Hay momentos en los que sientes que el tiempo se detiene. El otro día en el solsticio de verano en Bernuy Salinero, Ávila, en el dolmen del Prado de las Cruces viví una nueva experiencia cuando las palabras poéticas de mi poemario «El dolmen» comenzaron a llenar el espacio acompañadas por los sonidos ancestrales del percusionista Paco Tejero.

La luz se iba poniendo enrojeciendo todo, y volví a sentir la orfandad de la muerte, el desgarro de los ritos que nos abren las puertas del mas allá, sentada sobre mi propia experiencia arqueológica en este lugar, 40 años desde el descubrimiento y la excavación. Un circulo de emoción que se llenaba del polvo que sobre todos parecía ir posándose.

Mi hija Mencía Barroso se iba moviendo lentamente en las piedras del dolmen, representando esa parte humana de todo, el proceso de escritura, de excavación, de oración en éste que es mi dolmen, mi propia vida y experiencia, las creencias que nos abrazan y nos empujan a vivir cada día con un poco más de sosiego.

Las palabras se quedaron por ahí con los sonidos que se iban marchando en fuga. Y vivimos un momento de comunión íntima con estos antepasados nuestros de hace milenios, yendo mas allá de lo que los estudios arqueológicos nos enseñan, entrando de manera decidida en lo que nos hace verdaderamente humanos. Una comunión con todas las personas que estaban allí ese 20 de junio de 2026 sintiendo todo esto, volviendo por momentos a lugares en nuestra prehistoria que parecían salir vivos de las catas de la excavación. Comunión con la arqueóloga Rosa Ruiz Entrecanales que como amiga del alma y compañera de cata arqueológica conoce este lugar tan lleno de energía ancestral desde el momento del descubrimiento y me ha ayudado con su entusiasmo a poner en pie estas palabras delante de un sol que iba rasgándose  en el horizonte.

Mi familia, a la que he dedicado este libro, estaba allí. Todo volvía otra vez y sentí que el dolmen y este momento me brindaban la oportunidad de volver a estar con los seres queridos que se fueron a otros lugares en el mas allá, que se juntaban con tantos hombres y pueblos que lloraron como yo  ahora en su tránsito. El paisaje era también amigo y me cogía de la mano dándome cariño y confianza.

Y cuando al terminar dije con voz fuerte » Ven y vive»… » sobre un lugar llamado muerte, prado y cruz»… sentí que era verdad. Las semillas se lavaban en un agua ritual para hacerlas fértiles y con ellas podemos sentir que cada año los jacintos de otoño vuelven a nacer en medio de una lluvia ácida.

 

A veces las palabras parece que ordenan cosas de mi vida y siento que debo dejarlas todo su poder. Esto está ocurriendo con las que componen el poema «El dolmen» basadas en mi experiencia y emoción en el descubrimiento y excavación del dolmen del Prado de las Cruces de Bernuy Salinero, en Ávila. Y es que cuando terminé de escribir el poema y lo leí todo de un tirón me di cuenta de que tenía que decirse todo así, que era como un Cantar de Gesta de época prehistórica, y me imaginaba a un grupo de personas conmigo sentadas oyendo cómo las palabras, adjetivos, imágenes del poema iba haciéndose vida.

Gracias al Excelentísimo Ayuntamiento de Ávila, y a mi amiga Rosa Ruiz la arqueóloga municipal de Ávila, este sueño se va a convertir en realidad el próximo sábado 20 de junio, a las 20,30h. Podré recitar todo el poema acompañada por la percusión del gran percusionista Paco Tejero de Ambú.

Así podré volver a su verdadero lugar a las palabras poéticas que siento que andan volando ante mi. Para vivir una nueva experiencia de arqueología, poesía, naturaleza  y vida. Viendo cómo se junta todo, y cómo lo percibimos cada uno en nuestro interior.

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A veces siento que la vida te sorprende y que en medio del trabajo cotidiano, lo solitario de la creación poética y artística llegan momentos llenos de emoción.  La concesión del Premio de la Critica de Castilla y León a mi poemario «El dolmen» entra dentro de este paisaje de sorpresa y de alegría que me impulsa a vivir cada día.

