La Naturaleza nos devuelve a nuestra casa interior – Mª Ángeles Álvarez Sánchez, poeta y escritora

Maribel Orgaz – info@leerenmadrid.com
Mª Ángeles Álvarez, poeta y escritora, experta en arte floral presenta el próximo martes 30 de abril en el episcopio de la Catedral de Ávila, su primer poemario; Y el aire al soplar, Editorial Cuadernos del Laberinto. Directora de la Casa de la Poesía en la Universidad de la Mística de Ávila, es autora de los libros de arte floral y pensamiento 31 meditaciones con flores sobre los textos de Teresa de Jesús (2012) y Un Castillo lleno de flores (2015); su página personal es una de las más hermosas que pueden encontrarse en Internet en español.

Hay una armoniosa conjunción en tu obra de Naturaleza y poesía. ¿Aún necesitamos desarrollar, como sociedad, esa otra inteligencia llamada biofilia

Creo que los españoles tenemos un largo camino que andar en relación con la naturaleza. Al lado de consideraciones ecologistas hay que poner las vivenciales y de dialogo personal con lo natural. Esto lo saben muy bien los japoneses que conciben todas las flores, las ramas, los musgos como elementos necesarios para su equilibrio interior porque les devuelve por minutos al campo, lugar de encuentro con nosotros y foco de estabilidad y belleza.

La naturaleza seguimos considerándola como un marco, un paisaje de fondo, no como el interlocutor que nos devuelve  el equilibrio interior y que es fuente de disfrute y belleza.

En estos días, salir al campo y estar atentos para contemplar ¿qué flor?

Salir al campo todos los días para ver el paso de las estaciones, los brotes, cada luz que se desploma en las hojas, las cortezas que se llenan de musgos. Y hacerlo de manera abierta y contemplativa, que sea la naturaleza la que nos vaya diciendo, y nosotros dialogar con ella por dentro para ir construyendo nuestra propia voz y poesía vital. De manera libre, desprendernos de muchos prejuicios es una tarea a iniciar, cuando vemos que son tan bellas las flores silvestres del borde de las cunetas como las rosas del parterre botánico, la genista vencida por el aire, los troncos llenos de sedum y las piedras de un camino polvoriento lleno de achileas.

Por qué el auge de la poesía en tiempos no precisamente poéticos.

La poesía es el arte de la palabra mágica, la indómita y llena de potencia. En lugares donde el tiempo y el silencio son bienes escasos por el ritmo de vida, los poemas dicen mucho en pocos segundos. Y además son palabras explosivas, dicen de nosotros los poetas y también mucho de los lectores que van por caminos diferentes con nuestras palabras. Nos hacen reflexionar envolviendo de rima, belleza, imágenes, matices, la vida diaria que es un poco monótona y monocolor. Por eso los jóvenes siguen detrás de la poesía. Y se impresionan al seguirla, al aprender a dejarla libre por ahí.

Si la poesía es intensidad, ritmo y voz. Qué es la Voz.

Cuando abrimos las puertas y entramos en el camino de la naturaleza, de su contemplación, caminando por nuestra propia vida y persona con flores y ramas en el dialogo, nos podemos encontrar con esa Voz que nos lleva y nos maravilla. Es nuestro propio interior, pero enriquecido por la contemplación de lo natural que comienza a hablarnos y a construir nuevos reinos por dentro, haciéndonos como peregrinos de su estela, caminantes, como los monjes zen escritores de Haikus o las canciones del Cantico Espiritual de San Juan de la Cruz.

Citas a San Juan de la Cruz que es un poeta muy especial para ti, cuáles son o serían sus flores.

San Juan es un poeta en continua admiración hacia lo natural. En su vida recorrió a pie miles de kilómetros, y cuando llegaba de un exhausto trayecto a un convento, rápidamente salía al campo cercano a contemplar. Todo era para él regalo, “todo es mío y todo para mi”. Sus flores son las que aparecen en el Cántico, los rosales, los mirtos, los dientes de león, los collados llenos de aromáticas y los valles al lado de los ríos con sus violetas. Una poesía que está llena de aromas, a menta, a arroyo que va bajando entre rocas, a árbol de vida florecido, musgos… Un paisaje que se llena de cada florecilla de las estaciones del año que al lado de sus pies descalzos él contemplaba emocionado.

