Entradas

, , , , ,

RECITAL POÉTICO MUSICAL. CÁNTICO ESPIRITUAL

El día 5 de septiembre desarrollamos en Ávila un recital poético musical muy especial. Una actividad dentro del Congreso mundial Sanjuanista “Cántico Espiritual”.

La noche del Cántico, la de Juan, se juntaron con la de Ávila estrellada, allí en  un lugar al lado de la muralla, Castillo del interior.

Ya tenemos el Youtube del Recital del Cántico y lo compartimos con todos nuestros amigos. Se retransmitió en directo a mas de 18 países.

Un acto que comenzó juntando a todos los poetas que tenemos a Juan de la Cruz como guía y fuente de inspiración, a los poetas de la Casa de la Poesía y a los Juglares de Fontiveros, en un sencillo momento con musgos, menta y tomillos entre nosotros.
Fue emocionante leer entre todos estos versos tan sublimes del Cántico, la música de fondo, y poder poéticamente dialogar con Juan de la Cruz.
Un grupo de amigos, de poetas tanto de la Casa de la Poesía como de los Juglares de Fontiveros, en el CITeS que es la casa de Juan, donde viven sus hijos e hijas y todos los que siguen su legado de amor y luz.


Damos mil gracias a todos los que hicisteis posible este momento, los poetas, los músicos, amigos, colaboradores…. A los que con vuestra presencia nos acompañasteis en la lectura y que erais la parte esencial de ese momento, compartiendo poesía y vida.
Gracias Fernando Campillo y María Tellechea por esa música tan llena de emoción y belleza.
Gracias a Milagros Quintela, Danilo Ayala, Juan del Santo, Julio Collado, Esther Bueno, Jose María Muñoz Quirós, Asunción Escribano, María Ángeles Perez Lopez, José Pulido, Carlos de Gredos, Alfredo Perez  Alencart, Miguel Angel Mesa Bouzas, Clara Janés, Ilia Galán.
Gracias al p. Javier Sancho y toda la Comunidad de Cites por hacerlo posible, siempre con tanto cariño.
Mil gracias a Todos!!!
Congreso Mundial Sanjuanista que se desarrolla en la universidad de la Mística, CITeS de Ávila, la Casa de la Poesía Juan de la Cruz ha desarrollado un recital poético con música en directo.

, , , ,

Cerro Gallinero. Un lugar mágico

El pasado sábado 13 de julio estuvimos viendo cómo se ponía el sol en Cerro Gallinero, recitando poemas, oyendo la guitarra de aire de David Duyos.  Mis poemas se unieron allí sobre el cerro con los de Ángela Segovia, Antonio Pérez Río y J. Seafree.

Cerro Gallinero es un lugar especial, allí sientes una ola de energía. Desde mis épocas de arqueóloga, de prehistoriadora tengo este sentimiento profundo de la unión del hombre con el medio ambiente, con las rocas, las praderas encharcadas, los caminos polvorientos, las plantas que agrestes llenan todo de su esencia silvestre. Y también he ido descubriendo que hay lugares donde todos los elemento, cielo, roca, agua, vistas, aire, naturaleza, olor, se juntan y lo convierten en mágico. En estos lugares los hombres han querido vivir y sobre todo orar y adorar, en lugares como el Cerro Gallinero, ir para entrar en conexión con todo lo creado, en una experiencia natural llena de potencia, la de saberse parte de un todo bello y lleno de energía.

Desde que conozco a Carlos de Gredos le admiro por su mirada poética de lo natural y por ser un verdadero rastreador de huellas. Lo encontrado que posiblemente es al revés, lo que nos encuentra en la vida, se constituye con el paso de nuestro camino en compañero, y vamos aprendiendo algo mas que rastros o huellas, vamos aprendiendo su nombre. Nombrar algo es lo máximo que podemos hacer, llamar genista, roca llena de cazuelas del frío, grieta florida, serpenteante vaguada llena de restos de cantera.

