Reflexión sobre el arte, el lenguaje y la naturaleza en la expresión artística de Carlos de Gredos. Los incendios de Gredos  de estos días y sobre los delincuentes de lo natural, los pirómanos,…

Muchas veces ocurre algo que ya estaba escrito, que las rocas mostraban, las matas daban forma, el aire allí se enredaba y la mirada con él, se paraba. Hay algo potente detrás de la naturaleza entendida en la plenitud esa que abarca junto con los árboles y los mamíferos, el pájaro carpintero, la libélula, la cigarra y el bolo de granito, la piedra caballera sobre el horizonte. Algo o alguien que mueve con su viento las hojas y las arremansa sobre la cortante, llenando sólo de manera racheada cada cavidad que el granito en su panza talla. Está escrito en el aire decimos y hay quien como Carlos de Gredos siente que está escrito también en roca madre, en cardo, el cencerro de mimbre, en hilo de luz cargado de cardos que hasta el infinito se mueve. Está escrito en la palabra esa que está viva y como legado de civilizaciones pasadas, historias, tradiciones y cuentos, nos llega a la boca, al cuaderno, a la canción, a la mente creadora como la suya. Reflexionamos muchas veces sobre el poso del tiempo, y el devenir de la historia que conforma nuestro pensamiento y articula cada civilización, y no nos damos cuenta que somos también los herederos del idioma, de las palabras que desde tiempos inmemoriales nos acompañan como pueblo, que nos relacionan con otros lugares, que amplían nuestro suelo en otras direcciones también nuestras.

Estaba el sábado pasado viendo la exposición que Carlos ha levantado en el patio del Colegio de Arquitectos de Ávila, al lado de la muralla, más bien cerrado por ella. La ciudad estaba bulliciosa al calor del verano que empujaba a todos a disfrutar de las piedras centenarias, los palacios renacentistas, la luz que se iba chocando por las iglesias para morir en el suelo. Y al encontrarnos en la entrada con los verracos comiendo y bebiendo fuego y agua tuve la sensación de que esas imágenes levantadas por Carlos en platos de acero bajo las esculturas, mostraban de manera potente e intuitiva lo que estaba comenzando a ser imparable, el fuego que arrasó laderas y bosques cerca de Hoyocasero, su hogar y lugar donde se asienta su museo al aire vivo llamado “Cerro Gallinero”. El círculo del que en la noche bebían fuego los verracos se transformó de sol de firmamento pacificador en fuego voraz que aniquila la vida y se la traga como un gigante devorador de sus propios hijos, como Saturno puesto en pie. Estaba escribiéndose, y así fue todo rodado.

Carlos es un artista muy especial con el que me une el amor y la contemplación de la naturaleza como enigma de vida, motor de crecimiento personal y fuente de la belleza sin par. Lo natural tal y como es, lejos de los estereotipos. Ávila, su sierra, las peñas graníticas que como grandes vacas pastan en las colinas, la sierra oscura preñada de tomillo, los piornos con su embriagador y ácido perfume llenando de amarillo lo gris, lo pardo, lo dormido. Salir a la sala de exposiciones más impresionante que el hombre tiene en el campo, detrás de su casa, bajo la bota al pasear, entre las cabras perdidas en el risco, bajo los cardos que flotando arman bolas mágicas en el horizonte. Carlos coge todo esto, y nos lo muestra perfilado, diseñado a la manera precisa de un arquitecto, cincelando la naturaleza, en proporciones perfectas, el equilibrio, la luz y la sombra que proyecta. La belleza que estaba siendo quemada en la sierra en ese momento, era la joya más preciada en el patio del palacio, los cardos, las santolinas, la luz que de lo iluminado se proyecta, el calor sofocante, el incendio vital que todo lo cambia.

Estos días hablamos y nos dolemos de tanto incendio, y siempre nos queda ese enigma de qué es lo que hay en el fondo del ser de los pirómanos, y cómo son capaces de disfrutar y sentir placer provocando incendios, muerte y destrucción. Dejando que los ríos no sean capaces de digerir tanto hollín, y que la lluvia de las tormentas resbale sobre lo quemado y como lágrimas recorra la superficie aún caliente. Las turberas encendidas de Menga, en esos prados que son como el firmamento donde la vista quiere pastar.  Esos delincuentes de lo natural no han visto nunca el entorno de su vida como lo hace Carlos, la belleza de aquello que queman, pisoteando con fuego el tesoro de lo natural que además del valor material que puede llegar a cuantificarse, tiene como mochila el emocional, la belleza, la propia historia, mi casa, el huerto de mi padre, el bosque lleno de mí mismo, mi propia piel.

¿Recuerdas Carlos esas divinidades bicéfalas que ponían los romanos en las puertas de sus casas, Janus?, así debíamos todos mirar por estas mirillas al poner un pie fuera, en el bosque de Hoyocasero, en la sierra de Ávila, en el camino verde de las Hervencias. Para darme cuenta que si lo mancho y degrado con basuras, lo quemo con gasolina, lleno las aguas de venenos y el aire de pesticidas, me va todo a mirar también a mi cuando asqueado de tanta mugre me siente en mi casa para descansar. Ya no podemos hacerlo, la imagen de lo quemado ahí está, y nos mira, y nos quema, y nos hace sufrir.

Una mirada poética en el verdadero sentido es la de Carlos. Articulada en las palabras que como dovelas construyen su mente, y que se muestran en la verdad, la piedra, el cardo, la tierra, el cable, la luz y el color. ¿Es poesía lo que tenemos a nuestro alrededor?, desde luego que sí, sólo tenemos que sentirlo así, y ser capaces como él de crear museos vivos en lo que nos rodea, sintiendo que eso es la vida y que en esta mirada se llena de ser y de verdad. Palabra y roca, cardo y mirada, verraco y vaca y berroqueña piedra sobre mi, las dualidades bicéfalas del interior. Arte y naturaleza, fuego y horror.

Publicado en el Diario de Ávila. sábado, 2 de septiembre, 2017

Ven, vive conmigo , y sé mi amor

y probaremos todos los placeres

que producen los bosquecillos, las colinas y los campos,

el bosque, o las montañas elevadas.

 

Y nos sentaremos en las rocas,

y veremos a los pastores alimentar sus rebaños,

por rios poco profundos, por cuyas cascadas

pájaros melodiosos cantan madrigales.

 

Y te haré una cama de rosas

y un millar de ramilletes frangantes

una gorra de flores y una túnica

todo bordado con hojas de mirto,…

Cristopher Marlowe

El pasado fin de semana si cogías un coche para desplazarte desde Ávila hasta Arenas de San Pedro, te encontrabas en un momento sumergido en una estampa del pasado, rotunda y dinámica, la trashumancia de las vacas que de Extremadura subían a los frescos pastos de Castilla. Subiendo el puerto al ritmo de los rebaños, sentías que el coche con toda su tecnología, tenía que acomodarse al paso de las vacas, y el motor parecía rugir como un mamífero mas.

