Ínsulas extrañas

 

El pasado día 12 de diciembre se desarrolló en el Auditorio de San Francisco un nuevo encuentro poético musical con San Juan de la Cruz, en la sala pequeña con cubierta estrellada y las paredes recubiertas de madera. La imagen sanjuanista elegida, las ínsulas extrañas, allí parecía reflejada, la forma casi de isla, la música rebotando por las paredes que reflejaban imágenes azuladas, dando a todo una profundidad de mirada.

Alumnos de CITeS , músicos y poetas interactuando, creo que creamos un momento lleno de poesía, en su sentido mas vital y vivo, moviéndose y haciendo presente al Santo de Fontiveros de una manera muy diferente a la académica y de biblioteca.

El acercamiento a la obra de San Juan, debe ir envuelta con experiencias artísticas que estén vivas, porque así la lectura profunda de lo que nos dice encuentra su verdadero campo abierto, su lugar en la expresión artística.

Un 3 de diciembre de 1577, con la detención del santo en la casita de la Encarnación denominada “ La Torrecilla”, su posterior ingreso en la prisión del convento del Carmen justo en el lugar de la muralla donde la vista se perdía desde su casa, y su traslado a la diminuta celda de Toledo, se cerró temporalmente la puerta a la vida activa del santo, a su tarea pastoral, de acompañamiento espiritual de monjas y seglares, de ayuda a la Santa en su tarea de reforma del Carmelo, y se abrió otra ventana nueva, la de la creación. Dentro de la celda- prisión, donde no podía casi ni moverse, con un ventanuco abierto arriba a las inclemencias del tiempo, sin papel ni pluma, pudo crear la obra poética mas bella de la historia de la literatura de todos los tiempos, “ El Cántico Espiritual”. Hubo por tanto un proceso íntimo y humano profundo previo a la cárcel, donde sin duda, Juan se encontró absorto en la belleza de todo lo Creado, y no sólo lo disfrutó y se maravilló, lo hizo suyo tan profundamente que ya nada, ni nadie pudo quitárselo. Así dice “ Míos son los cielos, y mía la tierra; mías son las gentes y míos los pecadores, los ángeles son míos, y la Madre de Dios es mía,… y sólo para mi”. Experiencias profundas en la naturaleza y comunión con ese Creador de todo al que conoció tanto, que se atrevió a llamarlo Amado. Oh Amado las montañas, los valles solitarios nemorosos, las ínsulas extrañas, ….”

Cuando analizamos todo lo que hay detrás, sentimos realmente emoción por vivir en el lugar donde él vivió, Ávila. Todo lo que experimentó en los años en la Encarnación, los paseos al borde del Adaja, las excursiones a los collados y montañas graníticas de mas allá de los Cuatro Postes y las estribaciones del Amblés, las nieblas pegadas en las copas de los fresnos del Soto, el cielo azul sobre la atalaya, …. Todo esto configuró el sustrato del Cántico, así lo he reflexionado algunas veces con el pintor Díaz-Castilla. Ávila estaba sin duda dentro de toda esa maravilla creada que lo subyugó, que fue realmente el flotador para no enloquecer. Ávila entendida como lugar de encuentro con el Amado, mientras su vida activa como fraile y sacerdote continuaba, en confesiones, celebraciones y clases, levantando con su esfuerzo la nueva espiritualidad que con Teresa estrenaban.

Y esta idea creo que si la hacemos nuestra, en la vida diaria acercándonos a la naturaleza de manera contemplativa nos muestra el camino de la Creación, y comprendemos cómo él la recreó tan bellamente y sentimos que nos empuja a caminar por ahí. Acercándonos a sus palabras como él se acercó a la naturaleza y absorto se encontró con el Amado. Recreamos su creación al leer sus cosas desde la hondura de nuestra vida de hoy. Las recreamos cuando tenemos ese deseo de poner en pinceladas, versos, escritos, flores, fotografías lo que vemos dentro de nosotros bajo la sombra de lo que él nos dejó. Y así el proceso continua, y entramos en la misma dinámica creadora, cada uno desde su propia manera de ser y de expresarse. Dejamos a un lado, aunque reconozcamos su valor para ir con las armas del conocimiento, lo académico, y nos hundimos en lo que hay en el fondo y que empuja a las artes a recrearlo, cuadros, partituras, poemas.

Ínsulas como la de ayer, llenas de color azul, y el movimiento circular que las envuelve, como un aire, también ya nos va a envolver a todos los que tuvimos la suerte de estar allí. Realmente nos extrañábamos como islas de lo que sentíamos, la palabra de Juan rebotaba en los espectadores, y se hacía palabra en el verso de los poetas. Y todos volvíamos una y otra vez al Cántico, y él nos lanzaba en circulo sobre nosotros a la naturaleza. Lo Creado se recrea así una y mil veces y dentro de cada uno de los que avanzan en este camino, se recrea, dentro de su interior, como su propio patrimonio, a veces toma forma de palabras, de siluetas, de tonalidades, sutiles detalles que se configuran como un todo lo vivido.

Como recitó María Ángeles Pérez López en un haiku : En el silencio,/ diecisiete gorriones,/ alzan el vuelo. El planeo sobre el Cántico y las palabras de San Juan que nos envuelve y nos lanzan a volar.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 15 de Diciembre, 2016

DE LO ANIMAL.

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Llevo varios días con la imagen de ese programa de televisión marroquí en el que la presentadora enseñaba a las mujeres cómo maquillarse los moratones de las palizas de sus esposos para que no se noten y así poder salir de casa sin problema. A la preocupación y dolor por el maltrato a las mujeres, con estadísticas que abruman, mas del 60 % de las mujeres marroquíes lo padecen, se une la lectura de este gesto.