La misma emoción que siento al saber que hay lectores al otro lado de mis libros, que van a recorrer los caminos interiores que voy mostrando y se van a ir encontrando consigo mismos. Y cuando pienso en cómo ha volado mi libro  tan lejos, cómo ha sido digno de mención por parte de este jurado de críticos, profesores y expertos en literatura, veo que las palabras, las que están dentro de mis versos, son las que han tomado esta decisión de salir de mi entorno y llegar mas lejos, a otros lectores, a otros lugares mas lejanos.

Son las palabras algo muy poderoso, y tienen desde luego vida propia. Las palabras de la emoción que aún siento al rememorar el descubrimiento y la excavación del dolmen de Bernuy Salinero sintiendo lo mágico del lugar, el paso de aves, ese sitio donde el aire se llena miles de aromas ancestrales y agrios. Y cuando el pasado día 6 de junio recibí este Premio, volví allí a esos momentos, me encontré con mis antepasados de hace milenios, con las creencias que salvan mi existencia de caer en el abismo de la muerte y la desesperanza. Viendo allí a mi familia  y mis amigas del alma en esa preciosa sala del Circulo de Recreo de Valladolid dentro de la Feria del Libro de Valladolid... qué momento viví, mil gracias.

Ahora lo poético de mi vida me empuja a seguir por este sendero de silencio, a seguir indagando en lo mas sutil y delicado de todo lo que vivo, a ir siempre por la vida, en cada paseo y meditación con mi cuaderno rojo, el bolígrafo, la caja de acuarelas, los pinceles y el papel, para no dejar nada por ahí flotando en solitario.  Para que todo sea, como realmente es, parte de mis poemas, para que se basen siempre en la verdad, en ese compromiso ético que me empuja a escribir, a pintar, en definitiva, a vivir.

Quiero dar las gracias de corazón al Instituto  Castellano Leonés de la lengua por este galardón y por apostar por la lengua en este mundo tan complicado en el que vivimos como vehículo de entendimiento, concordia y verdad, al valorar la belleza de esta lengua que nos permite expresarnos con tantos matices en todas sus palabras llenas de una historia que es la nuestra. Y a la Viceconsejera de Cultura de la Junta de Castilla y León Mar Sancho por sus preciosas y atinadas palabras sobre mi poema, donde siento que ha entrado hasta el fondo de todo lo que la cata arqueológica nos regala en la emoción y la vida, creencias y amor.  A Andrés Abajo, director de esta Institución por su trato afable y sincero, y la organización de este Premio tan especial. El regalo de mi  retrato por  gran pintor Angel Luis Iglesias siempre me va a recordar este día y este Premio tan especial. Mil gracias de corazón.

Ha sido un placer compartir el premio ex-aequo con el novelista Benjamin G. Rosado, también abulense y con el que comparto muchas cosas relacionadas con la musica clásica, la literatura y la tierra en la que ambos hemos crecido.

 

 

 

El Instituto Castellano Leonés de la Lengua me convocó el pasado lunes 4 de mayo para grabar un Podcast en el Palacio de la Isla en Burgos, con el otro co-ganador del premio Benjamín S. Rosado. Dentro del  proyecto cultural creado en el Instituto y dirigido  por Simoneta Música.

Es un placer hablar de literatura, de la pasión por escribir, de los procesos creativos, de las dificultades y logros a la hora de la creación, la edición y la venta de los libros. Poder compartir mis experiencias poéticas y vitales, todas las vicisitudes de este oficio poético con otro escritor cuyos puntos de vista y opiniones creaban junto a las mías, un mapa conceptual muy rico y diverso.

Un espacio llamado » ¿Seguimos o no?», que viene a reflejar la cantidad de pensamientos, situaciones, preocupaciones que tenemos los escritores dentro de nosotros cada día. Un titulo que nos impulsó a hablar y a disfrutar.

Hablamos de poesía y novela como dos formas de comunicar todo aquello que nos remueve por dentro y nos hace tomar un boli, un ordenador y comenzar a escribir, pensando siempre, al menos en mi caso, en los lectores que con un poemario mío en sus manos, van a entrar en unos pocos versos, en mi propio mundo interior, poético, vital y artístico.

