ARTE FLORAL EN DIALOGO CON LOS CUADROS DE LA FUNDACION ÁVILA.

Desde que comencé a aprender y a practicar los principios básicos del arte floral con mis maestros que tanto recuerdo, sentí que lo que encierra un arreglo floral es algo más que una idea decorativa. Con él podemos expresarnos y llegamos a los demás de manera directa, por los sentidos, en algo que estos lenguajes artísticos tienen, algo que va más allá de lo que encierran las palabras.

Así que cuando me llamaron para realizar una intervención floral en un acto del Comité Ejecutivo de la Obra Social y Fundaciones de CECA en el impresionante Palacio de los Serrano de Ávila, me dirigí a los fondos pictóricos que atesoran, llenos de grandes obras de maestros intemporales. Fuimos viendo los grandes lienzos buscando un nexo de unión entre ellos con el espíritu del encuentro, el momento que vivimos en nuestra pequeña ciudad de Ávila, el tiempo, la belleza, la amistad, la naturaleza y las flores. Lo intemporal de la expresión hizo que eligiera tres cuadros muy diferentes pero que parecía que estaban en el mismo lugar, por esos lazos misteriosos que unen entre si a las obras de arte.

Con cada uno de ellos iba a empezar un diálogo lleno de flores, hojas, ramas, musgos, materiales que iba eligiendo en cada diseño, usándolos al modo de los pigmentos, dejando que lo sutil de su naturaleza etérea y caduca llenara el momento de otros matices que los cuadros atesorados por si solos no pueden aportarnos.

Elegimos un maravilloso cuadro de Eduardo Chicharro, uno de los grandes pintores en el paso del s. XIX al XX.  Discípulo de Sorolla, fue un pintor costumbrista que nos muestra la España de su época con un montón de matices, un colorido brillante, recogiendo elementos y ropas del momento, mostrándonos escenas llenas de vida. Este cuadro muestra una imagen costumbrista llena de encanto: un momento en el interior de una cocina de la Ávila de hace más de un siglo. Nos habla de lo que somos y sobre lo que construimos nuestra sociedad: la familia, la cocina, los niños. Ese interior que da paz y en el que la memoria descansa de tanto ajetreo diario. Con dos elementos típicos de aquí como son la jarra pintada, el plato de loza, y el gorro de paja que he elegido para el diseño.

Elegí un diseño floral clásico de estilo decorativo vintage, construido sobre una jarra con flores otoñales, aquellas que seguramente había en los huertos y jardines de hace un siglo, claveles en colores otoñales y crisantemos. Trabajado en forma de bodegón, con el gorro de paja y un textil antiguo bordado. Y se destaca las caídas de cintas de colores de lana que van a servir de punto de unión en los distintos arreglos florales. La jarra y el plato son reproducciones del ceramista de Cuevas del Valle, Alberto Illescas, con la misma decoración del cuadro.

El siguiente diálogo me ha llevado al cuadro de José Manuel Proto, que nos sumerge en la modernidad más absoluta, esa que busca en lo esencial y en el minimalismo su expresión y el mejor estilo floral para expresar esto es sin duda el Ikebana japonés, en una adaptación que denominamos en el arte floral occidental estilo formal lineal

He seleccionado unos pocos elementos que se mueven en las tres esferas del individuo, el cielo, el hombre y la tierra.  He elegido unas calas amarillas que se mueven en su tallo esbelto mostrando esta concentración, simplicidad y belleza.  Pocas flores son tan espirituales, ligeras y etéreas. Las calas se dibujan en la mirada sobre unas varas de Eremurus. Estas flores forman líneas amarillas muy poderosas y nos dejan ver la belleza rotunda de esta flor de verano que aporta sensación de asentamiento y fortaleza. Una flor que se conoce también como la Rueca de Cleopatra y que nos une con toda la simbología de la decoración. La silueta amarilla que destaca sobre el fondo negro del cuadro está trabajada en los grupos de lana amarilla en forma de nido, que nos muestran la unión de las flores y la lana.

De los dos cuadros situados uno al lado del otro, con su arte floral al lado expresando su verdadera esencia, aparece un elemento que de los cuadros y de los arreglos se lanza a la decoración de las mesas del banquete. ¡Cómo disfruté el otro día dejando caer de los nidos de lana de tonalidades amarillas melenas de lanas que daban a la decoración una calidez increible! Realmente fue la lana la que arrancó en mi interior las líneas de todo el diseño.

El día siguiente a la cena fue el cuadro de Fernando Sánchez “el Pirata” el que marcó todo el diálogo. El mercado de frutas y verduras de los viernes en el Mercado Chico es un lugar de encuentro para todos los abulenses. No sólo encontramos frutas y verduras frescas sino que seguimos con una práctica que ya hacían nuestros abuelos, y donde tenemos anclado nuestro pasado. Aquellos días de mi niñez con mi madre comprando cajas de tomates para hacer conservas.

Este cuadro del pintor abulense Fernando Sanchez tiene todo este poder evocador, en un ambiente casi de ensueño, con una niebla que lleva todo a un lugar casi místico, donde la lluvia moja el suelo, iluminando todo.

En el diseño de este cuadro del mercado, coloqué un paraguas trabajado con verdes ya un poco otoñales. Y una caja de frutas y flores, uvas, higos y peras, así como plantas de  crossandras, brezos, violas y helechos, para que el cuadro tome vida y nos introduzca en todo su mágico escenario pictórico. Todos estamos en este viernes en la plaza del Chico, comprando, encontrándonos y disfrutando

Realicé un camino de arena verde para seguir las mismas líneas compositivas del cuadro, el camino que más que ser sólo el que nos conduce a la compra cada viernes, es el de la vida que viernes a viernes va pasando, donde dejé algunas frutas que muestran la línea de fuga de la memoria que viene hacia nosotros y se va poco a poco perdiendo.

El arte floral expresa vida y nos adentra en nosotros mismos, lo que somo como producto de lo que hemos vivido, de donde hemos tenido la suerte de vivir. El paso del tiempo, como hojas que llenan de color y belleza el pavimento con sus adoquines ruidosos. Como decía  el gran novelista y poeta japonés Natsume Soseki en este bello haiku  : Cayeron hojas,/ y el viento las encumbra,/ sobre las torres. Hojas de recuerdo, flores que avanzan en nuestro interior.