Estaba en Berlín hace unos días disfrutando de las salas de arte griego del Altes Museum, reencontrándome con los vasos , esculturas y restos de industria que hace ya muchos años había estudiado mientras preparaba el doctorado. Me volví a parar ante el relieve de la estela Giustiniani, una joven mujer con tanta belleza de proporciones, tan delicada en su realización, con todos los pliegues del himation con movimiento, formando a su vez una columna esbelta y robusta que sostiene su propia silueta mientras lo delicado de los pliegues caen desde la fíbula del hombro. Una mirada que transmite tanta paz dentro de su propio mundo interior. Recordé en un momento a otra mujer que en los cantos de la Odisea nos muestra un mundo interior propio y que sabe mantener su dignidad al margen de lo que a su alrededor acontecía, me refiero al Canto XVIII, y a la figura de Penélope. En medio de esta epopeya heroica donde los personajes parecen hojas llevadas al ritmo del destino, los dioses y las pasiones, aparece esta mujer que parece salirse en su comportamiento tanto patrón del tiempo como del sentido último del devenir, para ser una figura universal, prototípica. En un momento, Euríome la criada insta a su señora a lavar su cuerpo y a ungirse de aceite las mejillas para poder así estar presentable ante los hombres que a su alrededor la cortejaban, después de mas de diez años de soledad. Penélope se resiste a volver a un mundo del que sólo su esposo la puede sacar, el compañero que la conoce de veras, y así dice :“ los dioses que ocupan el Olimpo me arrebataron la belleza el día que aquel se marchó”, algo así como, mi belleza sigue intacta incluso sin maquillajes. Esta soy realmente yo.

Frente a esta mujer musulmana que pese al dolor y el sufrimiento tiene que “ tragar” con todo y acicalar la violencia que aún le duele, ya antes del siglo VIII a. C. cuando este poema se recogió, hubo otra mujer que defendió, como pudo, su isla de dignidad frente a un grupo que la presionaba con violencia y tradición. Y me pregunto, porqué hemos evolucionado tan poco en estas cosas y hemos sido capaces de hacer proezas increíbles en las ciencias, la comunicación y el nivel de vida y no en la defensa de los derechos humanos.

La Estela del museo berlinés se enmarca dentro del llamado estilo clásico temprano de la primera mitad del s. V a. C. Un momento de la historia único, al que el pensador contemporáneo, George Steiner , llama milagro. Consistió en el descubrimiento y el cultivo del pensamiento abstracto, de la meditación y el cuestionamiento de lo absoluto, no contaminado por demandas utilitarias de la economía del momento. El hombre comenzó pensar, algo que es sencillo, y a la vez lo consideramos obvio, pero que como podemos leer en estos graves acontecimientos, no se desarrolla, no se potencia. Todavía las sociedades estamos dentro de ese baile al que Penélope no quería bailar, y al que muchas mujeres son obligadas a dar el paso, a recibir la bofetada y a callar disimulando.

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No quiero caer en un razonamiento simplista, la mujer en la época griega estaba mucho mas sometida que en las sociedades contemporáneas. Había esclavitud y un mandato del varón supremo sobre la mujer. Lo que me duele es que al fenómeno del maltrato a las mujeres que cada día oímos y vemos, se una la toma casi la “ invasión” hablando en términos de batalla, del ámbito mas íntimo de una persona, de una mujer, su propia dignidad y su ser. Violencia y disimulo social, porque los hombres que maltratan , basan su discurso en que no pueden comportarse con las mujeres de otra manera, por cuestiones de virilidad , educación en el oprobio y vivencias familiares y sociales.

 

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Paseaba por el Berlin que hoy en día se va levantando de tantos años de guerras y de divisiones sangrientas, con los edificios y las calles en rehabilitación, recordando que por allí pasaron Goethe y Schiller, aquel que nos dice “ Ya se apartó del sueño del sentido,/ el alma bella y libre;/ desengrillado por vosotros saltó el esclavo, /de la preocupación hacia el seno de la dicha. /Ahora cayó de lo animal, la sombría barrera,/ y apareció lo humano,…” La poesía del pensamiento, la belleza de la estela de aquella mujer griega, el alma de Penélope, el de todas las mujeres del mundo que avanzamos aportando a las sociedades nuestro verdadero valor, sin maquillajes ni programas de televisión en “ prime time” mostrando nuestra intimidad. Con Schiller vuelvo a decir: espero que caiga de lo animal la sombría barrera de la sinrazón, y que aparezca por favor lo humano.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. Jueves, 1 de diciembre, 2016.

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HACER ESPALDAS

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A medida que voy leyendo los textos de Santa Teresa me sorprendo cada vez mas de su actualidad y de cómo muchas de las cosas que nos cuenta y sobre las que reflexiona nos sirven hoy en día. En algunos aspectos como en la defensa de la dignidad humana y en la belleza insondable de cada ser, parece que nos sobrepasa yendo mucho mas lejos que nosotros cinco siglos después.

Y todo esto se junta en un momento en el que siento como una mala digestión producida por tantos acontecimientos del mundo que me sobrecogen. Los insultos y vejaciones de los dos candidatos a presidentes del país mas poderoso del mundo, Hilary y Donald, aconsejados por los gurús de la política internacional. Las propuestas de Trump de cerrar fronteras y de considerar a los emigrantes como virtuales delincuentes,… dejando a miles de “ espaldas mojadas” mexicanos al otro lado de un telón tan cruel como el de acero de hace sólo unas décadas. La oposición a las propuestas de la Cumbre sobre el cambio climático,…

Cuando leo y veo en la noticias las imágenes de tanto insulto y violencia verbal, no paro de pensar en aquello que de pequeña me enseñaron, la buena educación, la urbanidad, como un conjunto de normas sobre cómo debemos comportarnos en sociedad. Una manera de reaccionar ante los pequeños actos y acontecimientos de la vida que aunque tiene un marcado carácter formal es al menos la base para poder vivir entre nosotros de manera digna y respetuosa. Un principio básico de la educación que abarca no sólo el ámbito de las escuelas donde debería enseñarse, sino que se desarrolla en la calle, en un atasco de tráfico, en las gradas del Parlamento, en un ascensor, a la puerta de un supermercado.

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Teresa va mucho mas lejos que la simple manera de comportarnos, va al fondo del asunto. Si consideramos a todos los hombres en su valor, no podemos tratarlos como si fueran de otra especie. Cada uno de ellos nos aporta una visión bella y llena de colores y matices sobre lo que es la vida, haciendo de nuestro propio devenir un panorama mucho mas interesante y completo. Mirando así a los demás, no podremos cambiar de acera cuando se nos acercan, insultarlos desde una tribuna, dejar que se ahoguen en un foso al otro lado del paredón. Sobre todo porque si completan nuestra propia persona con su vida, tenemos que tender hacia ellos para poder vivir y madurar como personas. Somos en fin, seres que han nacido para vivir en relación, algo que va contra esta tendencia contemporánea al individualismo.

