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LA PALABRA

 

Desde hace un tiempo cuando analizo la realidad política y social que nos rodea, muchos de los problemas, los rasgos de peligrosidad que intuyo me llevan a replantarme qué es la palabra, qué sentido tiene hoy en día. La palabra es aquella que materializa la realidad, la que define sus aristas y bucea por lo hondo de su contenido. Llena de un montón de matices que como poso del tiempo se van depositando sobre ella, en una herencia volátil que tiene y que la hace ser multicolor y llena de interés. Nombrar algo, es el proceso por el cual le damos vida.

¿Qué ocurre entonces cuando no dejamos a las palabras su verdadero lugar, cuando exponemos de ellas sólo la parte que nos interesa para nuestro razonamiento? Siento que lo que conseguimos se llama demagogia. Sobre todo porque esa utilización de una parte del significado como totalizadora, hace que se construya la casa sobre cimientos de falta de verdad. Así palabras importantes para la sociedad como patria, libertad, solidaridad, vida o pueblo van edificándose en terreno pantanoso.

Decía la gran poeta portuguesa Sophia de Mello Breyner  Andresen que “la verdad a medias es como habitar medio cuarto, ganar medio salario, como tener sólo derecho a la mirad de la vida.  El demagogo dice de la verdad la mitad y el resto lo juega con habilidad, porque piensa que el pueblo solo piensa a medias, …

Debemos buscar el verdadero sentido de las palabras, porque con ellas vamos viviendo, y nos acercan o alejan de su significado. Y en esta búsqueda la educación es la herramienta que nos permite aliarnos con la verdad y la libertad que a su vez nos hará libres.

Cuando no tenemos ese interés por las palabras, caemos en un uso estereotipado de las mismas, expresando ideas ya muy lavadas, desprovistas de verdad. Hoy en día todo esto va en aumento, al menos en mi percepción, porque se van sustituyendo las lecturas reposadas de libros por las descargas de las redes sociales que tienen ese deseo de que todos pensemos igual y que usemos las palabras y sus conceptos de la misma manera. Un rodillo de homogeneización que lleva a la violencia en el momento que alguien use las palabras de manera diferente, aunque sea por dotarlas de su verdadero y total sentido.

La palabra es el origen de la vida, como así nos cuenta el comienzo del Evangelio, y es en ella en la que podemos aprender desde la fe muchas cosas que se nos van revelando.

Tener palabra, es algo que siempre ha constituido la base de las relaciones humanas. Con sólo decir algo, esa palabra dicha unía, desunía, afectaba a las personas de manera automática, de forma que durante mucho tiempo lo dicho era ley, porque se basaba en la honradez de los que la habían recibido, en su honorabilidad. Hoy en día siento que esto está en desuso, hay que leer siempre la letra pequeña de un contrato porque puede ser que allí te estén engañando, o contando lo que estás a punto de suscribir de manera contraria a lo hablado.

Son los poetas los que desde antiguo han estado siempre a la búsqueda de la palabra. Decía Federico García Lorca que “la poesía era como una cacería nocturna”. Acercándonos a la poesía vamos a encontrarnos con la palabra y todo su reino, indagando en lo que nos dicen los poetas, nos encontramos también con lo que nosotros mismos nos planteamos. Poesía y reflexión, análisis de las palabras y respeto a su verdadero y amplio reino de significado.

Igual que creo que la actualidad no es sólo lo que sale en las noticias de cada día, que el color del cielo, la sequedad de un campo erosionado y el paso tranquilo de un madre con sus hijos, es lo que define el momento, creo que la poesía nos ayuda a pensar, meditando sobre el significado de las palabras entramos en un lugar libre y verdadero. Parece mentira que ya Teresa de Jesús hablara hace tanto tiempo de la necesidad de “andar en verdad”, en la verdad de nosotros mismos que definimos con palabras.  Decía Sophia “ Iba y venía/  y a  cada cosa preguntaba/ qué nombre tenía”

No hay hierba digna de tal flor. Los narcisos

Reconozco mi amor por los narcisos , cada año me gustan mas, creo que tiene que ver con el paso del invierno frio y desgarrado hacia la primavera, el color amarillo tan lleno de potencia, las praderas encharcadas, los jardines que aun están pintados de gris, su aroma floral tan exquisito …

Suele coincidir su floración con el día de San José, otra fiesta que destaca sobre un panorama cuaresmal y gélido, en el que no entiendo que no sea fiesta nacional.