La Sierra oscura del invierno se llena en estos días de luz, con los piornos florecidos, las flores silvestres de los barbechos, las praderas encharcadas que este año están mas secas de lo normal en estas épocas, los ríos y arroyos bajando entre rocas, espumeando el ambiente con su movimiento.

Parece que entras así de golpe a una parte de tu pasado que aun está viva y que te pide a golpe de cencerro que la protejas como parte de tu patrimonio, la Trashumancia, y que en ella descanses un rato. Hubo hace siglos un poderoso grupo de personas que unidas bajo el nombre de la Mesta, eran una de las organizaciones mas poderosas del país. Parece que procede etimológicamente del adjetivo mixto que significaba mezcolanza, personas de muy distinto tipo social y laboral formaban parte del mismo, de señores a medianos propietarios, aristócratas ricos y eclesiásticos , ganaderos pequeños y pastores. También puede proceder del vocablo bereber mechta, es decir las majadas invernales del ovino.

Esta asociación en Castilla tuvo mucho poder, incluso llegaron a tener la jurisdicción legal desde el reinado de Alfonso X que puso estos privilegios en 1273, en las manos de sus administradores, que se comportaban como verdaderos alcaldes.

Los caminos por los que atravesaban el territorio, las cañadas siguen tan marcadas en el territorio, con unos derechos sobre el mismo claros y rotundos, que hacen que ahora, muchos siglos después, incluso en esta época de las comunicaciones rápidas por medio del coche y el ferrocarril, sigan manteniéndose, y puedan ser las “autopistas” de las vacas que por ellas estos días se mueven.

Está la sierra preciosa, los ganados se mueven en la cañada conducidos por las caballerías, y los pastores pese al esfuerzo de las largas caminatas, vuelven a su verdadero oficio, y disfrutan.

La belleza de la sierra ha llevado desde hace siglos también a cantar todas estas cosas, dando cuerpo a un tipo de poesía que es la pastoril. Lo idílico del paisaje en primavera, ha llevado desde siglos a idealizar la vida en el campo. La sierra llena, con su capa de colores, habla en la boca del poeta de la belleza de lo natural, desde que el griego Teócrito creara este género poético, donde los personajes son pastores que buscan en la naturaleza el consuelo para sus males. El paisaje pasa de ser el fondo de la historia contada, a irrumpir como el protagonista, dando cuerpo al tópico del “ locus amoenus”. Virgilio cantó estos versos, y el Renacimiento castellano continuó en su rastro, con Garcilaso de la Vega.

Reconozco que esta “evasión pastoril” siempre me ha encantado. Sé de la dureza de la vida al aire libre, de las noches a cielo raso, el dolor de los pies desgastando sandalias, la soledad y el aire racheado , la lluvia, la nieve y el pedrizo. Las tormentas, las plagas y el desapego de los pastores de sus familias, compartiendo el tiempo con su ganado y el cielo que sobre ellos sienten que se cae. Releo poesía pastoril como esa tan bella de Christopher Marlowe(1564-1593) el eterno contrincante de William Shakespeare, que dice esto de “ ven, vive conmigo y sé mi amor,/ y probaremos todos los placeres/ que producen los valles, los bosquecillos, las colinas y los campos,/ el bosque , o la montaña elevada,/….y te haré una cama de rosas,…”

Estaba estos días metida en estos versos, recitando a la vez el Cántico Espiritual de nuestro paisano San Juan de la Cruz, viendo cómo estos idílicos paisajes son el fondo y el protagonista a la vez de mi propia vida y de la existencia de todos nosotros. Que todos los hombre somos realmente animales gregarios, y nos gusta vivir así. Que seguimos a los pastores que divisamos en nuestra cañada, y que esto que parece ser nuestra salvación y felicidad puede, y es a menudo, el pozo amargo de nuestra existencia. Pastores que guían pero a veces nos preguntamos que hacia dónde nos llevan y la revisión de los objetivos y metas nos dirige aquí o nos saca de allí. Decía San Juan a quien quería escucharlo que la mirada de Dios es el amor, ese pastor de las almas, mientras atravesaba media España a pie, calculan de mas de 35.000 kilómetros recorrió en su vida. Aquí está sin duda el filtro por el que pasar a cualquier pastor que aterrice en nuestras vidas. Un filtro llamado amor.

Realmente la actualidad tan llena de despropósitos, violencia, y terrorismo a veces no nos deja ver el fondo de la vida, de la nuestra, que en estos días se pinta con los colores de la primavera. Y sobre las rocas que berroqueñas se dibujan en el horizonte me gustaría recitar así en voz alta, “oye pastor, … vive con nosotros, y sé por favor nuestro amor”.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 29 de junio. 2017

 

Decía León Tolstoi en Guerra y Paz que “toda la variedad, todo el encanto y toda la belleza que existe en este mundo está hecha de luces y sombras”. Esta ultima semana siento que está descrita con este titulo de su obra mas conocida. La barbarie de los asesinos radicalizados que siembran el terror por medio mundo, acuchillando a personas que van paseando por la calle, al trabajo, a jóvenes que descansan en un concierto, a fieles que oran dentro de un templo, a familias que disfrutan de fiestas navideñas ,… entran a saco para pronunciar sobre todos la palabra guerra a base de cuchilladas. Estamos en guerra, y es una de las mas crueles que podemos vivir, la que en creencias religiosas se asienta. Una guerra santa contra los infieles, aquella que pregona que al morir matando a los demás, se podrá encontrar el paraíso soñado, ¿ la paz en la guerra, en la muerte y la violencia?

En medio de la desazón por los atentados de Londres, apareció esta imagen de Tolstoi llena de matices, la del joven madrileño Ignacio Echeverría. El héroe del monopatín que con su testimonio ayudando a las otras victimas de la barbarie, dando la vida por socorrerlas, ha puesto de pie una arma increíble y llena de potencia, su humanidad y su amor por los demás. Un corazón generoso y un espíritu libre que sabe lo que tiene que hacer cuando ve el sufrimiento, la muerte y la crueldad de los demás, a su lado en medio de la calle.

La lectura profunda de todo esto va conmoviendo al mundo y a la opinión publica, porque nos viene a mostrar que esta guerra tiene contrincantes muy diferentes, y que frente a los que se inmolan matando hay quienes aman hasta morir. Unos creen que matando llegarán a la paz eterna y otros saben que solo el amor puede cambiar el mundo y qué es lo que como seres llenos de humanidad deben hacer: amar.

Todo este panorama de guerras, de sombras y matices de la paz planea sobre todos y se hunde en nuestras conciencias. Estaba el otro día en un recital ópera de la conocida mezzosoprano norteamericana Joyce di Donato en el Teatro Real de Madrid. El publico operístico tan acostumbrado a un ritual tranquilo, se encontró dentro de este panorama bélico, de luces y penumbras. No hubo actos violentos, pero si apareció en la escena una especie de trinchera hecha de música en la puesta en escena de Joyce que no dejaba adormilado a nadie mientras toda la carga de música y ritmo vertiginoso, acción, pasión y vida de la música de Haendel comenzaba a sonar y a caer sobre todos. No quería un recital al uso, no. Quería conseguir lo que desde luego se vivió, una experiencia de guerra y paz dibujada en sonidos, melodías, trinos, cadencias y ritmo que a veces era trepidante y otras parecía ir posándose hasta morir en la panza de cada sonido que se dilataba. “Lascia ch’io pianga”, o si déjame llorar, cantaba llorando…

Joyce cree en algo que comparto profundamente, en el poder redentor de la cultura.

