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Cuando paseo por las ciudades históricas como la nuestra disfrutando de la belleza del entorno, la arquitectura, el cielo, el pavimento, los jardines mi percepción me lleva siempre un poco mas allá de lo que veo. Comienzo a dialogar con todo.

Vivir en ciudades así tan apabullantemente bellas y llenas de historia y cultura requiere sobre todo afinar nuestra sensibilidad ante lo natural y el pasado, sobre todo a aquellas personas que tienen la responsabilidad de llevar a cabo las actuaciones que se requieran.

Algo en lo que siempre me fijo es en los jardines, las plazas con arbolado, los paseos serpenteados de matas, las laderas cultivadas, las especies y su ubicación. Desarrollo, sobre todo por mi amor por lo natural, por la botánica y el Patrimonio, un diálogo con lo que me encuentro. Una conversación que muchas veces me deja llena de pena.

Creo que debo empezar a analizar todo desde las propias palabras con las que denominamos todo esto, viendo qué entendemos porque de ellas se va a derivar un planteamiento o una actuación concreta. El primer concepto es el de zonas verdes. Con él se engloba una serie de ideas y planteamientos muy distintos y en muchos casos antagónicos, podría decir que en lucha campal muchas veces. En zonas verdesincluimos los jardines junto con las zonas de esparcimiento social de distinta naturaleza, como zonas de juegos para niños, campos de deportes, lugares para practicar deportes estáticos, zonas para perros y otras muchas mas. Todo creo que parte de las bondades y belleza de los jardines por su propia naturaleza: todos disfrutamos en ellos y desde la Antigüedad se han constituido en lugares para el disfrute. Y se ha ampliado su uso a todas aquellas manifestaciones de tiempo libre que se realizan al aire libre. Meter en todo este conjunto tan heterogéneo de lugares a los jardines y sobre todo a los de las ciudades históricas de manera absoluta me parece un error. Algo que lamentablemente veo a mi alrededor.

Los jardines forman parte de nuestro Patrimonio, son un Bien cultural a proteger porque están en una relación intrínseca con el resto de los otros Bienes como los edificios. Son además, como dice la Carta de Florencia de la Unesco de 1981 unos Bienes vivos, perecederos y renovables. Una expresión de la unión entre la historia y la naturaleza. Bellos y únicos por estar formados de especies naturales son lugares para el deleite, el paseo, la meditación.

Los jardines y zonas ajardinadas o arboladas de nuestra ciudad son jardines históricos y la conservación del Patrimonio debe englobarlos. Así no sólo hay que proteger lo que tenemos, árboles, especies, diseños, tierras y rocallas, parterres, rosaledas y fuentes, buscando siempre renovar aquellas plantas que vayan faltando por el paso del tiempo, o por enfermedades y plagas de distinto tipo, sino que el planteamiento de nuevas intervenciones arquitectónicas debe ir envueltas en el Patrimonio vegetal y la historia. Digo esto porque me duele ver cómo se colocan especies de plantas, árboles sin que los aspectos antes mencionados de respeto al lugar se mantengan. Quitamos Negrillos porque están muriéndose, algo lamentable y que a veces ya no resulta posible solucionar, y en vez de volver a plantarlos en los mismos lugares de la ciudad donde han estado por siglos, los sustituimos por otro árboles ajenos a todo, que no mantienen coherencia con el entorno y dejan las plazas en una situación absolutamente diferente de lo que la historia nos ha regalado.

Para mi, todo jardín en Ávila es un jardín histórico, tiene a la muralla como muro, al cielo y al roquedo como aliado. Jardines que nos deben decir de nosotros, de nuestra historia, recuperando lo que se perdió y cuidando lo que mantenemos. Haciendo un diálogo cultural, estético y coherente con el medio en el que nuestra ciudad se mueve, la Sierra, los cantos berroqueños, dejándonos leer algo interesante, motivador y auténtico. Buscando en lo nuestro a nivel botánico lo que debemos replantar, sabiendo que es mas sostenible en cuanto al clima, agua y suelo e infinitamente mas bello por ser natural y nuestro. Rocallas con plantas vivaces que puedan atraer a visitantes de todo el mundo, viendo como florece la Saxifraga, las Prímulas serranas, los Dianthus de nuestros roquedos, los ranúnculos. Las aromáticas en variedades. Mostrando el paso de las estaciones y la belleza de nacer entre rocas y formar con ellas espacios armónicos como los que vemos en un paseo por los alrededores.  Macizos de piornos que muevan a disfrutar de sus variedades y colorido, siendo en esto un jardín en la línea con otros botánicos de todo el mundo. Rosaledas con variedades antiguas, zonas alrededor de las fuentes con aromáticas, algunas de ellas en los claustros conventuales con su sentido medicinal.

Con todo esto los jardines se irían constituyendo en otras páginas de la ciudad que muestran su historia, que sirven para algo mas que para ser zonas verdes, crean cultura, fomentan el turismo y las visitas y nos enseñan a todos lecciones de historia, cultura, belleza y humildad.

 

 

PALACIO DE SOFRAGA

 

 

En la tarde del pasado lunes 25 de junio recordábamos en el Palacio de Sofraga la inauguración en 1479 de un beaterio dedicado a La Encarnación que fue la semilla del actual Monasterio carmelita.

La historia de su fundadora parece recién salida de uno de los libros de caballería que tanto le gustaban a nuestra Santa. Y la repercusión de ese acto de encerramiento dentro de casa para orar por los demás y entregar la vida por amor, ha tenido repercusiones muy grandes en la figura de Santa Teresa de Jesús y de toda la familia del Carmelo descalzo.

Buceando un poco todo esto a partir de los documentos y el estudio exhaustivo del anterior capellán de La Encarnación, el p. Nicolás González, me he encontrado de cara con Dª Elvira González de Medina, una mujer que vivía en el palacio que en el s. XV había en donde ahora está el Palacio de Sofraga. Aquel otro palacio se le conocía como el de Villaviciosa, y era propiedad de una de las familias más influyentes de la sociedad del momento, los Águila. Suyo también es el castillo que lleva ese nombre y que está a los pies del castro vetton de Ulaca.

Una mujer valiente que quiso poner su vida en unas coordenadas más hondas y retirarse del bullicio de la ciudad, con un grupo de amigas y parte de su servicio. Apartarse y encerrarse para orar. Al principio solo eran tres, Elvira González de Medina, Juana Núñez y María Verdugo, llegando en menos de un siglo a ser más de 180 monjas, ya en la Encarnación. Pasando de beatas a monjas por la activa acción de Doña Beatriz Guiera.