Al hablar de educción y cómo esta nos cambia la perspectiva de la vida, me acuerdo del famoso libro de Flaubert “ La educación sentimental”, porque su propio nombre es antagónico de lo que la novela nos cuenta. Mas que educar el espíritu, como parece indicar el termino” sentimental” el personaje principal, el joven Fréderic Moreau, se encuentra dentro de su propia historia como una piedra dentro una máquina mezcladora de cemento, una que cambia su propia persona y le hace vivir lo que nunca pensó que podría hacer, persiguiendo amores imposibles y haciendo de sus sentimientos un monte infranqueable para poder vivir con paz. Un montón de grava al lado del muro. Una obra maestra literaria en la que no deja al lector nunca al margen de la historia contada que como a trompicones avanza entre las páginas.

Y me pregunto si todo este ambiente cargado de toxicidad dialéctica no va a funcionar con nosotros como esto que nos cuenta Flaubert. Si no vamos a cambiar tanto que sintamos que nuestra vida ya no depende de nosotros, que lo que llega de los demás a nuestra atalaya personal es sólo una voz como de sirena, a la que respondemos pero de la que de ninguna manera nos sentimos cercanos. Nuestra isla es a la vez el guijarro que terminará en la trituradora.

Al lado de todo esto, en las palabras de Teresa sentimos mucha mas luz que la de la última luna nueva que a todos nos ha alucinado, ya que mas que considerar a los demás como” espaldas mojadas”, guijarros preparados para ser pulverizados sobre el cemento, a los que juzgamos a priori, para ver si están o no en un lado u otro del muro, para ver si podemos encontrar en su vida y trayectoria una falla, si podemos en ella desacreditarles, nuestra paisana considera que esas espaldas de los demás son las que todos necesitamos para vivir. Que hagamos espaldas unos con otros, para seguir adelante con toda la carga de nuestra existencia. Con ello ponemos a los demás al mismo nivel, tomamos fuerza de su contacto, vamos avanzando como personas mirando siempre al frente. Sin espaldas mojadas, sólo con espaldas amigas, rompiendo con ello el muro mas grande que amenaza nuestras vidas y las de nuestros hijos, el individualismo radical de aquel que considera que su modo de mirar la vida, su propio pensamiento y situación, es mucho mas valiosa que la de los demás. ¡Hagamos espaldas unos con otros! … me parece mentira que este pensamiento nos llegue desde el siglo XVI.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 16 de Noviembre. 2016.

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Tras los días de la fiesta de la Santa hago un pequeño paréntesis para visitar la exposición de Caillebotte en el Thyssen. La muestra de un pintor impresionista amigo de Monet, que descubrió en la naturaleza y en los jardines el motor de su vida. Hasta el 30 de octubre podemos con él remar por el Sena, viajar por Normandía, y perdernos por los parterres de girasoles de su jardín de Petit Gennevilliers. El salto, la chispa o la inspiración que hace a un artista encontrar su propio camino y forma de expresión, hunde sus raíces en su propia vida y vivencia. Algo transforma su visión de la realidad, haciendo entrar a su mirada creativa en otra dimensión.

Desde hace unas semanas, tengo siempre cerca un ensayo de John Fowles, (1926, 2005) “ El Árbol”, que profundiza de manera amena sobre el mundo natural que nos rodea, el patio con manzanos de su casita de infancia en Londres, y la conexión, el punto de arranque de la creación artística. La actitud que en el fondo de todo el libro parece fluir es la de “ dejarse caer”, el arte de deambular, de dejar que lo que por allí vemos, sentimos, oímos, nos enseñe. El arte pues del vagabundeo vital, del que se pone las botas, y recorre el monte, el jardín o la ribera de un rio. El arte con guantes del jardinero que pasa la mañana rastrillando el huerto.

Gustave Caillebotte, igual que John Fowles se dejó cazar. La naturaleza en estos casos pasa de ser la presa a ser la rapaz que entra a invadir el espíritu creativo de un artista. El apetito de lo natural, sus riveras pobladas de juncos, el huerto de los manzanos en flor, el camino de las dalias, llegó a ser voraz, en el sentido mas lúdico y glotón posible. Miles de cuadros forman el corpus de este autor que en los últimos años está recobrando su justa apreciación por la critica artística, con exposiciones como esta de Madrid..

Esta manera de acercarse a la naturaleza, es sin duda vital y artística en su caso, sobre todo porque de lo que se separa de manera clara es de una actitud en exceso positivista. Si sólo nos acercáramos al campo para saber, conocer, descubrir,   los artistas como Caillerbote, se volvería académicos, eruditos: no dejarían a lo natural llevar la delantera.

Esta actitud vital de entrar en la naturaleza desprovistos de manuales de plantas y animales, de móviles, fotos y cuadernos de anotaciones, dejando que lo que por allí sentimos vaya definiendo el momento, cambia nuestra percepción de la naturaleza, nos llena de energía verde, y en algunas personas desata su creatividad y arte. Allí pues se encuentra esa chispa que arranca el proceso creativo.

En 1979 John Fowles publicó “ El árbol” como compendio de sus pensamientos y artículos , casi diez años después de su famosa novela “ La mujer del teniente francés”, donde su final abierto apunta mucho de su pensamiento sobre el libre albedrío. Cómo debemos dejar que la vida nos vaya sorprendiendo y cómo hundiendo nuestros pasos y manos en la tierra del jardín, la huerta o el bosque, estamos dejando abierta esta posibilidad.