El movimiento , la acción social del “ Sistema Greece” que desde Atenas recorre el mundo desde finales de 2016 , tratando de promover la inclusión social y el bienestar de los niños que viven en los campos de refugiados griegos, al modo de las escuelas venezolanas promovidas por Dudamel o las peruanas de Juan Diego Florez.

La cultura también es redentora nuestra en otro sentido mas personal, tiene un efecto catártico y nos hace capaces de soportar nuestra existencia, siendo el refugio interior y la medicina en momentos de agitación. Nos hace habitar por dentro, y eso es siempre motivo de crecimiento personal. Al menos para mi esto es así sin duda y la música de Haendel me conduce a través de compases de guerra y otros de pacifica mirada, a mi misma.

La cultura nos redime también, cuando conocemos las raíces de nuestras sociedades y lo que han tenido que pasar, milenios de guerras y de horror para llegar a conseguir la civilización en la que estamos. Así podremos defenderla de veras, y no encontraremos niños criados en Europa que se alisten con los del otro lado de la trinchera.

Estaba el domingo en Gredos en la entrega de los premios del Festival del Piorno. Y cuando me nombraron “Embajadora de Gredos”, realmente me emocioné, sentí que en este panorama de guerra y paz, la vida, los vecinos de Gredos y ASENORG, me situaban no en su bando, sino a la cabeza de ellos , como portando la bandera. La de la paz, aquella que se encuentra en la naturaleza que nos redime y nos sosiega de tanto trajín y de tanta violencia, intransigencia y horror que donde nace es en el interior de cada uno. En medio de tanto caos, la contemplación de la naturaleza nos trae la paz, y nos hace avanzar en lo auténtico que hay en nosotros.

 

No conocí a Ignacio Echeverría en vida, pero ahora creo que comparto con todos, algo, siento que lo conozco y que su ejemplo empuja mi vida también, porque esta bandera que llevó está hecha de la misma tela. Ignacio, siempre en nuestro corazón, gracias.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 15 de junio 2017

 

Ayer día 11 de junio se entregaron los premios de la decoración con piornos en el Parador de Gredos de Ávila. Y yo que iba para acompañar a los pueblos y personas que se presentaron a concurso, y poder entregar algún premio, me encontré con una sorpresa que me hace especial ilusión: ser embajadora de Gredos!!!

Para mi todo este festival del piorno en flor es como un sueño hecho realidad: las flores naturales silvestres como elementos de disfrute, de fiesta, de desarrollo tanto personal como comunitario. Llenar los pueblos y las casas, las plazas, los puentes, las fraguas, los molinos de decoraciones con piornos, hacer que estos bellos pueblos de la Sierra sean aun mas increíblemente bonitos. Y esto es así de manera rotunda, no sólo por la belleza y el disfrute de las creaciones, sino por todo lo que la realización de las mismas levanta dentro de cada uno de los que en estas tareas se adentran. Horas de planteamientos y diseños, buscando la belleza oculta en mi casa, la plaza del pueblo, la ermita, viendo lo valioso y bello de las flores silvestres que nacen a mi alrededor,… viéndolo todo con otros ojos distintos. Llegando a apreciar lo nuestro y a ver cómo con imaginación y destreza puedes hacerlo aun mas bonito.

Es también muy especial lo que crea entre nosotros. Voy a explicar técnicas de arte floral, considerando los piornos como las flores preciosas y delicadas que son, y con todos los que se acercan a estos talleres, se crean vínculos entre nosotros, parece que hablamos un mismo idioma: el de los que amamos la naturaleza, nos sentimos muy orgullosos de su belleza y queremos contribuir un poco a hacerla aun mas bonita, como en un bucle sobre la marea amarilla que envuelve la mirada. Los vecinos van reforzando sus lazos de amistad y de vecindario, juntándose para realizar las obras, recolectando piornos, realizando los arreglos. La individualidad que muchas veces planea sobre nuestra vidas se siente invadida de optimismo y trabajo compartido, amistad y cooperación.

Es muy bello en si este concepto: devolver un poco a la naturaleza lo que ella me da, así como un regalo. Reponiendo mis fuerzas, animándome a avanzar a lo largo de la cadena de obligaciones de cada día, haciéndome disfrutar con la vista, envolviendo todo mi ser en esa nube amarilla de dulzor tan agreste. !Es increíble lo que la naturaleza nos da en Gredos sólo en un paseo tranquilo!

Ser embajadora parece que me empuja a pregonar estas cosas. A buscar la riqueza donde se encuentra de verdad, partiendo de lo que somos y tenemos. Inventar un festival como este de la nada, levanta tanta riqueza personal y social sobre unas matas floridas silvestres de la sierra, estar orgullosos de mi propias raíces y pueblos y mostrándolo a los demás. Eso es crear riqueza sin duda. Y crea riqueza porque al ser auténtico, nacido aquí entre nosotros, se percibe por todo el mundo como algo de verdad, contrastando con tantas iniciativas que son copia de otras y que al copiarse desvirtuar la idea primitiva.

Al ir por estos pueblos hablando y enseñando a amar lo natural como fuente de disfrute personal, ahondando en el lenguaje de las flores mas intimo y auténtico, estamos sin duda creando algo distinto. Algo que se va levantando dentro de nosotros, somos mas sensibles, percibimos lo que nos rodea como algo para nosotros, el aire, el perfume, el intenso color amarillo de los piornos. Y estamos escribiendo en un nuevo lenguaje floral, en el que el piorno significa, alegría, fiesta y amistad. Energía tope para muchos días un poco menos radiantes.

Gracias a ASENORG, a mi querida amiga y piornera mayor Isabel Sanchez Tejado por esta distinción que me llena de emoción!!!

GRACIAS!!!!

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Un paseo primaveral por el Pinar de Hoyocasero persiguiendo a las Pulsatillas, con un poemario de Dámaso Alonso y las palabras de San Juan de la Cruz, de su » Cántico»

El otro día en medio de miles de compromisos laborales y familiares y un dolor de cabeza del tamaño de una nube sobre la sierra, cogimos el coche y nos dirigimos a un lugar que al menos en mi recuerdo va a ser ya para siempre mágico: El pinar de Hoyocasero en Ávila. Un pequeño entorno natural único que bajo el cielo enredado en los altísimos pinos «Pinus sylvestris»se levanta de forma sorprendente, lleno de verdor, de flores increíbles, de praderas encharcadas, un verdadero oasis botánico. Y todo se levanta bañado de luz en mi memoria.

Se levanta la luz filtrada,

se levanta la mirada,

en  mis ojos, creadores de luz

en cada  sonido, se levanta

en cada pliegue, volando

en cada aguja de pino, arriba,

en cada flor.

