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Decía León Tolstoi en Guerra y Paz que “toda la variedad, todo el encanto y toda la belleza que existe en este mundo está hecha de luces y sombras”. Esta ultima semana siento que está descrita con este titulo de su obra mas conocida. La barbarie de los asesinos radicalizados que siembran el terror por medio mundo, acuchillando a personas que van paseando por la calle, al trabajo, a jóvenes que descansan en un concierto, a fieles que oran dentro de un templo, a familias que disfrutan de fiestas navideñas ,… entran a saco para pronunciar sobre todos la palabra guerra a base de cuchilladas. Estamos en guerra, y es una de las mas crueles que podemos vivir, la que en creencias religiosas se asienta. Una guerra santa contra los infieles, aquella que pregona que al morir matando a los demás, se podrá encontrar el paraíso soñado, ¿ la paz en la guerra, en la muerte y la violencia?

En medio de la desazón por los atentados de Londres, apareció esta imagen de Tolstoi llena de matices, la del joven madrileño Ignacio Echeverría. El héroe del monopatín que con su testimonio ayudando a las otras victimas de la barbarie, dando la vida por socorrerlas, ha puesto de pie una arma increíble y llena de potencia, su humanidad y su amor por los demás. Un corazón generoso y un espíritu libre que sabe lo que tiene que hacer cuando ve el sufrimiento, la muerte y la crueldad de los demás, a su lado en medio de la calle.

La lectura profunda de todo esto va conmoviendo al mundo y a la opinión publica, porque nos viene a mostrar que esta guerra tiene contrincantes muy diferentes, y que frente a los que se inmolan matando hay quienes aman hasta morir. Unos creen que matando llegarán a la paz eterna y otros saben que solo el amor puede cambiar el mundo y qué es lo que como seres llenos de humanidad deben hacer: amar.

Todo este panorama de guerras, de sombras y matices de la paz planea sobre todos y se hunde en nuestras conciencias. Estaba el otro día en un recital ópera de la conocida mezzosoprano norteamericana Joyce di Donato en el Teatro Real de Madrid. El publico operístico tan acostumbrado a un ritual tranquilo, se encontró dentro de este panorama bélico, de luces y penumbras. No hubo actos violentos, pero si apareció en la escena una especie de trinchera hecha de música en la puesta en escena de Joyce que no dejaba adormilado a nadie mientras toda la carga de música y ritmo vertiginoso, acción, pasión y vida de la música de Haendel comenzaba a sonar y a caer sobre todos. No quería un recital al uso, no. Quería conseguir lo que desde luego se vivió, una experiencia de guerra y paz dibujada en sonidos, melodías, trinos, cadencias y ritmo que a veces era trepidante y otras parecía ir posándose hasta morir en la panza de cada sonido que se dilataba. “Lascia ch’io pianga”, o si déjame llorar, cantaba llorando…

Joyce cree en algo que comparto profundamente, en el poder redentor de la cultura.

El movimiento , la acción social del “ Sistema Greece” que desde Atenas recorre el mundo desde finales de 2016 , tratando de promover la inclusión social y el bienestar de los niños que viven en los campos de refugiados griegos, al modo de las escuelas venezolanas promovidas por Dudamel o las peruanas de Juan Diego Florez.

La cultura también es redentora nuestra en otro sentido mas personal, tiene un efecto catártico y nos hace capaces de soportar nuestra existencia, siendo el refugio interior y la medicina en momentos de agitación. Nos hace habitar por dentro, y eso es siempre motivo de crecimiento personal. Al menos para mi esto es así sin duda y la música de Haendel me conduce a través de compases de guerra y otros de pacifica mirada, a mi misma.

La cultura nos redime también, cuando conocemos las raíces de nuestras sociedades y lo que han tenido que pasar, milenios de guerras y de horror para llegar a conseguir la civilización en la que estamos. Así podremos defenderla de veras, y no encontraremos niños criados en Europa que se alisten con los del otro lado de la trinchera.

Estaba el domingo en Gredos en la entrega de los premios del Festival del Piorno. Y cuando me nombraron “Embajadora de Gredos”, realmente me emocioné, sentí que en este panorama de guerra y paz, la vida, los vecinos de Gredos y ASENORG, me situaban no en su bando, sino a la cabeza de ellos , como portando la bandera. La de la paz, aquella que se encuentra en la naturaleza que nos redime y nos sosiega de tanto trajín y de tanta violencia, intransigencia y horror que donde nace es en el interior de cada uno. En medio de tanto caos, la contemplación de la naturaleza nos trae la paz, y nos hace avanzar en lo auténtico que hay en nosotros.

