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ESTÁIS EN LA TIERRA Y VESTIDO DE ELLA.

 

Cogimos el coche en dirección a Alba de Tormes. El campo se iba iluminando al paso de las nubes. Sentí que estaba en un mar verde que iba meciéndose al ritmo de la lluvia. Un mar tempestuoso como ese del que nos habla Santa Teresa, nuestra vida y todos los revolcones y aguadillas, problemas, desilusiones, ansiedades, errores que tenemos que ir sorteando. Decía que debemos ir en una nao hecha de fe y experiencia sobre este mar embravecido.

Se fue formando una cola muy larga de náufragos llegados de muchos lugares, que esperábamos para poder ver los restos de Teresa que descansan en el convento de sus hijas carmelitas. La razón de porqué estábamos allí para ver los restos de una santa de hace tantos siglos se explica más en el lenguaje espiritual con el que Teresa nos enseña que con la lógica de una mujer del siglo XXI. Tenemos que ver estas cosas con los ojos del corazón, en palabras de San Pablo.

Llevo un tiempo enfrascada en lecturas y ensayos sobre la espiritualidad del medievo, tan distinta a la nuestra y tan fascinante.  Estoy estudiando el poder de atracción que tenían las reliquias de los santos que empujaban a peregrinar por media Europa a miles de peregrinos de toda clase y condición, caminos como el de Santiago, el del santo sepulcro de Jerusalén o Roma con los restos de San Pedro. Lugares que todavía mantienen la esencia de ese influjo que empuja el caminar. He estado en Paris hace pocos días visitando el Museo de Cluny, lleno de bellos relicarios, para imbuirme de toda esta espiritualidad que consideraba los restos de un santo venerado como motor de un ambiente de sacralidad que caía sobre los peregrinos que allí se acercaban transformando sus vidas. Decía nuestra Santa en su libro  al Señor de su alma: “estáis en la tierra y vestido de ella”. Allí en Alba sentí algo parecido, había algo que parecía recién salido de la boca y del corazón de Teresa, que llamaba a ese gran amor: el Dios de las caballerías que trotaba en su alma.  Estaba en la tierra y se vestía de ella. Una experiencia llena de fuerza y de verdad que nos saca del mar en el que tantas veces nos sumergimos.

Estábamos tantos amigos de Teresa, y sentía que esa cola que guardé durante un rato se iba hacia otros momentos, siglos atrás: el duque de Alba, el nuncio del Papa, obispos, alcaldes, familias, hijas de Teresa, carmelitas.  Sentí que en la cola estaba también junto con mi hermana, mi madre y mi abuela y que mano a mano iba perdiéndose todo hasta llegar muy lejos, siglos atrás, hasta el sepelio de Teresa.

Todo era igual a lo que leí en las crónicas sobre la muerte de Teresa. Recuerdo tantos momentos estudiando en la Universidad de la Mística y hablando de ella en Radio María, mientras me iba sumergiendo más y más en su pensamiento, su obra y su espiritualidad.  Y por momentos todo volvía: allí estaba Teresa increíblemente conservada, y rodeada de la oración de tantos peregrinos, de tantos hijos y amigas.

Teresa, he encontrado siempre tu esencia en tus escritos, allí estás viva y apareces como amiga y maestra de vida. Todo ese mundo lleno de enseñanzas, de amor y amistad se puede sentir estos días en Alba de Tormes, por el cariño y dedicación con que tus hijos y amigos han preparado todo tan brillantemente decorado con flores como a ti te gustaba. Por abrir con el estudio de tus restos, nuevos datos para conocer mejor tu cuerpo y tu existencia, abriendo nuevas páginas en el conocimiento de tu testimonio de vida, tan necesario en este mundo tan difícil en el que vivimos. Un testimonio de amor.

Un mar verde inunda estos días el féretro de Teresa.  Alba es un lugar sagrado, centro de peregrinación  para todos.

 

Una de las cosas que mas sorprende de nuestra Santa es su espontaneidad. Era de esas personas que rápidamente decían lo que sentían, como una especie de grifo abierto de si misma. Un día de 1576, un 13 de diciembre, mandaba desde Sevilla a Toledo una carta a su padre del alma, fr. Jerónimo Gracián. Y nada mas comenzar lanza así este chorro de agua: !Oh ,qué buen día he tenido hoy, que me ha enviado el padre Mariano todas las cartas de vuestra paternidad!

