Este año hemos celebrado la primera comunión de mi sobrino mas pequeño con mucha emoción. No sólo porque ya sabemos que es la última de la familia, y vamos sintiendo cómo va pasando la vida a gran velocidad, sino por el sentido que tiene esta celebración en la familia, porque por todo lo vivido damos mil gracias a la vida y al Señor. Parece que fue ayer cuando fueron nacieron nuestros hijos, y comenzaban a dar sus primeros pasos.

 

Elegimos una gama de colores y flores llenas de alegría y de acción de gracias por todo, en gama amarilla y blanca con un pequeño golpe azul. Con flores de temporada llenas de toda la frescura de la primavera, tulipanes, ranúnculos, narcisos botánicos, genista, achilea. La vista de los prados floridos en una explosión de color y belleza me inspiraron el colorido, todo parecía estar dentro de la misma paleta de colores, el campo, la finca, el salón de casa. Y el ceramista  Jami de Arenas de San Pedro nos hizo estas preciosas jarras y mieleras con una decoración de mimosas sobre blanco. Los cocineros de Villafranca con el chef Coke al frente llevaron adelante la cocina, en un menú delicioso. Flores de Donzoilo, y largas tertulias mientras el día iba pasando feliz entre todos.

  

Son las comuniones unas celebraciones preciosas para las familias,  nos unen alrededor de los niños, y todos volvemos a ser un poco mas pequeños al recordar nuestra primera comunión. La vida aparece entonces como en una larga frase que vamos escribiendo poco a poco entre todos. Y arranca en el pasado, y echamos tanto de menos a nuestro padre Antonio, que sólo su recuerdo nos aprieta tiernamente el corazón, mientras damos las gracias por él y por todo.

Recordaremos siempre a mamá cantando, a los pequeños jugando y saltando entre las encinas, la música, los profesores de guitarra y batería, el menú y el horno calentando el salón. Es ya parte de nuestra vida y ahí se quedará como testimonio y amor.

 

La vida irá avanzando, y los niños de comunión dentro de nada se convertirán en adolescentes con todos su altibajos y alegrías, en jóvenes en busca de su lugar en la vida y en su propio interior, en padres, abuelos, con el testigo en la mano, ese que nuestros antepasados nos han dejado. El testigo de la fe, de la confianza, del amor, de la paz  que cada día construimos o vamos machacando con nuestra actitud y testigos al fin del compromiso. Avanzando como familia, como comunidad, parroquia, vecindario, amistad, solidaridad, todo aquello que cada día pone en nuestros ojos y que conmueve el corazón.

Estos momentos son aquellos  en los que abrimos la puerta de esta parte intima de nuestra vida y nuestro ser, en los que miramos por dentro nuestra existencia, sintiendo que son los verdaderos regalos de estas fiestas. Nos miramos y vemos muchas veces nuestras debilidades y fallos, el no estar a la altura de lo que la vida y la familia quiere de nosotros,  de lo que necesita de nuestro amor y entrega. La debilidad para defender lo importante de la existencia al atarnos a muchas cosas que nos esclavizan y sobre todo nos nublan el  corazón, y nos hacen entrar en un mar lleno de salitre que mas que darnos de beber, nos seca y nos va matando. Pero también vemos lo que somos de verdad, nuestro empuje, sensibilidad, tesón, trabajo y energía. Vemos que somos capaces de avanzar como hermanos, hijos, amigos y como familia. Estos días llenos de luz son ese motor.

De estas fiestas he sacado una especie de red toda llena de frutos, muchos de ellos regalados pero que siento que tengo que ir colocando en la vida, en cada persona y situación, para ser coherente conmigo misma.  El mayor fruto es la misma comunión, que poco a poco siento que va transformando la existencia, haciéndonos ser realmente seguidores de aquel joven que sólo nos dejo una palabra para que nos acompañara y ayudara a seguir con nuestra vida y dificultades, la palabra amor. De un joven que nos llama amigos, y que transforma en el amor cada vida y cada camino en ella. La primera comunión es importante, pero siento que la segunda, la tercera,… son aun mas valiosas, porque con ellas vamos caminando por esta puerta que se nos abre y el paisaje va cambiando al ritmo de la existencia.  Cada una lleva su propio alimento, como cada día lleva su propio trajín, sus líos, alegrías y sufrimientos. Un camino que comienzas a recorrer  en este día y que no sabemos por donde nos lleva, querido Beltrán. Cada día está lleno de emoción, y de empuje para superar cada contrariedad y sufrimiento.

Los tulipanes son las flores del amor, de la amistad, y su lenguaje lleva algo en este día: lleva la palabra recuerdo y permanencia. Recordaremos estas fiestas familiares llenas de alegría, y sobre todo de amor. Y podemos permanecer en ellas en cada eucaristía vivida en el amor.

 

 

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La mañana está heladora , a mas de 7 bajo cero hace un poco. Y abro un texto que parece que hoy se me regala, y me impresiona porque viene viajando hasta mi desde hace tanto tiempo, desde el siglo V d. C.

 El sol sale cada día sobre todos y 

me invita a mantenerme serena en mi interior,

a dejar de lado las querellas,

a volver a la oración.

 

No discutas con nadie, me dice,

deja a un lado tanto lío,

no te enfades con nadie,

ora por quien te cuestione o moleste.

No vayas a plantarle cara, no de manera violenta.

Habla en el fondo de tu corazón a Dios de él.

 

No digo que calles,

sino que escojas el lugar para hablar

y mira que yo también estoy ahí.

Mírame en el silencio.

 

Donde no te ve tu adversario, sé bueno con él,

y deja que hablé  de ti todo lo que quiera, que se relaje

que aunque este enemistado contigo,  es tu hermano.

 

Reconoce en tu interior, mi signo.

 

¿Porqué no reconoces el lenguaje

que tienes en común conmigo, amigo, hermano, compañero, esposo, hijo, vecino?

 

Reconozcamos el lenguaje que nos une,

hay una sola paz

y esta sólo se levanta si tu y yo estamos juntos.

San Agustín ( 354-430 a. C)

Estas bellas y hondas palabras, estas reflexiones me hacen ir al taller de las flores, a pasear en medio del hielo recolectando aquellas hojas, ramitas y flores que del frío terrible se están liberando, soltando lagrimitas de hielo. Elijo los tonos que mas me identifican hoy, el color de la tierra, cálida y amarronada. Igual que este texto ha llegado a mis manos en medio del hielo de la mañana, así siento el deseo de enviaros a vosotros todo este mundo profundo del amor y del perdón, de cómo puedo continuar con mi vida y salir adelante. Y uso el lenguaje de las flores, ese íntimo modo de comunicarnos que llega directamente al corazón, que nos hace ser realmente personas porque ponemos en marcha lo que nos hace serlo, nuestra capacidad de amar, de crear, de disfrutar de cada cosa que se nos da, el rayo de luz que sobre el hielo brilla, la familia con todos su colores, la amistad, la vecindad.

