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La tecnología y las nuevas formas de comunicación avanzan de manera sorprendente, podemos entregar un mensaje en pocos minutos a cualquier persona de la otra parte del mundo. Todo esto ha provocado una multiplicación de las comunicaciones y me impresiona esto tanto como me asusta y en algunos casos me desagrada. Ahora hasta los partidos políticos se plantean cómo bombardearnos con sus panfletos, algo que como pacientes ciudadanos soportamos cada día; nos intentan vender a través de nuestro correo de todo.

En muchos sentidos aún sigo haciendo cosas de otros siglos.  Me gusta mucho escribir cartas y encontrar destinatarios con tiempo para leer y que no se impresionen por lo vehemente del contenido. Escribiendo sobre el tiempo y lo preciosas que están las ramas peladas de los árboles con el cielo entrecortado de la Sierra de Ávila y cómo el viento dibuja siluetas con los troncos.

Recibir cartas y mensajes con un poco de vida, lejos de toda la correspondencia comercial es muy difícil. Cada día cuando enciendo el ordenador miro a ver si rastreo algo especial, una carta que abra sus cosas para mi y me reconforte para empezar un nuevo día. Espero también encontrar algo en el buzón repleto de panfletos comerciales y recibos de banco.

En esta sociedad intercomunicada vamos a dejar un rastro muy triste, fotos de las redes sociales con breves frases y poco mas. Cuando alguien quiera saber algo nuestro, se va a topar con un montón de cosas que no nos retratan y que no dicen nada de quienes de verdad somos.

A lo largo de muchos siglos las personas se han comunicado con cartas, y a través de sus escritos nos encontramos con ellos. Me gusta mucho leer cartas de mis autores favoritos, de músicos, poetas, escritores. Siento que estoy un ratito con ellos, en una conversación íntima. Me aportan la cara oculta de su obra, su sombra que curiosamente es su verdadera manera de ser.

Cuando comencé a tocar al piano a Liszt tuve el deseo imparable de conocer todo lo posible sobre este músico tan genial, tan sublime y sus Cartas Cartas de Rilke a un joven poetatraducidas por Victoria Llort Llopart me abren la puerta de su alma y su sensibilidad. Sus flaquezas y también el porqué de toda su luz. Las cartas a su amada Marie d´Agoult desde las orillas del Lago Como, iban dibujando en sonidos el paisaje, con su superficie verdosa, las mansiones llenas de camelias y los barcos amarrados en los apeaderos al borde mismo del agua. Sus amores y debilidades, y cómo esto va escribiéndose en notas y sonando increíble sobre las teclas de un piano.

De nuestra Santa diré, que sus cartas son realmente su reflejo. Sus cartas son ella, mujer, valiente, astuta, veraz, enamorada, mística, a veces con problemas en las cosas del día a día, en una vida sentada sobre una carreta por los caminos de España. Allí te sobrecoges con sus cosas, desde remedios para curar algún resfriado, hasta el relato de experiencias místicas y momentos de gracia, amor y amistad.

Los poetas que admiro también suelen tener epistolarios tan bellos como su propia obra poética. La Carta de Rilke a un Joven poeta, ha sido mi compañera durante toda mi vida lectora, y su epistolario español me va abriendo España los ojos de aquel poeta que por aquí vino y se quedó fascinado y a veces sobrecogido con nosotros, la cultura y nuestro país.

Conocí también más a Whitman, al verdadero en sus cartas, y a Emily Dickinson con toda su tristeza llena de algas. A Tolstoi y su variopinta lista de destinatarios y amigos de todo el mundo.

En estos días en los que nos disgustamos con toda esta montaña de mensajes y correos que sobre nosotros caen en tormenta, es el tiempo de soñar un poco. Para eso somos hombres y no máquinas, ordenadores y robots. Soñar con recibir cartas de verdad de alguien que nos cuente sus cosas, su vida y al que poder enviar todas esas tarjetas y papeles tan bonitos que atesoro para estos momentos en mi escritorio, junto al nogal pelado y las nubes que se siguen rayando con este sol.

Cuando paseo por las ciudades históricas como la nuestra disfrutando de la belleza del entorno, la arquitectura, el cielo, el pavimento, los jardines mi percepción me lleva siempre un poco mas allá de lo que veo. Comienzo a dialogar con todo.

Vivir en ciudades así tan apabullantemente bellas y llenas de historia y cultura requiere sobre todo afinar nuestra sensibilidad ante lo natural y el pasado, sobre todo a aquellas personas que tienen la responsabilidad de llevar a cabo las actuaciones que se requieran.

Algo en lo que siempre me fijo es en los jardines, las plazas con arbolado, los paseos serpenteados de matas, las laderas cultivadas, las especies y su ubicación. Desarrollo, sobre todo por mi amor por lo natural, por la botánica y el Patrimonio, un diálogo con lo que me encuentro. Una conversación que muchas veces me deja llena de pena.

