Mientras nieva intensamente y las calles de Ávila parecen salidas de una postal invernal, me acomodo en la biblioteca con un nuevo libro “En la ciudad líquida” de Marta Rebón. Ya el título y el que sea la reflexión de una reputada traductora de los grandes escritores de lengua rusa, Dostoievki, Navokov, Pasternak, Tolstoi, Gógol, es una tentación en estos días tan blancos. Me atrae esa imagen conceptual de las ciudades como mares de líquido, donde no sólo se han sumergido y siguen haciendo los escritores, los artistas, los pensadores, sino donde nos sentimos todos dentro. Exponer esta imagen en otro lugar del mundo, quizá requeriría de una explicación un poco más detallada, pero en Ávila todo esto no hace falta describirlo, porque lo que hacemos es vivir dentro de todo este fluido que como mar o laguna invade la ciudad, y hace que en ella se refleje el cielo azul, o blanco en estos días de ventisca de nieve.

A veces cuando miro las murallas, callejeando, fijándome en los detalles de las fachadas renacentistas, las imbricadas filigranas de hielo que entre el granito se abren como vidrieras de otro mundo, pienso y en esto parece que viajo, que por aquí pasaron seres tan especiales y únicos como nuestra Santa arrastrando a la iglesia con su arrojo femenino; como Juan de la Cruz mordido por el Cántico en la punta de la lengua, recitando para dentro; Gógol vestido con una sotana enganchada en melodías y polifonías tan rasgadas. Guido Caprotti mirando aturdido al sereno del cuadro, con el aliento helado y la imaginación volando sobre la nieve, la ciudad y el cielo; A veces me gusta arrastrar los pies hasta San Segundo mirando el santo que el Adaja refleja y viendo cómo se llevan las aguas su imagen esculpida en alabastro y el bíblico barro que él pregonó. Aranguren tras los rebaños de vacas en los peñascos graníticos que como miradores ofrecen sus asientos a los pensadores; Rafael Arnaiz, con su cuadernito, dibujando, rimando, volando por ahí.

Compara Marta su trabajo de traductora con los quehaceres de un buceador, un hombre rana que pertrechado con diccionarios a modo de linterna, y de un fusil para cazar palabras, trabaja en las entrañas de un mar de letras. Pero muchas veces entre palabras, aparecen otras cosas de muy difícil traducción: el silencio, la separación, el tiempo, los estados de ánimo. Ese mar que vemos sobre todo entre los versos de un poema, entre las notas de una canción. ¿Cómo podemos transcribir, poner en claro, dar a conocer esos espacios en blanco, el aire con el que se inflan los pulmones entre dos movimientos de una cantata? Simplemente intentarlo ya es algo, saber que existe es un regalo.

Sentarte en un día como estos de invierno, abrir sus libros, o cerrar los ojos sumergiéndote en una composición musical. Seguir con tu interior los vericuetos caminos del espíritu, yendo a calentarte a ese lugar donde nunca hace frio, al líquido del interior.

Hace años que leo la literatura rusa de la manos de Navokov en su “ Curso de literatura rusa”. Cuando baja al fondo del mar en la obra de Tolstoi, nos abre su vagar por ahí, y la búsqueda de esa “ verdad esencial” , ístina, una de las pocas palabras de la lengua rusa que no se puede rimar. No tiene pareja verbal, y se sitúa entonces en esa oscura roca del fondo en este buceo vital.  La mayoría de los autores, los pensadores, místicos, artistas, han puesto un tremendo interés en descubrirla, y en irla mostrando con su arte, con su mente, con sus palabras, con el camino de sus pasos, con las manos constructoras de muros, murallas y catedrales. Para Pushkin era de mármol, Dostoiesvki de sangre, Chéjov mantenía sobre ella una mirada pasmada mientras se adentraba en un paisaje brumoso de frías estepas nevadas. Tosltoi fue directamente hacia ella como Teresa, con la cabeza baja y los puños cerrados, encontrando el lugar y en él encontrando la cruz.

Miro ahora la ciudad nevada, los atascos y resbalones, los destrozos de la nieve en este temporal que nos sitúa en dónde estamos en relación con la naturaleza madre de los cielos blancos. La que sobre las almenas se levantan reflejándose en el rio helado que abajo se recrea mirándola. Todos estos elementos mojan, nos van calando como el líquido al que nos exponemos al vivir aquí, al deambular por estos lugares. Líquido bajo el que se encuentra la roca helada y brillante, diamante del interior.  Las casas por donde vivieron Victoria, Teresa, Jose Luis. Los llamadores de sus puertas, el alfeizar de sus ventanas, las cuestas por donde paseaban. Ávila nevada, eterna, llena de mares estrellados en el cielo, rocas, cantos, santos. Ávila, ¿nos atrevemos a preguntarnos si eterna? Solo tenemos que ponernos el buzo y sumergirnos en su líquida verdad.

Artículo publicado en el Diario de Ávila el 11 de enero de 2018

 

Boris Pasternak

Hay que vivir sin imposturas…

Hay que vivir sin imposturas
Vivir de modo que con el tiempo
Nos lleguemos a ganar el amor del espacio,
y oigamos la voz del futuro.

Hay que dejar blancos
En el destino y no en el papel
y en los márgenes anotar
Pasajes y capítulos de la vida entera.

Debemos sumirnos en el anónimo
Y ocultar en él nuestros pasos
Tal como se oculta el paisaje
Tras una niebla espesa.

Otros siguiendo tus huellas, frescas
Recorrerán tu camino palmo a palmo,
Pero tú mismo no debes distinguir
La derrota de la victoria
No debes renunciar ni a una brizna de ti mismo.

Tú debes estar vivo.
Solamente vivir
Hasta el final.

 

 

 

 

LAS HERRAMIENTAS DEL SIMIO.

 

Las últimas fiestas de la Santa con la apertura del nuevo año Jubilar, ofrendas, misas multitudinarias, oraciones, música clásica y conciertos, ha llenado la ciudad de energía. Tenía esa sensación de que toda la muralla se transformaba en un instrumento de cuerda y comenzaba a sonar, tensándose en cada interior, haciéndonos rebotar a todos con esa mezcla de alegría y emoción. Una música viva que nos rescataba por minutos de este momento histórico duro y lleno de sinsentidos en la política, el desgarro social, con el desafío de los independentistas catalanes. La música es algo mágico, a veces nos conmueve, nos transmite armonía, belleza, y otras logra desasosegarnos. Música que nos envolvía porque nacía de nosotros, de nuestro interior. Éramos música sobre el suelo, éramos melodía, éramos ritmo y en todo se reflejaba el sol.

Estaba estos días leyendo el libro de Nikolaus Harnoncourt “Diálogos sobre Mozart”, dejando hablar a este músico tan especial, auténtico, talentoso. Una reflexión que parece encajar tanto en lo vivido estos días, de cómo la música, pertenece a otro modo de pensar distinto del puramente lógico y racional, un mundo real a donde podemos llegar y vivir. El modo de pensar que hace al hombre lo que es, separándolo del simio, cuando nace en él todo, el pensamiento imaginativo, el modo de pensar del arte, el del corazón.

