Mientras preparaba el trabajo y los diseños florales para la campaña del día de todos los Santos, una grulla pasó por delante de la pradera. Empezaban a venir en migración otoñal desde mas de 4000 kilómetros a invernar en las orillas de los pantanos y ríos de Extremadura y la zona sur de Ávila.

Siempre he visto a las grullas como un ave que nos dice mucho, su movimiento en el cielo. Parecen escribir con sus negras siluetas. Ya los griegos lo veían así y creían que fue el dios Hermes el que inventó la escritura al contemplar su vuelo sobre el cielo. Nos van contando un mensaje bastante acorde con estos días de finales de octubre que van cabalgando hasta los Santos, cada día mas cortos y oscuros, donde las cosechas se van terminando y el invierno se comienza a vislumbrar.

El tránsito a la otra vida ha sido descrito por las distintas religiones y tradiciones de manera muy diferente, aunque el elemento común de todas es el viaje, el comenzar una nueva existencia que da esperanza en medio de la vida y que aprieta en este mundo el sentido de perfección personal, de bondad y cuidado de los otros.

Recuerdo como uno de los textos que mas me ha impresionado leer en mi vida, el libro de los muertos(1540 a.C./ 60 a.C.) mientras viajaba a bordo de un pequeño barco por el Nilo hace ya bastantes años. Lo que hay que hacer en ese momento del tránsito, lo que hay que ir preparando durante la vida, cómo explicar lo hecho y vivido, está contenido en un libro, que toma la forma de un largo pergamino, de unos 40 metros, con el que se enterraba a los muertos, momificados y con un escarabajo encima del pecho.

Toda la escritura jeroglífica parece como una manada de grullas que, desde su desciframiento, nos va contando muchísimas cosas, que no son sólo interesantes sino bellísimas, palabras llenas de poesía:Oh, vosotros, todos los dioses y todos los espíritus, preparad un camino para mi. Los egipcios creían que el difunto emprendía un viaje subterráneodesde el oeste hacia el este, como Re, el sol, que en su ocaso comienza otra vez a resucitar con la mañana. En su viaje llegaba el difunto a un laberinto, la Sala de la Doble Verdadante un tribunal formado por 42 jueces y presidido por Osiris, y hacía una confesión negativa, en la que iba diciendo todas las malas acciones que no había cometido.

Las grullas avanzan estos días por un cielo muy sombrío, reflejo de tanta pesadumbre, tristeza y ansiedad. Esta pandemia nos está probando a todos de manera salvaje, a nivel personal mostrándonos nuestra fortaleza interior, la capacidad de empatía y amor hacia los demás; a nivel social, reforzando los lazos entre vecinos y compañeros de trabajo para poder salir adelante; a nivel nacional mostrándonos la cara y la capacidad de nuestros gobernantes y también a nivel mundial viendo cómo son nuevamente los países mas pobres los que mas van a sufrir toda esta locura vírica.

Llegará un día en que tengamos que reflexionar sobre nuestra actitud y entrega. Como decía nuestro santo Juan de la Cruz, al final de la vida, nos examinarán en el amor. Entraremos en otro espacio mas allá de la vida donde nuestros seres queridos nos esperan. Esto es lo que recordamos estos días, que el circulo no se cierra con la muerte sino que funciona como un espiral que nos empuja.

El signo que para mi explica este tránsito, es el circulo, como vemos ya en necrópolis tan antiguas como las del interior de la acrópolis de Micenas que excavó Heinrich Schliemann en 1876. Una estela de la tumba V ( 1600/1500 a.C) con círculos que se transforman en espirales sobre el bajorelieve del difunto caballero. Círculos que mueven el cielo como las grullas y que también mueven el camino de cada uno en esta vida, entrando todos en un espiral continuo que no para y nos libra, cuando así lo creemos, de la tristeza.

Por mi trabajo y familia he hecho muchas decoraciones para estas fiestas de los santos, mas allá de la costumbre hay algo mucho mas hondo y bello, la esperanza, el cariño y el amor, que sabemos por la fe que, al estar cerca de Dios en su presencia, son eternos. El momento de dolor y pérdida se irán poco a poco volando como las grullas sobre el cielo, sintiendo cómo la esperanza en nuestro interior funciona como una verdadera espiral de vida que nos une ya para siempre.

 

 

 

Que iba a salirse el alma… bien se podía morir

La música nos lleva a otros lugares, crea en un momento el espacio que muchas veces nos falta en los libros, la historia y las crónicas.  Conocemos a Teresa en sus libros, hijos, obras y nos falta seguirla también en la música que la acompañaba, su banda sonora original. La música es un arte que nace y va perdiéndose al momento sólo para nuestro deleite, abriendo la puerta del compositor y del intérprete, dejándonos entrar.

Hace ya muchos años cuando volvía en verano de la Universidad de Salamanca había una cita que marcaba todo para mí, el concierto del órgano de cámara de la Encarnación interpretado por Antonio Baciero. Creo que mi interés por la Santa nació en esos momentos en los que aquella música me conmovía. Aparecía con la melodía, una Teresa que yo empecé a considerar muy distinta de la que había visto en imágenes estofadas y sobredoradas, que había oído en la cultura que como abulense me ha rodeado toda la vida. Un instrumento con un sonido sencillo y limpio, donde las cuerdas se oían en su individualidad. Desde entonces me encanta la música antigua.

