Hasta hace poco no sabíamos que unos frutos parecidos a los limones pero mucho más grandes y olorosos que nacen en la finca al sur de Gredos, eran cidras. Una fruta apreciada desde la Antigüedad por su aroma y que también se ha usado como medicina y alimento.

Estábamos admirando la caja de cidras cuando una noticia se cruzó en la cocina de casa: hay una nueva exposición del Museo del Prado con el único bodegón que pintó Zurbarán y que se encuentra cedido por el Nortor Simon Museum, de Pasadena, California.

El cuadro con las cidras que podemos visitar en el Museo hasta el 30 de junio está provocando en los visitantes una sensación parecida a la de los otros cuadros del pintor extremeño: admiración y silencio. Su lenguaje pictórico a base de luces y sombras sobre fondo negro, levanta la imagen dando a todo un aspecto que se sale de lo cotidiano. Siento que la respiración se para un rato en medio de las figuras.

Zurbarán pintó este bodegón con cidras, azahar, naranjas y una rosa, a los 35 años mientras estaba ya enfrascado en la realización de sus grandes obras sevillanas para el convento dominico de San Pablo, con su famoso Crucificado y las del convento de Santo Tomás donde está la Apoteosis de Santo Tomás de Aquino.

Según Javier Portús, jefe del Departamento de Conservación de Pintura Española del Prado, el descubrimiento de este cuadro de Zurbarán ha dado un nuevo matiz a la lectura de su obra repleta de figuras de frailes y devotos. Nuevamente se acerca a lo divino y sacro mediante el trabajo minucioso, en este caso en las frutas que parecen salirse de la realidad destacándose de un fondo negro.

Al mirar el cuadro detenidamente podemos admirar la limpia distribución de los materiales, las cidras, las naranjas en la cesta con la rama de azahar, la rosa. Los sitúa en una línea compositiva con cadencia para que el espectador pueda admirar cada una de ellas de manera individual. Siete años antes de realizar este bodegón, pintó el cuadro conocido como “Curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleans” y allí también dibujó una taza con agua y una rosa que tiene similitudes con este bodegón que admiramos en Madrid.

Esa distribución de las figuras de las frutas, la iluminación tan depurada sobre la negritud del fondo nos da pie a tener sensaciones íntimas que transcienden, envolviendo todo el conjunto en una esfera de naturaleza mística.

El empresario y filántropo norteamericano, Norton Simon, adquirió el cuadro en 1970 para regalárselo a su esposa, la estrella de Hollywood Jennifer Jones, conocida por su participación en la pelicular “Duelo al sol”.

El zumo de las cidras, así como de naranjas y limones junto con el agua del azahar, fue durante siglos un remedio natural para combatir algunos síntomas como la eliminación de gases, para el insomnio, relajar músculos y purificar el hígado. Recuerdo a nuestra Santa Teresa y cómo recomendaba a sus monjas este remedio, como nos muestran sus cartas, en especial las que envió a la hermana María de San José en 1577 cuando estaba en Sevilla.

Poder centrar la mirada en lo que nos rodea y contemplar su belleza única, es algo que debemos hacer, tal y como Zurbarán nos muestra.  En este sentido apuntan algunos artistas a lo largo de los siglos, estoy pensando en los bodegones de Antonio López, con sus membrillos, elegidos de manera cuidadosa y pintados de forma magistral para recoger toda su belleza, esa luz que aparece en su cuadro, “Sol del membrillo”.

La pila de la cocina se llena de cidras y mientras las coloco con detenimiento, un bodegón parece levantarse frente a la luz del jardín, y un fondo negro que emerge en mi interior hace que sólo vea la sutil belleza que las constituye y puedo sentir que el sol de Las Cinco Villas aún está impregnado en su rugosa y olorosa piel. Arte con mayúsculas entre mis manos,  oloroso y ácido, aquí en Ávila.

Corría el s. XII galopando en medio del medievo, en una época donde las mujeres estaban sometidas a un régimen de vida muy rígido que también oprimía a los varones.  Allí en un lugar en medio de viñedos, con el rio Rhin corriendo en la llanura, vivió una mujer excepcional. Me estoy refiriendo a Hildegarda de Bingen que edificó sus fundaciones alrededor del Rhin, un lugar donde tuve la suerte de estar hace unos pocos días.

Hildegarda se sale de todos los moldes que en aquella época oprimían a las mujeres, su voz comenzó a levantarse como un amanecer imparable sobre los cerros, rojo y vibrante en medio del gris del firmamento medieval. Sus monjas benedictinas, las que viven según su pensamiento en la Abadía de Eibingen ,  fundado en 1165 cerca de Maguncia, mantienen su legado para todos nosotros, su carisma y belleza. Poder oír cómo cantan las Horas siguiendo las composiciones musicales que Hildegarda nos dejó, nos transportan a otros momentos, algo que la música gregoriana provoca de manera inmediata en nuestro interior, afianzando la paz, el sosiego y la armonía.

Hildegarda no sólo era una monja mística, a la que incluso el Papa Eugenio III y el arzobispo de Maguncia Enrique, creyeron en sus visiones, abaladas por San Bernardo de Claraval, sino que era médica, física, naturalista, escritora, iluminadora. La única mujer de su época que pudo hacer algo que sólo podían  desarrollar los varones, predicar libremente, mientras recorría en barco el Rhin o cabalgaba a lomos de su asno.

Sus libros, recogidos en Códices, recorren muchas disciplinas, tanto de pensamiento como de religión, música, remedios médicos, piedras que sanan, la cosmogonía, los animales, …. En todos ellos aparece su figura dentro de un ideal que muchos años después se llamará humanismo.

