Tu libro Las hierbas.. me ha supuesto una gratísima sorpresa porque no te conocía como poeta. La edición, con tus elegantes y sencillas ilustraciones, invitan a su lectura, de la que uno no puede salir defraudado.

Me gusta tu lenguaje contenido y preciso, el silencio de naturaleza espiritual que has logrado preservar entre las palabras, elegidas una a una como esas flores con las que edificas tus universos florales. Me atrae la profunda simbología de tus palabras, a la vez sencillas y evocadoras, la elementalidad de esos conceptos, tan próximos a la naturaleza, que se nutren de toda la simbología de los textos sagrados y que, desde su humildad, adquieren toda la trascendencia de lo alto, de lo inaprensible, de lo que permanece al margen de nuestra comprensión.

La luz que abre nuestro entendimiento puede ser la misma que agosta los sembrados y las tierras de Ávila, porque es sobre la vocación del desierto sobre la que se trazan los caminos, inesperadamente fértiles, de la espiritualidad.

Me gusta mucho la valoración que de tu libro hace nuestro común amigo Álvaro Valverde. Es poesía de la compasión y del consuelo, de la amistad y del amor. Una poesía basada, como comenté yo mismo hace unos días (y que también recoge tu cita de Whitman), sobre la imagen, que es sobre la que se ha construido la mejor poesía de todos los tiempos.

Escribir desde la verdad es un riesgo en estos tiempos que corren. Es más, escribir desde la sinceridad y la honradez es sin duda un acto subversivo en medio de tanta impostura literaria. Por eso me alegra descubrir a una poeta que, ahondando en sí misma, y sin renunciar a la herencia de nuestra mejor tradición literaria, ha sido capaz de recoger lo mejor de sí misma.

Enhorabuena, amiga María Ángeles, gracias por hacerme partícipe de tu hospitalidad y de tu rico universo personal, tan próximo al mío.

 

 Y salí de mi tienda sombría

 

Parece increíble y cruel que volvamos a vivir cosas y acontecimientos históricos salvajes que parecían ya cosa del pasado, algo superado. Sentíamos que la humanidad había aprendido de sus errores mayúsculos, de tanta sangre y que no iba a transitar por un camino de violencia, muerte, guerra e invasiones. Pero este ataque bélico  de Rusia contra Ucrania, nos demuestra que todo puede volver a aparecer en las sociedades avanzadas e intercomunicadas del s. XXI.

Ivan Bunin es un autor ruso del s. XX que tuvo que salir de su país cuando comenzó Revolución Rusa, abandonando su hacienda y su carrera profesional y vital. Todo el mundo en el que vivía se desmoronó de repente con un estallido que sabemos cómo ha cambiado el panorama mundial desde entonces y todo lo que supuso en las guerras y atrocidades vividas en este siglo. Un escritor que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1933 y que tiene, junto a su obra en prosa una producción poética muy singular que estoy en estos días leyendo.

Un escritor como él, es en el fondo de su ser, un verdadero poeta que mira la vida de forma especial, cabalgando sus sentimientos y observaciones con las palabras, buscando el sentido oculto de cada imagen, haciéndonos vivir en su mundo que va apareciendo verso a verso.

En un poema escrito en 1907, se va en imágenes a la tumba de Abraham, Isaac, Sara y Raquel en el Hebrón,  en una ancha llanada de piedra,/entre cuestas y rampas/… escuché en plena noche,/ como llanto de un niño,/ a un chacal que gritaba. Y parece que ese grito se junta en mi interior con los que las noticias nos muestran de la situación en Ucrania, donde hay lobos entre niños, y donde la población que había olvidado a sus muertos, vuelve a recorrer las cuestas empinadas llenas de pedregales, para encontrarse con ellos, reviviendo el dolor de una historia cuajada de violencia, guerra y atrocidades.

En este momento, en el que el alma de millones de personas se encuentra preocupada por todo lo que está ocurriendo y por lo que se avecina, recordando momentos que parecen similares y que fueron el desencadenante de las guerras mundiales, me pregunto cómo puede la diplomacia mundial, después de las lecciones pasadas, haber fallado de manera tan rotunda. Cómo no se pueden encerrar a los lobos en sus guaridas, al margen de los niños y de sus familias, cómo podemos estar así después de todo lo que el mundo ha sufrido hace unos años, que parecían lejanos y ahora están aquí en pie con nosotros.