Sé desde hace años que con flores puedo deciros muchas mas cosas que con mis palabras.  Sé que si cojo un pensamiento helado con toda su carita de pétalos pintada a manchas y la pongo en mi mano y me dirijo a ti, tu sabes que te digo desde lo mas hondo y mas delicado de mi ser que pienso en ti, que te tengo muy dentro, que oro por ti también.

Sé que al ver las hojitas de las Heucheras con sus preciosos tonos granates, vas a pensar en ti, en mi, en nuestro propio ser que del barro de sus problemas, fallos, y ansiedades sale cada día, reponiéndose del hielo, asumiendo su belleza oscura y siendo al final un elemento natural radiante y lleno de belleza natural.

El tomillo te dice que te sigo con todos mis sentidos y que te encuentro mas allá de cada cosa, que tu aroma hoy veo que es así, agreste, dulce y a la vez profundo. El olor del tomillo  sobre el camino de mi vida, que avanza cada día.

Que hay elementos a veces que me elevan el espíritu, que como este texto me empujan hacia delante. Hay mas vida por vivir que el enfrentamiento con alguien. Hay vida y vida junto con ellos. Y poner a cada uno dentro de nosotros es ir considerando a cada poco que mi vida se complementa con la suya y mis colores se mezclan con los suyos y ya poco a poco puedo decir no suyos, sino tuyos, porque ya estás en este regalo de vida conmigo. Tu conmigo.

 

Es un regalo y es un circulo, una meditación, un paseo. Es eso que decía Teresa que es la oración, hablar con nosotros mismos, y con los demás desde dentro de nuestro ser, iluminados de la Vida que se nos regala, incluso en medio del hielo y de la depresión.

Reconozcamos el lenguaje que nos une,

realmente hoy siento que hay una sola paz,

y que está contigo siempre cerca.

Os dejo esta preciosa música para meditar un ratito,.. perfecta para este tiempo de Cuaresma…..Erbarme dich, mein Gott,

 

Erbarme dich, mein Gott,
Um meiner Zähren willen.
Schaue hier,
Herz und Auge
Weint vor dir bitterlich.
Erbarme dich!
 
Ten piedad de mí, Dios mío,
advierte mi llanto.
Mira mi corazón,
mis ojos que lloran
amargamente ante Ti.
¡Ten piedad de mí!

 

 

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POR DÓNDE VAGARÉ

Cuando me enteré de la muerte en septiembre del poeta norteamericano John Ashbery, (1927-2017) tuve la sensación de no haberle nunca entendido, de que por donde el “vagaba” yo nunca había vagado. Conocer las Consolaciones de Listz por él me había enganchado a sus cosas: yo tampoco me he consolado mucho con ellas, quizá un poco con las de tono menor. Considerado como uno de los poetas más grandes de la literatura actual, comparándole con Wallace y con Whitman, sus poemas me producían un torbellino del que me sentía fuera al finalizar los versos. Sabía que era un camino poético diferente, sentía que era también mío pero que algo me lanzaba fuera inexorablemente.

El otro día me comunicaron que los chicos de la Casa Grande de Martiherrero querían hacerme su embajadora. La impresión y la responsabilidad me ha lanzado de manera increíble a los brazos poéticos de Ashbery. Es como si ese “¿por dónde vagaré?” se hubiera convertido en mi interior en una especie de mantra.

Tengo esa sensación de que la maraña de palabras que de los versos se lanzan y que sentía como un vendaval sobre mí, ahora como ligera nieve van cuajando, levantándose y mostrándome su belleza y lo radiante de su verdad.

“Sigue una cosa a otro toldo en el horizonte de acontecimientos. Al marchar cambia una vida de tema. Tenían sentido unas cosas, otras no. No esperaba morir tan pronto. En fin, supongo que tenía que haberme tabulado de algún modo. Había hablado de escribir en tu pierna ,…” Heavy home, 2005.

La llegada a la Casa Grande de Martiherrero te traslada en un momento a otra época cuando era sanatorio para la tuberculosis. Esperas ver por allí enfermeras con cofias blancas y largas tertulias de enfermos en los miradores. El jardín con sus altos árboles, que dejan en el verde un montón de caminos laberínticos por donde vagar. Pero cuando traspasas de veras su puerta, comienzas a hablar con los cuidadores, monitores y los chicos, sientes que eso es lo grande que como adjetivo va a las espaldas de su nombre. De ser una casa de reposo y curación se ha transformado en algo grande, lleno de humanidad que palpita, porque los que por allí viven, los que trabajan cada día en estos largos salones, se quieren.

Hablamos en estos días mucho de amor. Una palabra que queremos que ocupe, como decía Wallace Stevens el lugar de una montaña. Allí la ponemos, y estos días prenavideños la decoramos con luces, la vestimos de regalos. Me pegunto qué es el amor, y en qué consiste.

Creo que podría escribir con todo en estos días de descanso navideño un poema al estilo de Ashbery. Usando imágenes impactantes, como piernas escritas con amor en cada sala de fisioterapia. Diciendo que los toldos que vemos desde la carretera son realmente tejados fuertemente construidos para proteger a este lugar de la inclemencia del tiempo, de la crítica, el egoísmo y la indiferencia. Expresaría de algún modo poético que muchas cosas no tienen sentido en mi vida pero que habitan junto a otras que poco a poco se van levantando como casas robustas: estar al lado de los más sencillos y necesitados tiene cada día más sentido y verdad.

 

Dice Andrés Ibañez que no se lee un poema como otro texto, novela o artículo. Un poema se lee, soñando. Pasan entonces las palabras a ese lugar de penumbra entre la luz y la ensoñación, un lugar que cuando lees así de manera profunda y dormida, se queda dentro hasta que un buen día algo los hace resurgir y tienes la certeza de que siempre han estado allí. Los títulos de los poemas de Asberry pertenecen a ese tesoro que se esconde en lo hipnótico de mi ser, como este “por dónde vagaré”. Leer un poema es ajustar los ojos a la profundidad a la que queramos mirar.

El otro día recorriendo el centro con su directora Pura Alarcón y con Esther Martín, viendo con sus ojos todo aquello, dejando que sus palabras y sus gestos tan llenos de amor me salpicaran, sentí que por estos pedregosos lugares de la sierra de Ávila, lo que la lectura de la vida nos deja es algo cercano al granito, a sus musgos y a la luz. A la verdad en palabras de Teresa de Jesús, que da también el nombre a todo. Y es que ella parece también vagar por estos lugares, como de la mano de estas amigas. Granito que brilla al sol más que un fino diamante, lleno de durezas y de belleza. Parece que sus palabras sobre esto aún nos salpican, la belleza de los seres humanos está en nuestro interior, y allí somos tesoros y hermosura. La de los que levantan este centro con su trabajo, apoyo y tesón. Los que ayudan económicamente, los que se acuerdan de ellos, lo que por ellos oran, los que trabajan en definitiva por la paz. Creo que todo lo que la realidad de este lugar nos envuelve, se queda vagando en el interior. Podremos escribir un día un largo poema lleno de inconexas palabras que como copos de nieve formarán una silueta. Una roca brillante de hielos en forma de corazón.