Teresa de Jesús es una mujer incapaz de escribir, de contar algo que no se haya decantado ante ella como un alambique, decantando gota a gota una experiencia concreta, en una progresiva identificación del mundo que la rodea. Dejó su espíritu libre para que pudieran nacerle alas, como así ocurrió transformándose de gusano en mariposa. Una mariposa de papel, del papel de mi libro, del vuestro, del de todo aquel que la lee.  Una mariposa posada en un libro vivo. Todo este proceso empezó a romper cadenas y moldes en su interior, a crear un nuevo lugar dentro de sí donde vivir, lejos de palabras gastadas, lejos de prejuicios academicistas, de objeciones teológicas, de aquellas voces que la llamaban fémina inquieta y andariega en un sentido de crítica. La libertad nos dice, está y comienza en nosotros, y el lugar donde habita la sabiduría, esa que habla al interior, el espíritu que la rodeaba, está en la caverna oscura y silenciosa donde habita el amor.

Esta capacidad de dejarse hacer, una manera de avanzar en este camino de la existencia, es también reflejo de la libertad interior, de aquel que va intuyendo que lo que armaba su vida, su propio caparazón le impide respirar con verdad, y que rompiendo moldes está más capacitado para comportarse como una arcilla mojada en un día lluvioso de octubre: permeable, viva y polvorienta, con gotas, con hojas que flotaban, con algas, con la luz que poco a poco se posaba por allí.

A lo largo de la historia ha habido y hay personas como Teresa, que han sido maestras en esta otra manera de entender la vida, en las que el pensamiento está imbuido de su interior. Es el modo de pensar del corazón, del que surge el arte como manifestación de ese propio paisaje interior y de la búsqueda insaciable de la belleza, de la que está fundida con la verdad. Un nuevo modo de vivir y ser, para el que el lenguaje se queda muchas veces pequeño, como ceñidor de su mensaje. Hay realidades que sólo son abarcables desde la vivencia, no la razón ni el lenguaje lo describen. Experiencias que se viven a través de la emoción, que hacen al hombre verdaderamente humano. Experiencias como las vividas en nuestra ciudad estos días.

El ensayo de Harnoncourt se titula “las herramientas del simio”, en el que se pregunta cómo los hombres podemos vivir como tales tan alejados de toda capacidad de raciocinio emocional y espiritual. Y las herramientas que nos hacen despegar de esta situación, las que nos transforman por dentro se hayan ancladas en nuestro corazón, en la capacidad de percibir lo que nos rodea, en el deseo de vivir en la verdad, atentos y a la vez descansados. Como dice Rainer  Mº Rilke al final de su novena Elegía: “ Mira, yo vivo, ¿De dónde? Ni la infancia ni el futuro/ son menos…Existencia de sobra/ me mana en el corazón”, o en palabras de nuestra Santa “vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero”,…

Vacaciones en el campo, meditando con San Juan de la Cruz en familia

A mis hijos Santi, Brianda, y Mencía

Llegan los días de vacaciones y desde hace ya muchos años, nos dirigimos al campo cargados de chanclas de agua, bañadores, cremas protectoras, partituras, libros, cuadernos, perros, piensos, cajas para recolectar frutas,… Mas que ir al campo, lo que realmente hacemos es volver a él. A nuestra verdadera casa.

Este año decidí llevar sólo un libro, y dejar que nos acompañara en el verano, me refiero al Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. Quería leerlo en profundidad tomando tiempo entre cada palabra, dejando que cada una volara por donde quisiera.

Desde hace años, cuando mis hijos invitan a algún amigo a pasar estos días con nosotros, siempre saben que tienen que pasar por una especie de rito familiar, leer para todos en voz alta y lentamente el Cántico.

¿Adonde te escondiste,

Amado y me dejaste con gemido?,

como el ciervo huiste,

habiéndome herido,…

Comencé a seguir al santo en todas las cosas que iba entendiendo y aprendiendo: lo primero quizá fue el descubrimiento del fondo profundo de cada palabra. Cogerla, abrirla y dejarla libremente volar. Abrir las  Sagradas Escrituras por donde va planeando, y ver  sorprendida que por donde viaja es por mi interior.

Como en tantas cosas de la vida, la naturaleza y su contemplación nos empujan a comprender de manera intuitiva y sensorial. Una tarde iba dando un paseo en medio de una ladera llena de mentas florecidas, el sol iba ya cayendo y un montón de mariposas volaban alrededor. Una de ellas, bellísima estaba posada tranquilamente sobre una ramita. Me quedé mirándola tanto rato que pensé en hacer una foto para recordarla. Y no se movía, estaba allí, la tomé en mi mano,  se veía como una joya exquisita. Estuvo un momento y luego majestuosamente, al menos para mi, se marchó volando. Sentí que lo que nos cuenta Juan tiene mucho que ver con ella, que el instante que estuvimos juntas fue suficiente para recordarlo, que para disfrutar una mariposa, su colorido , su planeo sobre las mentas, tienes que estar también tu en el suelo, con una actitud de contemplación y espera. Dejando que vaya sola volando por ahí.

Y es curioso cómo somos:pretendemos siempre referir lo vivido a los esquemas mentales que sobre cada cosa de la vida tenemos. Usamos los mismos adjetivos: bella, multicolor, suave, elegante, tierna, y dejamos cada experiencia dentro de esas coordenadas. Hacemos lo que ella no hace, quedarse encajada en un lugar. Ella, lo que hace es volar, y dejar que mi mirada en ella descanse y se maraville. Había leído siempre al santo de manera muy poco intuitiva, y vi que cada una de las cosas que pone te llevan a dejarlas volar libres y ver por donde planean, lejos de moldes de cualquier tipo.

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Que una lectura te rompa los moldes de tu pensamiento es algo muy potente, sobre todo si ya tienes unos años.Y esto siento que ocurre cuando esas palabras lo que hacen es reforzar el verdadero sentido de la libertad interior. Así pasa cuando te acercas a Juan y vas poco a poco dejando libres los pensamientos que bajo su lírica tan brillante, se esconden. Tengo esa sensación de que todo por dentro de mi es ahora una especie de puzzle y que estas lecturas lo han llevado todo  bajo una lengua de aire a volar por ahí. Es ese vientecillo que sopla dentro de nosotros el que nos voltea y el que en determinados momentos va componiendo cada pieza casando con las demás, provocando que sintamos a veces que todo lo planea así y que nuestra existencia está trabada, que en cada momento ocurre aquello que quiere que ocurra. Es complejo todo, pero a la vez es así y configura el vuelo al que a veces se nos empuja, como a mi este verano en medio de la vida familiar, las cosechas, las cacerolas llenas de pisto, y las largas charlas al fresco.

Desde que leo a Juan tengo esa sensación de ser realmente un ser valiente. Es como si él, al desmontar todo mi mundo interior con su palabra, me diera la valentía que muchas veces he creído no tener. Nada amarra a nadie que no se deja atar, sobre todo porque es en el fondo de su ser espíritu y amor, habitado por él, el Amado de cada uno de nosotros y se nos da así, lleno de luz interior.

