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DANIEL FARIA Y JUAN DE LA CRUZ

 

Un día en una entrevista preguntaron a la poeta portuguesa Sophia de Mello Andresen, cómo definiría la poesía de su compatriota Daniel Faria, ella comentó:” Sus versos ponen el misterio a resonar alrededor de nosotros”. Algo así debieron pensar los lectores, los amigos y seguidores de Juan de la Cruz al leer sus versos. Misterio que sale de la oscuridad de la vida, del fondo de cada uno.

La inauguración esta tarde de la Casa de la Poesía Juan de la Cruz en la Universidad de la Mística arranca con un coloquio sobre Faria con expertos en su obra, traductores y su editor, poetas y todo aquel que quiera acercarse por allí. La voz tan personal y rasgada por la luz de Daniel se va a entremezclar ya desde hoy de manera oficial con Juan. Y sabemos que en la mesilla de su celda del monasterio de Singeverga, estaban las obras de nuestro Santo con los libros de Santa Teresa. Un buscador de hoy en día, un poeta, un místico como Juan, con una obra valorada por la critica y los lectores de todo el mundo.

La aventura poética es algo intemporal en el hombre, desde la Antigüedad siempre hemos querido cantar, poner en palabras y versos lo que vivimos, sentimos, aquello que nos define como hombres, la parte donde vive la sensibilidad, donde pasar largos ratos persiguiendo la luz, habitando en el silencio, quemándonos en el fuego abrasador que es la vida y todo su trajín.

Decía Daniel en una de las únicas entrevistas que concedió en su corta vida, murió con 28 años en un accidente fortuito en el monasterio, que escribía y compartía sus versos para los demás, sabiendo que al publicarlos aparecía en su alma un proceso de desamor, se daba por finalizado ese dialogo amoroso que es la escritura. Los poetas viven tantos días con sus palabras, duermen con sus rimas dentro de sus ojos, el poema está vivo y cuando sale, comienza un proceso de liberación, algo así como cuando a un pájaro le abren la puerta de su jaula.

Reconozco mi admiración por Daniel desde aquel día que leí su poemario “Hombres que son como lugares mal situados”, sin saber nada de él, en esa forma de acercarme a la poesía sin ningún tipo de condicionantes, sin conocer al autor, ni su biografía, sólo ligada a los versos. Estuve varios meses con él en el bolso, y me sorprendían mis hijos llevándose los versos de Daniel por todas partes. Luego, bastante tiempo después intenté saber quien era, y me encontré con la sorpresa de saber que era un monje, un novicio benedictino, arrastrando con sus palabras tanta energía, con un lenguaje lleno de sencillez, pero totalmente libre y alternativo en el pensar, sus imágenes rotundas y radicalmente novedosas. Un poeta portugués que tras sus estudios de filología y su paso por el seminario, determinó que debía entrar en la orden de San Benito, por un empujón mas que por una llamada. Allí vivió esta vida como propia, la pobreza y el trabajo en las huertas le recordaba su infancia campesina en Mouritz.

 

Desde niño solía perderse de vez en cuando a recoger piedras. Al comienzo del poemario de Hombres…, que él describía como unos versos nacidos en un momento de fuerte iluminación días antes de entrar en el monasterio, comienza a hablar,.. “ Examinemos a un hombre en el suelo/ Comprobemos la transformación de un hombre en la tierra/ su naturaleza tan diferente de la lava, su manera mineral/ de dormir./ … Interesa también la piedra que él agarra como alimento/ Piedras como elementos inmutables, restos de la creación que contienen en si el devenir, la vida y el alimento, por unirnos, al tomarlas en las manos con la tierra en su movimiento de milenios, lluvias, flores y sal.

Avanzar por los caminos de las poesías intemporales como estas es algo así como cantar un sonido eterno que nos une y nos lleva. Esa obediencia al compartirlo, ese sentimiento de pertenencia al universo, el verso eterno que llevaba al Amado de Juan, a recorrer montes y collados y a cantar cada movimiento del vuelo de la paloma que sobre el nido revolotea.

Así en estas poesías volveremos a ejercer de hombres, poniendo en marcha lo mejor de nuestra naturaleza y de nuestro interior. Sintiendo esa profunda colisión que los versos provocan por dentro: Interesa entender los motivos de la colisión, si tal vez/ ha masticado la piedra hasta mezclarla con la sangre…

Con Daniel y con Juan, aparece ese hombre en su lugar, que se encuentra con su espacio y se desarrolla en todas las dimensiones de su propia naturaleza, poética, vivencial, única y relacional.

 Articulo publicado en el Diario de Ávila. 15 de noviembre 2018

JUAN DIEGO FLÓREZ, Sinfonía de humanidad.

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El pasado martes 4 de octubre el Teatro Real de Madrid se puso en pie para aplaudir y ovacionar al admirado tenor peruano Juan Diego Flórez en una gala benéfica patrocinada por Telefónica, presentado por Mario Vargas Llosa, en la que conmemora sus veinte años de carrera, recorriendo los teatros mas importantes de todo el mundo.

