Tengo estos días unos pedidos de acuarela y estoy dibujando , disfrutando también.  Y me sorprendo con todo el proceso creativo viendo cómo el agua lleva las partículas de la pintura y va moviéndose por ahí, mientras con las brochas voy dirigiendo su lengua de color.

Y luego se seca, y  es otra cosa, parece que dibuja formas llenas de texturas y de color.

La música de Hildegarda de Bingen en la citara salterio de Catherine Weidemann y la voz de la soprano Margarida Barbal .

Todos los que nos acercamos de una manera u otra a la figura de Hilegarda de Bingen nos quedamos fascinados con ella, su ingente y variada actividad en tantos ámbitos de la vida, teología, medicina, astronomía, y  la música.

Fue abadesa creando conventos para monjas benedictinas desde un monasterio masculino. Fue líder monacal, médica consumada cuyos tratados y recetas aún asombran cada día a los médicos actuales por su intuición y eficacia terapéutica.  Fué profetisa y mística y así se la conoce como la profetisa teutónica.

Es considerada como una de las mujeres mas fascinantes de la historia, polifacética en plena edad oscura del medievo, hablamos de  la Baja Edad Media, ( 1098, 1179 d. C)

Dotada de una cultura extraordinaria estuvo también muy comprometida con la reforma de la iglesia

Hildegarda nació en Bermesheim, en el valle del Rin en el seno de una familia noble alemana que al ser la décima de sus hijos la ofreció a la iglesia como diezmo desde su nacimiento. Fué entregada para su educación religiosa a Judith de Spanheim a que llamaba Jutta, quien la instruyó en el rezo del salterio, leyendo en latín.  durante estos años  leyó las Sagradas Escrituras y se formó en el canto gregoriano. Durante este momento con Jutta en el que vivieron en el castillo de Spanheim debió aprender a cantar, a tocar instrumentos como el salterio y a ver el poder interior del rezo cantado de los salmos como puerta de entrada en la interioridad habitada por una luz que ella veía siempre lucir.

Ella llamaba Luz Viviente a la presencia de Dios en su alma, y este es el titulo que la profesora y citarista Catherine Weidemann y la soprano medievalista Margarida Barbal han dado a este CD con música de Citara salterio y voz sobre las partituras y los textos de Hildegarda.

Hildegarda fue la compositora mas prolífica de melodías monódicas. Eran cantos que para ella se inspiran sólo en Dios. Por ello abren una puerta a un universo cósmico, que aparece reflejado en sus textos, reflexiones y profecías.

Tengo la enorme suerte de disfrutar tocando la citara salterio donde he descubierto este mágico mundo que los sonidos crean en su trayectoria infinita. Creo que elegí y busqué durante mucho tiempo un instrumento así, que tuviera esta peculiaridad de tener sonidos que fueran sonando de manera sostenida y hasta el final para dejar sobre ellos los salmos de cada día.

Catherine Weidemann es mi profesora de cítara salterio y con ella estoy aprendiendo y disfrutando con este instrumentos que lanza su origen hasta la antigüedad, hasta el mismo momento de componer los salmos.  Utilizar el salterio como elemento de meditación  para avanzar por la senda de la paz. Catherine compone para este instrumento que ama y sobre todo improvisa dejando que todo el cuerpo acompañe  al sonido que está ligado intrínsecamente al interprete.

Margarida Barbal, soprano,  citarista también de la escuela de Catherine es profesora de la ESMUC de Cataluña, la escuela superior de Música de Barcelona y también tiene un gusto especial y una formación como soprano especializada en el medievo.

Este CD es una belleza, y nos ayuda a entrar en ese mágico mundo que Hildegarda, Catherine y Margarida nos muestran, nuestro propio cuerpo como instrumento que puede sonar al unísono con el camino de la vida, dentro de nuestra propia piel.

Se puede  comprar en la universidad de la Mística CITeS de Ávila.

Piezas:

O choruscans lux stellarum ( fulgurante luz de las estrellas)

O quam pretiosa. (! Cuan preciosa es la virginidad de este Virgen!)

O nobilissima viriditas ( nobilissimo verdor)

O frondes viga ( Vástago frondoso)

Quia ergo fémina ( …porque una mujer)

Poder transmitir todo mi amor por las flores naturales, las ramas, musgos, piedras, helechos a personas que tiene entre su trabajo hacer de las estancias de sus huéspedes momentos inolvidables, es un verdadero gusto.

