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LAS AFINIDADES ELECTIVAS

 

En estos días donde la violencia en las calles me interroga sobre la dinámica interna de los grupos e individuos, estoy leyendo la obra maestra de Goethe “Las afinidades electivas”. El impulso de coger este libro tiene mucho que ver con estas afinidades de elección, la cercanía y actualidad con un libro escrito en 1809 que mas allá de la ambientación romántica llena de lagos, grutas y ermitas, se va desarrollando sobre un postulado científico, analizando la naturaleza, sus leyes y como los hombres dentro de ella estamos sometidos a fuerzas de atracción que pueden llevar a la destrucción y la aniquilación en procesos violentos y dramáticos. Fuerzas parecidas a las de algunos minerales y rocas que como la cal se funden desapareciendo.

Es por tanto una reflexión fraguada en bellas imágenes y preciosas expresiones sobre la moral, el dominio de si y la alienación enfermiza. Cuatro personajes de distinto sexo se encuentran por una temporada dentro de un espacio cerrado, un palacio de campo, y las fuerzas de atracción, de elección sacan la naturaleza psicológica de cada uno, rompiendo con la razón y mostrando sus debilidades personales, llegando al limite la vida de cada uno.

Existe dos tipos de memorias que nos mueven a actuar, una voluntaria basada en la cultura de grupo, dentro del ejercicio consciente de la libertad y otra de naturaleza ancestral que aunque no somos conscientes de ello, a veces está enterrada dentro de nosotros. Nos arrastra desde dentro yendo mas allá de la voluntad, sin lógica, moral por encima de la sociedad, la familia, la amistad.

La afinidad en términos sociológicos se define como un parentesco de espíritu aunado a otras similitudes interpersonales, y al añadir a esto altos niveles de intimidad y convivencia en grupos cercanos y cercados, aparecen los conocidos como grupos de afinidad. Una afinidad de ideas, ideales y causas compartidas.

Leo a Goethe en un libro de 1939, traducido por R. M Tenreiro , polifacético escritor, compañero de Picasso y amigo personal de Azaña, que realizó esta traducción mientras estaba exiliado al lado de un lago suizo. Y me voy encontrando entre las páginas con pequeñas huellas de su anterior propietario, manchitas de café y pequeñas anotaciones a lápiz. La afinidad de elección me cierra con ellos entorno a Goethe, autor que ejerce una atracción real sobre los lectores como otros genios contemporáneos como Beethoven, cuya obra también es un rio desbordado, dejando a la naturaleza en su esplendor.

Hoy en día la lectura en tablets limpias de toda huella humana nos ofrece la lectura de una manera mas higiénica borrando el tiempo. Si hubiera optado por este medio de lectura, mi reflexión sobre la situación de la España de la guerra civil, la violencia que se desató también dentro de estas fuerzas de elección y afinidad, sería distinta. Sólo me hubiera movido en las líneas de relación de los personajes, lejos del fragor de la batalla, la mordaza de las ideologías, la lucha fratricida. Y ahora me doy cuenta que esta línea entre la paz social, el respeto, la moral y la ética se puede romper fácilmente, la violencia ancestral y las afinidades dentro de momentos de tensión social o económica como el actual pueden hacer explotar todo.

Goethe fue una persona ilustrada, culta y sensible que veía con horror como se había desencadenado la Revolución francesa y el cambio provocado por la violencia, que arrancó de un sueño compartido de ideas sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Estos duros días que vivimos presionan nuestra vida y llevan a determinados seres y grupos a sacar de lo mas hondo de su naturaleza, al juntarse, una fuerza destructora de todo lo vivido, para la construcción de un hipotético nuevo mundo, por medio de la violencia, como el magma de un volcán, destrozando calles, pisoteando a las fuerzas del orden, yendo mas allá y creando sustratos de odio y violencia de muy difícil contención.

Si, Goethe me encanta leer tus cosas sobre todo en primavera. Afinidad electiva que me hace disfrutar, reflexionar y seguir adelante.

