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Cuando decimos que San Juan de la Cruz es el mejor poeta de cuantos han escrito en nuestra lengua es, junto a otras cosas (más propias de una clase de literatura que del placer de leer), por libros como este –Las hierbas de los regatos están blancas– que arrojaron luz y armonía sobre el año 2020 que pasó. Los mejores escritores lo incendian todo a su paso. Es la enorme paradoja en torno a la que danzan la mística y el amor: cómo el amor puede ser tan intenso que la vida no sea nada tras su paso ya; cómo morir se puede de tanto amor.

La muerte blanca de la luz inmensa que nos inunda el corazón de amor: “Las hierbas de los regatos/ están blancas/ de tanto sol” –ha escrito, sintetizándolo a la perfección, la poeta María Ángeles Álvarez. O tal vez no lo haya escrito, y solo lo ha escuchado en su interior como reverberación de otras palabras que leyera: “¡Oh Llama de amor viva/ que tiernamente hieres/ de mi alma en el más profundo centro!”. Como amanuense ha transcrito, así, con paciencia gozosa e infinito alborozo, el eco de las palabras de aquel abanderado del amor y de la fe que fue –que es cada día más– Juan de la Cruz.

En este contexto de la mística sanjuanista, la poesía de María Ángeles Álvarez surge de la paradoja y el asombro de los contrastes. “La charca/ se incendiaba”, o “A veces/ me quemas/ sin llama” son inicios de alguno de sus poemas. Algunos de sus finales son: “Lirios que nacen entre cenizas/ floreciendo en las dunas/ de mi sed” o “Mi alegría entonces/ es seguir así/ en la nube de calor/ que me está matando”. Tal vez una adherencia de la mística que la impregna. “Sé regar plantas/ y me muero/ de sed” –nos dice–. Y también: “Eres/ el incendio/ y la cerilla que lo prende”. Ninguna metáfora como la de la sed para aludir al ansia de conocimiento de los místicos; ninguna como el fuego para aludir al amor. Bien lo sabe la autora, que habla de la sed desde el alto corazón roquedo de la meseta; que habla de calor allí donde mora el frío.

Con un pie en esta corriente poética –tan presente en la poesía castellanoleonesa de las últimas generaciones– que abandera el sentimiento cercano del campo y el paisaje, y el otro en la tradición poética de nuestros dos principales escritores místicos (ella y él), la poesía de María Ángeles Álvarez traslada al paisaje castellano el fuego místico del sentimiento amoroso, reflejando en la naturaleza que hay a su alrededor sus propios sentimientos de amor humano. Las hierbas de los regatos están blancashabla, por tanto, de la naturaleza de lo humano. Habla de los contrastes del amor: “Una mano amorosa/ que quema,/ que va arrasando con todo”.

Asunción Escribano. Poeta 

Asunción Escribano es una escritora salmantina, catedrática de “Lengua y Literatura Españolas” en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde es responsable de las materias asociadas con la Lengua y la Literatura y sus relaciones con los Medios de Comunicación Social, con la Publicidad, con la adaptación literaria a formatos audiovisuales; con la creatividad y con la escritura literaria.

Es profesora en el Máster y Diploma de Especialización en Creación Literaria de la Universidad de Salamanca.

Es miembro del Instituto de Estudios Medievales, Renacentistas y de Humanidades Digitales (IEMYRhd), de la Universidad de Salamanca.

Forma parte de “E-LECTRA. Grupo de Investigación sobre Lectura, Edición Digital, Transferencia y Evaluación de la Información Científica” de la Universidad de Salamanca.

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Foto: Carmen Borrego

Es Doctora en Lengua española por la Universidad de Salamanca con la tesis titulada “Uso periodístico de la lengua: los títulos en prensa”, dirigida por el catedrático D. Ricardo Senabre, y defendida en la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca.

Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, y Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Pontificia de Salamanca.

Máster en Creación Literaria por el Grupo Planeta y la Universidad Internacional de Valencia

Diplomada en Música, en la especialidad de Piano en el Conservatorio de Salamanca. Tiene la Certificación de Aptitud Pedagógica (C.A.P.) por la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Salamanca.

Blog Literario: asuncionescribano.net

Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Asunción_Escribano_Hernández

El día 5 de septiembre desarrollamos en Ávila un recital poético musical muy especial. Una actividad dentro del Congreso mundial Sanjuanista “Cántico Espiritual”.

La noche del Cántico, la de Juan, se juntaron con la de Ávila estrellada, allí en  un lugar al lado de la muralla, Castillo del interior.

Ya tenemos el Youtube del Recital del Cántico y lo compartimos con todos nuestros amigos. Se retransmitió en directo a mas de 18 países.

Un acto que comenzó juntando a todos los poetas que tenemos a Juan de la Cruz como guía y fuente de inspiración, a los poetas de la Casa de la Poesía y a los Juglares de Fontiveros, en un sencillo momento con musgos, menta y tomillos entre nosotros.
Fue emocionante leer entre todos estos versos tan sublimes del Cántico, la música de fondo, y poder poéticamente dialogar con Juan de la Cruz.
Un grupo de amigos, de poetas tanto de la Casa de la Poesía como de los Juglares de Fontiveros, en el CITeS que es la casa de Juan, donde viven sus hijos e hijas y todos los que siguen su legado de amor y luz.


