Amor sin Descanso. 

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Una mañana de noviembre, con los poemas de Goethe y viendo cómo salen las setas de un tronco cortado en los jardines del Santuario de la Virgen de Sonsoles en Ávila.

Oh si, amor sin descanso, en la naturaleza, … donde el corazón siente al corazón.

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¡A través de la lluvia, de la nieve,
A través de la tempestad voy!
Entre las cuevas centelleantes,
Sobre las brumosas olas voy,
¡Siempre adelante, siempre!
La paz, el descanso, han volado.

Rápido entre la tristeza
Deseo ser masacrado,
Que toda la simpleza
Sostenida en la vida
Sea la adicción de un anhelo,
Donde el corazón siente por el corazón,
Pareciendo que ambos arden,
Pareciendo que ambos sienten.

¿Cómo voy a volar?
¡Vanos fueron todos los enfrentamientos!
Brillante corona de la vida,
Turbulenta dicha…
¡Amor, tu eres esto!

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MEDITACIÓN CON FLORES, diseño para el día de Todos los Santos en la televisión.

Con los versos de Claudio Rodriguez.

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Se acercan las fiestas de Todos los Santos y comenzamos en el taller de donzoilo a hacer cientos de arreglos para todos nuestros clientes y amigos. Y desde Promecal me llaman para acudir a la televisión de Ávila para realizar un trabajo floral en directo, con motivo de estas fiestas.

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Comienzo lentamente a ver qué quiero hacer, y mas lentamente me voy poniendo en mi propia vida y trayectoria. Hacer a mis clientes aquello que a mi me gustaría recibir de mi florista. ¿Qué es lo que puedo hacer y decir con flores para estos días?,… yo realmente sé amigos, qué puedo hacer, y sé que es  mucho… porque con flores nos acordamos tanto de nuestros seres queridos, y además con ellas mandamos ternura y consuelo, tan necesarios en estos momentos, cuando revivimos la pérdida de personas tan importantes para nosotros.

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Al empezar el planteamiento, rápidamente me fui a un diseño que en estos días a mi me consuela mucho, una cruz. Ahí está sin duda la raíz que consuela todo el duelo que aún siento por la muerte de mi padre, dolor que aún me araña el corazón. Lo que me reconforta y me anima a continuar, ahí está y con flores quiero ponerlo. Elegí flores de tonalidades claras, blancas, verdes y azules en sus matices mas sutiles, para que sobre la capa de hojas otoñales confortaran y dieran un poco de sosiego. Delphiniums, Asther, Tulipanes, Crysanthemun blancos y Anastasias green, Rosas Avalance blancas,  Clavelinas Diathus, Ornitogalus. Y sentía que dan esa paz porque se asientan sobre los colores de la naturaleza, de la gama cromática de los jardines, con esa belleza de colores ocres, anaranjados, rojizos.  Hojas de Liquidambar, bayas de Viburnum azules brillantes, y escaramujos de rosal.

La naturaleza al aparecer en el diseño asienta el sentimiento en la vida, en hoy en día, en el  amor que sentimos,…  Parece que nos dicen: mira parece que está el campo en este arreglo, … mira así está el jardín que a ti se te ofrece con estas flores.

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Al llegar a casa, y descansando de la grabación, fui a buscar el poemario que tantas veces me acompaña. Estos poemas  que al leer siento que podrían ser mis palabras si tuviera la valía, la sensibilidad y el estilo de Claudio Rodriguez. Y las hago mías Claudio, siento tantas veces esa sintonía,…

Déjame que te hable en esa hora

de dolor con alegres

palabras. Ya se sabe

que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,

curan a veces. Pero tu, oye, déjame

decirte que, a pesar

de tanta vida deplorable, si,

a pesar y aun ahora

que estamos en derrota, nunca en doma,

el dolor es la nube,

la alegría, la casa.

Que el dolor es la miel,

simbolo de la muerte, y alegría

es agria, seca, nueva,

lo único que tiene

verdadero sentido.

Déjame que con vieja

sabiduría, diga:

a pesar, a pesar,

de todos los pesares

y aunque sea muy dolorosa y aunque

sea a veces inmunda, siempre, siempre

la mas honda verdad es la alegría.

la que de un río turbio

hace aguas limpias,

la que hace que te diga

estas palabras tan indignas ahora,

la que nos llega como

llega la noche y llega la mañana,

como llega a la orilla

la ola:

irremediablemente.

Oh si,… El dolor es la nube y es huésped de nuestro corazón ,…si desde luego.  La alegría es el espacio, que juega con nuestros sentimientos.Y  en el fondo, a pesar del duelo, la mas honda verdad es la alegría aunque sea agria, seca y nueva.

Palabras, flores, sentimientos, dolor y duelo, que como olas llegan a esta orilla, cada mañana, irremediablemente. Me acuerdo de ti, y con estas flores, me consuelo. Una ofrenda por tu vida, la alegría de haber vivido cerca de ti.

 

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Doy las gracias al equipo de la televisión de Ávila, a Teresa Herraez,… gracias.

 

 

 

Tras los días de la fiesta de la Santa hago un pequeño paréntesis para visitar la exposición de Caillebotte en el Thyssen. La muestra de un pintor impresionista amigo de Monet, que descubrió en la naturaleza y en los jardines el motor de su vida. Hasta el 30 de octubre podemos con él remar por el Sena, viajar por Normandía, y perdernos por los parterres de girasoles de su jardín de Petit Gennevilliers. El salto, la chispa o la inspiración que hace a un artista encontrar su propio camino y forma de expresión, hunde sus raíces en su propia vida y vivencia. Algo transforma su visión de la realidad, haciendo entrar a su mirada creativa en otra dimensión.

Desde hace unas semanas, tengo siempre cerca un ensayo de John Fowles, (1926, 2005) “ El Árbol”, que profundiza de manera amena sobre el mundo natural que nos rodea, el patio con manzanos de su casita de infancia en Londres, y la conexión, el punto de arranque de la creación artística. La actitud que en el fondo de todo el libro parece fluir es la de “ dejarse caer”, el arte de deambular, de dejar que lo que por allí vemos, sentimos, oímos, nos enseñe. El arte pues del vagabundeo vital, del que se pone las botas, y recorre el monte, el jardín o la ribera de un rio. El arte con guantes del jardinero que pasa la mañana rastrillando el huerto.

Gustave Caillebotte, igual que John Fowles se dejó cazar. La naturaleza en estos casos pasa de ser la presa a ser la rapaz que entra a invadir el espíritu creativo de un artista. El apetito de lo natural, sus riveras pobladas de juncos, el huerto de los manzanos en flor, el camino de las dalias, llegó a ser voraz, en el sentido mas lúdico y glotón posible. Miles de cuadros forman el corpus de este autor que en los últimos años está recobrando su justa apreciación por la critica artística, con exposiciones como esta de Madrid..