Y hago mío este entusiasmo en mi caso por ella, por Teresa, por tener noticias suyas. “ha tenido mucha caridad en decirme la sustancia de las cosas que pasan. Estamos muy grandes amigos”.

Y es que vivimos en un gran día con Teresa, ahora que pasan los actos y festejos y nos quedamos solos con ella, leyendo sus cosas y nos impresionamos a cada poco con su actualidad.  Para mi lo mas sorprendente de su mensaje es su visión del hombre y cómo nos explica todo esto a base de imágenes tan bellas que tienen un valor que va mas allá de lo estético y aterrizan en la dinámica de la propia vida.

Dice Teresa que el hombre es un jardín y a mi con esta imagen ya me tiene ganada. Así me voy viendo con pozo, huerto, paraíso. Mi alma de jardinera se siente a gusto, siempre he creído que los hombres por dentro tenemos que ir trabajando mucho, para sencillamente sacar lo mejor de nosotros mismos. Para Teresa somos un campo abierto de posibilidades. No un hombre, sino todos hombres tenemos este interior, pese a nuestra vida, actitud y obras. El cultivo del alma en Teresa es abrirse a aceptar y recibir al otro, a los demás mediante la amistad, en un esfuerzo humano de cooperación. Una aventura, un nuevo reto que nace cada día en los demás, pero, y esto impresiona aún mas, Teresa ve todo como un regalo, un “don”,mas que en una conquista personal en la que nos empeñemos. Así esa preciosa expresión de dejarse hacer.

Para Teresa cada hombre es también un castillo, una Ávila amurallada por dentro. Una fortaleza habitada por un Huésped misterioso que nos habita y que hace que el cielo que vemos azul sobre las almenas, comience a estar en nuestra vida cotidiana, ese cielo en la tierra.Es un castillo interior, que a pesar de todos su tropiezos y deslealtades es capaz del Dios que lo habita, de ese Dios de las Caballerias, “ jamás nos acabamos de conocer sino conocemos a Dios”.Aparece así Teresa conectada de manera profunda con el hombre de hoy en día que gasta su dinero en libros de autoayuda, que busca un sentido a su vida, que sondea la espiritualidad de las religiones en busca de si mismo. Pero Teresa lo tiene claro, tenemos ese castillo y lamentablemente está casi siempre en guerra civil. ¡Y tenemos que aprender a vivir en las trincheras muchas veces! Es un lugar tan variado y con tantos matices como los lados de las pirámides de un diamante puesto a la luz, con tantas moradas y habitaciones donde vivir. Un castillo de cristal, donde se une la claridad y el misterio, la conciencia transparente, el reflejo del mundo, la huella de Dios en medio de cada uno.

El hombre de Teresa es también un gusano, pero no como algo asqueroso sino como un ser en transformación, porque vive bajo el calor de la gracia santificante. Se nos habla en sus escritos de muerte y de destrucción, pero también de vida y de hombre nuevo. La mariposica que nace tiene alas, inocencia, mansedumbre, belleza y libertad para poder ir sobre el mundo, atravesando barrancos, motines, noches y mares.

El hombre, todo hombre es para Teresa un amigo intimo. Su vivencia de la amistad empujó su vida y esto fue forjando su pensamiento y su reforma. Somos hombres porque tenemos la capacidad de dialogar, somos amigos porque ponemos esto en marcha a cada poco. Una amistad que requiere de intimidad, mas allá de las redes sociales, buscamos el roce, el cariño y la caricia de verdad. Sin esta intimidad, no hay crecimiento personal. Ella que reforzó la clausura haciéndola mucho mas robusta, es la persona que mas defiende la amistad y la ternura como motores del crecimiento personal. Queriéndonos en lo que somos, respetando nuestra vida y decisión. El Amigo de Teresa, en el que mirarnos, como ese ser íntimo que nos da la vida con su confianza en nosotros, que nos conoce y nos respeta. Nos abre por dentro para completarnos en verdad, liberando la ansiedad y construyendo nuestro interior en el suelo de la paz, en un deseo profundo de transcendencia.

Esta amistad es un regalo, toda amistad verdadera lo es, buscando al otro, dando siempre el primer paso, acercándonos de corazón.

Puedo así terminar con las mismas palabras de la carta a Gracián: Estamos muy grandes amigos, y me encanta recibir vuestros mails, saber de vosotros, buscar el lugar, quedar e ir así avanzando por la vida, en esta suerte de vivir en la ciudad, en el castillo. ¡Oh, qué buen día he tenido hoy, Teresa de Jesús!