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Los tesoros de la Hispanic Society of America en el Museo del Prado

Corría el año 2009 cuando llegaron al Museo del Prado las impresionantes y enormes tablas de la “ Visión de España” de Sorolla, dibujadas para el Museo de la Hispanic Society de Nueva York. Y tras quedarme impresionada por su tamaño y belleza, comenzó mi interés por conocer quien era ese magnate norteamericano, hispanista y humanista llamado Archer Milton Huntington que hizo a nuestro pintor el encargo. Me pregunto, cómo se llegó a impresionar tanto de España, de una manera tan rotunda, para querer encargar esta obra tan sobresaliente y monumental. En magnificas imágenes que son como fotografías llenas de arte y de color, Sorolla va mostrándonos la España del s. XIX que tanto subyugó a Archer, en tablas tan especiales como la de “ La fiesta del pan” con una imagen bellísima de nuestras murallas, y con los abulenses de aquellos años ataviados con sus trajes y adornos tradicionales. Una suerte de ventana a nuestra historia.

Archer aparece después de revisar su vida y sus fotografías y dibujos como el protagonista de una película al estilo del “el gran Gasby”, como recién salido de una novela de Henry James. Hijo del fundador de la compañía de ferrocarriles Central Pacific Railroad, y de los astilleros de Newport, Collins Huntington, un empresario multimillonario y de Arabella , una fascinante mujer cuya historia apetece contarla en una novela al estilo de “ Lo que el viento se llevó”, una suerte de Escarlata. Nació en Richmond, Virginia, donde su madre tenía una pensión en una zona deprimida de la ciudad, allí en aquellos años abundaban las casas de juego y los burdeles. Casada muy joven con John Worsham ,regentaban varias casas de juego en Nueva York, donde probablemente conoció a Collis Huntington cuando este estaba aún casado con su primera mujer. Se especula que Archer nació de esta relación y que luego cuando sus padres se casaron, fue reconocido como hijo legitimo, y luego heredero de la fortuna paterna.

Al enviudar Arabella de Collis, como viuda triste recorrió media Europa, viviendo como una reina, en compras y visitas a museos y colecciones donde empezó su afición a coleccionar objetos de arte. Con su madre a los doce años Archer visitó Europa, y se quedó cautivado por España. Comenzó a coleccionar todo aquello que podía, arte, libros, mapas, y a estudiar la lengua y la cultura españolas. Un joven que tenía como sueño vivir en una biblioteca llena de España.

Tanta pasión y fascinación por nuestra cultura, arte y civilización me lleva a plantearme muchas cosas. Es posible que un americano que aterrizó por aquí se sintiera mas español que muchos de nosotros, mas orgulloso de nuestra propia historia y manera de ser. El pesimismo por España, muy acentuado en los últimos años del siglo XIX con la pérdida de Cuba, hacía mella en todo el país. Y me parece que en muchos aspectos seguimos imbuidos en este mismo sentimiento.

Cuando entras en la exposición del Prado y ves en unas largas paredes los retratos de artistas, pensadores, literatos, destacados de la España del momento, en los pinceles de Sorolla, Zuloaga y López Mezquita, como los de José Echegaray, Azorín, Machado, Juan Ramón Jiménez, Gumersindo de Azcárate, Pérez Galdós, Baroja, Unamuno,…sientes como un latigazo de admiración por tanta pasión por nuestra historia y cultura. Grandes personajes que están muy olvidados, no sólo de nombre, sino también en su pensamiento y obra. Qué lastima, y qué vergüenza también.

A Archer le describen los expertos en su obra como la comisaria de su Museo de Nueva York, Mencía Figueroa como un verdadero humanista e hispanista de verdad, como el arqueólogo que excavó por ejemplo en Italica en Sevilla. Bibliófilo con una de las mejores colecciones hispanas después de la Biblioteca Nacional, con mas de 25.000 manuscritos, miles de libros raros como el bellísimo “Libro de las Horas” escrito en papel negro con letra en oro que se expone en Madrid, con primeras ediciones de la Celestina y del Quijote. Archer era también un apasionado de la cartografía atesorando joyas como el mapamundi de Guiovani Vespuchi de 1526. Un coleccionista de arte español de primera línea, con obras de Velázquez en un “Conde- Duque de Olivares” genial, “La Duquesa de Alba” de Goya y otras obras maestras de arte hispano. Este es el término que utilizó Archer, muy consciente de que si buscamos lo español, lo encontramos en nuestra historia, en toda la fuerza expansiva del imperio y su legado, su civilización, cultura, pensamiento, religión, abarcando desde luego toda la América Latina y Portugal.

La figura de este filántropo norteamericano nos hace reflexionar sobre nuestras cosas, a valorar lo que somos y hemos sido, a buscar con él el tesoro oculto tras cada piedra, a cantar en voz alta “ El Cantar del Mío Cid”, a maravillarnos protegiendo nuestro patrimonio, queriendo como él vivir ya para siempre en una biblioteca, llena de historia, arte y cultura hispanas. Una exposición única que podemos visitar hasta principios de septiembre en el Museo del Prado.