Esta manera de acercarse a la naturaleza, es sin duda vital y artística en su caso, sobre todo porque de lo que se separa de manera clara es de una actitud en exceso positivista. Si sólo nos acercáramos al campo para saber, conocer, descubrir,   los artistas como Caillerbote, se volvería académicos, eruditos: no dejarían a lo natural llevar la delantera.

Esta actitud vital de entrar en la naturaleza desprovistos de manuales de plantas y animales, de móviles, fotos y cuadernos de anotaciones, dejando que lo que por allí sentimos vaya definiendo el momento, cambia nuestra percepción de la naturaleza, nos llena de energía verde, y en algunas personas desata su creatividad y arte. Allí pues se encuentra esa chispa que arranca el proceso creativo.

En 1979 John Fowles publicó “ El árbol” como compendio de sus pensamientos y artículos , casi diez años después de su famosa novela “ La mujer del teniente francés”, donde su final abierto apunta mucho de su pensamiento sobre el libre albedrío. Cómo debemos dejar que la vida nos vaya sorprendiendo y cómo hundiendo nuestros pasos y manos en la tierra del jardín, la huerta o el bosque, estamos dejando abierta esta posibilidad.

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Una de las características de nuestra sociedad intercomunicada, es la de la prisa, la cultura de lo inmediato. La tecnología está tan por encima de nuestra capacidad de entenderla, que nos hemos sometido a ella, y dejamos que sean las informaciones, las redes sociales, los whatsapps, los que definan nuestros pasos de cada día. Wikipedia es la diosa, parece que todo se subsume en ella, y fuera de allí, el saber se encuentra como una pequeña mata de malvas al margen del camino. Y el arte se enclava en esta red tan complicada, sobre todo en el aspecto de la fuente de inspiración, de la comunicación y del estilo artístico. En medio de todo este planteamiento, los pensamientos de Fowles nos dan un poco de sosiego. La naturaleza, entendida en este sentido tan amplio que abarca desde luego también a las hierbas silvestres y rastrojos de la tapia del jardín que salen y salen floreciendo cada primavera, es un motor diseñado por la creación para los hombres. Nuestro patrimonio. Una creación que debemos ver mas que como sustantivo, como verbo. Siempre en movimiento. Un movimiento que arranca el espíritu artístico, y recuerdo en todo esto el oratorio de Haydn “ La Creación”, la música de esta inspiración, la creación en notas.

Pintores como Caillebotte, Monet, escritores como Fowles, músicos como papá Haydn, nos dejan sus obras, algunas llegamos a considerarlas maestras, únicas, con gran valor. Pero todas ellas fueron creadas y lo que leemos y observamos está ya pasado, fijo, muerto, salvo que lo admiremos y lo hagamos nuestro de manera personal y creativa, lo interpretemos. Sólo la creación en la naturaleza es siempre viva “ per se”. Bella, única y en movimiento, sólo tenemos que ponernos las botas, dejar los pensamientos recurrentes , las preocupaciones familiares, la política con su red de problemas, las redes sociales, para entrar a formar parte de algo que se gesta para nosotros, vivo. Vagabundeando por ahí un rato, sabiendo cómo tenemos que calzarnos las botas.

 

 

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Este fin de semana he podido darme cuenta  qué significa la expresión » estar en Babia». La región del norte de León con este nombre era la elegida por los reyes leoneses para evadirse de las responsabilidades de su cargo y tomarse un respiro cazando y disfrutando de la naturaleza en este bello lugar, también me ha servido a mi para estar completamente » en Babia» por unos días».

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Cogimos el coche y atravesamos montañas  por caminos forestales siguiendo el rastro de rebaños de ovejas, rodeados de los mastines mientras las cortantes calizas se teñían de diversos colores hasta llegar a las cumbres de Peña Ubiña. Allí eran  blancas y radiantes y reflejaban el sol en su oscilante vaivén de ponerse y levantarse cada día. Era todo tan impresionante que como pastores de ovejas por allí queríamos vivir, con ellos, a pesar la dureza de su vida.

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Los pueblecitos son tan pintorescos alargados sobre el verde que en septiembre continuaba, con sus casas solariegas recias de pizarras junto a las humildes casitas de los pastores, de bellos tejados compuestos de pizarras decoradas de  piezas redondas como de festones, con rejas para cortar el avance de las nieves que en estas zonas nos cuentan que son tremendas.Con flores en las latas y bidones cultivadas, Aster, Phlox, Y  las gallinas con sus gallos multicolores andan por todos los lugares, y sus huevos doy fe que son realmente deliciosos, con ese color oscuro en la yema, y el sabor de sus paseos y andanzas por los prados y las calles.

 

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El concurso de los mastines en el pueblo de Barrios de Luna, reunió a los ejemplares mas impresionantes que he visto, con unas cabezas robustas y cuadradas, la piel como descolgándose a modo de cortinas y esa mirada dulce y bonachona propia de la raza. Lo que mas me ha impresionado de los mastines ha sido sus dueños. Orgullosos de sus perros, los aman tanto que no los venden, llegan a tener hasta 50, a viajar en barco hasta con 20, a conocer a todos los que hay en la Península, a fotografiar cada uno, se reúnen, son amigos, comen juntos, hablan de sus canes, y son como ellos, bonachones, nobles, y muy cálidos. Adoro cómo los mastines se tumban  y apoyan la cabeza sobre el suelo desplomándose,…

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La vista de la casa de nuestro querido amigo Roberto,  es como una puerta abierta viva y rotunda a un cuadro de Carlos de Haes. Increíble tanta belleza. Se refleja allí la luz en las cumbres y con los prismáticos se pueden ver tantos animales salvajes. Ver amanecer es el regalo que allí se da la familia, y ponerse las raquetas cuando nieva y salir a caminar entre la nieve cuando esta a veces tapa mas de un metro la terraza de su precioso refugio.

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Castilla es una región mágica. Si, mágica, llena de cultura, arte, belleza, y con unos paisajes, y naturaleza únicos. Atravesar las llanuras de cereales, los ricos bordes de los húmedos ríos, los páramos con sus castillos en los alto oteando el horizonte, las iglesias mudejares con esa mampostería de ladrillo como filigrana toda tejida, los retablos barrocos, los ábsides románicos que pintados se fueron lavando siglo a siglo,….pasear por ella, deslizarse un fin de semana por aquí es un placer,…

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Pero uno de los atractivos de esta zona es sin duda su gente tan hospitalaria. Nos abrieron sus casa para que pudiéramos ver cómo eran las cuadras y cómo apilan la leña para el duro y largo invierno. Cómo lavaban la ropa en una especie de rueda de molino que salía desde la cocina al exterior, cómo eran los hornos del pan,… en estas cosas de la etnografía  conocimos a Isaac Alvarez que ha levantado un interesante museo con todas las cosas recogidas en la zona y que de manera altruista lo enseña con tanta atención y cariño,… !! Mil gracias!!! me encantó ver cómo se hacía la mantequilla y cómo levantaban los pastores unas tiendas de campaña de ramas en medio del campo,…las ruecas, las carrancas de los mastines para defenderse frente a los lobos. De lobos hablamos un montón este fin de semana también,…

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Me fui con un libro de Unamuno en el bolso este que tanto me pesa, con libretas, pinturas,… no tuve tiempo de leer, ni de escribir, pero cuando veía  allí las palabras de Dº Miguel, me decía, ! Ah,…. mira,… otro enamorado de Castilla,… otro que como tu estaba también en Babia!!!