ALTA COSTURA EN EL MUSEO DEL LOUVRE.

Pájaros posándose entre las cuerdas y los campanarios.

Hasta el próximo 24 de agosto podemos disfrutar de una exposición espectacular en el Museo parisino del Louvre. Mas de sesenta piezas de moda de los grandes diseñadores de alta costura han llenado las salas con todo su encanto y belleza. Piezas que dialogan con las obras expuestas mostrando su inspiración en el Arte Clásico desde la Antigüedad Romana y Bizantina hasta el s.XIX. Un dialogo sorprendente, novedoso y profundamente poético.

El comisario de la exposición Oliver Gabet, director del departamento de Artes Decorativas del Museo es experto en este tipo de actuaciones novedosas que empujan a miles de visitante a ir, a volver a los museos despertando no sólo el interés sino la creatividad, llenando de vida todo.  Oliver consiguió más de once millones de visitantes en el nuevo Museo del Louvre de Abu- Dhabi.

Las piezas de alta costura invaden las salas, posándose como mariposas sobre los cuadros, las esculturas, lámparas y alfombras. Así recuerdo el maravilloso vestido de Iris Van Herpen inspirado en un pájaro mágico llenando de belleza los aposentos de Napoleón III. Me venían a la memoria los versos de Rimbaud en sus Iluminaciones.“ En el bosque hay un pájaro. Su canto os detiene y os hace envejecer…”

 En los elegantes salones aparecen las creaciones como posándose, así podemos ver el vestido inspirado en los miriñaques del japones Yohji Yamamoto. Con unos círculos que salen del vestido llenando de movimiento el espacio.

La inspiración en la Edad Media es un referente para todos los creadores y artistas, la limpieza de líneas y la rotundidad de su aspecto encaja a la perfección con el gusto contemporáneo. Así los tapices de la Dama del Unicornio del Museo de Cluny sirvieron a la diseñadora María Grazia Chiuri para hacer un vestido tan sobrio como elegante y sofisticado trabajando para Christian Dior.

Otros tapices también han desarrollado la creatividad, como el de La caza del Archiduque Maximilian tejido en Flandes a finales del s. XV con un jinete central que es nuestro emperador Carlos V.  Este tapiz inspiró al japonés Jun Takahashi  diseñador y director de Under Cover : juntando la Antigüedad Renacentista con su postulado estético cercano al punk, creando unos pantalones bombachos, los greguescos, con un aspecto de papel.

También los suelos de mármol con los motivos ajedrezados de los palacios y las Iglesias Renacentistas Italianas han inspirado algunos vestidos espectaculares como el que creó Silvia Venturini Fendi para Karl Lagerfeld.

En medio de una vitrina del museo, mezclado con calices y relojes de bronce, oro y plata aparece un corsé de Thierry Mugler, y en el relicario de la Santa Cruz bizantina se inspiró Gianni Versace para diseñar un vestido fantástico que se pega al cuerpo con todo su oro de matiz antiguo.

Tanto está gustando esta muestra que el propio comisario Gabet ha tenido que explicar que estos trajes tan bellos por más que sean verdaderas obras de arte no pueden formar parte del Louvre de manera permanente. Y es que al ver la muestra quedas fascinado, así quedé yo al ver el vestido de Dolce & Gabana inspirado en los mosaicos de la Catedral Siciliana de Montreale que tuve la suerte de visitar hace unos años, con sus colores ocres y rojos cardenal.

También me ha encantado el diseño del jovencísimo diseñador francés Charles de Vilmorin : un vestido blanco marfil drapeado que recuerda la luz que podemos ver pegada a los marfiles que se ven en la sala donde se expone, como el del Descendimiento de la Cruz.

Una exposición fantástica donde disfrutar de las obras de arte de belleza intemporal del Louvre, donde recrearnos con la creatividad de las casas de moda de alta costura. Como bellas mariposas o pájaros los diseños llenan de vida el museo, volando, entablando un diálogo profundo con un pasado inspirador y lleno de belleza. Tendiendo puentes entre las artes y entre nosotros los visitantes, mientras recuerdo nuevamente a Rimbaud: He tendido unas cuerdas de campanario a campanario: guirnaldas de ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a estrella, y bailo.

 Este verano me he sumergido en el mundo de las lanas, los vellones, las ruecas y los husos. Ha sido como volver a los orígenes, en un viaje a la Edad Media, al sentir entre mis manos ese regalo que las ovejas nos dejan, la lana. Todo empezó cuando mi hijo S. Zoilo, vitivinicultor en la Sierra de Gredos, comenzó a usar los vellones de las ovejas que pastan en nuestros viñedos para tapar las raíces y el tronco de sus viñas, para protegerlas de las inclemencias del tiempo, calores sofocantes y fríos extremos, así como para ayudar a prevenir plagas e infecciones. Cuando vi todos esos vellones bajo las viñas, tuve el deseo de tocarlos, de trabajar con ellos, de conocerlos. Me parece increible que un producto tan especial que ha sido el emblema y la riqueza de Castilla durante buena parte de su historia ahora no se utilice. En los pocos talleres españoles de mantas y otros objetos como en Grazalema, hechos de lana virgen, se traen los vellones de Australia y de otros países, sin aprovechar lo que nuestros rebaños nos dan.

La producción de la lana en nuestro país fue muy importante hasta los años ochenta cuando la lana sintética que es mucho más económica, se impuso en el mercado. Hoy en día sólo el uno por ciento de la producción mundial de fibras textiles se desarrolla a partir de la lana virgen.

Comencé a darme cuenta de la naturaleza de todos los objetos de lana que tengo, jerséis, bufandas, mantas y que, aunque pensaba que eran de lana, realmente están hechos de plásticos. Con eso me visto y me caliento, y ver esos vellones tan poco valorados me produce una pena enorme.

Me llevé a casa un vellón, y siguiendo videos de mujeres de pueblos perdidos en la montaña que aún usan la lana de sus rebaños, comencé a lavar, escarmenar, cardar, hilar… a hacer todo lo que se necesita para que podamos obtener de los vellones unos ovillos para poder tejer calcetines, chaquetas o bufandas. La experiencia con el vellón fue preciosa, sentí una conexión profunda con una parte antigua de mí que no conocía. Entendí el valor de la lana y lo increible que es trabajar con ella.

