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Meditando sobre la nieve con Simeon y la cantata n. 82 de Bach , con el poema de amor mas bonito del mundo.

IMG_1638Y comenzó a nevar. Durante días desde las ventanas de casa, la oficina, el coche no veía mas que nieve y hielo brillando por ahí. Las temperaturas bajaban tanto que parecía imposible que la vida pudiera continuar en medio de todo. Estábamos a principios de febrero, y la estampa era tan navideña como la decoración de casa que presa del trajín, aun seguía allí con sus nacimientos y estrellas. Todo se juntaba nuevamente como una nevada. La liturgia nos hablaba de Simeón sujetando al niño Jesús el día de la purificación de María (Lc 2, 25-35). Blanco y radiante todo se vestía bajo la nieve. Sentí por momentos que esta escena con el anciano sujetando ensimismado a Jesús niño, es la mas bonita de la navidad, cuando ya el lío y los compromisos festivos han pasado y de repente sentimos que la vida aparece en medio del frío y de la nieve, resplandeciendo. Como dice la cantata 82 de Bach compuesta para estos días e interpretada en este video por el famoso contratenor Andreas Scholl,… ” tengo suficiente, en mis brazos cabe toda la nieve del universo, en este momento,… lo he visto y esto empuja como un trineo de montaña, mi fe”.

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Ich habe genug,


Ich habe den Heiland,

das Hoffen der Frommen,


Auf meine begierigen Arme genommen;


Ich habe genug!


Ich hab ihn erblickt,


Mein Glaube hat Jesum ans Herze gedrückt;


Nun wünsch ich,

noch heute mit Freuden
Von hinnen zu scheiden.

 

Tengo suficiente,


pues he tenido al Salvador,

esperanza de los justos,


en mis brazos anhelantes.


¡Tengo suficiente!


Lo he visto,


mi fe ha estrechado a Jesús contra mi corazón,


y hoy mismo quiero 
partir de aquí con alegría.

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Dejé el sillón al lado de la chimenea y el último libro de poesía que había llegado a casa, encima de un cojín:  George Herbert ” Antología poética” en la traducción de Misael Ruiz y Santiago Sanz,  y salí a dar un paseo. La capa de nieve cubría los caminos, en pequeños montones descansaba helándose encima de las ramas de los Durillos; Las flores secas de los tilos parecían joyas de brillantes, pendientes para un baile de cuento; la cantarina fuente en catarata de hielo se transformaba sobre las carpas que al fondo se movían buscando la luz. Los mirlos y las urracas dejaban su ruta sobre las praderas buscando las últimas manzanas que por allí quedaban bajo las ramas.  Un manjar, un banquete nevado. Parecía que como cantaba Simeon, todo sujetaba la vida en un momento. La nieve posada sobre el aire ingrávida volaba,  mientras la mañana en centellada de frío, como magia ante los ojos, se volvía. Un fuego de artificio con pólvora de nieve y hielo en su cometa, que volaba.

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Al abrir el libro de  George Herbert ( 1593-1633) y comenzar a leer la sorpresa fue mayúscula. Este pastor isabelino ” metafísico”, uno de los favoritos de T. S.Eliot ” Tierra baldía”, ” Wast land” ( 1922), poeta de culto para tantos de nosotros, aparecía allí. Me encontré de repente metida nuevamente en esta nevada vital.  Varias veces tuve que dar la vuelta a la tapa del libro para ver su cara enjuta con la peluca para volar en el tiempo a tantos siglos atrás, cuando mi lectura me lo presentaba vivo y actual. Frescura, un lenguaje poético sencillo  para expresar ideas metafísicas de fondo místico, de un lector de Cambridge  de familia culturalmente cultivada, que terminó caminando por una senda tan nevada como la que veo en el jardín. Y ya  vais a ver lo que dice, … preparados,…ahí es nada :

Me llamó Amor: mas vaciló mi alma

de polvo y de pecado llena.

Amor, veloz, mi desmayo advirtiendo

desde que entrara yo primero,

se me acercó, dulcemente inquiriendo

si alguna cosa me faltaba.

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Un huésped, contesté, digno de ti:

mas dijo Amor, ese eres tú.

¿Yo, el áspero, el ingrato? Ah, Señor,

yo no puedo mirarte a ti.

Amor tomó mi mano sonriendo:

¿ y quien tus ojos hizo sino yo?

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Cierto, mas los eché a perder: arrastro

en mi deshonra mi castigo.

¿ No sabes, dijo Amor, quién con la culpa

cargó? Cuenta,  Señor, conmigo.

Siéntate, dijo Amor, prueba mi carne:

entonces me senté y comí.

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Me resulta imposible decir nada mas. Entiendo que  Simone Weil tan buscadora y especial como fue, lo considerara el poema de amor mas bonito de todos los tiempos, aquel que le acompañó en los últimos años de su vida, el que repetía sin descanso cuando toda su existencia se vio revolcada. La sensación de que nieva sobre nosotros a veces, y el regalo de saber que cada copo va caer sobre mí, que viene como una bola de una batalla de niños, contra mí. Que la navidad se prolonga a veces mas allá de las fiestas marcadas y como Simeon podemos sentir que la mañana sujeta cada madeja de nieve encima de las ramas y de la pradera de nuestro interior.  Nuestra senda aparece ahora toda nevada,  la ola que buscamos, aquella que surcamos aparece, …

Saliendo por ahí,

siempre rodando, siempre,

calándonos los pies, cortando

la respiración, cogiendo

todo con las manos hasta helarlas,

blanco soplo,  blanco copo, verso blanco sobre

mi almohada, “Me llamó amor, amor,

mas vaciló mi alma” que en asperezas y

resbalando entre polvo, se fundía.

 

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