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Así  dice Unamuno de Castilla,… así grito yo hoy al cielo,…Peña Ubiña, así … !

Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo,

Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.

Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.

Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.

¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!

Un saludo y un beso a Roberto, a Rosa, Nicolás, Mercedes, Nacho y Santiago. Qué buen fin de,… !!! Ganaron los mastines, pero mas ganamos nosotros. Gracias.

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Cuando leí que Antonio Colinas era el ganador del premio Reina Sofía de poesía iberoamericana, me acordé de este verso tan fantástico, y de esa afinidad que siento con su poesía muchas veces. De cómo cuando leí este poema “ las tormentas de Glenn Gloud”, supe que Antonio hablaba en un idioma vital muy cercano. Porque la poesía en su expresión es honda, contenida, castellana de raíz, pero también sugerente, rica y llena de matices, sonidos y percepciones existenciales.
Hablar de los sonidos que habitan tan cerca de nosotros que pasan de la sala de conciertos, de la música que envuelve el salón de casa y la biblioteca, las horas de espera, y los viajes en coche, a nuestra cabeza, al recuerdo y al baúl del fondo de la conciencia, es algo que impulsa a ponerlo en palabras y versos. Al menos a intentarlo.

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Glenn Gloud (1932-1982) fue uno de los pianistas mas brillantes no sólo de su época, sino de todos los tiempos. Era y es, porque aún podemos disfrutar de su música remasterizada, y de videos con sus actuaciones. Único y muy especial, pianista de educación cultivada desde su mas tierna infancia por su madre y profesora Florence que rápidamente vio en el niño canadiense, su talento y genio. A los cinco años ya componía obras musicales para representar en el colegio y a partir de los diez, contaba con los mejores profesores que había a su alrededor. Pero es su manera de tocar el piano, esa relación con el instrumento como si éste fuera un ser vivo que entra a formar parte del pianista durante la interpretación, imposibilitándole a hacer algo que no sea tocar, y dejar que todo fluya, lo que le convierte en único e inmortal. El profesor y virtuoso pianista chileno Alberto Guerrero lo sentó desde muy pequeño en una silla para que ejercitara y fortaleciera los brazos, y ya de ella no quiso nunca desprenderse, la vista pegada al teclado, alejando las banquetas de las salas de los conciertos. La silla de Glenn, ya pieza única de su personalidad musical mas íntima.
Le gustaba tocar en su casa de Toronto, con una taza de café sobre la cola del piano abierto, en zapatillas y bata, con las piernas cruzadas, y el fondo del jardín tras el ventanal del salón. Era brillante y especial pero casi “ autista” en su trato social, siempre intentando hablar poco, y mantenerse al margen del público que  admiraba  su modo de tocar y de la critica y el mercado musical que seguían sus pasos. Llegó a los treinta años y decidió dejar los conciertos y sólo grabar sus interpretaciones. Con Bach sentía tal afinidad que al tocar tarareaba sin poder controlarlo, golpeaba las teclas suavemente a brincos, se levantaba con la cadencia del aria de la Variaciones Goldberg en su cabeza, para volver a sentarse al piano y continuar. Sentía esa alambrada espinosa de la que habla Antonio cuando su planeo terminaba y bajaba al mundo real.

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Me impresiona aún este poema, tanto como otro tuyo que tiene a Häendel como protagonista, y en sus arias lanzas la mirada de los lectores a ver dónde se mueven sus melodías, ¿ Conocéis el lugar donde van a morir las arias de Häendel? Estaba en esos días, ya hace bastante tiempo, redescubriendo a este músico, pillada con sus arias y óperas. La interpretación de su música con instrumentos de época, el volver a oír las composiciones con el tempo que está realmente escrito, los nuevos cantantes con una visión mucho mas auténtica de la interpretación y la técnica vocal muy adelantada. Todo esto me hacía, como todavía siento que pasa, disfrutar tanto de su música, haciéndome sentir que se mueven las melodías de manera tan independiente, que realmente no sé dónde van parar.
Häendel y Bach, dos músicos barrocos alemanes, que compartieron educación musical, patronazgos, hasta de los servicios del mismo oftalmólogo al final de sus días. Vivieron en países distintos y dedicándose a tipos de música muy diferentes: la iglesia y la ópera.

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Me pregunto Antonio, dónde van no sólo las melodías que pululan en nuestras cabezas y que nos unen a tantas personas de todo el mundo, sino a dónde van también las palabras, los versos y sus sombras. Pueblan mundos dentro de nosotros, a veces como tu dices, reposan en los amarillos infinitos de la Castilla de nuestra mirada diaria, la que tras los cristales de casa y del coche se ensancha. Pero también pueblan el espíritu de tantas personas, abriendo como navajas , palabra a palabra, su lectura, haciendo de algunos poemarios y libros residentes de por vida en “la mesilla de al lado del sillón”. Libros como los tuyos, con melodías que se desplazan, y en su planeo nos muestran la luz, el desierto, la llanura, la pradera y la alambrada del caer de la tarde, y el espino que araña cada rincón de la conciencia, la vida y el dolor.

Publicado en el Diario de Ávila. 26 de mayo de 2016.

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¿Conocéis el lugar?
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Creo que se halla aquí, en este espacio
donde se inventa la infinitud de los amarillos;
un espacio en el centro del centro de Castilla
en el que nuestros cuerpos sanarían
para siempre
si tus ojos y mis ojos
mirasen estos páramos
con piedad absoluta
y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse
para hacernos su ofrenda
en rosales de sangre.
En este espacio hay un fuego blanco
en el que viene a expirar la música
que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!

¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en una tierra con más cielo que tierra,
donde los ruiseñores serenan la alameda
y la alameda serena de los ruiseñores,
y con la emanación
húmeda del tomillo más nocturno,
acude un enjambre de estrellas
a venerar la última espina de Cristo.
Es el mismo lugar donde la luz
llora luz,
y la catedral de los cardos
alza su grito de silencio,
y están solas, muy solas, las vírgenes
[anunciadas
y el pueblo, amurallado y muerto,
asciende vivo sobre un horizonte de lágrimas,
no sé si como un salmo
o como una corona de piedras inciertas.

¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en el centro del centro de Castilla,
donde por los linderos morados
se tensa, como un arco, la luz;
es un espacio en que la nada es todo,
y el todo es la nada,
y en el que junio joven viene por los montes,
vertiendo de su copa oro líquido.
Es un lugar en el que espacio y tiempo
sólo son una hoguera
que arde y que mantiene su combustión
gracias a nuestras vidas (quiero decir:
gracias a nuestras muertes).