La música y Santa Teresa ha sido investigada por mi querido profesor Antonio Bernaldo de Quirós, que recogió todos los datos posibles sobre su madre en la fe dentro del ámbito musical, indagando en el ambiente abulense en el que vivió, la música en el entorno del monasterio de la Encarnación, sus actividades musicales y su sensibilidad hacia la música a nivel personal y místico.

La educación musical de Teresa, que intuyo que era grande, es algo que no podemos encontrar en un dato concreto. Pertenece al ámbito de la intuición y hablando de la Santa es un método de conocimiento mucho mas interesante. Creo que Teresa era una mujer muy sensible hacia la música tanto religiosa como profana y popular. No tenemos tampoco ninguna referencia sobre su educación académica y es la primera mujer doctora de la iglesia y una de las escritoras mas importantes de todos los tiempos.

La música profana en Ávila, en la época de la juventud de Teresa, cuando ella vivía con su familia y salía como niña y joven a recorrer la ciudad, era muy rica. Recoge Luis Ariz que durante la visita de la emperatriz Isabel y Felipe II de tan sólo 4 años, se organizó una fiesta impresionante con desfile de trescientas mozas aldeanas de los sesmos ataviadas ricamente con sus galanes tocando gaitas, tamboriles y panderos. También

desfilaron serranos ataviados en grupos de doce y los maestrescuela sacaron a los niños disfrazados. Esta manera de divertimento y fiesta caló en nuestra Santa reformadora, que componía villancicos y cancioncillas para animar la vida conventual, con monjas que en las recreaciones cantaban, bailaban y tocaban instrumentos como las flautitas de embocadura de pico y tres agujeros que encontramos en la clausura del Convento de San José.

Junto con estas músicas alegres y para la fiesta, Teresa desde niña oía otro tipo muy distinto que le abría nuevos caminos de profundidad interior y de mística de los sonidos que como cristales de colores daban cuerpo a esa vidriera que era la música polifónica española que ella oía en las iglesias, especialmente en la catedral. Estaban en aquel momento en nuestra ciudad compositores tan importantes y sobresalientes como Cristóbal de Morales, que estuvo en Ávila en la catedral de 1526- 1528 cuando Teresa tenía unos 11 años. Estoy oyendo estos días el Officium defunctoruma cuatro voces que compuso en estos años en Ávila y he comprendido que esta música abre muchos caminos en el alma y el espíritu de tantas personas. Teresa estaba en este momento cerca de esta cátedra musical, viviendo en primera persona la mística de la música polifónica.

Estaban en la catedral de manera sucesiva grandes músicos que fueron además los maestros del otro místico por excelencia, me refiero a Tomas Luis de Victoria, así Jerónimo de Espinar, Bernardino de Ribera y Juan Navarro.

Con Tomas Luis, Teresa tenía muchas semejanzas, aunque no tenemos constancia de que se conocieran en persona. Cuando Tomas entró como seise en la catedral para educarse musicalmente, Teresa estaba en la Encarnación. Y seguramente este joven monaguillo oyó hablar del revuelo que una monja estaba protagonizando en la fundación de un pequeño convento en 1562 dedicado a San José. Luego Victoria se marchó a Roma y volvió en 1582 cuando nuestra Santa ya había fallecido. No se conocieron mucho en persona, aunque seguro que se habían saludado por ser sus familias feligresas de la parroquia de San Juan y casi vecinos. Pero lo que no me cabe ninguna duda es que ambos andaban por los mismos caminos de creación, de indagación personal y de búsqueda continua de la Belleza.

También feligrés de San Juan fue en estos años otro grandísimo músico, Antonio Cabezóncasado con una mujer abulense y aquí pasaba algunos días, deleitando a los fieles en las celebraciones catedralicias.

En la Encarnación cuando entró Teresa había un grupo de monjas que eran músicas y se dedicaban a tocar en las ceremonias litúrgicas y a acompañar el rezo del oficio divino. Eran las que tocaban esos preciosos instrumentos, en su mayoría contemporáneos de la Santa, que podemos ver en el museo del monasterio. Arpas de dos órdenes, guitarra, viola da gamba, salterio y el órgano de mesa. En el libro del Retablo de Carmelitas de Doña María Pinelrescatado y publicado por el anterior capellán del monasterio el p. Nicolás González, aparecen historias de monjas músicas que entraban sin dote, como las hermanas mellizas Isabel y Mariana Rosa Velasco o las otras hermanas Clara Eugenia y Eugenia Clara que tocaban el órgano y hasta el bajón.

La música en cuanto se interpreta, es propiedad del oyente que la hace suya y que va siguiendo su movimiento mas allá del oído. Teresa nos relata en la Relación 15 una experiencia mística profunda que ella vivió al oír una voz cantando en la oración, siel canto no cesara que iba a salirse el alma del gran deleite y suavidad que nuestro Señor le daba a gustar,…bien se podía morir, mas, no podía decir que cesase

Tenemos que educarnos un poco para disfrutar de esta música tan divina, pero luego será ella, la que nos irá educando a nosotros en muchas cosas, nuestra maestra. Es increible, pero cierto, conocemos a la Santa de manera muy especial y auténtica, oyendo a Victoria, Cabezón o Morales, en el sonido antiguo de un órgano de mesa, en la voz que a veces nos conduce muy lejos del sillón.