Creo que debo empezar a analizar todo desde las propias palabras con las que denominamos todo esto, viendo qué entendemos porque de ellas se va a derivar un planteamiento o una actuación concreta. El primer concepto es el de zonas verdes. Con él se engloba una serie de ideas y planteamientos muy distintos y en muchos casos antagónicos, podría decir que en lucha campal muchas veces. En zonas verdesincluimos los jardines junto con las zonas de esparcimiento social de distinta naturaleza, como zonas de juegos para niños, campos de deportes, lugares para practicar deportes estáticos, zonas para perros y otras muchas mas. Todo creo que parte de las bondades y belleza de los jardines por su propia naturaleza: todos disfrutamos en ellos y desde la Antigüedad se han constituido en lugares para el disfrute. Y se ha ampliado su uso a todas aquellas manifestaciones de tiempo libre que se realizan al aire libre. Meter en todo este conjunto tan heterogéneo de lugares a los jardines y sobre todo a los de las ciudades históricas de manera absoluta me parece un error. Algo que lamentablemente veo a mi alrededor.

Los jardines forman parte de nuestro Patrimonio, son un Bien cultural a proteger porque están en una relación intrínseca con el resto de los otros Bienes como los edificios. Son además, como dice la Carta de Florencia de la Unesco de 1981 unos Bienes vivos, perecederos y renovables. Una expresión de la unión entre la historia y la naturaleza. Bellos y únicos por estar formados de especies naturales son lugares para el deleite, el paseo, la meditación.

Los jardines y zonas ajardinadas o arboladas de nuestra ciudad son jardines históricos y la conservación del Patrimonio debe englobarlos. Así no sólo hay que proteger lo que tenemos, árboles, especies, diseños, tierras y rocallas, parterres, rosaledas y fuentes, buscando siempre renovar aquellas plantas que vayan faltando por el paso del tiempo, o por enfermedades y plagas de distinto tipo, sino que el planteamiento de nuevas intervenciones arquitectónicas debe ir envueltas en el Patrimonio vegetal y la historia. Digo esto porque me duele ver cómo se colocan especies de plantas, árboles sin que los aspectos antes mencionados de respeto al lugar se mantengan. Quitamos Negrillos porque están muriéndose, algo lamentable y que a veces ya no resulta posible solucionar, y en vez de volver a plantarlos en los mismos lugares de la ciudad donde han estado por siglos, los sustituimos por otro árboles ajenos a todo, que no mantienen coherencia con el entorno y dejan las plazas en una situación absolutamente diferente de lo que la historia nos ha regalado.

Para mi, todo jardín en Ávila es un jardín histórico, tiene a la muralla como muro, al cielo y al roquedo como aliado. Jardines que nos deben decir de nosotros, de nuestra historia, recuperando lo que se perdió y cuidando lo que mantenemos. Haciendo un diálogo cultural, estético y coherente con el medio en el que nuestra ciudad se mueve, la Sierra, los cantos berroqueños, dejándonos leer algo interesante, motivador y auténtico. Buscando en lo nuestro a nivel botánico lo que debemos replantar, sabiendo que es mas sostenible en cuanto al clima, agua y suelo e infinitamente mas bello por ser natural y nuestro. Rocallas con plantas vivaces que puedan atraer a visitantes de todo el mundo, viendo como florece la Saxifraga, las Prímulas serranas, los Dianthus de nuestros roquedos, los ranúnculos. Las aromáticas en variedades. Mostrando el paso de las estaciones y la belleza de nacer entre rocas y formar con ellas espacios armónicos como los que vemos en un paseo por los alrededores.  Macizos de piornos que muevan a disfrutar de sus variedades y colorido, siendo en esto un jardín en la línea con otros botánicos de todo el mundo. Rosaledas con variedades antiguas, zonas alrededor de las fuentes con aromáticas, algunas de ellas en los claustros conventuales con su sentido medicinal.

Con todo esto los jardines se irían constituyendo en otras páginas de la ciudad que muestran su historia, que sirven para algo mas que para ser zonas verdes, crean cultura, fomentan el turismo y las visitas y nos enseñan a todos lecciones de historia, cultura, belleza y humildad.

 

 

 

Estamos en estos días preparando el encuentro con la poesía japonesa y los haikus en la Casa de la Poesía Juan de la Cruz y me encuentro inmersa en este mundo fascinante de la cultura nipona.

Muchas de las manifestaciones culturales y vitales de Japón han ido entrando en la civilización occidental para quedarse: la comida asiática con el Sushi llena de restaurantes y puestos de comida los supermercados. Palabras y actividades como el Origami , la papiroflexia está atrayendo cada vez a mas personas, lo que Unamuno llamaba cocotología o el arte de construir pajaritas de papel. Los libros de Murakami son top ventas en las librerías y muchos de nuestros hogares van siendo decorados con toda la filosofía del minimalismo de Feng Shui con su lema sencillo y claro: “menos es mas”. Los dibujos animados japoneses Manga con Oliver y Benji han sido los cuentos de un montón de generaciones de españoles, los bonsáis llegaron con fuerza como elemento de vida natural en medio del salón de casa desde que en los años 80 se pusieran de moda por la afición a cuidarlos y coleccionarlos del entonces presidente Felipe González.

Me planteo un poco todo este “sunami” oriental y las causas de la fascinación que suscita no solo entre nosotros sino en todo el mundo occidental. Creo que se basa en algo muy sencillo y a la vez muy espiritual como todo lo que hacen y piensan, y se reduce en un verbo: “quitar”. Tendemos a acumular mil cosas, mil pensamientos, mil actitudes en occidente, en un ansia a veces imparable por el cambio y el movimiento de todo que llega en muchos casos y millones de personas a la desorientación y la ansiedad. Queremos hacer, conocer, tener, oír, leer a un ritmo mas acelerado del que nuestra vida nos permite con su trabajo, quehaceres y familia. Todas las actividades, tradiciones y artes que vienen de Japón se basan en este principio de la simplicidad del que ha sabido quitar tantas cosas para disfrutar con pocas de la vida.