Iba mirando cada tronco de los pinos, las gotas de agua que sobre los pétalos de las Pulsatillas Alpinas formaban pequeños estanques en los que tendía a sumergirme, los pelos y pelusas de su tallo, el movimiento acompasado por millares de corolas hacia la luz que jugaba por allí filtrándose a veces, ocultándose al fin muchas otras. Las matas de peonías silvestres que parecían sacadas del jardín romántico mas elegante de Europa, con sus flores rosas en movimiento como de baile por las laderas. Los muguetes (Convallaria Majalis) se desplazaba por las praderas bajo las otras flores como si nada, las orquídeas de Gredos (Orchis masculla),  los sellos de Salomón (Polygonatum odoratum)…

Muchas veces sientes que vives momentos cerrados, estancos, definidos como este paseo, circunscrito a un lugar como este pinar isla. Lugares con una vegetación y condiciones sorprendentes en medio del resto, como esta sierra de Hoyocasero en Ávila.  Momentos que se quedan recostados en tu interior. Sobresale esta isla interior en medio de un paisaje duro, agreste, lleno de piedras berroqueñas, tomillos, piornos y robles. Nuestro propio interior y su paisaje.

Los días, las horas, la vida con toda su cadena de casualidades va avanzando, y sientes que nada está dejado al azar. Es como si mi propia existencia la viera escrita en un libro del que no soy yo la autora aunque al irlo descubriendo, leyéndolo,  vaya viendo mi mirada, mis reflexiones, lo hondo de mi sentir hacia algunas cosas, el tallo de la Pulsatilla, y lo tierno de su presencia en medio de la migraña que nubla a veces mi vida. Y al ver  cómo todo se va escribiendo sientes un escalofrío, algunas personas lo llaman «temor», el sentimiento de estar imbuido en una corriente cálida y paternal que te envuelve y te va empujando a caminar, a mirar y ver estas cosas, a cantar al viento lo descubierto entre lo natural. A alabar a la Creación por levantarse en mi mirada creadora, hallando la luz dentro de mis ojos cerrados, dentro de mi ceguera y mi debilidad.

En esta sorpresa, en este regalo fortuito, la Creación parece que me deja mirar y crear y caminar así. Cae en mis manos, tras un paseo por un mercado de libros, un poemario de Dámaso Alonso, y siento que esto que yo vivo es tan real como otras muchas cosas de la vida, que él con su hondo sentir poético y su lirismo delicado también lo sintió. Lo siente,… dice así

Ah, gracias por mis ojos inventores.

¿Qué es la luz sin un ojo que la mire?

Sordamente se irradia, vibración utilísima,

por mares de negrura: un mundo ciego.

 

Mis ojos inventores crean luz.

Colaboran a cada millonésima parte de segundo

en el plan providente de la gran Creación:

prologan Creación, inventan luz.

 

Soy colaborador, soy delegado

de mi Dios, a través de mis ojos.

Y mas; afirmo aun mas

( y me aterra al decirlo un terror dulce)

Ojos inventores de luz, colaborando en el plan de la Creación que mas que estática y ya creada, vamos viviendo y sentimos que está viva y en continuo movimiento, y que de donde arranca es de nosotros, de esos ojos colaboradores y creadores de luz y de belleza.

En medio de lo árido de nuestro día a día, con problemas, nubes de sentimientos entrelazados, cansancio, apatía, tristeza en muchos rincones, aparece como una isla, como este pinar mágico esta llamada a colaborar con el movimiento mas dinámico y poderosos del universo: la Creación. Se levanta con nuestra búsqueda sin fin de belleza y de luz, la isla mas bella poblada de flores silvestres increíbles como estas Pusatillas tan bellísimas. Se levanta como estos pinos tan altos al cielo, siempre buscándolo. Es necesario amigos tener esa apertura de búsqueda. Para encontrar tenemos que buscar, y en esto ir con el corazón y el alma lleno de pasión. Para poder sentirnos identificados vitalmente con lo natural, para no ser un mero espectador, sino parte de todo lo creado, tan llenos de luz y belleza como todo lo que vemos alrededor. Vemos que es bello este rincón que nos cautiva al que he vuelto en muchos ratitos desde entonces, pero que es bello en general todo el paisaje, el nuestro, el interior. Que en muchos lugares de dentro hay aridez y dureza, zonas llenas de arenas y de salitre. Que el mar desde luego se extiende por dentro y que está ahí para  aprender a navegar sobre y con él, a bucear en él sin perder nunca la vista en la luz que como columnas se van levantando en mi vida. Hay bellos bosques que nacen en medio de la niebla y el dolor, y su belleza depende de mis ojos, de mi sensibilidad que es la que levanta toda la belleza y colabora con su Creador.

Con las palabras de Dámaso se unen los bellos pensamientos de mi paisano del alma de San Juan de la Cruz en el cántico Espiritual B, 1,11, que hago mis en este paseo por el pinar

Dicho queda,! oh alma!, el modo que te conviene tener para hallar al Esposo, hallarte en tu escondrijo ; pero, si lo quieres volver a oír, oye una palabra llena de sustancia y verdad inaccesible: es buscarla en fe y en amor,….que esos dos son los mozos del ciego que te guiarán por dónde no sabes, allá a lo escondido de Dios.

Ese Esposo que como Creación se levanta en nuestros ojos, que los deja amorosamente ser ellos los creadores de la luz. Un Amado al que hay que buscar en lo escondido de nuestra existencia, en el silencio interior, abriendo de manera valiente el escondijo mas profundo del alma, estando allí muchas veces, tomando en esto posesión. Una naturaleza, una Creación en pie, que se eleva en la mirada. Buscar con pasión, poniendo en esta aventura todo nuestro ser, avanzar, volver a caer y levantarnos, gatear, bucear, subir a las cumbres y bajar al fango del corazón.  Y como nos dice Juan creernos de veras que esto es así, que la vida se compone también de esto, de la interioridad habitada y florecida, de que la luz nos ilumina siempre aunque a veces nuestra migraña nos impida mirar.

Me encanta esta imagen de los dos mozos, la fe y el amor. Dos mozos que pueden guiarme hacia lo escondido de Dios. Mozos de ciego que me guían, pasión, empuje, determinada determinación de caminar, fe  y amor.

Os dejo una maravillosa música de Liszt en la interpretación del gran pianista Claudio Arrau.  Bendición de Dios en la soledad de las Harmonies poétiques et reeligieses. Unas piezas para piano que compuso en 1847, en donde toda la creación en forma de sonidos se levanta para los oyentes, toda creada para disfrutar.

¡La encontré!

 

Cada uno de nosotros va buscado algo, se afana a lo largo del día en medio de toda la carga del trabajo y la familia en intentar encontrar eso que parece levantarlo de la cama o el sofá. Y lo que buscamos tiene mucho que ver con nuestra propia vida. Reconozco que soy florista porque son las flores una de las cosas que me lanzan por ahí a caminar. Contemplarlas, meter la nariz dentro de su corola, tocar los pétalos, tenerlas cerca de mi a lo largo del día, planear diseños mas o menos imposibles,…. Algo parece que ladra dentro, ese ladrido interno que te impulsa a buscarlas dando un paseo en el campo, a lo largo de una vereda, en las cunetas de la carretera, en los mercados internacionales de flores. Como decía Goethe “ Ladran, luego cabalgamos/ Cabalgamos en todas direcciones/ después alegrías y negocios,/ pero siempre ladran detrás/ y ladran con todas sus fuerzas”.