 

 

 

 

 

En estos días del confinamiento por la pandemia del coronavirus me he sentido muy afortunada por tener en casa muchas plantas, por tener un pequeño jardín y una terraza llena de helechos. Toda la rigidez, la dureza de esos momentos se evaporaban en cuestión de segundos cuando me ponía a regar, plantar, hacer esquejes o abonar, cuando miraba sus hojitas, el peludo tallo de un helecho azul, la apertura llorona de las Alocasias, la caída hacia el suelo de las miles de bolitas del Senecio Royelanus.

Estos días he sentido la conexión íntima y profunda del hombre con la naturaleza a través de las plantas, los árboles, las hierbas, las flores. No sólo en el sentido de que una plantita de casa me abre en un momento una conexión con la naturaleza- madre rotunda y profunda, sino me hace ver que no son seres inertes, sino que se comunican entre si, que también lo hacen con nosotros, que no se trasladan de un lugar a otro, pero sí se mueven y mucho cada día, en movimientos que podemos hoy en día ver con las cámaras de video.

Este contacto- comunicación con las plantas requiere por tanto que nos tomemos un tiempo mayor del que normalmente utilizamos para cuidarlas. Con este interlocutor que se mueve tan lentamente, debemos entrar a conectar también en este ritmo distinto, que nos introduce en momentos meditativos. En sesiones de midfulness, y de meditaciones de todo tipo, las plantas son un vehículo potente y que nos acompaña, entrando en este proceso, podremos sumergirnos en esa red de comunicación llena de estados electromagnéticos, a través de la red de las raíces. Y podremos llegar a sentir, como dice el botánico italiano Stefano Mancuso, autor de libros superventas, cómo al entrar en estos estadios de conexión, sentiremos bienestar y serenidad, estando muy quietos y a la vez con un movimiento lento y lleno de naturaleza y bienestar.

Pude disfrutar de una clase on line con Stefano, degustando lentamente todo lo que exponía sobre la “plant revolution”, conociendo de manera empírica por medio de sus ensayos y estudios científicos, lo que ya intuía personalmente desde hace mucho tiempo. En su libro “la Nación de las plantas” reconoce que entre ellas hay una practica de ayuda mutua, cómo se comunican los peligros y cómo la combinación de plantas, sobre todo en espacios acordes botánicamente, crea entre ellas un mayor bienestar que se traduce en un mejor cultivo.

Quien se acerque a la agricultura biodinámica y a sus postulados, intentando comprender cada ecosistema como un lugar vivo y lleno de relaciones entre el suelo, las plantas de distinto tipo, los insectos, los pájaros, el cielo, los ciclos lunares, el agua, los abonos y principios activos para las enfermedades y plagas. Los huertos se llenan de caléndulas, bledos, dientes de león y ortigas, hoteles de insectos aparecen en los bordes de la plantación y se va buscando en la tradición agrícola aquellos métodos de cultivo que no son tan dañinos como los que tiene la agricultura convencional, llena de abonos muy potentes, y miles de litros de pesticidas que van directamente a nuestros platos y que afectan sin duda nuestra salud.

Esta pandemia que sufrimos espero que al menos nos haya dado la posibilidad de replantearnos qué está pasando en el mundo ahora, y porqué sufrimos esta plaga. El coronavirus es un problema muy pequeño comparado con el calentamiento global que nos va a llevar como especie humana a la extinción en unas decadas, o quizás menos. Es algo atroz ver las desforestaciones de los grandes bosques del mundo, la subida de las aguas de los océanos, el recalentamiento de la Antártida que el verano pasado llegó a superar los 19 º . El coronavirus nos ha afectado de manera personal, si no guardas las medidas de confinamiento y prevención, puedes enfermar y morir, y eso al ser personal, ha desatado esta situación de alerta, que los expertos nos dicen que va a seguir durante mas tiempo. Es por tanto una llamada de atención de la naturaleza que nos dice que frenemos un poco, que seamos seres mas sensibles y tranquilos. Los hombres somos la única especie que aniquila el medio natural donde vive.

Las plantas son algo distinto a la decoración, son seres vivos, mascotas vegetales que tenemos en casa y que nos aportan muchas cosas necesarias para nuestro bienestar personal, siendo los seres sencillos que realmente somos, viviendo en la naturaleza. Aumentan nuestra creatividad y productividad, nos ayudan a relajarnos y meditar como forma de terapia diaria para seguir con el ritmo de vida, interactuando con ellas iremos obteniendo como premio el silencio y la serenidad. El silencio amable y lleno de vida de un bosque, una `pradera florida o un roquedo sobre los precipicios sobre el mar. Bosque, vida y pradera entre las plantas de mi casa, en medio del confinamiento y la tristeza.

 

 

EL AÑO DE BEETHOVEN

 

Este año celebramos en todo el mundo el 250 aniversario del nacimiento de  Beethoven, y el confinamiento por la pandemia del coronavirus nos permite entrar un poco mas en su obra, oyendo unas de las piezas musicales mas bellas y rotundas de la historia, donde la naturaleza salvaje aparece en forma de notas, la historia con los ecos de la Ilustración y los redobles de la Revolución Francesa se dejan oír. Beethoven aparece como uno de los primeros músicos con conciencia de su papel en el devenir de la historia, aportando su visión y creación propias, yendo mas allá de las artes al servicio del poder, de los nobles, de la iglesia, del estado.