Aplaudimos a un tenor único, considerado como sucesor de Pavarotti por el mismo cantante italiano, cuando le conoció en una cena entre amigos en Pésaro, y a los postres el manager de Juan Diego, Ernesto Palacio le animó a interpretar así “ a cappella” una de las arias mas complicada para un tenor ligero de todos los tiempos, “ Ah, mes amis” de la ópera La fille du régimen de Donizetti con sus famosos nueve dos de pecho. Unas notas estratosféricas para un tenor, que él con su voz única y con su depurada técnica vocal, hace de manera tan sencilla que parece fácil, como para poder cantarlo a los postres de una reunión entre amigos, como la de aquel día.

Juan Diego mostró el martes en la elección e interpretación del programa, lleno de arias tan difíciles, como bellas y especiales en su carrera musical, su interés por esta gala, y por el trasfondo de la misma, su dedicación social de ayuda a los niños y jóvenes peruanos con pocos recursos económicos, sociales y de oportunidades, a los que con su Fundación “ Sinfonía por el Perú”, abre una nueva perspectiva vital, familiar y social.

La primera parte se abrió con un valiente grito de amistad y de confianza en su capacidad como tenor de primera línea, interpretando la complicada aria de la Matilde di Shabran “Alma Rea”, aquella con la que se lanzó al ruedo de la ópera de Rossini, en 1996 sustituyendo al tenor que iba a cantarla en el Festival de Pésaro cuando era tan sólo un joven veinteañero, recién terminada su formación en el Instituto Curtis de Filadelfia. Desde la butaca los espectadores veíamos como su voz empezaba a lanzarse al ruedo-teatro, y él como un acróbata-tenor, en sus endiabladas melodías, llenas de coloraturas y todo tipo de adornos vocales, así al empezar.

Cogió el bólido de su voz, llena de empuje esa noche, para interpretar los duos rossinianos de Le Comte Ory, “Ah, quel respect , Madame,” con la soprano valenciana Marina Monzó y el de “ Tutto è deserto,…” de la Cenerentola con la mezzo francesa Karine Dashayes, para terminar con el acelerón que provoca siempre su interpretación de “Cessa di piu resistere del Barbero de Sevilla. Cuando se refiere a esta última pieza, Flórez suele comparar el ritmo trepidante que la voz tiene que marcar, con la conducción de un coche de carreras, que lleva acelerado todo hacia el final, y en el que el cantante se juega mucho, por la dificultad de cada compás y deja al espectador en una especie de baño de adrenalina musical.

El público del Real poco a poco iba estando cautivado por el tenor, acompañado esta noche de la Orquesta Sinfónica de la Islas Baleares dirigida por su amigo Pablo Mielgo, con el que comparte escenario algunas veces. Lo que realmente nos dejó a todos emocionados fue la conexión con Perú en directo, oyendo a los niños y jóvenes de su Fundación tocando y él cantado desde el escenario de Madrid. Sus caritas de emoción y de orgullo por su trabajo con un instrumento en las manos que se convierte en la llave para el cambio personal y familiar de miles de personas.

La música, explicaba Juan Diego, cuando se interpreta comienza su andadura dentro del alma de las personas, tiene ya por tanto su propia vida, y vamos viéndola planear sobre y dentro de nosotros, nos provoca disfrutarla viendo como coloniza nuestros sentidos, queremos compartir con todos su belleza y se convierte también en instrumento de cambio social, en personas de hondo calado humano como él.

Cuando comenzó a cantar el íntimo y profundo aria del Orfeo de Gluck “ J’ai perdu mon Eurydice”, recordé su interpretación en este mismo teatro hace ya bastantes años, y poco a poco sentí la suerte de haber estado oyendo por tantos teatros del mundo, las óperas que hoy forman parte ya de su historia personal, de las de sus oyentes también y que son desde luego, parte de la historia de la música clásica. Un cantante único que ayer nos mostró su verdadera personalidad en el escenario. Tan cercano se mostró, que terminó con una guitarra cantando canciones peruanas y boleros, haciendo que el público entonara con él algunas estrofas. Nos dejó ver su verdadera personalidad y que detrás de esta voz sublime y bellísima de tenor ligero, hay un hombre sensible y comprometido con su país, que ha querido Josecompartir con los mas desfavorecidos la oportunidad que la vida le dio a él hace años, cuando salió de su país para fraguar la carrera de un cantante que ya es sin duda un ídolo vivo del “ Bel Canto”. Ayer tras el primer acto decíamos en los corrillos del Real,… “Ah, Rossini for ever”…. , y al final tenemos que reconocer que el “ for ever “ es ya Juan Diego y su carrera llena de brillo, de “champagne” según Placido Domingo. Felicidades, maestro por veinte años de carrera,… Ah, mes amis, quel jour de fête!!!!

www.mariaangelesalvarez.es

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