Articulo publicado en el Diario de Ávila el día 14 de Diciembre. 2017

Oración en forma de flores por la paz.

Diseño floral del Encuentro Islamo-cristiano: construir la paz. Universidad de la mistica. CITeS. Ávila  17-19 noviembre 2017

     

En este mundo tan lleno de conflictos, atentados y guerras, donde la intransigencia se va adueñando de muchas conciencias, levanto estas flores y comparto con vosotros una oración por la paz. Flores con las que voy construyendo este diseño floral, flores que son ahora palabras con las que dibujar , con las que meditar un rato, con las que orar al Padre creador del Universo.

Hablar decía Teresa es orar,

descubrir que todo arranca de dentro,

que allí, en ese jardín del alma

es dónde tenemos que construir,

plantar y cultivar la paz.

 

Encuentro y vida,

arrancando a caminar por otras sendas,

sintiendo que mi camino se parece al tuyo,

que mi interior está pintado con los mismos colores

que el tuyo, ahora que te tengo cerca, hermano.

 

Hay un lugar que es la cima de un monte

poblada de musgos , desde donde a veces

puedo ver lo que hay tras las ramas,

el cielo recortándose sobre el sol.

Desde donde tu también oras

y te encuentras con tu ser.

 

Cima para escalar y para construir sobre ella,

un refugio del espíritu,

arrancando la escalada violenta que arrasa la esperanza,

ayudando así a otros a caminar.

 

Fondo bajo el agua, sintiendo la inundación

de vida que recibimos,

si como hojas nos tendemos y abiertos

vamos cambiando y aceptando nuestro propio color,

el que desde el origen nuestro Señor nos ha pintado,

el colorido de nuestra piel y nuestra canción.

 

Son las ramas, velas de verdura,

orando por todos en su pequeñez,

elevando la voz, flor a flor,

en cada hoja roja , en cada brote verde,

el otoño rotundo y radical que vive

en cada mirada de paz,

construyendo puentes,

transformando el corazón.

 

Vacaciones en el campo, meditando con San Juan de la Cruz en familia

A mis hijos Santi, Brianda, y Mencía

Llegan los días de vacaciones y desde hace ya muchos años, nos dirigimos al campo cargados de chanclas de agua, bañadores, cremas protectoras, partituras, libros, cuadernos, perros, piensos, cajas para recolectar frutas,… Mas que ir al campo, lo que realmente hacemos es volver a él. A nuestra verdadera casa.

Este año decidí llevar sólo un libro, y dejar que nos acompañara en el verano, me refiero al Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. Quería leerlo en profundidad tomando tiempo entre cada palabra, dejando que cada una volara por donde quisiera.

Desde hace años, cuando mis hijos invitan a algún amigo a pasar estos días con nosotros, siempre saben que tienen que pasar por una especie de rito familiar, leer para todos en voz alta y lentamente el Cántico.

¿Adonde te escondiste,

Amado y me dejaste con gemido?,

como el ciervo huiste,

habiéndome herido,…

Comencé a seguir al santo en todas las cosas que iba entendiendo y aprendiendo: lo primero quizá fue el descubrimiento del fondo profundo de cada palabra. Cogerla, abrirla y dejarla libremente volar. Abrir las  Sagradas Escrituras por donde va planeando, y ver  sorprendida que por donde viaja es por mi interior.

Como en tantas cosas de la vida, la naturaleza y su contemplación nos empujan a comprender de manera intuitiva y sensorial. Una tarde iba dando un paseo en medio de una ladera llena de mentas florecidas, el sol iba ya cayendo y un montón de mariposas volaban alrededor. Una de ellas, bellísima estaba posada tranquilamente sobre una ramita. Me quedé mirándola tanto rato que pensé en hacer una foto para recordarla. Y no se movía, estaba allí, la tomé en mi mano,  se veía como una joya exquisita. Estuvo un momento y luego majestuosamente, al menos para mi, se marchó volando. Sentí que lo que nos cuenta Juan tiene mucho que ver con ella, que el instante que estuvimos juntas fue suficiente para recordarlo, que para disfrutar una mariposa, su colorido , su planeo sobre las mentas, tienes que estar también tu en el suelo, con una actitud de contemplación y espera. Dejando que vaya sola volando por ahí.

Y es curioso cómo somos:pretendemos siempre referir lo vivido a los esquemas mentales que sobre cada cosa de la vida tenemos. Usamos los mismos adjetivos: bella, multicolor, suave, elegante, tierna, y dejamos cada experiencia dentro de esas coordenadas. Hacemos lo que ella no hace, quedarse encajada en un lugar. Ella, lo que hace es volar, y dejar que mi mirada en ella descanse y se maraville. Había leído siempre al santo de manera muy poco intuitiva, y vi que cada una de las cosas que pone te llevan a dejarlas volar libres y ver por donde planean, lejos de moldes de cualquier tipo.

.

Que una lectura te rompa los moldes de tu pensamiento es algo muy potente, sobre todo si ya tienes unos años.Y esto siento que ocurre cuando esas palabras lo que hacen es reforzar el verdadero sentido de la libertad interior. Así pasa cuando te acercas a Juan y vas poco a poco dejando libres los pensamientos que bajo su lírica tan brillante, se esconden. Tengo esa sensación de que todo por dentro de mi es ahora una especie de puzzle y que estas lecturas lo han llevado todo  bajo una lengua de aire a volar por ahí. Es ese vientecillo que sopla dentro de nosotros el que nos voltea y el que en determinados momentos va componiendo cada pieza casando con las demás, provocando que sintamos a veces que todo lo planea así y que nuestra existencia está trabada, que en cada momento ocurre aquello que quiere que ocurra. Es complejo todo, pero a la vez es así y configura el vuelo al que a veces se nos empuja, como a mi este verano en medio de la vida familiar, las cosechas, las cacerolas llenas de pisto, y las largas charlas al fresco.

Desde que leo a Juan tengo esa sensación de ser realmente un ser valiente. Es como si él, al desmontar todo mi mundo interior con su palabra, me diera la valentía que muchas veces he creído no tener. Nada amarra a nadie que no se deja atar, sobre todo porque es en el fondo de su ser espíritu y amor, habitado por él, el Amado de cada uno de nosotros y se nos da así, lleno de luz interior.