Rousseau herborizando feliz en la isla de la isla de Saint-Pierre…

Cuando me encontré las Ensoñaciones de un paseante solitario descubrí al verdadero Rousseau, mientras paseaba con él.  En sus paseos comienza a recoger su espíritu, perdiendo el recuerdo de sus dolencias y problemas y entrando por otro camino donde está la verdadera felicidad para el ser humano. En camino de la contemplación que es una aventura personal llena de potencial renovador, donde dejamos que sea lo natural lo que nos devuelva a la casa interior de la que salimos con tanta frecuencia por el trajín de la vida y el estrés que ello nos proporciona.

Y el aire al soplar
MªÁngeles Álvarez

Editorial. Cuadernos del Laberinto

Al levantar los ríos
los enredaste
en el cielo.

Las algas
se confundían
con las estrellas,
y todo el reflejo
de la luz sobre el agua
se hizo nube.

Y paseaban sobre mi
que miraba
su fuga
en su ascender
entre los árboles.

 

Entrevista con Paquí Sánchez Galbarro, para el programa radiofónico » Tipos y letras».

Hablo de este libro, de la génesis y el proceso creativo, de poesía y naturaleza. Gracias Paqui  por este rato tan agradable.

 

AMOR Y AMISTAD, UN GERMEN REVOLUCIONARIO.

 

 

 

Sobre la mesa de la biblioteca tengo una imagen de la Santa, es un icono y la silueta de Teresa se levanta sobre el dorado. En estos años que voy estudiando cosas sobre ella, su vida y sobre todo lo que nos dejó escrito me estoy encontrando con una figura que se despega de esta bella imagen y cobra vida.

La historia se compone de un elemento pequeño pero dinamizador, podemos llamarlo revolucionario, el hombre a nivel individual. No sabemos el potencial de cambio que tenemos en nuestra vida, actitud, palabras y acciones, lo que podemos hacer desde la situación sencilla, casa, cocina, taller, estudio.

Lo que empuja de manera mas acelerada esta potencialidad es la amistad, la capacidad de interrelacionarnos de manera empática, cuando además mezclamos sentimientos, propósitos y creencias. Teresa lo sabía muy bien y en esto fue realmente una mujer abierta, un marco para que sus amigos, monjas, frailes, compañeros se pudieran desarrollar a nivel personal.  Marco abierto para el Amigo del alma que vivía dentro de ella.

Un buen amigo es aquel que nos conoce y nos quiere, nos apoya en los momentos difíciles incluso cuando fallamos, en los momentos bajos y tristes, el que saca de nosotros toda nuestra potencialidad, confiando y alentando nuestro trabajo e inquietudes. Un lugar de encuentro donde compartir, tomar fuerzas y avanzar en la vida.

Reflexiono en sus amistades, y cómo sin ellos, el Señor de su corazón, Guiomar, Alonso, Luisa, Isabel, Marí, Juan, Pedro, Jerónimo no podemos entenderla ni conocerla. Constituyen la base de nuestra Santa, el sustrato de su vida y de lo que nos deja.

Teresa sabía del potencial de la amistad, hasta para hablar de oración decía: orar es hablar. Amor y amistad serían los dos vocablos teresianos básicos para poder conocerla.

Guiomar de Ulloa se hizo inseparable de la Santa cuando se quedó viuda y estaba harta de la ciudad, de andar de un lado a otro, de oír hablar y murmurar sobre ella, su belleza, juventud, porte y actitud alegre. El remanso de paz era para ella la celda de Teresa en el Monasterio de la Encarnación donde vivía nuestra Santa con un grupito de sus sobrinas a las que enseñaba a orar profundamente, a leer, cantar y tocar instrumentos. Se reunían un grupo de mujeres, y Guiomar podía estar allí porque en aquel momento las mujeres entraban dentro del Monasterio, que era según nos cuenta el p. Nicolás González una verdadera aldea castellana con mas de un centenar de monjas.

Lo que hay entre yo y mis amigos, si es algo auténtico y verdadero, puede, como en el caso de Teresa, ser el germen de un cambio muy profundo de la sociedad y de la historia. De esa celda de Teresa en una velada salió la idea de reformar la orden del Carmelo, fundando un nuevo convento donde la amistad y el amor estuviera en la base de todo. Lo vivido en la celda, la oración conjunta, el cariño, las lecturas compartidas, las canciones que aprendieron, los sueños que empezaban a plantearse. Salieron de allí para fundar el convento de San José.

Cuando soñaban aquella tarde de septiembre con una vida juntas donde la clausura del mundo fuera el territorio de la libertad, fue Guiomar la que empujó de manera decidida y práctica el proyecto.