Los días pasaban en Mombeltrán este verano, y poco a poco iba entendiendo el proceso hasta conseguir manejar los husos y tener unas rudimentarias madejas con las que comenzar a tejer. Y cual fue mi sorpresa cuando en Cuevas del Valle se realizó un taller para enseñar todo este trabajo que yo estaba haciendo. Un grupo de personas estábamos allí, en la Calle Real, en un pequeño local, creando vínculos entre nosotros, animándonos a seguir en esto. Algunas personas comenzaron a quedar para ir a los ríos a lavar los vellones, a teñir la lana con tintes naturales de plantas y otros elementos que la naturaleza nos regala. Todo un movimiento que nos lleva a valorar la lana y que nos permite tener entre nuestras manos hilos de calidad que aporten a nuestra vida diaria calor, ternura y suavidad. Protegiéndonos de la humedad, en jerséis, mantas y calcetines que durarán en nuestros cajones años.

Ahora quiero conseguir una rueca y poder pasar las tardes de los días de descanso, hilando y consiguiendo ovillos con los que poder hacer mil prendas que se me ocurren. Volver a una actividad que ha sido siempre coto de las mujeres, donde se reunían muchas veces a hablar y a pasar las tardes tan entretenidas. Voy en un momento a la celda de nuestra Santa Teresa, y a su rueca que siempre estaba cerca de ella. Mientras hablaba con sus amigas estaba seguramente con esa sensación placentera que tengo entre mis manos cuando estoy hilando, con ese olor a oveja dulce y agrio que me envuelve en el tiempo, y que me reconforta en medio de un panorama mundial lleno de tragedias naturales, guerras, intransigencia y dolor. Huyendo por momentos del mundanal ruido.

Hasta hace poco no sabíamos que unos frutos parecidos a los limones pero mucho más grandes y olorosos que nacen en la finca al sur de Gredos, eran cidras. Una fruta apreciada desde la Antigüedad por su aroma y que también se ha usado como medicina y alimento.

Estábamos admirando la caja de cidras cuando una noticia se cruzó en la cocina de casa: hay una nueva exposición del Museo del Prado con el único bodegón que pintó Zurbarán y que se encuentra cedido por el Nortor Simon Museum, de Pasadena, California.

El cuadro con las cidras que podemos visitar en el Museo hasta el 30 de junio está provocando en los visitantes una sensación parecida a la de los otros cuadros del pintor extremeño: admiración y silencio. Su lenguaje pictórico a base de luces y sombras sobre fondo negro, levanta la imagen dando a todo un aspecto que se sale de lo cotidiano. Siento que la respiración se para un rato en medio de las figuras.

Zurbarán pintó este bodegón con cidras, azahar, naranjas y una rosa, a los 35 años mientras estaba ya enfrascado en la realización de sus grandes obras sevillanas para el convento dominico de San Pablo, con su famoso Crucificado y las del convento de Santo Tomás donde está la Apoteosis de Santo Tomás de Aquino.

Según Javier Portús, jefe del Departamento de Conservación de Pintura Española del Prado, el descubrimiento de este cuadro de Zurbarán ha dado un nuevo matiz a la lectura de su obra repleta de figuras de frailes y devotos. Nuevamente se acerca a lo divino y sacro mediante el trabajo minucioso, en este caso en las frutas que parecen salirse de la realidad destacándose de un fondo negro.

Al mirar el cuadro detenidamente podemos admirar la limpia distribución de los materiales, las cidras, las naranjas en la cesta con la rama de azahar, la rosa. Los sitúa en una línea compositiva con cadencia para que el espectador pueda admirar cada una de ellas de manera individual. Siete años antes de realizar este bodegón, pintó el cuadro conocido como “Curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleans” y allí también dibujó una taza con agua y una rosa que tiene similitudes con este bodegón que admiramos en Madrid.

Esa distribución de las figuras de las frutas, la iluminación tan depurada sobre la negritud del fondo nos da pie a tener sensaciones íntimas que transcienden, envolviendo todo el conjunto en una esfera de naturaleza mística.

El empresario y filántropo norteamericano, Norton Simon, adquirió el cuadro en 1970 para regalárselo a su esposa, la estrella de Hollywood Jennifer Jones, conocida por su participación en la pelicular “Duelo al sol”.

El zumo de las cidras, así como de naranjas y limones junto con el agua del azahar, fue durante siglos un remedio natural para combatir algunos síntomas como la eliminación de gases, para el insomnio, relajar músculos y purificar el hígado. Recuerdo a nuestra Santa Teresa y cómo recomendaba a sus monjas este remedio, como nos muestran sus cartas, en especial las que envió a la hermana María de San José en 1577 cuando estaba en Sevilla.

Poder centrar la mirada en lo que nos rodea y contemplar su belleza única, es algo que debemos hacer, tal y como Zurbarán nos muestra.  En este sentido apuntan algunos artistas a lo largo de los siglos, estoy pensando en los bodegones de Antonio López, con sus membrillos, elegidos de manera cuidadosa y pintados de forma magistral para recoger toda su belleza, esa luz que aparece en su cuadro, “Sol del membrillo”.

La pila de la cocina se llena de cidras y mientras las coloco con detenimiento, un bodegón parece levantarse frente a la luz del jardín, y un fondo negro que emerge en mi interior hace que sólo vea la sutil belleza que las constituye y puedo sentir que el sol de Las Cinco Villas aún está impregnado en su rugosa y olorosa piel. Arte con mayúsculas entre mis manos,  oloroso y ácido, aquí en Ávila.

Corría el s. XII galopando en medio del medievo, en una época donde las mujeres estaban sometidas a un régimen de vida muy rígido que también oprimía a los varones.  Allí en un lugar en medio de viñedos, con el rio Rhin corriendo en la llanura, vivió una mujer excepcional. Me estoy refiriendo a Hildegarda de Bingen que edificó sus fundaciones alrededor del Rhin, un lugar donde tuve la suerte de estar hace unos pocos días.

Hildegarda se sale de todos los moldes que en aquella época oprimían a las mujeres, su voz comenzó a levantarse como un amanecer imparable sobre los cerros, rojo y vibrante en medio del gris del firmamento medieval. Sus monjas benedictinas, las que viven según su pensamiento en la Abadía de Eibingen ,  fundado en 1165 cerca de Maguncia, mantienen su legado para todos nosotros, su carisma y belleza. Poder oír cómo cantan las Horas siguiendo las composiciones musicales que Hildegarda nos dejó, nos transportan a otros momentos, algo que la música gregoriana provoca de manera inmediata en nuestro interior, afianzando la paz, el sosiego y la armonía.