Las vacaciones siempre son momentos para el crecimiento personal, nuevas oportunidades de descubrir otros mundos, paisajes, terrenos, personas, y también son únicos para emprender con valentía estos viajes interiores, yendo de la mano de amigos como Juan que no nos dejan solos nunca. Él en vida fue un verdadero maestro de vida espiritual, que acomodaba el camino en la vida de la fe a cada persona, a su paso y velocidad, a su distinto paisaje interior. Solía meter en los bolsillos de sus amigos pequeños papelitos con dibujos que les hicieran reflexionar, versos llenos de amor y pasión hacia su Amado Jesús, pequeñas notas muy personales y basadas en cada ser. Él que recorrió miles de kilómetros por los pedregosos caminos de España andando a pie y descalzo, cuando después de una larga caminata llegaba al convento que lo acogía, volvía agotado pero feliz a irse al campo que rodeaba el lugar para encontrarse con el amor, tomar fuerzas y sobre todo para mirar dentro de sí la gruta oscura habitada que hundía su ser en el cielo mismo de su Señor.

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido;

salí tras ti clamando,y eras ido.

Los días despojados de rutinas, dejando sencillamente a las horas que vayan pasando se convierten en un verdadero remanso de vida. Veo cómo me complico muchas veces con cosas, sentimientos, actos que lo único que hacen es enredarme y que en estos días, leyendo a Juan descubro donde está la fuerza liberadora de todo: descubro que está en mi, en vosotros, en cada uno de nosotros, en el interior. Esta dentro pero está escondido, y para encontrarlo tenemos también nosotros que escondernos, …. escondernos dentro de nosotros. Ahora el silencio y la paz de estos días ayudan mucho a caminar por este nuevo camino interior, y le pido a la vida que me ayude también a encontrar todo esto en el ritmo diario lleno de trabajo, preocupaciones y horarios. Porque es allí donde está realmente el suelo de este lugar interior: la vida de cada día, como dice Juan, al final  nos van a examinar sólo del amor.

Espero que estas vacaciones familiares os llenen hijos de energía y de paz, que quede en vosotros el poso de la naturaleza hermosa y vigorosa que se os regala en cada paso. Leyendo a San Juan encontramos, hijos, el camino a casa. Siempre encontrareis allí el camino, dentro de vosotros.

Os dejo una música mágica y divina, de Brahms, nota a nota, sonido a sonido se va posando en nuestro corazón. En la interpretación de un grandísimo pianista, Arthur Rubinstein.

Ven, vive conmigo , y sé mi amor

y probaremos todos los placeres

que producen los bosquecillos, las colinas y los campos,

el bosque, o las montañas elevadas.

 

Y nos sentaremos en las rocas,

y veremos a los pastores alimentar sus rebaños,

por rios poco profundos, por cuyas cascadas

pájaros melodiosos cantan madrigales.

 

Y te haré una cama de rosas

y un millar de ramilletes frangantes

una gorra de flores y una túnica

todo bordado con hojas de mirto,…

Cristopher Marlowe

El pasado fin de semana si cogías un coche para desplazarte desde Ávila hasta Arenas de San Pedro, te encontrabas en un momento sumergido en una estampa del pasado, rotunda y dinámica, la trashumancia de las vacas que de Extremadura subían a los frescos pastos de Castilla. Subiendo el puerto al ritmo de los rebaños, sentías que el coche con toda su tecnología, tenía que acomodarse al paso de las vacas, y el motor parecía rugir como un mamífero mas.

La Sierra oscura del invierno se llena en estos días de luz, con los piornos florecidos, las flores silvestres de los barbechos, las praderas encharcadas que este año están mas secas de lo normal en estas épocas, los ríos y arroyos bajando entre rocas, espumeando el ambiente con su movimiento.

Parece que entras así de golpe a una parte de tu pasado que aun está viva y que te pide a golpe de cencerro que la protejas como parte de tu patrimonio, la Trashumancia, y que en ella descanses un rato. Hubo hace siglos un poderoso grupo de personas que unidas bajo el nombre de la Mesta, eran una de las organizaciones mas poderosas del país. Parece que procede etimológicamente del adjetivo mixto que significaba mezcolanza, personas de muy distinto tipo social y laboral formaban parte del mismo, de señores a medianos propietarios, aristócratas ricos y eclesiásticos , ganaderos pequeños y pastores. También puede proceder del vocablo bereber mechta, es decir las majadas invernales del ovino.

Esta asociación en Castilla tuvo mucho poder, incluso llegaron a tener la jurisdicción legal desde el reinado de Alfonso X que puso estos privilegios en 1273, en las manos de sus administradores, que se comportaban como verdaderos alcaldes.

Los caminos por los que atravesaban el territorio, las cañadas siguen tan marcadas en el territorio, con unos derechos sobre el mismo claros y rotundos, que hacen que ahora, muchos siglos después, incluso en esta época de las comunicaciones rápidas por medio del coche y el ferrocarril, sigan manteniéndose, y puedan ser las “autopistas” de las vacas que por ellas estos días se mueven.

Está la sierra preciosa, los ganados se mueven en la cañada conducidos por las caballerías, y los pastores pese al esfuerzo de las largas caminatas, vuelven a su verdadero oficio, y disfrutan.

La belleza de la sierra ha llevado desde hace siglos también a cantar todas estas cosas, dando cuerpo a un tipo de poesía que es la pastoril. Lo idílico del paisaje en primavera, ha llevado desde siglos a idealizar la vida en el campo. La sierra llena, con su capa de colores, habla en la boca del poeta de la belleza de lo natural, desde que el griego Teócrito creara este género poético, donde los personajes son pastores que buscan en la naturaleza el consuelo para sus males. El paisaje pasa de ser el fondo de la historia contada, a irrumpir como el protagonista, dando cuerpo al tópico del “ locus amoenus”. Virgilio cantó estos versos, y el Renacimiento castellano continuó en su rastro, con Garcilaso de la Vega.

Reconozco que esta “evasión pastoril” siempre me ha encantado. Sé de la dureza de la vida al aire libre, de las noches a cielo raso, el dolor de los pies desgastando sandalias, la soledad y el aire racheado , la lluvia, la nieve y el pedrizo. Las tormentas, las plagas y el desapego de los pastores de sus familias, compartiendo el tiempo con su ganado y el cielo que sobre ellos sienten que se cae. Releo poesía pastoril como esa tan bella de Christopher Marlowe(1564-1593) el eterno contrincante de William Shakespeare, que dice esto de “ ven, vive conmigo y sé mi amor,/ y probaremos todos los placeres/ que producen los valles, los bosquecillos, las colinas y los campos,/ el bosque , o la montaña elevada,/….y te haré una cama de rosas,…”

Estaba estos días metida en estos versos, recitando a la vez el Cántico Espiritual de nuestro paisano San Juan de la Cruz, viendo cómo estos idílicos paisajes son el fondo y el protagonista a la vez de mi propia vida y de la existencia de todos nosotros. Que todos los hombre somos realmente animales gregarios, y nos gusta vivir así. Que seguimos a los pastores que divisamos en nuestra cañada, y que esto que parece ser nuestra salvación y felicidad puede, y es a menudo, el pozo amargo de nuestra existencia. Pastores que guían pero a veces nos preguntamos que hacia dónde nos llevan y la revisión de los objetivos y metas nos dirige aquí o nos saca de allí. Decía San Juan a quien quería escucharlo que la mirada de Dios es el amor, ese pastor de las almas, mientras atravesaba media España a pie, calculan de mas de 35.000 kilómetros recorrió en su vida. Aquí está sin duda el filtro por el que pasar a cualquier pastor que aterrice en nuestras vidas. Un filtro llamado amor.