Mas que para hablar de los libros ganadores del Premio, que creo sinceramente que es mejor dejarlos así intactos para la lectura, este Podcast que dirige Simoneta  Música va por otras vías, entrando en la verdad de la escritura, los bloqueos, las inseguridades, lo difícil y bello de sentarse a escribir. Y poder compartir con Benjamín, Diana Garcia Bartolomé y Alfonso Gutierrez  todo esto, ha sido un verdadero placer y una sorpresa, porque aunque tenemos géneros literarios muy distintos, al hablar la sintonía entre nosotros fue total. Nuestros dos trabajos se centran en todo aquello que va mas allá de la palabra, donde la música es el motor que va engendrando las palabras. Los dos somos grandes aficionados a la música clásica, a cantar en espacios únicos, a vivir en silencio creativo, a buscar la soledad como forma de vivir y crear. Nuestra tierra abulense parecía en todo momento, sin citarla, como el paisaje de lo que íbamos contando.

Como punto final, Diana recitando y Alfonso a la guitarra, nos ofrecieron un regalo precioso en forma de música y palabra, poniendo un fondo musical a nuestras obras. Al oír el comienzo de mi poemario «El dolmen» recitado sobre la melodía de la guitarra sentí una emoción muy grande, tan enorme como mi agradecimiento a todos los que hicisteis posible este encuentro.

Doy las gracias de corazón al Instituto de la Lengua Castellano Leonesa, a su director Andrés Abajo González por esta convocatoria y por la acogida tan amigable en una tarde burgalesa donde la lluvia caía como loca por todas partes, llenándonos de vida y energía. Hasta el arco iris se colgó por un momento de la ventana del precioso Palacio de la Isla.

 

Los libros, los poemarios tienen una peculiaridad muy sorprendente que hace que nos sobrecojan algunas de sus cosas. Es esa vida propia que manifiestan una vez que los editamos y comienzan a moverse por ahí.

Cuando escribí » El dolmen» sentí un motor imparable dentro de mí, una verdadera urgencia poética, sintiendo que todo aquello que  se estaba construyendo en mi interior a base de palabras, versos, ritmo, imágenes, siluetas, tenía que salir porque tenía que ser dicho.   Vivía y aún vivo en un nudo donde se junta mi trabajo como arqueologa en el descubrimiento y excavación de este dolmen abulense hace mas de treinta años, con la emoción que aún hoy en día siento por haber vivido en comunión profunda con aquellos pueblos que enterraban a sus seres queridos y cuyos restos yo tuve en mis manos. Y a través del análisis de lo aparecido en la excavación fui conociéndolos más y más hasta sentir algo que es increíble pero cierto, sentí cercanía.

Las palabras tienen la capacidad de abrir nuestro interior hacia lugares propios, nos hacen habitar en otros sitios, dar la mano a otras personas, emocionarnos con rituales que nos comunican dentro de esa montaña mágica que era el dolmen, con otro mundo. Crean ambiente, música, color y frío. Hacen madejas de comunicación entre nosotros que nos atrapan, la emoción, y que nos protegen del frío que muchas veces sentimos.

Mi trabajo como poeta es dejarlas libres para que hagan su propio mundo, desnudándolas de adjetivos que las amordazan, de todo aquello que envuelve la poesía llevándola al lado de lo ya dicho. Un trabajo en el que uno palabra y ritmo, en un largo poema que va reptando a medida que lo lees, como el camino de aquellos hombres al entrar por el corredor con las ofrendas y los difuntos calcinados. Entrando con las palabras en el corredor de la emoción, en un momento que parece que está fosilizado y vivo en cada uno de nosotros, el sufrimiento ante el tránsito de las personas queridas y la estadía a los pies de un abismo que no sabemos cómo se llama.

Hombres que vivieron en esta misma tierra, que se maravillaron ante la caída del sol entre las encinas, que lloraron y amaron, abrazándose a un dios cruel que los unía, construyendo grandes monumentos con piedras graníticas que se iban convirtiendo en guardianes de su vida en el mas allá que por momento sentían que se abría bajo sus pies.