Hildegarda no sólo era una monja mística, a la que incluso el Papa Eugenio III y el arzobispo de Maguncia Enrique, creyeron en sus visiones, abaladas por San Bernardo de Claraval, sino que era médica, física, naturalista, escritora, iluminadora. La única mujer de su época que pudo hacer algo que sólo podían  desarrollar los varones, predicar libremente, mientras recorría en barco el Rhin o cabalgaba a lomos de su asno.

Sus libros, recogidos en Códices, recorren muchas disciplinas, tanto de pensamiento como de religión, música, remedios médicos, piedras que sanan, la cosmogonía, los animales, …. En todos ellos aparece su figura dentro de un ideal que muchos años después se llamará humanismo.

Creó Hildegarda hasta un alfabeto  lingua ignota, donde se inventó más de mil palabras y también diseñó nuevas grafías para los sonidos, creando un nuevo idioma cuyo sentido aun hoy en día se discute pero que tiene la apariencia de ser un tipo de lengua de naturaleza mística, para la comunicación dentro de la experiencia de Dios que movió toda su vida.

Los días estaban frescos y lluviosos, y pudimos tomar una infusión con una de sus famosas galletas de espelta de la alegría y de la inteligencia, mientras veíamos cómo las monjas atendían los viñedos desplazándose en bici por los caminos, cantaban y acogían a todos los peregrinos que por allí aparecíamos. El espacio natural donde viven las personas que admiramos y conocemos a través de sus libros, es realmente importante para poder llegar a vislumbrar su interior de manera más profunda. Igual que hay que venir a Ávila para llegar al corazón de Teresa de Jesús, en Eibingen podemos vivir por momentos en el mundo de otra santa, doctora de la iglesia como nuestra paisana. Fue investida doctora junto con San Juan de Ávila por el Papa Benedicto XVI en 2012.

Con sus palabras recogidas en los libros que podemos hoy en día leer en español como Scivias, Conoce los caminos, parece que los muros de la clausura del tiempo y de la sociedad que siempre ha considerado a las mujeres bajo sospecha, se rompen. Y la figura de Hildegarda, aparece como un foco de luz, una vela sobre el altar en medio de un mundo roto y en guerras cruentas, un lugar donde vivimos tan necesitado de testimonios valientes y llenos de la verdad que nos habita por dentro. Mientras oigo un CD con la música de Eibingen y me relajo aquí cerca de la casa de Teresa, amiga, madre y mujer excepcional, los petirrojos se lanzan a comer las ultimas manzanas enanas del jardín, y siento que hay una Lingua ignota parecida a la de Hildegardque nos comunica, a veces, por dentro.

Estábamos hace unos días visitando unas bodegas en Hungría, en la zona de Eger llamada el Valle de las mujeres hermosas, cuando, al salir de un castillo me encontré en una tienda de antigüedades con un delantal bordado. Tuve una sensación parecida a la de Proust cuando comía una magdalena en el camino de Swann. Volví en un momento a las labores del colegio, a los muestrarios de mi madre, a la casa familiar con sus costureros sobre la mesa.

Salir de visitar una fortaleza militar como la de este lugar húngaro, con sus torres de vigilancia, fosos, barbacanas y matacanes, mirando el paisaje nevado, calaba por dentro mi ánimo. La historia parecía que me pisaba con una huella que se quedaba impresa en la nieve como las que dejaban nuestras botas recorriendo el lugar. Y al encontrar este delantal bordado con sus pájaros y flores en el fondo de una caja de textiles antiguos, me encontré con la otra parte de la historia, la de aquellas personas que no defendían su vida con armas, sino que salían vivas de las dificultades de cada día, bordando, cosiendo, cocinando, remendado, planchando. Ahora que se usa tanto la palabra resiliencia, creo que es el término más adecuado para describir la actitud de esta parte de la población, mujeres en su mayoría, que también han escrito la historia.

En medio de las dependencias del castillo de István Dobo, encontramos una exposición de bordados de una mujer muy especial llamada Hollò Valeria que en el periodo de entreguerras creó una colección etnográfica privada de toda la cuenca de los Cárpatos. Entre las vitrinas con las muestras de vestimentas bordadas, aparecían sus fotografías cuando recorría los pueblos mientras hacía acopio de diseños, modelos de bordados, técnicas y materiales.

En este viaje al estilo de Proust, llegué a todo el mundo que mi madre me ha contado, las largas tardes en la galería de plantas de mi abuela Catalina, en lo que fue la Sección Femenina, de la que ella fue instructora general, y cómo recogían también al estilo de Holló, las piezas y bordados de toda España aprendiendo a repetir modelos para salvarlos del olvido. Las actividades artísticas y culturales que promovieron fueron más allá de las labores de adoctrinamiento político, creando espacios de libertad y de aprendizaje. Con su trabajo rescataron labores, trabajos de artesanía que habríamos perdido para siempre, enseñando a tantas mujeres a coser cosas prácticas para su vida cotidiana y a disfrutar con la realización de estas piezas.

Las labores de costura, así como otras artesanías, nos ayudan también a sobrellevar la carga de la cotidianidad que a todos nos pesa. Encontrar un ratito de vez en cuando para bordar o hacer ganchillo, sigue funcionando hoy en día como en la época de Hóllo, relajándonos, ya que, tras cada puntada o vuelta del hilo, el ánimo se va calmando y la repetición del gesto nos lleva a un estadio de bienestar interior y de sosiego.

Al coger este delantal húngaro entre mis manos, me uno a tantas personas que han ido configurando la historia verdadera, al margen de la política, la guerra y la violencia. Las que construyen su propio devenir con silencio, con una pequeña labor en sus manos, uniéndose entre ellas, y siendo parte de un puente humano que nos cose, haciéndonos entender la vida de otra manera mas tranquila, pacifica, donde la cercanía se constituye en un valor sobre el que construir el día a día.

Mientras lavo con cuidado este delantal e intento copiar los motivos bordados, siento que voy construyendo también mi propia historia familiar, dejando un legado bañado de resiliencia y pacifismo ante las adversidades, viviendo la vida la margen de todo aquello que envuelve la violencia y la intransigencia, algo que ni la nieve más pura y recién caída pude ocultar.

