El Instituto Castellano Leonés de la Lengua me convocó el pasado lunes 4 de mayo para grabar un Podcast en el Palacio de la Isla en Burgos, con el otro co-ganador del premio Benjamín S. Rosado. Dentro del  proyecto cultural creado en el Instituto y dirigido  por Simoneta Música.

Es un placer hablar de literatura, de la pasión por escribir, de los procesos creativos, de las dificultades y logros a la hora de la creación, la edición y la venta de los libros. Poder compartir mis experiencias poéticas y vitales, todas las vicisitudes de este oficio poético con otro escritor cuyos puntos de vista y opiniones creaban junto a las mías, un mapa conceptual muy rico y diverso.

Un espacio llamado » ¿Seguimos o no?», que viene a reflejar la cantidad de pensamientos, situaciones, preocupaciones que tenemos los escritores dentro de nosotros cada día. Un titulo que nos impulsó a hablar y a disfrutar.

Hablamos de poesía y novela como dos formas de comunicar todo aquello que nos remueve por dentro y nos hace tomar un boli, un ordenador y comenzar a escribir, pensando siempre, al menos en mi caso, en los lectores que con un poemario mío en sus manos, van a entrar en unos pocos versos, en mi propio mundo interior, poético, vital y artístico.

Mas que para hablar de los libros ganadores del Premio, que creo sinceramente que es mejor dejarlos así intactos para la lectura, este Podcast que dirige Simoneta  Música va por otras vías, entrando en la verdad de la escritura, los bloqueos, las inseguridades, lo difícil y bello de sentarse a escribir. Y poder compartir con Benjamín, Diana Garcia Bartolomé y Alfonso Gutierrez  todo esto, ha sido un verdadero placer y una sorpresa, porque aunque tenemos géneros literarios muy distintos, al hablar la sintonía entre nosotros fue total. Nuestros dos trabajos se centran en todo aquello que va mas allá de la palabra, donde la música es el motor que va engendrando las palabras. Los dos somos grandes aficionados a la música clásica, a cantar en espacios únicos, a vivir en silencio creativo, a buscar la soledad como forma de vivir y crear. Nuestra tierra abulense parecía en todo momento, sin citarla, como el paisaje de lo que íbamos contando.

Como punto final, Diana recitando y Alfonso a la guitarra, nos ofrecieron un regalo precioso en forma de música y palabra, poniendo un fondo musical a nuestras obras. Al oír el comienzo de mi poemario «El dolmen» recitado sobre la melodía de la guitarra sentí una emoción muy grande, tan enorme como mi agradecimiento a todos los que hicisteis posible este encuentro.

Doy las gracias de corazón al Instituto de la Lengua Castellano Leonesa, a su director Andrés Abajo González por esta convocatoria y por la acogida tan amigable en una tarde burgalesa donde la lluvia caía como loca por todas partes, llenándonos de vida y energía. Hasta el arco iris se colgó por un momento de la ventana del precioso Palacio de la Isla.

 

Los libros, los poemarios tienen una peculiaridad muy sorprendente que hace que nos sobrecojan algunas de sus cosas. Es esa vida propia que manifiestan una vez que los editamos y comienzan a moverse por ahí.

Cuando escribí » El dolmen» sentí un motor imparable dentro de mí, una verdadera urgencia poética, sintiendo que todo aquello que  se estaba construyendo en mi interior a base de palabras, versos, ritmo, imágenes, siluetas, tenía que salir porque tenía que ser dicho.   Vivía y aún vivo en un nudo donde se junta mi trabajo como arqueologa en el descubrimiento y excavación de este dolmen abulense hace mas de treinta años, con la emoción que aún hoy en día siento por haber vivido en comunión profunda con aquellos pueblos que enterraban a sus seres queridos y cuyos restos yo tuve en mis manos. Y a través del análisis de lo aparecido en la excavación fui conociéndolos más y más hasta sentir algo que es increíble pero cierto, sentí cercanía.