La música que más amáis
aquí tiene su tumba.
es la música que, a través de la respiración
[de las espigas,
viene a morir en la luz que respiran
[nuestros pechos

 

¿Desde dónde llegaste con tu furia tan quieta?
Parecía que ibas a adormecerte encima del piano,
pero enseguida alzabas una hoguera
de llamas negras y tus largos dedos
de hielo acariciaban
el fuego de las más altas esferas.
Y cómo te arrullabas con cada arrebato,
quizá porque querías ser el niño
que no pudiste ser, o porque no sabías
que el hombre-niño que eras
llegaría muy pronto a desbordarte.

¿A dónde ibas separando espinos
con tu navaja de música?
¿A dónde ibas, de dónde venías
con la música que otros escribieron,
pero que sólo tú supiste alumbrar?
Para arrancar sonidos nunca oídos
no bastaban tus manos,
por eso con tus labios musitabas
lamentos amorosos.

A veces parecía que las manos
no te pertenecían,
pues volaban muy lejos del piano,
y la música y Bach las perseguían,
iban detrás buscando otros espacios
de secretos sonoros.
Marea de pasión contenida, llegaste
a este mundo en busca de más vida,
mas Ella te esperaba en una encrucijada
(Ella era el concierto final, el más sublime)
y en un excelso juego de adivinaciones,
para olvidar por siempre,
acariciabas cada tecla negra,
le susurrabas a las teclas blancas,
y siempre avanzabas bajo los cielos fríos
con tus tormentas de oros.

A veces, cual cantata, el cuerpo te temblaba
y tú ya no sabías si el piano
era cuna o féretro.
Los huesos te cantaban, ardías con la música
y tu cerebro era un bosque de órganos,
y de los tubos de éstos brotaban infinitos.
Pero a la vez tus dedos eran llamas,
diez llamas muy humildes que elevabas
allá, en lo más alto,
como plegaria última,
hasta llorar por siempre de alegría
lágrimas negras.

Luego, la soledad te devoró
y volviste a salir al encuentro de Ella
para alejarla, para adormecerla
como a ti te gustaba: arrullando
esa mar o esa noche del piano.
La Muerte te salía al encuentro
con sus coros y orquestas,
mas tú la combatías con ternura,
la ibas conduciendo (como si fuese uno
de aquellos animales que amaste y que te amaron)
hasta el redil oscuro donde tiene
la música su tumba.
Y pusiste de nuevo tus manos a cantar.
Y comenzó tu cuerpo como a tambalearse,
e ibas y venías del piano
sin poder resistir tu propia música.
Y tus ojos, cerrados, hacia dentro estallaron.

Ya no estás con nosotros,
mas tus manos nos llevan todavía
por ese firmamento
en que nos convertimos escuchándote.
Meteoro de luz, incandescente aún,
siempre regresas para irnos guiando
con tu estela hacia arriba;
nos vas arrebatando humanísimo
allá donde perdura
el combate ganado por tus manos;
nos dejas derrotados allá donde nosotros
deberemos librar nuestro propio combate
y ganar o perder para siempre
esa música que es la vida eterna.

 

 

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» QUE otros alaben lo que les plazca;
Pero yo, natural de las riberas del Misisipí raudo, no alabo nada en el arte ni en ninguna otra cosa,
Mientras no haya aspirado profundamente la atmósfera de este río y el perfume de las praderas de Occidente.
Y los haya exhalado a mi vez.
¿ Es un prodigio que yo sea inmortal, si todos somos inmortales?;
Sé que es un prodigio, pero mi vida es también un prodigio y mi concepción en el vientre de mi madre es también un prodigio,
Y que de una criatura haya llegado, en arrastrarme sonámbulo de un par de inviernos y de estíos, a hablar y andar; todo esto es también un prodigio.
Y que en esta hora mi alma te abrace, y que influyamos el uno en el otro sin vernos, y acaso sin vernos jamás, es igualmente un prodigio.
Y que pueda pensar pensamientos como éstos, es también un prodigio,
y que yo pueda hacer que los pienses y que los conozcas como verdaderos, es también un prodigio,…»

Walt Whitman. Autum rivulets.

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!Oh Walt, viejo amigo de barbas pobladas!,… ! cómo puedes hablar con palabras prestadas desde los confines de mi interior, desde esas vaguadas caladas, la ondulante linea de la carretera que lo recorre, la pradera encharcada en gotas sobre los pétalos de cada flor!,… Así lo siento, de veras,… ! y que otros alaben lo que quieran!…. eso mismo grito yo hoy.

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Avanzan los días de esta primavera de manera tan encapotada y llenos de negras nubes posándose sobre todo, como mi espíritu dentro de una maraña de jaquecas que parecen encadenarse unas a otras y descargar sobre esta pradera que es mi cabeza. Y parece que voy sorteando cada trabajo y quehacer diario, casa, familia y trabajo de manera realmente agotadora, porque siento a cada poco mi debilidad, que me puede llevar a la cama en un momento. En medio de toda la agenda, me desplazo a la montaña a impartir un curso de arte floral y a rematar la decoración de una boda, y desde mi coche parece que la medicina mas potente que haya en el mercado, aparece allí, sin receta, sin contraindicaciones, sólo para mi, en la naturaleza que envuelve la mirada, llena el espíritu de paz y de armonía interior.

Empiezo a bajar la ventanilla, y a ralentizar tanto el paso que tardo mas de una hora en recorrer lo que en pocos minutos debía haber hecho. Paré al fin en la cuneta, y poco a poco empezó a llover aún mas. Dejé la música que sonaba desde el coche, fundiéndose y allí me quedé sintiéndome propietaria de todo. Poco a poco con la lluvia que ya me empapaba, sentía que ese paisaje, la vista que recorría entre nubes los picos de Gredos, las laderas llenas de matas de piornos y cantuesos, los álamos de la ribera, las fuentes con sus colirojos, y las llanuras encharcadas con el vuelos de la cigüeñas que comenzaban a despegar, se me regalaba ya para siempre. Sentí que mas que estar todo esto fuera, al alcance de mi vista, estaba todo dentro de mi, muy dentro,…. Aspiré profundamente la atmósfera del río que por allí se despeñaba entre barrancos y luego desplazaba su panza sobre la llanura, y el perfume de todo me vistió como para una fiesta.