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Una de las características de nuestra sociedad intercomunicada, es la de la prisa, la cultura de lo inmediato. La tecnología está tan por encima de nuestra capacidad de entenderla, que nos hemos sometido a ella, y dejamos que sean las informaciones, las redes sociales, los whatsapps, los que definan nuestros pasos de cada día. Wikipedia es la diosa, parece que todo se subsume en ella, y fuera de allí, el saber se encuentra como una pequeña mata de malvas al margen del camino. Y el arte se enclava en esta red tan complicada, sobre todo en el aspecto de la fuente de inspiración, de la comunicación y del estilo artístico. En medio de todo este planteamiento, los pensamientos de Fowles nos dan un poco de sosiego. La naturaleza, entendida en este sentido tan amplio que abarca desde luego también a las hierbas silvestres y rastrojos de la tapia del jardín que salen y salen floreciendo cada primavera, es un motor diseñado por la creación para los hombres. Nuestro patrimonio. Una creación que debemos ver mas que como sustantivo, como verbo. Siempre en movimiento. Un movimiento que arranca el espíritu artístico, y recuerdo en todo esto el oratorio de Haydn “ La Creación”, la música de esta inspiración, la creación en notas.

Pintores como Caillebotte, Monet, escritores como Fowles, músicos como papá Haydn, nos dejan sus obras, algunas llegamos a considerarlas maestras, únicas, con gran valor. Pero todas ellas fueron creadas y lo que leemos y observamos está ya pasado, fijo, muerto, salvo que lo admiremos y lo hagamos nuestro de manera personal y creativa, lo interpretemos. Sólo la creación en la naturaleza es siempre viva “ per se”. Bella, única y en movimiento, sólo tenemos que ponernos las botas, dejar los pensamientos recurrentes , las preocupaciones familiares, la política con su red de problemas, las redes sociales, para entrar a formar parte de algo que se gesta para nosotros, vivo. Vagabundeando por ahí un rato, sabiendo cómo tenemos que calzarnos las botas.

 

 

JUAN DIEGO FLÓREZ, Sinfonía de humanidad.

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El pasado martes 4 de octubre el Teatro Real de Madrid se puso en pie para aplaudir y ovacionar al admirado tenor peruano Juan Diego Flórez en una gala benéfica patrocinada por Telefónica, presentado por Mario Vargas Llosa, en la que conmemora sus veinte años de carrera, recorriendo los teatros mas importantes de todo el mundo.

Aplaudimos a un tenor único, considerado como sucesor de Pavarotti por el mismo cantante italiano, cuando le conoció en una cena entre amigos en Pésaro, y a los postres el manager de Juan Diego, Ernesto Palacio le animó a interpretar así “ a cappella” una de las arias mas complicada para un tenor ligero de todos los tiempos, “ Ah, mes amis” de la ópera La fille du régimen de Donizetti con sus famosos nueve dos de pecho. Unas notas estratosféricas para un tenor, que él con su voz única y con su depurada técnica vocal, hace de manera tan sencilla que parece fácil, como para poder cantarlo a los postres de una reunión entre amigos, como la de aquel día.

Juan Diego mostró el martes en la elección e interpretación del programa, lleno de arias tan difíciles, como bellas y especiales en su carrera musical, su interés por esta gala, y por el trasfondo de la misma, su dedicación social de ayuda a los niños y jóvenes peruanos con pocos recursos económicos, sociales y de oportunidades, a los que con su Fundación “ Sinfonía por el Perú”, abre una nueva perspectiva vital, familiar y social.

La primera parte se abrió con un valiente grito de amistad y de confianza en su capacidad como tenor de primera línea, interpretando la complicada aria de la Matilde di Shabran “Alma Rea”, aquella con la que se lanzó al ruedo de la ópera de Rossini, en 1996 sustituyendo al tenor que iba a cantarla en el Festival de Pésaro cuando era tan sólo un joven veinteañero, recién terminada su formación en el Instituto Curtis de Filadelfia. Desde la butaca los espectadores veíamos como su voz empezaba a lanzarse al ruedo-teatro, y él como un acróbata-tenor, en sus endiabladas melodías, llenas de coloraturas y todo tipo de adornos vocales, así al empezar.

Cogió el bólido de su voz, llena de empuje esa noche, para interpretar los duos rossinianos de Le Comte Ory, “Ah, quel respect , Madame,” con la soprano valenciana Marina Monzó y el de “ Tutto è deserto,…” de la Cenerentola con la mezzo francesa Karine Dashayes, para terminar con el acelerón que provoca siempre su interpretación de “Cessa di piu resistere del Barbero de Sevilla. Cuando se refiere a esta última pieza, Flórez suele comparar el ritmo trepidante que la voz tiene que marcar, con la conducción de un coche de carreras, que lleva acelerado todo hacia el final, y en el que el cantante se juega mucho, por la dificultad de cada compás y deja al espectador en una especie de baño de adrenalina musical.

El público del Real poco a poco iba estando cautivado por el tenor, acompañado esta noche de la Orquesta Sinfónica de la Islas Baleares dirigida por su amigo Pablo Mielgo, con el que comparte escenario algunas veces. Lo que realmente nos dejó a todos emocionados fue la conexión con Perú en directo, oyendo a los niños y jóvenes de su Fundación tocando y él cantado desde el escenario de Madrid. Sus caritas de emoción y de orgullo por su trabajo con un instrumento en las manos que se convierte en la llave para el cambio personal y familiar de miles de personas.

La música, explicaba Juan Diego, cuando se interpreta comienza su andadura dentro del alma de las personas, tiene ya por tanto su propia vida, y vamos viéndola planear sobre y dentro de nosotros, nos provoca disfrutarla viendo como coloniza nuestros sentidos, queremos compartir con todos su belleza y se convierte también en instrumento de cambio social, en personas de hondo calado humano como él.

Cuando comenzó a cantar el íntimo y profundo aria del Orfeo de Gluck “ J’ai perdu mon Eurydice”, recordé su interpretación en este mismo teatro hace ya bastantes años, y poco a poco sentí la suerte de haber estado oyendo por tantos teatros del mundo, las óperas que hoy forman parte ya de su historia personal, de las de sus oyentes también y que son desde luego, parte de la historia de la música clásica. Un cantante único que ayer nos mostró su verdadera personalidad en el escenario. Tan cercano se mostró, que terminó con una guitarra cantando canciones peruanas y boleros, haciendo que el público entonara con él algunas estrofas. Nos dejó ver su verdadera personalidad y que detrás de esta voz sublime y bellísima de tenor ligero, hay un hombre sensible y comprometido con su país, que ha querido Josecompartir con los mas desfavorecidos la oportunidad que la vida le dio a él hace años, cuando salió de su país para fraguar la carrera de un cantante que ya es sin duda un ídolo vivo del “ Bel Canto”. Ayer tras el primer acto decíamos en los corrillos del Real,… “Ah, Rossini for ever”…. , y al final tenemos que reconocer que el “ for ever “ es ya Juan Diego y su carrera llena de brillo, de “champagne” según Placido Domingo. Felicidades, maestro por veinte años de carrera,… Ah, mes amis, quel jour de fête!!!!