Creó Hildegarda hasta un alfabeto  lingua ignota, donde se inventó más de mil palabras y también diseñó nuevas grafías para los sonidos, creando un nuevo idioma cuyo sentido aun hoy en día se discute pero que tiene la apariencia de ser un tipo de lengua de naturaleza mística, para la comunicación dentro de la experiencia de Dios que movió toda su vida.

Los días estaban frescos y lluviosos, y pudimos tomar una infusión con una de sus famosas galletas de espelta de la alegría y de la inteligencia, mientras veíamos cómo las monjas atendían los viñedos desplazándose en bici por los caminos, cantaban y acogían a todos los peregrinos que por allí aparecíamos. El espacio natural donde viven las personas que admiramos y conocemos a través de sus libros, es realmente importante para poder llegar a vislumbrar su interior de manera más profunda. Igual que hay que venir a Ávila para llegar al corazón de Teresa de Jesús, en Eibingen podemos vivir por momentos en el mundo de otra santa, doctora de la iglesia como nuestra paisana. Fue investida doctora junto con San Juan de Ávila por el Papa Benedicto XVI en 2012.

Con sus palabras recogidas en los libros que podemos hoy en día leer en español como Scivias, Conoce los caminos, parece que los muros de la clausura del tiempo y de la sociedad que siempre ha considerado a las mujeres bajo sospecha, se rompen. Y la figura de Hildegarda, aparece como un foco de luz, una vela sobre el altar en medio de un mundo roto y en guerras cruentas, un lugar donde vivimos tan necesitado de testimonios valientes y llenos de la verdad que nos habita por dentro. Mientras oigo un CD con la música de Eibingen y me relajo aquí cerca de la casa de Teresa, amiga, madre y mujer excepcional, los petirrojos se lanzan a comer las ultimas manzanas enanas del jardín, y siento que hay una Lingua ignota parecida a la de Hildegardque nos comunica, a veces, por dentro.

Estábamos hace unos días visitando unas bodegas en Hungría, en la zona de Eger llamada el Valle de las mujeres hermosas, cuando, al salir de un castillo me encontré en una tienda de antigüedades con un delantal bordado. Tuve una sensación parecida a la de Proust cuando comía una magdalena en el camino de Swann. Volví en un momento a las labores del colegio, a los muestrarios de mi madre, a la casa familiar con sus costureros sobre la mesa.

Salir de visitar una fortaleza militar como la de este lugar húngaro, con sus torres de vigilancia, fosos, barbacanas y matacanes, mirando el paisaje nevado, calaba por dentro mi ánimo. La historia parecía que me pisaba con una huella que se quedaba impresa en la nieve como las que dejaban nuestras botas recorriendo el lugar. Y al encontrar este delantal bordado con sus pájaros y flores en el fondo de una caja de textiles antiguos, me encontré con la otra parte de la historia, la de aquellas personas que no defendían su vida con armas, sino que salían vivas de las dificultades de cada día, bordando, cosiendo, cocinando, remendado, planchando. Ahora que se usa tanto la palabra resiliencia, creo que es el término más adecuado para describir la actitud de esta parte de la población, mujeres en su mayoría, que también han escrito la historia.

En medio de las dependencias del castillo de István Dobo, encontramos una exposición de bordados de una mujer muy especial llamada Hollò Valeria que en el periodo de entreguerras creó una colección etnográfica privada de toda la cuenca de los Cárpatos. Entre las vitrinas con las muestras de vestimentas bordadas, aparecían sus fotografías cuando recorría los pueblos mientras hacía acopio de diseños, modelos de bordados, técnicas y materiales.

En este viaje al estilo de Proust, llegué a todo el mundo que mi madre me ha contado, las largas tardes en la galería de plantas de mi abuela Catalina, en lo que fue la Sección Femenina, de la que ella fue instructora general, y cómo recogían también al estilo de Holló, las piezas y bordados de toda España aprendiendo a repetir modelos para salvarlos del olvido. Las actividades artísticas y culturales que promovieron fueron más allá de las labores de adoctrinamiento político, creando espacios de libertad y de aprendizaje. Con su trabajo rescataron labores, trabajos de artesanía que habríamos perdido para siempre, enseñando a tantas mujeres a coser cosas prácticas para su vida cotidiana y a disfrutar con la realización de estas piezas.

Las labores de costura, así como otras artesanías, nos ayudan también a sobrellevar la carga de la cotidianidad que a todos nos pesa. Encontrar un ratito de vez en cuando para bordar o hacer ganchillo, sigue funcionando hoy en día como en la época de Hóllo, relajándonos, ya que, tras cada puntada o vuelta del hilo, el ánimo se va calmando y la repetición del gesto nos lleva a un estadio de bienestar interior y de sosiego.

Al coger este delantal húngaro entre mis manos, me uno a tantas personas que han ido configurando la historia verdadera, al margen de la política, la guerra y la violencia. Las que construyen su propio devenir con silencio, con una pequeña labor en sus manos, uniéndose entre ellas, y siendo parte de un puente humano que nos cose, haciéndonos entender la vida de otra manera mas tranquila, pacifica, donde la cercanía se constituye en un valor sobre el que construir el día a día.

Mientras lavo con cuidado este delantal e intento copiar los motivos bordados, siento que voy construyendo también mi propia historia familiar, dejando un legado bañado de resiliencia y pacifismo ante las adversidades, viviendo la vida la margen de todo aquello que envuelve la violencia y la intransigencia, algo que ni la nieve más pura y recién caída pude ocultar.

En medio del camino de la vida errante me encontré por selva oscura

Comienzo este articulo con el inicio de libro mas hermoso de la literatura universal de la mano de Dante Alighieri. Cuando lees estas palabras te sientes ya, en solo una frase en medio de esa oscuridad que todos vivimos y sobre la que reflexionamos al sentirnos en la plenitud de nuestra existencia.