Y como arqueóloga nunca pude contar estas cosas, los estudios siempre son científicos, y exentos de todo lo que tenga que ver con lo sentido, con la emoción de los que sacamos con nuestras manos restos de seres  de más de cuatro mil años. Pero la excavación tiene un elemento único que es el que  pone verdad a todo, el arqueólogo, su persona que va mas allá de lo mecánico de la extracción, siglado y documentado.  Y todo ese mundo verdadero pero en fuga es al que se dirige la poesía mostrando un todo mas orgánico y verdadero.

Recibir este  XXIII Premio de la Crítica de Castilla y León me emociona profundamente. Vuelvo en mi interior a ese momento de unión con esos hombres y de la mano parece que los llevo a este siglo XXI tan convulso donde  las lecciones que ellos nos aportan son importantes más que para vivir, para sobrevivir con dignidad, conociéndonos un poco más a nosotros mismos. A esos seres sencillo que realmente somos, que disfrutamos con el sol rayando el horizonte y el ruido del agua despeñándose entre las rocas. Hombres de esta tierra castellana que parece que se levantan en mis palabras a recibir este abrazo de los lectores que a ellos se dirigen en cada verso del libro.

Un poema que tiene un ritmo por dentro, que nos invita a viajar en un momento a otro lugar que aunque es prehistórico sentimos que ocurre ahora, así es verdadero  y real  para nosotros. Un poema para leerlo en un lugar abierto, en el campo donde las palabras se sientan bañadas por el aire, y la sombra del vuelo de los pájaros vaya anclando todo para nosotros, en la lectura.

Doy las gracias al Instituto de la Lengua Castellana por este Premio que me da nueva energía para seguir en la senda que la poesía me marca, y a todos los lectores que ya han entrado en este corredor angosto, que han vivido los ritos, el desgarro y el dolor en mis palabras y versos, para entre todos, aportar algo al hoy que parece tan atrapado en los barros, donde lo que fuimos aparece como motor de lo que somos y a donde vamos.

La poesía es una actividad propia de solitarios, donde sientes el silencio, donde te cuesta muchas veces imaginar que hay otras personas contigo en ese momento que se abre como saliendo de cada palabra y verso. Tu vida rompe la expresión en cada palabra. Y cuando un lector entra en tu poesía es como si esa guarida interior se abriera.  Siento esta mañana una sensación de compañía y agradecimiento profundo a este poeta tan admirado, Fermín Herrero, por sus palabras y por este artículo en el ABC cultural en la edición de Castilla y León. Y por sentir que está conmigo en este poemario, en el dolmen. Me ha encantado que me llame Activista poética, porque expresa que para mí la poesía es algo visceral que tengo que decir , que escribo como al dictado de mi propia vida.  Digo lo que tengo que decir, como en una urgencia vital.

Gracias querido y admirado amigo.

 

 

 

ARTE FLORAL EN DIALOGO CON LOS CUADROS DE LA FUNDACION ÁVILA.

Desde que comencé a aprender y a practicar los principios básicos del arte floral con mis maestros que tanto recuerdo, sentí que lo que encierra un arreglo floral es algo más que una idea decorativa. Con él podemos expresarnos y llegamos a los demás de manera directa, por los sentidos, en algo que estos lenguajes artísticos tienen, algo que va más allá de lo que encierran las palabras.

Así que cuando me llamaron para realizar una intervención floral en un acto del Comité Ejecutivo de la Obra Social y Fundaciones de CECA en el impresionante Palacio de los Serrano de Ávila, me dirigí a los fondos pictóricos que atesoran, llenos de grandes obras de maestros intemporales. Fuimos viendo los grandes lienzos buscando un nexo de unión entre ellos con el espíritu del encuentro, el momento que vivimos en nuestra pequeña ciudad de Ávila, el tiempo, la belleza, la amistad, la naturaleza y las flores. Lo intemporal de la expresión hizo que eligiera tres cuadros muy diferentes pero que parecía que estaban en el mismo lugar, por esos lazos misteriosos que unen entre si a las obras de arte.