Elvira aparece en la documentación como mujer soltera, cohabitando con un arcediano de la catedral, en un momento en el que un niño de ocho años podía ser clérigo y muchos de ellos, como este Dº Nuño González del Águila, enterrado en la capilla de San Pedro de la catedral en un precioso sepulcro de alabastro, no llegó nunca a ser presbítero.

De su cohabitación nacieron dos hijos y seis hijas, una familia numerosa que supuso para su madre muchos quebraderos de cabeza y disgustos. Su hijo Dº Diego del Águila pleiteó con su madre quitándole sus propiedades, más de un millón de maravedíes, los pueblos de Baterna, Velascomartín, Niharra, Albornos, y Velamuñoz. También perdió sus joyas, su esclava y sus ganados. El dictamen ya en 1463 vino de la mano de los Reyes Católicos, dando la razón a la madre.

Seguro que nuestra Santa conocía el origen del convento al que ella entró con veinte años, y estaría muy orgullosa de ser descendiente de esta mujer, que aparece retratada por la vida como una verdadera Magdalena, santa preferida por Teresa.  Elvira Es abuela de la Santa al ser la madre de María del Águila, que a su vez lo fue de Doña Inés de Cepeda, esposa de Don Juan Sanchez, abuelos de Teresa por vía paterna, por su padre Don Alonso. El mismo abuelo Juan que tuvo que salir huyendo de la Inquisición de Toledo y empleó su capital en emparentarse con una familia cristiana sin ninguna mancha en su genealogía.

Teresa estaría muy orgullosa de ella, de cómo había plantado cara a las habladurías de una ciudad que la ponía en entredicho. Murmuraban de su relación con Dº Nuño, y sobre todo no se creían su conversión y las causas de su encerramiento, en un palacio que se ubicaba en una de las calles más concurridas y ruidosas de la ciudad.
De la puerta de San Vicente al Mercado Chico, se podía andar entre casas nobiliarias, pasando por una sinagoga llamada del Lomo, un horno comunal para el pan y pescaderías al fondo.

Pero Elvira, como Teresa siguió adelante en lo que en palabras teresianas es el camino de la oración, buscando siempre poner su confianza en quien las había salvado del precipicio de su vida, de todos los mares y batallas interiores.

Mujeres valientes que constituyen ese cordón de vida de generación a generación transformando muchas de ellas la existencia suya y de mucha gente de manera oculta en la mayoría de los casos.

Al conocer a Elvira, al saber de sus otras hijas como Catalina, Beatriz Guiera, la misma Teresa, vamos poniéndolas en la vida y dándolas la palabra.

Elvira se dirigió al Papa en un preciosos escrito contándole su verdad: “meditaba en la hora de la muerte, deseaba adquirir en el cielo tesoros imperecederos por el precio de unos bienes caducos y temporales y apartar muchas almas de las seducciones mortíferas del mundo, presentándoles el atractivo y la consecución de unos bienes inmortales”

Bienes inmortales que se suman a los que Teresa y Juan nos legan. Al pasar por este palacio haremos un guiño a Elvira, conociendo su historia que es la nuestra también como abulenses.
Me impresiona recordar que allí estuvieron las cocheras de nuestra empresa, y ver a mis antepasados trabajando por allí. Parece que la historia de Teresa y su familia nos llega a tocar en la mano y a abrir el corazón.
Bienes inmortales, el patrimonio vivo de la ciudad.

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UN CORDEL POR NAVIDAD.

Esta semana del año, la que va de Nochebuena a Nochevieja, me parece que tiene forma de cordel de ropa, como esos que van de una casa a otra a través de un callejón o un patio de vecinos. Comienza en la resaca de la alegría, comilonas y reuniones familiares del 24 y 25, tras casi un mes de adviento y preparación, decorando árboles, poniendo belenes, localizando y envolviendo regalos. Los sorteos del Gordo de la lotería, los aguinaldos, las fiestas navideñas de las empresas, de los amigos, de los compañeros. Las ciudades y las casas se llenan de luces, los letreros de buenas intenciones navideñas comienzan a llenar ventanas, caminos, entradas a pueblos y fachadas de empresas. Las películas navideñas se reponen en las televisiones y los villancicos comienzan a sonar en las emisoras de radio y en los coros de las parroquias. Queremos vestirnos, comer y oír todo lo relacionado con la navidad. Las tiendas y centros comerciales encuentran un filón nuevo de venta y en él aparece siempre un giro solidario para que el espíritu de la navidad quede marcado, calendarios, recogidas de alimentos, donaciones a ONGs y juguetes .

Entre esta ventana del 24 y la del 31 se tensa este cordel porque aparece algo que casi todos hacemos: las listas de los propósitos de año nuevo. La tensión positiva de llenar las nuevas agendas del año de cosas nuevas, de todo aquello que queremos hacer y cambiar en nuestro trabajo, vida y actitud.

He realizado un sondeo sobre los propósitos de año nuevo que se publican en los medios, porque en el fondo lo que estos estudios nos muestran son los anhelos mas íntimos de todos. Aparece a primera vista un grupo de propósitos que tienen que ver con nosotros a nivel muy personal, salud, hábitos saludables como adelgazar, hacer deporte, dejar de fumar o comer mas sano. Cambiar algunos aspectos de nuestras relaciones familiares, la meta puesta en ser mejor padre, hijo, esposo, compañero de trabajo,… Cambiar en las rutinas de trabajo para ser un poco mas organizado y no dejar colgada alguna tarea.

Un gran cúmulo de propósitos de cambio que nos dicen los gurús del coaching que tenemos que diseccionar en pequeñas tareas para poder ir, agrupándolas y formando con ellas sistemas, alcanzar un cambio de actitud y de actividad.

Y parece que los estudios sobre este proceso, nos dicen que es muy importante compartir nuestros propósitos con los demás: aparecen pues en el recorrido del cordel de las buenas intenciones, otras personas. Así pedimos apoyo para llegar a las metas, y las conseguiremos con mas facilidad formando equipos.

Un cordel navideño que parece que con sus buenos propósitos lleva como un cable de alta tensión lo mejor de la navidad, la luz y el calor de estas fiestas. Queremos realmente poner en nuestra existencia el espíritu de la navidad que significa nacer, renacer y hacerlo en casa, en nuestro belén interior. Empujar hacia delante a las personas que siempre hemos sentido que realmente somos pero no tenemos la determinación de ser, la valentía de vestirnos con nuestro mejor traje.