En las Instalaciones de los balnearios de Castilla Termal la atención a sus clientes para hacer de su estancia una experiencia inolvidable, es muy fácil, por la belleza de los balnearios ubicados en lugares tan especiales , llenos de arte y patrimonio como este de Valbuena. Ubicado en la orilla del rio Duero y rodeado de campos de viñedos que producen los famosos vinos de la denominación de origen Ribera del Duero.

En Donzoilo estamos encantados de poder hacer estos talleres , diseñando arreglos especiales y muchas ideas para hacer de los hoteles y balnearios lugares para disfrutar también de los detalles naturales y sensibles, que hablen de la época del año y del entorno natural de estos enclaves. Las decoraciones florales,  los pequeños detalles naturales hablan mucho de la organización y la filosofía de base de quien los coloca, y no nos damos cuenta muchas veces que con nuestras decoraciones podemos dar un mensaje contrario a la visión que queremos transmitir.

En un ambiente de trabajo, con un grupo de mujeres muy jóvenes y emprendedoras el taller se desarrolló de manera muy activa y amigable. Mil gracias a todos.

 

 

 

Tengo la sensación de llevar a en la espalda un saco muy pesado llamado mes de junio, con toda su carga. Es un mes mucho mas denso que cualquier otro, quizá porque aquí en Ávila nos desesperamos al ver que el verano no llega y que el frio nos acompaña hasta la cama cada día.

Surge ese deseo de fin de estación, que tal vez explique con qué gusto me he lanzado a la lectura del libro de la poeta Anne Carson “Tipos de agua”, El camino de Santiago.

Poder iniciar un nuevo camino hace que cada día y todos sus momentos se vayan perfilando de manera nueva. Supone vestirse un traje, el de peregrino y comenzar a andar por ahí.

Anne me cautiva en este libro por muchas cosas, su manera libre y radical de escribir, concisa y esencial. Por contar una aventura en forma de camino con imágenes nuevas que arrancan desde ella misma, sin la necesidad de anclarse en las metáforas de otros para avanzar. Por el encabezamiento de cada capítulo, paso a paso con un texto japonés de distintos autores, Zeami, Tanizaki, Shikibu, Basho, que me va familiarizando con ellos, samuráis, poetas, profesores, en una cultura que voy descubriendo muy parecida a estos caminos rotundos, sobrios y llenos de belleza. Los libros tienen esta peculiaridad del pegamento, de unirnos a otras personas, circunstancias y paisajes.

 

El camino de Santiago es para los peregrinos una aventura iniciática que nos conduce hacia otro lugar, sacándonos de la rutina que envuelve la vida diaria. Supone vestirse un nuevo traje, el de peregrino y comenzar a vivir en el país de la sed ya siempre hambrientos. Supone zambullirse en el agua de la existencia, en una búsqueda de nuevos horizontes, redescubriendo cada pequeño objeto y hecho del camino como un regalo personal. Leyendo el momento a cada paso, sintiendo el cansancio físico que arranca de cuajo las preocupaciones cotidianas que antes de caminar tenía. Todo cambia de percepción. Parece que volvemos por momentos a ese reino de lo que somos que comenzamos e vislumbrar en la infancia que lejana aparece a veces al borde del camino.

 

Recuerdo también al poeta Czestaw Mitosz, al que al leer sus versos he visto siempre en medio de un lago, en el mágico entorno del Valle del Issa. Desde aquel niño polaco criado en el régimen zarista, que vivió en primera persona la revolución. Sus estudios universitarios en Varsovia seguidos del horror nazi del ghetto donde vivió. Cuando miraba por la ventana de su casa norteamericana de Berkeley el jardín, creía vislumbrar las viejas formas acuáticas de un paisaje tan lejano en el tiempo como cercano en su interior.

Comenzó escribiendo poesía, y este quehacer continuó dando cuerpo a toda su vida, jalonando este camino que iba acomodándose a sus pies.

Ceslaw fue una figura muy grande en Polonia, a donde volvió cuando cayó el telón de acero, y su estatua se encuentra en el monumento de Gdansk, lugar del nacimiento de Solidaridad, junto con el Papa Juan Pablo II y Lech Walesa. Pensamiento profundo en forma de versos, acción social bañada de compromiso por los demás y misión evangélica. Un grupo de ingredientes que hicieron que aquel camino se anduviera de verdad, mientras colmaron la sed y el hambre, a base de oraciones, versos y mítines.