Con cada uno de ellos iba a empezar un diálogo lleno de flores, hojas, ramas, musgos, materiales que iba eligiendo en cada diseño, usándolos al modo de los pigmentos, dejando que lo sutil de su naturaleza etérea y caduca llenara el momento de otros matices que los cuadros atesorados por si solos no pueden aportarnos.

Elegimos un maravilloso cuadro de Eduardo Chicharro, uno de los grandes pintores en el paso del s. XIX al XX.  Discípulo de Sorolla, fue un pintor costumbrista que nos muestra la España de su época con un montón de matices, un colorido brillante, recogiendo elementos y ropas del momento, mostrándonos escenas llenas de vida. Este cuadro muestra una imagen costumbrista llena de encanto: un momento en el interior de una cocina de la Ávila de hace más de un siglo. Nos habla de lo que somos y sobre lo que construimos nuestra sociedad: la familia, la cocina, los niños. Ese interior que da paz y en el que la memoria descansa de tanto ajetreo diario. Con dos elementos típicos de aquí como son la jarra pintada, el plato de loza, y el gorro de paja que he elegido para el diseño.

Elegí un diseño floral clásico de estilo decorativo vintage, construido sobre una jarra con flores otoñales, aquellas que seguramente había en los huertos y jardines de hace un siglo, claveles en colores otoñales y crisantemos. Trabajado en forma de bodegón, con el gorro de paja y un textil antiguo bordado. Y se destaca las caídas de cintas de colores de lana que van a servir de punto de unión en los distintos arreglos florales. La jarra y el plato son reproducciones del ceramista de Cuevas del Valle, Alberto Illescas, con la misma decoración del cuadro.

El siguiente diálogo me ha llevado al cuadro de José Manuel Proto, que nos sumerge en la modernidad más absoluta, esa que busca en lo esencial y en el minimalismo su expresión y el mejor estilo floral para expresar esto es sin duda el Ikebana japonés, en una adaptación que denominamos en el arte floral occidental estilo formal lineal

He seleccionado unos pocos elementos que se mueven en las tres esferas del individuo, el cielo, el hombre y la tierra.  He elegido unas calas amarillas que se mueven en su tallo esbelto mostrando esta concentración, simplicidad y belleza.  Pocas flores son tan espirituales, ligeras y etéreas. Las calas se dibujan en la mirada sobre unas varas de Eremurus. Estas flores forman líneas amarillas muy poderosas y nos dejan ver la belleza rotunda de esta flor de verano que aporta sensación de asentamiento y fortaleza. Una flor que se conoce también como la Rueca de Cleopatra y que nos une con toda la simbología de la decoración. La silueta amarilla que destaca sobre el fondo negro del cuadro está trabajada en los grupos de lana amarilla en forma de nido, que nos muestran la unión de las flores y la lana.

De los dos cuadros situados uno al lado del otro, con su arte floral al lado expresando su verdadera esencia, aparece un elemento que de los cuadros y de los arreglos se lanza a la decoración de las mesas del banquete. ¡Cómo disfruté el otro día dejando caer de los nidos de lana de tonalidades amarillas melenas de lanas que daban a la decoración una calidez increible! Realmente fue la lana la que arrancó en mi interior las líneas de todo el diseño.

El día siguiente a la cena fue el cuadro de Fernando Sánchez “el Pirata” el que marcó todo el diálogo. El mercado de frutas y verduras de los viernes en el Mercado Chico es un lugar de encuentro para todos los abulenses. No sólo encontramos frutas y verduras frescas sino que seguimos con una práctica que ya hacían nuestros abuelos, y donde tenemos anclado nuestro pasado. Aquellos días de mi niñez con mi madre comprando cajas de tomates para hacer conservas.

Este cuadro del pintor abulense Fernando Sanchez tiene todo este poder evocador, en un ambiente casi de ensueño, con una niebla que lleva todo a un lugar casi místico, donde la lluvia moja el suelo, iluminando todo.

En el diseño de este cuadro del mercado, coloqué un paraguas trabajado con verdes ya un poco otoñales. Y una caja de frutas y flores, uvas, higos y peras, así como plantas de  crossandras, brezos, violas y helechos, para que el cuadro tome vida y nos introduzca en todo su mágico escenario pictórico. Todos estamos en este viernes en la plaza del Chico, comprando, encontrándonos y disfrutando

Realicé un camino de arena verde para seguir las mismas líneas compositivas del cuadro, el camino que más que ser sólo el que nos conduce a la compra cada viernes, es el de la vida que viernes a viernes va pasando, donde dejé algunas frutas que muestran la línea de fuga de la memoria que viene hacia nosotros y se va poco a poco perdiendo.