Unas de las flores que mas me empujan a “cabalgar” desde niña son los Acianos (Centaureas Cyanus), conocidas como azulejos, clavelinas, azulinas, unas preciosas flores que nacen en los terrenos baldíos al lado de los campos de cereales y que florecen en primavera. Consideradas como signo de espacios naturales limpios, su crecimiento en estos entornos de cereales se va año tras año reduciendo por el uso de pesticidas y herbicidas, que también acaban con ellas en las cunetas, los basureros y los terrenos baldíos.

Adoro estas flores, su limpio color como de cielo y entiendo que hayan sido utilizadas a lo largo de la historia por muchos pueblos para decorar, e incluso como elemento claro de lenguaje floral: con esta flor se han dicho muchas cosas. Es la flor nacional de Estonia, y en Francia es el símbolo de la conmemoración del Armisticio de 1918. La flor favorita de Goethe y de todos los románticos alemanes con Novalis a la cabeza. Pero es también lenguaje floral y es utilizado aun hoy como emblema, así se puede ver en los bailes de salón en Austria “ Cornflower Ball” cuyas parejas danzan bajo el suelo de la ultraderecha mas cercana al nazismo. Utilizaban estas bellas flores azules para reconocerse los nazis entre si cuando su partido no estaba aún legalizado en Alemania. Podemos también rastrear el horror que causaban en la población judía estas florecitas en los testimonios de algunos supervivientes que las relacionan con sus verdugos.

Parece mentira cómo la historia va apareciendo a cada paso, incluso en la apreciación de las flores silvestres que vemos creciendo por tantos lugares, y cómo lo que inspiró a los padres del romanticismo alemán “ Die Blaue Blume” la bella flor azul que perseguían como a su amada inmortal, se convirtió en la amante del régimen del horror nazi.

Ya el botánico Mattioli en el s. XVI recomendaba su infusión para las afecciones de los ojos y tienen los Acianos como padre botánico nada menos que a Linneo, publicando su estudio en 1753 en “ Species Plantarum”

Conducía el otro día por el Valle Amblés, la mañana estaba surcada de nubes que enegrecían el horizonte y rayos de luz descolgándose parecían bañar el campo. Iba buscando piornos en la Sierra de Gredos para comenzar a diseñar las decoraciones de la inauguración en Navadijos del “Festival del piorno 2017” y la vista de la sierra berroqueña que comienza a pintarse de amarillo se quedó fijada en los campos cercanos a la carretera llenos en sus bordes de Acianos, que al aire parecían bailar. Un baile mucho mas suave y tranquilo que el de sus parientes en Austria. Recordé uno de los poemarios mas bellos de todos los tiempos, el de Vicente Huidobro  y su canto II lleno de lirismo, imaginación con nuevas formas de expresión tan sorprendentes como delicadas , “Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil,/ Se pierde el mundo bajo tu andar visible/ Pues todo es artificio cuando tu te presentas/ Con luz peligrosa,… Haces dudar al tiempo/ Y al cielo con instintos de infinito/ Lejos de ti todo es inmortal,…

A Vicente lo que le movía en estos versos era el amor, el motor de toda la historia que con su cadena va haciendo rodar la vida. Dentro de esa cadencia infinita, la primavera aparece florecida tras los fríos meses de rigor. Renace la vida, los piornos llenan la sierra con su dulce y a la vez agreste olor, pintando todo de color amarillo, mientras las flores de al lado del camino también arrancan a nacer. Parece que el cielo se queda reflejado por el suelo en una pequeña flor. Con ellas, desde tiempos remotos, al mirarlas sentimos que buceamos lentamente en un infinito azul que renace fresco. Eternidad, amor, anhelo de vida natural, eco desde lo mas hondo del alma, la expresión de la vida y su devenir.

Amar nuestras cosas, la cultura, el patrimonio arquitectónico, la ciudad, los pueblecitos con sus casas construidas sobre la roca, la gastronomía, el arte y la poesía, lleva también de la mano, como de paseo otra realidad: la naturaleza. Fuente de riqueza material y también hondo surtidor de emociones y de pasión. Sensibilizarnos hacia estas pequeñas flores, recapacitar sobre su belleza, su historia y lenguaje nos regala el disfrute total que podemos alcanzar con sólo pasear por el campo tranquilamente una mañana de mayo como esta. Tomando un verso de Goethe como bandera libertaria, en voz alta recitando.: “La encontré/ era en un bosque: absorto/pensaba andaba/ sin saber ni qué cosa/ por él buscaba,…

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 18 de mayo 2017 

 

EJERCICIOS DE CONTEMPLACION EN EL CAMPO EN SEMANA SANTA

Muchas veces cuando veo que se van acercando los días de Semana Santa me invade un sentimiento muy complejo lleno de muchos otros, como una argamasa de distintas cosas. Probablemente el mas acentuado tiene que ver con mis creencias y mi fe, el hondo sentir de la primavera que como Pascua llega a la vida tras un doloroso proceso de dolor, sufrimiento, soledad, incomprensión y abandono. Un camino a la muerte que abre la puerta a la vida verdadera. Creer que todo esto que pasó en la figura de aquel joven judío llamado Jesús, nos marca un camino a todos sus amigos, nos va ayudando a comprender nuestro propio proceso de muerte y vida, de fin del invierno y de la primavera que nace llena de brotes.

Llena de deseos de vivir esto, me marché al campo, sabiendo que la naturaleza me iba a ayudar. Morir a tantas cosas de mi que no me gustan y sobre todo allí me acercaba para, dejando al silencio y al tiempo en toda su amplitud, mirarme por dentro de manera honesta. El campo estaba realmente impresionante, despuntando a la primavera en los brotes de los fresnos y alisos, los prados encharcados que en algunas pendientes se vestían de Jacintos o de botones amarillos de los Narcisos, las Escilas comenzando a florecer en los cercados, las Violetas arrancando a mostrar su tímido olor, los primeros Eremurus, y las flores de las Prímulas se volvían a pintar, entre los capullos de los Geranios silvestres, el porte elegante de las Aguileñas. La garganta bajaba a toda prisa y envolvía mi silencio en una verdadera música, como una sinfonía de agua y de velocidad. La familia volvía a la vida sencilla del campo, a fregar en la pila de piedra y a cocinar bajo la claraboya de la casilla.