La Divina Comedia es una obra que sigue fascinando a los lectores de todo el mundo, su atractivo es tan grande que parece escrita para ti y olvidas momentáneamente que la escribió un señor florentino nada mas y nada menos que en el s. XIV. Nuevamente la época medieval sale del cajón del oscurantismo en el que la hemos encorsetado en nuestros estudios y aparece llena de belleza, magnetismo y verdad interior.

Quizá una de las características que mas me enganchan a esa obra es este carácter de peregrino en busca de si mismo, esa vida errante llena de lirismo, aventuras y poesía.

El prestigioso medievalista italiano Alessandro Barbero, en un libro de la editorial Acantilado, afronta de manera rigurosa la figura de Dante y nos introduce en la sociedad de la época mediante una documentación exhaustiva, que nos abre de manera inmediata la puerta a la Florencia del medievo. Vemos la composición social y el papel de las familias, la suya dentro del partido güelfo.

Aparece así Dante, cuyo verdadero nombre debió ser Durante, como poeta y escritor que mas que estar recluido en su estudio, se movía en las aguas de la política, en un momento de crecimiento y desarrollo de la ciudad. Un político en activo con un alma de poeta, en busca de un sentido a la existencia.

También en estos días estoy leyendo un precioso poemario de una mujer del s. XIX, Elisabeth Siddal, que también se sintió en la orbita de admiración a Dante dentro del grupo de artistas británicos en la Hermandad Prerrafaelita. La historia de esta bellísima mujer de cabellera rojiza, musa y modelo de los pintores es increible. La poeta y traductora Eva Gallud a abordado su vida y personalidad para traducir su obra poética y nos muestra aspectos increíbles de su trayectoria.  Nació en una familia de ascendencia inglesa y galesa y su padre era comerciante de cuchillos. Se trasladaron a ese Londres que tan bien nos pinta Dickens, donde la miseria vivía por las calles y los niños vagaban por ahí. Debió de aprender a leer y escribir sin mas estudios, aunque desde joven sabemos que leía la poesía de Alfred Tennyson. Cuando con veinte años comenzó a trabajar en una sombrerería, fue descubierta como modelo por Walter Deverell.

Comenzó a posar como musa de una generación de pintores, en una época en la que esto era real, pasando horas en los estudios. Fue la modelo del famosísimo cuadro de Ofelia de John Everett Millais, y estuvo dentro de una bañera llena de agua con velas colocadas debajo para calentar el agua, en pleno invierno, y cuando se apagaron posó durante hora en un agua helada y terminó con una neumonía que será el desencadenante de su muerte.

Al leer su poesía nos encontramos con una mujer delicada, exquisita con un alma muy espiritual y bello, en la búsqueda, como su adorado Dante, del sentido último de la vida, lleno de la melancolía tan en boga en esos momentos. En vida errante, en medio de una selva oscura. Poeta y también pintora que fue algo mas que una celebridad de la época, y se codeaba con los artistas para los que posaba.

Su marido fue el gran pintor Dante Gabriel Rossetti, por cuyo nombre podemos intuir la devoción que su familia tenía por el autor florentino del medievo. Un artista tan brillante como disperso vitalmente.

La Divina Comedia no es sólo una obra clásica, es un texto de culto para muchos lectores porque habla de cosas, reflexiones, que compartimos. El amor a su amada Beatriz es tan mítico como bello, atravesando la realidad y tocando lo sublime a base de versos y palabras.

Buceando entre sus líneas disfrutamos, nos reencontramos y vivimos en espacios llenos de humanidad y belleza. Una lectura fantástica para comenzar este año nuevo que estamos estrenado.

 

 

Estamos preparando con gran ilusión un curso de cítara salterio en Ávila, en la Universidad de la Mística, con la profesora Catherine Weidemann, una de las pocas que hay hoy en día en Europa y que cuenta con un método de tocar muy depurado, donde el cuerpo entra a formar parte del propio instrumento. Aprendiendo a tocar de manera relajada y tranquila, un instrumento muy antiguo que nos invita a entrar de manera sosegada en nuestro propio interior.

Catherine es mi profesora de cítara salterio, y cada día cuando me pongo a tocar este instrumento tan especial me acuerdo de sus clases, de la técnica y de todo lo que me ha enseñado. Es un sueño que pueda venir a Ávila a darnos este curso, y no puede haber un lugar mas adecuado para esto que la Universidad de la Mística, algo que concuerda completamente con esta música. También en sus clases comencé a tocar ya conocer a la gran mística , santa y doctora de la iglesia, Hildegarda de Bingen y desde entonces estoy leyendo sus libros y tocando su música, impresionada por su personalidad y valía, en una mirada contemplativa del mundo, activa y llena de creación y belleza.

Además estamos preparando un curso para aprender a cantar la música de Hildegarda de Bingen con  la Profesora Margarida Barbal.

Margarida nos enseñará a cantar a los que no cantamos nada bien y podrá ayudar a perfeccionar el canto de los que ya están mas adelantados, y conoceremos también mas a Hildegarda en sus canciones y en la explicación práctica de cómo cantar.

Hildegarda y la música

Hildegarda de Bingen es la compositora más prolíficas de melodías monódicas atribuidas con certeza, de toda la Edad Media.

Según sus propias palabras, sus cantos no son fruto de su voluntad o de su conocimiento, sino que son directamente inspirados por Dios, cuya presencia designa como Luz Viviente. Por ello abren una puerta a un universo cósmico, cuyos contornos se ven reflejados en sus textos visionarios, sus miniaturas y su música. Su gran sensibilidad y su apertura a la belleza entendida como antesala del paraíso explican la gran importancia que concede a la belleza de la música en la liturgia.