Y siempre esta tensión de los propósitos lleva como trasfondo la esperanza. Sabemos que el cambio es posible y que de donde arranca todo es de cada uno de nosotros. Esperanza que alcanzamos cuando buscamos la mano de quien nos puede echar un cable y a su vez nosotros echamos otro a los que tenemos cerca. Esperanza en forma de muchas manos entrelazadas que recorren el camino entre tu casa y la mía, donde puedo poner a secar la ropa limpia, cambiar y tener mejor aspecto.

 

Unos días antes de Navidad me peguntaba qué palabras definían estos días, mas que nada para poder asumir de manera sosegada la nevada de fiestas y trajines que se nos avecinaban. Alguien dijo dos palabras: amor solidario. Volvemos siempre a las Navidades de cuando niños y nos sentimos tan amados y queridos por nuestros padres y familia, que no podemos quedarnos con esta carga así sin hacer nosotros lo mismo con nuestros hijos. El renacimiento de aquello que luce cada Navidad y que muchas veces se va volviendo a llenar con tanta carga de desidia y costumbres. Pero el sentimiento navideño va mas allá de nuestra casa, parece que como una corriente recorre toda la sociedad que por días al menos se vuelve muy solidaria, y en el fondo sentimos que esto es la esencia de la vida y de la felicidad, nuestra y de los demás. La verdadera navidad, la que nace.

Esta semana no es una semana mas. No es sólo aquella semana donde buscamos el traje y los pendientes o la corbata para lucir en los bailes de Nochevieja, es una de las semanas mas luminosas del año. Está recorrida por un cordel que va de tu casa a la mía y que es el que realmente me viste de gala, con todos sus propósitos tan brillantes encendidos. FELIZ AÑO NUEVO.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 29 de diciembre, 2016

 

 

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Igual que cuando me asomo a la ventana y veo nevar, copo sobre copo en los coches, las aceras y los bancos de parque, la actualidad parece que en copo cala y deja helado todo a su alrededor. Investigaciones que destapan tanta inmundicia política, financiaciones muy sucias, acuerdos políticos al bode de la navaja, actuaciones de títeres municipales repletos de blasfemia y rencor acumulado, familiares del rey sometidos a juicio por desfalco a entidades públicas, desafío soberanista que como cráter sabemos que comenzará a burbujear por tantos lugares,… Copo a copo, me hunden aun mas , y aunque tengo que salir a trabajar, me dan ganas de quedarme en casa viendo nevar al lado del radiador.

Pero no todo es así, ni mucho menos. No todos nos movemos por los mismos impulsos, ni vamos fuera de casa con estas intenciones. Muchos queremos seguir pensando que cuando nieva, todo está mucho mas bonito y que el frío convierte en figuras de hielo tantas cosas, siguiendo la pista, aunque de lejos, a la primavera.

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Así, tras los cristales leo que entre los libros mas vendidos del momento está una traducción de “ Orestes” de Yannis Ritsos y me reconcilio con todo. Que leamos y nos guste tanto un poemario escrito hace ochenta años, no deja de calentarme en estos días de invierno. Yannis, nacido en Monemvasiá ( Peloponeso) a principios del s. XX, fue un poeta y activista político griego de primera fila. Su obra “ Sonata del claro de luna” ( 1956) , Premio Nacional de poesía, se articula sobre un monologo denso y profundamente poético de una mujer de edad avanzada que sobre los acordes de la famosa sonata de Beethoven va dirimiendo su vida, pidiendo a un personaje tan invisible como joven y atento, “ Deja que vaya yo contigo”. Melodías al piano, sobre la decadencia y el abandono, mientras su casa se perfila ya en ruinas, y nos introduce allí a los lectores.

Y todo avanza así, uno de los copos que caen también es el de la fiesta de San Valentín. Lejos de la edulcorada cita llena de corazones y cenas a la luz de las velas, aparece algo que caldea el ambiente este tan gélido, el amor. Somos realmente los hombres seres muy, muy complejos, y podemos con todo. Nos disgustamos con lo que ocurre hasta no poder descansar tranquilos por las noches, política, economía, país y falta de respeto, y a la vez nos derretimos como copos de nieve ante el radiador. Mas que criticar estas fechas, tendríamos que poner un pedestal y colocarlas. Nos saca de tanta suciedad por momentos y nos devuelve a la blancura de los sentimientos, los poemas y el amor.

Así podemos ver el reflejo de la luna en la nieve, y cómo brillan los copos por allí. El reflejo de la luna sobre las canas de la dama de Yannis, aquella que quería parecer mas joven y mucho mas bella esa noche, transforma en un momento el escenario, como la nieve blanqueando sobre la vida y cada preocupación. “ Deja que vaya yo contigo” parece decir, que tengo mucho que hacer; la noche a pesar de los rayos de la luna y de lo luminosos y radiantes que se resbalan sobre la nieve, está muy fría.

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Podemos en este lugar en el que la luna nos sitúa, soñar con un lugar mucho mas confortable, aquel en el que podamos vivir y luchar por conseguirlo. A las barricadas, de verdad nos tenemos que lanzar. Si nos planteamos estas cosas, y nos duele todo esto, si al fin nos recreamos en la música de Beethoven, si disfrutamos del aroma de las rosas de San Valentín con sus espinas, creo que construimos un poco la manta esa que del frio y la desazón nos salva, el camino del corazón, de la misericordia en este año dedicado a ella. Porque otro copo a sumar a todo este panorama es el de la cuaresma para los creyentes. Una época que no habla sólo de penitencia esperando la llegada de los pasos y los capuchones de la Semana Santa. Sintiendo frío en este panorama que no nos gusta , giramos un poco los días a la luz de la luna, de los sentimientos y del corazón, nos despojamos con ello de tanta inmundicia . “ Deja que vaya yo contigo”, mira, es posible un mundo diferente, la primavera arrancará tras de los cristales. Yannis luchó por sus ideas y estas le llevaron a prisión en el régimen de Papadopoulos en Yiaros y Leros. Vio el reflejo de la luna y en él se bañó de tal manera que no pudo parar ya mas. La nieve muchas veces mas que helarnos el carácter, nos empuja hacia delante, a caminar. La nieve y el reflejo de la luna.

Mi articulo para el Diario de Ávila. Febrero. 2016.