En medio del camino de la vida errante me encontré por selva oscura

Comienzo este articulo con el inicio de libro mas hermoso de la literatura universal de la mano de Dante Alighieri. Cuando lees estas palabras te sientes ya, en solo una frase en medio de esa oscuridad que todos vivimos y sobre la que reflexionamos al sentirnos en la plenitud de nuestra existencia.

La Divina Comedia es una obra que sigue fascinando a los lectores de todo el mundo, su atractivo es tan grande que parece escrita para ti y olvidas momentáneamente que la escribió un señor florentino nada mas y nada menos que en el s. XIV. Nuevamente la época medieval sale del cajón del oscurantismo en el que la hemos encorsetado en nuestros estudios y aparece llena de belleza, magnetismo y verdad interior.

Quizá una de las características que mas me enganchan a esa obra es este carácter de peregrino en busca de si mismo, esa vida errante llena de lirismo, aventuras y poesía.

El prestigioso medievalista italiano Alessandro Barbero, en un libro de la editorial Acantilado, afronta de manera rigurosa la figura de Dante y nos introduce en la sociedad de la época mediante una documentación exhaustiva, que nos abre de manera inmediata la puerta a la Florencia del medievo. Vemos la composición social y el papel de las familias, la suya dentro del partido güelfo.

Aparece así Dante, cuyo verdadero nombre debió ser Durante, como poeta y escritor que mas que estar recluido en su estudio, se movía en las aguas de la política, en un momento de crecimiento y desarrollo de la ciudad. Un político en activo con un alma de poeta, en busca de un sentido a la existencia.

También en estos días estoy leyendo un precioso poemario de una mujer del s. XIX, Elisabeth Siddal, que también se sintió en la orbita de admiración a Dante dentro del grupo de artistas británicos en la Hermandad Prerrafaelita. La historia de esta bellísima mujer de cabellera rojiza, musa y modelo de los pintores es increible. La poeta y traductora Eva Gallud a abordado su vida y personalidad para traducir su obra poética y nos muestra aspectos increíbles de su trayectoria.  Nació en una familia de ascendencia inglesa y galesa y su padre era comerciante de cuchillos. Se trasladaron a ese Londres que tan bien nos pinta Dickens, donde la miseria vivía por las calles y los niños vagaban por ahí. Debió de aprender a leer y escribir sin mas estudios, aunque desde joven sabemos que leía la poesía de Alfred Tennyson. Cuando con veinte años comenzó a trabajar en una sombrerería, fue descubierta como modelo por Walter Deverell.

Comenzó a posar como musa de una generación de pintores, en una época en la que esto era real, pasando horas en los estudios. Fue la modelo del famosísimo cuadro de Ofelia de John Everett Millais, y estuvo dentro de una bañera llena de agua con velas colocadas debajo para calentar el agua, en pleno invierno, y cuando se apagaron posó durante hora en un agua helada y terminó con una neumonía que será el desencadenante de su muerte.

Al leer su poesía nos encontramos con una mujer delicada, exquisita con un alma muy espiritual y bello, en la búsqueda, como su adorado Dante, del sentido último de la vida, lleno de la melancolía tan en boga en esos momentos. En vida errante, en medio de una selva oscura. Poeta y también pintora que fue algo mas que una celebridad de la época, y se codeaba con los artistas para los que posaba.

Su marido fue el gran pintor Dante Gabriel Rossetti, por cuyo nombre podemos intuir la devoción que su familia tenía por el autor florentino del medievo. Un artista tan brillante como disperso vitalmente.

La Divina Comedia no es sólo una obra clásica, es un texto de culto para muchos lectores porque habla de cosas, reflexiones, que compartimos. El amor a su amada Beatriz es tan mítico como bello, atravesando la realidad y tocando lo sublime a base de versos y palabras.

Buceando entre sus líneas disfrutamos, nos reencontramos y vivimos en espacios llenos de humanidad y belleza. Una lectura fantástica para comenzar este año nuevo que estamos estrenado.

 

 

Estamos preparando con gran ilusión un curso de cítara salterio en Ávila, en la Universidad de la Mística, con la profesora Catherine Weidemann, una de las pocas que hay hoy en día en Europa y que cuenta con un método de tocar muy depurado, donde el cuerpo entra a formar parte del propio instrumento. Aprendiendo a tocar de manera relajada y tranquila, un instrumento muy antiguo que nos invita a entrar de manera sosegada en nuestro propio interior.

Catherine es mi profesora de cítara salterio, y cada día cuando me pongo a tocar este instrumento tan especial me acuerdo de sus clases, de la técnica y de todo lo que me ha enseñado. Es un sueño que pueda venir a Ávila a darnos este curso, y no puede haber un lugar mas adecuado para esto que la Universidad de la Mística, algo que concuerda completamente con esta música. También en sus clases comencé a tocar ya conocer a la gran mística , santa y doctora de la iglesia, Hildegarda de Bingen y desde entonces estoy leyendo sus libros y tocando su música, impresionada por su personalidad y valía, en una mirada contemplativa del mundo, activa y llena de creación y belleza.

Además estamos preparando un curso para aprender a cantar la música de Hildegarda de Bingen con  la Profesora Margarida Barbal.

Margarida nos enseñará a cantar a los que no cantamos nada bien y podrá ayudar a perfeccionar el canto de los que ya están mas adelantados, y conoceremos también mas a Hildegarda en sus canciones y en la explicación práctica de cómo cantar.

Hildegarda y la música

Hildegarda de Bingen es la compositora más prolíficas de melodías monódicas atribuidas con certeza, de toda la Edad Media.

Según sus propias palabras, sus cantos no son fruto de su voluntad o de su conocimiento, sino que son directamente inspirados por Dios, cuya presencia designa como Luz Viviente. Por ello abren una puerta a un universo cósmico, cuyos contornos se ven reflejados en sus textos visionarios, sus miniaturas y su música. Su gran sensibilidad y su apertura a la belleza entendida como antesala del paraíso explican la gran importancia que concede a la belleza de la música en la liturgia.