La música de Hildegard rompe con los cánones de su época, se libera melódicamente en movimientos de gran dinamismo, ámbito extenso, grandes intervalos, cascadas de notas y profusión melismática. Si unimos estas características a la fuerza expresiva de sus imágenes, a las analogías y metáforas situadas en el interior del cuerpo femenino, vinculadas a la naturaleza, al conjunto de la creación, al cosmos y a su teología salvífica encarnada, sentimos que la música de Hildegard nos reconcilia y nos uni ca con el ser humano, con la creación y con el Espíritu creador.

Hildegard y los instrumentos

Para Hildegard, la alabanza, en comunión con los ángeles y los santos, se expresa tanto con la voz como con el sonido de los instrumentos: Alabadle con el instrumento de diez cuerdas y con la cítara… todo lo que respira alabe al Señor.

Los instrumentos musicales y sus muchos sonidos se inventaron con ayuda del espíritu de Dios, para que el gozo del alma pudiera cantar. El instrumento no sólo acompaña a la voz, sino que está en interac- ción con ella: sus cantos se adaptan a las exiones de sus dedos al tocar. Esta idea esencial, transmite una práctica libre del arte de la salmodia en la que el instrumento mantiene un diálogo con la voz. Según Hildegarda, los dedos del músico son creadores, como el dedo de Dios que dio forma a Adán. Más aún: en una misma dinámica que la voz humana, el instrumento también participa plenamente en la alabanza a Dios.

Os comparto la documentación de estos cursos y animo a todos los que estén interesados en ponerse en contacto conmigo, para cualquier duda o para informarles mas detalladamente de todo.

Margarida Barbal y Catherine Weidemann ofrecen un conjunto de propuestas centradas en dos universos, Hildegard de Bingen y la cítara.

Desde 2014 las dos artistas están trabajando conjuntamente en la interpretación de los cantos de Hildegard en versión voz-cítara, que se concreta en el concierto Lux stellarum.

 

Catherine Weidemann

Es una artista musical que vive su arte con profundidad espiritual.

Su línea pedagógica: construir la alegría de tocar un instrumento, la con anza ante las di cultades y la paz interior. Ofrecer numerosas herramientas para ampliar las competencias técnicas y construir una manera de tocar ligera, relajada y armonizante.

La música, y en particular la cítara, permiten que emerja un camino hacia el yo profundo a través de la conciencia de las percepciones corporales y la apertura interior a la presencia del inefable.

Amplitud y diversidad de recursos, actitud benevolente, mirada orientada a la alabanza.

 

Margarida Barbal

En la adolescencia, el descubrimiento de la polifonía vocal constituye una revelación de belleza que inicia el dibujo del camino artístico de Margarida Barbal.

Tres décadas de docencia en el canto colectivo le conectan con el poder de la música para crear experiencias de gozo, conexión y felicidad que promueven la transformación del ser humano activando su potencialidad.

El estudio de la experiencia somática, la psicología y la espiritualidad: campos que contribuyen, y a la vez explican esta capacidad transformadora del arte vivido en el cuerpo.

En la actualidad: intérprete de música sacra de la edad media y profesora en la Escola
Superior de Música de Catalunya
donde imparte asignaturas que contemplan el cuerpo en la educación.

• Curso Tocar la cítara
• 5-9 de junio de 2023

• 30 horas. lunes a viernes

Asociar el propio proyecto con la cítara con las bases indispensables de la

Construir una manera de tocar solida y ligera

Mejorar la interpretación de las piezas

Acompañar la litúrgia con suavidad y adaptabilidad

Elaborar un plan de trabajo para construir las competencias instrumentales

 

Taller Cantar Hildegard de Bingen•

5-9 de junio de 2023 • tardes
• 8 horas • lunes a viernes

Descubrir a través de la práctica del canto colectivo algunas de las canciones de Hildegard.

Explorar las capacidades vocales aplicadas a este repertorioDisfrutar de la belleza melódica sentida corporalmente

Acercarse y comprender un poco más a la autora a partir de sus composiciones e impregnarse de su mensaje místico.

 

Para inscribirse en los cursos:

 

info@psalmos.com

Tel. +49 177 488 20 42

www.cithare.info

www.psalmos.com

 

 

Cursos • España 2023
Tocar la cítara • Cantar Hildegard de Bingen

 

Cuando el verano termina y aparece el otoño con tantos días tristes y oscuros en la mirada, me gusta hacer punto con unas agujas gordas. Largas bufandas de colores que parece que me abrigan en los primeros fríos. Mas que por el calor que me dan desde un punto de vista físico, estas bufandas y estos ratos con las agujas me introducen en un mundo cálido y familiar, algo que me une con mi madre y mis abuelas, que me introduce en la historia. Con este pequeño viaje emocional, rompo el duro aspecto digital de la vida actual, donde las reuniones son a través de las pantallas de los teléfonos y las conversaciones se hacen por wattsap.

La actividad de tricotar nos adentra además hasta la prehistoria, cuando comenzaron nuestros antepasados a vestirse con las pieles de los animales mediante el uso de punzones y buriles. En actividades tribales colectivas para poder ponerse algo sobre el cuerpo. Y cómo poco a poco con el comienzo y el desarrollo de las actividades ganaderas y pastoriles, la lana de las ovejas comenzó a utilizarse, mediante largos procesos de esquileo y lavado para obtener los ovillos, usando para ello también la rueca. Desde entonces comenzó a difundirse el trabajo con la lana, siendo la rueca la actividad femenina mas sobresaliente en el ámbito familiar. Nuestra Santa Teresa sabemos que utilizaba la rueca en su celda de la Encarnación como parte del trabajo diario de la comunidad.

En el ámbito monacal, siguiendo las enseñanzas de San Benito, este tipo de trabajo manual con las lanas era idóneo para mantener el alma en la contemplación de lo eterno mientras con las manos se iban dando cuerpo a los ovillos y a los productos y prendas que de él salían en las manos de los monjes y monjas contemplativos. Este aspecto también lo recalca nuestra Santa. Al realizar estas labores manuales podemos meditar profundamente, el ritmo pausado y repetitivo es idóneo para relajarnos y entrar en unidad con lo mas hondo de nosotros mismos.