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En el libro de Wallace Stevens “ la Roca”, se encuentran algunos de los poemas mas sorprendentes y bellos del s. XX, obra cumbre de este gran poeta norteamericano, para Harold Bloom el mejor de su tiempo. Poemas austeros y limpios, que se mueven entre el silencio y la contención. Y cuando empiezas a leer,…” allí estaba, palabra por palabra,/ el poema que ocupaba el lugar de una montaña./ El respiraba su oxígeno,/ aun cuando el libro estaba vuelto sobre el polvo de su mesa./,… tienes esa sensación de que los lugares, los vividos, son los que muchas veces pintan, escriben, esculpen tantas obras de arte. Una montaña, el paseo al borde de un rio, o la almena de una muralla.

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Hace unos años, leía una historia que se desarrolló en Ávila y que cuenta la vida y avatares casi novelescos de un fraile abulense que vivió aquí, Juan de la Cruz. No es sólo una historia centrada en los momentos duros y casi de roca de la reforma de Teresa y la Inquisición. No sólo va de su detención en el Monasterio de la Encarnación en cuya casita anexa “ la torrecita” vivía con otro hermano fraile. De cómo había ayudado a media ciudad en su vida espiritual, con suavidad y tacto, llegando incluso a exorcizar a monjas perdidas en sus delirios; ni sólo trata de que algún caballero abulense harto de la intromisión de este joven padre en sus asuntos amorosos con alguna monja, le molió a palos allí cerca del monasterio, como así demuestran los estudios recientes de sus huesos. Dio clases en el barrio de Ajates a los niños pobres, y dibujó para ayudar espiritualmente a alguna monja, el Cristo pintado a lápiz mas increíble de la historia que luego copió Dalí. No sólo trata del dolor y sufrimiento de lo absurdo de la detención en una noche de diciembre, del maltrato físico que se juntaba dolorosamente con el psicológico, dentro de una celda diminuta del tamaño de un armario. No es sólo eso, es algo mas, mucho mas.

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Juan de Yepes escribió el poema de amor mas increíble de la historia de la literatura de todos los tiempos, “ El Cántico Espiritual”, un poema largo y lleno de color, luz y belleza en aquella celda toledana donde los frailes de su misma orden del Carmen le estaban maltratando, y como diría siglos mas tarde Stevens, escribió como él en versos, palabra por palabra esta roca que ocupaba y aun ocupa el lugar de una montaña. Un lugar que en su poema se nos regala para poder respirar su oxigeno, incluso a veces desde el estante polvoriento de la biblioteca donde se apila con los demás. Allí está cuando abrimos y leemos, ahí está palabra por palabra,… “¿ A donde te escondiste, /amado y me dejaste con gemido?/ como el ciervo huiste, habiéndome herido; …

No tenía pluma ni papel en la celda, todo lo recogía y memorizaba sólo para si, no podía salir mas que para recibir humillaciones en el suelo del refectorio; la luz entraba con la nieve y la ventisca sobre su cabeza a lo alto de la pared, una nevera que en algunos meses se convertía en horno. Y él ahí con su poema naciendo y ocupando la montaña, solo en su cabeza, palabra por palabra…”Oh bosques y espesuras,…” recitaba .

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Dicen los estudiosos del santo, como el p. carmelita José Vicente Rodríguez, que no llegó nunca a sufrir el síndrome de Estocolmo retractándose de seguir a Teresa y su reforma empezada en Ávila. Mantuvo siempre la cordura, hasta que se lanzó a la luz de la luna con sus ropas en forma de soga desde la ventana. Corriendo tras la caída como una sombra, se fue al convento de monjas de Teresa, que al verle tan desfigurado, le consolaron con un postre de peras con canela.

Después de estar muchas veces leyendo y caminando por esta montaña de Juan, sé que ella fue la que liberó internamente su vida de todo. Me imagino detrás de estos bosques, la ciudad de Ávila, el hielo cristalizado en el borde de la almena, los valles nemorosos, las ínsulas extrañas, los ríos sonorosos, todo bañado de magia poética, en unas bodegas reales que en medio de la montaña aparecen, para recrearse, emborracharse de amor, y seguir viviendo, música muy callada oída una y mil veces en las horas de encerramiento, y cenas poéticas que recreaban a nuestro santo mas que el pan que tras los barrotes le lanzaban.

Cuando miramos nuestra ciudad, aparece como una imagen mítica, mágica, recién salida de un poema como este. Detrás de estos versos sin duda está esto que vemos. Dice Wallace, “ Le recordaba cuanto había necesitado/ un lugar al que ir por su propio camino,…Cómo había vuelto a componer los pinos,/ apartado las rocas y andado con cuidado entre las nubes./ Parece que esta roca y su montaña están tan cerca de todos. Sobre las dificultades de la vida, a veces tan duras como las que pasó nuestro santo, está lo vivido de veras, y eso, en forma de montaña, ya nunca se irá. Pero somos nosotros los que tenemos que componer todo palabra por palabra. Tenemos que apartar rocas, tenemos que andar entre nubes, subiendo a las cavernas de piedra . Y podemos vivir todo esto de manera placentera y fácil: abriendo en estos días de la fiesta de San Juan de la Cruz, su poemario, su montaña, su roca. Según nos dice Stevens : “ la roca exacta donde sus inexactitudes/ descubrieran, por fin, la vista hacia la cual habían avanzado,…”

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Cuando el otro día disfrutaba de la Exposición antológica sobre Luis Morales “el divino” (1510, 1586) en el Museo del Prado, relajándome de reuniones de empresa, no podía estar mas de acuerdo con la comisaria de la exposición Leticia Ruiz sobre la personalidad única de un pintor que este museo quiere con esta muestra poner en el lugar de la historia del arte que realmente le corresponde. Su calidad técnica en esos rostros en donde el sfumato se resbala suavemente recordando mas que a Leonardo, a Rafael; la cuidada representación religiosa que hunde sus raíces en la iconografía y espiritualidad ignaciana; los fondos oscuros para resaltar las figuras y dejarlas así envueltas en un halo de santidad; su iluminación casi escultórica, como representando ante nuestros ojos la escena real, única y bellísima.

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Y las estrategias empresariales, el deseo de reforzar una marca, de buscar un mercado apropiado y a la vez de crear un producto sobresaliente, único, tan artístico como devocional, aparecieron poco a poco sobre las tablas de Morales. Todo parecía que salía como un humo de la sala de reuniones de la empresa. Tal vez parezca esto un poco forzado pero si conocemos un poco cómo fue su vida para explicar la belleza de su obra, nos quedaremos asombrados. Con una clara vocación comercial, y trabajando fundamentalmente en Extremadura donde estableció su taller, definió un estilo propio que hace que reconozcamos sus cuadros de manera automática. Las influencias del momento mas sobresalientes de Flandes y de Castilla aparecen en la concepción de cada lienzo, en autores que le ayudaron a definir su propia manera de pintar como Alonso de Berruguete y Sebastiano del Piombo. Supo además qué quería hacer como nadie, los rostros bellísimos y la cuidada realización del conjunto y qué otras cosas le interesaban menos, como las figuras secundarias y el resto de la composición.