Las palabras tienen la capacidad de abrir nuestro interior hacia lugares propios, nos hacen habitar en otros sitios, dar la mano a otras personas, emocionarnos con rituales que nos comunican dentro de esa montaña mágica que era el dolmen, con otro mundo. Crean ambiente, música, color y frío. Hacen madejas de comunicación entre nosotros que nos atrapan, la emoción, y que nos protegen del frío que muchas veces sentimos.

Mi trabajo como poeta es dejarlas libres para que hagan su propio mundo, desnudándolas de adjetivos que las amordazan, de todo aquello que envuelve la poesía llevándola al lado de lo ya dicho. Un trabajo en el que uno palabra y ritmo, en un largo poema que va reptando a medida que lo lees, como el camino de aquellos hombres al entrar por el corredor con las ofrendas y los difuntos calcinados. Entrando con las palabras en el corredor de la emoción, en un momento que parece que está fosilizado y vivo en cada uno de nosotros, el sufrimiento ante el tránsito de las personas queridas y la estadía a los pies de un abismo que no sabemos cómo se llama.

Hombres que vivieron en esta misma tierra, que se maravillaron ante la caída del sol entre las encinas, que lloraron y amaron, abrazándose a un dios cruel que los unía, construyendo grandes monumentos con piedras graníticas que se iban convirtiendo en guardianes de su vida en el mas allá que por momento sentían que se abría bajo sus pies.

Y como arqueóloga nunca pude contar estas cosas, los estudios siempre son científicos, y exentos de todo lo que tenga que ver con lo sentido, con la emoción de los que sacamos con nuestras manos restos de seres  de más de cuatro mil años. Pero la excavación tiene un elemento único que es el que  pone verdad a todo, el arqueólogo, su persona que va mas allá de lo mecánico de la extracción, siglado y documentado.  Y todo ese mundo verdadero pero en fuga es al que se dirige la poesía mostrando un todo mas orgánico y verdadero.

Recibir este  XXIII Premio de la Crítica de Castilla y León me emociona profundamente. Vuelvo en mi interior a ese momento de unión con esos hombres y de la mano parece que los llevo a este siglo XXI tan convulso donde  las lecciones que ellos nos aportan son importantes más que para vivir, para sobrevivir con dignidad, conociéndonos un poco más a nosotros mismos. A esos seres sencillo que realmente somos, que disfrutamos con el sol rayando el horizonte y el ruido del agua despeñándose entre las rocas. Hombres de esta tierra castellana que parece que se levantan en mis palabras a recibir este abrazo de los lectores que a ellos se dirigen en cada verso del libro.

Un poema que tiene un ritmo por dentro, que nos invita a viajar en un momento a otro lugar que aunque es prehistórico sentimos que ocurre ahora, así es verdadero  y real  para nosotros. Un poema para leerlo en un lugar abierto, en el campo donde las palabras se sientan bañadas por el aire, y la sombra del vuelo de los pájaros vaya anclando todo para nosotros, en la lectura.

Doy las gracias al Instituto de la Lengua Castellana por este Premio que me da nueva energía para seguir en la senda que la poesía me marca, y a todos los lectores que ya han entrado en este corredor angosto, que han vivido los ritos, el desgarro y el dolor en mis palabras y versos, para entre todos, aportar algo al hoy que parece tan atrapado en los barros, donde lo que fuimos aparece como motor de lo que somos y a donde vamos.

La poesía es una actividad propia de solitarios, donde sientes el silencio, donde te cuesta muchas veces imaginar que hay otras personas contigo en ese momento que se abre como saliendo de cada palabra y verso. Tu vida rompe la expresión en cada palabra. Y cuando un lector entra en tu poesía es como si esa guarida interior se abriera.  Siento esta mañana una sensación de compañía y agradecimiento profundo a este poeta tan admirado, Fermín Herrero, por sus palabras y por este artículo en el ABC cultural en la edición de Castilla y León. Y por sentir que está conmigo en este poemario, en el dolmen. Me ha encantado que me llame Activista poética, porque expresa que para mí la poesía es algo visceral que tengo que decir , que escribo como al dictado de mi propia vida.  Digo lo que tengo que decir, como en una urgencia vital.

Gracias querido y admirado amigo.

