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La nieve que está encima

Estamos en Navidad, el día mas luminoso de todo el año, ¡Qué emoción estar con todos vosotros en estas líneas!  Esta fiesta cae sobre todos como una tormenta de nieve, llenando de magia el momento. Una experiencia radiante que también a veces nos deja fríos, congelados, por el recuerdo de otros años y momentos que no volverán.

Siento que lo que realmente celebramos en este día es el nacimiento de una palabra que nos llena de vida. La palabra amor, cuyo Portal de Belén se compone de muchas figuras, todas aquellas personas que nos rodean y con las que entablar lazos de empatía.

El otro día estaba visitando la exposición de Belenes del Santuario de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro, cuando entre todos los Nacimientos tan cuidados y bellos que tienen los franciscanos, me encontré con uno que representa a la familia de Jesús con una actualidad tan impactante como auténtica. Una pareja joven viviendo en un decorado de suburbios de una gran ciudad, a la intemperie, con un recién nacido acostado en una caja de frutas.  La Navidad aparecía ante nosotros.

El mayor regalo que tenemos que dar a los que nos rodean en Navidad es la palabra amor. Dejar esta capa de nieve en la que las redes sociales y las nuevas formas de comunicación nos están envolviendo, y hablar entre nosotros de manera cercana, creando un tejido de amistad. Esta sociedad en la que vivimos se la define muchas veces como la de la imagen. Lo que somos y la proyección que damos y lo que los demás opinen de nosotros se constituye en nuestra máxima preocupación. Una tendencia peligrosa que nos hace mostrarnos de manera muy poco real muchas veces, pasando de la belleza de lo que somos por dentro cada uno de nosotros, a un molde al uso de las modas del momento.

A principios del s. XX vivía una niña en Japón llamada Kaneko Misuzu, sus poemas son un sencillo canto a la necesidad de empatía y comprensión, en un pueblo que cree realmente que la poesía nos ofrece modos de observar la vida, mientras nos enseña que en el corazón humano la palabra cae en un jardín fértil. Cuando en 2011 todo el país nipón se dolía de las consecuencias del terremoto y posterior tsunami que azotó la zona de Tohoku, eligieron los sencillos poemas de Kaneko para abrigar el frio de los corazones de tantas personas, y durante días fueron transmitidos por las cadenas de la televisión. Si digo “¿Vamos a jugar?” Dices “Vamos a jugar” / … ¿Eres un eco? No, eres todo el mundo.

En estos días leyendo sus poemas recogidos en el libro: “El alma de las flores”, he encontrado un terreno propicio para entender dónde vive la verdadera Navidad, lejos de tanto consumismo, luces intensas que nos revuelven el ánimo, músicas de villancicos que sentimos que nos dan una verdadera paliza emocional mientras duran horas y días enteros. Esta actitud de oír a los otros y de hacer nuestras sus cosas, problemas, éxitos y dificultades la explicaba nuestra Santa Teresa en un bello término profundamente navideño, abajarse.

Cuando el evangelista Juan se planteó comenzar a contar la historia de Jesús, después de una contemplación profunda, determinó que debía empezar a poner lo primero, lo más importante, para que así pudiéramos ir entendiendo de qué va la historia de la salvación y el color verdadero del misterio de Belén: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”. Una palabra que nace por dentro cuando dejamos espacio, cuando vivimos abiertos a lo que nos rodea, sintiendo que es posible un mundo donde la cercanía vaya construyendo puentes e hilos entre todos, dejando a la palabra amor, habitar entre nosotros.

Decía Kaneko desde la librería de su familia en la ciudad de Shimonoseki: La nieve que está encima/ debe de sentir frío/ la luz de la luna, helada, la atraviesa. / … La nieve que está debajo/ debe de sentir el peso/ de cientos de personas sobre ella/…

Mi regalo navideño este año se encuentra envuelto en esta nieve, esperando poder sentir el peso de tanta gente que me rodea, poniendo en marcha la palabra amor, como uno de los veleros que veía esta joven poeta alejarse por el horizonte de su casa al borde del mar. Una playa, una muralla, el cielo siempre azul, la nieve y el hielo sobre el granito: ¡Feliz Navidad!

En medio de la preparación de la Navidad, justo las horas previas, ha fallecido mi querido amigo Rómulo Cuartas y por momentos sentí que todo se iba esfumando teñido con mi dolor. Ya no había decoraciones, villancicos, belenes que me interesaran, una nube de pena atenazaba el corazón.

Cojo mi citara salterio  a primera hora de la mañana y comienzo a tocar algo que sale de lo profundo y me sorprendo porque es algo asi como un villancico, una música que expresa todo el encanto de la Navidad, la alegría, el amor y la esperanza. A veces estas cosas ocurren, todo se mezcla de una manera profunda, el dolor y el amor, la caída en el sufrimiento y la estrella del portal que parece sacarnos de lo hondo y oscuro.

Recuerdo ahora a mi querido amigo Rómulo con ternura, parece que el Niño que nació ayer en medio de tanta algarabía familiar comienza a ejercer todo su influjo sobre mí, la paz y la naturaleza amorosa que me regala.

Mirando las plantas que con tanto cariño cuido por todos los rincones de casa, siento que entro en el mundo de la verdad, donde habita el Señor que nos ama siempre, y que nos rescata en el dolor. Y me uno aun mas con Rómulo que también adora las plantitas y ver cómo sale cada hoja, los tallos y su floración.