Voy ahondando un poco mas y me encuentro con los japoneses en su verdad construida en parte muy importante por sus dos tradiciones religiosas, el Sintoismo y el Budismo Mahayana. El sintoísmo, originario de Japón no tiene libros sagrados al estilo de las Sagradas Escrituras. Sus dioses “ Kami” los encuentran en los fenómenos como la lluvia, el viento, que interrelacionan interiormente con la misericordia o la fertilidad .Las personas al morir se convierten en Kami y son venerados por su familia, personas que se consideran desde su nacimiento buenos, honrados y nobles.

La espiritualidad budista aporta también a este corpus del alma nipona elementos fundamentales. El budismo mas que una religión es una forma de vivir que trata de eliminar todo sentimiento vital insatisfactorio mediante la practica de la meditación como motor base de todo este viaje interior transformante.

Este sustrato cultural ha ido construyendo unos pueblos muy diferentes a los occidentales y a los que miramos con mucho interés. Así estos días estoy analizando cómo son los niños nipones y cuales son las bases de su educación. En los colegios se enseña a los niños a ser independientes, a aprender a ir solos de casa al cole, a hacer la mochila adecuadamente, a hacer las tareas cotidianas necesarias en el cole como barrer, quitar el polvo, cuidar las plantas, atender en el comedor y limpiar las basuras de los bosques, los parques o las playas. Así es como van aprendiendo los principios básicos de la convivencia que ya van a marcar su vida, la honestidad sabiendo comportarse decorosa e íntegramente tanto con los demás como consigo mismos, el respeto a todos sin discriminaciones, la solidaridad dando parte de su tiempo a otras personas que los rodean, la humildad conociendo las propias limitaciones y la paciencia del que aprende a esperar.

Reforzamiento de los valores personales y cívicos, y un deseo de tener poco y disfrutar de cada momento, así lo hacen en medio de las maratonianas jornadas laborales que llegan a producir hasta enfermedades y muerte por exceso de trabajo. La felicidad está en las pequeñas cosas de cada día y en la estabilidad interior y la paz de espíritu.

 

Todo esto que he ido exponiendo de condensa en un tipo de poema tan esencial y breve como profundo y hondo, me refiero al Haiku. En pocas palabras, tres versos sin rima, con un esquema 5, 7, 5 se puede decir mucho, hacer verdaderas obras de arte. La forma básica de haiku se reforzó y se llenó de espiritualidad con Matsuo Basho (1644-1694), que fue un monje zen budista que estuvo toda su vida de viaje aprendiendo de la naturaleza, dejándola ser la protagonista y llevando su escritura hasta el mínimo de expresión y de contemplación.

Pretender en estos días aquí en Ávila ir por este camino de escritura de la naturaleza  es algo al menos refrescante. Me permite ver todo como muy prescindible, arranca el deseo de organizar mi casa al método Konmari , coger un rama, dos flores, tres hojas y una piedra y comenzar a recrear la naturaleza en un ikebana sencillo y verdadero, lo que veo por dentro de mi. Hacer esto con palabras escribiendo haikus, intentarlo al menos siguiendo lo que Basho nos dijo,… “ no sigas el camino de los antiguos, busca lo que ellos buscaron” . Nos apunta esto algo que tiene que ver con el verbo perforar, mirar contemplando la naturaleza para ir mediante un ejercicio de quitar tanta cosas hasta lo que subyace, lo que me hace persona y donde está en fondo de mi equilibrio y felicidad. Escribimos haikus aquí en Avila, y nos vemos con todos los que quieran venir a compartir en la Casa de la Poesía.

En estos días pesa en el ánimo y el corazón de todos tanta violencia sin sentido, en las muertes de mujeres que van a correr, que salen a disfrutar una noche con sus amigos, o simplemente están en casa preparando la cena y tomando las lecciones a sus hijos.

Entra en nuestras familias como un berbiquí que taladra, nos plantea cuestiones e interrogantes que tienen que ver con el amor, el cariño, la integridad, la libertad y nuestro papel en medio de todo esto, la defensa, la protección, la ayuda.

Hablaba estos días con mis hijos de Virginia Woolf, animándolos a leer sus escritos. Una abanderada de la defensa de las mujeres en una sociedad que en muchos aspectos se parece a la nuestra, aunque hayan pasado ya mas de cien años.

Nació el 25 de enero de 1882 en Gran Bretaña en el seno de una familia acomodada dentro de los círculos académicos y culturales. Su padre Sir Leslie Stephen fue un destacado critico literario e historiador y la familia de su madre Julia Duckwoth se dedicaban al mundo editorial. Toda esta situación familiar privilegiada en una Europa con los latigazos del hambre y la miseria, no la libró de sufrir abusos sexuales de dos de sus hermanastros. Esta desgracia transformó su vida y no se fue ya nunca de dentro de su alma, su inestable personalidad se vio truncada y la sombra del suicidio del que terminó con su vida en el rio Ouse, estuvo siempre planeando.

Escribió cientos de artículos, relatos y libros algunos de los mas significativos de la literatura del s. XX. En todos ellos rastreo su extremada sensibilidad y sobre todo su mirada tan penetrante sobre la vida, las personas que la rodearon, los acontecimientos sociales y políticos.