Curiosamente el trabajo con dos agujas de punto era una actividad reservada a los hombres hasta hace unos siglos. Se creó en el s. XIV el gremio de los calceteros al que para poder ingresar y formarse en sus actividades, tenían que pasar una serie de exámenes y evaluaciones durante nada menos que seis años. Para pasar el examen de maestría tenían que saber hacer una camisa, un gorro de punto cardado, un par de medias y un tapiz de distintos colores, aunque la variedad de piezas era distinta en cada región.

Ya en las ciudades medievales comenzaron a reunirse en unas determinadas calles las personas que realizaban estas labores, siendo las mujeres las que hilaban y los hombres los que sabían utilizar las agujas que tenían distintos tamaños y formas para adaptarse a cada encargo. Se reunían en el gremio para poder defender sus intereses y apoyarse en todo lo necesario, siendo muchas de las cofradías de naturaleza religiosa. Se establecían en los núcleos urbanos y obligaban a todos los que realizaban estos trabajos a regirse por un único estatuto, para controlar la actividad artesanal, evitando la competencia desleal, uniendo sus intereses para la obtención de la materia prima, la lana. Su organización era jerárquica, con maestros, aprendices que no cobrar nada en sus tres años de aprendizaje y vivían en el taller del maestro y dueño de los talleres y de los instrumentos de trabajo. En todo este panorama gremial las mujeres estaban excluidas hasta pasado el s. XVI. Ellas vivían en el campo y vendían sus productos en el mercado local.

El gremio de calceteros prosperó mucho a partir del s. XV cuando cambió la moda masculina y se sustituyeron las túnicas por otras prendas ajustadas y cortas que dejaban las piernas al descubierto y que era preciso proteger y vestir con los calcetines.

Cuando tiendo en mis manos los ovillos de lana y comienzo a mover las agujas siento esa conexión con todo esto, y me siento afortunada por momentos. Bienestar, meditación y relajación mientras voy llenando los sillones de casa de largas bufandas de colores donde recostarnos en las veladas invernales en familia. Recuerdo cómo era mi casa antes, con esas reuniones alrededor de la mesa camilla, y cómo había calor, cercanía y cariño, mientras a los niños nos ponían con las manos abiertas para ir devanando las madejas, entre conversaciones, recetas y tazas de café. Y comenzaban a aparecer los calcetines, las bufandas, los guantes y los jerséis que cada año iban creciendo en tamaño y colores, adaptando la lana a cada uno de los niños que íbamos tan orgullosos con ellos al colegio. El pasado me abraza en estas madejas que en mis manos me calientan.

 

 

Tener un amigo es tener un tesoro. Su amistad transforma nuestra vida porque sabemos que ya no estamos solos ante los problemas, las adversidades, el vértigo vital y los éxitos con su larga capa de pruebas. Sentimos su cercanía, y esto nos hace seguir con nuestro día a día de otra forma, nos entendemos, nos apoyamos, nos conocemos hasta en los detalles mas pequeños.

Teresa de Jesús era una amiga de verdad en medio de su azarosa vida llena de sobresaltos. Y hoy en día sigue siendo amiga nuestra y sobre todo maestra en estas cosas que están tan cercanas y con los mismos mimbres del amor. Maestra de amistad, de cómo estar cerca de los demás y de cómo disfrutar con ellos

Así, cuando Teresa reforma la orden del Carmelo con la fundación de San José en 1562 sabía que además de la construcción de aquel viejo caserón que habían podido conseguir con tanto esfuerzo, tenía que ir levantando otro edificio de naturaleza espiritual mucho más importante, lleno de amistad, confianza, fe y alegría para poder avanzar en la vida con determinada determinación, como un motor que impulsa todo hacia delante.

Teresa aparece en sus escritos pero sobre todo en lo que nos han contado de su vida y en sus cartas, como una maestra de vida, una amiga que pone la amistad como el cimiento de todo su pensamiento. La amistad es la que define su experiencia espiritual, y llega a definir a la oración, lo mas importante de toda su existencia, como un trato de amistad, algo que incluso hoy en día nos parece sorprendente.

Orar según nos dice Teresa, es tratar con quien sabemos nos ama. La amistad se constituye en los cimientos de su vida y de sus enseñanzas, y en esto nos enseña como una maestra.

Teresa fue una mujer muy cercana con todas las personas que estaban a su alrededor, era simpática y alegre, tenía un don de gentes, sabía tratar a todo el mundo y nos enseña cómo conseguirlo. Así podemos ir aprendiendo en sus escritos mayores, en la Vida, en el Castillo interior, en Camino de Perfeccióny en las Fundaciones, pero también en sus otros escritos más breves y sobre todo en sus cartas donde aparece su verdadero rostro humano y en lo que nos cuentan de su vida y de su manera de comportarse y de ser, recogido en los Procesos de beatificación y canonización que siguieron a su muerte.

Hay un Aviso que recogió Fray Luis de Leon  en la edición principede sus obras en 1588, que aunque hoy en día se cuestione la autoría de Teresa, recoge su enseñanza de manera tan clara que no puedo por menos que considerarlo como fruto de su puño y letra y de su propia experiencia personal, la que ha servido siempre de cimiento de todo su pensamiento: acomodarse a la complexión de aquel con quien trata en el alegre, alegre, y con el triste triste, en fin de hacerse todo a todos para ganarlos a todos.

