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LA BELLEZA MAS VERDADERA

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LA BELLEZA MAS VERDADERA. Lámparas verdes.

 En estos días radiantes y floridos de primavera, cuando nuestras sierras,  jardines, paseos y veredas se llenan de flores silvestres, hierbas y aromáticas, la tierra que durante meses de frío, está pelada y sombría se llena de color y la luz parece que levanta todo como si de una lámpara vegetal se tratara.

Y se muestra la naturaleza en lo que verdaderamente es, libre, bella e invasora. No hay para esta explosión vegetal lugares privilegiados, los basureros, descampados, bordes de caminos y cunetas se convierten también en bellos parterres de flores, mucho mas delicados y sublimes de lo que cualquier jardinero puede llegar a diseñar y crear.

Estaba estos días intentando no mirar lo que ocurre con los bordes de la carretera y las entradas que rodean mi casa en Ávila,  la muralla centenaria,  las vaguadas, yendo como con unas gafas- antifaz que no me permitieran mirar por ahí, … siento tanta lástima y verdadero dolor por la siega  de flores silvestres de estos lugares cuando todavía están frescos llenos de amapolas, acianos, malvas, cantuesos,…

Me pregunto si esa belleza que algunos percibimos como regalo de la primavera, libérrimo, desinteresado e invasivo, cómo no la ven y la sienten algunas personas que cogen la desbrozadora o el liquido de los herbicidas totales y dejan a su paso un panorama desolado, nuevamente triste y vacío.  Así arrasamos con la belleza de los bordes del camino, llenamos nuestro suelo y con él capas de sedimentos de venenos muy potentes, y nos queremos ver como sociedades avanzadas. Sentimos que sólo vale aquella flor o planta que tiene un precio en el mercado, la que yo cultivo o compro, y  me pregunto dónde dejamos el campo abierto de nuestro interior para ser conscientes del regalo que la naturaleza nos da en cada primavera.

Amando, cuidando y valorando estas veredas floridas, nos iremos dando cuenta como personas y también como sociedades del valor que tiene lo natural para nuestro bienestar personal. La energía verde está ahí, y la buscamos muchas veces en lugares  como metidos dentro de una botella, sobreexplotados, arrasados, donde tienes esa sensación de que todo está prohibido o es objeto de compra-venta.

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Estos pensamientos que desde estas líneas comparto con todos, son antiguos ya Thoureau  cometa de manera apasionada este planteamiento, y a la vez todo esto es el núcleo de una nueva revolución de la concepción de la vida, de la belleza y del hombre. Hablamos de respeto por el medio ambiente, y  sólo miramos los parques naturales, los jardines, los bosques y las especies en peligro de extinción.  Necesitamos por tanto mas respeto y también fascinación por lo natural, apuntando al valor de defensa establecido por los gobiernos y organismos, el de amor  que nace  de nuestro propio interior. Estuve inclinado a pensar que la belleza más verdadera fue aquella que nos rodeó pero que fallamos en percibir, que las formas y colores que adornan nuestra vida diaria, no las vistas lejos en el horizonte, son nuestras joyas más auténticas” Thoureau “ Walden”.

Estábamos este fin de semana celebrando la venida del gran poeta Rubén Darío a un pequeño pueblo de la Sierra de Ávila llamado Navalsauz, siguiendo los pasos de su amada Francisca Sánchez. Rememorando aquellos días allí, con la sierra florida, los piornos, cantuesos, campánulas, peonías,  el cielo que se pintaba tan azul como sus versos nos cuentan, las recias rocas de granito berroqueño cimentando las casitas, el mismo sentir duro y entrañable de sus vecinos. Descubrí que junto con el amor que Rubén sentía por Paca, su princesa, estaba también este lugar anclado en las raíces que con ella le centraban vitalmente, del alcoholismo, la vida parisina, y la hipersensibilidad del artista genial. Paca, su pueblo y su hondo y cálido corazón,…  El día previo a los actos, estuve con un grupito de vecinos decorando el pueblo con piornos y nuevamente la desbrozadora comenzó a hacerme volver al suelo ese pelado y duro de la falta de valor que se le da a lo silvestre. Aquellas florecitas y matas que completaban el marco del pueblo, tan bellas como las montañas, las encinas y los piornos,  fueron segadas sin que quien lo hizo y quienes lo ordenaron fueron conscientes de su belleza. Si respetáramos solo lo que es inevitable y tiene derecho a existir, la música y la poesía resonarían en las calles, nuevamente las palabras  de Thoureau.

Y permitirme que así me exprese con rotundidad: esto es verdad. El acto festivo fue emotivo, único e histórico. Leímos poemas, oímos la música en directo que resbalaba por las callejas y las fachadas de piedra, recorrimos el pueblo todo engalanado, comimos rosquillas que estaban aún calientes, y fuimos sintiéndonos todos amigos y vecinos porque la percepción de lo bello y vivido nos unía. Se plantearon cosas de futuro para repetir este encuentro que para todos fue muy especial. Yo me encontraba con cada mata segada a cada paso.  ¡Oh flores silvestres de los bordes de los caminos!… espero que seáis las nuevas princesas , para que la poesía y la música puedan brillar sobre vuestros tallos tan esbeltos y como lámparas verdes llenas de vida, iluminarnos. www.mariaangelesalvarez.es

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Articulo del Diario de Ávila. 23 de junio. 2016.

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