El segundo lugar donde desarrollaban su amistad estas mujeres era la casa Palacio de Guiomar, cerca de la iglesia de San Gil, donde trabajaba en el servicio domestico una mujer que ya en aquellos años se consideraba una santa Maridiaz. Mujer analfabeta, campesina del pueblo de Vita que al morir sus padres repartió entre los pobres todo los que tenia de herencia y se vino a Ávila sólo con una manta, que dio al primer pobre que vio pasar frio en el barrio de la Vacas, como nos cuenta el p.  Baldomero Jiménez Duque.

Vivió en una tribuna de San Gil después de servir a Guiomar y sufrir un montón de desprecios por parte de los otros sirvientes, mucho mas clasistas que su doña que desconocía todo. Y desde allí ayudaba a toda la ciudad con mas autoridad que un juez de paz, influyendo tanto en personas que cambiaban también el rumbo de la historia con su vida y pensamiento como San Juan de Ávila.

La historia se compone de todo esto, sólo hay que despegar la imagen que tenemos de los acontecimientos, personas y hechos del marco dorado, del icono que lo aprisiona. Somos capaces de mucho mas de lo que a veces pensamos, de cambiar tantas cosas a distintos niveles. Solo hay una manera de ir construyendo algo nuevo, la empatía, la amistad, el volver a hablar entre nosotros dejando que cada uno desarrolle su propia potencialidad y valía.

 

Y el aire al soplar…

 

A veces la vida nos regala momentos para que los guardemos en un rincón del interior, y los hace inolvidables. El pasado martes la presentación de mi libro de poemas  “ Y el aire al soplar”fue uno de ellos.

La tarea solitaria del escritor en la biblioteca, el salón, el parque detrás de cada palabra y sus sombras, se hace fiesta al compartir los versos con los demás, al ver la cara de los lectores de sus palabras. Las recitaciones de poemas son los días de fiesta de los poetas.

Agradezco tanto a todos los que me acompañan con su lectura en este paseo por la naturaleza que es este libro. Un trabajo lleno de contemplación y diálogo con ella, como fuente de estabilidad personal, de ternura y de paz frente a los problemas, dolores, inseguridades que rodean nuestra vida.

Cuando nos lanzamos por ahí dejando que la que comience a hablar y a decirnos cosas sea ella, vamos  transitando por la senda de la contemplación, ya no creamos nada jugando con la palabra, son los versos los que nos vienen a la boca y al papel como traductores de todo lo vivido en un proceso de recreación.

Dónde se encuentran las palabras, cuál es el proceso de la creación, qué es lo que ocurre cuando de repente ves delante de ti nuevas ideas, matices, sensaciones, colores y formas y vas con tu pluma fijándolas en el papel.

El comienzo de todo esto tiene un tiempo que hay que rescatar, el del silencio. No como lugar de vacío sino como “gota, envolviendo como en pañales cada momento, cada razón”. El silencio fija lo vivido y deja que lo podamos contemplar como si de una gota llena de luces y colores al sol. Abre nuevos lugares que teniéndolos ya, no los habíamos habitado, los mundos interiores.

Todo esto se articula alrededor de un verbo que lo engloba todo, el de dialogar. Lo que está fuera con toda su belleza, rotundidad, rotura, suavidad, comienza a ser nuestro interlocutor, la aquilea del borde polvoriento de un camino, las hojas en esqueleto vencidas sobre el arroyo, el envés terciopelo de una corteza llena de musgos. En un dialogo de naturaleza amorosa, al modo de los que nos cuenta nuestro paisano Juan de la Cruz en su Cantico Espiritualque realmente él llamó Coloquio de amor. Ya lo que hay fuera no me es ajeno porque comienzo a sentir que es mío, regalo, vida y amor.

Esta visión de lo natural va mas allá de los postulados ecologistas clásicos, y abre nuevos caminos alrededor de su potencia en nuestro bienestar personal. No sólo hay que conservar los bosques, los acantilados rocosos, los caminos que van serpenteando por los valles, hay que comenzar a tomar posesión de todo como parte de nuestro patrimonio personal e interior. Y esto se consigue poniéndonos las zapatillas y comenzando a pasear por ahí. Esta actitud de dialogo sanador y de recreación como regalo de la vida en la naturaleza es algo que otras culturas como las orientales tienen mas desarrollado que nosotros. Es la actitud del maestro de haiku que va asombrándose de ver que lo que vive en su interior se ve reflejado en cada hoja, mata que mira el lago, cigüeña que pasa racheando el vuelo sobre él.