Cada año espero la floración de las rosas. Me sigue pareciendo increíble que de un plantón seco como un palo sin ningún interés pueda brotar algo así . Me quedo largos ratos oliendo, disfrutando de su belleza. Desde hace unos años en estos primeros días de la floración busco un ratito para abrir uno de los libros mas bellos de la biblioteca, lleno de láminas de rosas pintadas por uno de los pintores de flores mas delicados que conozco, el belga Pierre- Joseph Redouté (1759-1840). Formado en una familia de pintores, lo que desató su dedicación a la pintura de flores y especial de las rosas fue sin duda su amor por ellas. Y la delicadeza de sus acuarelas en las que utilizó una depurada y moderna técnica para su tiempo aprendida en Inglaterra, en los jardines de Ken, hizo de sus dibujos algo irresistible para sus amigos, mecenas, alumnos y ahora, unos siglos después, sus lectores. Fue tanta la aceptación y el éxito de su trabajo que pudo caminar, pintando de manera segura a lo largo de una etapa histórica llena de guerras, guillotinas, terror, dispendio y miseria. Así trabajó para la reina María Antonieta hasta su encarcelamiento y muerte, continuó dibujando en la época del terror hasta caer en el mecenazgo de Josefina Bonaparte, que era una apasionada de las rosas.

María Antonieta le facilitó el acceso al Petit Trianon, lugar apartado en Versalles donde la puerta se encontraba cerrada incluso para su esposo Luis XVI. Un retrato psicológico apasionante de esta desafortunada reina lo encontramos en el conocido ensayo de Stefan Zweig “ María Antonieta” de Acantilado. Redouté llegó incluso a ilustrar el libro de Rousseau “ La Botanique” y a trabajar como si nada durante la Revolución Francesa.

Josefina de Beauharnais le encargó no solo las láminas de las rosas que disfrutamos en este precioso libro editado por Taschen, sino también el diseño de los jardines del Castillo de Malmaison en Rueil, al sur de París. Llegaron a contar con todas las variedades de rosas conocidas hasta el momento, antes de la explosión de las rosas hibridas de te que han dado miles de variaciones. Se cultivaban rosales primitivos como las zarzarrosas y las mosquetas comunes con antecesores en las zarzas floridas de Europa. También había rosas medievales de colores blancos y rosas, y la introducción de los amarillos que acabó con la fragancia de muchas variedades.

El amor por las rosas que irrumpe en cada primavera es algo ligado a nuestra historia mas lejana, hay restos de rosales silvestres desde la prehistoria, en Asia, con la Rosa Chinensis, el rosal de Banks y otras variedades que han ido repartiéndose por todo el mundo y que aún plantamos en nuestros jardines.

Y esa verdadera pasión que se desborda en muchos de los aficionados a la jardinería tiene que ver con nuestra propia vida, recordamos momentos pasados cuando también nos sentíamos cautivados por estas plantas. El lugar donde nació mi “ erupción floral”, mi pasión por las rosas está en Ávila, en una rosaleda ya devastada que se erigía poderosa en el lienzo de la muralla, en el jardín de San Vicente. Quedan solo unos pequeños grupitos de rosales híbridos de te y floribundas. Sigo volviendo allí en cada rosa que huelo, a aquellos momentos de mi infancia, en el que pasábamos largas tardes por allí jugando. Me da mucha pena que ya no esté allí como entonces. Creo que Ávila tiene el clima y el suelo ideal para plantar rosales, y que las rosaledas llevan al jardín y a la muralla a otra dimensión de belleza y de olfato. ¡Qué lastima!

La infancia nos deja además de los hechos y acontecimientos vividos, un montón de recueros imborrables que pertenecen a los otros sentidos, al gusto de las rosas, al sabor de los cucuruchos de helado que se vendían en el parque en un carrito. También recuerdo el olor penetrante de la tierra mojada del jardín de San Antonio cuando después de rastrillar los paseos, se mojaba todo cuando hacia calor.