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Parece que la montaña, el perfume y la compañía de la lluvia, llevaba el baile a otro momento, sentí que de lo que hablábamos en susurros, lo que el aire decía entre las gotas de lluvia, era algo relativo a la eternidad del momento que ya se dilataba. El vaivén del coche, mi paso tranquilo a lo largo de la carretera de la montaña, me hacía sentir que interiormente galopaba, y que ese caballo que sentía resoplar entre las gotas llevaba el nombre de » eterno»,…. eterno momento, baile eterno para mi,…Y yo seguía tu paso, y mi ritmo se acomodaba a Ti , y desde dentro surgía una especie de caudal de energía que decía, te decía, siempre,… siempre así, siempre estaré aquí,…. Usaré la memoria como motor para poder avanzar en medio de la tristeza, la ofuscación, el miedo,… Cuando me atenace el dolor, la pérdida, y la desorientación,… cuando agotada me desanime, y no sepa por donde está el camino, el caballo, el baile y la pradera llena de lluvia del corazón. Cuando vuelva a preguntarte dónde estas tú, Señor, collado, montaña río, prado florido, vuelo de alondra, viento y sol.

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Me pregunto cómo ocurren estas cosas, sintiendo que hay prodigios como dice Walt que se circunscriben a mi nacimiento, al de cada uno de nosotros. El prodigio de vivir y respirar, de poder hablar y llamar lluvia, a lo que cae, y de respirar el paisaje, la belleza, la armonía, la luz y el equilibrio.

El prodigio de ser y de sentir que esto se pinta así

El prodigio del amor, que nos empuja por carreteras de montaña mas allá del cómodo salón de mi interior,

El prodigio de hablar y comunicar estas cosas, y sentir a los lectores atados a lo que escribo, mas allá de la red. El prodigio de tener empuje para hacerlo para pulsar las teclas del portátil hoy.

El prodigio de pensar y avanzar cabalgando, sintiendo que mas que dirigir el momento, es él el que nos lleva en sus lomos, trotando, por ahí, al paso quedo, subiendo colinas, y atravesando prados y estanques.

El prodigio de calarnos con gotas que mas que lluvia, son de ti, momento de mi vida, eterno y feliz. El prodigio de sentir que me inundas tanto, que ya calada aprendo a seguir, diluyendo la presión que atenaza mis días y hace mas tristes las horas de la noche que debían ser dibujadas para ti, sólo para ti, lluvia, pradera, cuesta, estaque, que ya arrasas con todo en mi interior, dibujante de nuevo paisaje vivo.

Llegué a casa y la luz aquella parece que arrasó con lo triste y melancólico de mi ánimo, pintando todo de un nuevo color. Y desde lo hondo grité ! Oh Walt! ,… otro prodigio es sentirse calado aún cuando la ropa está seca, y el ánimo sereno se da una vuelta de baile sobre lo oscuro, y mira alegre cada rincón del paisaje que levantas, Señor de mi alma, momento amado, lluvia, montaña y río del corazón!.

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Mi gatita bebiendo el agua del jarrón. Parece que la tormenta ya se pasó. Que otros alaben lo que quieran, yo sé que es lo que alaba mi corazón, y lo que alaba de veras,… Pradera encharcada, lluvia y chaparrón.

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EN PARADERO DESCONOCIDO. Un caso de criminología.

Leyendo a San Juan de la cruz, y reflexionando sobre la creación artística con Stefan Zweig

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Estoy estos días enfrascada en la lectura de las obras de San Juan de la Cruz siguiendo el master de la Universidad de la Mística, y a cada paso que voy dando con los versos de nuestro admirado paisano de Fontiveros, más me impresiona esa capacidad que muestra para hablar de la vida y el amor, y cómo todo lo hace de manera tan bella. Identifica al Creador con su creación en dónde le encuentra , las montañas, los prados, las ínsulas extrañas. No sabría decir si nos sobrecoge su obra por lo que describe y tan increíblemente sublime se muestra en la naturaleza que nos envuelve, o por cómo él lo cuenta, la pausa y el espacio ese que vemos entre cada palabra, la sombra tras de cada verso, la música callada tras cada estrofa. Por el proceso creativo.

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En 1940 Stefan Zweig mandó una carta a su primera esposa Friderike en la que recogía sus impresiones sobre la creación artística y su misterio. Al adentrarnos en las obras de arte, contaba, cuando alguna de ellas salta del anonimato del estante de la vista o el oído, al del interior y allí está con nosotros, en ese momento, sentimos una gran humildad y nos sobrecoge la impresión. Vemos que hay algunos elegidos, artistas de veras que hacen comprensible con su obra, lo que en si mismo parte de un principio incomprensible. Este proceso de la creación artística se asemeja mucho a un caso de criminología, en ambos reconstruimos dentro de nosotros, con un poema como este de San Juan, o con una sonata de Corelli, una acción cuya realización en origen no hemos presenciado. Y esto nos debe llevar a no acercarnos a estas obras sólo de manera racional, sino a dejar abierto todo nuestro sentido a la aventura que nos muestran. Lo cierto es que cuando leemos , oímos, vamos poco a poco recreando lo dicho, entendiendo a nuestro modo, somos con el autor , autores por contagio.

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Esto lo he visto y sobre todo lo he oído hace unos días en un concierto en el Teatro Real de Madrid, en un recital del reputado y conocido contratenor alemán Andreas Scholl, y curiosamente no en su voz, ni en su manera de interpretar la música compuesta para los castratis de los siglos XVII y XVIII. El que me ha ayudado, además de impresionarme mucho con su interpretación, fue el violinista italiano, Stefano Montanari, que apareció en escena vestido a la manera de los piratas de Caribe, y levantó ante todos una especie de poema lleno de belleza con su violín. Un nuevo Cántico, la naturaleza sobre-creada, el arte en mayúsculas, al ver que no era sólo un interprete mas, con su actuación fue co-creador de todo, sacó las piezas y sus partituras del estante oscuro, al luminoso y lleno de sonidos, melodías, trinos y apoyaturas imposibles. Cuando en la segunda parte del recital, interpretó, junto con un clave, un chelo y un laúd, la sonata op. 5 de Arcángelo Corelli,( 1653-1713) sentí, creo que con todo el público, la emoción de lo creado y compartido.Unknown

En estos días de primavera tan llenos de actos , la semana de Rubén Darío recordando su relación con Ávila por medio de su amada Francisca , las jornadas en el Palacio de Caprotti, el centenario de Cervantes, el recuerdo a Tomás Luis de Victoria, y los cursos sobre San Juan, estas reflexiones nos sitúan en otro lugar. Me planteo entonces qué papel tenemos en este proceso creativo y cómo manejamos la impresión que nos provoca un poema o una sonata de violín. En primer lugar pasa a ser ya algo propio, ya sé qué voy a escuchar cuando esté un poco alicaída y necesite un reconstituyente emocional. Oiré a Stefano y a Corelli, y leeré el Cántico. Pero ya no voy a intentar saber mas de ellos, su vida y distintas pistas de este juicio de estilo criminológico, no. Ya siento que en este segundo paso llega a mi propia lectura y audición de ello y cómo desde ese lugar recreo dentro de mi todo, sintiéndome parte creativa del proceso, dejando mi papel de acompañamiento.