En 1963 ya en la universidad de Berkeley, Ceslaw escribió en versos este camino al modo de Anne.” Menguan los ríos, menguan las ciudades, / Jardines hermosos muestran lo que antes no veíamos, hojas lisiadas y polvo. / Cuando hice a nado el lago me pareció enorme, si estuviera ahora por allí me parecería un lebrillo para afeitarme.

Muchas veces no me doy cuenta de la potencia vital de gestos que parecen sencillos, como este de iniciar un camino al comienzo de las vacaciones, cuando dejamos todo nuestro traje cotidiano y vamos por ahí más ligeros de equipaje, viendo cómo al volver somos seres distintos, transformados por el mismo camino de agua. Decía Kan –Ami, actor, músico y poeta japonés del s. XIV, ahora regreso a la casa en llamas pero, ¿dónde está el lugar donde solía vivir?

El mes de junio sigue muy frio, con la lectura a veces podemos encender el corazón y nadar.

Cruce de caminos

o cómo puedo ir detrás

de cada ola de pintura

que en el papel se ancla,

deteniendo la mirada

en pigmentos y agua,

en vueltas

sombras

y luz

 

 

 

LAS ROSAS DE ANTONIO LOPEZ  EN SILOS

 

 

Hay cosas que creadas con siglos de diferencia parecen encajar en un mismo puzle estético y vital. Me refiero a la exposición que el pintor Antonio López muestra en la sede de las Edades del Hombre en Santo Domingo de Silos. La sintonía de su obra con las piedras labradas del claustro, la silueta enhiesta del famoso ciprés, el cielo azul labrado sobre tierra rojiza de los campos de Castilla a finales del mes de mayo.

El camino por Castilla, las carreteras que serpenteando te llevan entre los campos que juegan al ajedrez con la mirada, arados y en barbecho, las pequeñas colinas rocosas y las cárcavas por dónde los ríos se cuelan en su correr. Y en medio de ellos la obra del hombre que se levanta como una especie de tributo a tanta belleza.

Mientras nos explicaban los capiteles y toda la iconografía, la delicada orfebrería que sobre la piedra trabajaron los hombres hace tanto tiempo, tuve un deseo de volver a aquella época, la paz conventual y la vida de los monjes benedictinos. Su laborioso trabajo en la biblioteca, la recolección de tantas hierbas para completar las recetas de la botica. Las reuniones en la sala capitular, las celdas y el frio que decoraba todo por allí.

El hombre y su búsqueda, la palabra y la paz, la proporción bella, la naturaleza al alcance de una acequia, y el canto gregoriano sonando entre las paredes desnudas.  Parámetros en los que no parece parase el tiempo. Eso es lo que sentí al cruzar una sala del Museo y entrar en la Exposición de Antonio López. La conversación con todo lo que veía se iba llenando de interlocutores porque la mayor parte de los cuadros del genial pintor tenían como protagonistas a unas rosas blancas que habíamos preparado en el taller de Donzoilo para el pintor y su esposa María Moreno hace unos años, cuando desarrollaba unos curso y talleres de pintura en el Palacio de los Serrano de la obra social de la Caja de Ávila.

Un puzle de sensaciones, percepciones y sentimientos. Es como si volviera Gonzalo de Berceo y me lo encontrara por allí. Mientras leo la Vida de Santo Domingo de Silos con la historia del santo, recordando cómo se representaba en teatros didácticos en el claustro. Viendo cómo estaba el escritor en su pupitre largos ratos, con las palabras para componer los versos alejandrinos dando cuerpo a la obra del Mester de Clerecía.

 

Leo la vida del santo en el Poema, y la de aquella ciega de Cornejana que llegó a su tumba que está en medio del claustro, y allí oró pidiendo la vista a Santo Domingo.  Cómo Sancha, que así se llamaba se curó para poder en vida cantar los laudes al Señor, mientras el lazarillo que desde el pueblo la acompañaba daba gritos de emoción por el milagro.

Es como si me fuera a recolectar a las huertas del Monasterio las hierbas para curarla, aprendiendo cada remedio y tisana, volviendo la vista atrás a los conocimientos que tras de las bellas ilustraciones botánicas se esconden.

Un puzle conventual y poético, con las voces de Gerardo Diego cantándole al ciprés, lo natural y verde saliendo como flecha en medio del reino de la piedra. En esos versos tan elocuentes, “enhiesto surtidor de sombra y sueño, que acongojas al cielo con tu lanza”.