En el mundo de la jardinería y de las flores el disfrute va ligado a la tierra, a cada hoja y cómo sale, a cada pétalo y cómo vuela, al aroma de un parterre, a su silueta y sombra al caer la luz. Goethe que era no sólo un romántico intelectual sino un científico profundo y un poeta genial, vio que la observación de lo natural era la puerta para entrar en un mundo nuevo que es nuestro pero que está cerrado muchas veces. Vio algo en las plantas que aun hoy los científicos se impresionan por su actualidad, que las flores, las rosas con sus espectaculares especializaciones sépalos, pétalos, estambres y carpelos, son en realidad un manojo de hojas. “ De principio a fin, la planta no es mas que hojas ”. Se sentía todavía mas orgulloso de sus teorías sobre la contemplación de lo natural desde un punto de vista científico, desarrollado en teoremas como en su conocida y sorprendenteLa teoría del color. Goethe que de toda su magnifica obra literaria y poética. Estudió plantas, piedras, incluso llegó a descubrir un hueso no conocido en la mandíbula,… Pero su mayor contribución fue percibir el planeta como nuestra casa, dentro de una ciencia sensible que nos permite oír, tocar, y ver para comprender lo que nos rodea. “ La ciencia y la poesía deben mirarse. La gente se olvida que la ciencia se ha desarrollado de la poesía”. El interés científico siempre nace de una búsqueda, de un interés profundo en conocer el secreto oculto tras las cosas. Como el empuje del poeta por poner palabras a la belleza, el sentimiento y el amor.

Un paseo por la vida, una rosaleda que del recuerdo me impulsa a plantar rosales y cuidarlos por donde puedo. A maravillarme con lo que la naturaleza me da, oler, tocar, sentir, dejarme impresionar por todo, para lanzarme como esta tarde a abrir un libro antiguo, a intentar diferenciar las variedades de los rosales, leyendo, y viviendo en un lugar lleno de encanto en la memoria, como ese paseo entre rosas fragantes.

Articulo publicado por el diario de Ávila. 1 de junio 2017

 

¡La encontré!

 

Cada uno de nosotros va buscado algo, se afana a lo largo del día en medio de toda la carga del trabajo y la familia en intentar encontrar eso que parece levantarlo de la cama o el sofá. Y lo que buscamos tiene mucho que ver con nuestra propia vida. Reconozco que soy florista porque son las flores una de las cosas que me lanzan por ahí a caminar. Contemplarlas, meter la nariz dentro de su corola, tocar los pétalos, tenerlas cerca de mi a lo largo del día, planear diseños mas o menos imposibles,…. Algo parece que ladra dentro, ese ladrido interno que te impulsa a buscarlas dando un paseo en el campo, a lo largo de una vereda, en las cunetas de la carretera, en los mercados internacionales de flores. Como decía Goethe “ Ladran, luego cabalgamos/ Cabalgamos en todas direcciones/ después alegrías y negocios,/ pero siempre ladran detrás/ y ladran con todas sus fuerzas”.

Unas de las flores que mas me empujan a “cabalgar” desde niña son los Acianos (Centaureas Cyanus), conocidas como azulejos, clavelinas, azulinas, unas preciosas flores que nacen en los terrenos baldíos al lado de los campos de cereales y que florecen en primavera. Consideradas como signo de espacios naturales limpios, su crecimiento en estos entornos de cereales se va año tras año reduciendo por el uso de pesticidas y herbicidas, que también acaban con ellas en las cunetas, los basureros y los terrenos baldíos.

Adoro estas flores, su limpio color como de cielo y entiendo que hayan sido utilizadas a lo largo de la historia por muchos pueblos para decorar, e incluso como elemento claro de lenguaje floral: con esta flor se han dicho muchas cosas. Es la flor nacional de Estonia, y en Francia es el símbolo de la conmemoración del Armisticio de 1918. La flor favorita de Goethe y de todos los románticos alemanes con Novalis a la cabeza. Pero es también lenguaje floral y es utilizado aun hoy como emblema, así se puede ver en los bailes de salón en Austria “ Cornflower Ball” cuyas parejas danzan bajo el suelo de la ultraderecha mas cercana al nazismo. Utilizaban estas bellas flores azules para reconocerse los nazis entre si cuando su partido no estaba aún legalizado en Alemania. Podemos también rastrear el horror que causaban en la población judía estas florecitas en los testimonios de algunos supervivientes que las relacionan con sus verdugos.

