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Sentarse en redondo

MEDITACIóN DE ADVIENTO

Una de las actividades diarias que nos cambia la existencia es la meditación. Poder encontrar  el ritmo de cada día, en la agenda cargada de compromisos laborales y cargas familiares. Es el momento para frenar y sencillamente vivir y respirar.

El Adviento es la época del año más propicia para comenzar en esta actividad, la naturaleza  parece que se va apagando descansando de todo el ritmo vegetativo del verano y sobre todo del otoño cargado de frutos.Volvemos a la raíz de nuestra fe esperando la renovación y la vida nueva que en forma de un niño pequeño envuelto en pañales, se nos regala.

La Navidad es una fiesta pero si nos quedamos sólo con el envoltorio, regalos, gastos, compromisos… la dejamos desnuda de su verdadero encanto. Es una fiesta porque no sólo nace cada año en Belén un pequeño niño, sino que la vida nos da el regalo de poder nosotros también renacer, volver a ser niños. La magia de la Navidad se compone de estos elementos.

Las coronas de Adviento que estos días comienzan a llenar nuestras casas, iglesias, conventos, son algo mas que decoración navideña. Nos dicen muchas otras cosas profundas y bellas que tenemos que ir descubriendo a nivel personal. Esto no se inscribe en un texto ya publicado, en una charla o sermón por muy bien hilado que esté. Esto sólo podemos vivirlo y descubrirlo de manera personal mediante la meditación.

Siento que las coronas me dicen algo así como :” siéntate en redondo” que significa, estate un rato a solas , sentada sobre ti misma, relajada, sintiendo como toda la naturaleza, con sus abetos, acebos, tejos, thujas, piñas, bayas…es el lugar del comienzo de tu nueva y verdadera vida. Una aventura increíble que arranca con este deseo del corazón de pararme y en silencio vivir de verdad  a ratitos.

No se entiende el Adviento sin el silencio. Aprender a vivir en silencio, desde pocos minutos hasta horas, es parte de esta aventura que en Adviento emprendemos. Y es curioso que sea ahora así, cuando toda la Navidad se vive  de manera muy ruidosa. Todo lo más alejado de su verdadero sentido.

La fiesta de la Navidad es un paso mas allá de lo andado desde estos días de silencio y meditaciones. Si no empezamos viviendo esta aventura desde la raíz verdadera de su sentido, nos perderemos lo mejor y nos quedaremos con una sensación muy desagradable de empacho. La Navidad aparece, cuando andamos en silencio, como la culminación de la caminata, como cuando los peregrinos llegan a la meta después de caminar largas jornadas y se encuentran con si mismos en la meta, viendo que son personas renovadas y llenas de esperanza, fraternidad y amor.

En este año de la pandemia  esta aventura de la meditación es aún mas importante. Pese a todo el dolor, el sufrimiento y el alejamiento de nuestros seres queridos que vivimos, la meditación puede ir reconduciendo todo a su lugar. Poniendo a la pandemia su adjetivo de temporal, como si nos azotara un viento huracanado que nos enferma y castiga pero que pasará. Y seguiremos en el camino de la vida en silencio y unidad, si hemos emprendido cada día esta aventura que supone sentarnos en silencio, respirar, sentirnos parte de la creación, de la naturaleza, creados por amor para dar amor y construir un mundo mas auténtico y sensible.

El otro día estaba con una migraña considerable, parecía que la tormenta mas dura se movía dentro de mi cabeza. Comenzaba el Adviento en pocos días y veía la Navidad como otra tormenta más, sin saber cómo iba a poder con tantos trabajos familiares y cargas navideñas. Cogí la tijera de podar y me fui al jardín de casa, cogiendo elementos, ramitas, hojas, bayas, para ponerme a hacer las coronas de adviento. Sentada en el invernadero veía a un petirrojo beber en un plato de vidrio esmaltado, el cielo se reflejaba mientras bebía.

Cuando terminé de hacer las coronas, los dedos me dolían de las heridas de ir colocando cada rama , sobre todo las de los acebos tan cortantes. El petirrojo se juntó con una gran nube de los otros pajaritos del jardín que sobre el cedro al caer la tarde comienzan todos a cantar. Paré un poco, me senté sobre mi misma a agradecer tantas cosas bellas que se nos regalan como este momento. Libertad, vuelo y silencio, mientras voy meditando en redondo sentada, sobre la vida, mi actitud ante ella y el amor.

Feliz adviento.

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