El arte floral expresa vida y nos adentra en nosotros mismos, lo que somo como producto de lo que hemos vivido, de donde hemos tenido la suerte de vivir. El paso del tiempo, como hojas que llenan de color y belleza el pavimento con sus adoquines ruidosos. Como decía  el gran novelista y poeta japonés Natsume Soseki en este bello haiku  : Cayeron hojas,/ y el viento las encumbra,/ sobre las torres. Hojas de recuerdo, flores que avanzan en nuestro interior.

ESTÁIS EN LA TIERRA Y VESTIDO DE ELLA.

 

Cogimos el coche en dirección a Alba de Tormes. El campo se iba iluminando al paso de las nubes. Sentí que estaba en un mar verde que iba meciéndose al ritmo de la lluvia. Un mar tempestuoso como ese del que nos habla Santa Teresa, nuestra vida y todos los revolcones y aguadillas, problemas, desilusiones, ansiedades, errores que tenemos que ir sorteando. Decía que debemos ir en una nao hecha de fe y experiencia sobre este mar embravecido.

Se fue formando una cola muy larga de náufragos llegados de muchos lugares, que esperábamos para poder ver los restos de Teresa que descansan en el convento de sus hijas carmelitas. La razón de porqué estábamos allí para ver los restos de una santa de hace tantos siglos se explica más en el lenguaje espiritual con el que Teresa nos enseña que con la lógica de una mujer del siglo XXI. Tenemos que ver estas cosas con los ojos del corazón, en palabras de San Pablo.

Llevo un tiempo enfrascada en lecturas y ensayos sobre la espiritualidad del medievo, tan distinta a la nuestra y tan fascinante.  Estoy estudiando el poder de atracción que tenían las reliquias de los santos que empujaban a peregrinar por media Europa a miles de peregrinos de toda clase y condición, caminos como el de Santiago, el del santo sepulcro de Jerusalén o Roma con los restos de San Pedro. Lugares que todavía mantienen la esencia de ese influjo que empuja el caminar. He estado en Paris hace pocos días visitando el Museo de Cluny, lleno de bellos relicarios, para imbuirme de toda esta espiritualidad que consideraba los restos de un santo venerado como motor de un ambiente de sacralidad que caía sobre los peregrinos que allí se acercaban transformando sus vidas. Decía nuestra Santa en su libro  al Señor de su alma: “estáis en la tierra y vestido de ella”. Allí en Alba sentí algo parecido, había algo que parecía recién salido de la boca y del corazón de Teresa, que llamaba a ese gran amor: el Dios de las caballerías que trotaba en su alma.  Estaba en la tierra y se vestía de ella. Una experiencia llena de fuerza y de verdad que nos saca del mar en el que tantas veces nos sumergimos.

Estábamos tantos amigos de Teresa, y sentía que esa cola que guardé durante un rato se iba hacia otros momentos, siglos atrás: el duque de Alba, el nuncio del Papa, obispos, alcaldes, familias, hijas de Teresa, carmelitas.  Sentí que en la cola estaba también junto con mi hermana, mi madre y mi abuela y que mano a mano iba perdiéndose todo hasta llegar muy lejos, siglos atrás, hasta el sepelio de Teresa.

Todo era igual a lo que leí en las crónicas sobre la muerte de Teresa. Recuerdo tantos momentos estudiando en la Universidad de la Mística y hablando de ella en Radio María, mientras me iba sumergiendo más y más en su pensamiento, su obra y su espiritualidad.  Y por momentos todo volvía: allí estaba Teresa increíblemente conservada, y rodeada de la oración de tantos peregrinos, de tantos hijos y amigas.