El trabajo del poeta comienza así, y la búsqueda de la palabra exacta continua a ese ritmo, depurando la expresión para hacerla mas limpia, sencilla y transparente. Para dejarla todo su sonar y decir, para abrir la posibilidad de que explote dentro de cada lector cuando abre con su lectura pausada el libro.

La música, la pintura, el arte floral y las palabras se juntan en este mismo cauce expresivo, siendo llaves de conocimiento de la belleza oculta de las cosas y formas de expresión de la bello. La pausada música de la citara salterio que como instrumento para la meditación y la alabanza arranca desde la Antigüedad para dar la mano al hombre de hoy necesitado de momentos de contemplación y de dicha interior.

La vida se compone también de todo esto, y es la tarea de los poetas desenmarañar, abrir, morder, rasgar cada palabra para dar el sentido vital que necesitamos.

El martes sentí que mis palabras iban volando por ahí, como los vilanos de los Dientes de león, y me sentí muy agradecida a ese viento que soplando sobre la vida la llena de naturaleza y de amor. Y el aire al soplar.

Articulo publicado el 4 de mayo de 2019 en el Diario de Ávila

 

Al levantar los rios

los enredaste

en el cielo.

 

Las algas 

se confundían

con las estrellas,

y todo el reflejo

de la luz sobre el agua

se hizo nube.

 

Y paseaban sobre mi

que miraba

su fuga

en su ascender

entre los árboles.

El martes 30 de abril se presentó en el Episcopio de Ávila mi poemario » y el aire al soplar» con un auditorio lleno de lectores, amigos, mi familia, poetas de la ciudad, compañeros de trabajo, empresa.

La lectura de los poemas es un momento muy especial para un poeta, cuando se encuentra de frente a sus lectores y deja a sus palabras volar por ahí, ellas avanzan creando nuevos mundo por dentro de cada lector que a ellas se acerca en una lectura pausada.

La presentación del acto y de mi obra la realizó Javier Sancho Fermin amigo y gran conocedor de mi obra, experto en mistica y director de la Universidad de la Mística de Ávila. También estaban en el acto la teniente de alcalde del Ayuntamiento de Ávila Sonsoles Sanchez-Reyes que es una persona culta y muy cercana a todo los relacionado con la poesía y la expresión escrita , a la que doy las gracias por su apoyo para que este acto saliera  adelante.

Mi editora Alicia Arés hizo una reseña poética del trabajo con gran precisión  y conocimiento de mi obra, y a la que doy las gracias por esta edición tan cuidada de mi poemario.

La lectura de los poemas se vio acompañada por la citara salterio interpretada por Margarida Barbal, experta citarista y soprano, que compuso una música para los poema.

Doy las gracias a todos los que nos acompañasteis. Una velada inolvidable

 

 

SIN APARTAR UN PUNTO EL PENSAMIENTO

No hay mejor manera para celebrar el día de la mujer que conociendo a algunas que nos impresionan por su vida y pensamiento. En medio de muchas que podríamos elegir, me decido por una mujer muy especial cuya trayectoria y personalidad son impactantes, María Salazar.

Su vida como monja carmelita descalza, dejando a un lado los lujos y deleites de la pequeña corte de Doña Luisa de la Cerda en Toledo, arranca cuando apareció en el palacio nuestra Santa Teresa de Jesús. Cuando llegó y con su actitud cercana, amigable, muy recogida y orante, impresionó a la joven de unos 14 años que comenzaba a disfrutar de su belleza y de las relaciones sociales. Era Teresa una persona que rompía los moldes de lo que se esperaba de ella y creo que en muchas cosas sigue siendo así. Puso como actitud algo que tiene que ver con el verbo relacionarse y con la palabra mágica amistad. Ambas cosas ponen en marcha ese reino en la tierra. Amistad con Aquel que nos ama, desarrollando una actitud de conversación, atención y amor con los demás.

Ella misma nos cuenta, en su obra más reconocida El Libro de las Recreaciones,escrito de manera dialogada, al estilo y manera de ser de Teresa, con cercanía y suavidad, qué fue lo que la llevó a entrar en el camino que cambió su existencia:  la oración. María como fiel discípula de la Santa se hizo luego maestra de sus hermanas como leemos en Instrucción de novicias al modo de Camino de Perfección.