Y salí de mi tienda, doliente, no sé qué buscaba… es como si toda la historia de Abraham se pusiera también de pie tomado la actualidad como escenario para desarrollarse, buscando una tierra donde vivir y donde no sufrir el ataque y la guerra. Esas largas caravanas de personas que intentan salir de la ciudad, mientras sobre Kiev y sus alrededores se oyen los bombardeos. Los miles de habitantes que buscan cobijo en los refugios subterráneos, el metro, y el miedo y la preocupación que como lobo hambriento va comiéndose por dentro el bienestar que parecía que como sociedades estábamos disfrutando.

Volver a la historia vivida nos enseña mucho de nosotros mismos y su reflexión empuja muchas veces nuestras acciones, tanto en el buen sentido, aprendiendo de los errores para superarlos, como en el negativo, intentando volver a momentos pasados que se consideran mejores en algún aspecto, olvidando el mapa completo de la situación. Este tipo de planteamientos que buscan retroceder a un tiempo de supremacía de un pueblo sobre otro, configurando un nuevo orden social, es lo que debe estar en al hoja de ruta de Putin. Volver a un mapa ya disuelto, donde países que hoy en día son soberanos, deben , en su planteamiento, volver a estar en la esfera de poder y de influencia de Rusia.

Un ataque que pilla a todo el mundo en medio de una pandemia que desangra las fuerzas tanto económicas como vitales, una pandemia que desde luego ha cambiado el panorama de poder en el mundo, en el que Rusia quiere, con estas acciones bélicas, dejar claro su papel protagonista en la esfera mundial, pasando por encima de todo, sin oír el llanto de los niños, siguiendo sólo el instinto de lobo que tras la piel de cordero, se esconde.

En la ruta de Hebron estamos ahora todos, llorando por las víctimas que no deberían estar ahí, fueron llevadas en plena noche alumbraban, inmóviles, silenciosas estrellas la tierra ancestral, olvidada… en una noche que a pesar de ser oscura y atroz presenta en su propio alumbramiento astral, tenue pero real, un atisbo de esperanza. Las estrellas siguen ahí brillando, marcando senderos de cordura, solidaridad y siguiendo el predicado de Abraham como padre de tantos creyentes en todo el mundo, de amor. Y es esto lo que puede transformar la sinrazón, cuando entre todos, al lado de las tumbas de los que se fueros antes de tiempo, mirando el firmamento, podamos ayudar a construir un panorama mas justo, humano y real.

 

El día 15 de febrero nos reunimos para un encuentro literario en la Biblioteca Pública de Ávila. Impartí una con gerencia con el titulo » Secretos en el camino» haciendo míos los versos del poeta Thomas Tranströmer.

Aquí os dejamos el link del video para que podais seguir la conferencia.

Doy las gracias a la Biblioteca  Pública de Ávila , a su directora y al poeta Jose María Muñoz Quirós, coordinador de estos encuentros literarios.

 

La estrella verde de Teresa

 

Estábamos a punto de celebrar las fiestas navideñas cuando nos enteramos del fallecimiento del p. Rómulo Cuartas,subdirector de la Universidad de la Mística, CITeS de Ávila. El dolor por la perdida de una persona tan querida se juntaba de manera impresionante con el bullicio y la alegría de las fiestas.

Rómulo era un padre carmelita colombiano lleno de todo el carisma de nuestra Santa, afable, simpático y amistoso. Junto con el actual director, J. Francisco Sancho Fermín fue el verdadero constructor del actual CITeS, no sólo en su aspecto material sino sobre todo en el espiritual.

La herencia  de Santa Teresa que mas nos deslumbra y que nos ayuda incluso hoy siglos después de su vida, es todo su pensamiento, la espiritualidad, la experiencia de fe y de amor que da forma a un castillo brillante y transparente. Al leer sus palabras y comenzar a vivir con ellas, el castillo se levanta en nuestro interior, al modo de Teresa. Pero para habitar por dentro, tenemos que conocer lo que nos dice, conocerla a ella en profundidad, aprendiendo a entender su manera peculiar y antigua de expresarse. En este aspecto de aprendizaje  y formación la Universidad de la Mística se alza como una verdadera aliada para sobrevivir de manera mas profunda en este momento tan convulso donde la falta de creencias, la apatía y el materialismo nos deja huérfanos de nuestro principal tesoro personal, la espiritualidad que nos hace hombres.

En este sentido, Rómulo ha ayudado a levantar el castillo interior de miles de personas que desde todo el mundo acuden  presencialmente y de manera virtual a las clases, masters y congresos que se suceden en la programación de la Universidad. Con todo el espíritu de apertura de Teresa y Juan a todas las personas al margen del sexo, espiritualidad y nacionalidad. A personas consagradas y laicas, familias y estudiantes, que se nutren de todo lo que allí se explica, se estudia y se hace vida.