Realmente la actualidad tan llena de despropósitos, violencia, y terrorismo a veces no nos deja ver el fondo de la vida, de la nuestra, que en estos días se pinta con los colores de la primavera. Y sobre las rocas que berroqueñas se dibujan en el horizonte me gustaría recitar así en voz alta, “oye pastor, … vive con nosotros, y sé por favor nuestro amor”.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 29 de junio. 2017

 

Decía León Tolstoi en Guerra y Paz que “toda la variedad, todo el encanto y toda la belleza que existe en este mundo está hecha de luces y sombras”. Esta ultima semana siento que está descrita con este titulo de su obra mas conocida. La barbarie de los asesinos radicalizados que siembran el terror por medio mundo, acuchillando a personas que van paseando por la calle, al trabajo, a jóvenes que descansan en un concierto, a fieles que oran dentro de un templo, a familias que disfrutan de fiestas navideñas ,… entran a saco para pronunciar sobre todos la palabra guerra a base de cuchilladas. Estamos en guerra, y es una de las mas crueles que podemos vivir, la que en creencias religiosas se asienta. Una guerra santa contra los infieles, aquella que pregona que al morir matando a los demás, se podrá encontrar el paraíso soñado, ¿ la paz en la guerra, en la muerte y la violencia?

En medio de la desazón por los atentados de Londres, apareció esta imagen de Tolstoi llena de matices, la del joven madrileño Ignacio Echeverría. El héroe del monopatín que con su testimonio ayudando a las otras victimas de la barbarie, dando la vida por socorrerlas, ha puesto de pie una arma increíble y llena de potencia, su humanidad y su amor por los demás. Un corazón generoso y un espíritu libre que sabe lo que tiene que hacer cuando ve el sufrimiento, la muerte y la crueldad de los demás, a su lado en medio de la calle.

La lectura profunda de todo esto va conmoviendo al mundo y a la opinión publica, porque nos viene a mostrar que esta guerra tiene contrincantes muy diferentes, y que frente a los que se inmolan matando hay quienes aman hasta morir. Unos creen que matando llegarán a la paz eterna y otros saben que solo el amor puede cambiar el mundo y qué es lo que como seres llenos de humanidad deben hacer: amar.

Todo este panorama de guerras, de sombras y matices de la paz planea sobre todos y se hunde en nuestras conciencias. Estaba el otro día en un recital ópera de la conocida mezzosoprano norteamericana Joyce di Donato en el Teatro Real de Madrid. El publico operístico tan acostumbrado a un ritual tranquilo, se encontró dentro de este panorama bélico, de luces y penumbras. No hubo actos violentos, pero si apareció en la escena una especie de trinchera hecha de música en la puesta en escena de Joyce que no dejaba adormilado a nadie mientras toda la carga de música y ritmo vertiginoso, acción, pasión y vida de la música de Haendel comenzaba a sonar y a caer sobre todos. No quería un recital al uso, no. Quería conseguir lo que desde luego se vivió, una experiencia de guerra y paz dibujada en sonidos, melodías, trinos, cadencias y ritmo que a veces era trepidante y otras parecía ir posándose hasta morir en la panza de cada sonido que se dilataba. “Lascia ch’io pianga”, o si déjame llorar, cantaba llorando…

Joyce cree en algo que comparto profundamente, en el poder redentor de la cultura.

El movimiento , la acción social del “ Sistema Greece” que desde Atenas recorre el mundo desde finales de 2016 , tratando de promover la inclusión social y el bienestar de los niños que viven en los campos de refugiados griegos, al modo de las escuelas venezolanas promovidas por Dudamel o las peruanas de Juan Diego Florez.

La cultura también es redentora nuestra en otro sentido mas personal, tiene un efecto catártico y nos hace capaces de soportar nuestra existencia, siendo el refugio interior y la medicina en momentos de agitación. Nos hace habitar por dentro, y eso es siempre motivo de crecimiento personal. Al menos para mi esto es así sin duda y la música de Haendel me conduce a través de compases de guerra y otros de pacifica mirada, a mi misma.

La cultura nos redime también, cuando conocemos las raíces de nuestras sociedades y lo que han tenido que pasar, milenios de guerras y de horror para llegar a conseguir la civilización en la que estamos. Así podremos defenderla de veras, y no encontraremos niños criados en Europa que se alisten con los del otro lado de la trinchera.

Estaba el domingo en Gredos en la entrega de los premios del Festival del Piorno. Y cuando me nombraron “Embajadora de Gredos”, realmente me emocioné, sentí que en este panorama de guerra y paz, la vida, los vecinos de Gredos y ASENORG, me situaban no en su bando, sino a la cabeza de ellos , como portando la bandera. La de la paz, aquella que se encuentra en la naturaleza que nos redime y nos sosiega de tanto trajín y de tanta violencia, intransigencia y horror que donde nace es en el interior de cada uno. En medio de tanto caos, la contemplación de la naturaleza nos trae la paz, y nos hace avanzar en lo auténtico que hay en nosotros.

 

No conocí a Ignacio Echeverría en vida, pero ahora creo que comparto con todos, algo, siento que lo conozco y que su ejemplo empuja mi vida también, porque esta bandera que llevó está hecha de la misma tela. Ignacio, siempre en nuestro corazón, gracias.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 15 de junio 2017

 

¡La encontré!

 

Cada uno de nosotros va buscado algo, se afana a lo largo del día en medio de toda la carga del trabajo y la familia en intentar encontrar eso que parece levantarlo de la cama o el sofá. Y lo que buscamos tiene mucho que ver con nuestra propia vida. Reconozco que soy florista porque son las flores una de las cosas que me lanzan por ahí a caminar. Contemplarlas, meter la nariz dentro de su corola, tocar los pétalos, tenerlas cerca de mi a lo largo del día, planear diseños mas o menos imposibles,…. Algo parece que ladra dentro, ese ladrido interno que te impulsa a buscarlas dando un paseo en el campo, a lo largo de una vereda, en las cunetas de la carretera, en los mercados internacionales de flores. Como decía Goethe “ Ladran, luego cabalgamos/ Cabalgamos en todas direcciones/ después alegrías y negocios,/ pero siempre ladran detrás/ y ladran con todas sus fuerzas”.