Puzle con el presente, el paseo por los claustros y las rosas de Antonio López que van cuadro a cuadro mostrando aquello que sólo lo natural y vivo pueden regalarnos, su transformación, el ritmo de las horas, de los días y minutos. En dialogo con el claustro solemne e inmutable, las rosas se abren y van lienzo a lienzo viviendo para morir, delante de los ojos del espectador que sabe en lo hondo de su corazón lo que esto significa, el paso del tiempo y la belleza efímera de las cosas.

Es increíble lo que la vida a veces nos regala. Un paseo por Castilla y por una de las bellezas del románico, parecen fundirse como dos amantes, las rosas que se van deshojando, lo tierno y lo pétreo, le paso del tiempo en un lugar eterno de cientos de años y de millares de pasos por allí. El cielo se estampa en las raíces del ciprés que escala alturas, y el trabajo de la floristería se junta con la obra de un autor único que dibuja la vida a golpe de pinceladas sueltas que en la distancia se convierten en matices y en luz.

 

La Naturaleza nos devuelve a nuestra casa interior – Mª Ángeles Álvarez Sánchez, poeta y escritora

Maribel Orgaz – info@leerenmadrid.com
Mª Ángeles Álvarez, poeta y escritora, experta en arte floral presenta el próximo martes 30 de abril en el episcopio de la Catedral de Ávila, su primer poemario; Y el aire al soplar, Editorial Cuadernos del Laberinto. Directora de la Casa de la Poesía en la Universidad de la Mística de Ávila, es autora de los libros de arte floral y pensamiento 31 meditaciones con flores sobre los textos de Teresa de Jesús (2012) y Un Castillo lleno de flores (2015); su página personal es una de las más hermosas que pueden encontrarse en Internet en español.

Hay una armoniosa conjunción en tu obra de Naturaleza y poesía. ¿Aún necesitamos desarrollar, como sociedad, esa otra inteligencia llamada biofilia

Creo que los españoles tenemos un largo camino que andar en relación con la naturaleza. Al lado de consideraciones ecologistas hay que poner las vivenciales y de dialogo personal con lo natural. Esto lo saben muy bien los japoneses que conciben todas las flores, las ramas, los musgos como elementos necesarios para su equilibrio interior porque les devuelve por minutos al campo, lugar de encuentro con nosotros y foco de estabilidad y belleza.

La naturaleza seguimos considerándola como un marco, un paisaje de fondo, no como el interlocutor que nos devuelve  el equilibrio interior y que es fuente de disfrute y belleza.

En estos días, salir al campo y estar atentos para contemplar ¿qué flor?

Salir al campo todos los días para ver el paso de las estaciones, los brotes, cada luz que se desploma en las hojas, las cortezas que se llenan de musgos. Y hacerlo de manera abierta y contemplativa, que sea la naturaleza la que nos vaya diciendo, y nosotros dialogar con ella por dentro para ir construyendo nuestra propia voz y poesía vital. De manera libre, desprendernos de muchos prejuicios es una tarea a iniciar, cuando vemos que son tan bellas las flores silvestres del borde de las cunetas como las rosas del parterre botánico, la genista vencida por el aire, los troncos llenos de sedum y las piedras de un camino polvoriento lleno de achileas.

Por qué el auge de la poesía en tiempos no precisamente poéticos.

La poesía es el arte de la palabra mágica, la indómita y llena de potencia. En lugares donde el tiempo y el silencio son bienes escasos por el ritmo de vida, los poemas dicen mucho en pocos segundos. Y además son palabras explosivas, dicen de nosotros los poetas y también mucho de los lectores que van por caminos diferentes con nuestras palabras. Nos hacen reflexionar envolviendo de rima, belleza, imágenes, matices, la vida diaria que es un poco monótona y monocolor. Por eso los jóvenes siguen detrás de la poesía. Y se impresionan al seguirla, al aprender a dejarla libre por ahí.

Si la poesía es intensidad, ritmo y voz. Qué es la Voz.

Cuando abrimos las puertas y entramos en el camino de la naturaleza, de su contemplación, caminando por nuestra propia vida y persona con flores y ramas en el dialogo, nos podemos encontrar con esa Voz que nos lleva y nos maravilla. Es nuestro propio interior, pero enriquecido por la contemplación de lo natural que comienza a hablarnos y a construir nuevos reinos por dentro, haciéndonos como peregrinos de su estela, caminantes, como los monjes zen escritores de Haikus o las canciones del Cantico Espiritual de San Juan de la Cruz.

Citas a San Juan de la Cruz que es un poeta muy especial para ti, cuáles son o serían sus flores.