En un momento de cambio, como siento este que estamos viviendo ahora, donde la forma de vida establecida se resquebraja, donde apareció un hombre que refleja en su obra todo el ideal romántico, su propia biografía me conmueve. Cómo pudo formarse un genio así en medio de una familia donde el alcohol hacía estragos, cuyo padre levantaba al niño de cuatro años de la cama a las 3 de la madrugada para que se pusiera a tocar el piano, cuando él se recogía de sus juergas.

La biografía de Jan Swafford, Beethoven, publicada por Acantilado, nos abre las puertas a este viaje musical, donde vemos cómo se va forjando el carácter de este genio, y leemos su obra como fruto del momento, las enseñanzas dentro de la ilustración de su primer maestro Christian Gottlob Neefe, que pertenecía a la masonería, comoMozart o Haydn.

Analizo la relación entre los músicos mas importantes del clasicismo y el primer romanticismo, y me quedo anclada en la figura de Haydn, ¡oh papá Haydn!, maestro de los dos grandes genios musicales, Mozart y Beethoven.

Corría el año 1772, Beethoven acababa de cumplir dos años y el joven Mozart con 16 ya había compuesto entre otras muchas obras tres operas, Mitriade rei di Ponto, Ascanio in Alba, y Lucio Silla. Haydn era el kapellmeisterde la corte de Esterházy. La temporada de verano se iba alargando demasiado para los miembros de la orquesta de cámara del príncipe que pasaba estos días en su palacio de campo en Hungría. La corte del príncipe Esterházy era muy potente, con muchos criados entre los que se encontraban los músicos, y por supuesto el maestro de capilla Haydn que tenía que vestirse de librea y ocupaba sólo tres habitaciones en el enorme complejo palaciego, lleno de jardines, salones y pasillos. Los músicos pidieron Haydn que intermediara con el príncipe para volver a Viena cuanto antes con sus familias, y la manera de exponer esta petición fue muy creativa, compuso una Sinfonía,la denominada de la Despedida, Hob, 45, en cuyo último movimiento, el Adagio, los músicos iban dejando poco a poco de tocar hasta finalizar la pieza con un dúo entre Haydn y el maestro de conciertos Luigi Tomasini. Por algo se le conoce a Haydn como papá Haydn, por su capacidad de ayuda hacia los demás y por su carácter bonachón.

Beethoven, alumno suyo durante dos años, era todo lo contario. Su fuerza expresiva y su carácter iban galopando contra los auditorios, las conciencias y las normas de buena educación de todos. Desastrado, retraído y taciturno, casi sin amigos, este “der spagnol”por su tez morena, causaba el asombro en las cortes y los salones de la aristocracia europea. Un ámbito en el que aparecían actitudes que hoy en día veo en desuso. Había coinnaisseurcon gusto y erudición, que amaban las artes y interpretaban música con pasión y gusto. Había también diletanttes, para los que la música se creaba para su interpretación, los aficionados para los que se compusieron buena parte de las obras de Beethoven. Unos diletantes sin las connotaciones que luego tuvieron estos términos cuando la palabra profesional se instauró en todas las artes, dejando a este gran grupo de interpretes fuera.

En estos días en que se nos regala un poco de tiempo en casa, volver a Beethoven es un placer, y reflexionar sobre la música como expresión, no sólo de los autores sino de nuestro viaje interior, interpretando la música, haciéndola nuestra.

Estudiar una partitura de piano, es entrar de pleno en todo este mundo lleno de sonidos, naturaleza, ideales, y sentimientos. Utilizar la música para decir sutilmente cosas como hizo Haydn en la corte húngara, ir poco a poco apagando el sonido en medio de un momento lleno de incertidumbre como este en el que el covi-19 nos ha metido.

DEJAD DE RESPIRAR Y QUE OS REPIRE LA TIERRA…

En estos casi cuarenta días de confinamiento, siento que los días se han ido posando lentamente sobre los pilares que asientan mi vida. Calma, serenidad, tiempo y espacio para volver a sentir qué es eso que me ayuda a vivir, a ser cómo soy, a levantarme cada día.

Y uno de esos pilares es la lectura, sobre todo la que se hace con calma dejando que cada palabra, capitulo, narración o verso ocupe su lugar.

Una mañana mientras me sentaba un ratito a leer después de todos los trajines domésticos, cogí un libro de la biblioteca como  el que agarra un flotador al saltar de la barca. El mar de abajo donde me lanzaba estaba y aun hoy está muy oscuro, y gigantes olas de preocupación y dolor me invaden . Claudio Rodriguez es siempre para mí un flotador que me saca para arriba y me muestra la luz, lo que está por encima de las palabras. Las suyas siempre me parece que al leerlas van saltando como chispas hasta llegar por encima de casa, del árbol, del cordel de ropa…

Un poeta del que al leer sólo alguno de sus versos, sientes un profundo respeto y admiración porque no se puede decir poéticamente algo mejor…

! Dejad de respirar y que os respire

la tierra, que os incendie en sus pulmones

maravillosos! Mire

quien mire, ¿no verá en las estaciones

un rastro como de aire que se alienta?

Sería natural aquí la mueret.

No se tendría en cuenta

como la luz, como el espacio. !Muerte

con sólo respirar ! Fuer de día

ahora y no me quedaría sin sentido

en estos campos, y respiraría

hondo como estos árboles, sin ruido.

