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Una de las cosas que mas sorprende de nuestra Santa es su espontaneidad. Era de esas personas que rápidamente decían lo que sentían, como una especie de grifo abierto de si misma. Un día de 1576, un 13 de diciembre, mandaba desde Sevilla a Toledo una carta a su padre del alma, fr. Jerónimo Gracián. Y nada mas comenzar lanza así este chorro de agua: !Oh ,qué buen día he tenido hoy, que me ha enviado el padre Mariano todas las cartas de vuestra paternidad!

Y hago mío este entusiasmo en mi caso por ella, por Teresa, por tener noticias suyas. “ha tenido mucha caridad en decirme la sustancia de las cosas que pasan. Estamos muy grandes amigos”.

Y es que vivimos en un gran día con Teresa, ahora que pasan los actos y festejos y nos quedamos solos con ella, leyendo sus cosas y nos impresionamos a cada poco con su actualidad.  Para mi lo mas sorprendente de su mensaje es su visión del hombre y cómo nos explica todo esto a base de imágenes tan bellas que tienen un valor que va mas allá de lo estético y aterrizan en la dinámica de la propia vida.

Dice Teresa que el hombre es un jardín y a mi con esta imagen ya me tiene ganada. Así me voy viendo con pozo, huerto, paraíso. Mi alma de jardinera se siente a gusto, siempre he creído que los hombres por dentro tenemos que ir trabajando mucho, para sencillamente sacar lo mejor de nosotros mismos. Para Teresa somos un campo abierto de posibilidades. No un hombre, sino todos hombres tenemos este interior, pese a nuestra vida, actitud y obras. El cultivo del alma en Teresa es abrirse a aceptar y recibir al otro, a los demás mediante la amistad, en un esfuerzo humano de cooperación. Una aventura, un nuevo reto que nace cada día en los demás, pero, y esto impresiona aún mas, Teresa ve todo como un regalo, un “don”,mas que en una conquista personal en la que nos empeñemos. Así esa preciosa expresión de dejarse hacer.

Para Teresa cada hombre es también un castillo, una Ávila amurallada por dentro. Una fortaleza habitada por un Huésped misterioso que nos habita y que hace que el cielo que vemos azul sobre las almenas, comience a estar en nuestra vida cotidiana, ese cielo en la tierra.Es un castillo interior, que a pesar de todos su tropiezos y deslealtades es capaz del Dios que lo habita, de ese Dios de las Caballerias, “ jamás nos acabamos de conocer sino conocemos a Dios”.Aparece así Teresa conectada de manera profunda con el hombre de hoy en día que gasta su dinero en libros de autoayuda, que busca un sentido a su vida, que sondea la espiritualidad de las religiones en busca de si mismo. Pero Teresa lo tiene claro, tenemos ese castillo y lamentablemente está casi siempre en guerra civil. ¡Y tenemos que aprender a vivir en las trincheras muchas veces! Es un lugar tan variado y con tantos matices como los lados de las pirámides de un diamante puesto a la luz, con tantas moradas y habitaciones donde vivir. Un castillo de cristal, donde se une la claridad y el misterio, la conciencia transparente, el reflejo del mundo, la huella de Dios en medio de cada uno.

El hombre de Teresa es también un gusano, pero no como algo asqueroso sino como un ser en transformación, porque vive bajo el calor de la gracia santificante. Se nos habla en sus escritos de muerte y de destrucción, pero también de vida y de hombre nuevo. La mariposica que nace tiene alas, inocencia, mansedumbre, belleza y libertad para poder ir sobre el mundo, atravesando barrancos, motines, noches y mares.

El hombre, todo hombre es para Teresa un amigo intimo. Su vivencia de la amistad empujó su vida y esto fue forjando su pensamiento y su reforma. Somos hombres porque tenemos la capacidad de dialogar, somos amigos porque ponemos esto en marcha a cada poco. Una amistad que requiere de intimidad, mas allá de las redes sociales, buscamos el roce, el cariño y la caricia de verdad. Sin esta intimidad, no hay crecimiento personal. Ella que reforzó la clausura haciéndola mucho mas robusta, es la persona que mas defiende la amistad y la ternura como motores del crecimiento personal. Queriéndonos en lo que somos, respetando nuestra vida y decisión. El Amigo de Teresa, en el que mirarnos, como ese ser íntimo que nos da la vida con su confianza en nosotros, que nos conoce y nos respeta. Nos abre por dentro para completarnos en verdad, liberando la ansiedad y construyendo nuestro interior en el suelo de la paz, en un deseo profundo de transcendencia.