Teresa, he encontrado siempre tu esencia en tus escritos, allí estás viva y apareces como amiga y maestra de vida. Todo ese mundo lleno de enseñanzas, de amor y amistad se puede sentir estos días en Alba de Tormes, por el cariño y dedicación con que tus hijos y amigos han preparado todo tan brillantemente decorado con flores como a ti te gustaba. Por abrir con el estudio de tus restos, nuevos datos para conocer mejor tu cuerpo y tu existencia, abriendo nuevas páginas en el conocimiento de tu testimonio de vida, tan necesario en este mundo tan difícil en el que vivimos. Un testimonio de amor.

Un mar verde inunda estos días el féretro de Teresa.  Alba es un lugar sagrado, centro de peregrinación  para todos.

 

Estamos viviendo una primavera muy difícil.  La Pascua se llevó al cielo al Papa Francisco en medio de un panorama mundial que tiene la forma de una ola negra que nos asfixia. Catástrofes naturales que arrasan con miles de vidas, personajes que tienen en sus manos el destino de millones de personas que ven el mundo como un gran mercado en el que obtener beneficios, muertes, guerras, intransigencia y dolor.

En medio de todo busco algo que amortigüe tanta presión, algo que lejos de ser sólo un entretenimiento me sirva para buscar la paz y la verdad que sé, porque nuestra Santa nos lo dice, está dentro de nosotros. La costura es una especie de oración que siempre tiene un poder medicinal para miles de personas, cada puntada es algo así como una nueva cuenta de un rosario que amortigua las preocupaciones y nos reconforta el ánimo.

Busqué un tipo de bordado que me ayudara a relajarme y apareció el shasiko un tipo de puntadas, del tamaño de un grano de arroz, que se lleva haciendo en Japón desde hace siglos. Sobre una sencilla tela de algodón de color azul oscuro, los japonenses van cosiendo, puntada a puntada, motivos que parten de una cuadricula, y que tienen su propia simbología como las flores de los cerezos, los movimientos de las olas del mar o de los pájaros en el aire, las puntas de diamante. Un bordado que se hacía para reforzar las telas que eran costosas sobre todo para la población mas pobre del país.  Bordando en las casas, donde hombres y mujeres disfrutan con sus diseños en las épocas de menos trabajo agrícola o pesquero y ahora en los tiempos libres al terminar las jornadas laborales.

Me pregunto porqué volvemos desde occidente la mirada al mundo oriental en particular al japonés y la respuesta creo que está en la búsqueda de la sencillez de lo esencial y su belleza.  Los haikus están entre los poemas mas leídos y admirados por esa ventana de aire fresco que provocan. Belleza, contención y paz, quitando lo superfluo. Algo así ocurre con la práctica floral del Ikebana, representado con pocos elementos la naturaleza desde el suelo hasta las ramas de los árboles que nos introducen en el cielo. Agua, hoja, flor, rama, en un paisaje al tamaño de mi casa, de la mesa del salón. Los bonsáis y todo su mundo lleno de sabiduría en la verdadera esencia de los árboles, en cuyo cuidado sentimos que nos cuidamos también a nosotros.

Las casas las vamos decorando también siguiendo algunos de los postulados japoneses del estilo japandi, buscando espacios relajantes, líneas sencillas y materiales naturales. O la utilización del estilo wabi-sabi que busca la belleza de lo imperfecto, ayudándonos a valorar las cosas incompletas y efímeras que nos rodean, dándolas una nueva oportunidad y haciendo que se vean bellas en nuestro hogar. En la línea del kintsugi, buscando la belleza de aquello que se rompió en pedazos pero que al recomponerlo adquiere una belleza singular.

Entre todos los diseños de shasiko que he podido recopilar en plantillas, me centro en uno que hace la forma de las olas. Uno de los artistas que se cita en relación con este motivo, es Katsushika Hokusai, que vivió entre los siglos XVIII y XIX. Sus grabados como la serie “Treinta y seis vistas del monte Fuji”, han impresionado por su belleza a públicos de todas las partes del mundo. Así el dibujo de una gran ola fue el que eligió el musico Claude Debussy para que acompañara a su obra musical, La mer.