 

No conocí a Ignacio Echeverría en vida, pero ahora creo que comparto con todos, algo, siento que lo conozco y que su ejemplo empuja mi vida también, porque esta bandera que llevó está hecha de la misma tela. Ignacio, siempre en nuestro corazón, gracias.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 15 de junio 2017

 

JUAN DIEGO FLÓREZ, Sinfonía de humanidad.

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El pasado martes 4 de octubre el Teatro Real de Madrid se puso en pie para aplaudir y ovacionar al admirado tenor peruano Juan Diego Flórez en una gala benéfica patrocinada por Telefónica, presentado por Mario Vargas Llosa, en la que conmemora sus veinte años de carrera, recorriendo los teatros mas importantes de todo el mundo.

Aplaudimos a un tenor único, considerado como sucesor de Pavarotti por el mismo cantante italiano, cuando le conoció en una cena entre amigos en Pésaro, y a los postres el manager de Juan Diego, Ernesto Palacio le animó a interpretar así “ a cappella” una de las arias mas complicada para un tenor ligero de todos los tiempos, “ Ah, mes amis” de la ópera La fille du régimen de Donizetti con sus famosos nueve dos de pecho. Unas notas estratosféricas para un tenor, que él con su voz única y con su depurada técnica vocal, hace de manera tan sencilla que parece fácil, como para poder cantarlo a los postres de una reunión entre amigos, como la de aquel día.

Juan Diego mostró el martes en la elección e interpretación del programa, lleno de arias tan difíciles, como bellas y especiales en su carrera musical, su interés por esta gala, y por el trasfondo de la misma, su dedicación social de ayuda a los niños y jóvenes peruanos con pocos recursos económicos, sociales y de oportunidades, a los que con su Fundación “ Sinfonía por el Perú”, abre una nueva perspectiva vital, familiar y social.

La primera parte se abrió con un valiente grito de amistad y de confianza en su capacidad como tenor de primera línea, interpretando la complicada aria de la Matilde di Shabran “Alma Rea”, aquella con la que se lanzó al ruedo de la ópera de Rossini, en 1996 sustituyendo al tenor que iba a cantarla en el Festival de Pésaro cuando era tan sólo un joven veinteañero, recién terminada su formación en el Instituto Curtis de Filadelfia. Desde la butaca los espectadores veíamos como su voz empezaba a lanzarse al ruedo-teatro, y él como un acróbata-tenor, en sus endiabladas melodías, llenas de coloraturas y todo tipo de adornos vocales, así al empezar.

Cogió el bólido de su voz, llena de empuje esa noche, para interpretar los duos rossinianos de Le Comte Ory, “Ah, quel respect , Madame,” con la soprano valenciana Marina Monzó y el de “ Tutto è deserto,…” de la Cenerentola con la mezzo francesa Karine Dashayes, para terminar con el acelerón que provoca siempre su interpretación de “Cessa di piu resistere del Barbero de Sevilla. Cuando se refiere a esta última pieza, Flórez suele comparar el ritmo trepidante que la voz tiene que marcar, con la conducción de un coche de carreras, que lleva acelerado todo hacia el final, y en el que el cantante se juega mucho, por la dificultad de cada compás y deja al espectador en una especie de baño de adrenalina musical.

El público del Real poco a poco iba estando cautivado por el tenor, acompañado esta noche de la Orquesta Sinfónica de la Islas Baleares dirigida por su amigo Pablo Mielgo, con el que comparte escenario algunas veces. Lo que realmente nos dejó a todos emocionados fue la conexión con Perú en directo, oyendo a los niños y jóvenes de su Fundación tocando y él cantado desde el escenario de Madrid. Sus caritas de emoción y de orgullo por su trabajo con un instrumento en las manos que se convierte en la llave para el cambio personal y familiar de miles de personas.

La música, explicaba Juan Diego, cuando se interpreta comienza su andadura dentro del alma de las personas, tiene ya por tanto su propia vida, y vamos viéndola planear sobre y dentro de nosotros, nos provoca disfrutarla viendo como coloniza nuestros sentidos, queremos compartir con todos su belleza y se convierte también en instrumento de cambio social, en personas de hondo calado humano como él.

Cuando comenzó a cantar el íntimo y profundo aria del Orfeo de Gluck “ J’ai perdu mon Eurydice”, recordé su interpretación en este mismo teatro hace ya bastantes años, y poco a poco sentí la suerte de haber estado oyendo por tantos teatros del mundo, las óperas que hoy forman parte ya de su historia personal, de las de sus oyentes también y que son desde luego, parte de la historia de la música clásica. Un cantante único que ayer nos mostró su verdadera personalidad en el escenario. Tan cercano se mostró, que terminó con una guitarra cantando canciones peruanas y boleros, haciendo que el público entonara con él algunas estrofas. Nos dejó ver su verdadera personalidad y que detrás de esta voz sublime y bellísima de tenor ligero, hay un hombre sensible y comprometido con su país, que ha querido Josecompartir con los mas desfavorecidos la oportunidad que la vida le dio a él hace años, cuando salió de su país para fraguar la carrera de un cantante que ya es sin duda un ídolo vivo del “ Bel Canto”. Ayer tras el primer acto decíamos en los corrillos del Real,… “Ah, Rossini for ever”…. , y al final tenemos que reconocer que el “ for ever “ es ya Juan Diego y su carrera llena de brillo, de “champagne” según Placido Domingo. Felicidades, maestro por veinte años de carrera,… Ah, mes amis, quel jour de fête!!!!

