POR DÓNDE VAGARÉ

Cuando me enteré de la muerte en septiembre del poeta norteamericano John Ashbery, (1927-2017) tuve la sensación de no haberle nunca entendido, de que por donde el “vagaba” yo nunca había vagado. Conocer las Consolaciones de Listz por él me había enganchado a sus cosas: yo tampoco me he consolado mucho con ellas, quizá un poco con las de tono menor. Considerado como uno de los poetas más grandes de la literatura actual, comparándole con Wallace y con Whitman, sus poemas me producían un torbellino del que me sentía fuera al finalizar los versos. Sabía que era un camino poético diferente, sentía que era también mío pero que algo me lanzaba fuera inexorablemente.

El otro día me comunicaron que los chicos de la Casa Grande de Martiherrero querían hacerme su embajadora. La impresión y la responsabilidad me ha lanzado de manera increíble a los brazos poéticos de Ashbery. Es como si ese “¿por dónde vagaré?” se hubiera convertido en mi interior en una especie de mantra.

Tengo esa sensación de que la maraña de palabras que de los versos se lanzan y que sentía como un vendaval sobre mí, ahora como ligera nieve van cuajando, levantándose y mostrándome su belleza y lo radiante de su verdad.

“Sigue una cosa a otro toldo en el horizonte de acontecimientos. Al marchar cambia una vida de tema. Tenían sentido unas cosas, otras no. No esperaba morir tan pronto. En fin, supongo que tenía que haberme tabulado de algún modo. Había hablado de escribir en tu pierna ,…” Heavy home, 2005.

La llegada a la Casa Grande de Martiherrero te traslada en un momento a otra época cuando era sanatorio para la tuberculosis. Esperas ver por allí enfermeras con cofias blancas y largas tertulias de enfermos en los miradores. El jardín con sus altos árboles, que dejan en el verde un montón de caminos laberínticos por donde vagar. Pero cuando traspasas de veras su puerta, comienzas a hablar con los cuidadores, monitores y los chicos, sientes que eso es lo grande que como adjetivo va a las espaldas de su nombre. De ser una casa de reposo y curación se ha transformado en algo grande, lleno de humanidad que palpita, porque los que por allí viven, los que trabajan cada día en estos largos salones, se quieren.

Hablamos en estos días mucho de amor. Una palabra que queremos que ocupe, como decía Wallace Stevens el lugar de una montaña. Allí la ponemos, y estos días prenavideños la decoramos con luces, la vestimos de regalos. Me pegunto qué es el amor, y en qué consiste.

Creo que podría escribir con todo en estos días de descanso navideño un poema al estilo de Ashbery. Usando imágenes impactantes, como piernas escritas con amor en cada sala de fisioterapia. Diciendo que los toldos que vemos desde la carretera son realmente tejados fuertemente construidos para proteger a este lugar de la inclemencia del tiempo, de la crítica, el egoísmo y la indiferencia. Expresaría de algún modo poético que muchas cosas no tienen sentido en mi vida pero que habitan junto a otras que poco a poco se van levantando como casas robustas: estar al lado de los más sencillos y necesitados tiene cada día más sentido y verdad.

 

Dice Andrés Ibañez que no se lee un poema como otro texto, novela o artículo. Un poema se lee, soñando. Pasan entonces las palabras a ese lugar de penumbra entre la luz y la ensoñación, un lugar que cuando lees así de manera profunda y dormida, se queda dentro hasta que un buen día algo los hace resurgir y tienes la certeza de que siempre han estado allí. Los títulos de los poemas de Asberry pertenecen a ese tesoro que se esconde en lo hipnótico de mi ser, como este “por dónde vagaré”. Leer un poema es ajustar los ojos a la profundidad a la que queramos mirar.

El otro día recorriendo el centro con su directora Pura Alarcón y con Esther Martín, viendo con sus ojos todo aquello, dejando que sus palabras y sus gestos tan llenos de amor me salpicaran, sentí que por estos pedregosos lugares de la sierra de Ávila, lo que la lectura de la vida nos deja es algo cercano al granito, a sus musgos y a la luz. A la verdad en palabras de Teresa de Jesús, que da también el nombre a todo. Y es que ella parece también vagar por estos lugares, como de la mano de estas amigas. Granito que brilla al sol más que un fino diamante, lleno de durezas y de belleza. Parece que sus palabras sobre esto aún nos salpican, la belleza de los seres humanos está en nuestro interior, y allí somos tesoros y hermosura. La de los que levantan este centro con su trabajo, apoyo y tesón. Los que ayudan económicamente, los que se acuerdan de ellos, lo que por ellos oran, los que trabajan en definitiva por la paz. Creo que todo lo que la realidad de este lugar nos envuelve, se queda vagando en el interior. Podremos escribir un día un largo poema lleno de inconexas palabras que como copos de nieve formarán una silueta. Una roca brillante de hielos en forma de corazón.