Sentí de manera instintiva que tanta belleza me quería marcar, dejar en mi su huella, que tenía que ir tras ella abriendo los sentidos a tope, dejando el pensamiento discursivo, la mente con todo su entramado mundo de pensamientos, sentimientos, anhelos, miedos, ansiedades, problemas, aparte, lejos de esa naturaleza increíble que se me ofrecía como regalo. Dejar a los sentidos su trabajo, y frenar en mi entrenamiento meditativo, dejando a un lado por primera vez en mi vida adulta los libros y la música. Poco a poco lo iba consiguiendo, con paciencia. No es fácil dejar a un lado la mochila toda llena de pensamientos y sentimientos aparte. Me costaba por momentos, y en otros me sentía muy feliz, liberada.Como una mariposa de las que por allí volaban, me dejaba caer, de una flor, a una hierba,…

 

La increíble sensación de todo lo que me rodeaba, iba siendo mi maestro y mi guía. Lejos de mi lanzaba hasta las oraciones que habitualmente llenan mi vida, las ideas y los propósitos, libros, análisis, estudios. El ruido tan musical y a la vez profundo de la garganta parecía que llevaba en su trajín de gotas, espuma y rocas chorreando, el agua hasta mi interior y que calaba profundamente por dentro, me refrescaba, y sobre todo me limpiaba. El agua se mezclaba con la suave brisa primaveral, y movía las hojas secas de los robles que a la puerta de la ermita se arremolinaban, y que con su barrido me llevaban también a mi entre ellas. El verde brote de los castaños se abrían tan dentro que hasta podía sentir el hondo quejido del dolor, de aquello que nace en un cuerpo envejecido por tanta dureza y rigidez.

Estaba en otro lugar al que nunca antes había ni soñado, y todo estaba impresionantemente dentro de mi. En apariencia yo estaba allí, sentada simplemente en actitud de escucha de todo, en términos coloquiales podríamos decir que sin hacer nada. Pero esto desde luego, os comparto, no es así ni mucho menos. Si dejamos a la naturaleza su verdadero poder, nos abrimos a todo aquello que nos regala en este santuario vivo y lleno de amor, nos encontraremos con la puerta del mismo y podremos oír cómo el aire que mueve todo nos invita a pasar muy dentro.

Las horas pasaban tan lentas en apariencia como fugaces en mi corazón, como en una cadena de momentos dichosos que te hacen sentir que ya no puedes mas con tanto, que lo que se regala es demasiado para ti. Al pasar a contemplar todo, a sentirme mirada y empujada, llena de agua que entre rocas arrancaba todo por dentro, por primera vez me empecé a ver de manera diferente. Recordé a Teresa de Jesús, y ese consejo de ir por el camino del » conocimiento de si», una sugerencia que cambió de sentido, pasó en un momento de ser algo que yo podía conseguir por mi misma a ser un regalo. !Un regalo de verdad!  Me he mirado muchas veces por dentro, pero sólo cuando realmente mi actividad meditativa frenó y dejé que lo que me rodeaba me mostrara lo que quisiera, entonces sentí este regalo de verme así. Y realmente, lo que vi, y aún sigo viendo, tiene muchas cosas, como capas, hojas, hilos, madejas y barros que no me gustan nada.

Y comenzó en estos días la vivencia de la Pasión del Señor, porque me vi tan llena de cosas que debería arrancar, pulverizar y dejar al margen, que realmente sufrí y sentía dolor profundo. Un dolor que por primera vez se mezclaba con el disfrute del momento, era como si desde la cruz se me dijera » disfruta» en vez de » llora y sufre por tu traición».  Repetía sin poder parar estos versos del Cántico de San Juan de la Cruz. Eran como un mantra para mi, como las cuentas de un nuevo rosario:

» Gocémonos amado,

y vámonos a ver en tu hermosura,

al monte y al collado

do mana el agua pura,

entremos mas adentro en la espesura.

Todo así , en esta pasión llena de entrega y gozo,  remueve  el corazón mucho mas. El amor, la dicha del momento, se mezclaban con el deseo de cambiar, de morir, de ser un poco mas digna de tanta belleza, de la naturaleza que me rodeaba, de la familia tan amorosa que esperaba a que hiciera la comida, de las procesiones, las torrijas, y la vida que en todo se filtraba.

El silencio y el tiempo al dejarlo abierto en nuestra vida, mas que ser tiempo perdido, poco productivo, es realmente forjador de vida y de verdad. Vivimos en una vida en la que parece que hacemos todo lo posible por vivir fuera de nosotros mismos. Podemos estar años, incluso decenios sin darnos cuenta, no dejando la puerta abierta a nuestra propia humanidad, a aquello que nos define como personas. En este camino, que desde luego precisa de estar muchas veces en silencio, y dejar que el momento nos envuelva con los sentidos finos, la mente quieta y el corazón entregado, encontramos nuestro equilibrio. Estar todos los días un ratito así, entrenarnos en esto, como hacemos en otras muchas cosas de la vida, para poder encontrar nuestro verdadero lugar viéndonos como somos con los verdaderos ojos del corazón, esos que nos miran de veras.

La Pascua llegó iluminando mi interior como nunca lo había hecho. La vida espiritual está llena de emoción, amigos, y no deja que un momento se pueda confundir con otro, ya  que tratando de lo mismo, se llena de colores muy diferentes, de nuevos olores a primavera, la tierra llena de barro y de hojarasca se va convirtiendo en pradera florecida al sol. Es diferente porque yo soy diferente en cada día de mi vida, voy avanzando por ella, a veces tropiezo, me equivoco, confundo cosas, y otras encuentro nuevas rutas por las que parece que me van llevando.

Ahora que ya estoy en mi trabajo diario en la floristería, en la empresa y en medio de todo el trajín de llevar mi casa y familia, siento que el regalo de esta Pascua debo no dejar que se vaya llenando de polvo y de verdín. Volver cada día un ratito a ese lugar increíble que se abre dentro, a encontrarme conmigo y a ir afinando los sentidos para empezar a ver, oír, sentir, acariciar, ayudar a los demás. La actividad contemplativa es así un nuevo entreno para la vida diaria, para ser mas permeables a las necesidades, el amor, la ternura que los demás nos dan y que nosotros queremos también entregar.Y además todo lo vivido siento que me ha abierto realmente el corazón, si, ha sido así. Estuve en la puerta de ese santuario interior de lo natural de mi existencia, y la Pascua floreció ante mi rasgando todo como la rama que se abre en el brote. Entonces como esa otra María que tenía también el corazón pillado, siento que debo salir por ahí a contar estas cosas, a compartirlas con todos, y a volver cada día a esta Galilea tan hermosa con su santuario interior, cerrando los ojos del cuerpo y abriendo los del corazón.

Feliz Pascua a todos.

Os recomiendo la lectura de estos libros , en este nuevo camino, para empezar a entrenarnos:

» El libro de la vida» de Teresa de Jesús.

«El Cantico Espiritual «de San Juan de la Cruz.

» Ejercicios de contemplación» Franz Jalics

 

 

 

Taller de meditación con flores y música sobre el poema de San Juan de al Cruz » Cántico Espiritual»

El pasado martes 4 de abril desarrollamos una actividad con flores, música y poesía muy especial en el Monasterio de San Francisco. Dentro del marco de la Exposición » Los ojos del corazón» que está abierta desde el día 1 al 15 de abril de 2017 en el Centro de Interpretación del Misticismo de Ávila, en su Museo de mística.