Algo que hoy llamaríamos empatía que nuestra Santa ya ponía en funcionamiento en pleno siglo XV. Hay una expresión suya que recoge totalmente toda esta enseñanza, cuando nos dice que con un amigo, con la persona que tenemos al lado, tenemos que abajarnos, es decir que tenemos que pararnos un poco y mirar al otro y bajar hasta su propia vida, al momento que está pasando para ponernos en su piel  y así podremos entender qué le pasa, nos dolerán sus penas y nos pondrán muy alegres sus triunfos, seremos por momentos uno con él en la amistad y en el amor. Dos términos que Teresa siempre dice juntos, como unidos por las mismas fibras.

Teresa nunca habla de algo que no sea su propia experiencia, de algo que no haya vivido, y la amistad era lo que ocupaba su vida desde la infancia en la concurrida y alegre vivienda de don Alonso y doña Beatriz pegada a la muralla, donde jugaba con sus hermanos y con los niños que vivían por allí como los de la familia de Núñez de Vela. Los amigos y sus hermanos fueron lo mas importante en estos momentos infantiles de juegos y risas. Cuando siendo una niña murió su madre, se refugió tanto en sus amigos que su padre, tan preocupado por educar a sus hijos en la doctrina católica y en los valores de una familia hidalga castellana, no dudó en meter a la pequeña en un convento de agustinas. Era como una especie de internado donde la hermana María Briceño se convirtió en su maestra, en su madre y sobre todo en su primera amiga en el ámbito espiritual, mostrando a esta pequeña niña que eran estos sentimientos de amistad los que iban a formar siempre la urdimbre de toda su existencia.

Frente a su padre que aún desconfiaba de su hija que comenzaba a mostrar una inclinación hacia la vida religiosa, Teresa se apoyó en una amiga que estaba en el recién inaugurado Monasterio de la Encarnación, Juana Juárez, para ingresar en este enorme centro con cientos de monjas que vivían como en un pueblo medieval, libres  de las ligaduras familiares y dedicadas a la oración. Monjas entre las que la joven Teresa comenzó a encontrar a sus amigas, con las que hallar la fuerza para, un día después de la festividad de Todos Los Santos, entrar por las puertas del monasterio, a espaldas de su padre, que se disgustó mucho con la decisión de su hija.

La relación de Teresa con su padre, es una de las páginas más entrañables de todo su legado, cómo se fueron conociendo, y cómo Teresa fue entrando en el alma de su padre, y don Alonso en el de su hija inquieta y andariega, en un profundo amor que dio sentido a sus vidas y que  permitió a don Alonso caminar por las sendas místicas de la mano de su hija. Padre, hermanos y sobrinos que siempre estuvieron en el corazón de la Santa, intentando ayudarlos a todos soportando muchas veces las rencillas familiares y las pujas por los bienes. Entre todos sus familiares la relación de Teresa con su hermano don Lorenzo nos muestra la hondura de sus desvelos y cómo las preocupaciones englobaban también las del ámbito puramente espiritual y místico, con unas cartas bellísimas entre hermanos a las que hay que volver de vez en cuando.

Comenzó a tener amigos y amigas en Ávila, a través de las visitas que las monjas tenían que hacer a las familias que ayudaban económicamente al convento, y también en las animadas charlas en los locutorios. Teresa era muy popular y querida, su alegría y cercanía hacían a muchas personas acercarse a la reja, algo que a ella en muchas ocasiones le causaba mucha preocupación porque se alejaba de sus horas de silencio y meditación, metiendo su mundo en la vorágine de las relaciones sociales y personales. Entre ellas tenemos que recordar a su gran amiga Guiomar de Ulloa, que tanto ayudó en las licencias, en la financiación  y las obras del convento de San José y que presentó a Teresa a un fraile muy delgado y espiritual, de maneras sencillas y muy entrañable, llamado fray Pedro de Alcántara, y allí en la casa de Guiomar se hicieron muy amigos y se ayudaron profundamente a nivel espiritual conectando de inmediato y a nivel práctico también con todos los inconvenientes que tuvo Teresa que sortear toda su vida.

Amigos espirituales de la ciudad de Ávila que constituyeron, junto con sus amigas de Encarnación el germen de la reforma, en sus encuentro orantes y de amistad, donde había personalidades tan especiales y espirituales como Marí Díaz que en ese momento estaba trabajando en la casa de doña Guiomar y que es una gran mística y santa.

Así cuando se fundó San José, aquel día sofocante de agosto, con toda la ciudad de Ávila en contra de un grupito de monjas que se habían desplazado, Teresa tenía que construir lo más importante, su pensamiento recogido en papel para ayudar a sus hijas y a sus amigos a caminar por la vida: todas se han de amar, todas se han de querer.

Puso a la amistad como la piedra angular de esta nueva construcción y todo basado en su propia experiencia más íntima al encontrarse en lo hondo de su alma con el amigo, con Jesucristo, con el que trata de amistad, con el que se siente amada y con fuerzas para transmitir todo esto. La experiencia mística de Teresa es el amor, y así debemos entender a nuestra amiga y sus mensajes, yendo más allá de éxtasis y levitaciones, aterrizando en esta relación de amor y amistad que rodeaba su vida y que nos enseña a caminar.

Cuando conocía a alguien, Teresa que era una mujer muy lista y que sabía que tenía que poner en marcha este proceso de “abajamiento”, hablaba tan desde dentro  contando su propia vida sin tapujos, como hace de manera sorprendente con todos nosotros en sus escritos , que ya quedaban amigos íntimos para siempre, con personas de toda índole y situación social, desde el rey Felipe II que siempre socorrió a Teresa en sus momentos más críticos en relación con las investigaciones de la Inquisición  y en todos los vaivenes de la orden descalza y su relación con la calzada, hasta los carreteros con los que iba por los caminos embarrados de Castilla y Andalucía, sus hijas  siempre con ella pasando frío bajo las telas de la tartana, en ventas desoladas, ríos en crecida, al acecho de maleantes y de ordas de poblaciones enfurecidas por el paso de tanta monja.