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LA BELLEZA MAS VERDADERA. Lámparas verdes.

 En estos días radiantes y floridos de primavera, cuando nuestras sierras,  jardines, paseos y veredas se llenan de flores silvestres, hierbas y aromáticas, la tierra que durante meses de frío, está pelada y sombría se llena de color y la luz parece que levanta todo como si de una lámpara vegetal se tratara.

Y se muestra la naturaleza en lo que verdaderamente es, libre, bella e invasora. No hay para esta explosión vegetal lugares privilegiados, los basureros, descampados, bordes de caminos y cunetas se convierten también en bellos parterres de flores, mucho mas delicados y sublimes de lo que cualquier jardinero puede llegar a diseñar y crear.

Estaba estos días intentando no mirar lo que ocurre con los bordes de la carretera y las entradas que rodean mi casa en Ávila,  la muralla centenaria,  las vaguadas, yendo como con unas gafas- antifaz que no me permitieran mirar por ahí, … siento tanta lástima y verdadero dolor por la siega  de flores silvestres de estos lugares cuando todavía están frescos llenos de amapolas, acianos, malvas, cantuesos,…

Me pregunto si esa belleza que algunos percibimos como regalo de la primavera, libérrimo, desinteresado e invasivo, cómo no la ven y la sienten algunas personas que cogen la desbrozadora o el liquido de los herbicidas totales y dejan a su paso un panorama desolado, nuevamente triste y vacío.  Así arrasamos con la belleza de los bordes del camino, llenamos nuestro suelo y con él capas de sedimentos de venenos muy potentes, y nos queremos ver como sociedades avanzadas. Sentimos que sólo vale aquella flor o planta que tiene un precio en el mercado, la que yo cultivo o compro, y  me pregunto dónde dejamos el campo abierto de nuestro interior para ser conscientes del regalo que la naturaleza nos da en cada primavera.

Amando, cuidando y valorando estas veredas floridas, nos iremos dando cuenta como personas y también como sociedades del valor que tiene lo natural para nuestro bienestar personal. La energía verde está ahí, y la buscamos muchas veces en lugares  como metidos dentro de una botella, sobreexplotados, arrasados, donde tienes esa sensación de que todo está prohibido o es objeto de compra-venta.

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Estos pensamientos que desde estas líneas comparto con todos, son antiguos ya Thoureau  cometa de manera apasionada este planteamiento, y a la vez todo esto es el núcleo de una nueva revolución de la concepción de la vida, de la belleza y del hombre. Hablamos de respeto por el medio ambiente, y  sólo miramos los parques naturales, los jardines, los bosques y las especies en peligro de extinción.  Necesitamos por tanto mas respeto y también fascinación por lo natural, apuntando al valor de defensa establecido por los gobiernos y organismos, el de amor  que nace  de nuestro propio interior. Estuve inclinado a pensar que la belleza más verdadera fue aquella que nos rodeó pero que fallamos en percibir, que las formas y colores que adornan nuestra vida diaria, no las vistas lejos en el horizonte, son nuestras joyas más auténticas” Thoureau “ Walden”.

Estábamos este fin de semana celebrando la venida del gran poeta Rubén Darío a un pequeño pueblo de la Sierra de Ávila llamado Navalsauz, siguiendo los pasos de su amada Francisca Sánchez. Rememorando aquellos días allí, con la sierra florida, los piornos, cantuesos, campánulas, peonías,  el cielo que se pintaba tan azul como sus versos nos cuentan, las recias rocas de granito berroqueño cimentando las casitas, el mismo sentir duro y entrañable de sus vecinos. Descubrí que junto con el amor que Rubén sentía por Paca, su princesa, estaba también este lugar anclado en las raíces que con ella le centraban vitalmente, del alcoholismo, la vida parisina, y la hipersensibilidad del artista genial. Paca, su pueblo y su hondo y cálido corazón,…  El día previo a los actos, estuve con un grupito de vecinos decorando el pueblo con piornos y nuevamente la desbrozadora comenzó a hacerme volver al suelo ese pelado y duro de la falta de valor que se le da a lo silvestre. Aquellas florecitas y matas que completaban el marco del pueblo, tan bellas como las montañas, las encinas y los piornos,  fueron segadas sin que quien lo hizo y quienes lo ordenaron fueron conscientes de su belleza. Si respetáramos solo lo que es inevitable y tiene derecho a existir, la música y la poesía resonarían en las calles, nuevamente las palabras  de Thoureau.

Y permitirme que así me exprese con rotundidad: esto es verdad. El acto festivo fue emotivo, único e histórico. Leímos poemas, oímos la música en directo que resbalaba por las callejas y las fachadas de piedra, recorrimos el pueblo todo engalanado, comimos rosquillas que estaban aún calientes, y fuimos sintiéndonos todos amigos y vecinos porque la percepción de lo bello y vivido nos unía. Se plantearon cosas de futuro para repetir este encuentro que para todos fue muy especial. Yo me encontraba con cada mata segada a cada paso.  ¡Oh flores silvestres de los bordes de los caminos!… espero que seáis las nuevas princesas , para que la poesía y la música puedan brillar sobre vuestros tallos tan esbeltos y como lámparas verdes llenas de vida, iluminarnos. www.mariaangelesalvarez.es

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Articulo del Diario de Ávila. 23 de junio. 2016.

Festival del piorno de Gredos.

Articulo del Diario de Ávila. 9 de junio. 2016.

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Así comienza un poema de Federico García Lorca, del poemario, “ Del diván del tamarit”. Y tomo esta imagen y transformo ese mar que se pierde en el horizonte de la mirada, en amarillo, el olor a salitre se vuelve dulzón y agreste, y ambos mares se dan la mano en cuanto sábanas que a todos nos envuelven.