Esta amistad es un regalo, toda amistad verdadera lo es, buscando al otro, dando siempre el primer paso, acercándonos de corazón.

Puedo así terminar con las mismas palabras de la carta a Gracián: Estamos muy grandes amigos, y me encanta recibir vuestros mails, saber de vosotros, buscar el lugar, quedar e ir así avanzando por la vida, en esta suerte de vivir en la ciudad, en el castillo. ¡Oh, qué buen día he tenido hoy, Teresa de Jesús!

 La belleza y el recuerdo

Cuando el otro día paseaba por la abadía de Burgohondo, disfrutando del paisaje y del lugar, me acordé de otra abadía por donde he estado veraneando: La Abadía de Tintern, de William Wordsworth. Unos días paseando por sus páginas, por sus versos, disfrutando de sus palabras y adjetivos. Creo que no exagero en esta comparación, los lectores entramos tanto en lo leído que desde luego tenemos la sensación de vivir ratos mas o menos largos por allí. Unos rincones, lugares, abadías por donde ya podremos volver en nuestra memoria. Y esto es uno de los mayores regalos que tenemos al leer, la larga agenda de casas y lugares, paisajes en los que vivimos sólo abriendo otra vez las páginas de un libro.

Pocas presentaciones puedo hacer de William Worsworth (1770-1850), creo que es tan conocido como admirado. Sólo unos versos de la Oda a la Inmortalidad han empujado a miles de espectadores a ir a ver la famosa película de Elia Kazán interpretada por Natalie Wood. Aquellos versos que dicen

“aunque nada pueda hacer

volver la hora del esplendor en la hierba, 

de la gloria en las flores, 

porque la belleza sólo subsiste en el recuerdo.

Worsworth es un poeta romántico inglés que tiene un sello muy especial: su intima relación con la naturaleza. El nudo entre nuestra mente y lo natural se va atando a medida que nos adentramos libres de prejuicios en todo el mar de hojas, paisajes con rocas, ríos que se desploman y puestas de sol que rompen el cielo con sus colores.  La palabra Romántico, referido a este momento cultural, es una de las mas incomprendidas y poco conocidas en su realidad. Tal y como comenta Gonzalo Torné, hay que situar su concepto lejos de desahogos sentimentales, empanadas místicas, y emociones en bruto. No, no es el Romanticismo Walt Disney, ni nada parecido.

El poeta y con él sus lectores, podemos desde su aportación poética y su mirada, estar en la naturaleza, contemplarla y escribir sobre ella desde nuestro propio mundo interior que completa lleno de belleza todo lo natural, lo que con los sentidos exteriores podemos apreciar de manera positivista. Empieza un nudo de unión entre el hombre, su interior y la naturaleza, en la que ambas partes van creciendo y lo que resulta es algo tan poético, como vital y sublime.

William definió la poesía como “un desbordamiento de sentimientos poderosos, recordados en tranquilidad”, la lectura personal en ese binomio interior que lo ata con el paisaje, la naturaleza, la belleza y la vida.

Creo que estas reflexiones, al margen de su interés poético y cultural nos vienen muy bien hoy en día. La naturaleza no es sólo algo que está ahí, para admirarla, su influjo dentro del hombre es tan grande, que sigue creciendo dentro de cada ser, en todo este mundo natural que cuando lo recordamos con tranquilidad, aparece. No es algo de fuera de la ventana, es el suelo de nuestro interior y refuerza además lo mas bello que tenemos como hombres, nuestra capacidad de recrear aumentando muchas veces la belleza natural que con el filtro de personas tan especiales como Wordsworth se refuerza.

“vivimos gracias al corazón humano

gracias a su ternura, sus alegrías y sus miedos,

y el soplo de la más humilde de las flores puede ofrecer

pensamientos que a menudo encuentro demasiado profundos para desgarrarlos.