En esta fiesta del libro escojo a Claudio, siempre Claudio.  Así les digo a mis hijas en estos días, siempre Claudio hijas. Volver siempre a Claudio y encontrareis la esencia de la poesía, y toda su luz.

Leyendo a Claudio con el ensayo de Jose Luis Rey » BRUJAS A MEDIODÍA». Anotaciones a la poesía de Claudio Rodriguez. Me siento muy identificada con Jose Luis Rey en muchas cosas, y me encanta que la lectura de los poemas y su análisis la realice un poeta. El ensayo va por otros caminos de significado, de formas expresivas, logros, nuevos caminos, sutiles matices, sombras y resistencias… Gracias José Luis

 

A veces las cosas que nos van pasando sentimos que tienen un mensaje oculto, una especie de mandato que las empuja. Así leemos estos días de confinamiento, esta entrada y estadía en el horror, el sufrimiento y la oscuridad, cada uno desde su casa.

La vida está llena de cambios de ritmo, de luces y sombras, de badenes emocionales entre la alegría y la profunda tristeza. Así me siento en estos días de confinamiento, mientras vuelvo como cada año a oír la partitura de Semana Santa mas bella nunca escrita, el Officium Hebdomadae Santae de nuestro paisano Tomás Luis de Victoria. Y siento que dibuja musicalmente lo que anda mordiendo por dentro mi interior, la pena en forma de hondas lamentaciones por esta dura situación y también la búsqueda del verdadero sentido de la vida, desprovista de todo lo superfluo, que nos devuelve a la verdad de lo que somos. La música de Victoria es mística, es amor, con un mensaje tan hondo como el de Teresa y Juan, y con unas vías de penetración en nuestro ser mucho mas profundas, a través del oído, el sentido que nos llega a conmover hasta lo mas hondo.

Lamentando tanto dolor, sufrimiento por el confinamiento de millones de personas que se ven entrando en la caverna oscura de la soledad y el aislamiento, en sociedades donde se vive en pequeños núcleos familiares, muchos de ellos de una sola persona. El dolor y la desolación de los enfermeros y médicos que cuidan a tantos enfermos viendo como se apelotonan en los pasillos, teniendo que construir en pocos días hospitales de campaña como en épocas de guerra, combatiendo a la pandemia sin armas reales, sin escudos, ni espadas, a pecho descubierto. Miles de enfermos se mueren solos, desprovistos de una mano familiar que les ayude a abrir las puertas del mas allá, sin consuelo, sin duelo, sin despedida. Deshumanizando el transito doloroso del adiós que tan certeramente dibuja en notas y polifonía Victoria. Los ancianos muriendo solitariamente, dan el tono de estas músicas dolientes, al mostrarnos cómo estamos dibujando la sociedad, y el lugar en el que ponemos las siluetas y el corazón, la vida que han entregado por todos.

A estas lamentaciones, a la manera del profeta Jeremías, tan crudas y dolorosas como las que escribió hace milenios, “ha desviado mi camino, me ha destrozado, me ha dejado hecho una ruina, “… “me ha roto los dientes con guijarro, me ha alimentado de ceniza”, tenemos que sumar las nuestras.

Tengo que citar la incertidumbre y la ansiedad que siento por ver un mundo que se desmorona, que cambia y veo que ya para siempre será diferente. La crisis económica brutal con mas de 3 millones de parados que no pueden conciliar el sueño cada noche, la economía apagada y con el miedo oculto de que al arrancar sus motores se vea que hay cables que se han roto ya para siempre. Y sobre todo las lamentaciones sobre el fin de era que podemos oír dentro de nosotros como en épocas de guerra, sintiendo que el humanismo cristiano que ha definido el mundo que conocemos y desde occidente se ha vertido sobre el planeta, basado en el amor y la caridad de unos hombres, hijos y hermanos, se va a cambiar por otro fondo de pensamiento, otras culturas del ámbito oriental.

Encendemos así las quince velas del tenebrario de nuestro corazón, y dejamos que sea la luz la que ilumine el fondo de nuestro pesar, mientras con matracas y carracas vamos rompiendo el silencio de la noche, como se oía la música de Victoria en la catedral de Ávila, o en la Capilla Sixtina del Vaticano donde se depositó el esbozo de esta partitura. Y la luz se abre paso entre la oscuridad, con un mensaje cargado de optimismo, alegría y esperanza. Como defensa ante todo dolor, aparece el amor. Y es que así lo creemos de verdad, así lo dice el discípulo amado de Jesús, Dios es amor, no es otra cosa. Hacerse uno de nosotros, bajar a la arena de la campaña, del hospital, del asilo, construir un mundo con los más altos ideales y propósitos, amar, socorrer, curar, atender, escuchar, estar ahí cada uno en su lugar en la vida, la familia, la sociedad.

Este es el mensaje que como corriente eléctrica me quema en estos días de hondas lamentaciones y tristeza. Dejar que siga dando chispas a los demás, sonando sobre las tinieblas es la misión mas grande que tenemos en esta vida.

 

 

 

En medio de toda la preocupación mundial por el avance del coronavirus nos fuimos una mañana  de finales de febrero a visitar la Cueva del Castillo en Puente Viesgo, Cantabria.  Los cucos comenzaron a cantar a lo lejos. Pasamos en un momento a otro viaje lleno de emoción, aquel que nos lleva a encontrarnos con los hombres que vivieron en estos lugares nada menos que 150.000 años.