Unas de las flores que mas me empujan a “cabalgar” desde niña son los Acianos (Centaureas Cyanus), conocidas como azulejos, clavelinas, azulinas, unas preciosas flores que nacen en los terrenos baldíos al lado de los campos de cereales y que florecen en primavera. Consideradas como signo de espacios naturales limpios, su crecimiento en estos entornos de cereales se va año tras año reduciendo por el uso de pesticidas y herbicidas, que también acaban con ellas en las cunetas, los basureros y los terrenos baldíos.

Adoro estas flores, su limpio color como de cielo y entiendo que hayan sido utilizadas a lo largo de la historia por muchos pueblos para decorar, e incluso como elemento claro de lenguaje floral: con esta flor se han dicho muchas cosas. Es la flor nacional de Estonia, y en Francia es el símbolo de la conmemoración del Armisticio de 1918. La flor favorita de Goethe y de todos los románticos alemanes con Novalis a la cabeza. Pero es también lenguaje floral y es utilizado aun hoy como emblema, así se puede ver en los bailes de salón en Austria “ Cornflower Ball” cuyas parejas danzan bajo el suelo de la ultraderecha mas cercana al nazismo. Utilizaban estas bellas flores azules para reconocerse los nazis entre si cuando su partido no estaba aún legalizado en Alemania. Podemos también rastrear el horror que causaban en la población judía estas florecitas en los testimonios de algunos supervivientes que las relacionan con sus verdugos.

Parece mentira cómo la historia va apareciendo a cada paso, incluso en la apreciación de las flores silvestres que vemos creciendo por tantos lugares, y cómo lo que inspiró a los padres del romanticismo alemán “ Die Blaue Blume” la bella flor azul que perseguían como a su amada inmortal, se convirtió en la amante del régimen del horror nazi.

Ya el botánico Mattioli en el s. XVI recomendaba su infusión para las afecciones de los ojos y tienen los Acianos como padre botánico nada menos que a Linneo, publicando su estudio en 1753 en “ Species Plantarum”

Conducía el otro día por el Valle Amblés, la mañana estaba surcada de nubes que enegrecían el horizonte y rayos de luz descolgándose parecían bañar el campo. Iba buscando piornos en la Sierra de Gredos para comenzar a diseñar las decoraciones de la inauguración en Navadijos del “Festival del piorno 2017” y la vista de la sierra berroqueña que comienza a pintarse de amarillo se quedó fijada en los campos cercanos a la carretera llenos en sus bordes de Acianos, que al aire parecían bailar. Un baile mucho mas suave y tranquilo que el de sus parientes en Austria. Recordé uno de los poemarios mas bellos de todos los tiempos, el de Vicente Huidobro  y su canto II lleno de lirismo, imaginación con nuevas formas de expresión tan sorprendentes como delicadas , “Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil,/ Se pierde el mundo bajo tu andar visible/ Pues todo es artificio cuando tu te presentas/ Con luz peligrosa,… Haces dudar al tiempo/ Y al cielo con instintos de infinito/ Lejos de ti todo es inmortal,…

A Vicente lo que le movía en estos versos era el amor, el motor de toda la historia que con su cadena va haciendo rodar la vida. Dentro de esa cadencia infinita, la primavera aparece florecida tras los fríos meses de rigor. Renace la vida, los piornos llenan la sierra con su dulce y a la vez agreste olor, pintando todo de color amarillo, mientras las flores de al lado del camino también arrancan a nacer. Parece que el cielo se queda reflejado por el suelo en una pequeña flor. Con ellas, desde tiempos remotos, al mirarlas sentimos que buceamos lentamente en un infinito azul que renace fresco. Eternidad, amor, anhelo de vida natural, eco desde lo mas hondo del alma, la expresión de la vida y su devenir.

Amar nuestras cosas, la cultura, el patrimonio arquitectónico, la ciudad, los pueblecitos con sus casas construidas sobre la roca, la gastronomía, el arte y la poesía, lleva también de la mano, como de paseo otra realidad: la naturaleza. Fuente de riqueza material y también hondo surtidor de emociones y de pasión. Sensibilizarnos hacia estas pequeñas flores, recapacitar sobre su belleza, su historia y lenguaje nos regala el disfrute total que podemos alcanzar con sólo pasear por el campo tranquilamente una mañana de mayo como esta. Tomando un verso de Goethe como bandera libertaria, en voz alta recitando.: “La encontré/ era en un bosque: absorto/pensaba andaba/ sin saber ni qué cosa/ por él buscaba,…

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 18 de mayo 2017 

 

» A LO QUE SALGA»

Decidí hace ya bastantes días escribir sobre la lectura, la aventura, el placer, ese mundo que se abre cuando te sientas tranquilamente y comienzas a leer. Y poco a poco, mientras los días iban pasando tenía muchas cosas que recoger y sobre todo en mi mente como si de una biblioteca se tratara, se iban poniendo libro sobre libro una pila muy alta, como esos rincones que vamos levantando al lado del escritorio.

Libros que mas que han sido, tengo que reconocer que son lugares a los que me arrimo a veces. Los leo y vuelvo a abrir sus páginas, buscando ediciones mas bellas, traducciones mas certeras, eligiendo en qué lugar y momento quiero volver a ellos. Algunos, como “Persuasión” de Jane Austen estuvieron en mi bolso durante años, hasta que en otra Semana Santa en medio de unos jardines de arte topiario de una Quinta de Oporto, encontré su lugar, y mientras mis hijos correteaban por allí, comenzó la lectura. Así que creo que comparto con muchos de vosotros esa sensación, que el lugar, influye y mucho en la aventura de leer. Las bibliotecas antiguas como la de la Universidad de Salamanca donde pasé media carrera de historia, me dejó la afición a los libros antiguos, con sus pastas de piel, y el papel ese tan fino que tienes a veces que mojar el dedo para pasar la página.

“ A lo que salga” tituló Miguel de Unamuno un ensayo que estoy leyendo estos días. Una reflexión sobre la lectura, que recalca algo que es vital para poder ponerla en su lugar, la escritura. En definitiva, ponerse a leer, y también a intentar escribir, en un circulo que nos va empujando. Cuando queremos contar una historia, un cuento, recrear una página del pasado, nos encontramos con la dificultad de cómo escribir. Algo así creo que pasa cuando me acerco a Proust, que me deja tan impresionada por su manera de escribir, que ya no necesito que cuente nada, sólo disfruto de sus largas descripciones, y de esas maravillosas frases que no terminan jamás. Me pasa algo con él que creo que es compartido por muchos, me pongo a leer su único libro, y a pesar de ser tan extenso y ocupar una balda muy larga de la biblioteca, no quiero que se termine jamás, y voy dosificando la lectura.

»

Decía Dº Miguel, que nadie debería ponerse a leer poesía sin haber intentado escribir unos versos.