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Quería además poner al espectador de sus cuadros a su lado, ganarse en un momento su atención y hacer como un guiño desde el lienzo. Coloca a veces en obras tan conocidas como “ La Virgen con el Niño y San Juanito” del Prado, una mosca tan real que tienes ganas de ir a espantarla en un momento. Allí nos quedamos mi hija y yo un largo rato mirando la mosca cómo se posaba en la frente del Niño Jesús. Parece que estas moscas “ muscae depictae”, se han utilizado en el arte pictórico desde la época de Giotto, mediados del s. XIII, cuando este era discípulo de Cimabue y para probar a su maestro la pericia de su pintura, dibujó una tan perfectamente retratada que parecía real.

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La parte comercial de Morales aparece en cada cuadro junto con el mensaje de su conocimiento del arte italiano, el amor por la naturaleza que de forma repentina irrumpe en los temas religiosos, la propia idea de la fugacidad de la vida o “memento mori”. Una amalgama de mensajes que junto con la belleza de sus composiciones envuelven al espectador y probablemente al comprador y coleccionista de arte desde el s. XVI hasta hoy. Pero a Morales se le escapó como cliente el rey Felipe II; en el catálogo de la exposición se cuenta que en un encuentro entre ellos en 1580 , el monarca le dijo – “ muy viejo estáis Morales”, y el contestó, -“ sí señor , muy viejo y muy pobre”, a lo que el rey dijo, -“ Que le den 200 ducados para comer” “¿ Y para cenar?”, preguntó el mas que divino, humano Morales. – “ Que le den otros ciento” zanjó el monarca.

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Lo cierto es que con su manera divina de pintar los rostros, “ La Virgen del pajarito” de la iglesia de San Agustín de Madrid, o “ La Virgen de la leche” del Prado, de su taller de Badajoz en el que dio trabajo a muchos pintores algunos de su familia, llevó a cabo un montón de proyectos que se distribuyeron por toda España y Portugal, marcando su personalidad como a fuego, enmarcada en su sello: hoy lo llamaríamos marca. En la catedral de Ávila tenemos un “ Ecce Homo” de su taller, que procede de la iglesia de San Pedro, de la puerta de un sagrario.

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Steve Jobs aportó al mundo su visión empresarial con una manzana mordida, y nuestro pintor Morales salta desde el Renacimiento travestido de mosca, posándose aquí y allá delante de nosotros, haciendo además un discurso pictórico único, divino, lleno de belleza y de interés. Miramos el arte y nos cuenta tantas cosas, … algunas como recién salidas de un MBA de la época de nuestra Santa, mientras la vista se recrea en las salas del Prado.

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Cada estación del año, cada momento, parece que tiene en nuestra cultura y tradiciones, un lugar distinto y una diferente celebración. El de fines de octubre , en pleno otoño está enmarcado en el recuerdo y al lado de la sepultura de nuestros seres queridos nos lleva. Allí al borde de las lápidas , mientras decoramos con flores nuestros sentimientos, nos sumergimos en un viaje a nuestra propia historia, y al recuerdo de la vida compartida, como fotos de lo vivido. Tienen estos momentos una mezcla de matices y colores, sobre el papel de nuestro interior, de sentimientos. Entre el dolor por la pérdida, el sentir que los días pasados ya no volverán, se une una especie de gratitud a la vida por todo lo que nos dio con esas personas que marcaron nuestro camino; nos quisieron, cuidaron de nosotros,… nos llevaron en las rodillas, y oyeron nuestros problemas y alegrías, compartiendo la vida y el amor.

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Siento que es tan importante tener memoria, y que ésta no sólo es algo que tenemos así sin hacer nada sólo por nuestra condición humana. La memoria es necesario ir poco a poco construyéndola, recargando la cámara de fotos del corazón, escribiendo todo muy dentro y dando el valor que realmente tiene para todos. Me acuerdo de ti, y te tengo presente porque cada día vuelvo a todo lo vivido en tantos de los momentos de alegría, dicha y amor, como de las dificultades superadas juntos, los sinsabores, tristezas y problemas. Porque siento que todo esto se configura como parte mi misma y es el verdadero regalo que el tiempo que raudo corre, me regala.

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Tristeza que nos araña tantas veces, el dolor por la despedida y esa sensación como de abismo de sentir, qué hago ahora con la vida, sin ti. “ Mi desolado tema es ver qué hace la vida/ con la materia humana. Cómo el tiempo,/ que es invisible, va encarnando espeso;/ cómo escribe su historia inapelable/ en su página blanca: nuestra cara;/ cómo toma la forma de la vida que lo contiene/ y su caligrafía son mis rasgos. Esto dice José Emilio Pacheco y parece que en sus versos va silabeando como cuando empezábamos a leer, la vida. El paso inapelable del tiempo que como una gran rueda pasa por encima de todos, y esa capacidad humana de sentir que al menos, nuestra memoria puede ser la que dirija este coche figurado que a toda prisa sentimos que nos lleva. Y la forma de conducir un poco este bólido que en tristeza y ansiedad deja nuestra vida, es la memoria. Poder dejar que esas páginas blancas se impriman con tantas vivencias, todo el universo de lo vivido juntos, palabras y diálogos, fotografías de momentos tan felices, consejos y empujones que marcaron nuestra vida y que se constituyen en el motor de todo este vehículo vital que del luto nos lleva a la entereza y la paz.

Desde este nuevo lugar, sintiendo la deuda vital que nos abriga al borde de la muerte en el cementerio, podremos vivir empujados y serenos. Ya no es esta fiesta algo tétrico, desterramos las fiestas de Halloween, no es algo banal, de risa o de juego, es algo auténtico que se encarna en nuestra vida como el verdadero empuje para vivir. Celebramos con nostalgia pero con un sentimiento de agradecimiento profundo, las vidas de tantas personas que han marcado el rumbo de este motor humano que es la persona que sabe que va como caballo desbocado hacia el paso del tiempo que canta eso de “ tempus fugit”, y que en su devenir imparable desarrolla su capacidad humana para recordar y para tener memoria de lo pasado y asentar su vida sobre la historia personal esa que cada día nos regala, marcando su sello sobre la foto blanca, el regalo de vivir.