 

 

 

Un jardín

 

El próximo viernes 1 de diciembre presento en Ávila mi último poemario Un jardín amado donde descansar y ahora que tengo ya los ejemplares en mis manos vuelvo al momento de la escritura bajo los prunos de la entrada de casa. Eran esos días en que estábamos aún con la resaca del Covid teniendo miedo de nuestra propia sombra si se acercaba un poco más de la cuenta. El verano estaba siendo cruel, con temperaturas tan elevadas que muchos árboles centenarios se murieron, recuerdo unas nogalas majestuosas y cómo se iban secando desde dentro.

Durante los días del confinamiento mis plantas llenaron esas horas lentas llenas de presión y angustia, de buenas vibraciones y de paz. Mi relación con ellas cambió de manera sustancial, pasaron de ser seres bellos que dormitan en las terrazas, el invernadero y el jardín, a ser verdaderas doctoras de mi alma que en estos días estaba mustia y llena de tristeza. Comencé a relacionarme con ellas de manera más cercana, sintiendo por primera vez que también respiran, me acompañan y me ayudan en muchas cosas del día a día.

Abrirnos a lo natural de manera cercana, sintiéndonos un pequeño ser más de los que pueblan un jardín, es una experiencia llena de emoción que recomiendo a todos, y sobre todo cuando pasamos por malos momentos de tristeza por la pérdida de un ser querido, por tener una migraña pertinaz y dura o un estado anímico lleno de nubarrones.

El ser florista y empresaria en el sector de la jardinería me pone en contacto directo con mis clientes y su relación con las plantas, árboles, semillas y bulbos que adquieren. Muchas veces cuando lo único que mueve a la compra es un deseo de decoración de un determinado lugar de sus casas, me entristece un poco ver la cara de la plantita elegida para esa única función, que se llenará de polvo sobre una repisa encima de un radiador. Considerándolas sólo como elementos decorativos y bellos, que desde luego lo son de verdad, nos estamos perdiendo su verdadero valor en nuestras vidas como aliadas y amigas en nuestra casa.

Siento mucha ternura y una verdadera manta de compasión sobre mi cabeza cuando me pongo a cuidarlas, a cortar sus hojitas, a abonarlas y regarlas. Entro en un estadio de relación que me dice seriamente que estas plantas son seres vivos como yo, que son mis mascotas verdes, floridas y bellas. Me siento amada y comprendida, más allá de la contemplación avanzo por lugares mucho más etéreos, me permiten volar sobre los problemas y los dolores, dejando atrás la sombra de tanta ansiedad.

Abrí mi cuaderno rojo, y toda esa sensación de sentirme cobijada comenzó a reflejarse en los versos que iban saliendo lentamente, mientras las sombras de los árboles se iban moviendo como en un baile lento, con el cielo azul como escenario. Unos versos que quieren agradecer a todas mis plantitas la curación de tanto malestar, migrañas y angustias. A unos amigas llenas de hojas que son mis maestras de vida en muchas cosas, aportando sosiego, ternura y bienestar sólo a cambio de unos pocos cuidados, del riego, y del amor.

Descubrí, y ahora quiero compartirlo con todos vosotros mis lectores, que era la poesía la forma de expresar todo este mundo verde que me salva, porque es la expresión de estas plantas, de este jardín que tanto me aporta y donde puedo descansar sintiéndome amada, consolada y en paz. Es la palabra poética la que puede abrir espacios interiores donde encontrarnos con todo este mundo verde y florido, haciéndonos vivir por momentos en el jardín aún en los meses y días más fríos, tristes y duros. Un nuevo poemario que se llena también de mis acuarelas como expresión de los versos, ampliando  junto a ellos la estadía verde y tierna en un jardín amado donde verdaderamente siento que puedo descansar.

 

El canto azul.

El nuevo Club de Amigos de la Casa de la Poesía.

 

Cuando el poeta Carlos Aganzo escribió su poemario Paraíso claustral no podía imaginar que sus palabras iban a encabezar este artículo en el que quiero hablar de poesía, de amistad y de gratitud. No basta con vivir. Es necesario/ esculpir lo vivido. Los versos son así amigo Carlos, viven libres por ahí y a veces se posan en artículos de periódicos.

