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PAISAJE FEMENINO.

Por M. Ángeles Álvarez.

 

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Desde hace años celebro las fiestas de la Santa sentada en el sillón de casa con uno de sus libros en las manos. Cuando tras un rato de lectura me pregunto qué es lo que me empuja a seguir allí leyendo, siento que es la cercanía. Me impresiona sentir esto por una mujer que vivió hace tantos años, y ver que en el fondo andamos por caminos tan parecidos, no sólo los de la misma ciudad que nos ha visto nacer y corretear por sus calles, sino por los del interior, dibujando un paisaje femenino que compartimos.

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Y comenzamos a conversar, Teresa en sus escritos nos muestra los colores de su jardín, aquel en el que habita el dueño de su corazón, y rápidamente lo pinta de un matiz que parece que todo lo intensifica dando a su testimonio viveza y verdad: el amor. Un sentimiento que parece envolver todas sus palabras y que desata en los lectores de todos los tiempos un espiral: el de la empatía, al empezar a ver que dentro de la Santa entronizada y de ricos ropajes vestida, hay una mujer de verdad.” Amor de unos con otros”, amor a Dios, amor a la vida, la naturaleza, a la humanidad entera entendida como familia, destilándose como en un alambique el corazón que se entrega a ello, entrenando este sentimiento cada día: un gimnasta en el ejercicio que lo robustece, la vida. Juntemos todo en un carrete de hilo, para ir devanando en seda poco a poco la vida. Teresa y la intimidad cosida pespunte a pespunte, letra a letra. Sientes que habla de amor en todo momento, en ese diálogo a tres voces en el que su Amor, el rey de su Castillo aparece muchas veces interpelado en un Tu continuo que nos enseña de manera experiencial, resbalando con sus oraciones, el sentido de su nombre carmelita, el porqué se llama Teresa de Jesús. Cercanía que envuelve cada página, cada giro de su discurso personal y valiente, cada fundación, cada conversación que arranca con la lectura, al sentir que por este sentimiento hacia nosotros, abre su alma y nos muestra su tatuado interior, aquel que recoge toda su vida con el Señor, la mística del corazón.

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Teresa tenía una facilidad asombrosa para el encuentro con todo tipo de personas, y era muy certera al hablar a cada una en su propio lenguaje y registro acelerando la amistad que como un motor de varios tiempos se desataba. Conversaciones que nos imaginamos y cartas en las que seguimos, como clavadas en la diana, su huella toda impregnada de ella misma: desde el piadoso rey Felipe II “ vuestra majestad”; sus amigas del alma prioras de su reforma como María de San José ,“ hijas mías”; a sus confesores como el padre Gracián, “ vuestra paternidad”; sus hermanos y familia como Dº Lorenzo “ vuestra merced ”. Un motor que comenzó muy pronto a caminar y que la llevó a escribir cada día cartas y mas cartas desde su celda, aumentando el cariño, la amistad y el apego con todos ellos. “ Ya estoy casi buena, que el jarabe que escribo a nuestro padre ( Domingo Bañez) me ha quitado aquel tormento de melancolía,… un poco me hizo reír la carta de su letra como estaba ya sin aquel humor ,… Y me holgué mucho con la suya y con la de vuestra reverencia,…” Carta 61 a la M. María Bautista. Segovia 1574.”

Risas y confidencias, al lado de cuestiones prácticas, la compra de tierras, los pleitos y disputas, todo entreverado de lo que realmente a ella le cosía el corazón, su Amor por el Crucificado aquel que se apareció un día en su vida y dio a todo una vuelta, cambiando también su concepto de amistad. Sus conversaciones desde entonces llevaban siempre este rostro amado, “hablar con ángeles”, hablar desde ese Amor y en ese lenguaje. “ Quizá no sabemos que es amar, y no me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto , sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios…”   4 M 1,7

 Y si hay un aspecto de los escritos que mas impresiona por su valentía y coraje al compartirlo, es ese de el encuentro con el Amor, que ella vive en propia piel de forma femenina y muy carnal: la Sacratísima Humanidad de Cristo. Lejos de conceptos etéreos, de sentimientos livianos como de plumas flotantes angelicales, ella arranca como mujer de su propio sentimiento desgarrado, humano, cercano y real. “Nosotros no somos ángeles, sino tenemos cuerpo; querernos hacer ángeles estando en la tierra -y tan en la tierra como yo estaba- es desatino.” (V 22, 10).