Las vacaciones siempre son momentos para el crecimiento personal, nuevas oportunidades de descubrir otros mundos, paisajes, terrenos, personas, y también son únicos para emprender con valentía estos viajes interiores, yendo de la mano de amigos como Juan que no nos dejan solos nunca. Él en vida fue un verdadero maestro de vida espiritual, que acomodaba el camino en la vida de la fe a cada persona, a su paso y velocidad, a su distinto paisaje interior. Solía meter en los bolsillos de sus amigos pequeños papelitos con dibujos que les hicieran reflexionar, versos llenos de amor y pasión hacia su Amado Jesús, pequeñas notas muy personales y basadas en cada ser. Él que recorrió miles de kilómetros por los pedregosos caminos de España andando a pie y descalzo, cuando después de una larga caminata llegaba al convento que lo acogía, volvía agotado pero feliz a irse al campo que rodeaba el lugar para encontrarse con el amor, tomar fuerzas y sobre todo para mirar dentro de sí la gruta oscura habitada que hundía su ser en el cielo mismo de su Señor.

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido;

salí tras ti clamando,y eras ido.

Los días despojados de rutinas, dejando sencillamente a las horas que vayan pasando se convierten en un verdadero remanso de vida. Veo cómo me complico muchas veces con cosas, sentimientos, actos que lo único que hacen es enredarme y que en estos días, leyendo a Juan descubro donde está la fuerza liberadora de todo: descubro que está en mi, en vosotros, en cada uno de nosotros, en el interior. Esta dentro pero está escondido, y para encontrarlo tenemos también nosotros que escondernos, …. escondernos dentro de nosotros. Ahora el silencio y la paz de estos días ayudan mucho a caminar por este nuevo camino interior, y le pido a la vida que me ayude también a encontrar todo esto en el ritmo diario lleno de trabajo, preocupaciones y horarios. Porque es allí donde está realmente el suelo de este lugar interior: la vida de cada día, como dice Juan, al final  nos van a examinar sólo del amor.

Espero que estas vacaciones familiares os llenen hijos de energía y de paz, que quede en vosotros el poso de la naturaleza hermosa y vigorosa que se os regala en cada paso. Leyendo a San Juan encontramos, hijos, el camino a casa. Siempre encontrareis allí el camino, dentro de vosotros.

Os dejo una música mágica y divina, de Brahms, nota a nota, sonido a sonido se va posando en nuestro corazón. En la interpretación de un grandísimo pianista, Arthur Rubinstein.

 

Decía León Tolstoi en Guerra y Paz que “toda la variedad, todo el encanto y toda la belleza que existe en este mundo está hecha de luces y sombras”. Esta ultima semana siento que está descrita con este titulo de su obra mas conocida. La barbarie de los asesinos radicalizados que siembran el terror por medio mundo, acuchillando a personas que van paseando por la calle, al trabajo, a jóvenes que descansan en un concierto, a fieles que oran dentro de un templo, a familias que disfrutan de fiestas navideñas ,… entran a saco para pronunciar sobre todos la palabra guerra a base de cuchilladas. Estamos en guerra, y es una de las mas crueles que podemos vivir, la que en creencias religiosas se asienta. Una guerra santa contra los infieles, aquella que pregona que al morir matando a los demás, se podrá encontrar el paraíso soñado, ¿ la paz en la guerra, en la muerte y la violencia?

En medio de la desazón por los atentados de Londres, apareció esta imagen de Tolstoi llena de matices, la del joven madrileño Ignacio Echeverría. El héroe del monopatín que con su testimonio ayudando a las otras victimas de la barbarie, dando la vida por socorrerlas, ha puesto de pie una arma increíble y llena de potencia, su humanidad y su amor por los demás. Un corazón generoso y un espíritu libre que sabe lo que tiene que hacer cuando ve el sufrimiento, la muerte y la crueldad de los demás, a su lado en medio de la calle.

La lectura profunda de todo esto va conmoviendo al mundo y a la opinión publica, porque nos viene a mostrar que esta guerra tiene contrincantes muy diferentes, y que frente a los que se inmolan matando hay quienes aman hasta morir. Unos creen que matando llegarán a la paz eterna y otros saben que solo el amor puede cambiar el mundo y qué es lo que como seres llenos de humanidad deben hacer: amar.

Todo este panorama de guerras, de sombras y matices de la paz planea sobre todos y se hunde en nuestras conciencias. Estaba el otro día en un recital ópera de la conocida mezzosoprano norteamericana Joyce di Donato en el Teatro Real de Madrid. El publico operístico tan acostumbrado a un ritual tranquilo, se encontró dentro de este panorama bélico, de luces y penumbras. No hubo actos violentos, pero si apareció en la escena una especie de trinchera hecha de música en la puesta en escena de Joyce que no dejaba adormilado a nadie mientras toda la carga de música y ritmo vertiginoso, acción, pasión y vida de la música de Haendel comenzaba a sonar y a caer sobre todos. No quería un recital al uso, no. Quería conseguir lo que desde luego se vivió, una experiencia de guerra y paz dibujada en sonidos, melodías, trinos, cadencias y ritmo que a veces era trepidante y otras parecía ir posándose hasta morir en la panza de cada sonido que se dilataba. “Lascia ch’io pianga”, o si déjame llorar, cantaba llorando…

Joyce cree en algo que comparto profundamente, en el poder redentor de la cultura.

El movimiento , la acción social del “ Sistema Greece” que desde Atenas recorre el mundo desde finales de 2016 , tratando de promover la inclusión social y el bienestar de los niños que viven en los campos de refugiados griegos, al modo de las escuelas venezolanas promovidas por Dudamel o las peruanas de Juan Diego Florez.

La cultura también es redentora nuestra en otro sentido mas personal, tiene un efecto catártico y nos hace capaces de soportar nuestra existencia, siendo el refugio interior y la medicina en momentos de agitación. Nos hace habitar por dentro, y eso es siempre motivo de crecimiento personal. Al menos para mi esto es así sin duda y la música de Haendel me conduce a través de compases de guerra y otros de pacifica mirada, a mi misma.

La cultura nos redime también, cuando conocemos las raíces de nuestras sociedades y lo que han tenido que pasar, milenios de guerras y de horror para llegar a conseguir la civilización en la que estamos. Así podremos defenderla de veras, y no encontraremos niños criados en Europa que se alisten con los del otro lado de la trinchera.

Estaba el domingo en Gredos en la entrega de los premios del Festival del Piorno. Y cuando me nombraron “Embajadora de Gredos”, realmente me emocioné, sentí que en este panorama de guerra y paz, la vida, los vecinos de Gredos y ASENORG, me situaban no en su bando, sino a la cabeza de ellos , como portando la bandera. La de la paz, aquella que se encuentra en la naturaleza que nos redime y nos sosiega de tanto trajín y de tanta violencia, intransigencia y horror que donde nace es en el interior de cada uno. En medio de tanto caos, la contemplación de la naturaleza nos trae la paz, y nos hace avanzar en lo auténtico que hay en nosotros.

