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Reseña de “las hierbas de los regatos están blancas. Crónica poética de un agosto en llamas”, por la poeta Laura García de Lucas


La sierra de Ávila estaba ardiendo mientras leía “Las hierbas de los regatos están blancas. Crónica poética de un agosto en llamas”. El fuego se extendía sobre las laderas y cercaba mi pueblo. Algunos animales murieron en las fincas de las afueras. Y no pude evitar sentir una profunda pena por ese paisaje tan conocido y, al mismo tiempo, tan poco observado, que ya no estaría. El incendio llegó en las últimas páginas del libro, y la poesía de MaríaÁngeles Álvarez me reconfortó como consuela mirar postales antiguas: son sus poemas una imagen detenida enlo pequeño de la naturaleza. De aquello que no se admirahabitualmente.

Porque, ¿quién puede decir que se para a observar el color de las hierbas en los riachuelos? En este nuevo libro (y su segundo poemario) María Ángeles Álvarez detienesu mirada y su palabra (“La hierba de los regatos/están blancas/de tanto sol”) para ofrecernos una pausa muy cercana a la mística. Y hace que el mundo gire en torno a esas briznas de pasto, al dibujo de las lajas de granito, a las sombras duras que forma el verano en la tierra.

El campo abrasado/está lleno de costras/ vivas”. Sentimos la pesadez de las horas en las que el sol pega fuerte. La fragilidad frente a lo insondable. Y sin embargo, según avanzamos en la lectura, ese estío opresivo se convierte un páramo lleno de amor. El libro tiene una ascensión en espiral, como el viento que mueve el polvo. La voz de la autora pasa de un tono contemplativo y acompasado a un diálogo incendiario con el amado que inunda los poemas finales. “Eres/ el incendio/y la cerilla que lo prende”. El amor, los árboles, la lluvia, las gotas.

Destaca también la cuidadísima edición del libro. Cuadernos del Laberinto se caracteriza por la atención a los detalles y en este libro esto se plasma hasta en la elección del papel, en el que destacan, brillantes y llenas de fuego, las acuarelas también realizadas por la poeta. Me pregunto que habrá llegado antes, si el trazo o la palabra. En cualquier caso,  en todas esas líneas quedan atrapados el calor y la reflexión de esos treinta y un días de agosto.

Yo me quedo esperando el próximo libro de la poeta, como estos poemas (y el campo abulense) se quedan esperando a que la lluvia calme lo quemado.

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