Muchas veces cuando nos paramos ante un cuadro, una escultura, una sinfonía, al sentirnos impresionados por su belleza, por lo cuidado de su ejecución, la técnica o el significado, tenemos el deseo de emprender un viaje al momento en el que se estaba realizando, el porqué de su inspiración, el rostro del autor con toda su propia vivencia, el taller dónde trabajaba, los compañeros de faenas y sus rutinas, las salas donde se exponían o donde sonaban, la cara de los mecenas y compradores ante su futura obra de arte, las paredes dónde se colgaban, ….

Este viaje, el que todos hemos querido hacer en algún momento, en las salas de un museo, en una colección privada o en una sala de conciertos, nos lo brinda ahora el Prado en una exposición brillante y llena de interés. El verdadero rostro de los artistas comienza a mostrarse en la selección de obras que bajo la dirección de Javier Portús se muestra con el nombre de “ Metapintura”, que viene a significar algo así como lo que está mas allá de la pintura como ventanas al exterior y espejos de lo que hay dentro.

Me escapé el primer día de las rebajas al Museo del Prado, huyendo de tanto trajín. Allí entre oleadas de visitantes de todo el mundo, me sentí muy afortunada de tener este lugar tan cerca. Poder en sus salas disfrutar, aprender y maravillarme con la belleza de lo que se expone. Pero pude además viajar a lugares donde siempre he querido ir, como al oratorio de Zurbarán dónde se inspiraba fijando su atención en el rostro de Cristo crucificado. Pude ir al momento en el que en Toledo el Greco se inspiró para pintar a San Lucas mirando cómo este a su vez ejercía su trabajo como pintor dibujando a la Virgen y a su pequeño Hijo. Pude ver a algunos amigos de Goya, de los que andaban cerca de su taller cómo el doctor Arrieta que cuidó al maestro y con su dedicación médica le salvó la vida.

Allí se expone la pintura mas evocadora que puedo imaginar, aquella que nos narra tanto de los pintores que admiramos desde hace tanto tiempo. La verdadera historia de detrás de los cuadros aparece como una sombra tras de las escenas representadas, como ocurrió en la mitología tal y como nos lo cuenta Plinio: Cora tras una noche de amores apasionados quiso dejar plasmada la sombra de su amado proyectada en la pared por una vela.

Las obras maestras mas reconocidas y admiradas de la historia del arte y la literatura española, “El Quijote”, “Las Meninas” y “Las Hilanderas”, están llenas de este metalenguaje. No sólo nos muestran una escena o una historia, sino que aparece en ellas el momento y el proceso creativo. Aparecen pues como verdaderas obras de reflexión sobre lo que es el arte, el lenguaje, las perspectivas, las luces y las sombras de lo contado y dibujado. En ellas siempre hemos sentido el rostro, la palabra, la imagen del autor que es cercano, que casi sentimos que dialogamos con él.

Llena de impresiones y con el catálogo de la exposición como un tesoro en mis manos, me relajo un rato tomando un café en el atrio del museo, leyendo por encima un ensayo de Wilde que he comprado en la exposición“ Las artes y el artesano”, un texto lleno del genio de Oscar. Y nuevamente siento que el autor británico tiene mucho que decir al respecto. Lo primero es que frente a mi deseo de compartir esta belleza de exposición madrileña con todos vosotros, el dice así en un momento de su ensayo: “ debería haber una ley que prohibiera escribir de arte en los periódicos diarios”. Esta afirmación se encuadra a su vez en todo su pensamiento basado en las ideas de John Ruskin y que dieron motor a las vanguardias artísticas inglesas del s XX. En su planteamiento proclama la unidad espiritual de las artes, destronando a las que el clasicismo nos coloca como banderas, y situando en su mismo lugar a la artesanía. Así el arte se sitúa en la vida, en lo cotidiano. Ese deseo de crear arte, de esmerarnos en hacer cosas bellas, en aprender cómo hacerlo de manera mas depurada, va configurando a toda la sociedad como parte de ese taller del artista. Podremos así admirar por ejemplo mas a Tiziano en su autoretrato, viendo cómo se sale del marco en cuanto a la profundidad de su mirada , viendo que en la imprenta también se depuró mucho el trabajo, mostrando libros tan bellos como las obras de arte representadas.

La imagen de la exposición de Pere Borrell i del Caso “ Huyendo de la crítica” 1874 que procede de la colección del Banco de España, y muestra a un chico joven saliéndose del marco del cuadro cómo huyendo, de las criticas artísticas parece decir. Rompe el molde de las representaciones, y nos empuja a decir con Oscar, “ no podemos pensar que la belleza de la vida es cosa sin importancia”, que a todos nos importa. Lo bello es siempre bello y lo feo suele ser muy feo.

Si Oscar, podemos escribir de arte en los periódicos, y creo que debemos. Romper con nuestra mirada el marco de las obras de arte, dejar que sus parámetros, y profundidades ataquen vigorosamente nuestro trabajo, y que todos los artistas consagrados, los que lo intentan en sus estudios modestos, los artesanos y los aficionados que en sus horas libres se dedican a estas cosas, consideren que esto va todo de lo mismo. “La belleza artística, no es un mero accidente de la vida del hombre sino que resulta necesaria para vivir de acuerdo con la naturaleza, para ser hombres en pleno sentido de la palabra”.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 12 de enero 2017