La biografía de Teresa está atravesada por miles de amigos a los que ella quería de verdad, así sus cartas nos van descubriendo el trato que tenía con ellos, cómo se hablaban cuando estaban en intimidad, con su padre del alma y confesor Jerónimo Gracián, con Juan de la Cruz el otro pilar espiritual y vital de la reforma al que Teresa siempre vio en su santidad y valía humana. Con sus hijas más queridas, a las que hablaba tan en confidencias, animándolas y a veces reprendiéndolas en otro aspecto de la amistad que Teresa también maneja con autoridad, en la ayuda a mejorar diciendo las cosas que pueden cambiar nuestra manera de ser y de comportarnos, así aparecen figuras de las grandes hijas de Teresa que luego llevaron su legado por España y por Europa, cómo María de San José, Ana de Jesús, Ana de San Bartolomésu última amiga, enfermera, secretaria, sus manos y su corazón.

En estos días de fiestas desde hace años me acerco a Teresa buscándola a ella de verdad mas allá de las imágenes barrocas y la ornamentación festiva.  En ella encuentro a una amiga que me enseña sobre cómo es y cómo debería ser la verdadera amistad apareciendo al momento una carga eléctrica que recorre todo. Sobre cómo debo proceder con los demás, sobre la espiritualidad más auténtica y la materia de la que está compuesta, sobre cómo mirar a los demás y abajarme para ver, sentir y vivir. De cómo sólo se nos pide el amor y sólo el amor en nuestra vida como decía tan bellamente san Juan y cómo la amistad se nutre de la fuente más honda de nosotros mismos. Somos y damos lo que tenemos, lo que descubrimos, lo que ponemos en marcha cada día. Mi amiga Teresa, mi maestra de vida y de amor.

 

LAS AFINIDADES ELECTIVAS

 

En estos días donde la violencia en las calles me interroga sobre la dinámica interna de los grupos e individuos, estoy leyendo la obra maestra de Goethe “Las afinidades electivas”. El impulso de coger este libro tiene mucho que ver con estas afinidades de elección, la cercanía y actualidad con un libro escrito en 1809 que mas allá de la ambientación romántica llena de lagos, grutas y ermitas, se va desarrollando sobre un postulado científico, analizando la naturaleza, sus leyes y como los hombres dentro de ella estamos sometidos a fuerzas de atracción que pueden llevar a la destrucción y la aniquilación en procesos violentos y dramáticos. Fuerzas parecidas a las de algunos minerales y rocas que como la cal se funden desapareciendo.

Es por tanto una reflexión fraguada en bellas imágenes y preciosas expresiones sobre la moral, el dominio de si y la alienación enfermiza. Cuatro personajes de distinto sexo se encuentran por una temporada dentro de un espacio cerrado, un palacio de campo, y las fuerzas de atracción, de elección sacan la naturaleza psicológica de cada uno, rompiendo con la razón y mostrando sus debilidades personales, llegando al limite la vida de cada uno.

Existe dos tipos de memorias que nos mueven a actuar, una voluntaria basada en la cultura de grupo, dentro del ejercicio consciente de la libertad y otra de naturaleza ancestral que aunque no somos conscientes de ello, a veces está enterrada dentro de nosotros. Nos arrastra desde dentro yendo mas allá de la voluntad, sin lógica, moral por encima de la sociedad, la familia, la amistad.

La afinidad en términos sociológicos se define como un parentesco de espíritu aunado a otras similitudes interpersonales, y al añadir a esto altos niveles de intimidad y convivencia en grupos cercanos y cercados, aparecen los conocidos como grupos de afinidad. Una afinidad de ideas, ideales y causas compartidas.

Leo a Goethe en un libro de 1939, traducido por R. M Tenreiro , polifacético escritor, compañero de Picasso y amigo personal de Azaña, que realizó esta traducción mientras estaba exiliado al lado de un lago suizo. Y me voy encontrando entre las páginas con pequeñas huellas de su anterior propietario, manchitas de café y pequeñas anotaciones a lápiz. La afinidad de elección me cierra con ellos entorno a Goethe, autor que ejerce una atracción real sobre los lectores como otros genios contemporáneos como Beethoven, cuya obra también es un rio desbordado, dejando a la naturaleza en su esplendor.

Hoy en día la lectura en tablets limpias de toda huella humana nos ofrece la lectura de una manera mas higiénica borrando el tiempo. Si hubiera optado por este medio de lectura, mi reflexión sobre la situación de la España de la guerra civil, la violencia que se desató también dentro de estas fuerzas de elección y afinidad, sería distinta. Sólo me hubiera movido en las líneas de relación de los personajes, lejos del fragor de la batalla, la mordaza de las ideologías, la lucha fratricida. Y ahora me doy cuenta que esta línea entre la paz social, el respeto, la moral y la ética se puede romper fácilmente, la violencia ancestral y las afinidades dentro de momentos de tensión social o económica como el actual pueden hacer explotar todo.

Goethe fue una persona ilustrada, culta y sensible que veía con horror como se había desencadenado la Revolución francesa y el cambio provocado por la violencia, que arrancó de un sueño compartido de ideas sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Estos duros días que vivimos presionan nuestra vida y llevan a determinados seres y grupos a sacar de lo mas hondo de su naturaleza, al juntarse, una fuerza destructora de todo lo vivido, para la construcción de un hipotético nuevo mundo, por medio de la violencia, como el magma de un volcán, destrozando calles, pisoteando a las fuerzas del orden, yendo mas allá y creando sustratos de odio y violencia de muy difícil contención.

Si, Goethe me encanta leer tus cosas sobre todo en primavera. Afinidad electiva que me hace disfrutar, reflexionar y seguir adelante.