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Iba el otro día a la Sierra de Gredos a disfrutar un año mas del “ Festival del piorno en flor”, con la mirada perdida en amarillos, y vagando por ahí. Y pese a haber enseñado a tanta gente a trabajar con ellos, contagiando mi pasión por las flores silvestres y los paisajes de montaña, no podía ni imaginar lo que me iba a encontrar: siempre me sorprende. Los pueblos estaban engalanados de amarillo, de las casas caían piornos en ramas, las iglesias, las fuentes, los puentes, se llenaban del color de este mar. Los vecinos transforman con sus manos, su esfuerzo y su imaginación los pueblos y nos hacen sumergirnos con ellos, haciendo de estos días una verdadera fiesta que aúna a todos en labores comunales, y crea vínculos entre ellos nuevos, reforzando el amor por sus raíces, la sierra que los ha visto nacer, y el piorno que servía de tejado a su casa. Su sábana agreste.

Cuando hace unos años pensamos en hacer del espectáculo de la sierra florida de mayo y junio, un referente turístico que salvaguardara los meses mas flojos en la afluencia a la sierra de Gredos, no podíamos ni imaginar que aquel sueño llegara a ser lo que hoy en día todos podemos disfrutar. Ese sentimiento que creía personal de amor por los piornos, y verdadera devoción por lo natural que envuelve su floración, fue tomando cuerpo, me lanzó a compartir mi visión de la naturaleza como fuente de bienestar personal, motor de crecimiento personal y dinamizador social, un nuevo camino amarillo y lleno potencial. Una verdadera revolución que tiene en el piorno, su bandera.

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Año tras año he desarrollado talleres en los pueblos, he conocido a tantas personas con las que comparto el amor por lo silvestre y auténtico de la vida rural, técnicas de arte floral, diseños, nuevas propuestas pero sobre todo siempre pongo en mi aportación ,emoción y vida natural, amor por nuestras tradiciones y costumbres , avanzando por el lenguaje de las flores y todo su potencial comunicativo.

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Y ese mar, ha ido creciendo, y las olas vuelven a nosotros a revolcarnos de la impresión, como la que siento al llegar al pueblecito de san Bartolomé de Tormes a 1.700 metros de altitud y ver que prácticamente todos los vecinos , algunos vestidos con los trajes antiguos, han decorado sus casas, la fuente, las iglesias, hasta los coches tenían ramas de piornos. Que sacan sus enseres mas queridos como frutos de oficios y quehaceres del pasado, para poner ahí sus raíces y sentirse orgullosos de vivir en esta sierra ahora toda florida. Se convierten las calles en lugares de reunión de las familias, y la fiesta comienza a resbalar en todas las ventanas decoradas con piornos, peonías y otras bellas flores silvestres.

 

Leyendo en estos días a Unamuno, en sus palabras sobre Ávila, encuentro la explicación a este fenómeno que veo que va creciendo, ola a ola. Vamos a estos lugares, que son realmente “ casas” mas que pueblos rodeados de este mar de piornos , y lo que en principio pensábamos que íbamos a hacer, “ matar el tiempo” de un día de fin de semana, se transforma y mas que matar lo que hacemos es resucitarlo. Con ellos nos hundimos mas que en el pasado , considerado esto como superado, en sus raíces que son las nuestras también. Los vecinos nos sumergen en todo esto y con ellos nos vemos hasta el fondo del alma, y en este caso de manera festiva, llena de flores y de olor dulzón. En este espejo del pasado, con Dº Miguel creo que podemos encontrar nuestro porvenir como pueblos, como abulenses. Las líneas de progreso auténticas y de verdad, amando y respetando nuestra naturaleza, y forma de vida.

Dice Federico García Lorca , “Me he perdido muchas veces por el mar/ con el oído de flores recién cortadas/ con la lengua llena de amor y de agonía./ Muchas veces me he perdido por el mar/ como me pierdo en el corazón de algunos niños,…

Encuentro en este mar mi lugar en medio de la naturaleza que se me regala, mis raíces entre estos amigos, el taller de mis flores se llena del color de mis sueños. Y siento que puedo empezar a conjugar un nuevo verbo nacido en Ávila, para designar algo que hemos creado entre nosotros, único, genuino y lleno de autenticidad, el verbo “piornar”: amor por los piornos y todo lo que con ellos podemos hacer, creando y compartiendo. Estos días yo lo recito como un nuevo verso,…. Piornando siento que me pierdo en este mar/ y que en estas sábanas, me arropo.IMG_0706 IMG_0682 IMG_0659 IMG_0663 IMG_0674 IMG_0675

 

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Cuando leí que Antonio Colinas era el ganador del premio Reina Sofía de poesía iberoamericana, me acordé de este verso tan fantástico, y de esa afinidad que siento con su poesía muchas veces. De cómo cuando leí este poema “ las tormentas de Glenn Gloud”, supe que Antonio hablaba en un idioma vital muy cercano. Porque la poesía en su expresión es honda, contenida, castellana de raíz, pero también sugerente, rica y llena de matices, sonidos y percepciones existenciales.
Hablar de los sonidos que habitan tan cerca de nosotros que pasan de la sala de conciertos, de la música que envuelve el salón de casa y la biblioteca, las horas de espera, y los viajes en coche, a nuestra cabeza, al recuerdo y al baúl del fondo de la conciencia, es algo que impulsa a ponerlo en palabras y versos. Al menos a intentarlo.

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Glenn Gloud (1932-1982) fue uno de los pianistas mas brillantes no sólo de su época, sino de todos los tiempos. Era y es, porque aún podemos disfrutar de su música remasterizada, y de videos con sus actuaciones. Único y muy especial, pianista de educación cultivada desde su mas tierna infancia por su madre y profesora Florence que rápidamente vio en el niño canadiense, su talento y genio. A los cinco años ya componía obras musicales para representar en el colegio y a partir de los diez, contaba con los mejores profesores que había a su alrededor. Pero es su manera de tocar el piano, esa relación con el instrumento como si éste fuera un ser vivo que entra a formar parte del pianista durante la interpretación, imposibilitándole a hacer algo que no sea tocar, y dejar que todo fluya, lo que le convierte en único e inmortal. El profesor y virtuoso pianista chileno Alberto Guerrero lo sentó desde muy pequeño en una silla para que ejercitara y fortaleciera los brazos, y ya de ella no quiso nunca desprenderse, la vista pegada al teclado, alejando las banquetas de las salas de los conciertos. La silla de Glenn, ya pieza única de su personalidad musical mas íntima.
Le gustaba tocar en su casa de Toronto, con una taza de café sobre la cola del piano abierto, en zapatillas y bata, con las piernas cruzadas, y el fondo del jardín tras el ventanal del salón. Era brillante y especial pero casi “ autista” en su trato social, siempre intentando hablar poco, y mantenerse al margen del público que  admiraba  su modo de tocar y de la critica y el mercado musical que seguían sus pasos. Llegó a los treinta años y decidió dejar los conciertos y sólo grabar sus interpretaciones. Con Bach sentía tal afinidad que al tocar tarareaba sin poder controlarlo, golpeaba las teclas suavemente a brincos, se levantaba con la cadencia del aria de la Variaciones Goldberg en su cabeza, para volver a sentarse al piano y continuar. Sentía esa alambrada espinosa de la que habla Antonio cuando su planeo terminaba y bajaba al mundo real.