Pasar dentro de una cueva prehistórica supone entrar en un reino de oscuridades que desde tiempos remotos sorprendian a los hombres que allí llegaban como nos impresionan ahora. Cada grieta o protuberancia tomaba vida con el movimiento oscilante del fuego, llevando al grupo a encontrarse con el corazón de la tierra, allí donde fundirse con lo creado, al propio centro de todo.

No sólo vivían bajo la protuberancia de la entrada que a modo de techado de roca protegía sus asentamientos, sino que cazan por todos los contornos, mariscaban, se dedicaban largos ratos a despiezar el botín, a sacar el máximo rendimiento de cada parte de sus presas con la industria lítica y ósea tallada que encontramos en las excavaciones, buriles, raspadores o azagallas.

El grupo estaba también organizado de manera ritual, las creencias compartidas por todos daban cohesión. El concepto de libertad de expresión no entraba en sus parámetros vitales, todo estaba dominado por el grupo y las practicas comunales y rituales los constituían como tribu.

Aunque hayan pasado tantos miles de años, y nuestras sociedades nada tienen que ver con estas tan antiguas, hay de repente cosas que nos llevan a sentir que somos los mismos hombres, que estos grupos de homosapiens son nuestros antepasados. Que nos podemos dar con ellos la mano, como siento al ver las manos pintadas en las paredes de la cueva.

Todavía hoy en día usamos las manos para expresar tantas cosas. Saludarnos, fijar algo entre nosotros, para expresar nuestro apoyo unánime a algo como ocurrió con las manos blancas en recuerdo de Miguel Ángel Blanco, un momento que supuso el principio del fin del apoyo social a los atentados terroristas de ETA.

Manos para recorrer las grietas de la cueva en sus galerías mas ocultas, donde tenían que avanzar muchas veces reptando como internándose de manera valiente en las entrañas del mundo conocido.  Las manos de los hombres de hoy en día que se unen para sentir el apoyo de unos para con otros, como símbolo de los que nos une. Lo que nos une hoy en día y con nuestro pasado mas remoto.

El coronavirus nos tiene a todos muy preocupados. El ritmo mundial, la economía, los transportes se van paralizando, el miedo comienza a reinar recordándonos los momentos de pánico por las pestes que recorrieron Europa durante siglos. El mundo intercomunicado en el que vivimos tiene estas consecuencias.

Los hombres que vivían en Puente Viesgo también se sentían amenazados, la ansiedad debía ser también algo habitual en aquel momento. La necesidad de buscar alimentos y de rogar para no se extinguieran los animales, las plantas, los peces que mantenían al grupo. Pedir ayuda a las fuerzas ocultas de la naturaleza mediante ritos, mediante chamanes que llevaran a cabo las ceremonias.

En estas celebraciones podemos leer el arte rupestre que admiramos en las cuevas. Para ellos entrar en las profundidades de las cuevas era un verdadero viaje al mas allá, donde las protuberancias de las paredes iluminadas por el fuego daban vida a los animales que pintaban, en una especie de imágenes con vida propia, al movimiento de la luz, del aire, del propio deambular del grupo. Como se ve en el bisonte pintado en el Castillo aprovechando una protuberancia natural de la roca, como también aparece en la cueva de Niaux en Francia. El hombre no sólo buscó y encontró la figura del animal, sino que contribuyó de manera decisiva a hacer que el grupo y ahora nosotros lo podamos contemplar.

La mañana parecía primaveral, la música de Frederick Delius (1912) con su juego de cucos, con los oboes, los violines y el clarinete parecía describir el campo. Primavera que se va intuyendo, saliendo del fondo de la caverna, reinando en un mundo que aun hoy en pleno s. XXI está lleno de ansiedad, como hace milenios.

 

 

 

 

 

LA PALABRA

 

Desde hace un tiempo cuando analizo la realidad política y social que nos rodea, muchos de los problemas, los rasgos de peligrosidad que intuyo me llevan a replantarme qué es la palabra, qué sentido tiene hoy en día. La palabra es aquella que materializa la realidad, la que define sus aristas y bucea por lo hondo de su contenido. Llena de un montón de matices que como poso del tiempo se van depositando sobre ella, en una herencia volátil que tiene y que la hace ser multicolor y llena de interés. Nombrar algo, es el proceso por el cual le damos vida.

¿Qué ocurre entonces cuando no dejamos a las palabras su verdadero lugar, cuando exponemos de ellas sólo la parte que nos interesa para nuestro razonamiento? Siento que lo que conseguimos se llama demagogia. Sobre todo porque esa utilización de una parte del significado como totalizadora, hace que se construya la casa sobre cimientos de falta de verdad. Así palabras importantes para la sociedad como patria, libertad, solidaridad, vida o pueblo van edificándose en terreno pantanoso.

Decía la gran poeta portuguesa Sophia de Mello Breyner  Andresen que “la verdad a medias es como habitar medio cuarto, ganar medio salario, como tener sólo derecho a la mirad de la vida.  El demagogo dice de la verdad la mitad y el resto lo juega con habilidad, porque piensa que el pueblo solo piensa a medias, …

Debemos buscar el verdadero sentido de las palabras, porque con ellas vamos viviendo, y nos acercan o alejan de su significado. Y en esta búsqueda la educación es la herramienta que nos permite aliarnos con la verdad y la libertad que a su vez nos hará libres.