Articulo publicado en el Diario de Ávila el día 14 de Diciembre. 2017

Oración en forma de flores por la paz.

Diseño floral del Encuentro Islamo-cristiano: construir la paz. Universidad de la mistica. CITeS. Ávila  17-19 noviembre 2017

     

En este mundo tan lleno de conflictos, atentados y guerras, donde la intransigencia se va adueñando de muchas conciencias, levanto estas flores y comparto con vosotros una oración por la paz. Flores con las que voy construyendo este diseño floral, flores que son ahora palabras con las que dibujar , con las que meditar un rato, con las que orar al Padre creador del Universo.

Hablar decía Teresa es orar,

descubrir que todo arranca de dentro,

que allí, en ese jardín del alma

es dónde tenemos que construir,

plantar y cultivar la paz.

 

Encuentro y vida,

arrancando a caminar por otras sendas,

sintiendo que mi camino se parece al tuyo,

que mi interior está pintado con los mismos colores

que el tuyo, ahora que te tengo cerca, hermano.

 

Hay un lugar que es la cima de un monte

poblada de musgos , desde donde a veces

puedo ver lo que hay tras las ramas,

el cielo recortándose sobre el sol.

Desde donde tu también oras

y te encuentras con tu ser.

 

Cima para escalar y para construir sobre ella,

un refugio del espíritu,

arrancando la escalada violenta que arrasa la esperanza,

ayudando así a otros a caminar.

 

Fondo bajo el agua, sintiendo la inundación

de vida que recibimos,

si como hojas nos tendemos y abiertos

vamos cambiando y aceptando nuestro propio color,

el que desde el origen nuestro Señor nos ha pintado,

el colorido de nuestra piel y nuestra canción.

 

Son las ramas, velas de verdura,

orando por todos en su pequeñez,

elevando la voz, flor a flor,

en cada hoja roja , en cada brote verde,

el otoño rotundo y radical que vive

en cada mirada de paz,

construyendo puentes,

transformando el corazón.

 

Reflexión sobre el arte, el lenguaje y la naturaleza en la expresión artística de Carlos de Gredos. Los incendios de Gredos  de estos días y sobre los delincuentes de lo natural, los pirómanos,…

Muchas veces ocurre algo que ya estaba escrito, que las rocas mostraban, las matas daban forma, el aire allí se enredaba y la mirada con él, se paraba. Hay algo potente detrás de la naturaleza entendida en la plenitud esa que abarca junto con los árboles y los mamíferos, el pájaro carpintero, la libélula, la cigarra y el bolo de granito, la piedra caballera sobre el horizonte. Algo o alguien que mueve con su viento las hojas y las arremansa sobre la cortante, llenando sólo de manera racheada cada cavidad que el granito en su panza talla. Está escrito en el aire decimos y hay quien como Carlos de Gredos siente que está escrito también en roca madre, en cardo, el cencerro de mimbre, en hilo de luz cargado de cardos que hasta el infinito se mueve. Está escrito en la palabra esa que está viva y como legado de civilizaciones pasadas, historias, tradiciones y cuentos, nos llega a la boca, al cuaderno, a la canción, a la mente creadora como la suya. Reflexionamos muchas veces sobre el poso del tiempo, y el devenir de la historia que conforma nuestro pensamiento y articula cada civilización, y no nos damos cuenta que somos también los herederos del idioma, de las palabras que desde tiempos inmemoriales nos acompañan como pueblo, que nos relacionan con otros lugares, que amplían nuestro suelo en otras direcciones también nuestras.