La música de Hildegard rompe con los cánones de su época, se libera melódicamente en movimientos de gran dinamismo, ámbito extenso, grandes intervalos, cascadas de notas y profusión melismática. Si unimos estas características a la fuerza expresiva de sus imágenes, a las analogías y metáforas situadas en el interior del cuerpo femenino, vinculadas a la naturaleza, al conjunto de la creación, al cosmos y a su teología salvífica encarnada, sentimos que la música de Hildegard nos reconcilia y nos uni ca con el ser humano, con la creación y con el Espíritu creador.

Hildegard y los instrumentos

Para Hildegard, la alabanza, en comunión con los ángeles y los santos, se expresa tanto con la voz como con el sonido de los instrumentos: Alabadle con el instrumento de diez cuerdas y con la cítara… todo lo que respira alabe al Señor.

Los instrumentos musicales y sus muchos sonidos se inventaron con ayuda del espíritu de Dios, para que el gozo del alma pudiera cantar. El instrumento no sólo acompaña a la voz, sino que está en interac- ción con ella: sus cantos se adaptan a las exiones de sus dedos al tocar. Esta idea esencial, transmite una práctica libre del arte de la salmodia en la que el instrumento mantiene un diálogo con la voz. Según Hildegarda, los dedos del músico son creadores, como el dedo de Dios que dio forma a Adán. Más aún: en una misma dinámica que la voz humana, el instrumento también participa plenamente en la alabanza a Dios.

Os comparto la documentación de estos cursos y animo a todos los que estén interesados en ponerse en contacto conmigo, para cualquier duda o para informarles mas detalladamente de todo.

Margarida Barbal y Catherine Weidemann ofrecen un conjunto de propuestas centradas en dos universos, Hildegard de Bingen y la cítara.

Desde 2014 las dos artistas están trabajando conjuntamente en la interpretación de los cantos de Hildegard en versión voz-cítara, que se concreta en el concierto Lux stellarum.

 

Catherine Weidemann

Es una artista musical que vive su arte con profundidad espiritual.

Su línea pedagógica: construir la alegría de tocar un instrumento, la con anza ante las di cultades y la paz interior. Ofrecer numerosas herramientas para ampliar las competencias técnicas y construir una manera de tocar ligera, relajada y armonizante.

La música, y en particular la cítara, permiten que emerja un camino hacia el yo profundo a través de la conciencia de las percepciones corporales y la apertura interior a la presencia del inefable.

Amplitud y diversidad de recursos, actitud benevolente, mirada orientada a la alabanza.

 

Margarida Barbal

En la adolescencia, el descubrimiento de la polifonía vocal constituye una revelación de belleza que inicia el dibujo del camino artístico de Margarida Barbal.

Tres décadas de docencia en el canto colectivo le conectan con el poder de la música para crear experiencias de gozo, conexión y felicidad que promueven la transformación del ser humano activando su potencialidad.

El estudio de la experiencia somática, la psicología y la espiritualidad: campos que contribuyen, y a la vez explican esta capacidad transformadora del arte vivido en el cuerpo.

En la actualidad: intérprete de música sacra de la edad media y profesora en la Escola
Superior de Música de Catalunya
donde imparte asignaturas que contemplan el cuerpo en la educación.

• Curso Tocar la cítara
• 5-9 de junio de 2023

• 30 horas. lunes a viernes

Asociar el propio proyecto con la cítara con las bases indispensables de la

Construir una manera de tocar solida y ligera

Mejorar la interpretación de las piezas

Acompañar la litúrgia con suavidad y adaptabilidad

Elaborar un plan de trabajo para construir las competencias instrumentales

 

Taller Cantar Hildegard de Bingen•

5-9 de junio de 2023 • tardes
• 8 horas • lunes a viernes

Descubrir a través de la práctica del canto colectivo algunas de las canciones de Hildegard.

Explorar las capacidades vocales aplicadas a este repertorioDisfrutar de la belleza melódica sentida corporalmente

Acercarse y comprender un poco más a la autora a partir de sus composiciones e impregnarse de su mensaje místico.

 

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Tocar la cítara • Cantar Hildegard de Bingen

 

Cuando el verano termina y aparece el otoño con tantos días tristes y oscuros en la mirada, me gusta hacer punto con unas agujas gordas. Largas bufandas de colores que parece que me abrigan en los primeros fríos. Mas que por el calor que me dan desde un punto de vista físico, estas bufandas y estos ratos con las agujas me introducen en un mundo cálido y familiar, algo que me une con mi madre y mis abuelas, que me introduce en la historia. Con este pequeño viaje emocional, rompo el duro aspecto digital de la vida actual, donde las reuniones son a través de las pantallas de los teléfonos y las conversaciones se hacen por wattsap.

La actividad de tricotar nos adentra además hasta la prehistoria, cuando comenzaron nuestros antepasados a vestirse con las pieles de los animales mediante el uso de punzones y buriles. En actividades tribales colectivas para poder ponerse algo sobre el cuerpo. Y cómo poco a poco con el comienzo y el desarrollo de las actividades ganaderas y pastoriles, la lana de las ovejas comenzó a utilizarse, mediante largos procesos de esquileo y lavado para obtener los ovillos, usando para ello también la rueca. Desde entonces comenzó a difundirse el trabajo con la lana, siendo la rueca la actividad femenina mas sobresaliente en el ámbito familiar. Nuestra Santa Teresa sabemos que utilizaba la rueca en su celda de la Encarnación como parte del trabajo diario de la comunidad.

En el ámbito monacal, siguiendo las enseñanzas de San Benito, este tipo de trabajo manual con las lanas era idóneo para mantener el alma en la contemplación de lo eterno mientras con las manos se iban dando cuerpo a los ovillos y a los productos y prendas que de él salían en las manos de los monjes y monjas contemplativos. Este aspecto también lo recalca nuestra Santa. Al realizar estas labores manuales podemos meditar profundamente, el ritmo pausado y repetitivo es idóneo para relajarnos y entrar en unidad con lo mas hondo de nosotros mismos.

Curiosamente el trabajo con dos agujas de punto era una actividad reservada a los hombres hasta hace unos siglos. Se creó en el s. XIV el gremio de los calceteros al que para poder ingresar y formarse en sus actividades, tenían que pasar una serie de exámenes y evaluaciones durante nada menos que seis años. Para pasar el examen de maestría tenían que saber hacer una camisa, un gorro de punto cardado, un par de medias y un tapiz de distintos colores, aunque la variedad de piezas era distinta en cada región.