San Juan es un poeta en continua admiración hacia lo natural. En su vida recorrió a pie miles de kilómetros, y cuando llegaba de un exhausto trayecto a un convento, rápidamente salía al campo cercano a contemplar. Todo era para él regalo, “todo es mío y todo para mi”. Sus flores son las que aparecen en el Cántico, los rosales, los mirtos, los dientes de león, los collados llenos de aromáticas y los valles al lado de los ríos con sus violetas. Una poesía que está llena de aromas, a menta, a arroyo que va bajando entre rocas, a árbol de vida florecido, musgos… Un paisaje que se llena de cada florecilla de las estaciones del año que al lado de sus pies descalzos él contemplaba emocionado.

Rousseau herborizando feliz en la isla de la isla de Saint-Pierre…

Cuando me encontré las Ensoñaciones de un paseante solitario descubrí al verdadero Rousseau, mientras paseaba con él.  En sus paseos comienza a recoger su espíritu, perdiendo el recuerdo de sus dolencias y problemas y entrando por otro camino donde está la verdadera felicidad para el ser humano. En camino de la contemplación que es una aventura personal llena de potencial renovador, donde dejamos que sea lo natural lo que nos devuelva a la casa interior de la que salimos con tanta frecuencia por el trajín de la vida y el estrés que ello nos proporciona.

Y el aire al soplar
MªÁngeles Álvarez

Editorial. Cuadernos del Laberinto

Al levantar los ríos
los enredaste
en el cielo.

Las algas
se confundían
con las estrellas,
y todo el reflejo
de la luz sobre el agua
se hizo nube.

Y paseaban sobre mi
que miraba
su fuga
en su ascender
entre los árboles.

 

María Ángeles Álvarez es una poeta, arqueóloga e historiadora apasionada por lo frágil, por lo insignificante, por lo pequeño que cumple la misión de dejar la huella de lo sagrado en el mundo. Así lo manifiesta en su reciente poemario Y el aire al soplar, publicado por “Cuadernos del Laberinto” donde, con un lenguaje depurado, rescata aquellos instantes que pasan desapercibidos para la mayoría, pero que llamados por su nombre hacen de la vida un lugar habitable. Una “gota de lluvia/ que colgando de un cable de luz/ sobre el precipicio se balancea”, por ejemplo, una leve sombra de lo que se nos impone como algo pasajero que apena influye en el discurrir de nuestros afanes. Pero cuya suma puede construir una colección de imágenes que salven, al final, de lo turbio y de lo oscuro que nos rodea.​​

Los elementos de la naturaleza dialogan profundos con el poema. No es de extrañar que así sea en alguien que está dedicada a uno de los oficios más hermosos del mundo, el de cuidar de las flores. El aire que sopla revela en su danza toda la luz que le acoge: “Y el aire al soplar/ podía desprender/ el lengüetazo del sol/ sobre las hojas”. Todos esos elementos forman un coro que acompaña al sujeto lírico que tiene una conciencia profunda de pertenecer al mismo mundo que ellos simplemente por el hecho de poder ser consciente de su existencia.

También los espacios naturales le sirven a la autora como modo simbólico de hablar de su vida, de sus relaciones humanas, porque no hay nada más expresivo que la vida hablando de la vida. Con versos cortos, a veces constituidos por un solo término, como fogonazos que dejan su impresión en la retina, acumula su verdad: “Quise que fueras rama/ y flor/ y fruto maduro,/ mientras tú/ mirabas/ las raíces/ que lentamente/ regalabas/ a/ mis/ pies.”

El poemario suma, de este modo, espacios simbólicos con espacios reales, en una danza rítmica de la que participa quien lo lee. Universo humanizado que se hace uno con las acciones de quien lo habita y viceversa (“No sé cuándo/ plantaste/ tu árbol/ aquí), en una fusión que le debe mucho a ese “Cántico Espiritual” de nuestro místico más amado, alguno de cuyos versos encabezan el libro. Igualmente comparten los poemas con el fontivereño toda su simbología aérea: “Y entonces/ un pájaro se posó/ en su garganta/ y comenzó a cantar”. El ascenso y el canto, la luz y el vuelo. Y también la salvación y la necesidad: “Son las palabras,/ aves en vuelo/ que a veces pasan/ cerca/ y de sus alas/ se escapan/ surcando la frente,/ descansando/ en ella”.