Vamos como aprendiendo, silabeando, escribiendo en un cuaderno muy especial que tenemos dentro de nosotros. Y mi escrito en estos días te echa tanto de menos y recarga el motor de mi vida cotidiana con tu recuerdo lleno de sosiego y de amor. La caligrafía, mi letra es desde luego, mis rasgos, mi propio ser. Y escribiendo así, desarrollo la memoria esa que sé que del dolor y el luto me libera, empujando mi vida en tu recuerdo.

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EL ÁRBOL DE NAVIDAD, reflexión sobre los árboles de Navidad naturales.

 

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Estos días navideños suelen estar decorados con la figura de un árbol lleno de adornos y luces al fondo. Una silueta que mas que pertenecer al mundo del comercio y del ritmo de vida actual, hunde sus raíces en nuestra propia historia y devenir como pueblos. El árbol mágico, fuente de fertilidad, de vida, lanzando sus raíces hacia lo mas profundo del suelo, arraiga reciamente regalándonos esa sensación tan reconfortante de la protección. Del árbol de hoja caduca que veneraban los pueblos germanos y escandinavos cuya copa albergaba la morada de los dioses se pasó a las coníferas que llevaron los primeros cristianos como san Bonifacio que en los gélido días de diciembre deambulaban por las parajes helados de Centroeuropa. De lo caduco se pasó a lo perenne, y los pinos y abetos se vistieron de las manzanas rojas del paraíso aquel en el que Adán y Eva pecaron por primera vez. La luz caía a veces entre las ramas abiertas en medio del bosque, mostrando el cielo y el mas allá que desde allí desciende. Las velas en las largas veladas invernales vestían de magia el momento recordando el transito de la luz y su juego entre las ramas. De las manzanas se pasó a las bolas, y las velas se mutaron como las calabazas de los cuentos en miles de cables llenos de luces multicolores. Las ramas se quisieron mas limpias; el porte mas reducido a conjunto con el rincón del salón; las agujas que caían comenzaron a verse como un problema a solucionar; el olor se prefirió de bote de ambientador; las raíces de hierro sucio se taparon de telas, y la forma debía ser perfecta: un cono erguido sin ningún hueco, sin doblez. “Que es mas ecológico un árbol de plástico”, “que es mas higiénico, que es mas práctico también “ dijo la vecina del quinto.

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Poco a poco hemos ido arañando esta palabra que nos llena la boca al nombrarla: navidad. Recubierta de plástico, ruidos y luces agresivas. Las digestiones de lo comido son tan pesadas como nuestra pesadumbre por el colesterol y la grasa. Mas que cantar villancicos tiernos como figuritas de mazapán, ponemos músicas machaconas que se repiten hasta el infinito y mas allá en las calles y los centros comerciales. El árbol mágico, aquel que nos protege con su copa, que nos abraza en las raíces esas que del suelo se levantan. El árbol que anida ilusión, donde las gotas del rocío brillan como diamantes, el que inunda todo con su perfume, llenando sacos de regalos con piñas, ramas e ilusión. Ese que han venerado nuestros antepasados, ante el que han rezado, bailando alrededor, ahora sale de una bolsa y de una caja de cartón del trastero. Lleno de polvo está el rey del bosque, lleno de pena el baúl de nuestro corazón : qué pasa con la magia, donde reside ,… quien la conoce, parece decir.

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Y cuando vives en una ciudad tan increíblemente bonita como la nuestra, con sus murallas de cuento, la sierra dibujándose en el firmamento, el silencio bañando todo de paz y das un paseo por un bosque cercano a no mas de media hora en coche de tu casa, parece que entras por un momento en el verdadero reino de la navidad. Ahí está con su forma erguida el rey de la magia de estos días; su olor sobre la nariz del que pasea por allí como en una nube; la luz se desploma en un momento entre el aire que corre abrazando todo en una cinta navideña llena de verdad. Regalos increíbles que van a parar a un lugar del que nunca nada ni nadie nos los puede quitar: nuestro corazón y su vecino de al lado, el recuerdo. Qué queremos dejar a nuestros hijos: un bosque o un erial quemado; un cesto de manzanas; un árbol lleno de vida o de polvo. Las luces parecen iluminar la ciudad en un momento bajo las nubes que se rayan sobre la sierra: Feliz Navidad.

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Articulo publicado en el suplemento de Navidad del Diario de Ávila. Viernes 19 de diciembre. 2014.

 

BOCCHERINI Y ARENAS DE SAN PEDRO: UN PUZLE.

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La vista de la Sierra de Gredos se recorta por encima de los bosques de castaños, cuando vas llegando a Arenas: fresnos, alisos en los arroyos, higueras y pinos, entre praderas y huertas. La mirada va planeando en ala delta de un lugar a otro, las mimosas florecidas, mimbres y rocas en las que los arroyos se desploman. Y cuando oí por primera vez el “ Stabat Mater” de Boccherini, el ilustre músico que vivió y compuso joyas musicales como esta por aquí, tuve esa sensación de haber terminado un puzle , como esa pieza de bordes curvos que encaja perfectamente sobre todo.

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Luigi Boccherini ( Lucca, 1734-Madrid 1805), vino a Arenas a la corte del infante Luis Antonio de Borbón, hermano menor de Carlos III, como maestro de música de cámara, “ compositore e virtuoso da camera” para componer, interpretar y dirigir la orquesta que entretenía y deleitaba al infante, a su esposa María Teresa Vallabriga y a la corte que les rodeaba. El lugar, la tranquilidad esa que parece rebotar por allí y la vegetación del enclave se juntaron en la maestría de un músico genial, aquel que es capaz de conmover al público durante años, siglos también. ¿Hasta dónde influye un lugar en una obra de arte, como este Stabat Mater encajando en Gredos y sus cortantes, para que lo oigamos tan cercano, lleno de actualidad y belleza? Sinceramente creo que las obras de arte así contempladas , en el lomo del ala delta, amplían nuestra mirada y el horizonte en el que se enmarcan, se dilata; las entendemos y las disfrutamos con mayor profundidad. La interacción del paisaje y la vida natural en el arte, creo que nos lleva a experiencias artísticas mucho mas hondas y verdaderas. En el camino de la creación interior y personal del espectador que ante ellas se conmueve. Llevar la obra de arte de la mano del lugar en el que se engendró, la música de Boccherini, este “Stabat Mater” tan bello a las cascadas de los ríos que de las montañas se lanzan, las praderas encharcadas entre los bosques de vegetación, el suave perfume de las hojas del nogal, las salas y los pasillos donde se oyen los pasos al caminar del palacio, el perfume que sobre el paisaje se tiende, parterres de flores y cestos de frutas recién cogidas.