LA ERA DE LAS PANDEMIAS

Una reflexión en medio de la pandemia del coronavirus

Esta temporada tan complicada que vivimos está llena de interrogantes y de ansiedad. Tengo esa sensación de cambio de época, de crisis profunda en muchas mas cosas que la pandemia, aunque sea ésta la que empuje todo de manera violenta. El cambio económico de las potencias mundiales en un relevo hacia oriente y el desgaste político de unas naciones hartas de vivir con gobiernos poco competentes para despegar de los problemas, que son desde hace décadas de naturaleza mundial en un mundo profundamente interconectado. Una época de fracturas que me hace centrar la atención a otros momentos históricos también de crisis profunda.
Hoy en día los estudios históricos amplían sus enfoques a cosas importantes de la vida de los pueblos que convivían con las causas política, económicas y de pensamiento que tradicionalmente estudiamos. Así desde hace años el profesor Kyle Harper, rector del Departamento de classics and letters de la universidad de Oklahoma viene estudiando el fatal destino del Imperio romano centrando sus investigaciones en las enfermedades que sufrieron y que aparecen en el estudio del ADN y de sus patógenos, así como en el estudio de la climatología de esos momentos a través de los archivos naturales como piedras rupestres, núcleos de hielo, anillos de árboles, depósitos de lagos o sedimentos marinos.
El profesor Harper nos cuenta en su apasionante libro “El fatal destino de Roma”, que estas dos causas fueron determinantes en los momentos de crisis romana y esta tesis que hace unos pocos meses podríamos considerar muy arriesgada, hoy en día la entendemos, ya que vivimos bajo una pandemia mundial con millones de vidas perdidas , con poblaciones enclaustradas en sus domicilios, y porque estamos presos de un montón de fenómenos climáticos violentas que irrumpen como nevadas, lluvias torrenciales, enfriamiento global, que nos hablan sin duda de un cambio climático. Estas dos causas son la cara visible, real y podría decir salvaje de estos momentos tan críticos.
Tenemos que volver la mirada a los romanos en este momento para aprender de sus errores, dándonos cuenta de que la naturaleza puede plantarnos cara de forma violenta, mostrándonos en una mirada sencilla que el cambio climático está acampado ya entre nosotros y que los patógenos siguen su evolución como un ejercito de virus y bacterias que van mutando a cada poco haciéndose resistentes a los medicamentos.
Estudiando un poco las pestes romanas, la Antoniana (año 165) con mas de cinco millones de victimas, y la de Justiniano del 541 con mas de 50 millones, nos encontramos junto a ellas el cambio climático profundo con el que se desarrollaron. Así hubo una pequeña edad del hielo en este s. VI a consecuencia de unas erupciones volcánicas. Y la peste surge también como el Covid, de la ingestión de animales como la marmota en Mongolia y su transmisión a Europa vino con los mercaderes y fue transportada por un mundo interconectado lleno de calzadas romanas de un extremo al otro.
Viendo el nivel de vida que tenemos en occidente y en parte de oriente, los adelantos en todos los campos que nos han llevado a la luna, al estudio profundo de miles de aspectos, cambiando las formas de trabajo e interconectando a millones de personas, creemos que estamos protegidos por nuestra capacidad intelectual de ser afectados por cosas como una enfermedad vírica o una tormenta. Y estos días nos demuestran que esto no es así. Frente a todo nuestro potencial y poder aparece la naturaleza dándonos un revolcón muy doloroso. Hemos contaminado los fondos marinos, talado millones de hectáreas de bosques y tenemos un hambre imparable de consumir, transformar y devastar. Y la intercomunicación que nos permite estar juntos todos los habitantes del planeta en segundos, los medios de comunicación de masas, propician la transmisión de ese ejecito de bacterias que desde mercados muy lejanos nos llegan en forma de enfermedad y muerte. Estamos por tanto en la era de las pandemias, existen según el IPBS mas de un millón de virus no descubiertos en mamíferos y aves. Sabemos que hasta 850.00 podrían tener la capacidad de infectar personas.
Estas reflexiones me llevan a ver que la única manera de salir de estas situaciones es mediante un cambio de mentalidad a nivel global, pasando de la reacción a la prevención, mirando a la naturaleza de manera mas sostenible, ya que la aparición del Covid ha sido impulsada por actividades humanas, en este marco de sobreexplotación de todas las riquezas y bellezas que el planeta nos ofrece.
Una nueva era que planteando nuevos retos nos tiene que llevar a cambiar, a ser resilentes y a vivir de ahora en delante de otra manera, con otra mirada, con otras actitudes.
El estudio de la historia me da otras perspectivas ante la existencia y las dificultades, ahondando en el sentimiento de que los estudios de humanidades son herramientas necesarias hoy en día para vivir de manera mas sensata, conociendo más lo que somos en lo que hemos sido, vivido, creído y anhelado. Aprendiendo de los errores y avanzando.

Ayer estuvimos en el dolmen de Bernuy Salinero para ver la puesta del sol y el firmamento en el solsticio de invierno. Aunque la tarde y la noche estuvieron nubosas y el cielo no permitía ver los astros , planetas y estrellas, el momento fue impresionante.

Las puestas del sol en Bernuy en estos días de otoño- invierno son bellísimas, con sus colores tan marcados sobre las montañas. Disfruté mucho en un viaje que como un regalo me volvía a situar en el momento del descubrimiento y en los días de la excavación. La emoción por ir redescubriéndose una parte de la prehistoria de Ávila, siguiendo la huella a nuestros antepasados de hace milenios. En unos momentos que interrogan al hombre de todos los tiempos, en la muerte y su conexión con la vida, en un circulo continuo en medio de la naturaleza, fuego, piedra, agua y firmamento.

Recordar el descubrimiento hace mas de 30 años, y hacerlo con tanta gente que se acercó al dolmen, mis hijas, mi querida amiga y arqueóloga Rosa Ruiz. Momentos por los que doy mil gracias a Dios.