Damos mil gracias a todos los que hicisteis posible este momento, los poetas, los músicos, amigos, colaboradores…. A los que con vuestra presencia nos acompañasteis en la lectura y que erais la parte esencial de ese momento, compartiendo poesía y vida.
Gracias Fernando Campillo y María Tellechea por esa música tan llena de emoción y belleza.
Gracias a Milagros Quintela, Danilo Ayala, Juan del Santo, Julio Collado, Esther Bueno, Jose María Muñoz Quirós, Asunción Escribano, María Ángeles Perez Lopez, José Pulido, Carlos de Gredos, Alfredo Perez  Alencart, Miguel Angel Mesa Bouzas, Clara Janés, Ilia Galán.
Gracias al p. Javier Sancho y toda la Comunidad de Cites por hacerlo posible, siempre con tanto cariño.
Mil gracias a Todos!!!
Congreso Mundial Sanjuanista que se desarrolla en la universidad de la Mística, CITeS de Ávila, la Casa de la Poesía Juan de la Cruz ha desarrollado un recital poético con música en directo.

María Ángeles Álvarez es una poeta, arqueóloga e historiadora apasionada por lo frágil, por lo insignificante, por lo pequeño que cumple la misión de dejar la huella de lo sagrado en el mundo. Así lo manifiesta en su reciente poemario Y el aire al soplar, publicado por “Cuadernos del Laberinto” donde, con un lenguaje depurado, rescata aquellos instantes que pasan desapercibidos para la mayoría, pero que llamados por su nombre hacen de la vida un lugar habitable. Una “gota de lluvia/ que colgando de un cable de luz/ sobre el precipicio se balancea”, por ejemplo, una leve sombra de lo que se nos impone como algo pasajero que apena influye en el discurrir de nuestros afanes. Pero cuya suma puede construir una colección de imágenes que salven, al final, de lo turbio y de lo oscuro que nos rodea.​​

Los elementos de la naturaleza dialogan profundos con el poema. No es de extrañar que así sea en alguien que está dedicada a uno de los oficios más hermosos del mundo, el de cuidar de las flores. El aire que sopla revela en su danza toda la luz que le acoge: “Y el aire al soplar/ podía desprender/ el lengüetazo del sol/ sobre las hojas”. Todos esos elementos forman un coro que acompaña al sujeto lírico que tiene una conciencia profunda de pertenecer al mismo mundo que ellos simplemente por el hecho de poder ser consciente de su existencia.

También los espacios naturales le sirven a la autora como modo simbólico de hablar de su vida, de sus relaciones humanas, porque no hay nada más expresivo que la vida hablando de la vida. Con versos cortos, a veces constituidos por un solo término, como fogonazos que dejan su impresión en la retina, acumula su verdad: “Quise que fueras rama/ y flor/ y fruto maduro,/ mientras tú/ mirabas/ las raíces/ que lentamente/ regalabas/ a/ mis/ pies.”

El poemario suma, de este modo, espacios simbólicos con espacios reales, en una danza rítmica de la que participa quien lo lee. Universo humanizado que se hace uno con las acciones de quien lo habita y viceversa (“No sé cuándo/ plantaste/ tu árbol/ aquí), en una fusión que le debe mucho a ese “Cántico Espiritual” de nuestro místico más amado, alguno de cuyos versos encabezan el libro. Igualmente comparten los poemas con el fontivereño toda su simbología aérea: “Y entonces/ un pájaro se posó/ en su garganta/ y comenzó a cantar”. El ascenso y el canto, la luz y el vuelo. Y también la salvación y la necesidad: “Son las palabras,/ aves en vuelo/ que a veces pasan/ cerca/ y de sus alas/ se escapan/ surcando la frente,/ descansando/ en ella”.

Pero como ya he adelantado, de entre todos los elementos de este poemario destacan los temas sanjuanistas, a veces explicitados por las citas que encabezan algunos de los poemas: las aves y su vuelo, el jardín, el diálogo entre los amantes,… y también la palabra desde sus múltiples perspectivas. La unidad lo preside todo. Lo alto y lo bajo se funden en quien contempla el universo como si fuera uno en su interior: “Al levantar los ríos/ los enredaste/ en el cielo.// Las algas/ se confundían/ con las estrellas,/ y todo el reflejo/ de la luz sobre al aguaCaudex/ se hizo nube.// Y paseaban sobre mí/ que miraba/ su fuga/ en su ascender/ entre los árboles.”

Es, para concluir, Y el aire al soplar un hermoso poemario con fragancia de haikus y conciencia de la necesidad del tiempo y la entrega en los procesos: “Para ser barro,/ utuoso y pardo,/ el que deja los pies manchados/ y la memoria turbia,/ hay que dejarse/ moler”, o “Firmas con tu luz el cielo/ mientras te enraízas profundamente/ en el vuelo”. La naturaleza en estado puro es el contexto en el que germina un poemario caracterizado por el fulgor de hermosas imágenes de todo tipo, si bien destacan las de la relación entre entre la amante y el amado (“Tiene tu música/ salmos por dentro/ y su pulso va marcando/ mis horas,/ entre rocas,/ entre mares”), entre las que cobra importancia la imagen del árbol como elemento simbólico en torno al cual la autora logra generar bellos símiles: “Soy así,/ invasiva,/ llena de raíces/ que van conquistando/ tu agua”.

Entre los recursos utilizados predominan las anáforas siempre sugerentes e intensificadoras (como en este poema tan evocador del cuarto evangelio: “Si pudiera dirigir el aire […] Si pudiera dirigir el viento [,,,] Si pudiera dirigir el agua […] Si pudiera dirigir el curso/ de tu agua,/ ya no tendría sed.“). También otros juegos fonéticos, como el eco, con los que se consigue además resaltar la semántica hermosa de sus términos (“Un sonido/ que es un nido “); igualmente la paranomasia o semejanza fonética (“que surgió/ un día/ en medio/ del miedo”), la anadiplosis combinada con la aliteración (“Pradera oscura,/ oscura caverna,/ donde a veces/ aúllas cantando”), y tantos otros que muestran el perfecto dominio que su autora tiene del lenguaje, y de sus recursos retóricos.

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