Estaba el sábado pasado viendo la exposición que Carlos ha levantado en el patio del Colegio de Arquitectos de Ávila, al lado de la muralla, más bien cerrado por ella. La ciudad estaba bulliciosa al calor del verano que empujaba a todos a disfrutar de las piedras centenarias, los palacios renacentistas, la luz que se iba chocando por las iglesias para morir en el suelo. Y al encontrarnos en la entrada con los verracos comiendo y bebiendo fuego y agua tuve la sensación de que esas imágenes levantadas por Carlos en platos de acero bajo las esculturas, mostraban de manera potente e intuitiva lo que estaba comenzando a ser imparable, el fuego que arrasó laderas y bosques cerca de Hoyocasero, su hogar y lugar donde se asienta su museo al aire vivo llamado “Cerro Gallinero”. El círculo del que en la noche bebían fuego los verracos se transformó de sol de firmamento pacificador en fuego voraz que aniquila la vida y se la traga como un gigante devorador de sus propios hijos, como Saturno puesto en pie. Estaba escribiéndose, y así fue todo rodado.

Carlos es un artista muy especial con el que me une el amor y la contemplación de la naturaleza como enigma de vida, motor de crecimiento personal y fuente de la belleza sin par. Lo natural tal y como es, lejos de los estereotipos. Ávila, su sierra, las peñas graníticas que como grandes vacas pastan en las colinas, la sierra oscura preñada de tomillo, los piornos con su embriagador y ácido perfume llenando de amarillo lo gris, lo pardo, lo dormido. Salir a la sala de exposiciones más impresionante que el hombre tiene en el campo, detrás de su casa, bajo la bota al pasear, entre las cabras perdidas en el risco, bajo los cardos que flotando arman bolas mágicas en el horizonte. Carlos coge todo esto, y nos lo muestra perfilado, diseñado a la manera precisa de un arquitecto, cincelando la naturaleza, en proporciones perfectas, el equilibrio, la luz y la sombra que proyecta. La belleza que estaba siendo quemada en la sierra en ese momento, era la joya más preciada en el patio del palacio, los cardos, las santolinas, la luz que de lo iluminado se proyecta, el calor sofocante, el incendio vital que todo lo cambia.

Estos días hablamos y nos dolemos de tanto incendio, y siempre nos queda ese enigma de qué es lo que hay en el fondo del ser de los pirómanos, y cómo son capaces de disfrutar y sentir placer provocando incendios, muerte y destrucción. Dejando que los ríos no sean capaces de digerir tanto hollín, y que la lluvia de las tormentas resbale sobre lo quemado y como lágrimas recorra la superficie aún caliente. Las turberas encendidas de Menga, en esos prados que son como el firmamento donde la vista quiere pastar.  Esos delincuentes de lo natural no han visto nunca el entorno de su vida como lo hace Carlos, la belleza de aquello que queman, pisoteando con fuego el tesoro de lo natural que además del valor material que puede llegar a cuantificarse, tiene como mochila el emocional, la belleza, la propia historia, mi casa, el huerto de mi padre, el bosque lleno de mí mismo, mi propia piel.

¿Recuerdas Carlos esas divinidades bicéfalas que ponían los romanos en las puertas de sus casas, Janus?, así debíamos todos mirar por estas mirillas al poner un pie fuera, en el bosque de Hoyocasero, en la sierra de Ávila, en el camino verde de las Hervencias. Para darme cuenta que si lo mancho y degrado con basuras, lo quemo con gasolina, lleno las aguas de venenos y el aire de pesticidas, me va todo a mirar también a mi cuando asqueado de tanta mugre me siente en mi casa para descansar. Ya no podemos hacerlo, la imagen de lo quemado ahí está, y nos mira, y nos quema, y nos hace sufrir.

Una mirada poética en el verdadero sentido es la de Carlos. Articulada en las palabras que como dovelas construyen su mente, y que se muestran en la verdad, la piedra, el cardo, la tierra, el cable, la luz y el color. ¿Es poesía lo que tenemos a nuestro alrededor?, desde luego que sí, sólo tenemos que sentirlo así, y ser capaces como él de crear museos vivos en lo que nos rodea, sintiendo que eso es la vida y que en esta mirada se llena de ser y de verdad. Palabra y roca, cardo y mirada, verraco y vaca y berroqueña piedra sobre mi, las dualidades bicéfalas del interior. Arte y naturaleza, fuego y horror.

Publicado en el Diario de Ávila. sábado, 2 de septiembre, 2017

Ven, vive conmigo , y sé mi amor

y probaremos todos los placeres

que producen los bosquecillos, las colinas y los campos,

el bosque, o las montañas elevadas.