No se trata por tanto, parece decirnos oración tras oración, lectura, encuentro, de una mística de altos vuelos sino de una basada en lo humano que nos entronca, que nos envuelve trufando nuestro corazón en el seno de Dios Padre, como sus criaturas. Sabiendo y oliendo a Él.

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Cuando desde lejos miraba a la Santa presentada tantas veces en sus éxtasis, arrebatos, levitaciones…, no podía ni imaginar que a ella lo que realmente le gustaba, tal como nos cuenta, era el suelo, el barro y la tierra por arar. Divisar incluso en la Séptima Morada, aquel lugar tan cercano a la Trinidad, el sustrato mas terrenal que pueda haber, sublimado en el Amor. Sí, aparece Marta, aparece la Magdalena habitando por ahí, mujeres de verdad como Teresa, como yo misma, forjadas a base de resbalar por cada pendiente de la realidad, caladas de vida y arañadas en el dolor, manchadas de amor completamente. Estas son las amigas que aparecen en esta conversación entre nosotras ahora, y su ejemplo de vida parece decirnos “ que esto es de verdad, …que es de verdad”. Barro para que este “ Dios de las Caballerías” pueda dejar su casco impreso muy dentro. Rodeada de imágenes que reconozco tan cercanas, pisando los mismos charcos que aparecen a veces en la vida, surcando otras veces este “ mar tempestuoso”, me siento realmente bajo el influjo de su empatía arrolladora.

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Femenina y valiente como mujer del Renacimiento, el mundo parece circunscribirse dentro de ella, explicarse en ella, respirar con ella, moverse por ella, y por todos nosotros también. Un planteamiento de la individualidad como eje de la sociedad que la rodeaba, y que la llevó a proclamar a voces, la belleza del alma femenina. No era ella ni las mujeres que la rodean seres infantiles, siempre dependientes emocional y vitalmente de la protección del varón padre, hermano, confesor. Así me parece increíble que en pleno s. XVI se atreviera a decir en Camino de Perfección CE IV en su primera edición del Escorial“ las mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad y hallasteis en ellas tanto amor y mas fe que en los hombres,…” Cuando leí esto la primera vez, pensé que no podía ser, que estaba interpretando las palabras de la Santa interpolándolas a la sociedad contemporánea. Pero luego al estudiar esto mas detenidamente, he visto la hondura de su raíz, no sólo por decir que las mujeres tenemos tanto amor y mas fe que los hombres, …mas fe realmente nos dice, sino por confesar que la piedad, una de las virtudes mas brillantes, quizá la mas divina, tiene nombre de mujer.

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Y Teresa entonces se lanza a un viaje sin retorno, tan apasionante como las epopeyas mas increíbles, “el conocimiento de sí”, mirarnos a nosotros dentro para avanzar desde ahí deambulando por las estancias o moradas donde vive aquel que nos habita. Parece todo esto sacado de un manual de autoayuda actual, la meditación como puerta para la oración y la amistad, el equilibrio vital que necesitamos en nuestro propio interior tan marcado y machacado por nosotros mismos. La empatía Teresa, llega en este momento a la fascinación, cuando tengo que pellizcarme para estar segura de que esto lo dice alguien de hace tanto tiempo. Mujer, monja, con tantos achaques, recluida en un convento desde los 16 años, con estudios primarios,… Valentía y coraje para adentrarse en este jardín “ donde Él tiene sus deleites con los hijos de los hombres”.1M 1,1