Estos días de descanso he vuelto a leer el relato póstumo de Virginia, el que se quedó encima de su escritorio, buscando en él las huellas de la escritora: “El Balneario”. Un lugar donde el oleaje no se oye debido al choro de la cisterna del retrete de un aseo del local. Y es que frente al mar de incertidumbres y violencia que nos salpica y nos desgarra, a veces vivimos en medio de todo como una verdadera ostra, dentro de un caparazón. Caparazones de personas a las que se hubiera extraído su propio ser. Seres tan habladores, incapaces de oír, de sentir, de razonar, viviendo en una concha de ostra que las aísla de su propio mar y del de los demás. Tertulias de radio, televisiones llenas de opiniones manidas, ideas que salen de un sinfín de pensamientos, de dentro de la concha y la caracola.

Virginia me impresiona por su capacidad de ampliar sus perspectivas mas allá de la narración al uso, con hilos conductores guiados en un proceso mental, pensamientos, consciencia, visiones, deseos. Comparaciones y metáforas llenas de verdad, dolorosas en este caso al sentir que somos muchas veces conchas cerradas, vociferantes e incapaces de ver lo que sucede alrededor, en casa, el mercado, el trabajo, el bar de copas. Repitiendo a gritos las mismas ideas vacías de contenido, y sin mostrar una experiencia de vida y de amor, la educación comienza con esta escucha.

La educación que damos a nuestros hijos constituye parte fundamental de ese mar. No es ajeno, nace y se desarrolla en las familias, las mismas que estos días hemos celebrado la navidad. Violencia, vejaciones, humillaciones que aparecen en todos los ámbitos sociales y de vida, nacen en nuestro entorno a veces y ni nos percatamos.

En estos días que hemos pasado tantos ratos juntos, hemos recordado la historia de la familia, construyendo con estas charlas el sustrato de crecimiento de todos. Pero, como dice también Virginia en Orlando, “la memoria es costurera y caprichosa. Pasa su aguja de dentro a fuera, arriba y abajo, aquí y allá. No sabemos pues que viene después, ni lo que sigue”. La memoria estructura nuestra historia, no la dejemos libre porque podemos y pueden hacer con ella cualquier planteamiento ajeno a la conciencia, la dignidad y la verdad.

Virginia escribió “Un cuarto propio”, escrito que ha sido el suelo del movimiento feminista en todo el mundo. Me fijo en su rica aportación, su mirada de la que tanto tenemos que aprender, quitando caparazones y vendas, viendo que la vida, la sexualidad, el amor son algo mas complejo y rico de lo que aparece desde afuera cuando lo invocamos a base de gritos. La belleza de cada ser, su dignidad y el respeto a todos lleno de esa capacidad de escucha atenta. Dejando los instintos primarios, el gregarismo de las manadas, las ideas manidas de tantos foros de opinión. Y construyendo todo este nuevo mar en donde puede cambiar el mundo, en nuestra propia casa.

¡AQUÍ  EN EL REGAZO DE LA SIERRA, ME SIENTO YO

Feliz Navidad en la Sierra de Gredos.

 

Este año he felicitado las fiestas navideñas con una frase sobre lo que quiere de verdad la navidad, su deseo de ser libre y de acampar en nuestra vida cada día.

Navidad como un renacimiento personal que tiene desde la época del Niño Jesús y su vida, a la familia como marco de todo, a la sociedad. Individualidad que se va restaurando y renaciendo y vida social que también con ese pulso avanza y cambia.

Esta vuelta a la vida viene siempre determinada por nosotros mismos y nuestra manera de ser, personalidad, intereses, valías. Dejar libre todo esto para que vuelva a la vida en plenitud.

Cuando reflexiono sobre nosotros como comunidad, individuos atravesados por una misma historia, cultura y espiritualidad, busco las raíces profundas de nuestra existencia. En muchas cosas y aspectos puedo bucear en esta búsqueda, pero en pocos como en la naturaleza encuentro su verdadero valor. En concreto en la Sierra Gredos, su belleza limpia como de cielo de Castilla, como la leía Miguel de Unamuno.  Encuentro la verdad en su silueta rotunda, en su tradición y costumbres. Todo esto desde hace unos años se muestra de manera sorprendente y muy emotiva en el Festival del Piorno en flor.

Hace casi nueve años, un grupo de personas comenzamos a soñar sobre todo esto, Gredos con su belleza primaveral, viendo cómo potenciar la vida rural en esta Sierra en los meses donde menos gente se acercaba por allí, en mayo y junio. Nos sorprendíamos al analizar esto, porque justamente es en primavera cuando la sierra de aspecto pardo y sobrio calzada de botas de granito berroqueño y fumando nieve se volvía toda juventud y belleza, oliendo a cantuesos y llenado todo de color amarillo piorno, agreste y dulzón. 65.000 hectáreas de flores amarillas llenando la vista de un mar increíble.