Hace cinco años se abrió en Ávila un lugar donde esculpir lo vivido, donde oír los cantos azules de los más de treinta poetas que nos han visitado y que han dejado un legado lleno de lirismo y belleza en nuestro corazón, en la Casa de la Poesía Juan de la Cruz. Grandes poetas y amigos que van ensanchando nuestra mirada cotidiana con su persona y obra.

No basta con leer, con escribir. Es obligado vivir según lo escrito, dice Carlos. Realmente si dejamos anclada a una lectura o escritura solitaria toda nuestra actividad literaria y poética, estamos dejando de disfrutar de muchas otras cosas importantes. La cercanía con quien ha escrito los poemas y con quienes como nosotros disfrutan oyendo recitar versos nos reconforta. La lectura y escritura se convierten en un verdadero placer cuando se asientan, en esta red de amistad con autores y lectores.  Momentos que enriquecen no solo el acto de leer o de escribir sino de vivir. Nos empujan por una senda nueva de vida y de creación que nos hace reflexionar sobre lo más hondo de nosotros, sobre la belleza, el arte y la vida.

Reunirnos para dejar a la poesía un lugar, aquel que se abre más allá de las palabras, y que nos amplifica la mirada y nos hace cantar una música sincopada con el latir del mundo. En un mundo tan complejo como el que vivimos, tan lleno de conflictos, violencia e intransigencia, la poesía enriquece a la vida, sacando la esencia de nuestra naturaleza, de nuestra humanidad. Nos ayuda a descubrir este tesoro oculto en nosotros, dejando que obre con toda su fuerza el mágico poder de las palabras escritas que viven en los poemas y transcienden la vida, como estas de Paraíso claustral.

Carlos ha unido en este poemario el jardín oculto al que se retiró un poeta chino del s. IX llamado Sikong con la celda del monje místico Bernardo de Claraval . Un puente que no es algo forzado, una licencia de creación poética, sino que nos habla de esa íntima relación que existe entre la poesía y la mística. Y es en Ávila donde todo esto tiene un verdadero sentido ya que aquí nació y vivió durante muchos años el poeta más sublime de la historia, Juan de la Cruz. Teníamos que abrir su casa en Ávila, teníamos que ir poniendo poco a poco las piedras de esta construcción en un terrero cercano a donde él vivió, en Monasterio de la Encarnación y donde hoy en día vienen cientos de personas de todo el mundo a estudiar sus libros y a encontrase con su persona en la Universidad de la Mística, CITeS.

San Juan fue un poeta que siempre compartía sus escritos con sus amigos, para ellos escribía. Era muy cercano con todos, y muchas veces cogía un papelito y escribía un poema que ponía en el bolsillo de una monja o de un seglar. En uno de estos papeles dibujó el famoso Cristo con esa perspectiva que tanto impresionó a Dalí y que se encuentra en el Museo de la Encarnación. Nos enseña a compartir poesía, a establecer lazos de fraternidad y de amistad, a construir juntos esta casa poética, a reunirnos cada ultimo martes de mes. A crear nuevos lazos entre nosotros como este nuevo Club de Amigos de la Casa de la Poesía: poetas, lectores y amigos que apoyamos esta construcción. Un club que estamos creando y al que os invito, amigos. Así en las normas de la Casa de la Poesía que este club de amigos presenta, se pone a la poesía, la amistad y la gratitud en el centro de todo. Un club desde donde agradecer tanto que se nos brinda en esta Casa de Poesía, dando las gracias a los poetas que vienen a vernos desde tantos lugares, a los que consideramos verdaderamente amigos. La amalgama de la respiración/con la mas pura vibración del aire. Amalgama de palabras, versos, amistad , belleza, sosiego, creación y paz.

 

Tu libro Las hierbas.. me ha supuesto una gratísima sorpresa porque no te conocía como poeta. La edición, con tus elegantes y sencillas ilustraciones, invitan a su lectura, de la que uno no puede salir defraudado.