Parece mentira cómo la historia va apareciendo a cada paso, incluso en la apreciación de las flores silvestres que vemos creciendo por tantos lugares, y cómo lo que inspiró a los padres del romanticismo alemán “ Die Blaue Blume” la bella flor azul que perseguían como a su amada inmortal, se convirtió en la amante del régimen del horror nazi.

Ya el botánico Mattioli en el s. XVI recomendaba su infusión para las afecciones de los ojos y tienen los Acianos como padre botánico nada menos que a Linneo, publicando su estudio en 1753 en “ Species Plantarum”

Conducía el otro día por el Valle Amblés, la mañana estaba surcada de nubes que enegrecían el horizonte y rayos de luz descolgándose parecían bañar el campo. Iba buscando piornos en la Sierra de Gredos para comenzar a diseñar las decoraciones de la inauguración en Navadijos del “Festival del piorno 2017” y la vista de la sierra berroqueña que comienza a pintarse de amarillo se quedó fijada en los campos cercanos a la carretera llenos en sus bordes de Acianos, que al aire parecían bailar. Un baile mucho mas suave y tranquilo que el de sus parientes en Austria. Recordé uno de los poemarios mas bellos de todos los tiempos, el de Vicente Huidobro  y su canto II lleno de lirismo, imaginación con nuevas formas de expresión tan sorprendentes como delicadas , “Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil,/ Se pierde el mundo bajo tu andar visible/ Pues todo es artificio cuando tu te presentas/ Con luz peligrosa,… Haces dudar al tiempo/ Y al cielo con instintos de infinito/ Lejos de ti todo es inmortal,…

A Vicente lo que le movía en estos versos era el amor, el motor de toda la historia que con su cadena va haciendo rodar la vida. Dentro de esa cadencia infinita, la primavera aparece florecida tras los fríos meses de rigor. Renace la vida, los piornos llenan la sierra con su dulce y a la vez agreste olor, pintando todo de color amarillo, mientras las flores de al lado del camino también arrancan a nacer. Parece que el cielo se queda reflejado por el suelo en una pequeña flor. Con ellas, desde tiempos remotos, al mirarlas sentimos que buceamos lentamente en un infinito azul que renace fresco. Eternidad, amor, anhelo de vida natural, eco desde lo mas hondo del alma, la expresión de la vida y su devenir.

Amar nuestras cosas, la cultura, el patrimonio arquitectónico, la ciudad, los pueblecitos con sus casas construidas sobre la roca, la gastronomía, el arte y la poesía, lleva también de la mano, como de paseo otra realidad: la naturaleza. Fuente de riqueza material y también hondo surtidor de emociones y de pasión. Sensibilizarnos hacia estas pequeñas flores, recapacitar sobre su belleza, su historia y lenguaje nos regala el disfrute total que podemos alcanzar con sólo pasear por el campo tranquilamente una mañana de mayo como esta. Tomando un verso de Goethe como bandera libertaria, en voz alta recitando.: “La encontré/ era en un bosque: absorto/pensaba andaba/ sin saber ni qué cosa/ por él buscaba,…

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 18 de mayo 2017 

 

DE LO ANIMAL.

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Llevo varios días con la imagen de ese programa de televisión marroquí en el que la presentadora enseñaba a las mujeres cómo maquillarse los moratones de las palizas de sus esposos para que no se noten y así poder salir de casa sin problema. A la preocupación y dolor por el maltrato a las mujeres, con estadísticas que abruman, mas del 60 % de las mujeres marroquíes lo padecen, se une la lectura de este gesto.