Desde entonces han pasado muchas cosas, sin que la comparación se considere exagerada diría que ha renacido la comarca en estos meses de primavera con el empuje del Festival de piorno en flor. Mas de 30 pueblos participan en las actividades, y estas son un motor de desarrollo social impresionante. Los vecinos decoran sus casas, el ayuntamiento, la iglesia, el pilón de la plaza. En unas actividades que promueven no sólo las visitas de los turistas que van creando riqueza económica, sino de familiares y amigos que quieren ir a ver sus pueblos, los de sus antepasados y se comienzan a sentir muy orgullosos de vivir en tanta belleza natural. Se trabaja todo el año pensando cómo decorar los pueblos y las casas, en talleres, ideas, y sobre todo en una maraña de pequeños grupos de vecinos que colaboran y cooperan para ayudar a la naturaleza que rodea sus localidades a ser aun mas bella en sus manos. En un entorno social de naturaleza rural preocupante, con cifras que aterran, según las cuales Ávila perderá mas de 16.000 habitantes hasta 2022, el 10 % de la población total. Todo este empuje y energía que aporta el Festival del Piorno, indica un nuevo camino de desarrollo sostenible para unas comunidades rurales que comienzan a sentirse orgullosas de su entorno e idiosincrasia. Y muestra a tantas personas hartas de la vida saturada de las grandes ciudades, el regalo impresionante de vivir en esta Sierra, la calidad de vida y de paz.

En estas navidades siento que todo esto nos empuja a ir mas allá. A teñir de color amarillo piorno el entorno del Portal y dejar que vaya renaciendo toda esta comarca. Todo el festival y el desarrollo de estos bellos pueblos también entran en nuestra esfera personal, nos pide que abramos nuestros ojos y que colaboremos, sintiendo que toda la sierra es nuestra, patrimonio que debemos defender y dinamizar.

Creo que estamos entrando en las sociedades occidentales en un tiempo nuevo y de diferente matiz. Los ciudadanos tenemos que aportar, cambiar nuestra mentalidad. Muchas cosas que nos rodean sentimos que pertenecen a otras personas e instituciones, a la esfera política, empresarial, gubernamental y tenemos que empezar a sentir que donde pertenecen realmente es a nuestra propia casa.  Es nuestro deber aportar nuestra valía, pensamiento, aportación de cualquier tipo de manera libre, sin condicionamientos, ni sociales, económicos ni políticos. Gredos, el desarrollo de la vida rural y su futuro es algo nuestro, mío a nivel personal y desde mi amor por esta tierra, desde mis ojos llenos de tanta belleza, y mi corazón agradecido a los vecinos que cada año trabajan en este sueño. Desde estos parámetros nace la propuesta navideña de Apadrinar un piorno, donde podamos ayudar con nuestra aportación a este proyecto social y de belleza tan impresionante.

Así tiene sentido el espíritu de la navidad, dejando que lo que es nuestro, tenga la oportunidad de volver a nacer joven y lleno de energía, sabiendo que somos nosotros los que podemos empujar este cambio, avanzando por un camino de futuro para el mundo rural.

Así podremos volver a decir con Miguel de Unamuno:“! aquí en el regazo de la sierra, aquí, entre vosotros, aquí me siento yo! Patria ermitaña, que como nido torna siempre a la verdad. ¡Feliz Navidad!

MADRUGARÉ PARA BUSCARTE

 

Vivir en una ciudad como Ávila tan llena de vida, cultura y espiritualidad me empuja a reflexiones muy especiales sobre el paso del tiempo, el devenir, la historia y mi papel dentro de ella. Pasear por las calles y sentir los adoquines en la planta del pie, el frio barriendo las aceras de madrugada y la luz proyectada en los lienzos de la muralla, me une de manera intima a otras personas que por aquí también pasaron y a los que se les congelaba el aliento con todo. Madrugaré para buscarte.

Corría el año 1576 y para celebrar la Navidad de manera afable y distendida, nuestra Santa que estaba en Toledo en esos días, puso en marcha un juego de naturaleza poética llamado Vejamen. Para ella las poesías y los escritos tenían también este carácter de regalo, diversión y entretenimiento. Sta. Teresa escribía a veces para la recreación de sus monjas que con estos textos reían, bailaban y celebraban cada acto de la vida en común.

El Vejamen es un juego poético muy arraigado en el Siglo de Oro Español, donde un grupo de poetas se lanzaban versos de manera jocosa, a veces irónica, sobre un determinado tema, para competir literariamente entre ellos, su agudeza, su ingenio personal. El grupo de personas en el que Teresa convocó este “torneo” era muy variado desde sus hijas de San José hasta el obispo, sus amigos, su hermano, el fraile con el que fundó una nueva orden reformada.  Eran sus amigos, con los que podía reír, cambiar impresiones, compartir lo que quería.

Comenzó el torneo con Juan de la Cruz en ese momento confesor de las monjas de la Encarnación y el obispo Álvaro de Mendoza. Cuando Don Álvaro tomó posesión de la sede de Ávila en 1561 se encontró con el asunto de esa monja llamada Teresa de Ahumada que quería fundar en pobreza y sin renta. Toda la ciudad opinaba, la mayoría con prejuicios sobre ella. El prescripto de la fundación de San José se lo encontró sobre la mesa de su despacho en 1562 cuando Teresa vino desde Toledo después de estar un tiempo consolando a la viuda Dª Luisa de la Cerda. El panorama era muy complicado, tenía que poner la nueva fundación bajo su obediencia como obispo frente a los carmelitas que se negaron a tomar la jurisdicción del nuevo convento.

Pero Don Álvaro terminó siendo como vemos amigo íntimo de Teresa, como lo eran en estos días Gaspar Daza, Francisco Salcedo, Gonzalo Aranda y sobre todo Fray Pedro de Alcántara. Este fraile franciscano moribundo y exhausto se montó en pleno verano abulense, a lomos de un jumentillo para encontrarse con Dº Álvaro en su residencia veraniega de el Tiemblo para hablarle al corazón sobre Teresa y animarle a charlar con ella, consciente de la valía de esta monja abulense y sobre todo de su experiencia de Dios, su don de gentes y simpatía.