Me gusta tu lenguaje contenido y preciso, el silencio de naturaleza espiritual que has logrado preservar entre las palabras, elegidas una a una como esas flores con las que edificas tus universos florales. Me atrae la profunda simbología de tus palabras, a la vez sencillas y evocadoras, la elementalidad de esos conceptos, tan próximos a la naturaleza, que se nutren de toda la simbología de los textos sagrados y que, desde su humildad, adquieren toda la trascendencia de lo alto, de lo inaprensible, de lo que permanece al margen de nuestra comprensión.

La luz que abre nuestro entendimiento puede ser la misma que agosta los sembrados y las tierras de Ávila, porque es sobre la vocación del desierto sobre la que se trazan los caminos, inesperadamente fértiles, de la espiritualidad.

Me gusta mucho la valoración que de tu libro hace nuestro común amigo Álvaro Valverde. Es poesía de la compasión y del consuelo, de la amistad y del amor. Una poesía basada, como comenté yo mismo hace unos días (y que también recoge tu cita de Whitman), sobre la imagen, que es sobre la que se ha construido la mejor poesía de todos los tiempos.

Escribir desde la verdad es un riesgo en estos tiempos que corren. Es más, escribir desde la sinceridad y la honradez es sin duda un acto subversivo en medio de tanta impostura literaria. Por eso me alegra descubrir a una poeta que, ahondando en sí misma, y sin renunciar a la herencia de nuestra mejor tradición literaria, ha sido capaz de recoger lo mejor de sí misma.

Enhorabuena, amiga María Ángeles, gracias por hacerme partícipe de tu hospitalidad y de tu rico universo personal, tan próximo al mío.

 

RABINDRANATH TAGORE

Después del parón académico impuesto por la pandemia, retomamos las actividades poéticas en La Casa de la Poesía Juan De la Cruz de la Universidad de la Mística de Ávila. Y lo hacemos dando a conocer uno de los poemarios mas valorados y leídos en todo el mundo,  Gitánjali ( Ofrenda lírica) del gran Rabindranath Tagore, en su traducción directa del bengalí por Manuel Díaz Gárriz. Un poemario por el que Tagore ganó en Premio Nobel de Literatura en 1913. Tagore era un hombre profundamente humanista, poeta, dramaturgo, novelista, pintor, músico, pedagogo y místico.

 

Algunos libros y autores se encuentran durante muchos años, algunos toda la vida, bajo el influjo del tiempo vital en que los hemos leído. Como lectores no somos hoy en día los mismos que cuando éramos jóvenes y niños, lo que podíamos disfrutar y entender es al menos diferente sino completamente alternativo. Esta es la deuda que siento con Tagore, haber dejado mi admiración y lectura aparcada por decenios en las lecturas de mi juventud. Para los jóvenes de los ochenta, Tagore era una referencia, leíamos sus poemas y sobre todo extraíamos bellas frases que nos conmovían por su belleza y las colocábamos en las carpetas del instituto y colgábamos posters con imágenes de naturaleza con sus frases para que decoraran nuestro cuarto.

Este verano debajo de los árboles del parque he comenzado a  releer a Tagore y me ha dado un vuelco el interior. He sentido una enorme gratitud hacia él por mostrarme tantas cosas de la vida y sobre todo del mundo interior tan llenos de belleza y naturaleza, que lejos de estar fuera de nosotros, en su lectura siento que nos abre las puertas de lo hondo. Silencio, gratitud, belleza, música y vida en la simplicidad. Y no he parado de encontrar en muchos matices e imágenes a nuestro Santo Juan de la Cruz.  Y muchas veces he dicho por dentro: si es así Rabindranath, Juan también nos cuenta esto mismo…

Siempre había leído su obra poética en un bello libro azul de la biblioteca de mi  madre, de la editorial Aguilar, en la depurada y poética traducción de Zenobia Camprubí y revisada y enriquecida por Juan Ramón Jimenez, con un prólogo muy documentado de Ortega y Gasset. En él siempre he releído con admiración la parte relativa a la escuela experimental de Tagore, Santiniketan en Bengala occidental, entrando en su filosofía de base , con los alumnos viviendo con su maestro en una comunidad educativa autosuficiente.