www.mariaangelesalvarez.es

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MEDITACIÓN NAVIDEÑA CON RAMAS DE ABETO, NIEVE, ESTRELLAS Y CARACOLAS DE MAR, CON FLORES NATURALES, con las palabras de Teresa de Jesús en este año de su V Centenario y con la música de Cesar Frank en la divina voz del tenor Juan Diego Flórez desde Viena.

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Permitirme que este año mi felicitación vaya de la mano de una amiga muy querida que está de lo mas ajetreada este año, Teresa de Jesús. Que saque del fondo de mi mano aquello que decora la navidad de mi corazón me dice, y lo tire sobre una mesa,… la mesa de navidad.  Bajar las estrellas del cielo al fondo del mar este que tempestuoso a veces nos arrolla. Y  esperar y contemplar cómo todo sucede,… cómo de repente comienza a nevar. Hacer caminos que de helados brillen como de diamantes. Caminando al fin  con la vista en el horizonte que en rojos se enciende esta navidad, meandro a meandro patinando en las curvas de mi propio devenir. Con mechas que se prenden tan dentro, cuando sientes que nace la vida, así en un momento ante ti, en ti como de nácar vestida, como caracola enredada en el placer de oír aquello que susurra el momento.  De nácar y cristal como la casa esa , el castillo que eleva este viento rancheado en medio del corazón, cada navidad cuando nace la vida.

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Y podemos cantar a modo de villancico, que nada nos turba, aunque a veces hiele y el frío congele nuestro corazón, nada, nada nos turba, Teresa en tus palabras y con ellas. Nace la vida y renueva la esperanza , todo con ella se lleva mejor,  todo se pasa. Podemos resbalar y fallar pero siempre encontraremos sombra y cobijo bajo este árbol mágico que se enciende en navidad, con sus ramas abiertas de abeto nevado. Cuando nace aquí en nuestro corazón, podemos cantar, sólo esto,… la nieve y la escarcha, el calor que derrite el hielo, la pluma que vuela entre los copos, el calor entre las ramas, las estrellas que sacamos del fondo del corazón, si está él, naciendo en Belén …  nada nos falta, sólo Dios basta.

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Silba el aire sobre la nieve, mis

Ojos sueñan entre copos mansos que

Ligeramente florecen aquí, abriéndose y

Oigo, si oigo un suave arrullo que susurra.

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Dicen que ya ha nacido, dicen que

Inocente revolotea en una paloma,

Ojos de estrellas, agarrando

Suave el mundo este que entre las flores se posa.

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Bailan los copos, bailan sobre los pinos, bailan.

Antes que el vendaval arrase todo,

Sopla en mi corazón con nieve racheada y 

Tómame así, amor recién nacido,

Amando este mundo que a tus pies se rinde.

Feliz Navidad . Solo Dios basta para iluminar esta Navidad.

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Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda;

la paciencia

todo lo alcanza;

quien a Dios tiene

nada le falta:

Sólo Dios basta.

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Eleva tu pensamiento,

al cielo sube,

por nada te acongojes,

nada te turbe.

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A Jesucristo sigue

con pecho grande,

y, venga lo que venga,

nada te espante.

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¿Ves la gloria del mundo?

Es gloria vana;

nada tiene de estable,

todo se pasa.

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Aspira a lo celeste,

que siempre dura;

fiel y rico en promesas,

Dios no se muda.

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Ámala cual merece

bondad inmensa;

pero no hay amor fino

sin la paciencia.

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Confianza y fe viva

mantenga el alma,

que quien cree y espera

todo lo alcanza.

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Del infierno acosado

aunque se viere,

burlará sus furores

quien a Dios tiene.

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Vénganle desamparos,

cruces, desgracias;

siendo Dios tu tesoro

nada te falta.

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Id, pues, bienes del mundo;

id dichas vanas;

aunque todo lo pierda,

sólo Dios basta.

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Os dejo este regalo de navidad,… esta preciosa canción ” Panis Angelicus” de Cesar Frank en la voz del tenor “de gracia”, Juan Diego Florez. Un amigo querido y un cantante que ya está  por méritos propios en la historia de los tenores mas grandes de todos los tiempos.  Juan Diego te envío un fuerte abrazo y mi admiración. Feliz Navidad!!!

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