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Dice Stefan que en este proceso creativo los artistas en un momento dado están tan en su obra, viviendo en ella, alimentándose de lo que allí viven que sentimos que andan “ fuera de si”, como indica la palabra griega ekstasis. Cierto día al llegar un amigo al estudio de Balzac que con su largo camisón blanco y su taza de café concentrado estaba escribiendo una novela, llamó a la puerta y el escritor le abrió con lágrimas en los ojos, “ ¡Qué horror! , la duquesa de Langeais ha muerto”, dijo, la protagonista de esa novela que sólo existía en su mente y en el mundo de su creación. Con lágrimas pero de emoción me imagino estos días a San Juan, viviendo en la prisión mas lúgubre de Toledo, húmeda y desolada, el mundo de la Creación por él levantada, el otero, la majada, la fuente cristalina. El proceso creativo es una especie de juicio criminológico, en el que el autor muchas veces se encuentra en paradero desconocido.

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Articulo  en el Diario de Ávila. 28 de abril 2016.

EL GRAN NÚMERO.

 

Cada día cuando me pongo a escribir este artículo, tengo claro desde tiempo antes qué quiero decir y cómo voy a ir “ esquiando” palabra a palabra para intentar comunicarme con vosotros. Hoy parece que esto cambia, y me resulta muy difícil arrancar, seguramente porque hay demasiada nieve en esta travesía. Como decía la poetisa Wislawa Szymborska en su discurso al recoger el premio Nobel, cuando encuentras una frase que encierra todo, es fácil comenzar a escribir. En este caso unos versos suyo, “ cuatro mil millones de gentes sobre esta tierra/, y mi imaginación es la que era./ No se me dan bien los grandes números./ Sigue conmoviéndome lo particular. “

Y es así, estos días andamos enredados en los números, muertos inocentes a manos de terroristas en distintas partes del mundo. El número parece importar mucho en la opinión y las noticias, las comparaciones con otras masacres se encuentran en gráficos, la historia como en un zumbido de cámara fotográfica se maneja de un lado a otro. ¿ Cuantos son los verdugos, y en dónde viven, y cuantos los muertos, cuántas son sus familias, cuantos países ayudan o condenan o informan? Y yo me quedo con lo particular, intento bajar al suelo por momentos, cómo sigue diciendo Wislawa, “ Elijo rechazando pues no hay otra manera,/ pero lo que rechazo es mas numeroso”. Rechazando avanzo como persona y así muestro lo que veo aquí debajo de los grandes números que tan fríos nos dejan.

Cuando tras la” la batalla de Francia” en 1940 Messiaen estuvo en la prisión nazi, compuso su maravillosa pieza para piano, violín, violonchelo y clarinete “ Cuarteto para el fin del tiempo”. Con él pudo descender del horror, rechazar su dominio y crear dentro de todo el infierno, un lugar donde sentir que los demás le importaban, dónde la música pudiera sonar acompañando en el dolor y ser, cada nota, como un silbo maravilloso del pájaro solitario ese que acompaña a cada ser en su corazón. Él fue un apasionado de la ornitología, y quiso adaptar el canto de los pájaros al registro de su música. Consideró que estaba hundido y que la suerte y la sinrazón le rodeaba, pero cuando comenzó internamente a rechazar esta cosa, aquella actitud, el comportamiento de aquel, en ese momento, se bajó de los grandes números al suelo. Estrenó su obra que luego es oída y venerada en los auditorios de medio mundo, en el patio de la cárcel con los cuatro instrumentos que allí pudieron encontrar, interpretada por prisioneros como él. Y desde allí salta cada vez que lo oímos al corazón de cada oyente, que se conmueve por dentro. Y es muy curioso lo que ocurre a veces con el arte con mayúsculas como este, que sin conocer de qué va, qué significa, ni la traducción de lo oído o visto nos llega a las entrañas y nos hace un nudo. El cuadro del” El fusilamiento del Dos de Mayo de Goya “ , o las sinfonía Lenningrado de Shostakovich, O estos versos que son “ un poemita, un suspiro./ A una llamada estruendosa respondo con un suspiro. A costa de pérdidas indescriptible/ Cuanto silencio, no lo contaré,/ un ratón al pie de su montaña materna./

Podemos rechazar la violencia, la intransigencia de los pensamientos únicos, las guerras santas que inmolan a su dios a víctimas de otros credos, los atentados de los terroristas, las hordas de analfabetos espirituales y vitales que crea la sociedad ultramoderna del s. XXI. Podemos oponernos a todo, y debemos hacerlo desde dentro, manteniéndonos al margen de eso que llaman opinión pública, y que nos hace pensar, sentir y respirar como esos ratones del pie de la montaña. Desde dentro, desde el patio de la cárcel en la que vive en tanta barbarie y sinsentido, el corazón de cada uno. Desde nosotros contados en tan pequeño número que es uno, yo, tu y el otro que se duele de verdad. Si esto es así, si razonamos y nos bañamos en toda esta locura, querremos hacer desde cada lugar lo que podamos. Para en principio rechazar y después, esquiando nuevamente, construir, crear una melodía, un lienzo, construir un diálogo, escribir un ensayo, hablar de corazón con nuestro vecino, enseñar a leer lo que se va cayendo como la nieve cada día en los ojos de nuestros hijos.

Dice el poema que nos empuja en la ladera de Wislawa, “ Mis sueños, incluso, no son, como debiera, populosos./ Hay mas soledad en ellos que multitudes y jaleo”, y no puedo mas que seguir con ella con todo, porque siento que esto es así. Silencio, quizá la palabra mágica, lienzo en blanco, folio en el que no sabemos qué escribir. Silencio en medio de un mundo ruidoso que nos nubla hasta el sentimiento y por supuesto la razón.

Estaba en medio de la Semana Santa de este año, rechazando el ruido, y buscando el silencio que me ayudara a ser mas cercana con el mundo ese que no se escribe con números muy grandes. Parece que el tiempo cambia, que los días de frío van en retroceso, la primavera se lanza desde los prunos de la carretera, el folio se va llenando, y nuevamente hago míos estos versos “ de dónde aún este espacio dentro de mi./ No lo sé”. Espacio, aún y dentro de mí, tres palabras para componer una nueva canción. No se me dan bien los grandes números.

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Hay veces que sentimos que todo se junta, que cosas y situaciones que son de diferente naturaleza y sentido, parecen escritas dentro de un mismo pentagrama, dentro de un mismo párrafo. Y vamos como resbalando de una cosa a otra, sintiendo que estamos dentro de todo, y que la música mas que sonar para nosotros, la creamos nosotros y en ella habitamos también.

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Estaba el otro día leyendo un poemario de Goethe, autor al que muchas veces recurro como bálsamo. Es como abrir su casa, y pasar mas que al s.XVIII con todo lo que esto supone desde fuera de alejamiento, de mundo y vida ya pasado, diríamos también desfasado, a una estancia muy confortable. Porque al ir recitando sus versos, lentamente paseando por sus palabras y paisajes, entramos en lo auténtico del hombre que vive y se revuelve con cada acontecimiento, sufre, se enamora bañándose en su propio sentimiento y deambulando por él ya para mucho tiempo. Se plantea el devenir, el sentido de cada cosa y de la vida, la belleza que detrás de las palabras se esconde, lo sutil, delicado y bello de los seres que conocemos, y amamos y nos reconfortan. Y llegué a este poema, » ¿Por qué nos diste las profundas miradas?», sentí que allí me iba a quedar por un largo rato. Ah,… me quedé, y aun estoy, enganchada con todo,» por qué nos diste destino, sentimientos para vernos mutuamente en el corazón,…?