Estaba en Berlín hace unos días disfrutando de las salas de arte griego del Altes Museum, reencontrándome con los vasos , esculturas y restos de industria que hace ya muchos años había estudiado mientras preparaba el doctorado. Me volví a parar ante el relieve de la estela Giustiniani, una joven mujer con tanta belleza de proporciones, tan delicada en su realización, con todos los pliegues del himation con movimiento, formando a su vez una columna esbelta y robusta que sostiene su propia silueta mientras lo delicado de los pliegues caen desde la fíbula del hombro. Una mirada que transmite tanta paz dentro de su propio mundo interior. Recordé en un momento a otra mujer que en los cantos de la Odisea nos muestra un mundo interior propio y que sabe mantener su dignidad al margen de lo que a su alrededor acontecía, me refiero al Canto XVIII, y a la figura de Penélope. En medio de esta epopeya heroica donde los personajes parecen hojas llevadas al ritmo del destino, los dioses y las pasiones, aparece esta mujer que parece salirse en su comportamiento tanto patrón del tiempo como del sentido último del devenir, para ser una figura universal, prototípica. En un momento, Euríome la criada insta a su señora a lavar su cuerpo y a ungirse de aceite las mejillas para poder así estar presentable ante los hombres que a su alrededor la cortejaban, después de mas de diez años de soledad. Penélope se resiste a volver a un mundo del que sólo su esposo la puede sacar, el compañero que la conoce de veras, y así dice :“ los dioses que ocupan el Olimpo me arrebataron la belleza el día que aquel se marchó”, algo así como, mi belleza sigue intacta incluso sin maquillajes. Esta soy realmente yo.

Frente a esta mujer musulmana que pese al dolor y el sufrimiento tiene que “ tragar” con todo y acicalar la violencia que aún le duele, ya antes del siglo VIII a. C. cuando este poema se recogió, hubo otra mujer que defendió, como pudo, su isla de dignidad frente a un grupo que la presionaba con violencia y tradición. Y me pregunto, porqué hemos evolucionado tan poco en estas cosas y hemos sido capaces de hacer proezas increíbles en las ciencias, la comunicación y el nivel de vida y no en la defensa de los derechos humanos.

La Estela del museo berlinés se enmarca dentro del llamado estilo clásico temprano de la primera mitad del s. V a. C. Un momento de la historia único, al que el pensador contemporáneo, George Steiner , llama milagro. Consistió en el descubrimiento y el cultivo del pensamiento abstracto, de la meditación y el cuestionamiento de lo absoluto, no contaminado por demandas utilitarias de la economía del momento. El hombre comenzó pensar, algo que es sencillo, y a la vez lo consideramos obvio, pero que como podemos leer en estos graves acontecimientos, no se desarrolla, no se potencia. Todavía las sociedades estamos dentro de ese baile al que Penélope no quería bailar, y al que muchas mujeres son obligadas a dar el paso, a recibir la bofetada y a callar disimulando.

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No quiero caer en un razonamiento simplista, la mujer en la época griega estaba mucho mas sometida que en las sociedades contemporáneas. Había esclavitud y un mandato del varón supremo sobre la mujer. Lo que me duele es que al fenómeno del maltrato a las mujeres que cada día oímos y vemos, se una la toma casi la “ invasión” hablando en términos de batalla, del ámbito mas íntimo de una persona, de una mujer, su propia dignidad y su ser. Violencia y disimulo social, porque los hombres que maltratan , basan su discurso en que no pueden comportarse con las mujeres de otra manera, por cuestiones de virilidad , educación en el oprobio y vivencias familiares y sociales.

 

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Paseaba por el Berlin que hoy en día se va levantando de tantos años de guerras y de divisiones sangrientas, con los edificios y las calles en rehabilitación, recordando que por allí pasaron Goethe y Schiller, aquel que nos dice “ Ya se apartó del sueño del sentido,/ el alma bella y libre;/ desengrillado por vosotros saltó el esclavo, /de la preocupación hacia el seno de la dicha. /Ahora cayó de lo animal, la sombría barrera,/ y apareció lo humano,…” La poesía del pensamiento, la belleza de la estela de aquella mujer griega, el alma de Penélope, el de todas las mujeres del mundo que avanzamos aportando a las sociedades nuestro verdadero valor, sin maquillajes ni programas de televisión en “ prime time” mostrando nuestra intimidad. Con Schiller vuelvo a decir: espero que caiga de lo animal la sombría barrera de la sinrazón, y que aparezca por favor lo humano.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. Jueves, 1 de diciembre, 2016.