Hace muchos años, a mediados del s. XV, una reina, Ana de Bretaña, pidió a un artista de la miniatura ,Jean de Bourdichon, que pintara y decorara su libro de Horas. Y junto con las maravillosas cincuenta escenas de la Biblia, el Evangelio y la vida de los Santos, le pidió que las decoraciones fueran todas botánicas, mostrando cientos de especies de flores, hojas, frutos, con sus colores y texturas incluso con los insectos y mariposas que suelen vivir entre sus ramas. La escena de la Natividad, en donde hoy me sumerjo, es impresionante, porque sale pintada la noche donde nació Jesús y el Belén se ilumina de manera mágica, mostrando así la noche y el día, toda bordeada de unas preciosas matas de Papaver rojo, con insectos y mariposas. Naturaleza, música, palabra y fe parecen juntarse desde hace siglos en una rueda que continúa hasta hoy, aplastándonos con su belleza y amor.

Todo se junta en Navidad, y este año esta afirmación la vivo de manera mas rotunda. Todo en la verdadera Navidad está lleno de esperanza, una noche llena de dolor que nos atenaza el alma sabemos que se llenará de luz a las pocas horas, y que volverá a girar sobre nuestras vidas, en luces y sombras, alegrías y penas. Una Navidad que  tiene para mi otro color, y está llena de naturaleza y vida, mientras me acuerdo mucho de ti amigo, y sé que juntos estaremos ya para siempre, en cada matita y en cada flor.

Feliz Navidad

EN NAVIDAD

 

Las Navidades tienen para mi una especie de muelle automático del recuerdo. Un cable que me une de manera profunda con mi propia familia pero también con la historia en un sentido mucho mas amplio. Y es que los estudios históricos nos hablan de nosotros mas de lo que podemos pensar.

El origen de cada elemento de la navidad se hunde en lo mas antiguo de la humanidad que en estos días de diciembre se encuentra triste, harta de tanta oscuridad y celebra con alegría la llegada del nuevo sol que vaya calentando todo un poco, en el solsticio de invierno. Decoraciones, felicitaciones, música que nos llevan a momentos pasados donde encontramos su sentido y significado.

Uno de los elementos en los que siempre me fijo en estos días, es en la música navideña. Quizá por la hartura que me producen los carols anglosajones que nos bombardean en cada esquina, y que hacen de estos días de navidad un motivo de negocio y de marketing. La tristeza al ver cuales son los villancicos mas oídos en estos días en las listas de reproducción, colapsadas por Mariah Carey y todos sus imitadores.

Me fijo en la música, porque siento que es lo que levanta de manera mágica la navidad en nuestra vida. Se crea en un momento para nosotros y está viva moviéndose. Decía Goethe de la música del gran J. S. Bach que era un profundo soliloquio con la esencia humana. Una voz que nace en los genes y que se revierte en la naturaleza. No sólo en las cantatas navideñas tan bellas como las suyas, creadas para esta introspección personal en el reino de la navidad, sino también en todo el elenco de nuestros  villancicos. Oír estos días alguno de los que aparecen en el Cancionero de Upsala del s. XVI como “ No la debemos dormir” o “ Verbum carum factum est” , nos une en este viaje hasta el fondo de nosotros en navidad, con la línea tan pura como sencilla del canto acompañado de vihuelas, panderetas, salterios. Autores como Juan del Enzina, o Cristobal de Morales, una belleza que recomiendo a todos.

La música es además una auténtica medicina que nos cura muchas cosas, también los excesos de estos días, la hartura de tanto lio, gasto y compras. Así lo vio la reina Isabel de Farnesio cuando nadie sabía cómo curar la depresión del rey Felipe V. Mandó llamar a la “estrella del rock “del momento, el castrati Farinelli, para que fuera su canto angelical el que obrara la sanación. Estuvo el cantante mas de 3000 noches cantando en el dormitorio del rey y la música bellísima de autores como Scarlatti, Jomelli, Handel, Caldara, lo consiguió.

Estos días estoy también impresionada con Scarlatti, músico de la corte española que no sólo compuso mas de 500 sonatas para clave, bellísimas y únicas, sino mas de 800 cantatas para amenizar la corte del rey, muchas de ellas de navidad. Algunas tan bellas como las de Bach. El destino quiso que Scarlatti naciera el mismo año que Bach y que Haendel, uniendo a estos tres geniales músicos.

La corte española desarrolló un programa de ópera muy completo, hoy lo llamaríamos “temporada de ópera”, y tenía como eje central las fiestas de navidad, extendiéndose desde el cumpleaños del rey en septiembre, hasta fines de junio con recesos para cazar o atender asuntos de estado.

De los fastos y la belleza de la música de la corte, bajamos en un momento a otra navidad pintada con otros colores, mas auténticos. Al color marrón de los hábitos de nuestra Santa Teresa y de sus conventos. En estos días de navidad en los que las monjas tienen que festejar el nacimiento del Niño Dios con lo mejor de si, eligen algo que no vale económicamente nada pero que abre todo con su presencia, la música. Ya  SantaTeresa compuso villancicos para cantarlos, bailarlos y representarlos en estos días y dejó una costumbre que llega en las clausuras hasta hoy.

Rebuscando debajo de todo lo que me aplasta de la navidad impuesta, me encuentro con su verdadero sentido, el amor. La navidad es amor, el que hemos sentido en nuestra propia vida y familia, y el que queremos dar a los demás en forma de abrazos, felicitaciones, decoraciones, villancicos. En medio de los trabajos de cada época de la historia, la navidad llega con su mensaje limpio: el amor. Busquemos dentro de nosotros lo mejor que tengamos para darlo en estos días, y dejar que el cable de la navidad auténtica llegue a nuestros hijos y familia, a los amigos y a todos los que nos rodean.

Me encantaría tener una voz como la que curó al rey para cantaros un villancico, y dar así mi felicitación a todos desde lo hondo del corazón.