Compuso versos para este Desafio, Dº Álvaro y también el hermano de Teresa Dº Lorenzo, su amigo entrañable Salcedo “el hombre santo”, el capellán de San José p. Julián de Ávila, Teresa y sus monjas. En la oración Teresa encontró la frase del desafío: “búscate en mi”. En este Duelo salieron poemas tan elevados y bellos como el de la Santa, Alma buscarte has en Mi.

Ávila rebosa historia y nos atrapa. Estos días en los que intento que la Navidad no me caiga encima como una maraña sino vivirla de manera más auténtica, me encuentro con la práctica navideña de Teresa, escribir cosas para los demás, para entretenerlos, para jugar juntos, y cómo se pueden pasar muy felices estos días con cosas y actitudes sencillas. En unos días en los que el recuerdo de ese obispo tan amigo de Teresa me lleva a este otro de hoy en día, Dº Jesús García Burillo, también lleno de las cosas de nuestra Santa en su corazón y en toda su acción pastoral.

 

Ayer se celebró un Coloquio con nuestro otro Santo, Juan de la Cruz, y leí unos poemas para dialogar con sus sublimes palabras en la “Noche Oscura del alma”, un nuevo juego poético, otro desafío lleno de amistad y en mi caso de profunda admiración. Y es así, el pasado nos coge la mano con ellos y más que estar lejos, en los libros de historia, en los poemarios, en los conventos e iglesias, están aquí a nuestro lado. Abro los poemas de Juan y me lanzo al desafío feliz y jocoso de la Navidad con Teresa, en esta ciudad en la que ellos también sintieron el frio congelando sus pies que descalzos por las calles avanzaban.

Con mi alma te he deseado en la noche,… madrugaré a buscarte  (Isaías, 26, 9) Noche de Ávila, de cielo de Belén y humo de aliento.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 13 de Diciembre, 2018

 

 

Cuando reflexiono sobre este artículo en el día después de la Gala de los ciento veinte años del Diario de Ávila tengo cerca, en mi escritorio las poesías de Ida Vitale.

Me planteo cómo puedo expresar con palabras algo que ha estado en mi vida, un suelo, una alfombra en vuelo, que desde mis abuelos me lleva hasta hoy y me empuja al futuro, en un periódico que es parte de Ávila. Una ciudad que no es sólo la muralla, ni el roquedo sobre el que se asienta, las calles adoquinadas, las iglesias, la catedral fortaleza, las plazas con sus bancos de piedra. No es sólo eso, es mucho más, somos todos nosotros los que constituimos este nombre. Una ciudad y un periódico donde se oyen nuestras voces, la actualidad que nos va cayendo encima, la agenda de lo que vamos haciendo, nuestras opiniones, las voces de los vecinos, las reflexiones económicas y culturales, los anuncios, nuestros negocios.

El premio Cervantes 2018 ha recaído este año en la poeta uruguaya Ida Vitale. Desafiando todos los pronósticos, los miembros de jurado no han podido elegir otro candidato mejor. Con esta elección levantan con alegría el agradecimiento que hacia ella sentimos los lectores y la crítica, por una obra poética que abarca toda su vida, llena de personalidad y de belleza.

Como todos los poetas de la historia Ida reflexiona a menudo sobre el lenguaje y la escritura como vehículo de comunicación, reflexión y vida. Expresa en una frase la dinámica de su trabajo:

La poesía trata de encajar

un circulo en un cuadrado.

Llevo varios días con esta definición tan genial en mi cabeza, y creo que tiene mucha razón para muchas cosas de la vida. También para expresar lo que es este Diario en la ciudad que somos todos.

Poder poner en palabras una noticia, articular una opinión, reflexionar sobre la vida, la actualidad, priorizar, colocar, diseñar son tareas que requieren de esta acción, plasmar círculos de pensamientos, datos y opiniones en un cuadrado compuesto de palabras, de maquetaciones, de páginas, portadas y anuncios. Una acción que tiene que ver mucho con otra que se recoge en el verbo atinar, dar en el centro, interesar, entretener, dar a conocer.

EL Diario de Ávila, como parte de nuestra historia tiene un poso que me emociona, el de mi propia vida, familia, vecinos, amigos. Algo más que se pega a mi patrimonio inmaterial, como el polvo que se va acumulando sobre el devenir de cada día. Un montón volátil que es nuestro, que cuenta nuestra vida y que por tanto nos va definiendo como personas y como comunidad. Ese polvo personal, como ese que está entre los sillares de la muralla, es algo que no podemos nunca encontrar en otros medios de comunicación más globales. Si, somos habitantes de una gran aldea global intercomunicada, atacada por corrientes de opinión, mass media, y comunicaciones que recorren en segundos medio mundo. Somos esos habitantes, pero no podemos entendernos de veras, si no prestamos atención a nuestro propio caminar y a ese polvo que dejan nuestros pasos, la ciudad, la cercanía, el vecindario.

En todo esto sigo a Ida, que parece que dialoga conmigo,

De la memoria sólo sube 

un vago polvo y un perfume. 

¿Acaso sea la poesía?