Rabindranath fue el menor de los catorce hijos de Debendranath y Sarada, y vivió en una casa que era un centro cultural, donde los hijos se dedicaban a la música, el teatro o la poesía. Así sus hermanos fueron novelistas, músicos, dramaturgos. Era además un lugar imbuido de una honda espiritualidad, ya que su padre era la figura clave de la religión Brahmputra o Sociedad de Dios. Siguiendo al fundador, Roy Rammohun creían que los conocimientos de occidente no podían ser ignorados. Admiraban las tradiciones filosóficas liberales y criticaban de manera rotunda la religión existente en India con sus prácticas y sobre todo por su rígido sistema de castas.

El interés por occidente determinó a los padres a enviar a sus hijos a estudiar a occidente, en concreto Rabindranath estuvo en Brigthon y en el universitario collage de Londres. Pero estuvo sólo un año y volvió a la India sin terminar sus estudios. Entiendo perfectamente que su delicado y meditativo espíritu no pudiera vivir en medio de las rígidas normas inglesas.

Fue cuando después de casarse muy joven, aterrizó como administrador de las propiedades familiares en Shilaihaha ( Banglades) y empezó a sentirse como un poeta, viviendo en una casa barco. La vista que se perdía en la superficie del agua, las ramas en su movimiento aéreo, el suave tintineo de los cascabeles que las jóvenes se colocaban en los pies.

La poesía siempre nace de la contemplación y de estadios de silencio, pudiendo captar los aspectos de la vida que están visibles pero que parecen no ser apreciados en un mundo de prisas y de superficialidad.

Si la traducción de Zenobia es un trabajo muy poético y bello, la reciente traducción directamente del bengalí del padre jesuita Manuel Díaz Gárriz está llena de verdad, experiencia y hondura. Recordemos que fue el propio Rabindranath el que tradujo del bengalí, su lengua materna, al inglés su poema Gitánjali y él no dominaba a fondo la lengua inglesa. Y de esta versión, Zenobia tradujo al castellano en poema. Según cuentan los estudiosos, la traducción de esta obra fue para Zenobia y Juan Ramón como un encuentro poético entre ellos, ya que disfrutaron amorosamente de estar juntos traduciendo las bellas palabras de Tagore. Hasta la llegada de Gitánjali a Europa en 1912, Europa ignoraba culturalmente a Asia.

El padre Díaz Gárriz misionero en la India es el traductor de este poema desde el bengalí. La India tiene 450 idiomas muchos de ellos de minorías y posee además veintidós idiomas oficiales, con mas de 230 millones de hablantes. Es una traducción que me conmueve profundamente porque al ir directamente a la raíz de cada palabra y al dejarla limpia, la devuelve a la verdad que llena de belleza insondable cada verso. La palabra poética es tan bella y potente que sólo en la desnudez de complementos disfrutamos de su esencia y verdad. Esta austeridad bella y rotunda es la que contemplo al leer el Gitánjali en esta traducción. Siento además que el poemario vuelve a ser lo que quería el poeta, una ofrenda a la vida, al amor y al desconocido amante que vive en las sombras de cada planta y cada raíz.

Releer a Tagore es una nueva aventura llena de sentido, mística y verdad.

Tú me has hecho inmortal. Así ha sido de tu agrado./Este vaso mío lo vacías y lo llenas/con vida siempre nueva

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DEJAD DE RESPIRAR Y QUE OS REPIRE LA TIERRA…

En estos casi cuarenta días de confinamiento, siento que los días se han ido posando lentamente sobre los pilares que asientan mi vida. Calma, serenidad, tiempo y espacio para volver a sentir qué es eso que me ayuda a vivir, a ser cómo soy, a levantarme cada día.

Y uno de esos pilares es la lectura, sobre todo la que se hace con calma dejando que cada palabra, capitulo, narración o verso ocupe su lugar.