POR QUÉ NOS DISTE LAS PROFUNDAS MIRADAS,

nuestro futuro contemplar recriminando,

nuestro amor, sin confianza bienaventurada

nuestra felicidad terrena imaginando?

¿Por qué nos diste, destino, sentimientos

para vernos mutuamente en el corazón,

y por todos los mas extraños movimientos

poder espiar nuestra verdadera relación?

Tu conocías cada rasgo de mi ser

espiabas cómo suena el nervio mas vital,

con una mirada sola me podías leer,

al que tan difícil penetra un ojo mortal.

Goteabas templanza en la flor ardiente,

enderezaste el salvaje correr extraviado

y en tus brazos de ángel nuevamente

se reponía el pecho destrozado.

Tal fino encanto a él quedaste unida

y lo ilusionaste mas de un solo día.

Su corazón junto a tu corazón hincharse

sentía y ante tus ojos complaciente,

todos los sentidos suyos aclararse

y apaciguar su sangre hirviente.

 

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La tarde estaba fría. Enero no conseguía desprenderse de la niebla de cada mañana, y el jardín de casa estaba precioso todo bañado de niebla y de hielo tras las sombras de los arbustos. La casa de Goethe debía de tener jardines así, llenos de gorros de niebla en los que disfrutar viendo como cada palabra en ellos se tumba como en una nube, a descansar. Porque de todo esto va este poema, del amor. Sentimos muchas veces la deriva que ataca nuestra vida, la zozobra por lo que somos, sentimos y por la maraña de problemas que caen sobre nuestra almohada cada noche. Vivimos como dice Goethe, insensibles a la niebla, y su belleza, al amor y su mirada. Vivimos de manera simplista cada día, no yendo un poco mas allá de cada cosa, no dejando abierta la puerta a lo imprevisible que del jardín llega, no sintiendo que pueda entrar por allí niebla que nos inunde y nos haga vivir juntos ya para siempre.

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La casa Goethe, está ya caldeada, y nosotros ,…nos está la mutua dicha rehusada de amarnos sin entendernos, ver en el otro lo que nunca fue, siempre de nuevo perseguir un feliz sueño,y en peligro de sueño vacilar también. De vivir sin conocernos, de no sentarnos juntos en el salón de casa, de vivir tras los cristales llenos de niebla y de desconfianza. La música comenzó a sonar. No sé muy bien como ocurren estas cosas, como sientes que esa es la música de ese poema y de ese momento, la música de la niebla y del mirarse con profundas miradas. El nocturno de Grieg, Lyriche Stücke, op. 54. Comenzó a sonar,… do,.. do….do,….

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Igual que abrí las puertas de casa a la niebla y me fui al jardín recogiendo aquello que veía relumbrar, para disfrutar de su belleza al abrigo del frío, ramitas de durillo, escaramujos de rosal, manzanitas enanas, ramas de tejo con gotitas de agua aun congeladas, ramas  brotando de la salguera del rincón, igual abrí mis sentidos al momento, y quise fundirme en él. Ya no quería sólo recoger ramitas, sólo leer versos maravillosos. No, no quería escuchar sentada  en el sillón la música sino entrar en todo yo de manera personal. Con una sola mirada me podías leer, me decía el momento que por allí pasaba,… con una sola mirada,…

Siguiendo a Goethe, me dije, ¿por qué no?,… por qué no avanzar por ahí viéndome en los ojos, en los suyos  y recreando toda mi vida desde ahí.  » Tu conocías,… dije,… cada rasgo de mi ser, espiabas cómo suena el nervio mas vital, con una mirada sola me podías leer, al que tan dificil penetra un ojo  mortal» Y quise penetrar en esto, entrar en casa y descansar. Para penetrar en algo, hay que ser en esto activo y no pasivo. De nada sirve coger flores y ramas y usarlas sólo para decorar un lugar por muy especial y único que sea. Hay que verlas de otro modo si queremos entrar a esa casa. Tenemos que verlas como un regalo personal que nos abren las puertas de nuestro propio ser, de nuestra vida, de todo lo relacionado con la historia esa que a gatas sobre los días pasamos. Nacido y florecido para mi disfrute personal, y que me permite verme, me permite encontrarme aunque haya niebla y a veces su gorro me haga sentir triste. Con una sola mirada,…  

Resbalé por los versos, sintiendo que eran míos y que iban también dirigidos a mi, porque en la mirada esa creadora de todo, yo me  encuentro. Miré cada rama como propia y vi el paisaje que detrás llevaban, mi vida y su construcción y su predicamento que me abría perspectivas en el futuro, al sentir que o vivo  de veras o mi vida será siempre desierto y  desazón lejos de nieblas, de humedad y de amor. Y sólo me quedaba seguir en esto  recreando la música de Grieg para poder sentir que mas que oyente pasivo, era, torpemente desde luego, la tensión al pulsar cada tecla, sintiendo la música y cómo cada sonido aparecía y se fundía con los demás de manera tan excitante como real. Sentada al piano y con la digitacion y ayuda de mi profesor Fernando, comencé a tocar una pieza que ya sé que siempre va a estar en mi biblioteca, en mi repertorio como si de un concertista se tratara, en mi propio corazón. La casa de Goethe se levanta, con flores la llenamos de vida, la música reproduce la belleza de la niebla, y las palabras abren las puertas de todo.

La belleza que  creamos,

poseedores, propietarios de profundas miradas también,

mas que lectores, poetas,

mas que recolectores, floristas,

mas que oyentes, concertistas, pianistas del alma,

músicos que pulen cada día el suelo del salón.

 

Y en todo esto sigo a Goethe, en el ardor por vivir, por sentirse mirado y mirar, por ser flor emocionada, por correr siempre dejando con valentía trotar nuestro corazón.

Sentirnos mirados, y mirar.

Sentirnos descritos en un texto y escribir también lo que dentro de casa se vive.

Sentirnos amados y flores ardientes, y amar así también dejando la vida triste y monótona que tantas veces dibujamos.

Sentir la música, y en cada sonido vivir, arrancando del alma su pulso y su profundo ritmo y armonía vital.

Lanzarnos a todo esto, y al menos siempre intentarlo, al recibir belleza, luz, consuelo y el largo crepúsculo que nos circuncida, 

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Goteabas templanza en la flor ardiente, enderezaste el salvaje correr extraviado y en tus brazos de ángel se reponía el pecho destrozado.