Carlos nombra todo esto, y lo va mostrando de manera re-creada. Es bello lo que hace porque está constituido de la belleza más absoluta que tenemos los hombres, la creación, la naturaleza, esta madre o padre, Jefe, compañero, Amado con el que caminamos. Y él nos lo muestra, lo nombra, y lo que ve en su interior después de esta experiencia de naturaleza, lo expresa en arte, el mas bello y sublime, el efímero.

Subir allí con mis hijos, compartir el momento con otras personas que también se sentían impresionadas por el lugar con la dificultad de elegir qué ángulo de mirada es el más bello, potente y único. Poetas, amigos, arte y música en la guitarra de David Duyos que parecía ser parte del aire que nos envolvía con su lengua de sol que se va perdiendo.

Lugares así, museos al aire libre como este, tengo la sensación que van a ser muchos en un futuro. Carlos es en España pionero, ya que sólo hay tres museos así en nuestro país. Y lo va a ser, porque es auténtico y único, con paredes de aire, sin entradas ni pasillos, con el cielo de techo y las rocas berroqueñas como suelo. Sin aparcamientos, sin colas, dejando a la belleza ser libre lejos de la cárcel que muchas veces es una sala de exposiciones.

Te felicito Carlos por este Museo con obras de reputados artistas internacionales  de mirada tan única y animo a todos los que quieran tener una experiencia artística en la naturaleza que vengan a este lugar, Cerro Gallinero, para entrar en un lugar mágico que las cumbres peladas de  Hoyocasero nos regalan. Y así podremos aprender a nombrarlas y a entablar un dialogo profundo y personal.

 

, , ,

ALGO QUE YA ESTABA ESCRITO

Reflexión sobre el arte, el lenguaje y la naturaleza en la expresión artística de Carlos de Gredos. Los incendios de Gredos  de estos días y sobre los delincuentes de lo natural, los pirómanos,…

Muchas veces ocurre algo que ya estaba escrito, que las rocas mostraban, las matas daban forma, el aire allí se enredaba y la mirada con él, se paraba. Hay algo potente detrás de la naturaleza entendida en la plenitud esa que abarca junto con los árboles y los mamíferos, el pájaro carpintero, la libélula, la cigarra y el bolo de granito, la piedra caballera sobre el horizonte. Algo o alguien que mueve con su viento las hojas y las arremansa sobre la cortante, llenando sólo de manera racheada cada cavidad que el granito en su panza talla. Está escrito en el aire decimos y hay quien como Carlos de Gredos siente que está escrito también en roca madre, en cardo, el cencerro de mimbre, en hilo de luz cargado de cardos que hasta el infinito se mueve. Está escrito en la palabra esa que está viva y como legado de civilizaciones pasadas, historias, tradiciones y cuentos, nos llega a la boca, al cuaderno, a la canción, a la mente creadora como la suya. Reflexionamos muchas veces sobre el poso del tiempo, y el devenir de la historia que conforma nuestro pensamiento y articula cada civilización, y no nos damos cuenta que somos también los herederos del idioma, de las palabras que desde tiempos inmemoriales nos acompañan como pueblo, que nos relacionan con otros lugares, que amplían nuestro suelo en otras direcciones también nuestras.

Estaba el sábado pasado viendo la exposición que Carlos ha levantado en el patio del Colegio de Arquitectos de Ávila, al lado de la muralla, más bien cerrado por ella. La ciudad estaba bulliciosa al calor del verano que empujaba a todos a disfrutar de las piedras centenarias, los palacios renacentistas, la luz que se iba chocando por las iglesias para morir en el suelo. Y al encontrarnos en la entrada con los verracos comiendo y bebiendo fuego y agua tuve la sensación de que esas imágenes levantadas por Carlos en platos de acero bajo las esculturas, mostraban de manera potente e intuitiva lo que estaba comenzando a ser imparable, el fuego que arrasó laderas y bosques cerca de Hoyocasero, su hogar y lugar donde se asienta su museo al aire vivo llamado “Cerro Gallinero”. El círculo del que en la noche bebían fuego los verracos se transformó de sol de firmamento pacificador en fuego voraz que aniquila la vida y se la traga como un gigante devorador de sus propios hijos, como Saturno puesto en pie. Estaba escribiéndose, y así fue todo rodado.

