medio del confinamiento y la tristeza.