Pero como ya he adelantado, de entre todos los elementos de este poemario destacan los temas sanjuanistas, a veces explicitados por las citas que encabezan algunos de los poemas: las aves y su vuelo, el jardín, el diálogo entre los amantes,… y también la palabra desde sus múltiples perspectivas. La unidad lo preside todo. Lo alto y lo bajo se funden en quien contempla el universo como si fuera uno en su interior: “Al levantar los ríos/ los enredaste/ en el cielo.// Las algas/ se confundían/ con las estrellas,/ y todo el reflejo/ de la luz sobre al aguaCaudex/ se hizo nube.// Y paseaban sobre mí/ que miraba/ su fuga/ en su ascender/ entre los árboles.”

Es, para concluir, Y el aire al soplar un hermoso poemario con fragancia de haikus y conciencia de la necesidad del tiempo y la entrega en los procesos: “Para ser barro,/ utuoso y pardo,/ el que deja los pies manchados/ y la memoria turbia,/ hay que dejarse/ moler”, o “Firmas con tu luz el cielo/ mientras te enraízas profundamente/ en el vuelo”. La naturaleza en estado puro es el contexto en el que germina un poemario caracterizado por el fulgor de hermosas imágenes de todo tipo, si bien destacan las de la relación entre entre la amante y el amado (“Tiene tu música/ salmos por dentro/ y su pulso va marcando/ mis horas,/ entre rocas,/ entre mares”), entre las que cobra importancia la imagen del árbol como elemento simbólico en torno al cual la autora logra generar bellos símiles: “Soy así,/ invasiva,/ llena de raíces/ que van conquistando/ tu agua”.

Entre los recursos utilizados predominan las anáforas siempre sugerentes e intensificadoras (como en este poema tan evocador del cuarto evangelio: “Si pudiera dirigir el aire […] Si pudiera dirigir el viento [,,,] Si pudiera dirigir el agua […] Si pudiera dirigir el curso/ de tu agua,/ ya no tendría sed.“). También otros juegos fonéticos, como el eco, con los que se consigue además resaltar la semántica hermosa de sus términos (“Un sonido/ que es un nido “); igualmente la paranomasia o semejanza fonética (“que surgió/ un día/ en medio/ del miedo”), la anadiplosis combinada con la aliteración (“Pradera oscura,/ oscura caverna,/ donde a veces/ aúllas cantando”), y tantos otros que muestran el perfecto dominio que su autora tiene del lenguaje, y de sus recursos retóricos.

Este año he diseñado unas mariposas  para la inauguración del Festival del Piorno 2019 : las realizamos con otros diseños y arreglos en el taller que desarrollamos el día 16 de mayo, en el programa del Piorno en flor que desarrolla ASENORG.

Ya antes de ir a impartir estos talleres en Gredos, para impulsar el amor hacia las flores silvestres, la emoción de vivir en sitios tan privilegiados como Gredos, y empujar el trabajo y la colaboración de los vecinos, ya estoy llena de piornos en mi interior. Es el primer paso, piornizarse,… que significa dejar que toda esa belleza natural entre por dentro, me relaje y me haga disfrutar con su colorido, aroma y silueta toda llena de dulzor amargo.

 

Elegí unas mariposas de papel para que en su sencilla imagen todos volásemos un poco sobre la vida, disfrutando relajadamente de lo que la naturaleza nos regala a cada poco. La actitud de ir por ahí mariposeando, oliendo, posándonos entre flores, arbustos y musgos.

Ver a los vecinos cómo se acercan a estos talleres, en este caso en Navalperal de Tormes, un precioso enclave de la Sierra, con unas vistas increíblemente bonitas. El Aula de la naturaleza donde se desarrolló el taller parecía que estaba dentro de un jardín botánico de piornos, allí salíamos acoger algunas flores, y me parecía increíble cómo todo esta colocado y diseñado con tanta gusto,… por la madre naturaleza.

Las señoras de los pueblos disfrutaron haciendo mariposas, delicadamente pusieron el nombre botánico a cada especie de piornos, realizaron jarrones y arreglos con Moss de manera vegetativa, ramas, cortezas, musgos,… setas.

Dejamos nuestros deseos a los que iban a participar al día siguiente en la inauguración, en forma de arreglos. Piornos como plantitas para ir recreando en nuestros pueblos, jardines, rotondas, entradas de localidades, terrazas, la belleza de esta flor. Cuidándola como lo que es, una verdadera reina,…

Siempre es un gusto coger la furgoneta de Donzoilo y lanzarnos a Gredos, sentirme así, madre pionera, semilla del amor por las flores silvestres,..un regalo de la vida.