 

No conocí a Ignacio Echeverría en vida, pero ahora creo que comparto con todos, algo, siento que lo conozco y que su ejemplo empuja mi vida también, porque esta bandera que llevó está hecha de la misma tela. Ignacio, siempre en nuestro corazón, gracias.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 15 de junio 2017

 

Un paseo primaveral por el Pinar de Hoyocasero persiguiendo a las Pulsatillas, con un poemario de Dámaso Alonso y las palabras de San Juan de la Cruz, de su » Cántico»

El otro día en medio de miles de compromisos laborales y familiares y un dolor de cabeza del tamaño de una nube sobre la sierra, cogimos el coche y nos dirigimos a un lugar que al menos en mi recuerdo va a ser ya para siempre mágico: El pinar de Hoyocasero en Ávila. Un pequeño entorno natural único que bajo el cielo enredado en los altísimos pinos «Pinus sylvestris»se levanta de forma sorprendente, lleno de verdor, de flores increíbles, de praderas encharcadas, un verdadero oasis botánico. Y todo se levanta bañado de luz en mi memoria.

Se levanta la luz filtrada,

se levanta la mirada,

en  mis ojos, creadores de luz

en cada  sonido, se levanta

en cada pliegue, volando

en cada aguja de pino, arriba,

en cada flor.

Iba mirando cada tronco de los pinos, las gotas de agua que sobre los pétalos de las Pulsatillas Alpinas formaban pequeños estanques en los que tendía a sumergirme, los pelos y pelusas de su tallo, el movimiento acompasado por millares de corolas hacia la luz que jugaba por allí filtrándose a veces, ocultándose al fin muchas otras. Las matas de peonías silvestres que parecían sacadas del jardín romántico mas elegante de Europa, con sus flores rosas en movimiento como de baile por las laderas. Los muguetes (Convallaria Majalis) se desplazaba por las praderas bajo las otras flores como si nada, las orquídeas de Gredos (Orchis masculla),  los sellos de Salomón (Polygonatum odoratum)…

Muchas veces sientes que vives momentos cerrados, estancos, definidos como este paseo, circunscrito a un lugar como este pinar isla. Lugares con una vegetación y condiciones sorprendentes en medio del resto, como esta sierra de Hoyocasero en Ávila.  Momentos que se quedan recostados en tu interior. Sobresale esta isla interior en medio de un paisaje duro, agreste, lleno de piedras berroqueñas, tomillos, piornos y robles. Nuestro propio interior y su paisaje.

Los días, las horas, la vida con toda su cadena de casualidades va avanzando, y sientes que nada está dejado al azar. Es como si mi propia existencia la viera escrita en un libro del que no soy yo la autora aunque al irlo descubriendo, leyéndolo,  vaya viendo mi mirada, mis reflexiones, lo hondo de mi sentir hacia algunas cosas, el tallo de la Pulsatilla, y lo tierno de su presencia en medio de la migraña que nubla a veces mi vida. Y al ver  cómo todo se va escribiendo sientes un escalofrío, algunas personas lo llaman «temor», el sentimiento de estar imbuido en una corriente cálida y paternal que te envuelve y te va empujando a caminar, a mirar y ver estas cosas, a cantar al viento lo descubierto entre lo natural. A alabar a la Creación por levantarse en mi mirada creadora, hallando la luz dentro de mis ojos cerrados, dentro de mi ceguera y mi debilidad.

En esta sorpresa, en este regalo fortuito, la Creación parece que me deja mirar y crear y caminar así. Cae en mis manos, tras un paseo por un mercado de libros, un poemario de Dámaso Alonso, y siento que esto que yo vivo es tan real como otras muchas cosas de la vida, que él con su hondo sentir poético y su lirismo delicado también lo sintió. Lo siente,… dice así

Ah, gracias por mis ojos inventores.

¿Qué es la luz sin un ojo que la mire?

Sordamente se irradia, vibración utilísima,

por mares de negrura: un mundo ciego.

 

Mis ojos inventores crean luz.

Colaboran a cada millonésima parte de segundo

en el plan providente de la gran Creación:

prologan Creación, inventan luz.

 

Soy colaborador, soy delegado

de mi Dios, a través de mis ojos.

Y mas; afirmo aun mas

( y me aterra al decirlo un terror dulce)

Ojos inventores de luz, colaborando en el plan de la Creación que mas que estática y ya creada, vamos viviendo y sentimos que está viva y en continuo movimiento, y que de donde arranca es de nosotros, de esos ojos colaboradores y creadores de luz y de belleza.

En medio de lo árido de nuestro día a día, con problemas, nubes de sentimientos entrelazados, cansancio, apatía, tristeza en muchos rincones, aparece como una isla, como este pinar mágico esta llamada a colaborar con el movimiento mas dinámico y poderosos del universo: la Creación. Se levanta con nuestra búsqueda sin fin de belleza y de luz, la isla mas bella poblada de flores silvestres increíbles como estas Pusatillas tan bellísimas. Se levanta como estos pinos tan altos al cielo, siempre buscándolo. Es necesario amigos tener esa apertura de búsqueda. Para encontrar tenemos que buscar, y en esto ir con el corazón y el alma lleno de pasión. Para poder sentirnos identificados vitalmente con lo natural, para no ser un mero espectador, sino parte de todo lo creado, tan llenos de luz y belleza como todo lo que vemos alrededor. Vemos que es bello este rincón que nos cautiva al que he vuelto en muchos ratitos desde entonces, pero que es bello en general todo el paisaje, el nuestro, el interior. Que en muchos lugares de dentro hay aridez y dureza, zonas llenas de arenas y de salitre. Que el mar desde luego se extiende por dentro y que está ahí para  aprender a navegar sobre y con él, a bucear en él sin perder nunca la vista en la luz que como columnas se van levantando en mi vida. Hay bellos bosques que nacen en medio de la niebla y el dolor, y su belleza depende de mis ojos, de mi sensibilidad que es la que levanta toda la belleza y colabora con su Creador.

Con las palabras de Dámaso se unen los bellos pensamientos de mi paisano del alma de San Juan de la Cruz en el cántico Espiritual B, 1,11, que hago mis en este paseo por el pinar

Dicho queda,! oh alma!, el modo que te conviene tener para hallar al Esposo, hallarte en tu escondrijo ; pero, si lo quieres volver a oír, oye una palabra llena de sustancia y verdad inaccesible: es buscarla en fe y en amor,….que esos dos son los mozos del ciego que te guiarán por dónde no sabes, allá a lo escondido de Dios.