Cuando no tenemos ese interés por las palabras, caemos en un uso estereotipado de las mismas, expresando ideas ya muy lavadas, desprovistas de verdad. Hoy en día todo esto va en aumento, al menos en mi percepción, porque se van sustituyendo las lecturas reposadas de libros por las descargas de las redes sociales que tienen ese deseo de que todos pensemos igual y que usemos las palabras y sus conceptos de la misma manera. Un rodillo de homogeneización que lleva a la violencia en el momento que alguien use las palabras de manera diferente, aunque sea por dotarlas de su verdadero y total sentido.

La palabra es el origen de la vida, como así nos cuenta el comienzo del Evangelio, y es en ella en la que podemos aprender desde la fe muchas cosas que se nos van revelando.

Tener palabra, es algo que siempre ha constituido la base de las relaciones humanas. Con sólo decir algo, esa palabra dicha unía, desunía, afectaba a las personas de manera automática, de forma que durante mucho tiempo lo dicho era ley, porque se basaba en la honradez de los que la habían recibido, en su honorabilidad. Hoy en día siento que esto está en desuso, hay que leer siempre la letra pequeña de un contrato porque puede ser que allí te estén engañando, o contando lo que estás a punto de suscribir de manera contraria a lo hablado.

Son los poetas los que desde antiguo han estado siempre a la búsqueda de la palabra. Decía Federico García Lorca que “la poesía era como una cacería nocturna”. Acercándonos a la poesía vamos a encontrarnos con la palabra y todo su reino, indagando en lo que nos dicen los poetas, nos encontramos también con lo que nosotros mismos nos planteamos. Poesía y reflexión, análisis de las palabras y respeto a su verdadero y amplio reino de significado.

Igual que creo que la actualidad no es sólo lo que sale en las noticias de cada día, que el color del cielo, la sequedad de un campo erosionado y el paso tranquilo de un madre con sus hijos, es lo que define el momento, creo que la poesía nos ayuda a pensar, meditando sobre el significado de las palabras entramos en un lugar libre y verdadero. Parece mentira que ya Teresa de Jesús hablara hace tanto tiempo de la necesidad de “andar en verdad”, en la verdad de nosotros mismos que definimos con palabras.  Decía Sophia “ Iba y venía/  y a  cada cosa preguntaba/ qué nombre tenía”

 

El centenario del fallecimiento de Benito Pérez Galdós y todo lo que imaginamos que va a mover, es para los lectores de su obra una buena noticia en medio de tanta incertidumbre política y social. Poder volver a leer sus novelas nos brinda la oportunidad de abrir unas páginas vivas de la historia de España, la de nuestros paisanos del s.XIX que tanto se parecen a nosotros.

Esta cercanía con lo relatado, al margen de determinados aspectos en los que la sociedad ha evolucionado de manera enorme sobre todo en esta revolución de internet y los medios de comunicaciones de masas, se produce por el talento singular de Don Benito, que hace a sus personajes verdaderos arquetipos humanos de españoles en los que nos podemos llegar a encontrar retratados.

Me parece mentira tener que apuntar que Galdós es un escritor de una talla similar a Cervantes, y que esto sea algo que se pueda llegar a cuestionar. La literatura del s. XIX con autores como Balzac, Dickens, Tolstoi, a los que Galdós leía y admiraba, la música de Chopin, Falla y Albeniz, los cuadros monumentales de Sorolla, requieren volver a situarse en el verdadero lugar que ocupan en los lectores, los que amamos la música y disfrutamos con las exposiciones y museos. Las vanguardias del s. XX, se impusieron sobre tanto acierto y belleza, en el culmen de lo que el hombre puede hacer artísticamente, oponiéndose y haciéndonos ver que lo superaban. Esto desde luego para mi, no es así, las novelas de estos grandes escritores decimonónicos son el culmen de la novela, por su belleza formal, el uso del léxico, los retratos de los personajes tan depurados y certeros, las tramas y todo el ambiente que reflejan, siendo cuadros vivos de la historia y sobre todo del alma de los personajes y nos regalan las llaves para abrirlos en cada lectura.

Y analizando un poco la trayectoria de las novelas de Galdós, nuevamente aparece en el comienzo de su tarea como novelista el empuje de Cervantes, curiosamente en la novela de Dickens “Los papeles póstumos del club Pickwick” que él tradujo al español desde la versión francesa de la obra, y que se publicó en el periódico “La Nación” por fascículos. Una novela inglesa que toma el argumento interno del Quijote, actualizando así nuestra literatura.

Don Benito fue un hombre inquieto, siempre atento a lo que ocurría a su alrededor con un bloc de notas en sus manos paseando por las calles de Madrid, fijándose en los personajes para luego construir en su casa a Fortunata, a Tristana, la Miau, el señorito Villamil… Trabajador infatigable, escribía desde que amanecía, y dedicaba el día junto con los paseos de exploración social, a la lectura, siendo lecturas recurrentes y habituales, Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurípides.  Gran amante de la música, disfrutaba con los conciertos, interpretaba algún instrumento y llegó a ser crítico musical. Descuidado en el vestir, como quien quiere pasar desapercibido para observar, paseaba con su gabán negro, bufanda blanca y su perro alsaciano.

Galdós admiraba a Balzac, sus Episodios Nacionalesse estudian en relación a “La Comedia Humana”, aunque la descripción social de Galdós es mucho mas completa, centrándose en todas las clases sociales, frente al gusto del francés por la alta sociedad que aparece en su obra.