 Todo este ideal de entrega del patrimonio eterno de Teresa, tomó forma y cuerpo en una estrella, con la misma silueta de la Universidad. Un estrella que como la de Belén nos ilumina y con sus muros verdes se levanta en la misma huerta del Monasterio de la Encarnación donde la Santa vivió mas de media vida desde que con veinte años llamó a la campana de la puerta, huyendo de la casa de su padre que no estaba de acuerdo con su ingreso en el convento.

Estaría Teresa a ratos caminando por estos lugares, meditando con la hermosura del campo, las flores en primavera y las puestas de sol sobre la muralla. Los actuales jardines de la universidad que tanto deleitaban a Rómulo se levantan sobre estos momentos teresianos, llenos de naturaleza y contemplación, por donde hoy en día viven y disfrutan cientos de personas que viven entre los curvos y recios muros de la universidad.

Solía Rómulo explicar de manera sencilla, muchas veces con imágenes y demostraciones, lo que acontece dentro de nuestro interior, habitado por un amor que se desborda. Dedicó su vida dentro de la orden del Carmelo descalzo para acompañar en la fe y descubrir a miles de personas, por todo el mundo, el paisaje de su propia alma y el paso del Señor por dentro, siguiendo las huellas de Teresa y de Juan.

Ávila cuenta con la única Universidad de la Mística del mundo y en esto todo el legado de la Santa es nuevamente pionero, en un mundo tan necesitado de volver a la espiritualidad. Digo volver, porque el gran patrimonio de nuestra propia fe es enorme, y lleno de profundos surcos de vida y de renacimiento interior. Parece que hoy en día cuando hablamos de meditación, palabra tan utilizada, nos vamos a las tradiciones budistas y de otras religiones orientales porque, desconocemos el grandísimo legado de nuestra propia espiritualidad, que tiene en Teresa de Jesús una maestra de vida y de oración, completamente idónea para la vida actual con todas sus complicaciones y oscuridades.

Al poner la lista de lugares teresianos en Ávila, junto con la Casa Natal ( La Santa), el Monasterio de la Encarnación y el Convento de San José, aparece la Universidad de la Mistica como la estrella y el faro de las palabras y la experiencia de Teresa a todo el mundo. Un faro que mira al presente y se enfrenta al futuro, enseñando, ayudando a leer y profundizar en todo lo que los místicos nos dicen y que tiene tanto predicamento y vigencia hoy en día.

La Universidad de la Mística es una estrella verde en medio de la huerta amada de Teresa, y Rómulo ha sido y sigue siendo, el farero que ilumina a miles de personas, buscadoras de la verdad.

 

En este comienzo de año recojo todos mis propósitos, ideas y proyectos para los meses que se avecinan y me siento tranquilamente debajo de un árbol en medio del bosque. No conozco nada que tenga, al menos para mi, mas potencia que estos momentos, sintiendo que no sólo las ramas me abrazan en el cielo que en ellas se recorta, sino que las raíces me introducen en un submundo real y lleno de energía. Nos cuentan los naturalistas como Peter Wohlleben que las raíces de los árboles de un bosque se interrelacionan formando una red tupida por la que fluye energía, y donde se comunican información sobre las amenazas y las distintas peculiaridades del momento. Así entiendo ese poder de envolvernos y de cobijo cuando nos sentamos como yo ahora, a principios de 2022 en la base de su tronco.

La niebla se va levantando como puede, quedándose enganchada a veces en las ramas de los árboles cargados de líquenes en el camino umbroso que conduce al Santuario de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro. La vista parece abrigada por la filigrana de ramas plateadas envueltas en niebla, en un espectáculo que parece salido de un cuento navideño, mostrándome árboles que parecen cantar y susurrar cosas, palabras, pensamientos y canciones, con el paso del viento.

El árbol ha fascinado a todos los hombres desde la más remota antigüedad siendo adorados como dioses, sintiendo su poder al conectar el cielo con lo mas profundo de la tierra, viendo que eran el canal que comunica el sol sanador y fuente de vida con la tierra que por él se engendra rociada de semillas. Se junta así el árbol cósmico y el árbol del conocimiento que nos conecta con el inframundo. Un árbol que nos invita a un viaje hasta lo más hondo de nosotros mismos, meditando en sus profundidades y encontrando cómo dice nuestra Santa la fuente del conocimiento de la verdad del ser y de la naturaleza amorosa del Creador. Sentados bajo sus ramas, en esta mañana de enero, cuajadas de frío y líquenes, aprendemos de manera inmediata algo sobre nosotros, el futuro que se avecina y las raíces de lo vivido.