Ese Esposo que como Creación se levanta en nuestros ojos, que los deja amorosamente ser ellos los creadores de la luz. Un Amado al que hay que buscar en lo escondido de nuestra existencia, en el silencio interior, abriendo de manera valiente el escondijo mas profundo del alma, estando allí muchas veces, tomando en esto posesión. Una naturaleza, una Creación en pie, que se eleva en la mirada. Buscar con pasión, poniendo en esta aventura todo nuestro ser, avanzar, volver a caer y levantarnos, gatear, bucear, subir a las cumbres y bajar al fango del corazón.  Y como nos dice Juan creernos de veras que esto es así, que la vida se compone también de esto, de la interioridad habitada y florecida, de que la luz nos ilumina siempre aunque a veces nuestra migraña nos impida mirar.

Me encanta esta imagen de los dos mozos, la fe y el amor. Dos mozos que pueden guiarme hacia lo escondido de Dios. Mozos de ciego que me guían, pasión, empuje, determinada determinación de caminar, fe  y amor.

Os dejo una maravillosa música de Liszt en la interpretación del gran pianista Claudio Arrau.  Bendición de Dios en la soledad de las Harmonies poétiques et reeligieses. Unas piezas para piano que compuso en 1847, en donde toda la creación en forma de sonidos se levanta para los oyentes, toda creada para disfrutar.

EJERCICIOS DE CONTEMPLACION EN EL CAMPO EN SEMANA SANTA

Muchas veces cuando veo que se van acercando los días de Semana Santa me invade un sentimiento muy complejo lleno de muchos otros, como una argamasa de distintas cosas. Probablemente el mas acentuado tiene que ver con mis creencias y mi fe, el hondo sentir de la primavera que como Pascua llega a la vida tras un doloroso proceso de dolor, sufrimiento, soledad, incomprensión y abandono. Un camino a la muerte que abre la puerta a la vida verdadera. Creer que todo esto que pasó en la figura de aquel joven judío llamado Jesús, nos marca un camino a todos sus amigos, nos va ayudando a comprender nuestro propio proceso de muerte y vida, de fin del invierno y de la primavera que nace llena de brotes.

Llena de deseos de vivir esto, me marché al campo, sabiendo que la naturaleza me iba a ayudar. Morir a tantas cosas de mi que no me gustan y sobre todo allí me acercaba para, dejando al silencio y al tiempo en toda su amplitud, mirarme por dentro de manera honesta. El campo estaba realmente impresionante, despuntando a la primavera en los brotes de los fresnos y alisos, los prados encharcados que en algunas pendientes se vestían de Jacintos o de botones amarillos de los Narcisos, las Escilas comenzando a florecer en los cercados, las Violetas arrancando a mostrar su tímido olor, los primeros Eremurus, y las flores de las Prímulas se volvían a pintar, entre los capullos de los Geranios silvestres, el porte elegante de las Aguileñas. La garganta bajaba a toda prisa y envolvía mi silencio en una verdadera música, como una sinfonía de agua y de velocidad. La familia volvía a la vida sencilla del campo, a fregar en la pila de piedra y a cocinar bajo la claraboya de la casilla.

Sentí de manera instintiva que tanta belleza me quería marcar, dejar en mi su huella, que tenía que ir tras ella abriendo los sentidos a tope, dejando el pensamiento discursivo, la mente con todo su entramado mundo de pensamientos, sentimientos, anhelos, miedos, ansiedades, problemas, aparte, lejos de esa naturaleza increíble que se me ofrecía como regalo. Dejar a los sentidos su trabajo, y frenar en mi entrenamiento meditativo, dejando a un lado por primera vez en mi vida adulta los libros y la música. Poco a poco lo iba consiguiendo, con paciencia. No es fácil dejar a un lado la mochila toda llena de pensamientos y sentimientos aparte. Me costaba por momentos, y en otros me sentía muy feliz, liberada.Como una mariposa de las que por allí volaban, me dejaba caer, de una flor, a una hierba,…

 

La increíble sensación de todo lo que me rodeaba, iba siendo mi maestro y mi guía. Lejos de mi lanzaba hasta las oraciones que habitualmente llenan mi vida, las ideas y los propósitos, libros, análisis, estudios. El ruido tan musical y a la vez profundo de la garganta parecía que llevaba en su trajín de gotas, espuma y rocas chorreando, el agua hasta mi interior y que calaba profundamente por dentro, me refrescaba, y sobre todo me limpiaba. El agua se mezclaba con la suave brisa primaveral, y movía las hojas secas de los robles que a la puerta de la ermita se arremolinaban, y que con su barrido me llevaban también a mi entre ellas. El verde brote de los castaños se abrían tan dentro que hasta podía sentir el hondo quejido del dolor, de aquello que nace en un cuerpo envejecido por tanta dureza y rigidez.

Estaba en otro lugar al que nunca antes había ni soñado, y todo estaba impresionantemente dentro de mi. En apariencia yo estaba allí, sentada simplemente en actitud de escucha de todo, en términos coloquiales podríamos decir que sin hacer nada. Pero esto desde luego, os comparto, no es así ni mucho menos. Si dejamos a la naturaleza su verdadero poder, nos abrimos a todo aquello que nos regala en este santuario vivo y lleno de amor, nos encontraremos con la puerta del mismo y podremos oír cómo el aire que mueve todo nos invita a pasar muy dentro.

Las horas pasaban tan lentas en apariencia como fugaces en mi corazón, como en una cadena de momentos dichosos que te hacen sentir que ya no puedes mas con tanto, que lo que se regala es demasiado para ti. Al pasar a contemplar todo, a sentirme mirada y empujada, llena de agua que entre rocas arrancaba todo por dentro, por primera vez me empecé a ver de manera diferente. Recordé a Teresa de Jesús, y ese consejo de ir por el camino del » conocimiento de si», una sugerencia que cambió de sentido, pasó en un momento de ser algo que yo podía conseguir por mi misma a ser un regalo. !Un regalo de verdad!  Me he mirado muchas veces por dentro, pero sólo cuando realmente mi actividad meditativa frenó y dejé que lo que me rodeaba me mostrara lo que quisiera, entonces sentí este regalo de verme así. Y realmente, lo que vi, y aún sigo viendo, tiene muchas cosas, como capas, hojas, hilos, madejas y barros que no me gustan nada.

Y comenzó en estos días la vivencia de la Pasión del Señor, porque me vi tan llena de cosas que debería arrancar, pulverizar y dejar al margen, que realmente sufrí y sentía dolor profundo. Un dolor que por primera vez se mezclaba con el disfrute del momento, era como si desde la cruz se me dijera » disfruta» en vez de » llora y sufre por tu traición».  Repetía sin poder parar estos versos del Cántico de San Juan de la Cruz. Eran como un mantra para mi, como las cuentas de un nuevo rosario:

» Gocémonos amado,

y vámonos a ver en tu hermosura,

al monte y al collado

do mana el agua pura,

entremos mas adentro en la espesura.