Ya en las ciudades medievales comenzaron a reunirse en unas determinadas calles las personas que realizaban estas labores, siendo las mujeres las que hilaban y los hombres los que sabían utilizar las agujas que tenían distintos tamaños y formas para adaptarse a cada encargo. Se reunían en el gremio para poder defender sus intereses y apoyarse en todo lo necesario, siendo muchas de las cofradías de naturaleza religiosa. Se establecían en los núcleos urbanos y obligaban a todos los que realizaban estos trabajos a regirse por un único estatuto, para controlar la actividad artesanal, evitando la competencia desleal, uniendo sus intereses para la obtención de la materia prima, la lana. Su organización era jerárquica, con maestros, aprendices que no cobrar nada en sus tres años de aprendizaje y vivían en el taller del maestro y dueño de los talleres y de los instrumentos de trabajo. En todo este panorama gremial las mujeres estaban excluidas hasta pasado el s. XVI. Ellas vivían en el campo y vendían sus productos en el mercado local.

El gremio de calceteros prosperó mucho a partir del s. XV cuando cambió la moda masculina y se sustituyeron las túnicas por otras prendas ajustadas y cortas que dejaban las piernas al descubierto y que era preciso proteger y vestir con los calcetines.

Cuando tiendo en mis manos los ovillos de lana y comienzo a mover las agujas siento esa conexión con todo esto, y me siento afortunada por momentos. Bienestar, meditación y relajación mientras voy llenando los sillones de casa de largas bufandas de colores donde recostarnos en las veladas invernales en familia. Recuerdo cómo era mi casa antes, con esas reuniones alrededor de la mesa camilla, y cómo había calor, cercanía y cariño, mientras a los niños nos ponían con las manos abiertas para ir devanando las madejas, entre conversaciones, recetas y tazas de café. Y comenzaban a aparecer los calcetines, las bufandas, los guantes y los jerséis que cada año iban creciendo en tamaño y colores, adaptando la lana a cada uno de los niños que íbamos tan orgullosos con ellos al colegio. El pasado me abraza en estas madejas que en mis manos me calientan.

 

 

Tener un amigo es tener un tesoro. Su amistad transforma nuestra vida porque sabemos que ya no estamos solos ante los problemas, las adversidades, el vértigo vital y los éxitos con su larga capa de pruebas. Sentimos su cercanía, y esto nos hace seguir con nuestro día a día de otra forma, nos entendemos, nos apoyamos, nos conocemos hasta en los detalles mas pequeños.

Teresa de Jesús era una amiga de verdad en medio de su azarosa vida llena de sobresaltos. Y hoy en día sigue siendo amiga nuestra y sobre todo maestra en estas cosas que están tan cercanas y con los mismos mimbres del amor. Maestra de amistad, de cómo estar cerca de los demás y de cómo disfrutar con ellos

Así, cuando Teresa reforma la orden del Carmelo con la fundación de San José en 1562 sabía que además de la construcción de aquel viejo caserón que habían podido conseguir con tanto esfuerzo, tenía que ir levantando otro edificio de naturaleza espiritual mucho más importante, lleno de amistad, confianza, fe y alegría para poder avanzar en la vida con determinada determinación, como un motor que impulsa todo hacia delante.

Teresa aparece en sus escritos pero sobre todo en lo que nos han contado de su vida y en sus cartas, como una maestra de vida, una amiga que pone la amistad como el cimiento de todo su pensamiento. La amistad es la que define su experiencia espiritual, y llega a definir a la oración, lo mas importante de toda su existencia, como un trato de amistad, algo que incluso hoy en día nos parece sorprendente.

Orar según nos dice Teresa, es tratar con quien sabemos nos ama. La amistad se constituye en los cimientos de su vida y de sus enseñanzas, y en esto nos enseña como una maestra.

Teresa fue una mujer muy cercana con todas las personas que estaban a su alrededor, era simpática y alegre, tenía un don de gentes, sabía tratar a todo el mundo y nos enseña cómo conseguirlo. Así podemos ir aprendiendo en sus escritos mayores, en la Vida, en el Castillo interior, en Camino de Perfeccióny en las Fundaciones, pero también en sus otros escritos más breves y sobre todo en sus cartas donde aparece su verdadero rostro humano y en lo que nos cuentan de su vida y de su manera de comportarse y de ser, recogido en los Procesos de beatificación y canonización que siguieron a su muerte.

Hay un Aviso que recogió Fray Luis de Leon  en la edición principede sus obras en 1588, que aunque hoy en día se cuestione la autoría de Teresa, recoge su enseñanza de manera tan clara que no puedo por menos que considerarlo como fruto de su puño y letra y de su propia experiencia personal, la que ha servido siempre de cimiento de todo su pensamiento: acomodarse a la complexión de aquel con quien trata en el alegre, alegre, y con el triste triste, en fin de hacerse todo a todos para ganarlos a todos.

Algo que hoy llamaríamos empatía que nuestra Santa ya ponía en funcionamiento en pleno siglo XV. Hay una expresión suya que recoge totalmente toda esta enseñanza, cuando nos dice que con un amigo, con la persona que tenemos al lado, tenemos que abajarnos, es decir que tenemos que pararnos un poco y mirar al otro y bajar hasta su propia vida, al momento que está pasando para ponernos en su piel  y así podremos entender qué le pasa, nos dolerán sus penas y nos pondrán muy alegres sus triunfos, seremos por momentos uno con él en la amistad y en el amor. Dos términos que Teresa siempre dice juntos, como unidos por las mismas fibras.

Teresa nunca habla de algo que no sea su propia experiencia, de algo que no haya vivido, y la amistad era lo que ocupaba su vida desde la infancia en la concurrida y alegre vivienda de don Alonso y doña Beatriz pegada a la muralla, donde jugaba con sus hermanos y con los niños que vivían por allí como los de la familia de Núñez de Vela. Los amigos y sus hermanos fueron lo mas importante en estos momentos infantiles de juegos y risas. Cuando siendo una niña murió su madre, se refugió tanto en sus amigos que su padre, tan preocupado por educar a sus hijos en la doctrina católica y en los valores de una familia hidalga castellana, no dudó en meter a la pequeña en un convento de agustinas. Era como una especie de internado donde la hermana María Briceño se convirtió en su maestra, en su madre y sobre todo en su primera amiga en el ámbito espiritual, mostrando a esta pequeña niña que eran estos sentimientos de amistad los que iban a formar siempre la urdimbre de toda su existencia.