En este mágico lugar al sur de Gredos, me encuentro con el gran amigo de Teresa, san Pedro de Alcántara, que también se sentó como yo por aquí, maravillado por las cortezas secas, retorcidas y plateadas que le recordaban su propio camino en la fe, su personalidad austera y brillante, la humildad, la pobreza en el escenario más rico en belleza natural que podamos admirar.

En todo este vértigo de comenzar un nuevo año, donde la reflexión sobre lo vivido, los logros y patinazos, las pérdidas de amigos entrañables, y el empuje hacia delante,  parece que me va enseñando, tengo esa necesidad de escribir todas estas palabras que los árboles me regalan. Poder compartirlas como parte del paisaje gélido de esta mañana, junto con los líquenes y la niebla. La palabra hace en un momento vivir lo que existía solo en mi mente, y al tomar cuerpo en el papel parece que comienza una nueva andadura en mi vida y en la de los que las van haciendo suyas.

Vivimos un tiempo muy convulso, la pandemia del COVID ha trastocado nuestra existencia y por lo menos en estos días, nada es como ha sido siempre, durante siglos. La parte más dura y cruel es la que tiene que ver con las relaciones interpersonales. Las limitaciones para encontrarnos, abrazarnos y conversar en privado, nos ha empujado a lugares virtuales, con las series, películas, y chats que nos aíslan aún más de los demás y también del entorno donde habitamos. Todo parece sacado de una pesadilla, los paseantes y peregrinos que suben al santuario andando bajo la bóveda de ramas y musgos, llevan sus mascarillas como una especie de escudo frente al aire, la brisa, los aromas del bosque. Pero el bosque ejerce incluso frente a esa armadura de las mascarillas, su influjo, dándonos paz y serenidad, conectándonos con la tierra en un paseo por nuestro pasado que nos empuja a vivir este nuevo tiempo que comienza de manera sencilla.

El bosque constituye ese lugar que los hombres hemos llamado casa desde milenios, aunque, como en algunas reformas de nuestra casa, hayamos metido la pata al elegir qué introducir, las plantaciones y las acciones que llevamos a cabo. El hombre se siente por encima de la creación, con un deseo de perfeccionarla para su propio interés económico, de disfrute, de apreciaciones vitales. Más que sentirse un ser más que vive entre sus árboles, matas y ramas, se erige como director de operaciones en medio del bosque, provocando dolor a  los habitantes, a los árboles, las plantas, con la contaminación, las talas despiadadas, el fuego devastador, la planificación de sus recursos con fines puramente económicos.

Bosques llenos de belleza, que nos enseñan lecciones de humildad y cooperación, mientas entramos en sus reinos llenos de admiración y profundo respeto. Árboles que nos regalan palabras cargadas de sosiego, belleza , paz y esperanza. Feliz año 2022

 

 

 

La noche estaba muy fría pero serena, la nieve comenzaba a caer lentamente. Veía como en un cine una historia cruel por ser absolutamente verídica: tras la ventana se arremolinan las miradas de los miles de seres que buscan la manera de pasar una frontera, huyendo del hambre, el frio y la miseria. Estoy anclada en estas imágenes, en la frontera ente Polonia y Bielorrusia, y parecen recién sacadas de una novela naturalista, donde el frio se convierte, junto con el bosque, en el protagonista . Donde el horror se congela y gime lleno de vergüenza.

Junto con las razones que los políticos y los analistas presentan sobre el verdadero sentido de todo, está la nieve, la miseria y el hambre, interrogándonos como ese gamo que se acerca a la ventana mirando desde lejos, en el poema del poeta y novelista británico, Thomas Hardy.

Estos días en mi pesadumbre por tantos seres que pasan tanta necesidad en medio del bosque, me he sumergido con este poema en el mundo de Hardy, leyendo sus novelas y poesías,  aprendiendo muchas cosas sobre la capacidad de describir lo cotidiano, la personalidad de cada uno, la trama llena de giros tan insospechados como la propia vida.

Thomas Hardy(1840/1928) considerado uno de los padres de la poesía británica actual, tiene unas obras tan bien trabadas que podríamos leerlas durante años, sin dejar nunca de emocionarnos, llenas de una profunda melancolía, donde la muerte y el sentido de lo efímero cae sobre sus poemas y novelas. Concibe en sus obras la vida humana como ajena a la voluntad, todo parece estar atado por un sentido que se extiende mas allá de lo sensato.

Leyendo Los habitantes del bosque, mientras nevaba sobre Ávila, me he sentido tan cerca de lo que describe que me ha recorrido un frío interior. El bosque se convierte en el protagonista que fagocita y va expulsando a cada personaje, completamente revestidos de su esencia. Una obra maestra que nos transporta mas allá de la sociedad rural victoriana en la Inglaterra del s.XIX, y que hoy en día tiene tanta vigencia y actualidad en la lamentable situación de tantos seres que, con sus ojos oscuros nos miran detrás de la ventana, en una Europa que se siente a salvo de las oleadas de migrantes, al otro lado de las alambradas del miedo, llenos de falta de compasión.