La abadía de Wordswoth va caminando en este terreno, sembrado de grandes sentimientos batidos por vientos huracanados, los campos regados por el rio Dye.  La relación con la naturaleza surgió en Wordswoth  en su infancia y juventud, cuando recorría el campo buscando señales, siguiendo el rastro sonoro de cada palabra, de cada sentimiento, de cada impresión. La naturaleza se presenta como otro organismo que al hombre le cuestiona a cada poco, le subyuga y con él termina fundiéndose en algo mas, en ese sustrato del que se nutren los artistas, en el que viven las palabras de los poetas que hablan desde el corazón. Un corazón, el suyo, un bosque que se levanta,

Bosques jamás tocados por la muerte,

que subsistirán mientras la muerte exista.

Desde luego que hay un resplandor en la hierba, muchas veces mas fuerte en un poema que lees tranquilamente en un sillón de casa, donde la naturaleza sobre tu interior se desploma, cayendo a peso sobre ti, que impresionado fijas la mirada y con el bisturí diseccionas palabras, vas avanzando así, verso a verso. El regalo de viajar a tantos sitios, al leer con pasión, al buscar pistas en un libro.

 

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LA VIDA PRIVADA DE LOS OBJETOS

Lo que cuentan los periódicos y brama en los informativos, este momento que vivimos lleno de noticias convulsas se parece a la superficie del mar. A veces se cristaliza y se plasma en noticias.  Así, con su capa dura como el hielo impide que veamos otra historia que a la vez va moviéndose por debajo, la intrahistoria. Llevo unos días siguiendo a D. Miguel de Unamuno en su ensayo “En torno al casticismo” (1895). Allí habla y dibuja la intrahistoria, de la que forma parte nuestro día a día lleno de hechos y de datos, como un fondo de mar.

Hace unos días leí la reseña de un nuevo ensayo sobre las hermanas Brönte de una catedrática de literatura norteamericana, D. Miguel de Unamuno. Lo que me tiró a intentar conseguirlo y devorarlo, fue un título de sus capítulos que decía “la vida privada de los objetos”. A partir de un estudio minucioso de ocho objetos que la autora de “Cumbres Borrascosas “y sus hermanas tenían, nos muestra la vida real, la de su casa en Haworth: los libros diminutos que iban elaborando y escribiendo; los utensilios de la cocina cuya mesa a veces era el escritorio con sus mondas de patatas; el bastón de los paseos con su cajón de escritura y su taburete de campo;  las mascotas de la familia; los pliegos de papel y los recortes de viejas revistas; los álbumes de recuerdos, y un montón de reliquias muy del s. XIX como pequeños amuletos del cabello de un ser amado, conchas de mar o pequeñas piedras rodadas. Todos ellos constituyen esa intrahistoria que Unamuno llamó fondo de mar. Con ellas podemos rastrear y revivir en cada página la vida real de las tres escritoras geniales, y cómo su oficio nació en sus juegos entre hermanos que intentan por todos los medios a su alcance, librarse de la sombra cruel de la muerte que los rodeaba, y pasar el rato en una casa sin televisión, internet, ni luz eléctrica. Una casa recién salida de un cuadro gótico, con un cementerio como jardín, y estrechas habitaciones casi siempre húmedas y frías, donde la familia del clérigo se criaba, rodeada de llanuras pobladas de mantas de brezo sacudidas por un viento tan racheado como frio.

Conocemos así una página de la historia de Gran Bretaña en el S. XIX, de la verdadera, la de las casas, el pensamiento, el arte y la espiritualidad. Y entendemos mejor a Emily en su obra maestra “Cumbres borrascosas”. Una novela que se sale del marco del Romanticismo, se desborda, transformándose en un bisturí que va recortando los personajes.  Todos tan variopintos, azotados en su interior por vientos tan helados como los que soplaban junto a la Granja de los Tordos. Nos sitúa al lado del territorio del Sr. Heathcliff, cuyo poder empático y turbulento envuelve como un torbellino la historia y toda la obra, hasta hacernos sentir a los lectores que a veces azota también el sillón de casa donde seguimos cada página con devoción.