Pero la manera de contar las cosas de Galdós nos recuerda  a los lectores mucho más a Dickens, sobre todo en los diálogos como cuando retrata un personaje, ya que utiliza en su conversación determinadas palabras que suele repetir en su hablar y que lo van describiendo. Así como esa capacidad de mostrarnos de cada personaje su pasado en pocas líneas.

Muchas cosas podemos aprender de Galdós, como escritores su método al poner su taller de trabajo en la calle y en ir recogiendo la vida que cada situación nos va relatando. El ritmo imparable de trabajo y el interés por lo que nos rodea. El análisis de las situaciones, la política del momento que tanto se parece a la actual, el modo de escribir tan afinado en forma y en fondo. Pero, sobre todo, con él vamos a disfrutar, cogiendo una novela y yendo de su mano por las calles y casas de la España que todavía se encuentra en pie.

 

 

EN NAVIDAD

 

Las Navidades tienen para mi una especie de muelle automático del recuerdo. Un cable que me une de manera profunda con mi propia familia pero también con la historia en un sentido mucho mas amplio. Y es que los estudios históricos nos hablan de nosotros mas de lo que podemos pensar.

El origen de cada elemento de la navidad se hunde en lo mas antiguo de la humanidad que en estos días de diciembre se encuentra triste, harta de tanta oscuridad y celebra con alegría la llegada del nuevo sol que vaya calentando todo un poco, en el solsticio de invierno. Decoraciones, felicitaciones, música que nos llevan a momentos pasados donde encontramos su sentido y significado.

Uno de los elementos en los que siempre me fijo en estos días, es en la música navideña. Quizá por la hartura que me producen los carols anglosajones que nos bombardean en cada esquina, y que hacen de estos días de navidad un motivo de negocio y de marketing. La tristeza al ver cuales son los villancicos mas oídos en estos días en las listas de reproducción, colapsadas por Mariah Carey y todos sus imitadores.

Me fijo en la música, porque siento que es lo que levanta de manera mágica la navidad en nuestra vida. Se crea en un momento para nosotros y está viva moviéndose. Decía Goethe de la música del gran J. S. Bach que era un profundo soliloquio con la esencia humana. Una voz que nace en los genes y que se revierte en la naturaleza. No sólo en las cantatas navideñas tan bellas como las suyas, creadas para esta introspección personal en el reino de la navidad, sino también en todo el elenco de nuestros  villancicos. Oír estos días alguno de los que aparecen en el Cancionero de Upsala del s. XVI como “ No la debemos dormir” o “ Verbum carum factum est” , nos une en este viaje hasta el fondo de nosotros en navidad, con la línea tan pura como sencilla del canto acompañado de vihuelas, panderetas, salterios. Autores como Juan del Enzina, o Cristobal de Morales, una belleza que recomiendo a todos.

La música es además una auténtica medicina que nos cura muchas cosas, también los excesos de estos días, la hartura de tanto lio, gasto y compras. Así lo vio la reina Isabel de Farnesio cuando nadie sabía cómo curar la depresión del rey Felipe V. Mandó llamar a la “estrella del rock “del momento, el castrati Farinelli, para que fuera su canto angelical el que obrara la sanación. Estuvo el cantante mas de 3000 noches cantando en el dormitorio del rey y la música bellísima de autores como Scarlatti, Jomelli, Handel, Caldara, lo consiguió.

Estos días estoy también impresionada con Scarlatti, músico de la corte española que no sólo compuso mas de 500 sonatas para clave, bellísimas y únicas, sino mas de 800 cantatas para amenizar la corte del rey, muchas de ellas de navidad. Algunas tan bellas como las de Bach. El destino quiso que Scarlatti naciera el mismo año que Bach y que Haendel, uniendo a estos tres geniales músicos.

La corte española desarrolló un programa de ópera muy completo, hoy lo llamaríamos “temporada de ópera”, y tenía como eje central las fiestas de navidad, extendiéndose desde el cumpleaños del rey en septiembre, hasta fines de junio con recesos para cazar o atender asuntos de estado.

De los fastos y la belleza de la música de la corte, bajamos en un momento a otra navidad pintada con otros colores, mas auténticos. Al color marrón de los hábitos de nuestra Santa Teresa y de sus conventos. En estos días de navidad en los que las monjas tienen que festejar el nacimiento del Niño Dios con lo mejor de si, eligen algo que no vale económicamente nada pero que abre todo con su presencia, la música. Ya  SantaTeresa compuso villancicos para cantarlos, bailarlos y representarlos en estos días y dejó una costumbre que llega en las clausuras hasta hoy.

Rebuscando debajo de todo lo que me aplasta de la navidad impuesta, me encuentro con su verdadero sentido, el amor. La navidad es amor, el que hemos sentido en nuestra propia vida y familia, y el que queremos dar a los demás en forma de abrazos, felicitaciones, decoraciones, villancicos. En medio de los trabajos de cada época de la historia, la navidad llega con su mensaje limpio: el amor. Busquemos dentro de nosotros lo mejor que tengamos para darlo en estos días, y dejar que el cable de la navidad auténtica llegue a nuestros hijos y familia, a los amigos y a todos los que nos rodean.

Me encantaría tener una voz como la que curó al rey para cantaros un villancico, y dar así mi felicitación a todos desde lo hondo del corazón.