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Hay veces que sentimos que todo se junta, que cosas y situaciones que son de diferente naturaleza y sentido, parecen escritas dentro de un mismo pentagrama, dentro de un mismo párrafo. Y vamos como resbalando de una cosa a otra, sintiendo que estamos dentro de todo, y que la música mas que sonar para nosotros, la creamos nosotros y en ella habitamos también.

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Estaba el otro día leyendo un poemario de Goethe, autor al que muchas veces recurro como bálsamo. Es como abrir su casa, y pasar mas que al s.XVIII con todo lo que esto supone desde fuera de alejamiento, de mundo y vida ya pasado, diríamos también desfasado, a una estancia muy confortable. Porque al ir recitando sus versos, lentamente paseando por sus palabras y paisajes, entramos en lo auténtico del hombre que vive y se revuelve con cada acontecimiento, sufre, se enamora bañándose en su propio sentimiento y deambulando por él ya para mucho tiempo. Se plantea el devenir, el sentido de cada cosa y de la vida, la belleza que detrás de las palabras se esconde, lo sutil, delicado y bello de los seres que conocemos, y amamos y nos reconfortan. Y llegué a este poema, » ¿Por qué nos diste las profundas miradas?», sentí que allí me iba a quedar por un largo rato. Ah,… me quedé, y aun estoy, enganchada con todo,» por qué nos diste destino, sentimientos para vernos mutuamente en el corazón,…?

POR QUÉ NOS DISTE LAS PROFUNDAS MIRADAS,

nuestro futuro contemplar recriminando,

nuestro amor, sin confianza bienaventurada

nuestra felicidad terrena imaginando?

¿Por qué nos diste, destino, sentimientos

para vernos mutuamente en el corazón,

y por todos los mas extraños movimientos

poder espiar nuestra verdadera relación?

Tu conocías cada rasgo de mi ser

espiabas cómo suena el nervio mas vital,

con una mirada sola me podías leer,

al que tan difícil penetra un ojo mortal.

Goteabas templanza en la flor ardiente,

enderezaste el salvaje correr extraviado

y en tus brazos de ángel nuevamente

se reponía el pecho destrozado.

Tal fino encanto a él quedaste unida

y lo ilusionaste mas de un solo día.

Su corazón junto a tu corazón hincharse

sentía y ante tus ojos complaciente,

todos los sentidos suyos aclararse

y apaciguar su sangre hirviente.

 

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La tarde estaba fría. Enero no conseguía desprenderse de la niebla de cada mañana, y el jardín de casa estaba precioso todo bañado de niebla y de hielo tras las sombras de los arbustos. La casa de Goethe debía de tener jardines así, llenos de gorros de niebla en los que disfrutar viendo como cada palabra en ellos se tumba como en una nube, a descansar. Porque de todo esto va este poema, del amor. Sentimos muchas veces la deriva que ataca nuestra vida, la zozobra por lo que somos, sentimos y por la maraña de problemas que caen sobre nuestra almohada cada noche. Vivimos como dice Goethe, insensibles a la niebla, y su belleza, al amor y su mirada. Vivimos de manera simplista cada día, no yendo un poco mas allá de cada cosa, no dejando abierta la puerta a lo imprevisible que del jardín llega, no sintiendo que pueda entrar por allí niebla que nos inunde y nos haga vivir juntos ya para siempre.