Carlos es un artista muy especial con el que me une el amor y la contemplación de la naturaleza como enigma de vida, motor de crecimiento personal y fuente de la belleza sin par. Lo natural tal y como es, lejos de los estereotipos. Ávila, su sierra, las peñas graníticas que como grandes vacas pastan en las colinas, la sierra oscura preñada de tomillo, los piornos con su embriagador y ácido perfume llenando de amarillo lo gris, lo pardo, lo dormido. Salir a la sala de exposiciones más impresionante que el hombre tiene en el campo, detrás de su casa, bajo la bota al pasear, entre las cabras perdidas en el risco, bajo los cardos que flotando arman bolas mágicas en el horizonte. Carlos coge todo esto, y nos lo muestra perfilado, diseñado a la manera precisa de un arquitecto, cincelando la naturaleza, en proporciones perfectas, el equilibrio, la luz y la sombra que proyecta. La belleza que estaba siendo quemada en la sierra en ese momento, era la joya más preciada en el patio del palacio, los cardos, las santolinas, la luz que de lo iluminado se proyecta, el calor sofocante, el incendio vital que todo lo cambia.

Estos días hablamos y nos dolemos de tanto incendio, y siempre nos queda ese enigma de qué es lo que hay en el fondo del ser de los pirómanos, y cómo son capaces de disfrutar y sentir placer provocando incendios, muerte y destrucción. Dejando que los ríos no sean capaces de digerir tanto hollín, y que la lluvia de las tormentas resbale sobre lo quemado y como lágrimas recorra la superficie aún caliente. Las turberas encendidas de Menga, en esos prados que son como el firmamento donde la vista quiere pastar.  Esos delincuentes de lo natural no han visto nunca el entorno de su vida como lo hace Carlos, la belleza de aquello que queman, pisoteando con fuego el tesoro de lo natural que además del valor material que puede llegar a cuantificarse, tiene como mochila el emocional, la belleza, la propia historia, mi casa, el huerto de mi padre, el bosque lleno de mí mismo, mi propia piel.

¿Recuerdas Carlos esas divinidades bicéfalas que ponían los romanos en las puertas de sus casas, Janus?, así debíamos todos mirar por estas mirillas al poner un pie fuera, en el bosque de Hoyocasero, en la sierra de Ávila, en el camino verde de las Hervencias. Para darme cuenta que si lo mancho y degrado con basuras, lo quemo con gasolina, lleno las aguas de venenos y el aire de pesticidas, me va todo a mirar también a mi cuando asqueado de tanta mugre me siente en mi casa para descansar. Ya no podemos hacerlo, la imagen de lo quemado ahí está, y nos mira, y nos quema, y nos hace sufrir.

Una mirada poética en el verdadero sentido es la de Carlos. Articulada en las palabras que como dovelas construyen su mente, y que se muestran en la verdad, la piedra, el cardo, la tierra, el cable, la luz y el color. ¿Es poesía lo que tenemos a nuestro alrededor?, desde luego que sí, sólo tenemos que sentirlo así, y ser capaces como él de crear museos vivos en lo que nos rodea, sintiendo que eso es la vida y que en esta mirada se llena de ser y de verdad. Palabra y roca, cardo y mirada, verraco y vaca y berroqueña piedra sobre mi, las dualidades bicéfalas del interior. Arte y naturaleza, fuego y horror.

Publicado en el Diario de Ávila. sábado, 2 de septiembre, 2017

Eventos

✖ No hay resultados

Lo sentimos, no hay entradas que coincidan con tu búsqueda.