La pila de libros de los que quiero comentar cosas, va creciendo. Quizá, en un intento último de elegir a un autor que me sigue impresionando a cada lectura, me quedo con Virginia Woolf. Comenta su biógrafa Nadia Fusini, en el ensayo “ Poseo mi alma” que hubo un pensamiento decisivo en la vida de Virginia y que junto con su desorden psíquico de naturaleza bipolar, la llevó al suicidio. Durante su ultimo año de vida, Virginia conoció a una nueva amiga, una medio prima llamada Octavia. La amistad se fortaleció, y Octavia cuidaba un poco de la casita de los Woolf , le llevaba leche y mantequilla para que no parecieran como viejas gallinas, de lo demacrados que los veía. Un día animó a Virginia a escribir, y esta le preguntó qué debía escribir, una novela, o un cuento, un ensayo,… “ tengo muchos fragmentos de ideas en la cabeza, pero quiero saber qué es lo que quiere el público. Me siento como “ una mosca pegada al papel mosquicida, y no quiero caer en el pesebre de la desesperación”.

Justamente este laberinto de ideas que provienen de los sentidos y que revolotean sobre la cabeza, como mostrando la vida en primera instantánea, es lo que mas me impresiona de la obra de Virginia. Recuerdo la impresión al leer “ Las olas”, y cómo vuelvo muchas veces a sus páginas para aprender a ser mas receptiva, a tener los sentidos en la vida abiertos y ser capaz de comunicarlos, creando a su vez todo el mundo increíble que describen y que dibujan.

Creo que este titulo que he elegido tan de “ a lo que salga”, va muy bien con todo. Es la lectura un placer en el que hay que dejarse caer de manera placentera, y esto último creo que es lo mas importante, disfrutar a tope. No debemos ser en esto radicales, lo mejor que puedo hacer por mi si no me gusta un libro es cerrarlo. Pero, si queremos disfrutar de ello de manera total, debemos dejar de tener una actitud pasiva. El sillón de casa, la biblioteca, el banco en el jardín nos abren con la lectura un camino, el nuestro que tenemos que transitar. Cómo hacía Virginia con los sentidos abiertos, intentando ir en la palabras un poco mas allá.

Como dice Dº Miguel para terminar “ Y basta. Basta por ahora. Hay que dejar siempre suelto el cabo de la vida, ¡ Qué no acabe este escrito, que mi vida no acabe, Dios mio”.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 20 de abril. 2017

EJERCICIOS DE CONTEMPLACION EN EL CAMPO EN SEMANA SANTA

Muchas veces cuando veo que se van acercando los días de Semana Santa me invade un sentimiento muy complejo lleno de muchos otros, como una argamasa de distintas cosas. Probablemente el mas acentuado tiene que ver con mis creencias y mi fe, el hondo sentir de la primavera que como Pascua llega a la vida tras un doloroso proceso de dolor, sufrimiento, soledad, incomprensión y abandono. Un camino a la muerte que abre la puerta a la vida verdadera. Creer que todo esto que pasó en la figura de aquel joven judío llamado Jesús, nos marca un camino a todos sus amigos, nos va ayudando a comprender nuestro propio proceso de muerte y vida, de fin del invierno y de la primavera que nace llena de brotes.

Llena de deseos de vivir esto, me marché al campo, sabiendo que la naturaleza me iba a ayudar. Morir a tantas cosas de mi que no me gustan y sobre todo allí me acercaba para, dejando al silencio y al tiempo en toda su amplitud, mirarme por dentro de manera honesta. El campo estaba realmente impresionante, despuntando a la primavera en los brotes de los fresnos y alisos, los prados encharcados que en algunas pendientes se vestían de Jacintos o de botones amarillos de los Narcisos, las Escilas comenzando a florecer en los cercados, las Violetas arrancando a mostrar su tímido olor, los primeros Eremurus, y las flores de las Prímulas se volvían a pintar, entre los capullos de los Geranios silvestres, el porte elegante de las Aguileñas. La garganta bajaba a toda prisa y envolvía mi silencio en una verdadera música, como una sinfonía de agua y de velocidad. La familia volvía a la vida sencilla del campo, a fregar en la pila de piedra y a cocinar bajo la claraboya de la casilla.

Sentí de manera instintiva que tanta belleza me quería marcar, dejar en mi su huella, que tenía que ir tras ella abriendo los sentidos a tope, dejando el pensamiento discursivo, la mente con todo su entramado mundo de pensamientos, sentimientos, anhelos, miedos, ansiedades, problemas, aparte, lejos de esa naturaleza increíble que se me ofrecía como regalo. Dejar a los sentidos su trabajo, y frenar en mi entrenamiento meditativo, dejando a un lado por primera vez en mi vida adulta los libros y la música. Poco a poco lo iba consiguiendo, con paciencia. No es fácil dejar a un lado la mochila toda llena de pensamientos y sentimientos aparte. Me costaba por momentos, y en otros me sentía muy feliz, liberada.Como una mariposa de las que por allí volaban, me dejaba caer, de una flor, a una hierba,…

 

La increíble sensación de todo lo que me rodeaba, iba siendo mi maestro y mi guía. Lejos de mi lanzaba hasta las oraciones que habitualmente llenan mi vida, las ideas y los propósitos, libros, análisis, estudios. El ruido tan musical y a la vez profundo de la garganta parecía que llevaba en su trajín de gotas, espuma y rocas chorreando, el agua hasta mi interior y que calaba profundamente por dentro, me refrescaba, y sobre todo me limpiaba. El agua se mezclaba con la suave brisa primaveral, y movía las hojas secas de los robles que a la puerta de la ermita se arremolinaban, y que con su barrido me llevaban también a mi entre ellas. El verde brote de los castaños se abrían tan dentro que hasta podía sentir el hondo quejido del dolor, de aquello que nace en un cuerpo envejecido por tanta dureza y rigidez.

Estaba en otro lugar al que nunca antes había ni soñado, y todo estaba impresionantemente dentro de mi. En apariencia yo estaba allí, sentada simplemente en actitud de escucha de todo, en términos coloquiales podríamos decir que sin hacer nada. Pero esto desde luego, os comparto, no es así ni mucho menos. Si dejamos a la naturaleza su verdadero poder, nos abrimos a todo aquello que nos regala en este santuario vivo y lleno de amor, nos encontraremos con la puerta del mismo y podremos oír cómo el aire que mueve todo nos invita a pasar muy dentro.

Las horas pasaban tan lentas en apariencia como fugaces en mi corazón, como en una cadena de momentos dichosos que te hacen sentir que ya no puedes mas con tanto, que lo que se regala es demasiado para ti. Al pasar a contemplar todo, a sentirme mirada y empujada, llena de agua que entre rocas arrancaba todo por dentro, por primera vez me empecé a ver de manera diferente. Recordé a Teresa de Jesús, y ese consejo de ir por el camino del » conocimiento de si», una sugerencia que cambió de sentido, pasó en un momento de ser algo que yo podía conseguir por mi misma a ser un regalo. !Un regalo de verdad!  Me he mirado muchas veces por dentro, pero sólo cuando realmente mi actividad meditativa frenó y dejé que lo que me rodeaba me mostrara lo que quisiera, entonces sentí este regalo de verme así. Y realmente, lo que vi, y aún sigo viendo, tiene muchas cosas, como capas, hojas, hilos, madejas y barros que no me gustan nada.