Fue y así podemos verla cuando leemos sus textos, una elegante poeta, mística profunda, muy culta ya que hablaba varias lenguas entre ellas el francés que le sirvió para plantear los primeros pasos de la fundación teresiana en el país vecino.  Una gran conocedora de la Biblia, estudiando con detenimiento el Antiguo Testamento. Sabía y leía en latín, podía por tanto rezar las Horas de cada día conociendo y haciendo suyas las palabras de cada salmo. Sus poesías son tan bellas y cuidadas, mostrándonos algo que ya la Santa decía de ella, que era muy culta e instruida. El investigador Carlos Ros llega a pensar que alguna de las poesías que creemos que son de Teresa podrían ser de María.

Cuando María conoció a la Santa, ésta ya estaba decidida a fundar el nuevo convento de San José en Ávila. Fue a Toledo a consolar a doña Luisa que se había quedado viuda. Pero no fue hasta la segunda visita de Teresa en 1570 cuando se decidió a vestir el habito del Carmelo descalzo, para entrar y profesar en Malagón, con el nombre de María de San José, tenía 27 años. Entraba en la orden recién fundada una hija muy querida de nuestra Santa, destinataria de muchas cartas, y la que quiso que fuera su sucesora. La fundadora de Carmelos, como el de Sevilla.

Me impresiona María de San José por su lealtad hacia Teresa y los fundamentos de la nueva orden que fundó. Asumió desde el principio esta actitud de la amistad profunda, ese “andar en verdad”, avanzando por caminos muy duros, de descredito, falsas acusaciones, incluso la prisión por nueve meses dentro del convento que ella misma fundó en Lisboa. Se quedó ciega y salió de allí muy enferma.  Y todo por defender la obra espiritual de nuestra Santa, el predicamento de libertad, suavidad y trato de amistad y ser leal a esto siendo mujer, en el camino de Teresa. Todo lo que consiguió nuestra Santa, fundando una nueva orden reformando no solo a monjas sino a frailes, quería ser amortiguado en una visión de la sociedad y de la espiritualidad realmente machista después de la muerte de Teresa. Y María de San José, Ana de Jesús, San Juan de la Cruz y el padre espiritual de Teresa, Jerónimo Gracián defendieron con todo su ser y su vida el legado de la Santa, y sufrieron así persecuciones, cárcel e incluso fueron expulsados de la orden como ocurrió con Gracián.

María en todo este durísimo trance que vivió, estuvo fuertemente atada a la oración, allí encontraba su asiento, “Si siempre en ti pensase el alma mía, sin apartar un punto el pensamiento”esto la empujó a sobrevivir a tanta noche y crueldad.

Sobrecoge leer sus cosas y ver cómo ella llevaba su vida con tanta paz, así lo veo en su Carta de una pobre y presa descalza escrita un viernes Santo de 1593 en la prisión de Lisboa.

Cuando leemos las cosas de Teresa en pleno siglo XXI y nos sorprenden por su actualidad, la defensa de cada ser y el papel de las mujeres dentro de la espiritualidad, la libertad como pilar de la vida reformada, la amistad y el amor de unos con otros, podemos hacer este otro análisis que nos dejará aturdidos. Lo que era y cómo se veía en pleno s. XVI. Una mujer, una monja, reformando hombres y mujeres, diciendo todo esto desde la más rotunda libertad y construyendo un nuevo camino espiritual y de vida. Ella pudo sortear los problemas con la Inquisición, pero mucho más dolor y sufrimiento vivieron en su propia carne sus hijas e hijos que seguían con todo este nuevo predicamento, a los que la vida les exigía mucho valor y sobre todo mucha fe.

Realmente María no pudo  ni quiso apartar un punto su pensamiento.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 7 de marzo, 2019

 

 

 

 

 

 

La tecnología y las nuevas formas de comunicación avanzan de manera sorprendente, podemos entregar un mensaje en pocos minutos a cualquier persona de la otra parte del mundo. Todo esto ha provocado una multiplicación de las comunicaciones y me impresiona esto tanto como me asusta y en algunos casos me desagrada. Ahora hasta los partidos políticos se plantean cómo bombardearnos con sus panfletos, algo que como pacientes ciudadanos soportamos cada día; nos intentan vender a través de nuestro correo de todo.

En muchos sentidos aún sigo haciendo cosas de otros siglos.  Me gusta mucho escribir cartas y encontrar destinatarios con tiempo para leer y que no se impresionen por lo vehemente del contenido. Escribiendo sobre el tiempo y lo preciosas que están las ramas peladas de los árboles con el cielo entrecortado de la Sierra de Ávila y cómo el viento dibuja siluetas con los troncos.