La memoria y dónde se asienta, es algo que me interroga. El fundamento de nuestra vida, la raíz que desde luego siento muy cercana. Digo esto tras lanzar una mirada al pasado de este periódico porque en sus páginas encuentro también la historia de mi familia. De mis abuelos ya tan emprendedores y empresarios, anunciándose, dando a conocer su trabajo a los vecinos. De mi padre Antonio Álvarez que nos transmitió este apego al Diario, la comunicación de toda la empresa en su dinamismo. Mi trabajo, la floristería en cada acto, oferta, presentación.  Mis hermanos, cada equipo de trabajo mostrando sus acciones. Tener memoria es tener en cuenta todo esto. Saber que el pasado como dice Ida está como polvo alrededor y también tiene un aroma suave. El día que no tengamos en cuenta todo esto, no valoremos nuestra propia historia, de la que el Diario es una parte fundamental de la misma, iremos cayendo en el anonimato de la aldea global y nuestro pensamiento crítico se comenzará a tambalear.

Termina Ida esta reflexión:

corta la vida o larga, todo

lo que vivimos se reduce

a un gris residuo

en la memoria.

Un residuo gris, lleno de tinta sobre el papel, en forma de Diario, con más de cien años, que en su pozo de recuerdos nos lanza hacia delante. Felicidades.

Articulo publicado en el Diario de Ávila el 29 de noviembre de 2018

DANIEL FARIA Y JUAN DE LA CRUZ

 

Un día en una entrevista preguntaron a la poeta portuguesa Sophia de Mello Andresen, cómo definiría la poesía de su compatriota Daniel Faria, ella comentó:” Sus versos ponen el misterio a resonar alrededor de nosotros”. Algo así debieron pensar los lectores, los amigos y seguidores de Juan de la Cruz al leer sus versos. Misterio que sale de la oscuridad de la vida, del fondo de cada uno.

La inauguración esta tarde de la Casa de la Poesía Juan de la Cruz en la Universidad de la Mística arranca con un coloquio sobre Faria con expertos en su obra, traductores y su editor, poetas y todo aquel que quiera acercarse por allí. La voz tan personal y rasgada por la luz de Daniel se va a entremezclar ya desde hoy de manera oficial con Juan. Y sabemos que en la mesilla de su celda del monasterio de Singeverga, estaban las obras de nuestro Santo con los libros de Santa Teresa. Un buscador de hoy en día, un poeta, un místico como Juan, con una obra valorada por la critica y los lectores de todo el mundo.

La aventura poética es algo intemporal en el hombre, desde la Antigüedad siempre hemos querido cantar, poner en palabras y versos lo que vivimos, sentimos, aquello que nos define como hombres, la parte donde vive la sensibilidad, donde pasar largos ratos persiguiendo la luz, habitando en el silencio, quemándonos en el fuego abrasador que es la vida y todo su trajín.

Decía Daniel en una de las únicas entrevistas que concedió en su corta vida, murió con 28 años en un accidente fortuito en el monasterio, que escribía y compartía sus versos para los demás, sabiendo que al publicarlos aparecía en su alma un proceso de desamor, se daba por finalizado ese dialogo amoroso que es la escritura. Los poetas viven tantos días con sus palabras, duermen con sus rimas dentro de sus ojos, el poema está vivo y cuando sale, comienza un proceso de liberación, algo así como cuando a un pájaro le abren la puerta de su jaula.

Reconozco mi admiración por Daniel desde aquel día que leí su poemario “Hombres que son como lugares mal situados”, sin saber nada de él, en esa forma de acercarme a la poesía sin ningún tipo de condicionantes, sin conocer al autor, ni su biografía, sólo ligada a los versos. Estuve varios meses con él en el bolso, y me sorprendían mis hijos llevándose los versos de Daniel por todas partes. Luego, bastante tiempo después intenté saber quien era, y me encontré con la sorpresa de saber que era un monje, un novicio benedictino, arrastrando con sus palabras tanta energía, con un lenguaje lleno de sencillez, pero totalmente libre y alternativo en el pensar, sus imágenes rotundas y radicalmente novedosas. Un poeta portugués que tras sus estudios de filología y su paso por el seminario, determinó que debía entrar en la orden de San Benito, por un empujón mas que por una llamada. Allí vivió esta vida como propia, la pobreza y el trabajo en las huertas le recordaba su infancia campesina en Mouritz.

 

Desde niño solía perderse de vez en cuando a recoger piedras. Al comienzo del poemario de Hombres…, que él describía como unos versos nacidos en un momento de fuerte iluminación días antes de entrar en el monasterio, comienza a hablar,.. “ Examinemos a un hombre en el suelo/ Comprobemos la transformación de un hombre en la tierra/ su naturaleza tan diferente de la lava, su manera mineral/ de dormir./ … Interesa también la piedra que él agarra como alimento/ Piedras como elementos inmutables, restos de la creación que contienen en si el devenir, la vida y el alimento, por unirnos, al tomarlas en las manos con la tierra en su movimiento de milenios, lluvias, flores y sal.

Avanzar por los caminos de las poesías intemporales como estas es algo así como cantar un sonido eterno que nos une y nos lleva. Esa obediencia al compartirlo, ese sentimiento de pertenencia al universo, el verso eterno que llevaba al Amado de Juan, a recorrer montes y collados y a cantar cada movimiento del vuelo de la paloma que sobre el nido revolotea.