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La casa Goethe, está ya caldeada, y nosotros ,…nos está la mutua dicha rehusada de amarnos sin entendernos, ver en el otro lo que nunca fue, siempre de nuevo perseguir un feliz sueño,y en peligro de sueño vacilar también. De vivir sin conocernos, de no sentarnos juntos en el salón de casa, de vivir tras los cristales llenos de niebla y de desconfianza. La música comenzó a sonar. No sé muy bien como ocurren estas cosas, como sientes que esa es la música de ese poema y de ese momento, la música de la niebla y del mirarse con profundas miradas. El nocturno de Grieg, Lyriche Stücke, op. 54. Comenzó a sonar,… do,.. do….do,….

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Igual que abrí las puertas de casa a la niebla y me fui al jardín recogiendo aquello que veía relumbrar, para disfrutar de su belleza al abrigo del frío, ramitas de durillo, escaramujos de rosal, manzanitas enanas, ramas de tejo con gotitas de agua aun congeladas, ramas  brotando de la salguera del rincón, igual abrí mis sentidos al momento, y quise fundirme en él. Ya no quería sólo recoger ramitas, sólo leer versos maravillosos. No, no quería escuchar sentada  en el sillón la música sino entrar en todo yo de manera personal. Con una sola mirada me podías leer, me decía el momento que por allí pasaba,… con una sola mirada,…

Siguiendo a Goethe, me dije, ¿por qué no?,… por qué no avanzar por ahí viéndome en los ojos, en los suyos  y recreando toda mi vida desde ahí.  » Tu conocías,… dije,… cada rasgo de mi ser, espiabas cómo suena el nervio mas vital, con una mirada sola me podías leer, al que tan dificil penetra un ojo  mortal» Y quise penetrar en esto, entrar en casa y descansar. Para penetrar en algo, hay que ser en esto activo y no pasivo. De nada sirve coger flores y ramas y usarlas sólo para decorar un lugar por muy especial y único que sea. Hay que verlas de otro modo si queremos entrar a esa casa. Tenemos que verlas como un regalo personal que nos abren las puertas de nuestro propio ser, de nuestra vida, de todo lo relacionado con la historia esa que a gatas sobre los días pasamos. Nacido y florecido para mi disfrute personal, y que me permite verme, me permite encontrarme aunque haya niebla y a veces su gorro me haga sentir triste. Con una sola mirada,…  

Resbalé por los versos, sintiendo que eran míos y que iban también dirigidos a mi, porque en la mirada esa creadora de todo, yo me  encuentro. Miré cada rama como propia y vi el paisaje que detrás llevaban, mi vida y su construcción y su predicamento que me abría perspectivas en el futuro, al sentir que o vivo  de veras o mi vida será siempre desierto y  desazón lejos de nieblas, de humedad y de amor. Y sólo me quedaba seguir en esto  recreando la música de Grieg para poder sentir que mas que oyente pasivo, era, torpemente desde luego, la tensión al pulsar cada tecla, sintiendo la música y cómo cada sonido aparecía y se fundía con los demás de manera tan excitante como real. Sentada al piano y con la digitacion y ayuda de mi profesor Fernando, comencé a tocar una pieza que ya sé que siempre va a estar en mi biblioteca, en mi repertorio como si de un concertista se tratara, en mi propio corazón. La casa de Goethe se levanta, con flores la llenamos de vida, la música reproduce la belleza de la niebla, y las palabras abren las puertas de todo.

La belleza que  creamos,

poseedores, propietarios de profundas miradas también,

mas que lectores, poetas,

mas que recolectores, floristas,

mas que oyentes, concertistas, pianistas del alma,

músicos que pulen cada día el suelo del salón.

 

Y en todo esto sigo a Goethe, en el ardor por vivir, por sentirse mirado y mirar, por ser flor emocionada, por correr siempre dejando con valentía trotar nuestro corazón.

Sentirnos mirados, y mirar.

Sentirnos descritos en un texto y escribir también lo que dentro de casa se vive.

Sentirnos amados y flores ardientes, y amar así también dejando la vida triste y monótona que tantas veces dibujamos.

Sentir la música, y en cada sonido vivir, arrancando del alma su pulso y su profundo ritmo y armonía vital.