Una intrahistória de lo real leída en objetos que los lectores de todos los tiempos han guardado como reliquias, dejando que su fondo e influjo los acercara a las historias y a las autoras. Algo así nos ocurre aquí con nuestra Santa, tenemos cerca de nosotros sus cosas y podemos sumergirnos en su mar, en un paseo por la ciudad, tocando las calles por donde deambuló, la pila donde se bautizó, las baldosas de barro del suelo de su celda, el confesionario donde se arrodillaba. Nos envuelve por completo, sobre todo cuando, como en el caso de las Brönte o la Santa hemos leído sus escritos y poco a poco queremos pasar al otro lado del escritorio y colarnos cerca de ella, bajo la misma luz que de la ventana abocinada de su celda se colaba.

Apuesto desde hace años por una museología basada en estos conceptos, porque creo que los objetos nos abren estas puertas reales de conocimiento, por donde avanzamos de una manera mucho más vivencial, real y profunda. Al saber cómo escribió Santa Teresa, sentada sobre sus rodillas y que cada página de sus escritos está perfilada por una pluma de ganso hecha en casa, escribiendo de noche tras una jornada agotadora, valoramos sus escritos desde su génesis y con ella seguimos su travesía vital de otra manera. La conocemos en su vida.

Miro las noticias que van a definir nuestra historia de hoy, y cuando bajo al fondo de nuestro mar, me encuentro que el rastro que dejamos, los objetos son tan poco materiales, redes, nubes de datos, conversaciones on line, … ¿Qué vamos a dejar?, me pregunto, sin cartas, sin tierra, sin barro de verdad. ¿Qué van a pensar de nosotros en el futuro? Ahora siento que un aire racheado y helador me recorre, como a los brezos de la casa familiar de Charlotte, Emily y Anne.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. Jueves, 16 de noviembre, 2017

COMPASIÓN. La historia de Annette Cabelli en el infierno.

El pasado sábado 28 de enero vivimos una jornada muy impactante en el Museo de Superunda- Caprotti, al oír la experiencia de Annette Cabelli, victima y superviviente del campo de concentración de Auschwitz. Una anciana de 94 años que como una pluma, delicada, recorre medio mundo para que no olvidemos el acero de las cámaras de tortura mas sangrientas de la historia de la humanidad que sobre la conciencia del mundo se lanza. Su testimonio es tan cercano, que parece que esa pluma se posa sobre todos nosotros como una losa de piedra y nos hace también temblar, nos acerca al infierno nazi.

Al comienzo del encuentro, celebrando así el Día de la memoria del Holocausto, el director de la casa Sefaraz, Miguel de Lucas, puso sobre todos nosotros una palabra para que reflexionáramos sobre ella: la compasión. Desde entonces no dejo de dar vueltas en mi corazón a todo esto. Los nazis se adoctrinaban en la lucha contra la compasión, “ no miréis la cara a los niños” se decían mientras marcaban con una cruz a judíos, homosexuales, dementes, gitanos. Todo ello en el camino para la creación de una nueva humanidad donde brillara con luz propia un nuevo superhombre que basado en la filosofía de Nietzche quedaba reflejado en Hitler, desbancando con ello la figura de Jesucristo, arrancando su predicamento de amor y compasión. La humanidad no se compondría ya mas de hombres con los mismos derechos y una intacta dignidad como miembros de una misma familia, sino de seres seleccionados que elevándose sobre los demás con su raza aria, torturan y aniquilan al resto.

La Creación de un nuevo mundo, reinterpretando el Génesis, como aparece en el comienzo de la película propagandística nazi que dirigió Leni Riefenstahl de la mano de Adolf Hitler” Triumph des Willens.” 1935. El mundo se divisa desde las nubes de donde va bajando un nuevo avión cuya sombra ilumina a todo el paisaje en una nueva humanidad. Nuevamente pongo ante esta mujer alemana la palabra, compasión. La que le repitieron en los mas de 50 juicios que tuvo que pasar durante su vida, acusada de ser la propagadora de tanto horror.

 

Contaba Annette que su familia es sefardí y que todavía anhelan volver a España. Hablan un precioso castellano antiguo, cantan viejas canciones que las madres enseñan a los pequeños en la lengua que se habla en las cocinas de sus casas. Nos cantó la Piconera, recordando el gusto que le dio a su madre ir a ver la película al cine en Grecia, donde vivían. Con un hilo de voz cantaba, y con el mismo hilo iba tejiendo su historia: el traslado en tren durante días como animales encerrados, la llegada al campo de concentración, los camiones de ayuda médica que se transformaron en furgones que llevan victimas a las cámaras de gas, sus 18 años cumplidos en unos barracones donde la gente se moría a trozos y donde era imposible ver a los demás como seres, sufrir con sus angustias. El proceso de dureza de sentimientos, de costra ante el horror y la muerte, era lo único que podía empujar su supervivencia. Aun no se perdona esto la pobre Annette, “ éramos como bestias,…” nos contaba.