Europa aparece en la protagonista, Grace Melbournes, preciosa, culta y remilgada a la que le resulta imposible mirar mas allá de su propia existencia para descubrir como, los seres menos favorecidos por la historia y la existencia, tienen valores y normas de comportamiento mas elevadas y dignas de admiración y respeto, llegando a morir por ello, como ocurre con el protagonista Giles Winterbone, comportándose como un Jean Valjean en el ámbito inglés.

afuera, en las tinieblas, alguien mira/ través del cristal de la ventana/desde la blanca sábana aterida”… un gamo que nos habla de la naturaleza y de la soledad, pasando por la existencia sin ser visto por los otros, siendo el bosque el que atenaza a sus personajes, como así lo consideraba Virginia Woolf, ya que Hardy era amigo de su padre Leslie Stephen.

Se han sucedido mas de treinta mil intentos de cruzar la valla alambrada cada noche en medio del frio y la nieve. Cientos de personas y niños viven en este frio entorno en tiendas de campaña, empujadas por el ejercito bielorruso contra una alambrada, después de haber sido conducidos como ratones a este terreno oscuro por el sonido de una flauta al modo de Hamelin.

La niebla se junta con el humo y no somos capaces de distinguir mas que los ojos al final de las nubes. Recogen ramitas para calentarse en tímidas fogatas, recordando sus casas y el viaje que les proporcionaron las agencias que empujaron a tantas personas al fondo del abismo y de la niebla.

El bosque contiene, a la manera de Hardy, su propia vida, incluso en la Navidad, albergando el hogar de Ded Morón, el abuelo de los fríos, una versión eslava de Santa Claus, que ancla sus raíces en los pueblos preromanos.

Estamos en Adviento, alguien nos mira al otro lado del cristal, pero damos la vuelta porque estamos cómodos y calentitos en nuestro salón, ajenos a tanto sufrimiento, sin saber que, si no miramos la realidad mundial como parte de nuestra propia esencia personal, nada cambiará.Nada cambiará si no somos un poco Jean Valjean y Giles Winterbone.

Giles muere en un chamizo para que Grace no pase frio, en medio del clima cruento del bosque. Mas allá del miedo se establece el reino del amor y la compasión, cuando somos capaces de ver en medio de la niebla sintiendo que nos duele todo por dentro, viendo que hay un gamo que nos mira en las tinieblas, a través del cristal de la ventana del salón de casa.

 

 

Las suites francesas de Bach

 

Desde hace unos días estoy estudiando  unas partituras que me llenan de emoción, las suites francesas de Bach en mi piano. Paso por momentos de la partitura a la música en vivo y con ella parece que entro en lugares muy distintos del salón de casa, voy al estudio del gran maestro, su casa en Leipzig llena de estudiantes bulliciosos y una familia muy numerosa. Me encuentro con Anna Magdalena Bach, la esposa del gran maestro, soprano, música, copista y estudiante de clave, para ella dejó Bach escritas un montón de bellísimas partituras entre las que se encuentran estas suites.

Al ir tocando las suites comencé a sentir su sentido como piezas de baile y de cortejo amoroso.Son rítmicas y llenas de melodías profundamente sentimentales que se van repitiendo.Las suites son piezas compuestas para  disfrutar oyéndolas, para ser bailadas, en un momento en el que eran los bailes los lugares para relacionarse y encontrar pareja mediante los movimientos. Me recreo en las allemandes sabiendo que se bailaban cogidos de las manos, con su composición binaria y lenta, llena de romanticismo, tan lejos de cómo se crearon en el medievo para caballeros que las bailaban lentamente al ir vestidos con sus armaduras. El ritmo sensual de las zarabandas me atrapa.

Bach debió componer estas piezas entre 1722/ 1725 cuando trabajaba en la corte de Cöthen para Leopoldo de Anhalt, después de haberse formado musicalmente leyendo los libros de partituras para clavecín de Jean- Henri d´Anglebert, los de Francoise Dieupart y Couperin, cuando estudiaba en Luneburgo.

Esta corte era, hasta el matrimonio con su prima Federica Henrietta, muy musical, algo que cambió totalmente por la falta de interés de la princesa, lo que motivó que Bach que acababa de casarse con Anna Magdalena se tuviera que marchar a Leipzig. Se casó Bach con Anna Magdalena dieciséis años mas joven que él, un día laboral de diciembre y todos los estudiosos comentan que fue por amor, él tenía hijos de su matrimonio anterior con María Barbara y la novia se ganaba la vida como cantante. Sólo el amor explica el motivo.