Una mañana mientras me sentaba un ratito a leer después de todos los trajines domésticos, cogí un libro de la biblioteca como  el que agarra un flotador al saltar de la barca. El mar de abajo donde me lanzaba estaba y aun hoy está muy oscuro, y gigantes olas de preocupación y dolor me invaden . Claudio Rodriguez es siempre para mí un flotador que me saca para arriba y me muestra la luz, lo que está por encima de las palabras. Las suyas siempre me parece que al leerlas van saltando como chispas hasta llegar por encima de casa, del árbol, del cordel de ropa…

Un poeta del que al leer sólo alguno de sus versos, sientes un profundo respeto y admiración porque no se puede decir poéticamente algo mejor…

! Dejad de respirar y que os respire

la tierra, que os incendie en sus pulmones

maravillosos! Mire

quien mire, ¿no verá en las estaciones

un rastro como de aire que se alienta?

Sería natural aquí la mueret.

No se tendría en cuenta

como la luz, como el espacio. !Muerte

con sólo respirar ! Fuer de día

ahora y no me quedaría sin sentido

en estos campos, y respiraría

hondo como estos árboles, sin ruido.

En esta fiesta del libro escojo a Claudio, siempre Claudio.  Así les digo a mis hijas en estos días, siempre Claudio hijas. Volver siempre a Claudio y encontrareis la esencia de la poesía, y toda su luz.

Leyendo a Claudio con el ensayo de Jose Luis Rey » BRUJAS A MEDIODÍA». Anotaciones a la poesía de Claudio Rodriguez. Me siento muy identificada con Jose Luis Rey en muchas cosas, y me encanta que la lectura de los poemas y su análisis la realice un poeta. El ensayo va por otros caminos de significado, de formas expresivas, logros, nuevos caminos, sutiles matices, sombras y resistencias… Gracias José Luis

 

MUJERES OLVIDADAS DE LA HISTORIA

 

Coinciden en estos días mis lecturas, música, poemas, reflexiones y exposiciones de pintura con la obra de grandes mujeres de la historia, muy poco conocidas algunas, otras ocultas en los pliegues del tiempo y la sociedad. Su obra y pensamiento vienen no sólo a mostrar el trabajo de la parte mas oculta de la historia, la de las mujeres, sino nos aportan una nueva manera de contar, de expresar, de vivir y de ser de la humanidad dentro del interior femenino.

Estoy leyendo a la monja carmelita descalza Cecilia del Nacimiento(1570-1646) cuya poesía es tan bella y lirica como la de su padre Juan de la Cruz con el que debió coincidir en su convento de Valladolid, lugar donde algunas monjas hicieron de copistas de las obras del santo, como el Cántico. La poesía tan brillante de la hermana se ha leído durante siglos como la obra del santo o como la de una monja que escribía al estilo o copiando al poeta. Releyéndola en un estudio critico de su poesía, encontramos no a una mera copista, sino a una de las poetas más brillantes de la poesía en español. El próximo martes 26 de noviembre vamos a conocerla y a leer sus poemas en La Casa de la Poesía Juan de la Cruz de la Universidad de la Mística.

La familia de Cecilia era un foco doméstico de humanismo, música especialmente el clavicordio, pintura, caligrafía ya que los Sobrino fueros secretarios de la corte, y grandes lectores entre otros de Luis Vives. Su madre Cecilia Moriles ha sido considerada como una de las mujeres más instruidas de su momento, en lenguas sabias y vivas, en ciencias naturales, filosofía, teología y cosmognía manteniendo conversaciones con Andrés García de Céspedes el matemático- cosmógrafo más brillante del momento.

Este mismo ambiente familiar ilustrado, ha sido el suelo en el que han surgido las dos mujeres pintoras que en esto días muestran su obra en el Museo del Prado, Sofonisba Anguisola( 1535-16259) y Lavinia Fontana(1552-1614). Sus cuadros han sido reconocidos desde el momento de su creación como obras de arte singulares pero su autoría, la mano femenina que los realizó, se fue perdiendo, y al igual que le pasó a Cecilia, se atribuyeron sus obras a varones, reconocidos pintores como Alfonso Sanchez Coello en relación a los cuadros de Sofonisba.