Llevaba mucho tiempo con la idea de poder realizar algún día algo así, con música en directo que fuera, junto con las flores naturales, vehículos en un viaje mas contemplativo que propiamente meditativo. Dejar que las palabras de Juan nos llevaran y hacerlo en grupo, compartir con otros esta experiencia. El taller se desarrolló para 20 personas, y con la técnica de Ikebana fueron realizando sus arreglos dentro de todo lo que sentíamos sensorialmente, la música, el olor de las flores, su tacto. Abriendo en ello los sentidos, los interiores, como dice el titulo de la Exposición, » los del corazón».

La tarde en Ávila estaba primaveral, con los prunos florecidos y las primeras cabezas de león saliendo en las praderas. Fui en los días anteriores seleccionando todas aquellas flores que considero que tienen que decir algo al corazón y que andan muy bien de la mano de las palabras de Juan: brezos, narcisos, tulipanes, guisantes de olor, claveles de poeta, lilums, astrantias, delphinios, acónitos, claveles, crisantemos, ranúnculos, celosías, escalas,anémonas. Con ramas de magnolia, esparragueras Spengueri, eucaliptos, helechos, musgos, hojas de salas. También había rañas de  cortezas, piñas, tramas de ciruelos, mimbres.

La musica fue sublime. No sé cómo agradecer a la pianista Adela Ochadiano y a la soprano María García el concierto bellísimo que nos ofrecieron. Una música que se constituyó en la verdadera voz que nos guiaba y nos transportaba a otro lugar en la limpia coloratura de María. El » Aria di Chiesa» de Alessandro Stradella, » Caro mío Ben» de Giuseppe Giordani,  » Domine deus» de Vivaldi y para finalizar, Ridonami la Calma de Paolo Tosti y el Ave María de Schubert.

Fuimos dejando que todo nos fuera llevando y los arreglos florales comenzaron a levantarse. Cada uno de los participantes hizo suyo un trozo del Cántico de San Juan y todos ellos, una vez terminados y colocados allí en el escenario, junto con la música, levantaron el Cántico desde el corazón de todos los que allí estábamos.

Un momento inolvidable, en el que vamos caminando por nuevas formas de expresión y de vivencias de lo natural. En los que dejamos que el momento nos sorprenda, sabiendo que lo que vivimos es algo mas que la suma de las partes y de los elemento que allí teníamos. Hay algo mas, un lugar mágico al que nos llevan, a cada uno al suyo propio, y que todos juntos levantados en flores parece que nos dicen hondamente que la mística, como experiencia de lo espiritual está viva, y que sólo tenemos que disponernos, abriendo los sentidos, con un corazón anhelante que diga de forma profunda…¿ Dónde estás?, para poder sentir que el momento nos mira, y el espíritu se llena de paz y de armonía. De sensaciones que desde luego sentimos como regalo, como parte de la hermosura viva de lo creado.

Agradezco desde estas líneas a la concejala de cultura del Ayuntamiento de Ávila,  Sonsoles Sanchez-Reyes esta oportunidad,  a Juanjo Barcenilla y a Adela y María nuevamente mi agradecimiento total. A todos los que levantasteis juntos este poema con flores, el poema de amor mas bello de la historia. Mil gracias a todos.

La inscripción para el curso será donada a la Cruz Roja en su dedicación a los Refugiados de la guerra de Siria.

 

Vivimos en unas sociedades llenas de ruido. Y no somos conscientes del lugar que ocupa en nuestra vida, en nuestras propias personas. Ruido lleno de músicas, radios tronando por todas las esquinas, casas llenas de televisores, redes sociales que enmarañan hasta las horas de sueño. En este nivel de ruido vamos sobreviviendo, y nos adaptamos a él de tal manera que nos provoca hasta “síndrome de abstinencia” no tenerlo. Siempre tiene que haber algo sonando cerca.

Curiosamente todo este planteamiento llena mi pensamiento desde hace unos días cuando vi las imágenes del encuentro de los dos presidentes de EEUU y de Alemania, Trump y Merkel. Entre ellos apareció un muro , y eran incapaces de comunicarse. La diplomacia, la buena educación, la cordialidad, se vieron pisoteadas por lo que quería decir el silencio que se creó. Un momento duro, lleno de intransigencia, de posturas diferentes sobre aspectos de economía, política y sociedad. Todos sentimos este frio glacial que lanzaron desde los medios de comunicación .

Llamamos silencio a muchas cosas. Estar sentado con alguien al que tengo muchos reproches que hacer por su conducta y pensamiento como en el caso de los presidentes, es un tipo lleno de violencia. Es un silencio lleno en el fondo de palabras como puñales. También hay otros tipos, entre los que destaca el silencio forzado del que no tiene a nadie con quien compartir de veras su vida, el del que se encuentra incomprendido o perdido dentro de su casa. El silencio de la cárcel, la física y la emocional.

En 1951 uno de los músicos mas brillantes y llenos de personalidad de la historia de la música europea, Federico Mompou publicó su primer cuaderno de “ La Música Callada”, una serie de cuatro libretos que le llevarían casi veinte años terminar, y que es su obra mas personal . Quería Federico crear una música que fuera la voz del silencio, entendido este como lugar donde viajar a la esencia de la vida, avanzando en la dualidad entre notas-sonidos y silencios, dejando que estos últimos fueran los protagonistas. La descomposición de cada momento desde lo sonoro hasta el silencio, el espacio que hay entre los sonidos se constituye en el protagonista. Aterrizó en la poesía y pensamiento de nuestro santo Juan de la Cruz, viendo cómo esos lugares llenos de silencio eran realmente el suelo en el que como hombres debemos vivir, creciendo en lo que somos, en el espíritu que nos define como personas: como las avenidas de las aguas…

Silencio y ruido, una dualidad que se nos impone muchas veces, que dejamos que acampen en nuestra vida sin poner ninguna objeción. Llenar cada espacio de nuestro día de ruido hace que cale al interior, y tenemos problemas de concentración, falta de creatividad, atrofiando la sensibilidad, dejando a otros el protagonismo de nuestra psique.

La búsqueda del silencio, no el impuesto a la fuerza por condicionamientos vitales, implica tener un impulso personal e intransferible de búsqueda de nosotros mismos. Un silencio lleno de “ música”, lleno de todo aquello que nos rodea y que espera que con nuestros sentidos seamos capaces de percibir, la belleza, la tersura, el sinuoso camino del viento, la campana sonando hacia el infinito, la bruma que sobre la hierba se queda pegada al amanecer. Y este nuevo silencio requiere, si queremos avanzar en él, que nos desprendamos de todo, hasta de nuestras expresiones de lo que sentimos a la manera común, avanzando por caminos nuevos, únicos, los de cada uno. Así a Mompou, pianista supremo con 18 años, alumno de Gabriel Fauré en el Conservatorio de París, amigo de Ravel, admirador de Debbusy y de Messiaen, la música hasta entonces escrita se le hizo una montaña a la que no quería ascender. Lo suyo era “ desarmar” para poder construir algo que tuviera que ver sólo con lo experimentado a nivel sensorial por él, no nacía de dentro sino que le caía a veces a deshoras desde fuera, en su silencio ese lleno de vida, luz, armonía y lenguaje.