El amor que se profesaron queda reflejado en el interés que tuvo Bach de regalarle a su mujer lo que más podría gustarle, un conjunto de obras para clave recogido con el nombre de  Pequeño álbum de Anna Magdalena Bach.  En el primer volumen de los dos estaban las suites francesas junto con otras obras de Bach y de otros autores de la época.Un regalo que también podía proporcionarle algún ingreso en el momento que lo necesitara, aunque ella nunca vendió estas piezas, pese a que sabemos que murió pobre de solemnidad y que mendigaba por las calles para poder comer cuando Bach murió.

Anna Magdalena como nos dice su biógrafa Esther Meynell, era una persona alegre que disfrutaba tocando, cantando, bailando. En su casa organizaba unas tertulias musicales muy animadas y seguro que bailó estas suites que tal vez se llegaron a oír y a bailar en los cafés de la ciudad de Leipzig en sus horarios de invierno y de verano en los jardines.

Estas notas de baile y de relaciones sociales completan la imagen que tenemos de Bach como músico dedicado al área religiosa con sus Cantatas, sus Oratorios y Pasiones.Nos cuenta John Eliot Gardiner que era una persona que disfrutaba mucho de la vida social, haciendo con ello un paréntesis de su apretada vida laboral y compositiva en la parroquia de Santo Tomás, con tantos alumnos y obligaciones. Nos cuenta que las habitaciones de la familia estaban pegadas a las salas de estudio y de prácticas musicales de los alumnos y parece mentira que en este galimatías de sonidos y ruido pudiera componer esas sublimes partituras y cantatas que nos conmueven profundamente.

La música clásica lleva desde el s XIX encerrada en las salas de conciertos, y está muy bien que así sea, que los oyentes rompan su vida por unos minutos u horas y se pongan con todos sus sentidos a oír y disfrutar estas suites.Pero ha perdido con ello, esta es mi opinión, vida real.Poder llenar toda nuestra vida con música, orar con ella, danzar y enamorarnos, consolar a los que han perdido un ser querido, celebrar un matrimonio,… Que al oír música clásica entendiéramos música viva, que se crea para nuestros oídos y en ellos desaparece, que nos embarca en una actividad cognoscitiva que nos hace personas mas completas, agilizando nuestro propio entendimiento, sensibilidad y corazón.

Me encantan estas suites, no sólo son bellísimas musicalmente, llenas de interés, de retos compositivos, interpretativos y musicales, sublimes y delicadas, sino que me abren un mundo nuevo cada vez que voy estudiando, compás a compás sus movimientos, sintiendo sobre mí las manos unidas de los enamorados que van bailando, con los claveles amarillos que tanto gustaban a Anna Magdalena,  con los pajaritos (pardillos) que adoraba y que piaban apoyados en las ventanas de la parroquia.

RABINDRANATH TAGORE

Después del parón académico impuesto por la pandemia, retomamos las actividades poéticas en La Casa de la Poesía Juan De la Cruz de la Universidad de la Mística de Ávila. Y lo hacemos dando a conocer uno de los poemarios mas valorados y leídos en todo el mundo,  Gitánjali ( Ofrenda lírica) del gran Rabindranath Tagore, en su traducción directa del bengalí por Manuel Díaz Gárriz. Un poemario por el que Tagore ganó en Premio Nobel de Literatura en 1913. Tagore era un hombre profundamente humanista, poeta, dramaturgo, novelista, pintor, músico, pedagogo y místico.

 

Algunos libros y autores se encuentran durante muchos años, algunos toda la vida, bajo el influjo del tiempo vital en que los hemos leído. Como lectores no somos hoy en día los mismos que cuando éramos jóvenes y niños, lo que podíamos disfrutar y entender es al menos diferente sino completamente alternativo. Esta es la deuda que siento con Tagore, haber dejado mi admiración y lectura aparcada por decenios en las lecturas de mi juventud. Para los jóvenes de los ochenta, Tagore era una referencia, leíamos sus poemas y sobre todo extraíamos bellas frases que nos conmovían por su belleza y las colocábamos en las carpetas del instituto y colgábamos posters con imágenes de naturaleza con sus frases para que decoraran nuestro cuarto.