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Me impresiona aún este poema, tanto como otro tuyo que tiene a Häendel como protagonista, y en sus arias lanzas la mirada de los lectores a ver dónde se mueven sus melodías, ¿ Conocéis el lugar donde van a morir las arias de Häendel? Estaba en esos días, ya hace bastante tiempo, redescubriendo a este músico, pillada con sus arias y óperas. La interpretación de su música con instrumentos de época, el volver a oír las composiciones con el tempo que está realmente escrito, los nuevos cantantes con una visión mucho mas auténtica de la interpretación y la técnica vocal muy adelantada. Todo esto me hacía, como todavía siento que pasa, disfrutar tanto de su música, haciéndome sentir que se mueven las melodías de manera tan independiente, que realmente no sé dónde van parar.
Häendel y Bach, dos músicos barrocos alemanes, que compartieron educación musical, patronazgos, hasta de los servicios del mismo oftalmólogo al final de sus días. Vivieron en países distintos y dedicándose a tipos de música muy diferentes: la iglesia y la ópera.

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Me pregunto Antonio, dónde van no sólo las melodías que pululan en nuestras cabezas y que nos unen a tantas personas de todo el mundo, sino a dónde van también las palabras, los versos y sus sombras. Pueblan mundos dentro de nosotros, a veces como tu dices, reposan en los amarillos infinitos de la Castilla de nuestra mirada diaria, la que tras los cristales de casa y del coche se ensancha. Pero también pueblan el espíritu de tantas personas, abriendo como navajas , palabra a palabra, su lectura, haciendo de algunos poemarios y libros residentes de por vida en “la mesilla de al lado del sillón”. Libros como los tuyos, con melodías que se desplazan, y en su planeo nos muestran la luz, el desierto, la llanura, la pradera y la alambrada del caer de la tarde, y el espino que araña cada rincón de la conciencia, la vida y el dolor.

Publicado en el Diario de Ávila. 26 de mayo de 2016.

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¿Conocéis el lugar?
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Creo que se halla aquí, en este espacio
donde se inventa la infinitud de los amarillos;
un espacio en el centro del centro de Castilla
en el que nuestros cuerpos sanarían
para siempre
si tus ojos y mis ojos
mirasen estos páramos
con piedad absoluta
y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse
para hacernos su ofrenda
en rosales de sangre.
En este espacio hay un fuego blanco
en el que viene a expirar la música
que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!

¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en una tierra con más cielo que tierra,
donde los ruiseñores serenan la alameda
y la alameda serena de los ruiseñores,
y con la emanación
húmeda del tomillo más nocturno,
acude un enjambre de estrellas
a venerar la última espina de Cristo.
Es el mismo lugar donde la luz
llora luz,
y la catedral de los cardos
alza su grito de silencio,
y están solas, muy solas, las vírgenes
[anunciadas
y el pueblo, amurallado y muerto,
asciende vivo sobre un horizonte de lágrimas,
no sé si como un salmo
o como una corona de piedras inciertas.

¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en el centro del centro de Castilla,
donde por los linderos morados
se tensa, como un arco, la luz;
es un espacio en que la nada es todo,
y el todo es la nada,
y en el que junio joven viene por los montes,
vertiendo de su copa oro líquido.
Es un lugar en el que espacio y tiempo
sólo son una hoguera
que arde y que mantiene su combustión
gracias a nuestras vidas (quiero decir:
gracias a nuestras muertes).

La música que más amáis
aquí tiene su tumba.
es la música que, a través de la respiración
[de las espigas,
viene a morir en la luz que respiran
[nuestros pechos

 

¿Desde dónde llegaste con tu furia tan quieta?
Parecía que ibas a adormecerte encima del piano,
pero enseguida alzabas una hoguera
de llamas negras y tus largos dedos
de hielo acariciaban
el fuego de las más altas esferas.
Y cómo te arrullabas con cada arrebato,
quizá porque querías ser el niño
que no pudiste ser, o porque no sabías
que el hombre-niño que eras
llegaría muy pronto a desbordarte.

¿A dónde ibas separando espinos
con tu navaja de música?
¿A dónde ibas, de dónde venías
con la música que otros escribieron,
pero que sólo tú supiste alumbrar?
Para arrancar sonidos nunca oídos
no bastaban tus manos,
por eso con tus labios musitabas
lamentos amorosos.

A veces parecía que las manos
no te pertenecían,
pues volaban muy lejos del piano,
y la música y Bach las perseguían,
iban detrás buscando otros espacios
de secretos sonoros.
Marea de pasión contenida, llegaste
a este mundo en busca de más vida,
mas Ella te esperaba en una encrucijada
(Ella era el concierto final, el más sublime)
y en un excelso juego de adivinaciones,
para olvidar por siempre,
acariciabas cada tecla negra,
le susurrabas a las teclas blancas,
y siempre avanzabas bajo los cielos fríos
con tus tormentas de oros.

A veces, cual cantata, el cuerpo te temblaba
y tú ya no sabías si el piano
era cuna o féretro.
Los huesos te cantaban, ardías con la música
y tu cerebro era un bosque de órganos,
y de los tubos de éstos brotaban infinitos.
Pero a la vez tus dedos eran llamas,
diez llamas muy humildes que elevabas
allá, en lo más alto,
como plegaria última,
hasta llorar por siempre de alegría
lágrimas negras.