Todo así , en esta pasión llena de entrega y gozo,  remueve  el corazón mucho mas. El amor, la dicha del momento, se mezclaban con el deseo de cambiar, de morir, de ser un poco mas digna de tanta belleza, de la naturaleza que me rodeaba, de la familia tan amorosa que esperaba a que hiciera la comida, de las procesiones, las torrijas, y la vida que en todo se filtraba.

El silencio y el tiempo al dejarlo abierto en nuestra vida, mas que ser tiempo perdido, poco productivo, es realmente forjador de vida y de verdad. Vivimos en una vida en la que parece que hacemos todo lo posible por vivir fuera de nosotros mismos. Podemos estar años, incluso decenios sin darnos cuenta, no dejando la puerta abierta a nuestra propia humanidad, a aquello que nos define como personas. En este camino, que desde luego precisa de estar muchas veces en silencio, y dejar que el momento nos envuelva con los sentidos finos, la mente quieta y el corazón entregado, encontramos nuestro equilibrio. Estar todos los días un ratito así, entrenarnos en esto, como hacemos en otras muchas cosas de la vida, para poder encontrar nuestro verdadero lugar viéndonos como somos con los verdaderos ojos del corazón, esos que nos miran de veras.

La Pascua llegó iluminando mi interior como nunca lo había hecho. La vida espiritual está llena de emoción, amigos, y no deja que un momento se pueda confundir con otro, ya  que tratando de lo mismo, se llena de colores muy diferentes, de nuevos olores a primavera, la tierra llena de barro y de hojarasca se va convirtiendo en pradera florecida al sol. Es diferente porque yo soy diferente en cada día de mi vida, voy avanzando por ella, a veces tropiezo, me equivoco, confundo cosas, y otras encuentro nuevas rutas por las que parece que me van llevando.

Ahora que ya estoy en mi trabajo diario en la floristería, en la empresa y en medio de todo el trajín de llevar mi casa y familia, siento que el regalo de esta Pascua debo no dejar que se vaya llenando de polvo y de verdín. Volver cada día un ratito a ese lugar increíble que se abre dentro, a encontrarme conmigo y a ir afinando los sentidos para empezar a ver, oír, sentir, acariciar, ayudar a los demás. La actividad contemplativa es así un nuevo entreno para la vida diaria, para ser mas permeables a las necesidades, el amor, la ternura que los demás nos dan y que nosotros queremos también entregar.Y además todo lo vivido siento que me ha abierto realmente el corazón, si, ha sido así. Estuve en la puerta de ese santuario interior de lo natural de mi existencia, y la Pascua floreció ante mi rasgando todo como la rama que se abre en el brote. Entonces como esa otra María que tenía también el corazón pillado, siento que debo salir por ahí a contar estas cosas, a compartirlas con todos, y a volver cada día a esta Galilea tan hermosa con su santuario interior, cerrando los ojos del cuerpo y abriendo los del corazón.

Feliz Pascua a todos.

Os recomiendo la lectura de estos libros , en este nuevo camino, para empezar a entrenarnos:

» El libro de la vida» de Teresa de Jesús.

«El Cantico Espiritual «de San Juan de la Cruz.

» Ejercicios de contemplación» Franz Jalics

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA SEMANA SANTA EN AVILA, CON LA MÚSICA DE TOMÁS LUIS DE VICTORIA.

Una reflexión sobre la historia de Ávila y el tesoro musical que tenemos.

 

Estaba el sábado pasado colocando unos Lotos en medio de un camino de gravas volcánicas rematando mi exposición de Mistica y arte floral “Los ojos del corazón” cuando me di cuenta que la muralla allí también aparecía mas que en la foto solamente, en toda la realidad del Museo y de los arreglos florales. Por la calle se veían muchos grupos de turistas y en el ambiente de toda la ciudad se empezaba a sentir la Semana Santa. Intenté pensar cómo se vivían estos días en los años de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz, qué arropaba la espiritualidad, mas allá de los pasos y las cofradías. Y el nombre de Tomás Luis de Victoria comenzó a llenarlo todo, especialmente en su “Tenebrae”, una música depurada, que parece levantarse en medio de la oscuridad de la Semana Santa, y que de manera cristalina construye una nueva catedral sobre los oyentes que sin saber qué es lo que oímos, nos sentimos impresionados.

Es Tomás un músico único, según musicólogos de reconocido criterio como mi buen amigo Alfonso de Vicente, el mejor compositor del Renacimiento tardío español y uno de los mas sobresalientes de todos los tiempos. Tomás es a la música religiosa, a la que se dedicó toda su vida desde que con 9 años y huérfano de padre, llegó a la catedral de Ávila, lo que Teresa es a la literatura religiosa. Son ambos junto con San Juan, místicos profundos y universales. Un autor al que se le define como “El compositor de Dios”, algo así como aquel que compuso las obras que casan perfectamente con los cuadros de otro artista profundamente religioso y genial como el Greco. Llenos ambos de la mas depurada técnica artística del momento, con una educación elevada, supieron llenar de color en forma de pinceladas o de notas las imágenes del alma de los creyentes.

 

Y me encuentro con este poema de José Hierro, al igual que él que componía siempre en los cafés, dejando sus versos recogidos en las servilletas de papel, en un momento de descanso dominical . El proceso o camino que me ha llevado a considerara su poema “ Acordes a Tomás Luis de Victoria” como uno de los mas depurados y bellos de su producción, tiene que ver con haberlo leído tranquilamente con los “Tenebrae” victorianos sonando en mis oídos. Son un conjunto de dieciocho motetes para cuatro voces a capella. textos litúrgicos para oír en el oficio de Tinieblas de toda la Semana Santa , en el Triduo, en los laudes de Jueves Santo, el Viernes y el Sábado Santo. Fueron compuestas y publicadas en Roma en 1585. Este oficio, que se celebraba con mas frecuencia antes de 1962, es realmente impresionante. Los rezos de las Horas se adelantan a la víspera por la tarde para no interferir a los oficios solemnes y se celebra en la entrada de la noche. Imaginémonos la catedral toda a oscuras, con el candelabro denominado “ tenebrario” con sus 15 velas encendidas. A cada canto de un salmo, se va apagando una vela, hasta llegar a la última que viene a significar la pasión de Jesucristo y en la que se canta el Salmo 50 “Miserere”, y se sitúa en la parte de atrás del altar ocultándolo. En ese momento los fieles producen un ruido de carracas para simbolizar los fenómenos naturales que precedieron a la muerte de Cristo.

La música que impresiona, va como pintando al modo del Greco, en pinceladas como lágrimas, todo el momento. Así dice Pepe poniendo palabras y versos al momento:

¿ Aún abrirás los bosques?, 

¿Aún talarás las olas?