Muchas veces cuando analizo comportamientos como los de los presidentes de dos potencias del mundo hace unos días, me pregunto hacia donde avanza la civilización. Ya en el s. XVI hubo un hombre que desmontó todo lo que se oía, para con las mismas palabras y el mismo idioma, contar la verdad, la que habitaba en su silencio tan fecundo. Llegó a decir que lo que estaba allí es para el disfrute del hombre, el suyo, el mío, el de todos. Se crea para cada uno, y la percepción de esta “ hermosura” como expresión de todo este silencio tan lleno de música, nos arrebatará el espíritu, nos absorberá en ella haciéndonos parte de su verdad, nos transformará en su mismo principio, haciéndola crecer en nuestra vida.

Sentirnos orgullosos de nuestra historia y cultura, de esta ciudad castellana tan llena de belleza, también ha de tener como trasfondo el pensamiento y la mirada de nuestros místicos. Sentirnos así vecinos de Juan en este camino del silencio fecundo, y darlo a conocer a un mundo hiper desarrollado técnicamente pero lleno de ruido, de malos modos y de prejuicios.

Decía Mompou en una de las ultimas entrevistas que dio a un programa de TVE que tenía una parte de su “ Música Callada” como sintonía, “ la mejor palabra, es la no dicha”, la música mas bella es la que escuchas cuando dejan de sonar los sonidos mas sublimes. Mompou y San Juan, siglos que se unen en un mismo camino.

Silencio, soledad muy sonora, llena de vida “ cómo las avenidas de las aguas es el rugido y bramido de mi alma” (Cantico Espiritual),

Os sugiero una música para estos días,” La Musica Callada” de Mompou, en la interpretación del pianista ruso, Arcadi Volados. Os dejo este documento en video de una interpretación del propio Mompou al piano.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 23 de marzo. 2017

 

La Moraña es un territorio abulense muy parecido al mar. Abierto de par en par sobre un cielo azul que se desploma sobre campos arados que salen de barbecho a cada poco.

Y es un mar completo no sólo en su fisonomía de firmamento pegado al suelo duro de Castilla, sino en su historia, en su arte y en su pensamiento. Las carreteras que lo recorren junto con la red de caminos y sendas, trazan sobre la superficie un dibujo como de venas , como si toda ella fuera una mano abierta y plana .

 

Coger el coche en una fría mañana de enero y dejarse caer por ahí, es una aventura llena de interés, sentirse parte del paisaje, sujetando el cielo, y abriendo el espíritu. Entiendes así de manera muy personal, que esta tierra haya sido siempre así, que deambularan por estos caminos místicos como Santa Teresa y San Juan de la Cruz, o como el judío Mosé de León, autor de El Zóhar o “Libro del Esplendor”, que fue el introductor de la Kábala en Castilla. Místicos cristianos y judíos junto con los islámicos como El Mancebo de Arévalo. Todos ellos como caminos que han surcado los mares del pensamiento y el espíritu, dejando su poso hasta nuestros días.

Así cuando llegas a la Iglesia de San Juan Bautista de Narros del Castillo, entrando por el recinto amurallado que como cinturón rodea el espacio, lleno de cuarcitas con sus restos de talla del Paleolítico, vas poco a poco aterrizando en el verdadero rostro del lugar. Y el planeo visual sobre el mismo nos deja sin respiración por lo increíblemente bello de su construcción, las proporciones, los ábsides ladrillo a ladrillo construidos con primor, el artesonado que sobre los muros del templo descansa en su esplendor.

Al entrar en la iglesia, tuve la sensación de que sus elementos y características que la embellecen se encuentran dentro de este mar profundo y ancho de miras que es esta zona de la provincia. La expresión de esto en diferentes soportes artísticos, arquitectura, escultura,… literatura como los tratados del Mancebo de Arévalo:”Tafsira”, “el Sumario de la relación y Ejercicio Espiritual” y “el Breve compendio de nuestra Santa Ley y Sunna”. Es el mas importante autor de la literatura aljamiada, que era de contenido islámico, escrita en castellano con grafía árabe. Me di cuenta de que la belleza del templo, las airosas proporciones , el aire que con la luz bañan cada rincón pertenecían a esa España mixta y variopinta que ha forjado nuestro espíritu y se ha quedado tallado en la arquitectura . El artesonado mudéjar mas bello que podamos contemplar nos deja sin respiración. Las paredes están pintadas con imágenes de personajes que bien pudieron ser los constructores de todo, con sus gorros típicos, con verdaderos retratos en sus rostros. Ahí estaban nuestros antepasados, subiendo en fresco las escaleras de la torre del campanario. Y en sus palabras , las del Mancebo parece que comienzan a hablar :”Señor, dad a mi lengua y-a todos mis mienbros i sentidos corporales una perfeta i santa continençia. Señor, dadme pureza, desnudeç, i libertad enterior, y-entendimiento, i íntimo recoximiento….” Humanismo y pensamiento, como recién salido de la boca de Juan o de Teresa.

Los estudios nos muestran que este autor nació en Arévalo y recorrió desde aquí muchos lugares de España, siendo probablemente arriero o comerciante. Recibió en Zaragoza en 1534, el encargo de escribir las nociones musulmanas mas básicas que se estaban perdiendo desde la conversión forzosa al catolicismo. Este libro es la “Tafcira”, donde el autor muestra su gran formación humanística con términos en latín, y con ecos en sus obras de La Celestina, y la Imitación de Cristo de Kempis. Curiosamente las citas sobre el Corán son menos completas. En un momento dado, nos cuenta su proceso de conversión al Islam, ya de adulto, y cómo fue ampliando sus conocimientos en sus viajes. Tuvo seguramente que huir de la Península después de dar a conoce su obra, usando las redes secretas de los moriscos. Debió escribir un texto sobre esta aventura de su fuga, pero no se ha conservado.

El retrato de este pensador y escritor morisco, parece que nos pone en hechos vivos lo que en la iglesia de Narros vemos. La fusión de las religiones, del pensamiento de diversos colores, la destreza manual, el arte de las proporciones, levantándose en esta comarca abulense tan especial. Vemos cómo es difícil ir diseccionando con un bisturí, en nuestro pensamiento, qué es cristiano, qué es musulmán, judío, morisco, mudéjar,…porque todo se argamasa como la muralla de cantos del recinto, en una especie de turrón de historia amalgamada. Esto es lo que hay debajo de nosotros, en nuestra historia, mestizaje y fusión, como todo mojado del mismo cielo que pinta cada momento. Como todo sumergido en este mismo mar.

Así decía Antonio Machado en un poema que leo al llegar a casa:

“ Desnuda está la tierra,

y el alma aúlla al horizonte pálido

como loba famélica. ¿ Qué buscas,

poeta, en el ocaso?

Busco el mar de Castilla, que por estas llanuras, se ha recostado.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 26 de enero. 2017