Luego, la soledad te devoró
y volviste a salir al encuentro de Ella
para alejarla, para adormecerla
como a ti te gustaba: arrullando
esa mar o esa noche del piano.
La Muerte te salía al encuentro
con sus coros y orquestas,
mas tú la combatías con ternura,
la ibas conduciendo (como si fuese uno
de aquellos animales que amaste y que te amaron)
hasta el redil oscuro donde tiene
la música su tumba.
Y pusiste de nuevo tus manos a cantar.
Y comenzó tu cuerpo como a tambalearse,
e ibas y venías del piano
sin poder resistir tu propia música.
Y tus ojos, cerrados, hacia dentro estallaron.

Ya no estás con nosotros,
mas tus manos nos llevan todavía
por ese firmamento
en que nos convertimos escuchándote.
Meteoro de luz, incandescente aún,
siempre regresas para irnos guiando
con tu estela hacia arriba;
nos vas arrebatando humanísimo
allá donde perdura
el combate ganado por tus manos;
nos dejas derrotados allá donde nosotros
deberemos librar nuestro propio combate
y ganar o perder para siempre
esa música que es la vida eterna.

 

 

EN PARADERO DESCONOCIDO. Un caso de criminología.

Leyendo a San Juan de la cruz, y reflexionando sobre la creación artística con Stefan Zweig

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Estoy estos días enfrascada en la lectura de las obras de San Juan de la Cruz siguiendo el master de la Universidad de la Mística, y a cada paso que voy dando con los versos de nuestro admirado paisano de Fontiveros, más me impresiona esa capacidad que muestra para hablar de la vida y el amor, y cómo todo lo hace de manera tan bella. Identifica al Creador con su creación en dónde le encuentra , las montañas, los prados, las ínsulas extrañas. No sabría decir si nos sobrecoge su obra por lo que describe y tan increíblemente sublime se muestra en la naturaleza que nos envuelve, o por cómo él lo cuenta, la pausa y el espacio ese que vemos entre cada palabra, la sombra tras de cada verso, la música callada tras cada estrofa. Por el proceso creativo.

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En 1940 Stefan Zweig mandó una carta a su primera esposa Friderike en la que recogía sus impresiones sobre la creación artística y su misterio. Al adentrarnos en las obras de arte, contaba, cuando alguna de ellas salta del anonimato del estante de la vista o el oído, al del interior y allí está con nosotros, en ese momento, sentimos una gran humildad y nos sobrecoge la impresión. Vemos que hay algunos elegidos, artistas de veras que hacen comprensible con su obra, lo que en si mismo parte de un principio incomprensible. Este proceso de la creación artística se asemeja mucho a un caso de criminología, en ambos reconstruimos dentro de nosotros, con un poema como este de San Juan, o con una sonata de Corelli, una acción cuya realización en origen no hemos presenciado. Y esto nos debe llevar a no acercarnos a estas obras sólo de manera racional, sino a dejar abierto todo nuestro sentido a la aventura que nos muestran. Lo cierto es que cuando leemos , oímos, vamos poco a poco recreando lo dicho, entendiendo a nuestro modo, somos con el autor , autores por contagio.

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Esto lo he visto y sobre todo lo he oído hace unos días en un concierto en el Teatro Real de Madrid, en un recital del reputado y conocido contratenor alemán Andreas Scholl, y curiosamente no en su voz, ni en su manera de interpretar la música compuesta para los castratis de los siglos XVII y XVIII. El que me ha ayudado, además de impresionarme mucho con su interpretación, fue el violinista italiano, Stefano Montanari, que apareció en escena vestido a la manera de los piratas de Caribe, y levantó ante todos una especie de poema lleno de belleza con su violín. Un nuevo Cántico, la naturaleza sobre-creada, el arte en mayúsculas, al ver que no era sólo un interprete mas, con su actuación fue co-creador de todo, sacó las piezas y sus partituras del estante oscuro, al luminoso y lleno de sonidos, melodías, trinos y apoyaturas imposibles. Cuando en la segunda parte del recital, interpretó, junto con un clave, un chelo y un laúd, la sonata op. 5 de Arcángelo Corelli,( 1653-1713) sentí, creo que con todo el público, la emoción de lo creado y compartido.Unknown

En estos días de primavera tan llenos de actos , la semana de Rubén Darío recordando su relación con Ávila por medio de su amada Francisca , las jornadas en el Palacio de Caprotti, el centenario de Cervantes, el recuerdo a Tomás Luis de Victoria, y los cursos sobre San Juan, estas reflexiones nos sitúan en otro lugar. Me planteo entonces qué papel tenemos en este proceso creativo y cómo manejamos la impresión que nos provoca un poema o una sonata de violín. En primer lugar pasa a ser ya algo propio, ya sé qué voy a escuchar cuando esté un poco alicaída y necesite un reconstituyente emocional. Oiré a Stefano y a Corelli, y leeré el Cántico. Pero ya no voy a intentar saber mas de ellos, su vida y distintas pistas de este juicio de estilo criminológico, no. Ya siento que en este segundo paso llega a mi propia lectura y audición de ello y cómo desde ese lugar recreo dentro de mi todo, sintiéndome parte creativa del proceso, dejando mi papel de acompañamiento.

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Dice Stefan que en este proceso creativo los artistas en un momento dado están tan en su obra, viviendo en ella, alimentándose de lo que allí viven que sentimos que andan “ fuera de si”, como indica la palabra griega ekstasis. Cierto día al llegar un amigo al estudio de Balzac que con su largo camisón blanco y su taza de café concentrado estaba escribiendo una novela, llamó a la puerta y el escritor le abrió con lágrimas en los ojos, “ ¡Qué horror! , la duquesa de Langeais ha muerto”, dijo, la protagonista de esa novela que sólo existía en su mente y en el mundo de su creación. Con lágrimas pero de emoción me imagino estos días a San Juan, viviendo en la prisión mas lúgubre de Toledo, húmeda y desolada, el mundo de la Creación por él levantada, el otero, la majada, la fuente cristalina. El proceso creativo es una especie de juicio criminológico, en el que el autor muchas veces se encuentra en paradero desconocido.

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Articulo  en el Diario de Ávila. 28 de abril 2016.