Flores como anticipo de la Resurrección que como primavera volverá a renovar todo. Unos pequeños seres que viene a poner un poco de aire fresco en un panorama de actualidad cada vez mas crispado, atentados por muchos países como fruto de la intransigencia, desafíos soberanistas, problemas de violencia familiar, social y en la iglesia.

Miro los narcisos mientras disfruto con su olor, veo cómo han despertado el interés de muchos pueblos antepasados nuestros desde la Antigüedad. Así lo rastreamos en los mitos y leyendas que se han contado, recogidos de manera bella y completa en libros como las Metamorfosis de Ovidio.

En 2008 tuve la enorme suerte de poder asistir a una exposición antológica del pintor británico John William Waterhouse en la Royal Academy School de Londres. Allí pude ver a Narciso mirándose en el reflejo del agua, mientras la ninfa Eco lloraba su desplante. La metamorfosis estaba allí llena de narcisos con tanto detalle y belleza.  En este cuadro olfateamos las influencias prerrafaelitas, la obra de un joven pintor que demostró todo su interés por la Antigüedad clásica y la naturaleza, con una capacidad de transmitir los mitos, los poemas, cada leyenda.

Todo el componente de auto referencia enfermiza que tiene el termino narcisista, no arranca hasta el comienzo del s. XX con los estudios del médico Havelock Ellis.

No pensaba en todo este perfil de persona con muestras de grandiosidad, necesidad de admiración y falta completa de empatía, el poeta Petrarca cuando puso esta comparación en un soneto a su amada Laura en el s. XIV. La comparación de esta bella joven con la flor iba en el sentido de la belleza y del sentimiento de orgullo que tiene quien la posee como parte de los gestos del cortejo amatorio. Y le dice a su amada: no hay hierba digna de tal flor.

Narciso aparece también en la historia como espejo de belleza, incluso dentro del panorama religioso de naturaleza místico, poético. Así la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz tiene un bello auto sacramental llamado “El Divino Narciso” (1689) donde este joven, con nombre de mi amada flor es la personificación de Jesucristo. Narcisos en el siglo de oro español al otro lado del mar.

Narciso es el nombre de muchos catalanes, un santo muy venerado en Gerona desde el s. IV cuando salió de esa tierra para predicar el evangelio a Alemania y los Alpes, instalándose en Augsburgo y convirtiendo a un grupo de mujeres en santas como lo fue Afra. Al volver a Gerona fue martirizado y como de su cadáver salieron moscas en un momento de cambio de sus restos a otro lugar, se le comenzó a representar rodeado de estos insectos en cuadros e imágenes. Narcisos y moscas.

En todo el mundo se disfruta de los narcisos y se utiliza esta flor para festejar días importantes o acontecimientos memorables, así en China simbolizan la buena fortuna. Regalar un ramo viene a dar muy buenos augurios para comenzar una nueva estación.

Este significado se amplia en Japón donde significa también alegría, algo que desde luego comparto. Significa esperanza en Francia y los árabes los utilizan para combatir la calvicie.

Un montón de significados de algo que se llama el lenguaje de las floresdesde que Louis Cortambert lo recogió en su obra en 1819, dando cuerpo a todo el movimiento de la Floriografía victoriana británica, siguiendo el camino de Lady Mary Wortel Montegu y el lenguaje floral turco que ella pudo ver en los harenes de este país cuando vivía allí como embajadora inglesa.

Pero donde me quedo un rato a leer y disfrutar con estas flores, donde me identifico con lo que dice es en los versos de Federico García Lorca: Narciso, / tu olor/ y el fondo del rio. Quiero quedarme en tu vera/ flor del amor, Narciso.Trompetas que anuncian la primavera y tiñen de positivismo cada día.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, jueves 21 de marzo 2019

Estaba hace unos días tocando en el jardín de casa mi nueva citara salterio. Desde que la tengo y he comenzado a tocar con ella he encontrado un vehículo precioso para meditar, para dar las gracias cada dia. El rezo de la Horas que hasta hace poco no sabía ni qué era, me encanta, porque parece que pone en mi boca palabras mientras va serenando mi espíritu al ritmo de la melodia.