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Muchas veces me gusta llevar un libro al campo, leerlo allí para ver qué pasa, para que todo lo que por allí suena, huele y deleita suavemente con paz regalada, se impregne en la lectura. Y los libros de Teresa al leerlos parece que son ellos los que te sacan a pasear, están tan llenos de vida, naturaleza, flores y belleza, que no imagino otro lugar para ellos. Vida natural como la que ella perseguía volviendo la mirada a los padres del Carmelo, aquellos ermitaños que oraban con una margarita en las manos. Abejas laboriosas, dentro de la nube de las mariposas blancas tan graciosas. Agua en huertos arados, parterres de flores, palmitos suculentos entre gusanos en plena metamorfosis vital y como música, el tranquilo correr del agua que de la lluvia al pozo alimenta; los canales tan bien trazados, el sudor, la noria. La cercanía entre nosotras Teresa, con todo esto se refuerza, anclándonos al campo, para buscar allí juntas el pulmón emocional que necesitamos cada día mas, para poder seguir avanzando. Y allí nos muestras lo que para ti es la verdadera Hermosura , y este vocablo teresiano parece que nos lleva como en una alfombra mágica a un reino lleno de belleza: la contemplación, cuando poco a poco las fibras de colores se mezclan haciendo un nudo vital , trascendiendo la vida en un soplo “ ¡ Oh Hermosura que excedéis a todas las Hermosuras,!, …. “ ¡ Oh ñudo que así juntáis dos cosas tan desiguales”,…

Teresa aparece retratada muchas veces como “ fémina andariega, inquieta”, valiente, emprendedora y muy lista, y creo que dejamos en el fondo del óleo unos matices que debemos añadir a la paleta de colores, de tonos mucho mas suaves, como veladuras sobre lo pintado: la ternura, la delicadeza de trato, y el alma de una mujer sensible y tierna. Susurros parece que oyes cuando vas leyendo, suavemente sientes que también llora por la impresión de todo, por la valentía de mostrar su propia piel sobre las letras, la oración que viste su alma. Y tienes esa sensación de que el ímpetu apostólico en ella era imparable, como un cohete ya disparado,… “ Oh, bien mío!, que esto hace, que en los mayores regalos y contentos que se tienen con Vos, lastime la memoria de los muchos que hay que no quieren estos contentos y de los que para siempre los han de perder” Exclamación 1ª. Para ir por ahí proclamando a voces la verdad que vivió y experimentó. “ Por otra parte se querría meter en el mundo, por ver si pudiese ser parte para que un alma alabase mas a Dios; si es mujer se aflige del atamiento que le hace su natural, porque no puede hacer esto, y ha gran envidia a los que tiene libertad para dar voces, publicando quien es este Dios de las Caballerías” 6M 6, 5

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Reconversión y nueva vida, o cómo puede una mujer madura de repente morir para renacer de nuevo, revestida de una nueva piel. Cómo este proceso saca de la clausura a una monja decidida que recorre caminos descalza y sin nada en la mochila. Cómo puede la constructora de la contemplación como vida religiosa, bregar en tantos campos de batalla diarios, la imparable andariega y comunicadora, sentir que es el silencio interior lo que nos abre la puerta de la oración, y de ahí el camino-autopista para vivir. Un juego de contrastes, que muestra un paisaje interior rico y complejo que parece transparentarse sobre nosotros, sobre mí como una foto actual y llena de vida. Una pradera húmeda y femenina, tu alma Teresa de Jesús, surcada de carreteras y arrugas. Un mapa abierto a quien lo quiera leer, el interior de nuestra Santa, Teresa de Ávila.

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Texto publicado en el Suplemento especial V Centenario Teresa de Jesús. Diario de Ávila. 15 de octubre del 2014.