La historia contada en libros, en miles de películas, y en documentales estaba allí viva y levantada como un ciprés en su persona. El tatuaje en la muñeca con el número del campo, el relato de cómo era ese pijama de rayas, su testimonio y vida en las puertas del infierno. La marcha de la muerte contada en primera persona.

Decía la filosofa francesa Simone Weil que “el mal es ilimitado, pero no infinito. Sólo lo infinito limita lo ilimitado”, lo infinito es sin duda el amor como parte del alma de las personas. Ella que murió a los 34 años en Londres, después de negarse a comer mas de lo que comían sus compatriotas franceses en la zona ocupada por los nazis. Solidaria con el dolor ajeno hasta dar la vida, se vistió como pocas personas de la palabra compasión, así decía “ amar a alguien es preguntarle: ¿ qué te duele?”. Tuvo Simone un amor secreto que nunca ocultó, el hermano herido, Jesús de Nazaret , el mismo que ha dado una vuelta a la historia basada en el amor y en la compasión. El antagonista de Hitler y el constructor de la dignidad humana.

Como cantaba Annette el otro día,… “ ya se ocultó la luna/ luna lunera/ y ha abierto su ventana/ la piconera, la piconera “, si, se ocultó la luna y el infierno descendió de las nubes en avioneta para pisotear a tantos seres. Un infierno que no tenía fondo. Pero hay un reducto que queda intacto dentro de nosotros, sintiéndonos parte de la historia , lo infinito, lo regalado, la verdadera compasión. Aquello que hace aún a esta anciana tan tierna seguir cantando las canciones en su lengua castellana tan antigua, recordando como era su madre, sus abuelos, cómo era ella antes de que la barbarie como un rodillo pasara sobre ella. Acero sobre una pluma que pudo escapar de todo, y que aún vuela sobre nuestras conciencias para que nunca olvidemos la palabra compasión, poniéndola en práctica, abriendo el infinito que nace con el amor a los demás.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. Jueves 9 de noviembre, 2017

 

DE LO ANIMAL.

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Llevo varios días con la imagen de ese programa de televisión marroquí en el que la presentadora enseñaba a las mujeres cómo maquillarse los moratones de las palizas de sus esposos para que no se noten y así poder salir de casa sin problema. A la preocupación y dolor por el maltrato a las mujeres, con estadísticas que abruman, mas del 60 % de las mujeres marroquíes lo padecen, se une la lectura de este gesto.

Estaba en Berlín hace unos días disfrutando de las salas de arte griego del Altes Museum, reencontrándome con los vasos , esculturas y restos de industria que hace ya muchos años había estudiado mientras preparaba el doctorado. Me volví a parar ante el relieve de la estela Giustiniani, una joven mujer con tanta belleza de proporciones, tan delicada en su realización, con todos los pliegues del himation con movimiento, formando a su vez una columna esbelta y robusta que sostiene su propia silueta mientras lo delicado de los pliegues caen desde la fíbula del hombro. Una mirada que transmite tanta paz dentro de su propio mundo interior. Recordé en un momento a otra mujer que en los cantos de la Odisea nos muestra un mundo interior propio y que sabe mantener su dignidad al margen de lo que a su alrededor acontecía, me refiero al Canto XVIII, y a la figura de Penélope. En medio de esta epopeya heroica donde los personajes parecen hojas llevadas al ritmo del destino, los dioses y las pasiones, aparece esta mujer que parece salirse en su comportamiento tanto patrón del tiempo como del sentido último del devenir, para ser una figura universal, prototípica. En un momento, Euríome la criada insta a su señora a lavar su cuerpo y a ungirse de aceite las mejillas para poder así estar presentable ante los hombres que a su alrededor la cortejaban, después de mas de diez años de soledad. Penélope se resiste a volver a un mundo del que sólo su esposo la puede sacar, el compañero que la conoce de veras, y así dice :“ los dioses que ocupan el Olimpo me arrebataron la belleza el día que aquel se marchó”, algo así como, mi belleza sigue intacta incluso sin maquillajes. Esta soy realmente yo.