Ponerte así con una citara en un jardín tiene a veces consecuencias, un pajarito desde alguna rama cerca de mi comenzó a cantar, al hacer unos solos tan preciosos, a seguirme y yo a él. Nos íbamos cediendo la palabra y la música fluía  como si los dos leyéramos en la misma  partitura.

Y senti que salía de mis propios pensamientos que muchas veces están encadenados en mi interior. Se ligan unos a otros de tal manera que crean como una verdadera coraza por dentro de nosotros. Nos sentimos comprimidos, abocados a estar bajo su presión. Se siente nuestra libertad aprisionada. Es así complicado saber qué hacer, como quitarnos esa armadura tan pesada para comenzar a vagar por la vida , a volar por dentro, a ser ligeros y libres.

Los pensamientos van encadenándose a medida que nos vamos haciendo mayores, y cuando están fuertes, muy trabados son muy peligrosos, muy dañinos.  Un pensamiento tiene debajo una vivencia, una emoción que ha sido repensada, digerida, vuelta a un plano más de raciocinio. Así cuando  el proceso se completa, consideramos que todo eso razonado es verdad, y unos a otros los pensamientos se arman. El problema comienza cuando esto lo consideramos verdad pura, y comenzamos a dejarla por ahí reinar. Nos lo creemos,vamos por su camino y todo esto nos guia.

Frente a este entramado de pensamientos cabe poco que hacer por nuestros propios medios y en muchos casos se van conviertiendo en piedras tan pesadas que toda onda de libertad en ella queda escrita y subyugada como los círculos que deja el agua cuando en él se va cayendo una piedra, va cayendo nuestro ser, nuestro intelecto y corazón.

Este proceso se acentúa con los años. Los niños tiene con su actitud una tendencia a liberarse de manera sencilla y natural. Los niños saben desde pequeños lo que significa el verbo confiar. Y con esta actitud pueden avanzar tranquilos y felices a lo largo de sus días.  Ahora siento que por ahí debe estar la medicina espiritual para poder quitarnos la armadura que n0s asfixia, en la confianza.

Estaba intentando expresar todo este entramado mundo interior con flores. Usando su poder sobre mi, sabiendo que la naturaleza es mi verdadera maestra. Vi que si dejaba a un pensamiento seguir solo su camino dentro de mi, tendía a curvar su planeamiento y a cerrase. Cogí unas flores de azaleas del color más rosa que había visto en días, y supe que en ese color me quería sumergir a ver qué veía. El disfrute con el chapuzón en sus pétalos fue tal que cuando me di cuenta estaba poniendo sobre la mesa un grupito de flores en forma circular. nada podía haber ahí fuera más increíblemente suave, tierno y bello que todo lo que sentía en este baño de color.

Y pensé, un poco en cómo continuar, cómo dejar también que otras flores, hojitas, ramas, brotes, aromáticas formarán parte de este baño, abriendo el pensamiento que se cerraba. Volví en un momento al ruiseñor y a su canto libre, sobre la tarde, sin partituras y cómo fui capaz de seguirle y de ir esquiando tras su canto con las yemas de mis dedos sobre la citara. De manera intuitiva por primera ver en mucho tiempo fui cogiendo flores y materiales vegetales dejando que uno me llevara a otro sin más cuestiones que la intuición. Y cuando había cogido flores de bugavillas, calibrachoas, ramitas de mentas, flores de lavanda, ramitas de acer palmatus, flores de cebollinos,  cabezas como bolas de gallardas y bayas negras de durillos, todo ello sobre la mesa comenzó a moverse. Vi la armonia, el color tan rico y sugerente que entre todo había creado, las formas que se dibujaban, la preciosa paleta cromática  libre y sin normas que había nacido allí.

Al llegar a casa en medio del sopor de agosto, con todo esto en mi interior y con un puñado de fotos del teléfono, me acordé de un poeta al que leo muchas veces cuando ando en batallas interiores con la libertad. A Federico García Lorca en su conjunto de poemas póstumos recogidos con el nombre “ Sonetos del amor oscuro”. En un momento donde la libertad interior estaba tan atacada,en  la política,  en todo lo vital,en lo religioso, en la sexualiado, estos sonetos son una bocanada de aire fresco. Tan bellos en su forma que muchos investigadores los comparan con los de Shakespeare, con el mismo San Juan De la Cruz. Hablan de amor y de su dolor, de las heridas y las alas, de la búsqueda de lo eterno de la vida y el combate interior que nos lleva muchas veces a agotarnos y sufrir.  Vamos aprendiendo cada día a dejar a los demás, a nuestros amantes, amigos, a la naturaleza, a la vida en cada palmo que nos hablen, que nos manden largas cartas llenas de amor que nos liberen de tanto corsé vital.