Y comenzó en estos días la vivencia de la Pasión del Señor, porque me vi tan llena de cosas que debería arrancar, pulverizar y dejar al margen, que realmente sufrí y sentía dolor profundo. Un dolor que por primera vez se mezclaba con el disfrute del momento, era como si desde la cruz se me dijera » disfruta» en vez de » llora y sufre por tu traición».  Repetía sin poder parar estos versos del Cántico de San Juan de la Cruz. Eran como un mantra para mi, como las cuentas de un nuevo rosario:

» Gocémonos amado,

y vámonos a ver en tu hermosura,

al monte y al collado

do mana el agua pura,

entremos mas adentro en la espesura.

Todo así , en esta pasión llena de entrega y gozo,  remueve  el corazón mucho mas. El amor, la dicha del momento, se mezclaban con el deseo de cambiar, de morir, de ser un poco mas digna de tanta belleza, de la naturaleza que me rodeaba, de la familia tan amorosa que esperaba a que hiciera la comida, de las procesiones, las torrijas, y la vida que en todo se filtraba.

El silencio y el tiempo al dejarlo abierto en nuestra vida, mas que ser tiempo perdido, poco productivo, es realmente forjador de vida y de verdad. Vivimos en una vida en la que parece que hacemos todo lo posible por vivir fuera de nosotros mismos. Podemos estar años, incluso decenios sin darnos cuenta, no dejando la puerta abierta a nuestra propia humanidad, a aquello que nos define como personas. En este camino, que desde luego precisa de estar muchas veces en silencio, y dejar que el momento nos envuelva con los sentidos finos, la mente quieta y el corazón entregado, encontramos nuestro equilibrio. Estar todos los días un ratito así, entrenarnos en esto, como hacemos en otras muchas cosas de la vida, para poder encontrar nuestro verdadero lugar viéndonos como somos con los verdaderos ojos del corazón, esos que nos miran de veras.

La Pascua llegó iluminando mi interior como nunca lo había hecho. La vida espiritual está llena de emoción, amigos, y no deja que un momento se pueda confundir con otro, ya  que tratando de lo mismo, se llena de colores muy diferentes, de nuevos olores a primavera, la tierra llena de barro y de hojarasca se va convirtiendo en pradera florecida al sol. Es diferente porque yo soy diferente en cada día de mi vida, voy avanzando por ella, a veces tropiezo, me equivoco, confundo cosas, y otras encuentro nuevas rutas por las que parece que me van llevando.

Ahora que ya estoy en mi trabajo diario en la floristería, en la empresa y en medio de todo el trajín de llevar mi casa y familia, siento que el regalo de esta Pascua debo no dejar que se vaya llenando de polvo y de verdín. Volver cada día un ratito a ese lugar increíble que se abre dentro, a encontrarme conmigo y a ir afinando los sentidos para empezar a ver, oír, sentir, acariciar, ayudar a los demás. La actividad contemplativa es así un nuevo entreno para la vida diaria, para ser mas permeables a las necesidades, el amor, la ternura que los demás nos dan y que nosotros queremos también entregar.Y además todo lo vivido siento que me ha abierto realmente el corazón, si, ha sido así. Estuve en la puerta de ese santuario interior de lo natural de mi existencia, y la Pascua floreció ante mi rasgando todo como la rama que se abre en el brote. Entonces como esa otra María que tenía también el corazón pillado, siento que debo salir por ahí a contar estas cosas, a compartirlas con todos, y a volver cada día a esta Galilea tan hermosa con su santuario interior, cerrando los ojos del cuerpo y abriendo los del corazón.

Feliz Pascua a todos.

Os recomiendo la lectura de estos libros , en este nuevo camino, para empezar a entrenarnos:

» El libro de la vida» de Teresa de Jesús.

«El Cantico Espiritual «de San Juan de la Cruz.

» Ejercicios de contemplación» Franz Jalics

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA SEMANA SANTA EN AVILA, CON LA MÚSICA DE TOMÁS LUIS DE VICTORIA.

Una reflexión sobre la historia de Ávila y el tesoro musical que tenemos.

 

Estaba el sábado pasado colocando unos Lotos en medio de un camino de gravas volcánicas rematando mi exposición de Mistica y arte floral “Los ojos del corazón” cuando me di cuenta que la muralla allí también aparecía mas que en la foto solamente, en toda la realidad del Museo y de los arreglos florales. Por la calle se veían muchos grupos de turistas y en el ambiente de toda la ciudad se empezaba a sentir la Semana Santa. Intenté pensar cómo se vivían estos días en los años de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz, qué arropaba la espiritualidad, mas allá de los pasos y las cofradías. Y el nombre de Tomás Luis de Victoria comenzó a llenarlo todo, especialmente en su “Tenebrae”, una música depurada, que parece levantarse en medio de la oscuridad de la Semana Santa, y que de manera cristalina construye una nueva catedral sobre los oyentes que sin saber qué es lo que oímos, nos sentimos impresionados.

Es Tomás un músico único, según musicólogos de reconocido criterio como mi buen amigo Alfonso de Vicente, el mejor compositor del Renacimiento tardío español y uno de los mas sobresalientes de todos los tiempos. Tomás es a la música religiosa, a la que se dedicó toda su vida desde que con 9 años y huérfano de padre, llegó a la catedral de Ávila, lo que Teresa es a la literatura religiosa. Son ambos junto con San Juan, místicos profundos y universales. Un autor al que se le define como “El compositor de Dios”, algo así como aquel que compuso las obras que casan perfectamente con los cuadros de otro artista profundamente religioso y genial como el Greco. Llenos ambos de la mas depurada técnica artística del momento, con una educación elevada, supieron llenar de color en forma de pinceladas o de notas las imágenes del alma de los creyentes.

 

Y me encuentro con este poema de José Hierro, al igual que él que componía siempre en los cafés, dejando sus versos recogidos en las servilletas de papel, en un momento de descanso dominical . El proceso o camino que me ha llevado a considerara su poema “ Acordes a Tomás Luis de Victoria” como uno de los mas depurados y bellos de su producción, tiene que ver con haberlo leído tranquilamente con los “Tenebrae” victorianos sonando en mis oídos. Son un conjunto de dieciocho motetes para cuatro voces a capella. textos litúrgicos para oír en el oficio de Tinieblas de toda la Semana Santa , en el Triduo, en los laudes de Jueves Santo, el Viernes y el Sábado Santo. Fueron compuestas y publicadas en Roma en 1585. Este oficio, que se celebraba con mas frecuencia antes de 1962, es realmente impresionante. Los rezos de las Horas se adelantan a la víspera por la tarde para no interferir a los oficios solemnes y se celebra en la entrada de la noche. Imaginémonos la catedral toda a oscuras, con el candelabro denominado “ tenebrario” con sus 15 velas encendidas. A cada canto de un salmo, se va apagando una vela, hasta llegar a la última que viene a significar la pasión de Jesucristo y en la que se canta el Salmo 50 “Miserere”, y se sitúa en la parte de atrás del altar ocultándolo. En ese momento los fieles producen un ruido de carracas para simbolizar los fenómenos naturales que precedieron a la muerte de Cristo.