Para posicionarnos en este panorama tan complejo y difícil, el arte y las artesanías como este Shasiko, no son sólo entretenimientos y momentos de evasión. Creo que sacan de nosotros, en medio del sosiego que nos provocan, lo mejor que tenemos, nuestra humanidad. Mirándonos a nosotros mismos, reflexionando con un trozo de tela, podremos apostar por un mundo diferente, lejos de guerras y de violencia, buscando lo bello y sencillo de la humanidad, puntada a puntada. Mientras bordo cada grano de arroz rezo por Francisco dando gracias por todo su legado de humanidad evangélica y amor a los pobres, en medio de una ola negra  al estilo de la de  Hokusai , que llena todo de tristeza y preocupación.

El Homenaje a fray Victorino Terradillos en Arenas de San Pedro.

 

La tarde del 17 de enero de 2025 estaba muy fría en Arenas. Cogimos el coche y cuando entrabamos por el túnel de vegetación que envuelve el Santuario de San Pedro de Alcántara sentí una cierta nostalgia, un sentimiento cálido y triste a la vez, recordando otros momentos en los que iba a este templo a estar un rato a solas con la naturaleza maravillosa que se nos regala, con el Santo Pedro de Alcántara que tan amigo fue de Santa Teresa y a encontrarme con un fraile muy cercano y cordial, el padre Victorino Terradillos.

La fraternidad del Monasterio y los amigos del fray Victorino habían preparado un encuentro muy especial, con la presentación de dos libros dedicados a él, con unas bellas interpretaciones de música que nos ofrecieron las hermanas alcantarinas y con la recitación de versos de Antonio Pascual Pareja.

A los lados del altar había dos grandes carteles presentando el acto y uno de ellos me impresionó mucho porque era una fotografía de Victorino de tamaño real, con ese semblante risueño y lleno de bondad con el que siempre me recibía en esta capilla tan bella.

Todos los que estábamos allí tuvimos cosas que decir de Fraidio, como a él le gustaba poner en sus escritos. Desde el alcalde de Arenas Carlos García que recordaba la simpatía y la dedicación a las artes de Victorino, hasta los dos autores de los libros que a él se dedican: María Victoria Triviño y el fraile Julio Herranz, Guardián del Monasterio. Dos libros interesantísimos porque recogen dos materias que para Victorino eran muy importantes, su trabajo como mistagogo, ayudando y acompañando a tantas personas en el camino de la vida. Y la otra se centra en la figura de San Pedro de Alcántara al que dedicó tantos años y estudios. Todas las investigaciones quedaron recogidas en las actas del Congreso que se celebró en el 2022 y al que nuestro amigo dedicó tanto trabajo y entusiasmo.

Decía la hermana clarisa María Victoria Triviño que había elegido la foto que ilustra el libro con un río de montaña para hablarnos de la figura de Victorino y de cómo sus escritos, que salieron directamente de lo más hondo de su espiritualidad y de su interior son pepitas de oro para todos los que buscamos un sentido a la vida. María Victoria que ya presentó otro libro con los escritos de Victorino justo hace un año: “Fraidio. Semblanzas y escritos”. Son pepitas que hay que buscar y buscar, en ese ejercicio diario que es la meditación y que nos va ayudando tanto en nuestro día a día. Dijo algo que yo siempre he sentido al pensar en Victorino, que es un místico de nuestro tiempo y que su legado está ahí para que podamos hacerlo nuestro al leer sus escritos que son parte de su vida.

El libro que presentó fray Julio Herraez: “La ermita de San Andrés atrio de la gloria”. Las actas del Congreso Nacional en el IV Centenario de su beatificación y patronazgo, es muy interesante y va a ocupar un lugar importante en mi biblioteca porque la figura de San Pedro de Alcántara me interesa muchísimo, su relación con la Santa, sus escritos, su vida y todo está recogido en estudios muy profundos que nos van revelando muchos aspectos de la vida y el pensamiento de este gran santo. Con un bello apéndice final que hizo Victorino recogiendo muchas poesías dedicadas a San Pedro.

¡Qué gusto sientes cuando se hace un homenaje a un amigo! Y qué agradecimiento tan hondo, queridos hermanos de ese Santuario, por este momento.

Ahora en Ávila, leyendo los dos libros estoy de nuevo en ese mágico lugar. Gracias de corazón.