Este verano debajo de los árboles del parque he comenzado a  releer a Tagore y me ha dado un vuelco el interior. He sentido una enorme gratitud hacia él por mostrarme tantas cosas de la vida y sobre todo del mundo interior tan llenos de belleza y naturaleza, que lejos de estar fuera de nosotros, en su lectura siento que nos abre las puertas de lo hondo. Silencio, gratitud, belleza, música y vida en la simplicidad. Y no he parado de encontrar en muchos matices e imágenes a nuestro Santo Juan de la Cruz.  Y muchas veces he dicho por dentro: si es así Rabindranath, Juan también nos cuenta esto mismo…

Siempre había leído su obra poética en un bello libro azul de la biblioteca de mi  madre, de la editorial Aguilar, en la depurada y poética traducción de Zenobia Camprubí y revisada y enriquecida por Juan Ramón Jimenez, con un prólogo muy documentado de Ortega y Gasset. En él siempre he releído con admiración la parte relativa a la escuela experimental de Tagore, Santiniketan en Bengala occidental, entrando en su filosofía de base , con los alumnos viviendo con su maestro en una comunidad educativa autosuficiente.

Rabindranath fue el menor de los catorce hijos de Debendranath y Sarada, y vivió en una casa que era un centro cultural, donde los hijos se dedicaban a la música, el teatro o la poesía. Así sus hermanos fueron novelistas, músicos, dramaturgos. Era además un lugar imbuido de una honda espiritualidad, ya que su padre era la figura clave de la religión Brahmputra o Sociedad de Dios. Siguiendo al fundador, Roy Rammohun creían que los conocimientos de occidente no podían ser ignorados. Admiraban las tradiciones filosóficas liberales y criticaban de manera rotunda la religión existente en India con sus prácticas y sobre todo por su rígido sistema de castas.

El interés por occidente determinó a los padres a enviar a sus hijos a estudiar a occidente, en concreto Rabindranath estuvo en Brigthon y en el universitario collage de Londres. Pero estuvo sólo un año y volvió a la India sin terminar sus estudios. Entiendo perfectamente que su delicado y meditativo espíritu no pudiera vivir en medio de las rígidas normas inglesas.

Fue cuando después de casarse muy joven, aterrizó como administrador de las propiedades familiares en Shilaihaha ( Banglades) y empezó a sentirse como un poeta, viviendo en una casa barco. La vista que se perdía en la superficie del agua, las ramas en su movimiento aéreo, el suave tintineo de los cascabeles que las jóvenes se colocaban en los pies.

La poesía siempre nace de la contemplación y de estadios de silencio, pudiendo captar los aspectos de la vida que están visibles pero que parecen no ser apreciados en un mundo de prisas y de superficialidad.

Si la traducción de Zenobia es un trabajo muy poético y bello, la reciente traducción directamente del bengalí del padre jesuita Manuel Díaz Gárriz está llena de verdad, experiencia y hondura. Recordemos que fue el propio Rabindranath el que tradujo del bengalí, su lengua materna, al inglés su poema Gitánjali y él no dominaba a fondo la lengua inglesa. Y de esta versión, Zenobia tradujo al castellano en poema. Según cuentan los estudiosos, la traducción de esta obra fue para Zenobia y Juan Ramón como un encuentro poético entre ellos, ya que disfrutaron amorosamente de estar juntos traduciendo las bellas palabras de Tagore. Hasta la llegada de Gitánjali a Europa en 1912, Europa ignoraba culturalmente a Asia.

El padre Díaz Gárriz misionero en la India es el traductor de este poema desde el bengalí. La India tiene 450 idiomas muchos de ellos de minorías y posee además veintidós idiomas oficiales, con mas de 230 millones de hablantes. Es una traducción que me conmueve profundamente porque al ir directamente a la raíz de cada palabra y al dejarla limpia, la devuelve a la verdad que llena de belleza insondable cada verso. La palabra poética es tan bella y potente que sólo en la desnudez de complementos disfrutamos de su esencia y verdad. Esta austeridad bella y rotunda es la que contemplo al leer el Gitánjali en esta traducción. Siento además que el poemario vuelve a ser lo que quería el poeta, una ofrenda a la vida, al amor y al desconocido amante que vive en las sombras de cada planta y cada raíz.

Releer a Tagore es una nueva aventura llena de sentido, mística y verdad.

Tú me has hecho inmortal. Así ha sido de tu agrado./Este vaso mío lo vacías y lo llenas/con vida siempre nueva

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando tengo el pulso de expresar mi vida, vivencias, sensaciones, matices y formas, recurro a las palabras, las siluetas y los colores. La acuarela se convierte así en una aliada, los pigmentos llenos de agua se van moviendo como lenguas de vida y movimiento. Me encanta la acuarela porque esa agua, libre y salvaje  se va moviendo,  va dibujando, …va creando contornos, formas, armonía y luz. Ver cómo se descomponen en los pigmentos y cómo van avanzando como masas de agua por los papeles, creando algo que va mas allá de lo que pensaba, mas bello que lo imaginado.