Frente a esta mujer musulmana que pese al dolor y el sufrimiento tiene que “ tragar” con todo y acicalar la violencia que aún le duele, ya antes del siglo VIII a. C. cuando este poema se recogió, hubo otra mujer que defendió, como pudo, su isla de dignidad frente a un grupo que la presionaba con violencia y tradición. Y me pregunto, porqué hemos evolucionado tan poco en estas cosas y hemos sido capaces de hacer proezas increíbles en las ciencias, la comunicación y el nivel de vida y no en la defensa de los derechos humanos.

La Estela del museo berlinés se enmarca dentro del llamado estilo clásico temprano de la primera mitad del s. V a. C. Un momento de la historia único, al que el pensador contemporáneo, George Steiner , llama milagro. Consistió en el descubrimiento y el cultivo del pensamiento abstracto, de la meditación y el cuestionamiento de lo absoluto, no contaminado por demandas utilitarias de la economía del momento. El hombre comenzó pensar, algo que es sencillo, y a la vez lo consideramos obvio, pero que como podemos leer en estos graves acontecimientos, no se desarrolla, no se potencia. Todavía las sociedades estamos dentro de ese baile al que Penélope no quería bailar, y al que muchas mujeres son obligadas a dar el paso, a recibir la bofetada y a callar disimulando.

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No quiero caer en un razonamiento simplista, la mujer en la época griega estaba mucho mas sometida que en las sociedades contemporáneas. Había esclavitud y un mandato del varón supremo sobre la mujer. Lo que me duele es que al fenómeno del maltrato a las mujeres que cada día oímos y vemos, se una la toma casi la “ invasión” hablando en términos de batalla, del ámbito mas íntimo de una persona, de una mujer, su propia dignidad y su ser. Violencia y disimulo social, porque los hombres que maltratan , basan su discurso en que no pueden comportarse con las mujeres de otra manera, por cuestiones de virilidad , educación en el oprobio y vivencias familiares y sociales.

 

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Paseaba por el Berlin que hoy en día se va levantando de tantos años de guerras y de divisiones sangrientas, con los edificios y las calles en rehabilitación, recordando que por allí pasaron Goethe y Schiller, aquel que nos dice “ Ya se apartó del sueño del sentido,/ el alma bella y libre;/ desengrillado por vosotros saltó el esclavo, /de la preocupación hacia el seno de la dicha. /Ahora cayó de lo animal, la sombría barrera,/ y apareció lo humano,…” La poesía del pensamiento, la belleza de la estela de aquella mujer griega, el alma de Penélope, el de todas las mujeres del mundo que avanzamos aportando a las sociedades nuestro verdadero valor, sin maquillajes ni programas de televisión en “ prime time” mostrando nuestra intimidad. Con Schiller vuelvo a decir: espero que caiga de lo animal la sombría barrera de la sinrazón, y que aparezca por favor lo humano.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. Jueves, 1 de diciembre, 2016.

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LA BELLEZA MAS VERDADERA. Lámparas verdes.

 En estos días radiantes y floridos de primavera, cuando nuestras sierras,  jardines, paseos y veredas se llenan de flores silvestres, hierbas y aromáticas, la tierra que durante meses de frío, está pelada y sombría se llena de color y la luz parece que levanta todo como si de una lámpara vegetal se tratara.

Y se muestra la naturaleza en lo que verdaderamente es, libre, bella e invasora. No hay para esta explosión vegetal lugares privilegiados, los basureros, descampados, bordes de caminos y cunetas se convierten también en bellos parterres de flores, mucho mas delicados y sublimes de lo que cualquier jardinero puede llegar a diseñar y crear.