Así en estas poesías volveremos a ejercer de hombres, poniendo en marcha lo mejor de nuestra naturaleza y de nuestro interior. Sintiendo esa profunda colisión que los versos provocan por dentro: Interesa entender los motivos de la colisión, si tal vez/ ha masticado la piedra hasta mezclarla con la sangre…

Con Daniel y con Juan, aparece ese hombre en su lugar, que se encuentra con su espacio y se desarrolla en todas las dimensiones de su propia naturaleza, poética, vivencial, única y relacional.

 Articulo publicado en el Diario de Ávila. 15 de noviembre 2018

Ya está en el aire la página de la Casa de la Poesía en Facebook para poder compartir y estar en contacto. Así podremos compartir nuestras poesías, reflexiones, propuestas de lecturas, agenda, actividades relacionadas con la poesía. Una nueva iniciativa que se gesta dentro de ls Universidad de la Mistica, CITeS.

 

 

Siempre que tengo ocasión de hablar con alguien no dejo de ir al terreno de la poesía porque siento que es algo más que una expresión en palabras del alma de cada uno: es una invitación a desarrollar lo que como hombres nos define, la sensibilidad, el pensamiento, el conocimiento y el arte. Una posibilidad de desarrollarnos de manera más profunda que la simple educación académica, cívica o festiva. Reflexión vital que va siempre de la mano del deseo de compartir cada verso.

Leo mucho a Juan de la Cruz sus poesías y sus cosas. Y me impresiono al ver que en Ávila nos encontramos con él a la vuelta de cada esquina. Aparece la ciudad en el fondo; los años en la Encarnación con Teresa unieron sus vidas, sus almas y su obra, como se ve en la sintonía tremenda entre ellos, esas poesías que parecen haberse compuesto entre los dos, y que así lo fueron. Permitirme que grite algo que me hace mucha ilusión: ¡Ávila es también la ciudad de Juan, el poeta más sublime de todos los tiempos! … ¿Y no tenemos ni un templo dedicado a él?

A veces la vida te da una oportunidad que es un regalo bellísimo, en este caso la creación de una Casa de la Poesía en la Universidad de la Mística, una casa de Juan de la Cruz, su casa aquí en su ciudad. ¡Qué impresión, abrir el próximo día 15 de noviembre a las 19,30 sus puertas! Podremos así encontrarnos con él, con su sublime obra, con todas sus enseñanzas y sobre todo con su confianza en nosotros, su mirada ilimitada en el hombre y la expresión de su alma. En su casa hecha de palabras y de versos, luz del sol, cristalina fuente, llena de praderas florecidas.

Cuenta el padre José Vicente Rodríguez, uno de los mayores expertos en Juan de la Cruz que nuestro Santo escribía poemas para personas concretas, en relación con ellas y su vida, y después de conversar juntos y de conocerse, metía en su bolsillo un billetico con un poema para que estos versos le abrieran a ese amigo las puertas de su propio corazón, para que las rumiara en silencio muchas veces. El testimonio de una hermana María de la Cruz es tan bello como el poema que Juan escribió para ella y que se acaba de conocer tantos siglos después: “Si de mi baja suerte,/ la llamas del amor tan fuertes fuesen,/ que absorbiesen la muerte, y tanto más creciesen,/ que las aguas del mar también ardiesen”

Cuando comenzamos a plantear esta nueva Casa de la Poesía, este lugar de Juan, queríamos que su espíritu llenase todo. Un espacio para compartir esos Billeticos, esas poesías que nos conmueven. Las que hacen a cada día ser más bello y único, las que nos ayudan a caminar y nos reconfortan llevándonos a ese lugar hondo y profundo de nuestro ser. Billeticos para poner en el bolsillo de los demás también. Crear, disfrutar y compartir, tres acciones de las que se alimentará toda esta nueva Casa poética.

Juan nos enseña un montón de cosas. Y para mí todo su predicamento parte de algo que configura el alma de cada ser, su mirada. Aprender a mirar es lo primero que debemos practicar, abrir las puertas confortables de nuestra vida y dejar que todo lo que nos rodea comience a vivir también dentro. La naturaleza, los collados y los sotos, el ciervo y la paloma. A mirar también a los demás. Una disciplina esta de la contemplación que está en la base de toda composición poética esencial, algo tan necesario hoy en día como lo era en la época de Juan, porque pone las raíces en lo que somos, hombres, algo más que ciudadanos, vecinos y masa. Y nos sitúa a los poetas y lectores en el terreno del arte como expresión de la vida.

La Universidad de la Mística con esta nueva Casa continua en su andadura como centro de conocimiento, profundización y sobre todo de vida y experiencia. Y su manera de proceder en cada actividad y propuesta con tanto respeto por todos y capacidad de apertura para cualquier persona, hacen que en esa estrella verde que vemos al lado del Adaja haya la tierra más fecunda para todo esto.

Poder compartir, aprender, encontrarnos poetas, lectores, amigos de la poesía, profesores y expertos, vecinos, abulenses y ciudadanos de todo el mundo, es desde luego un precioso regalo.

Abrimos la Casa del Poesía Juan de la Cruz, el día 15 de noviembre a las 19,30 h, con la presentación y coloquio sobre un poeta muy especial, Daniel Faria, una de las voces mas sorprendentes de la poesía portuguesa actual. Con sus poemas llenos palabras rasgadas, llenas de mística cotidiana. Versos que nos acompañan en esta nueva andadura: hombres que son como lugares mal situados…

 

 

 

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