¿ Alzarás las columnas 

de la noche a la gloria?…

¿ Poblarás con tu lumbre

crepuscular aurora”

Harry Christophers, director del famoso conjunto de música renacentista “The Sixteen» en un estupendo reportaje realizado por la BBC con motivo de los 400 años de la muerte de Victoria, habla de algo que yo y muchos oyentes de su obra hemos sentido algunas veces, que se mueve algo dentro de nosotros, y que parece que nos eleva a otra dimensión por momentos, entre sonidos tan dilatados en el tiempo que rompen los límites de la audición convencional, las voces cristalinas de los niños, ahora interpretados por sopranos de brillantes y limpios registros. Y esto, desde luego sitúa a Tomás en el lado de los místicos, desde la composición musical, sobre toda la estructura que parece tan férrea de la armonía que acampaba en las iglesias del Renacimiento. Parece que nos hay constancia de la relación directa de Teresa con Tomás en Ávila, por la diferencia de edad, y por la marcha del joven a Roma a los 17 años. Pero lo que no podemos dudar es que ambos junto con Juan, muestran en el arte místico, la belleza insondable de los lienzos de la muralla, el cielo cristalino sobre las almenas, el frio del ambiente que lucha por congelar el hondo sentir de un pueblo que aparece lleno de pasión y amor, que abre los bosques, que está orgullosos del pasado que aún mira dentro, con los ojos del corazón …

“ luna verde y redonda

ojo donde los hombres

apacientan sus horas”

Es la música religiosa un patrimonio increíble y bellísimo, que debería volver a ocupar su lugar en nuestras celebraciones, para construir así nuevas catedrales bajo las vidrieras de las actuales, taladrando olas, alzando columnas. Feliz Semana Santa, poblada con lumbre crepuscular y auroras.

 

Acordes a T. L. de Victoria.

José Hierro. 1952

¿Estarás donde estabas,
Tomás Luis de Victoria?
¿Al pie de las vidrieras
abiertas a las olas?
El órgano de plata.
Los rosales sin rosas.
El viento galopando
por la luz misteriosa.
El amarillo otoño
besándonos la boca.

¿Aún abrirás los bosques?
¿Aún talarás las olas?
¿Alzarás las columnas
de la noche a la gloria?
¿Gotearás de estrellas
las rojas amapolas?
¿Harás brillar los peces
sobre la orilla sola?
¿Prenderás tus marfiles
en las cimas remotas?
¿Poblarás con tu lumbre
crepuscular la aurora?
¿Serás el mismo que eras,
Tomás Luis de Victoria?
¿Llevarás en la mano
la dorada limosna,
misteriosa moneda,
luna verde y redonda,
ojo donde los hombres
apacientan sus horas?

Silencio. Del instante
lunar, la fuente brota.
¡Dios mío! Estamos muertos.
Gira el astro. Se borra
la eternidad herida,
las heridas palomas,
el cristal donde estalla
la luz que se desploma.
Todas las almas llevan
sangrando su corona.
Sin tiempo. Sin caminos.
Como un árbol sin hoja.
Como una primavera
muda, y errante y rota…

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 5 de abril, 2017https://www.youtube.com/watch?v=KKeL6_NaHtg

 

Taller de meditación con flores y música sobre el poema de San Juan de al Cruz » Cántico Espiritual»

El pasado martes 4 de abril desarrollamos una actividad con flores, música y poesía muy especial en el Monasterio de San Francisco. Dentro del marco de la Exposición » Los ojos del corazón» que está abierta desde el día 1 al 15 de abril de 2017 en el Centro de Interpretación del Misticismo de Ávila, en su Museo de mística.

Llevaba mucho tiempo con la idea de poder realizar algún día algo así, con música en directo que fuera, junto con las flores naturales, vehículos en un viaje mas contemplativo que propiamente meditativo. Dejar que las palabras de Juan nos llevaran y hacerlo en grupo, compartir con otros esta experiencia. El taller se desarrolló para 20 personas, y con la técnica de Ikebana fueron realizando sus arreglos dentro de todo lo que sentíamos sensorialmente, la música, el olor de las flores, su tacto. Abriendo en ello los sentidos, los interiores, como dice el titulo de la Exposición, » los del corazón».

La tarde en Ávila estaba primaveral, con los prunos florecidos y las primeras cabezas de león saliendo en las praderas. Fui en los días anteriores seleccionando todas aquellas flores que considero que tienen que decir algo al corazón y que andan muy bien de la mano de las palabras de Juan: brezos, narcisos, tulipanes, guisantes de olor, claveles de poeta, lilums, astrantias, delphinios, acónitos, claveles, crisantemos, ranúnculos, celosías, escalas,anémonas. Con ramas de magnolia, esparragueras Spengueri, eucaliptos, helechos, musgos, hojas de salas. También había rañas de  cortezas, piñas, tramas de ciruelos, mimbres.

La musica fue sublime. No sé cómo agradecer a la pianista Adela Ochadiano y a la soprano María García el concierto bellísimo que nos ofrecieron. Una música que se constituyó en la verdadera voz que nos guiaba y nos transportaba a otro lugar en la limpia coloratura de María. El » Aria di Chiesa» de Alessandro Stradella, » Caro mío Ben» de Giuseppe Giordani,  » Domine deus» de Vivaldi y para finalizar, Ridonami la Calma de Paolo Tosti y el Ave María de Schubert.

Fuimos dejando que todo nos fuera llevando y los arreglos florales comenzaron a levantarse. Cada uno de los participantes hizo suyo un trozo del Cántico de San Juan y todos ellos, una vez terminados y colocados allí en el escenario, junto con la música, levantaron el Cántico desde el corazón de todos los que allí estábamos.

Un momento inolvidable, en el que vamos caminando por nuevas formas de expresión y de vivencias de lo natural. En los que dejamos que el momento nos sorprenda, sabiendo que lo que vivimos es algo mas que la suma de las partes y de los elemento que allí teníamos. Hay algo mas, un lugar mágico al que nos llevan, a cada uno al suyo propio, y que todos juntos levantados en flores parece que nos dicen hondamente que la mística, como experiencia de lo espiritual está viva, y que sólo tenemos que disponernos, abriendo los sentidos, con un corazón anhelante que diga de forma profunda…¿ Dónde estás?, para poder sentir que el momento nos mira, y el espíritu se llena de paz y de armonía. De sensaciones que desde luego sentimos como regalo, como parte de la hermosura viva de lo creado.

Agradezco desde estas líneas a la concejala de cultura del Ayuntamiento de Ávila,  Sonsoles Sanchez-Reyes esta oportunidad,  a Juanjo Barcenilla y a Adela y María nuevamente mi agradecimiento total. A todos los que levantasteis juntos este poema con flores, el poema de amor mas bello de la historia. Mil gracias a todos.

La inscripción para el curso será donada a la Cruz Roja en su dedicación a los Refugiados de la guerra de Siria.