Estaba estos días intentando no mirar lo que ocurre con los bordes de la carretera y las entradas que rodean mi casa en Ávila,  la muralla centenaria,  las vaguadas, yendo como con unas gafas- antifaz que no me permitieran mirar por ahí, … siento tanta lástima y verdadero dolor por la siega  de flores silvestres de estos lugares cuando todavía están frescos llenos de amapolas, acianos, malvas, cantuesos,…

Me pregunto si esa belleza que algunos percibimos como regalo de la primavera, libérrimo, desinteresado e invasivo, cómo no la ven y la sienten algunas personas que cogen la desbrozadora o el liquido de los herbicidas totales y dejan a su paso un panorama desolado, nuevamente triste y vacío.  Así arrasamos con la belleza de los bordes del camino, llenamos nuestro suelo y con él capas de sedimentos de venenos muy potentes, y nos queremos ver como sociedades avanzadas. Sentimos que sólo vale aquella flor o planta que tiene un precio en el mercado, la que yo cultivo o compro, y  me pregunto dónde dejamos el campo abierto de nuestro interior para ser conscientes del regalo que la naturaleza nos da en cada primavera.

Amando, cuidando y valorando estas veredas floridas, nos iremos dando cuenta como personas y también como sociedades del valor que tiene lo natural para nuestro bienestar personal. La energía verde está ahí, y la buscamos muchas veces en lugares  como metidos dentro de una botella, sobreexplotados, arrasados, donde tienes esa sensación de que todo está prohibido o es objeto de compra-venta.

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Estos pensamientos que desde estas líneas comparto con todos, son antiguos ya Thoureau  cometa de manera apasionada este planteamiento, y a la vez todo esto es el núcleo de una nueva revolución de la concepción de la vida, de la belleza y del hombre. Hablamos de respeto por el medio ambiente, y  sólo miramos los parques naturales, los jardines, los bosques y las especies en peligro de extinción.  Necesitamos por tanto mas respeto y también fascinación por lo natural, apuntando al valor de defensa establecido por los gobiernos y organismos, el de amor  que nace  de nuestro propio interior. Estuve inclinado a pensar que la belleza más verdadera fue aquella que nos rodeó pero que fallamos en percibir, que las formas y colores que adornan nuestra vida diaria, no las vistas lejos en el horizonte, son nuestras joyas más auténticas” Thoureau “ Walden”.

Estábamos este fin de semana celebrando la venida del gran poeta Rubén Darío a un pequeño pueblo de la Sierra de Ávila llamado Navalsauz, siguiendo los pasos de su amada Francisca Sánchez. Rememorando aquellos días allí, con la sierra florida, los piornos, cantuesos, campánulas, peonías,  el cielo que se pintaba tan azul como sus versos nos cuentan, las recias rocas de granito berroqueño cimentando las casitas, el mismo sentir duro y entrañable de sus vecinos. Descubrí que junto con el amor que Rubén sentía por Paca, su princesa, estaba también este lugar anclado en las raíces que con ella le centraban vitalmente, del alcoholismo, la vida parisina, y la hipersensibilidad del artista genial. Paca, su pueblo y su hondo y cálido corazón,…  El día previo a los actos, estuve con un grupito de vecinos decorando el pueblo con piornos y nuevamente la desbrozadora comenzó a hacerme volver al suelo ese pelado y duro de la falta de valor que se le da a lo silvestre. Aquellas florecitas y matas que completaban el marco del pueblo, tan bellas como las montañas, las encinas y los piornos,  fueron segadas sin que quien lo hizo y quienes lo ordenaron fueron conscientes de su belleza. Si respetáramos solo lo que es inevitable y tiene derecho a existir, la música y la poesía resonarían en las calles, nuevamente las palabras  de Thoureau.

Y permitirme que así me exprese con rotundidad: esto es verdad. El acto festivo fue emotivo, único e histórico. Leímos poemas, oímos la música en directo que resbalaba por las callejas y las fachadas de piedra, recorrimos el pueblo todo engalanado, comimos rosquillas que estaban aún calientes, y fuimos sintiéndonos todos amigos y vecinos porque la percepción de lo bello y vivido nos unía. Se plantearon cosas de futuro para repetir este encuentro que para todos fue muy especial. Yo me encontraba con cada mata segada a cada paso.  ¡Oh flores silvestres de los bordes de los caminos!… espero que seáis las nuevas princesas , para que la poesía y la música puedan brillar sobre vuestros tallos tan esbeltos y como lámparas verdes llenas de vida, iluminarnos. www.mariaangelesalvarez.es

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Articulo del Diario de Ávila. 23 de junio. 2016.