La música que impresiona, va como pintando al modo del Greco, en pinceladas como lágrimas, todo el momento. Así dice Pepe poniendo palabras y versos al momento:

¿ Aún abrirás los bosques?, 

¿Aún talarás las olas?

¿ Alzarás las columnas 

de la noche a la gloria?…

¿ Poblarás con tu lumbre

crepuscular aurora”

Harry Christophers, director del famoso conjunto de música renacentista “The Sixteen» en un estupendo reportaje realizado por la BBC con motivo de los 400 años de la muerte de Victoria, habla de algo que yo y muchos oyentes de su obra hemos sentido algunas veces, que se mueve algo dentro de nosotros, y que parece que nos eleva a otra dimensión por momentos, entre sonidos tan dilatados en el tiempo que rompen los límites de la audición convencional, las voces cristalinas de los niños, ahora interpretados por sopranos de brillantes y limpios registros. Y esto, desde luego sitúa a Tomás en el lado de los místicos, desde la composición musical, sobre toda la estructura que parece tan férrea de la armonía que acampaba en las iglesias del Renacimiento. Parece que nos hay constancia de la relación directa de Teresa con Tomás en Ávila, por la diferencia de edad, y por la marcha del joven a Roma a los 17 años. Pero lo que no podemos dudar es que ambos junto con Juan, muestran en el arte místico, la belleza insondable de los lienzos de la muralla, el cielo cristalino sobre las almenas, el frio del ambiente que lucha por congelar el hondo sentir de un pueblo que aparece lleno de pasión y amor, que abre los bosques, que está orgullosos del pasado que aún mira dentro, con los ojos del corazón …

“ luna verde y redonda

ojo donde los hombres

apacientan sus horas”

Es la música religiosa un patrimonio increíble y bellísimo, que debería volver a ocupar su lugar en nuestras celebraciones, para construir así nuevas catedrales bajo las vidrieras de las actuales, taladrando olas, alzando columnas. Feliz Semana Santa, poblada con lumbre crepuscular y auroras.

 

Acordes a T. L. de Victoria.

José Hierro. 1952

¿Estarás donde estabas,
Tomás Luis de Victoria?
¿Al pie de las vidrieras
abiertas a las olas?
El órgano de plata.
Los rosales sin rosas.
El viento galopando
por la luz misteriosa.
El amarillo otoño
besándonos la boca.

¿Aún abrirás los bosques?
¿Aún talarás las olas?
¿Alzarás las columnas
de la noche a la gloria?
¿Gotearás de estrellas
las rojas amapolas?
¿Harás brillar los peces
sobre la orilla sola?
¿Prenderás tus marfiles
en las cimas remotas?
¿Poblarás con tu lumbre
crepuscular la aurora?
¿Serás el mismo que eras,
Tomás Luis de Victoria?
¿Llevarás en la mano
la dorada limosna,
misteriosa moneda,
luna verde y redonda,
ojo donde los hombres
apacientan sus horas?

Silencio. Del instante
lunar, la fuente brota.
¡Dios mío! Estamos muertos.
Gira el astro. Se borra
la eternidad herida,
las heridas palomas,
el cristal donde estalla
la luz que se desploma.
Todas las almas llevan
sangrando su corona.
Sin tiempo. Sin caminos.
Como un árbol sin hoja.
Como una primavera
muda, y errante y rota…

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 5 de abril, 2017https://www.youtube.com/watch?v=KKeL6_NaHtg

 

Taller de meditación con flores y música sobre el poema de San Juan de al Cruz » Cántico Espiritual»

El pasado martes 4 de abril desarrollamos una actividad con flores, música y poesía muy especial en el Monasterio de San Francisco. Dentro del marco de la Exposición » Los ojos del corazón» que está abierta desde el día 1 al 15 de abril de 2017 en el Centro de Interpretación del Misticismo de Ávila, en su Museo de mística.

Llevaba mucho tiempo con la idea de poder realizar algún día algo así, con música en directo que fuera, junto con las flores naturales, vehículos en un viaje mas contemplativo que propiamente meditativo. Dejar que las palabras de Juan nos llevaran y hacerlo en grupo, compartir con otros esta experiencia. El taller se desarrolló para 20 personas, y con la técnica de Ikebana fueron realizando sus arreglos dentro de todo lo que sentíamos sensorialmente, la música, el olor de las flores, su tacto. Abriendo en ello los sentidos, los interiores, como dice el titulo de la Exposición, » los del corazón».

La tarde en Ávila estaba primaveral, con los prunos florecidos y las primeras cabezas de león saliendo en las praderas. Fui en los días anteriores seleccionando todas aquellas flores que considero que tienen que decir algo al corazón y que andan muy bien de la mano de las palabras de Juan: brezos, narcisos, tulipanes, guisantes de olor, claveles de poeta, lilums, astrantias, delphinios, acónitos, claveles, crisantemos, ranúnculos, celosías, escalas,anémonas. Con ramas de magnolia, esparragueras Spengueri, eucaliptos, helechos, musgos, hojas de salas. También había rañas de  cortezas, piñas, tramas de ciruelos, mimbres.

La musica fue sublime. No sé cómo agradecer a la pianista Adela Ochadiano y a la soprano María García el concierto bellísimo que nos ofrecieron. Una música que se constituyó en la verdadera voz que nos guiaba y nos transportaba a otro lugar en la limpia coloratura de María. El » Aria di Chiesa» de Alessandro Stradella, » Caro mío Ben» de Giuseppe Giordani,  » Domine deus» de Vivaldi y para finalizar, Ridonami la Calma de Paolo Tosti y el Ave María de Schubert.

Fuimos dejando que todo nos fuera llevando y los arreglos florales comenzaron a levantarse. Cada uno de los participantes hizo suyo un trozo del Cántico de San Juan y todos ellos, una vez terminados y colocados allí en el escenario, junto con la música, levantaron el Cántico desde el corazón de todos los que allí estábamos.

Un momento inolvidable, en el que vamos caminando por nuevas formas de expresión y de vivencias de lo natural. En los que dejamos que el momento nos sorprenda, sabiendo que lo que vivimos es algo mas que la suma de las partes y de los elemento que allí teníamos. Hay algo mas, un lugar mágico al que nos llevan, a cada uno al suyo propio, y que todos juntos levantados en flores parece que nos dicen hondamente que la mística, como experiencia de lo espiritual está viva, y que sólo tenemos que disponernos, abriendo los sentidos, con un corazón anhelante que diga de forma profunda…¿ Dónde estás?, para poder sentir que el momento nos mira, y el espíritu se llena de paz y de armonía. De sensaciones que desde luego sentimos como regalo, como parte de la hermosura viva de lo creado.

Agradezco desde estas líneas a la concejala de cultura del Ayuntamiento de Ávila,  Sonsoles Sanchez-Reyes esta oportunidad,  a Juanjo Barcenilla y a Adela y María nuevamente mi agradecimiento total. A todos los que levantasteis juntos este poema con flores, el poema de amor mas bello de la historia. Mil gracias a todos.

La inscripción para el curso será donada a la Cruz Roja en su dedicación a los Refugiados de la guerra de Siria.