Lanzarnos a todo esto, y al menos siempre intentarlo, al recibir belleza, luz, consuelo y el largo crepúsculo que nos circuncida, 

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Goteabas templanza en la flor ardiente, enderezaste el salvaje correr extraviado y en tus brazos de ángel se reponía el pecho destrozado.

Os dejo este precioso nocturno interpretado por la gran pianista  Alicia de Larrocha.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=UjCoXo8kb1g&w=420&h=315]

 

 

 

 

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Estaba el otro día paseando por un precioso jardín, cuando vi unos rosales musgosos  y me hizo mucha ilusión encontrarlos así tan de repente . El rosal musgoso es un rosal antiguo, cultivado desde antes de 1867, y se caracteriza por tener unas vellosidades muy curiosas en las ramas que dan aspecto de musgo o moho y de ahí viene su nombre. Son arbustos poco espesos y con hojas de un precioso color verde oscuro, de flores dobles o sencillas. La primera vez que los vi fue en un jardín botánico de la pequeña isla sueca de Vissby, el jardín del botánico Linneo.

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Y desde hace unos años, tengo en casa una foto que siempre me hace sonreír, me pone de muy buen humor, la de Mrs Linneo  caracterizado como Mrs. Flower Power. Cuando la veo me acuerdo de aquel jardín tan interesante y del rato que pasamos allí.

Linneo nacido en Rashult, Smaland, Suecia en 1707, es considerado el padre de la botánica moderna al utilizar por primera vez un sistema moderno de nomenclatura binomial para clasificar las especies vegetales Hijo de un pastor luterano, ya desde pequeño mostraba su pasión por las plantas y las flores,… dicen que cuando se ponía nervioso o lloraba le daban una flor y se callaba. Pasaba con su padre muchas horas en su jardín y este le dejó una parte del mismo para que pudiera cultivar sus propias plantas cuando era aún un niño pequeño.

Le enviaron a estudiar primero con un maestro Johan Telander y luego a un Instituto elemental en Vaxjo, pero  raramente estudiaba, … se escapaba en cualquier momento a buscar plantas por ahí al campo. Hasta que al finalizar sus estudios elementales conoció a Johan Rothman, medico de Smaland, quien le fue introduciendo en el mundo de la botánica con el fin de  que estudiara medicina. En aquellos años los médicos tenían que hacer sus propios ungüentos con las plantas de sus jardines.

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Desde ahí la evolución en los estudios de Linneo fue impresionante, hizo su tesis sobre la sexualidad de las plantas, conoció a Celsius, a dar  conferencias y clases, … hasta que decidió que tenía que hacer una expedición a Laponia para encontrar nuevas plantas y animales. Lo hizo a pie y a caballo, … parece una historia de película, llevando consigo sus diarios y dibujos, y planchas para plantas. Se interesó por los musgos y los líquenes, y encontró una gran cantidad de Campanulas Serpyllifolias, una planta rastrera y perenne que desde entonces lleva su nombre Linnaea borealis. con todos sus estudios realizó su libro Flora Lapponica. ! Qué preciosas campanulas,… bueno todas son realmente bonitas!

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Pero fue en un viaje a Holanda, cuando publicó su obra Systema Naturae.

Regresó a Suecia y comenzó a estudiar la flora local, de islas como Visby, en cuyo jardín están estas rosas musgosas tan bonitas.

Y me gusta mucho este sabio, quizá por mi pasión por las flores, porque creo también en el Flower Power, … también porque su figura ha deslumbrado a sabios, escritores, poetas  como Jean-Jacque Rousseau qu dijo de él » Dígale que no conozco un hombre mas grande en la tierra», … o como dice mi querido Goethe, poeta al que admiro, » Con la excepción de Shakespeare y Spinoza, no conozco a nadie que me haya influido más intensamente»… Y si a mi también me influye cada vez que lo miro al pasar por el salón de casa, …estoy de acuerdo querido Johann. El Mrs Flower Power sueco ya está presentado,…

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