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Dicen los expertos que compuso esta pieza, bajo la influencia de Pergolesi, pero personalmente creo, al oírlo tranquilamente, que nuestro músico lo supera, con esas melodías galantes que parecen posarse entre los robles, con un lenguaje a varias líneas musicales internas, lleno de belleza.

Comenzó a sonar así el día del estreno: la propia mujer de Boccherini , Clementina Pelicho cantaba en la voz de soprano, mientras Luigi tocaba el chelo, con la familia Font llevando el quinteto de cuerdas al ritmo; y todo allí en el Palacio de la Mosquera.

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Así sientes que por un momento has entrado en “la máquina del tiempo”, el lugar con su belleza natural tan delicada parece colarse entre la música; la historia llega viva como un relato de actualidad. El legado ese que deja como un camino de huellas sobre la carrera del día a día, se hace por un momento partitura ante nosotros: la música enredada en los bosques, parece que comienza muy lentamente a despegar.

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Arenas de San Pedro, un lugar único en el que la belleza de las cumbres de Gredos sobre el campo suena lentamente, mientras paseamos por sus bosques llenos de vida natural, música y arte vivo. Y Boccherini mas que sentir lejanía viviendo a tantos miles de kilómetros de los círculos musicales de Europa, vistió de su sensibilidad tan sobresaliente, su música, llevándola por derecho propio a la historia del arte de todos los tiempos. Compositore e virtuoso, como nuestra vista entre los pinos que encajando melodías, arroyos y robles, como pieza de un puzle, del Puerto del Pico se lanza.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. Jueves 13  de Noviembre. 2014.

 

 

PAISAJE FEMENINO.

Por M. Ángeles Álvarez.

 

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Desde hace años celebro las fiestas de la Santa sentada en el sillón de casa con uno de sus libros en las manos. Cuando tras un rato de lectura me pregunto qué es lo que me empuja a seguir allí leyendo, siento que es la cercanía. Me impresiona sentir esto por una mujer que vivió hace tantos años, y ver que en el fondo andamos por caminos tan parecidos, no sólo los de la misma ciudad que nos ha visto nacer y corretear por sus calles, sino por los del interior, dibujando un paisaje femenino que compartimos.

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Y comenzamos a conversar, Teresa en sus escritos nos muestra los colores de su jardín, aquel en el que habita el dueño de su corazón, y rápidamente lo pinta de un matiz que parece que todo lo intensifica dando a su testimonio viveza y verdad: el amor. Un sentimiento que parece envolver todas sus palabras y que desata en los lectores de todos los tiempos un espiral: el de la empatía, al empezar a ver que dentro de la Santa entronizada y de ricos ropajes vestida, hay una mujer de verdad.” Amor de unos con otros”, amor a Dios, amor a la vida, la naturaleza, a la humanidad entera entendida como familia, destilándose como en un alambique el corazón que se entrega a ello, entrenando este sentimiento cada día: un gimnasta en el ejercicio que lo robustece, la vida. Juntemos todo en un carrete de hilo, para ir devanando en seda poco a poco la vida. Teresa y la intimidad cosida pespunte a pespunte, letra a letra. Sientes que habla de amor en todo momento, en ese diálogo a tres voces en el que su Amor, el rey de su Castillo aparece muchas veces interpelado en un Tu continuo que nos enseña de manera experiencial, resbalando con sus oraciones, el sentido de su nombre carmelita, el porqué se llama Teresa de Jesús. Cercanía que envuelve cada página, cada giro de su discurso personal y valiente, cada fundación, cada conversación que arranca con la lectura, al sentir que por este sentimiento hacia nosotros, abre su alma y nos muestra su tatuado interior, aquel que recoge toda su vida con el Señor, la mística del corazón.

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Teresa tenía una facilidad asombrosa para el encuentro con todo tipo de personas, y era muy certera al hablar a cada una en su propio lenguaje y registro acelerando la amistad que como un motor de varios tiempos se desataba. Conversaciones que nos imaginamos y cartas en las que seguimos, como clavadas en la diana, su huella toda impregnada de ella misma: desde el piadoso rey Felipe II “ vuestra majestad”; sus amigas del alma prioras de su reforma como María de San José ,“ hijas mías”; a sus confesores como el padre Gracián, “ vuestra paternidad”; sus hermanos y familia como Dº Lorenzo “ vuestra merced ”. Un motor que comenzó muy pronto a caminar y que la llevó a escribir cada día cartas y mas cartas desde su celda, aumentando el cariño, la amistad y el apego con todos ellos. “ Ya estoy casi buena, que el jarabe que escribo a nuestro padre ( Domingo Bañez) me ha quitado aquel tormento de melancolía,… un poco me hizo reír la carta de su letra como estaba ya sin aquel humor ,… Y me holgué mucho con la suya y con la de vuestra reverencia,…” Carta 61 a la M. María Bautista. Segovia 1574.”

Risas y confidencias, al lado de cuestiones prácticas, la compra de tierras, los pleitos y disputas, todo entreverado de lo que realmente a ella le cosía el corazón, su Amor por el Crucificado aquel que se apareció un día en su vida y dio a todo una vuelta, cambiando también su concepto de amistad. Sus conversaciones desde entonces llevaban siempre este rostro amado, “hablar con ángeles”, hablar desde ese Amor y en ese lenguaje. “ Quizá no sabemos que es amar, y no me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto , sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios…”   4 M 1,7

 Y si hay un aspecto de los escritos que mas impresiona por su valentía y coraje al compartirlo, es ese de el encuentro con el Amor, que ella vive en propia piel de forma femenina y muy carnal: la Sacratísima Humanidad de Cristo. Lejos de conceptos etéreos, de sentimientos livianos como de plumas flotantes angelicales, ella arranca como mujer de su propio sentimiento desgarrado, humano, cercano y real. “Nosotros no somos ángeles, sino tenemos cuerpo; querernos hacer ángeles estando en la tierra -y tan en la tierra como yo estaba- es desatino.” (V 22, 10).

No se trata por tanto, parece decirnos oración tras oración, lectura, encuentro, de una mística de altos vuelos sino de una basada en lo humano que nos entronca, que nos envuelve trufando nuestro corazón en el seno de Dios Padre, como sus criaturas. Sabiendo y oliendo a Él.