El poeta pide a su amor que le escriba

 

Amor de mis entrañas, viva muerte

En vano espero tu palabra escrita

Y pienso, con la flor que se marchita

Que si vivo sin mi quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte

Ni conoce la sombra ni la evita

Corazón interior no necesita

La miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas

Tigre y paloma sobre tu cintura

En duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura,

O déjame vivir en mi serena

Noche del alma siempre oscura.

Federico García Lorca

Siento que todo está ahí en la mesa del invernadero, flores, pensamientos que se van liberando, el canto del ruiseñor, mis yemas doloridas sobre la citara, los poemas de Federico, San Juan y lo eterno. Y cómo música de fondo oigo una palabra que se va desdoblando, erigiendo, floreciendo: confianza. Para volver a ser como niños, para volver a mamar todo aquello que la vida nos regala y que no somos capaces de disfrutarlo.

Feliz verano a todos amigos, os dejo este vídeo que he hecho con todo como un pequeño regalo para todos. Me impresiona muchos vuestra presencia en esta casa, en esta página y en todo lo que me transmitís cada día.

 

 

 

 

 

MEDITANDO BAJO LA LLUVIA.

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Llevo unos días oyendo una música que parece que viva se mueve por aquí , porque sin saber cómo, repito la melodía una y otra vez. El segundo movimiento, Andante, del trio in A minor ,114 de Brahms para clarinete , piano y cello.  Cae sobre mí, una y otra vez como lluvia, así sin esperarlo. Y mientras  en un momento quiero  aprender a tocar el clarinete para disfrutar aun más de su belleza, en otro quiero tocar el piano, o el cello,  o todos a la vez, en un sueño imposible. Interpretado por primera vez el 24 de noviembre de 1891 en Meiningen, por el propio Brahms al piano, y con el virtuoso clarinetista  Richard Mühlfeld, y Hausmann al cello, consiguiendo un equilibrio sonoro muy complicado entre instrumentos de viento y cuerda. Según los críticos musicales, es de una inspiración contenida, con momentos de pasión entre sombríos latidos. Moviéndose entre  el penar y el consuelo en medio de los intercambios melódicos del clarinete y el cello con el piano arpegiando y completando cada frase musical, cada idea.

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Y  comienza a llover y las yedras del muro de casa se llenan de miles de gotitas que resbalándose van lentamente cayendo.  Las carnosas hojas de las Echeverias de la terraza, las hojas enrojecidas del haya de la pradera, las gotitas que de los tilos se lanzan, las prímulas caladas y transparentes. Lluvia  verde que cae sin parar a un ritmo misterioso pero tranquilo y un sonido bellísimo que conmueve a todo el que se para un rato a contemplar la pradera.

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Movimiento y agua sobre movimiento y sonido, fundidos sobre mí en color verde yedra. Sobre mi, que tranquilamente me dejo llevar y mojada disfruto del momento. Mirando lo que pasa , el ritmo, el color y la lluvia, como nos cuenta John Berger en este texto de su ensayo “Algunos pasos hacia una pequeña teoría de lo visible”. Será posible, me pregunto descifrar su cadencia y ritmo,  y escribir sobre ellas , gotas de lluvia, una partitura, una poesía, una canción.

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» Estás tumbado al sol en la hierba. Sobre ti hay un haya. Una ligera brisa mece las ramas más finas y agita las hojas. Desde lejos, este movimiento constante de las hojas parece nieve verde cayendo delante de la superficie verde del árbol, igual que en tiempos parecía caer nieve plateada delante de las pantallas grises de los cines.

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Con los ojos semicerrados miras hacia arriba. Los tienes semicerrados porque estás mirando fijamente. Una rama se prolonga más que otras. Es imposible contar las hojas que tiene. El cielo azul que ves a través y alrededor de estas hojas es como el papel blanco entre letras y palabras. Parece que su distribución contra el cielo no es arbitraria. Te preguntas de pronto si no será posible explicar su secuencia como uno puede explicar la secuencia de las letras y de las palabras en un libro. Entonces descubres una imagen, que, como un buen profesor, da dirección a tus confusos pensamientos. Para poder llegar a existir, te dices a ti mismo, todo debe traspasar el centro mismo de la diana. Todo lo que no logra dar en el centro sencillamente no existe. Pero a menudo las palabras de un profesor se tornan decepcionantes cuando desaparece. Así que vuelves a intentar comprender por qué puede decirse que esa rama representa la totalidad de la primavera… Pensado así es posible que seas un filósofo, pero no creo que seas un pintor».