Sofonisba estuvo pintando en la corte española durante 14 años, con retratos admirables del propio rey Felipe II y de sus esposas Isabel de Valois y Ana de Austria. La familia de Sofonisba educaba a sus hijos en igualdad, y sus hijas fueron grandes pintoras de reconocimiento social dedicándose a este trabajo y organizando un taller que se constituyó como en el caso de Lavinia, en el sustento familiar, dando clases a sus pupilos y desarrollando un amplio abanico de temáticas.

Me sorprende con dolor que haya sido muy recientemente a través de investigadoras  del arte  como María Kusche, cuando se haya visto todo esto y haya vuelto la autoría de estas obras de arte a sus auténticas autoras que todavía no figuran en los manuales de texto.

Más allá del tiempo, volando al s. XI me llevan las partituras para citara salterio de otra mujer impresionante, la abadesa alemana, santa y doctora de la iglesia Hildegarda de Bingen(1098,1179) con una obra extraordinaria que abarca pintura, escritos de botánica y medicina natural, astronomía, mística, pensamiento, teología, música. Una mujer adelantada a su tiempo que puso el camino para avanzar a muchas otras, y cuya existencia y obra se está rescatando de la niebla por su absoluta actualidad.

He titulado este articulo con una imagen de otra gran mujer de la historia, Christine Pizan  (1364-1430), veneciana criada en París, amiga de Juana de Arco que al enviudar desarrollo una obra de literatura para poder subsistir, con libros que hoy leemos con admiración por la defensa de la mujer y su lugar en la sociedad. Creadora de la organización Querella de las Mujerespara defender los derechos y que estuvo en marcha hasta el s. XVIII. En su obraCiudad de las Mujeres(1405) hablaba de este nuevo descubrimiento de la sociedad, el papel de las mujeres, en un proceso de sacar lo oculto, y dejar que se pueda saborear todo lo que nos muestran y dan el verdadero gusto de la humanidad en su totalidad, “como quien va mondado una fruta”.

 

 

 

El día 5 de septiembre desarrollamos en Ávila un recital poético musical muy especial. Una actividad dentro del Congreso mundial Sanjuanista «Cántico Espiritual».

La noche del Cántico, la de Juan, se juntaron con la de Ávila estrellada, allí en  un lugar al lado de la muralla, Castillo del interior.

Ya tenemos el Youtube del Recital del Cántico y lo compartimos con todos nuestros amigos. Se retransmitió en directo a mas de 18 países.

Un acto que comenzó juntando a todos los poetas que tenemos a Juan de la Cruz como guía y fuente de inspiración, a los poetas de la Casa de la Poesía y a los Juglares de Fontiveros, en un sencillo momento con musgos, menta y tomillos entre nosotros.
Fue emocionante leer entre todos estos versos tan sublimes del Cántico, la música de fondo, y poder poéticamente dialogar con Juan de la Cruz.
Un grupo de amigos, de poetas tanto de la Casa de la Poesía como de los Juglares de Fontiveros, en el CITeS que es la casa de Juan, donde viven sus hijos e hijas y todos los que siguen su legado de amor y luz.


Damos mil gracias a todos los que hicisteis posible este momento, los poetas, los músicos, amigos, colaboradores…. A los que con vuestra presencia nos acompañasteis en la lectura y que erais la parte esencial de ese momento, compartiendo poesía y vida.
Gracias Fernando Campillo y María Tellechea por esa música tan llena de emoción y belleza.
Gracias a Milagros Quintela, Danilo Ayala, Juan del Santo, Julio Collado, Esther Bueno, Jose María Muñoz Quirós, Asunción Escribano, María Ángeles Perez Lopez, José Pulido, Carlos de Gredos, Alfredo Perez  Alencart, Miguel Angel Mesa Bouzas, Clara Janés, Ilia Galán.
Gracias al p. Javier Sancho y toda la Comunidad de Cites por hacerlo posible, siempre con tanto cariño.
Mil gracias a Todos!!!
Congreso Mundial Sanjuanista que se desarrolla en la universidad de la Mística, CITeS de Ávila, la Casa de la Poesía Juan de la Cruz ha desarrollado un recital poético con música en directo.