Os dejo este precioso nocturno interpretado por la gran pianista  Alicia de Larrocha.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=UjCoXo8kb1g&w=420&h=315]

 

 

 

 

MEDITACION NAVIDEÑA CON UNA MARIQUITA QUE APARECIÓ EN EL TALLER , UN PORTAL DE BELÉN DE FLORES, Y EL POEMA DE KAVAFIS «ITACA».

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Estaba el otro día en un taller de flores de navidad con un dolor de cabeza tremendo,… del tamaño de un gorro de Papá Noel. Las alumnas realizaban sus trabajos cogiendo ramitas de abeto y de mahonias, acebos, y piñas,  y de repente apareció una mariquita sobre una gerbera roja de un arreglo. Parece que a pesar de la niebla esa que ataca con la jaqueca, yo seguía como embobada cada movimiento, cómo subía y bajaba de las margaritas, cómo se resbalaba en la piel brillante de las manzanas, cómo abría un poco las alas sobre su caparazón de Caperucita roja.

Era una escena tan navideña, y realmente no sabía muy bien porqué. No sólo era por el color rojo, y por todas las ramas de piña, y los elementos que por su forma y olor, por lo pringoso de su resina, y lo aromático del musgo. Era navideño sobre todo el espíritu viajero de la mariquita que deambulaba por allí. Y descubrí algo nuevo de la navidad en un momento, que mas que centrarse en un lugar concreto, allí en un Portal, en Belén bajo la mirada de María, de los pastores, de la dulce caricia de José, mas que todo esto, la navidad es algo dinámico, un viaje, … un paseo que nos muestra algo mas de nosotros mismos, del invierno que tiene a la primavera pisándole los talones, del musgo que florecerá y será alimento y protección allí tras la ventana de mi mirada, en aquel sendero que aparece tras las palabras.

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Al llegar a casa y relajarme un poco sintiendo que podía quitarme por un rato el gorro- jaqueca que tanto me pesaba, cogí un poemario. Y no uno cualquiera, me fui a buscar un poema que seguía hablando de este viaje mágico de hacía unas horas, y emprendí el vuelo hacia Kavafis y su mítico poema » Itaca». Y nunca antes lo había visto tan navideño,… Nunca se me ocurrió cambiar el nombre de Ítaca, y ponerle el de Belén, el de Gredos, el de Navadijos, el de la Sierra de Ávila, el del Valle Amblés, el de las orillas del embalse de Las Cogotas, el del camino verde de Guimorcondo. Lugares todos que se convertían por momentos en christmas , en imágenes navideñas de cuento.

Itaca. Kavafis
Si vas a emprender el viaje hacia Itaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencia, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en loa emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperlas y coral, y ámbar y ébano,
perfúmenes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.
(Constantino Kavafis, 1863-1933, Poesías completas, XXXII)

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Así siento que mas allá de las palabras existe un mundo fascinante, único y lleno de mi misma. Y que toda la magia de la navidad, la auténtica , se empolva como un polvorón en ella. Palabras que tenemos que dejarlas que se posen y que nos permitan, cuando ellas quieran, que viajemos a los paisajes que nos muestran. El nacimiento de un nuevo ser, la puerta abierta para un viaje personal. Una mujer, una Virgen de nombre María que emprendió esta aventura tras las palabras, que aprendió a ser madre mientras en su seno sentía que el camino con su paisaje lleno de belleza se abría ya para siempre.

Cuando el taller estaba terminando y recogíamos todas las cosas, quise seguir con la mariquita de la navidad. Cogí la flor mas olorosa, bella, robusta y tierna para que fuera mi San José, y un jacinto en un momento abrazó con tanto cariño al tulipán blanco que elegí como María. Sentí que se querían, que la familia de Belén se asentaba sobre este cariño y que el viaje que emprendía María, era también el de José. Ese era el verdadero Portal y el camino que tras las palabras aparece, era Ítaca también. Si vas a emprender el viaje hacia Itaca, si ya te decides a caminar,…pide que tu camino sea largo,rico en experiencia, en conocimiento.

Lo que mas me impresionaba de este poema desde que lo leí hace ya bastante tiempo, y por lo que me lancé a él el otro día, es esa idea brillante y poética de pedir que el camino sea largo. Justo unas horas antes compraba un libro y la librera me recomendaba otro del mismo autor que era un resumen del grueso volumen que iba a comprar. Y le expliqué como pude que me encantan los libros así grandes, que hay algunos que no quiero que terminen nunca. Pido de veras, Kavafis  que mi camino sea largo. Que numerosas sean las mañanas de veranoen que con placer, felizmente  arribe a bahías nunca vistas; Hermosas mercancías, como el recuerdo tierno de las navidades de la infancia tan llenas de emoción, madreperlas, coral,… ámbar, oro, incienso y mirra en las cargas de los Reyes Magos.Las mañanas con mis hijos abriendo regalos, las noches de Reyes y su roscón dulce.

Un camino en el que al ser tan largo, visitaré muchos sitios, y como sobre ellos me arrastraré como este insecto navideño, lameré el suelo, habitaré en el barro, me hundiré en mi miseria, naufragaré en charcos de melancolía, estaré al borde del precipicio casi todos los días, pero como viajo y vivo, iré aprendiendo y las arrugas y grietas de todo ya se quedarán como parte de mi botín, como mi propio patrimonio personal. Mientras viajo, y mientras pido que este viaje sea muy, muy largo,…

Cogí una pequeña margarita para en una identificación rápida, fuera ese Niño pequeño que va a nacer estos días. Tierna, suave, y reflejando toda la luz que de las paredes del taller de las flores que es un invernadero, se colaba.Y sobre una pequeña rodaja de abedul  se recostó, en una cuna improvisada y casi de » campaña», justo lo que necesita un ser viajero como el que está por llegar, aquel que fue por tantos caminos siguiendo el paisaje de las palabras que oía en su corazón y que como Pulgarcito, iba dejando también palabras, las suyas, aquellas que decía desde su vida y su experiencia en el viaje del corazón.

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Ten siempre a Itaca en la memoria. Llegar allí es tu meta. Mas no apresures el viaje. Mejor que se extienda largos años.

Y creo que esto es la navidad. Tener en la memoria y saber por tanto donde está el punto ese del infinito al que nos dirigimos, dónde está la primavera, dónde está la transformación de nuestro mundo y en ello la creación de este Reino, aquello que seguía este Niño que tan pequeño como una margarita, sobre el mundo de nuestro corazón se tiende, en una rodajita de nosotros mismos, dentro , muy dentro,…

Una historia navideña, una mariquita sobre las flores, una manzana llena de nieve, el portal con una pareja joven que espera con la mochila rellena y la tienda de campaña a que nazca un bebé en medio del camino,… Si, Itaca , Belén nos regala un hermoso viaje.

FELIZ NAVIDAD !!

 

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Os dejo esta maravillosa música navideña, de  Nigel Hess, con el virtuoso pianista Lang Lang. Felices fiestas, amigos !!!!