Frente a su padre que aún desconfiaba de su hija que comenzaba a mostrar una inclinación hacia la vida religiosa, Teresa se apoyó en una amiga que estaba en el recién inaugurado Monasterio de la Encarnación, Juana Juárez, para ingresar en este enorme centro con cientos de monjas que vivían como en un pueblo medieval, libres  de las ligaduras familiares y dedicadas a la oración. Monjas entre las que la joven Teresa comenzó a encontrar a sus amigas, con las que hallar la fuerza para, un día después de la festividad de Todos Los Santos, entrar por las puertas del monasterio, a espaldas de su padre, que se disgustó mucho con la decisión de su hija.

La relación de Teresa con su padre, es una de las páginas más entrañables de todo su legado, cómo se fueron conociendo, y cómo Teresa fue entrando en el alma de su padre, y don Alonso en el de su hija inquieta y andariega, en un profundo amor que dio sentido a sus vidas y que  permitió a don Alonso caminar por las sendas místicas de la mano de su hija. Padre, hermanos y sobrinos que siempre estuvieron en el corazón de la Santa, intentando ayudarlos a todos soportando muchas veces las rencillas familiares y las pujas por los bienes. Entre todos sus familiares la relación de Teresa con su hermano don Lorenzo nos muestra la hondura de sus desvelos y cómo las preocupaciones englobaban también las del ámbito puramente espiritual y místico, con unas cartas bellísimas entre hermanos a las que hay que volver de vez en cuando.

Comenzó a tener amigos y amigas en Ávila, a través de las visitas que las monjas tenían que hacer a las familias que ayudaban económicamente al convento, y también en las animadas charlas en los locutorios. Teresa era muy popular y querida, su alegría y cercanía hacían a muchas personas acercarse a la reja, algo que a ella en muchas ocasiones le causaba mucha preocupación porque se alejaba de sus horas de silencio y meditación, metiendo su mundo en la vorágine de las relaciones sociales y personales. Entre ellas tenemos que recordar a su gran amiga Guiomar de Ulloa, que tanto ayudó en las licencias, en la financiación  y las obras del convento de San José y que presentó a Teresa a un fraile muy delgado y espiritual, de maneras sencillas y muy entrañable, llamado fray Pedro de Alcántara, y allí en la casa de Guiomar se hicieron muy amigos y se ayudaron profundamente a nivel espiritual conectando de inmediato y a nivel práctico también con todos los inconvenientes que tuvo Teresa que sortear toda su vida.

Amigos espirituales de la ciudad de Ávila que constituyeron, junto con sus amigas de Encarnación el germen de la reforma, en sus encuentro orantes y de amistad, donde había personalidades tan especiales y espirituales como Marí Díaz que en ese momento estaba trabajando en la casa de doña Guiomar y que es una gran mística y santa.

Así cuando se fundó San José, aquel día sofocante de agosto, con toda la ciudad de Ávila en contra de un grupito de monjas que se habían desplazado, Teresa tenía que construir lo más importante, su pensamiento recogido en papel para ayudar a sus hijas y a sus amigos a caminar por la vida: todas se han de amar, todas se han de querer.

Puso a la amistad como la piedra angular de esta nueva construcción y todo basado en su propia experiencia más íntima al encontrarse en lo hondo de su alma con el amigo, con Jesucristo, con el que trata de amistad, con el que se siente amada y con fuerzas para transmitir todo esto. La experiencia mística de Teresa es el amor, y así debemos entender a nuestra amiga y sus mensajes, yendo más allá de éxtasis y levitaciones, aterrizando en esta relación de amor y amistad que rodeaba su vida y que nos enseña a caminar.

Cuando conocía a alguien, Teresa que era una mujer muy lista y que sabía que tenía que poner en marcha este proceso de “abajamiento”, hablaba tan desde dentro  contando su propia vida sin tapujos, como hace de manera sorprendente con todos nosotros en sus escritos , que ya quedaban amigos íntimos para siempre, con personas de toda índole y situación social, desde el rey Felipe II que siempre socorrió a Teresa en sus momentos más críticos en relación con las investigaciones de la Inquisición  y en todos los vaivenes de la orden descalza y su relación con la calzada, hasta los carreteros con los que iba por los caminos embarrados de Castilla y Andalucía, sus hijas  siempre con ella pasando frío bajo las telas de la tartana, en ventas desoladas, ríos en crecida, al acecho de maleantes y de ordas de poblaciones enfurecidas por el paso de tanta monja.

La biografía de Teresa está atravesada por miles de amigos a los que ella quería de verdad, así sus cartas nos van descubriendo el trato que tenía con ellos, cómo se hablaban cuando estaban en intimidad, con su padre del alma y confesor Jerónimo Gracián, con Juan de la Cruz el otro pilar espiritual y vital de la reforma al que Teresa siempre vio en su santidad y valía humana. Con sus hijas más queridas, a las que hablaba tan en confidencias, animándolas y a veces reprendiéndolas en otro aspecto de la amistad que Teresa también maneja con autoridad, en la ayuda a mejorar diciendo las cosas que pueden cambiar nuestra manera de ser y de comportarnos, así aparecen figuras de las grandes hijas de Teresa que luego llevaron su legado por España y por Europa, cómo María de San José, Ana de Jesús, Ana de San Bartolomésu última amiga, enfermera, secretaria, sus manos y su corazón.

En estos días de fiestas desde hace años me acerco a Teresa buscándola a ella de verdad mas allá de las imágenes barrocas y la ornamentación festiva.  En ella encuentro a una amiga que me enseña sobre cómo es y cómo debería ser la verdadera amistad apareciendo al momento una carga eléctrica que recorre todo. Sobre cómo debo proceder con los demás, sobre la espiritualidad más auténtica y la materia de la que está compuesta, sobre cómo mirar a los demás y abajarme para ver, sentir y vivir. De cómo sólo se nos pide el amor y sólo el amor en nuestra vida como decía tan bellamente san Juan y cómo la amistad se nutre de la fuente más honda de nosotros mismos. Somos y damos lo que tenemos, lo que descubrimos, lo que ponemos en marcha cada día. Mi amiga Teresa, mi maestra de vida y de amor.