Recibir cartas y mensajes con un poco de vida, lejos de toda la correspondencia comercial es muy difícil. Cada día cuando enciendo el ordenador miro a ver si rastreo algo especial, una carta que abra sus cosas para mi y me reconforte para empezar un nuevo día. Espero también encontrar algo en el buzón repleto de panfletos comerciales y recibos de banco.

En esta sociedad intercomunicada vamos a dejar un rastro muy triste, fotos de las redes sociales con breves frases y poco mas. Cuando alguien quiera saber algo nuestro, se va a topar con un montón de cosas que no nos retratan y que no dicen nada de quienes de verdad somos.

A lo largo de muchos siglos las personas se han comunicado con cartas, y a través de sus escritos nos encontramos con ellos. Me gusta mucho leer cartas de mis autores favoritos, de músicos, poetas, escritores. Siento que estoy un ratito con ellos, en una conversación íntima. Me aportan la cara oculta de su obra, su sombra que curiosamente es su verdadera manera de ser.

Cuando comencé a tocar al piano a Liszt tuve el deseo imparable de conocer todo lo posible sobre este músico tan genial, tan sublime y sus Cartas Cartas de Rilke a un joven poetatraducidas por Victoria Llort Llopart me abren la puerta de su alma y su sensibilidad. Sus flaquezas y también el porqué de toda su luz. Las cartas a su amada Marie d´Agoult desde las orillas del Lago Como, iban dibujando en sonidos el paisaje, con su superficie verdosa, las mansiones llenas de camelias y los barcos amarrados en los apeaderos al borde mismo del agua. Sus amores y debilidades, y cómo esto va escribiéndose en notas y sonando increíble sobre las teclas de un piano.

De nuestra Santa diré, que sus cartas son realmente su reflejo. Sus cartas son ella, mujer, valiente, astuta, veraz, enamorada, mística, a veces con problemas en las cosas del día a día, en una vida sentada sobre una carreta por los caminos de España. Allí te sobrecoges con sus cosas, desde remedios para curar algún resfriado, hasta el relato de experiencias místicas y momentos de gracia, amor y amistad.

Los poetas que admiro también suelen tener epistolarios tan bellos como su propia obra poética. La Carta de Rilke a un Joven poeta, ha sido mi compañera durante toda mi vida lectora, y su epistolario español me va abriendo España los ojos de aquel poeta que por aquí vino y se quedó fascinado y a veces sobrecogido con nosotros, la cultura y nuestro país.

Conocí también más a Whitman, al verdadero en sus cartas, y a Emily Dickinson con toda su tristeza llena de algas. A Tolstoi y su variopinta lista de destinatarios y amigos de todo el mundo.

En estos días en los que nos disgustamos con toda esta montaña de mensajes y correos que sobre nosotros caen en tormenta, es el tiempo de soñar un poco. Para eso somos hombres y no máquinas, ordenadores y robots. Soñar con recibir cartas de verdad de alguien que nos cuente sus cosas, su vida y al que poder enviar todas esas tarjetas y papeles tan bonitos que atesoro para estos momentos en mi escritorio, junto al nogal pelado y las nubes que se siguen rayando con este sol.

 

Estamos en estos días preparando el encuentro con la poesía japonesa y los haikus en la Casa de la Poesía Juan de la Cruz y me encuentro inmersa en este mundo fascinante de la cultura nipona.

Muchas de las manifestaciones culturales y vitales de Japón han ido entrando en la civilización occidental para quedarse: la comida asiática con el Sushi llena de restaurantes y puestos de comida los supermercados. Palabras y actividades como el Origami , la papiroflexia está atrayendo cada vez a mas personas, lo que Unamuno llamaba cocotología o el arte de construir pajaritas de papel. Los libros de Murakami son top ventas en las librerías y muchos de nuestros hogares van siendo decorados con toda la filosofía del minimalismo de Feng Shui con su lema sencillo y claro: “menos es mas”. Los dibujos animados japoneses Manga con Oliver y Benji han sido los cuentos de un montón de generaciones de españoles, los bonsáis llegaron con fuerza como elemento de vida natural en medio del salón de casa desde que en los años 80 se pusieran de moda por la afición a cuidarlos y coleccionarlos del entonces presidente Felipe González.