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Y si, tengo los ojos semicerrados para que lo que miro, permanezca un poco tiempo mas, persiguiendo siempre la silueta , la de la gota que rauda corre muro abajo, entre hojas mordisqueadas por los caracoles que siempre viven cerca de la puerta de casa. Y también como dice John,  pienso que todo lo que no logra dar en el centro no existe, esta lluvia habita, sin duda para mí, que mojada hasta los huesos me siento, como hoja de hiedra salpicada de lluvia, ozono y luz. John  Berger es un critico de arte, pintor y escritor de difícil definición, entre ensayista y poeta . Largas frases al modo de Proust, y la sensibilidad de un artista especial, con una profundidad de mirada que  trasciende la realidad, llevándonos a círculos de pensamiento concéntricos alrededor de la belleza, siempre en su busca. Y  encuentras una imagen, profesor de tu pensamiento, que es capaz de en si misma, fundir la primavera, la lluvia y el cielo, el amor y la vida que verde desde las  gotas  de las hojas  de este haya mágico, se desploman sobre mi. Rachear su camino con mi aliento quiero,  como las gotas al estamparse contra el cristal del salón, sobre la rugosa corteza de mi piel, así en movimientos y frases dignos del mismo Brahms.

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Y cuando meditas un rato , sumergida en esta melodía, tienes ganas de formar parte del concierto que a tu alrededor se va poco a poco organizando, pasas de la placentera actitud de sentir la lluvia y mojarte a querer llevar la melodía de alguna de las estrofas que  Brahms compuso. Una melodía llena de melancolía y ternura como la lluvia, con gotitas que miran siempre al infinito del que nacen,  y que contra nuestro cristal se chocan  dejando “ divinas heridas de diamante”.Tienen las gotas, un vago secreto de ternura,.. así hablaba Federico. En un besar azul que recibimos y que nos preña de frutos, de ilusiones y proyectos. Gotas que desde el infinito nos miran y que muchas veces cuando se chocan contra el cristal,  en tristeza mueren. Son poetas de agua vestidos, chorreando cielo , chorreando en nuestro cielo.

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LLUVIA . Federico García Lorca.



La lluvia tiene un vago secreto de ternura,


algo de soñolencia resignada y amable,


una música humilde se despierta con ella


que hace vibrar el alma dormida del paisaje. 

 



Es un besar azul que recibe la Tierra,


el mito primitivo que vuelve a realizarse.


El contacto ya frío de cielo y tierra viejos


con una mansedumbre de atardecer constante. 

 



Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores


y nos unge de espíritu santo de los mares.


La que derrama vida sobre las sementeras


y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

 

El amor se despierta en el gris de su ritmo,


nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,


pero nuestro optimismo se convierte en tristeza


al contemplar las gotas muertas en los cristales. 

 



Y son las gotas: ojos de infinito que miran


al infinito blanco que les sirvió de madre.

 

 

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio


y le dejan divinas heridas de diamante.


Son poetas del agua que han visto y que meditan


lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

 

 

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,


lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,


lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,


la que llorosa y triste sobre las cosas caes! 

 



Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,


tristeza resignada de cosa irrealizable,


tengo en el horizonte un lucero encendido


y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman


y eres sobre el piano dulzura emocionante;


das al alma las mismas nieblas y resonancias


que pones en el alma dormida del paisaje! 


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Y con John vuelvo a coincidir esta mañana:  una rama muestra la totalidad de la primavera, cuando, lejos de ser una rama más, una lluvia más, un conjunto de gotas que sobre mí resbalan, son las gotas que verdes arraigan en mi jardín, en mi imaginación . Quiero como John dibujarlas en un papel,  un poema rimar, interpretando al piano un precioso trío de Brahms, …mientras la belleza nace y se concentra ahí, avanzando  tranquila sobre el cristal. Das al alma  las mismas nieblas y resonancias que pones en el alma dormida del paisaje, mientras tranquilamente llueve.

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