Este año tengo la enorme dicha de poder exponer mis cuadros en Mombeltran, en mi valle de las Cinco Villas al sur de la Sierra de Gredos… dentro de una afamada Muestra de Arte Contemporáneo , Arteson, donde he conocido la obra de artistas impresionantes. Me conmueve cada mundo artístico y todo los que nos ofrecen de personalidad y mirada creativa de la vida.

En esta exposición muestro tres cuadros que son la imagen de tres poemas de mi poemario » Las hierbas de los regatos están blancas. Crónica poética de un agosto en llamas». Escribo poemas y dibujo a la vez, como dos capas de un mismo sustrato, para expresar los paisajes del interior que descubro algunas veces en mi vida, cuando paseo, vivo en una sencilla cabaña de piedra, y me maravillo de la belleza de lo que se nos regala a cada paso.

Arteson se muestra en el Antiguo Hospital de Mombetrán del 17 de julio al 21 de agosto.

El mar de Castilla donde el alma aúlla

 

 

Después de tanto tiempo encerrada en casa he podido hacer un pequeño viaje por el mar más impresionante que tenemos al lado, el campo de Castilla. La vista se pierde en el horizonte y descansa en los roquedos y las sierras, mientras las olas del trigo se destacan sobre el fondo lleno de aire azul.

Tanta belleza en medio de tanta paz. El aire se posa lentamente mientras surcamos carreteras secundarias detrás de alguna vaguada. Es Castilla la maestra de los que por allí nos acercamos, con lecciones tan serenas como bárbaras sobre la verdad, la luz y el consuelo. Fue la maestra también de Antonio Machado cuando llegó ligero de equipaje, dejando los juegos poéticos que lucían en el simbolismo parisino, para encontrar la palabra que pudiera asentarse levemente sobre las llanuras, las veredas serpenteantes de los ríos y el mar de la mirada. Aprendiendo a desechar muchas cosas, muchas palabras, para quedarse con las auténticas, las que visten de abrigo cada día con su color, su luz y su muerte.

Castilla ahora que las autovías concentran el tráfico galopante aparece con su aspecto ancestral en las carreteras secundarias al abrigo de la velocidad y la prisa. Donde puedes parar en un mirador, contemplar las genistas que pintan los lados de las cunetas, seguir el paso de los tractores, el planeo de las cigüeñas que viven en lo alto de una iglesia que se eleva piedra a piedra para morir en un cielo, azul y evanescente.

En estos días todo parece que me van empujando a cada poco, es lo que tiene querer explicar la vida secreta de las palabras.  Ir viendo su fondo, miles de matices, paisajes por dentro, colores, sutilezas que desconozco, incluso de las mismas palabras que uso en mis poemas. Y todo en un proceso de explicación de algo que ya es mucho más que lo escrito y versificado. Así sé que en cada lector se deslizan de manera diferente, y los suelos sobre los que planean son completamente únicos.

 

Mañana dos de julio presento en el Lienzo Norte mi nuevo poemario” las hierbas de los regatos están blancas. Crónica poética de un agosto en llamas”. Siento que abro las puertas de una jaula poética para que las palabras comiencen a volar libres y verdaderas, en el campo de cada lector que las va haciendo suyas. En esta aventura con las palabras, este campo de Castilla me va enseñando mientras habito así: el tiempo dilatado, la historia de cada roquedo, el polvo de la pradera, el cielo rasgado al ponerse el sol, el incendio sobre todos los que nos quemamos con el deseo de renacer y revivir, el calor y el verano que, con toda su crueldad, nos abrazan.

Con la poesía tengo una relación de absoluto hechizo y respeto. Qué dice y por dónde nos lleva, qué mundos levanta, hacia donde nos empuja cuando nos dice por ejemplo A. Machado estos versos tan llenos de ladridos: “Desnuda está la tierra,/ y el alma aúlla al horizonte pálido/ como loba famélica. ¿Qué buscas/poeta, en el ocaso?

 Escribir poesía me ha transformado en alguien diferente, sintiendo el regalo de cada verso que voy poniendo en mi cuaderno, la gratitud y el asombro al sentir que voy paseando por caminos por descubrir, que están palabra a palabra en mi cabeza muchos días y que al publicarse comienzan a vagar por ahí, siendo yo, como en el mar de Castilla, la que abre la puerta, deja la ropa y se lanza a bucear.

Quiero un mar de palabras, hondas y rasgadas, esenciales, sutiles y libres, surcando el auditorio del Lienzo Norte, y a mis amigos y lectores sumergidos conmigo en un rincón de Ávila, al sur de Gredos donde la garganta suena como un organista y las hierbas con el calor se hacen blancas y eternas.