Me planteo un poco todo este “sunami” oriental y las causas de la fascinación que suscita no solo entre nosotros sino en todo el mundo occidental. Creo que se basa en algo muy sencillo y a la vez muy espiritual como todo lo que hacen y piensan, y se reduce en un verbo: “quitar”. Tendemos a acumular mil cosas, mil pensamientos, mil actitudes en occidente, en un ansia a veces imparable por el cambio y el movimiento de todo que llega en muchos casos y millones de personas a la desorientación y la ansiedad. Queremos hacer, conocer, tener, oír, leer a un ritmo mas acelerado del que nuestra vida nos permite con su trabajo, quehaceres y familia. Todas las actividades, tradiciones y artes que vienen de Japón se basan en este principio de la simplicidad del que ha sabido quitar tantas cosas para disfrutar con pocas de la vida.

Voy ahondando un poco mas y me encuentro con los japoneses en su verdad construida en parte muy importante por sus dos tradiciones religiosas, el Sintoismo y el Budismo Mahayana. El sintoísmo, originario de Japón no tiene libros sagrados al estilo de las Sagradas Escrituras. Sus dioses “ Kami” los encuentran en los fenómenos como la lluvia, el viento, que interrelacionan interiormente con la misericordia o la fertilidad .Las personas al morir se convierten en Kami y son venerados por su familia, personas que se consideran desde su nacimiento buenos, honrados y nobles.

La espiritualidad budista aporta también a este corpus del alma nipona elementos fundamentales. El budismo mas que una religión es una forma de vivir que trata de eliminar todo sentimiento vital insatisfactorio mediante la practica de la meditación como motor base de todo este viaje interior transformante.

Este sustrato cultural ha ido construyendo unos pueblos muy diferentes a los occidentales y a los que miramos con mucho interés. Así estos días estoy analizando cómo son los niños nipones y cuales son las bases de su educación. En los colegios se enseña a los niños a ser independientes, a aprender a ir solos de casa al cole, a hacer la mochila adecuadamente, a hacer las tareas cotidianas necesarias en el cole como barrer, quitar el polvo, cuidar las plantas, atender en el comedor y limpiar las basuras de los bosques, los parques o las playas. Así es como van aprendiendo los principios básicos de la convivencia que ya van a marcar su vida, la honestidad sabiendo comportarse decorosa e íntegramente tanto con los demás como consigo mismos, el respeto a todos sin discriminaciones, la solidaridad dando parte de su tiempo a otras personas que los rodean, la humildad conociendo las propias limitaciones y la paciencia del que aprende a esperar.

Reforzamiento de los valores personales y cívicos, y un deseo de tener poco y disfrutar de cada momento, así lo hacen en medio de las maratonianas jornadas laborales que llegan a producir hasta enfermedades y muerte por exceso de trabajo. La felicidad está en las pequeñas cosas de cada día y en la estabilidad interior y la paz de espíritu.

 

Todo esto que he ido exponiendo de condensa en un tipo de poema tan esencial y breve como profundo y hondo, me refiero al Haiku. En pocas palabras, tres versos sin rima, con un esquema 5, 7, 5 se puede decir mucho, hacer verdaderas obras de arte. La forma básica de haiku se reforzó y se llenó de espiritualidad con Matsuo Basho (1644-1694), que fue un monje zen budista que estuvo toda su vida de viaje aprendiendo de la naturaleza, dejándola ser la protagonista y llevando su escritura hasta el mínimo de expresión y de contemplación.

Pretender en estos días aquí en Ávila ir por este camino de escritura de la naturaleza  es algo al menos refrescante. Me permite ver todo como muy prescindible, arranca el deseo de organizar mi casa al método Konmari , coger un rama, dos flores, tres hojas y una piedra y comenzar a recrear la naturaleza en un ikebana sencillo y verdadero, lo que veo por dentro de mi. Hacer esto con palabras escribiendo haikus, intentarlo al menos siguiendo lo que Basho nos dijo,… “ no sigas el camino de los antiguos, busca lo que ellos buscaron” . Nos apunta esto algo que tiene que ver con el verbo perforar, mirar contemplando la naturaleza para ir mediante un ejercicio de quitar tanta cosas hasta lo que subyace, lo que me hace persona y donde está en fondo de mi equilibrio y felicidad. Escribimos haikus aquí en Avila, y nos vemos con todos los que quieran venir a compartir en la Casa de la Poesía.

En estos días pesa en el ánimo y el corazón de todos tanta violencia sin sentido, en las muertes de mujeres que van a correr, que salen a disfrutar una noche con sus amigos, o simplemente están en casa preparando la cena y tomando las lecciones a sus hijos.