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Cuando desde lejos miraba a la Santa presentada tantas veces en sus éxtasis, arrebatos, levitaciones…, no podía ni imaginar que a ella lo que realmente le gustaba, tal como nos cuenta, era el suelo, el barro y la tierra por arar. Divisar incluso en la Séptima Morada, aquel lugar tan cercano a la Trinidad, el sustrato mas terrenal que pueda haber, sublimado en el Amor. Sí, aparece Marta, aparece la Magdalena habitando por ahí, mujeres de verdad como Teresa, como yo misma, forjadas a base de resbalar por cada pendiente de la realidad, caladas de vida y arañadas en el dolor, manchadas de amor completamente. Estas son las amigas que aparecen en esta conversación entre nosotras ahora, y su ejemplo de vida parece decirnos “ que esto es de verdad, …que es de verdad”. Barro para que este “ Dios de las Caballerías” pueda dejar su casco impreso muy dentro. Rodeada de imágenes que reconozco tan cercanas, pisando los mismos charcos que aparecen a veces en la vida, surcando otras veces este “ mar tempestuoso”, me siento realmente bajo el influjo de su empatía arrolladora.

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Femenina y valiente como mujer del Renacimiento, el mundo parece circunscribirse dentro de ella, explicarse en ella, respirar con ella, moverse por ella, y por todos nosotros también. Un planteamiento de la individualidad como eje de la sociedad que la rodeaba, y que la llevó a proclamar a voces, la belleza del alma femenina. No era ella ni las mujeres que la rodean seres infantiles, siempre dependientes emocional y vitalmente de la protección del varón padre, hermano, confesor. Así me parece increíble que en pleno s. XVI se atreviera a decir en Camino de Perfección CE IV en su primera edición del Escorial“ las mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad y hallasteis en ellas tanto amor y mas fe que en los hombres,…” Cuando leí esto la primera vez, pensé que no podía ser, que estaba interpretando las palabras de la Santa interpolándolas a la sociedad contemporánea. Pero luego al estudiar esto mas detenidamente, he visto la hondura de su raíz, no sólo por decir que las mujeres tenemos tanto amor y mas fe que los hombres, …mas fe realmente nos dice, sino por confesar que la piedad, una de las virtudes mas brillantes, quizá la mas divina, tiene nombre de mujer.

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Y Teresa entonces se lanza a un viaje sin retorno, tan apasionante como las epopeyas mas increíbles, “el conocimiento de sí”, mirarnos a nosotros dentro para avanzar desde ahí deambulando por las estancias o moradas donde vive aquel que nos habita. Parece todo esto sacado de un manual de autoayuda actual, la meditación como puerta para la oración y la amistad, el equilibrio vital que necesitamos en nuestro propio interior tan marcado y machacado por nosotros mismos. La empatía Teresa, llega en este momento a la fascinación, cuando tengo que pellizcarme para estar segura de que esto lo dice alguien de hace tanto tiempo. Mujer, monja, con tantos achaques, recluida en un convento desde los 16 años, con estudios primarios,… Valentía y coraje para adentrarse en este jardín “ donde Él tiene sus deleites con los hijos de los hombres”.1M 1,1

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Muchas veces me gusta llevar un libro al campo, leerlo allí para ver qué pasa, para que todo lo que por allí suena, huele y deleita suavemente con paz regalada, se impregne en la lectura. Y los libros de Teresa al leerlos parece que son ellos los que te sacan a pasear, están tan llenos de vida, naturaleza, flores y belleza, que no imagino otro lugar para ellos. Vida natural como la que ella perseguía volviendo la mirada a los padres del Carmelo, aquellos ermitaños que oraban con una margarita en las manos. Abejas laboriosas, dentro de la nube de las mariposas blancas tan graciosas. Agua en huertos arados, parterres de flores, palmitos suculentos entre gusanos en plena metamorfosis vital y como música, el tranquilo correr del agua que de la lluvia al pozo alimenta; los canales tan bien trazados, el sudor, la noria. La cercanía entre nosotras Teresa, con todo esto se refuerza, anclándonos al campo, para buscar allí juntas el pulmón emocional que necesitamos cada día mas, para poder seguir avanzando. Y allí nos muestras lo que para ti es la verdadera Hermosura , y este vocablo teresiano parece que nos lleva como en una alfombra mágica a un reino lleno de belleza: la contemplación, cuando poco a poco las fibras de colores se mezclan haciendo un nudo vital , trascendiendo la vida en un soplo “ ¡ Oh Hermosura que excedéis a todas las Hermosuras,!, …. “ ¡ Oh ñudo que así juntáis dos cosas tan desiguales”,…

Teresa aparece retratada muchas veces como “ fémina andariega, inquieta”, valiente, emprendedora y muy lista, y creo que dejamos en el fondo del óleo unos matices que debemos añadir a la paleta de colores, de tonos mucho mas suaves, como veladuras sobre lo pintado: la ternura, la delicadeza de trato, y el alma de una mujer sensible y tierna. Susurros parece que oyes cuando vas leyendo, suavemente sientes que también llora por la impresión de todo, por la valentía de mostrar su propia piel sobre las letras, la oración que viste su alma. Y tienes esa sensación de que el ímpetu apostólico en ella era imparable, como un cohete ya disparado,… “ Oh, bien mío!, que esto hace, que en los mayores regalos y contentos que se tienen con Vos, lastime la memoria de los muchos que hay que no quieren estos contentos y de los que para siempre los han de perder” Exclamación 1ª. Para ir por ahí proclamando a voces la verdad que vivió y experimentó. “ Por otra parte se querría meter en el mundo, por ver si pudiese ser parte para que un alma alabase mas a Dios; si es mujer se aflige del atamiento que le hace su natural, porque no puede hacer esto, y ha gran envidia a los que tiene libertad para dar voces, publicando quien es este Dios de las Caballerías” 6M 6, 5

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Reconversión y nueva vida, o cómo puede una mujer madura de repente morir para renacer de nuevo, revestida de una nueva piel. Cómo este proceso saca de la clausura a una monja decidida que recorre caminos descalza y sin nada en la mochila. Cómo puede la constructora de la contemplación como vida religiosa, bregar en tantos campos de batalla diarios, la imparable andariega y comunicadora, sentir que es el silencio interior lo que nos abre la puerta de la oración, y de ahí el camino-autopista para vivir. Un juego de contrastes, que muestra un paisaje interior rico y complejo que parece transparentarse sobre nosotros, sobre mí como una foto actual y llena de vida. Una pradera húmeda y femenina, tu alma Teresa de Jesús, surcada de carreteras y arrugas. Un mapa abierto a quien lo quiera leer, el interior de nuestra Santa, Teresa de Ávila.

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Texto publicado en el Suplemento especial V Centenario Teresa de Jesús. Diario de Ávila. 15 de octubre del 2014.

 

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