Entra en nuestras familias como un berbiquí que taladra, nos plantea cuestiones e interrogantes que tienen que ver con el amor, el cariño, la integridad, la libertad y nuestro papel en medio de todo esto, la defensa, la protección, la ayuda.

Hablaba estos días con mis hijos de Virginia Woolf, animándolos a leer sus escritos. Una abanderada de la defensa de las mujeres en una sociedad que en muchos aspectos se parece a la nuestra, aunque hayan pasado ya mas de cien años.

Nació el 25 de enero de 1882 en Gran Bretaña en el seno de una familia acomodada dentro de los círculos académicos y culturales. Su padre Sir Leslie Stephen fue un destacado critico literario e historiador y la familia de su madre Julia Duckwoth se dedicaban al mundo editorial. Toda esta situación familiar privilegiada en una Europa con los latigazos del hambre y la miseria, no la libró de sufrir abusos sexuales de dos de sus hermanastros. Esta desgracia transformó su vida y no se fue ya nunca de dentro de su alma, su inestable personalidad se vio truncada y la sombra del suicidio del que terminó con su vida en el rio Ouse, estuvo siempre planeando.

Escribió cientos de artículos, relatos y libros algunos de los mas significativos de la literatura del s. XX. En todos ellos rastreo su extremada sensibilidad y sobre todo su mirada tan penetrante sobre la vida, las personas que la rodearon, los acontecimientos sociales y políticos.

Estos días de descanso he vuelto a leer el relato póstumo de Virginia, el que se quedó encima de su escritorio, buscando en él las huellas de la escritora: “El Balneario”. Un lugar donde el oleaje no se oye debido al choro de la cisterna del retrete de un aseo del local. Y es que frente al mar de incertidumbres y violencia que nos salpica y nos desgarra, a veces vivimos en medio de todo como una verdadera ostra, dentro de un caparazón. Caparazones de personas a las que se hubiera extraído su propio ser. Seres tan habladores, incapaces de oír, de sentir, de razonar, viviendo en una concha de ostra que las aísla de su propio mar y del de los demás. Tertulias de radio, televisiones llenas de opiniones manidas, ideas que salen de un sinfín de pensamientos, de dentro de la concha y la caracola.

Virginia me impresiona por su capacidad de ampliar sus perspectivas mas allá de la narración al uso, con hilos conductores guiados en un proceso mental, pensamientos, consciencia, visiones, deseos. Comparaciones y metáforas llenas de verdad, dolorosas en este caso al sentir que somos muchas veces conchas cerradas, vociferantes e incapaces de ver lo que sucede alrededor, en casa, el mercado, el trabajo, el bar de copas. Repitiendo a gritos las mismas ideas vacías de contenido, y sin mostrar una experiencia de vida y de amor, la educación comienza con esta escucha.

La educación que damos a nuestros hijos constituye parte fundamental de ese mar. No es ajeno, nace y se desarrolla en las familias, las mismas que estos días hemos celebrado la navidad. Violencia, vejaciones, humillaciones que aparecen en todos los ámbitos sociales y de vida, nacen en nuestro entorno a veces y ni nos percatamos.

En estos días que hemos pasado tantos ratos juntos, hemos recordado la historia de la familia, construyendo con estas charlas el sustrato de crecimiento de todos. Pero, como dice también Virginia en Orlando, “la memoria es costurera y caprichosa. Pasa su aguja de dentro a fuera, arriba y abajo, aquí y allá. No sabemos pues que viene después, ni lo que sigue”. La memoria estructura nuestra historia, no la dejemos libre porque podemos y pueden hacer con ella cualquier planteamiento ajeno a la conciencia, la dignidad y la verdad.

Virginia escribió “Un cuarto propio”, escrito que ha sido el suelo del movimiento feminista en todo el mundo. Me fijo en su rica aportación, su mirada de la que tanto tenemos que aprender, quitando caparazones y vendas, viendo que la vida, la sexualidad, el amor son algo mas complejo y rico de lo que aparece desde afuera cuando lo invocamos a base de gritos. La belleza de cada ser, su dignidad y el respeto a todos lleno de esa capacidad de escucha atenta. Dejando los instintos primarios, el gregarismo de las manadas, las ideas manidas de tantos foros de opinión. Y construyendo todo este nuevo mar en donde puede cambiar el mundo, en nuestra propia casa.