 

Y nos sentaremos en las rocas,

y veremos a los pastores alimentar sus rebaños,

por rios poco profundos, por cuyas cascadas

pájaros melodiosos cantan madrigales.

 

Y te haré una cama de rosas

y un millar de ramilletes frangantes

una gorra de flores y una túnica

todo bordado con hojas de mirto,…

Cristopher Marlowe

El pasado fin de semana si cogías un coche para desplazarte desde Ávila hasta Arenas de San Pedro, te encontrabas en un momento sumergido en una estampa del pasado, rotunda y dinámica, la trashumancia de las vacas que de Extremadura subían a los frescos pastos de Castilla. Subiendo el puerto al ritmo de los rebaños, sentías que el coche con toda su tecnología, tenía que acomodarse al paso de las vacas, y el motor parecía rugir como un mamífero mas.

La Sierra oscura del invierno se llena en estos días de luz, con los piornos florecidos, las flores silvestres de los barbechos, las praderas encharcadas que este año están mas secas de lo normal en estas épocas, los ríos y arroyos bajando entre rocas, espumeando el ambiente con su movimiento.

Parece que entras así de golpe a una parte de tu pasado que aun está viva y que te pide a golpe de cencerro que la protejas como parte de tu patrimonio, la Trashumancia, y que en ella descanses un rato. Hubo hace siglos un poderoso grupo de personas que unidas bajo el nombre de la Mesta, eran una de las organizaciones mas poderosas del país. Parece que procede etimológicamente del adjetivo mixto que significaba mezcolanza, personas de muy distinto tipo social y laboral formaban parte del mismo, de señores a medianos propietarios, aristócratas ricos y eclesiásticos , ganaderos pequeños y pastores. También puede proceder del vocablo bereber mechta, es decir las majadas invernales del ovino.

Esta asociación en Castilla tuvo mucho poder, incluso llegaron a tener la jurisdicción legal desde el reinado de Alfonso X que puso estos privilegios en 1273, en las manos de sus administradores, que se comportaban como verdaderos alcaldes.

Los caminos por los que atravesaban el territorio, las cañadas siguen tan marcadas en el territorio, con unos derechos sobre el mismo claros y rotundos, que hacen que ahora, muchos siglos después, incluso en esta época de las comunicaciones rápidas por medio del coche y el ferrocarril, sigan manteniéndose, y puedan ser las “autopistas” de las vacas que por ellas estos días se mueven.

Está la sierra preciosa, los ganados se mueven en la cañada conducidos por las caballerías, y los pastores pese al esfuerzo de las largas caminatas, vuelven a su verdadero oficio, y disfrutan.

La belleza de la sierra ha llevado desde hace siglos también a cantar todas estas cosas, dando cuerpo a un tipo de poesía que es la pastoril. Lo idílico del paisaje en primavera, ha llevado desde siglos a idealizar la vida en el campo. La sierra llena, con su capa de colores, habla en la boca del poeta de la belleza de lo natural, desde que el griego Teócrito creara este género poético, donde los personajes son pastores que buscan en la naturaleza el consuelo para sus males. El paisaje pasa de ser el fondo de la historia contada, a irrumpir como el protagonista, dando cuerpo al tópico del “ locus amoenus”. Virgilio cantó estos versos, y el Renacimiento castellano continuó en su rastro, con Garcilaso de la Vega.

Reconozco que esta “evasión pastoril” siempre me ha encantado. Sé de la dureza de la vida al aire libre, de las noches a cielo raso, el dolor de los pies desgastando sandalias, la soledad y el aire racheado , la lluvia, la nieve y el pedrizo. Las tormentas, las plagas y el desapego de los pastores de sus familias, compartiendo el tiempo con su ganado y el cielo que sobre ellos sienten que se cae. Releo poesía pastoril como esa tan bella de Christopher Marlowe(1564-1593) el eterno contrincante de William Shakespeare, que dice esto de “ ven, vive conmigo y sé mi amor,/ y probaremos todos los placeres/ que producen los valles, los bosquecillos, las colinas y los campos,/ el bosque , o la montaña elevada,/….y te haré una cama de rosas,…”

Estaba estos días metida en estos versos, recitando a la vez el Cántico Espiritual de nuestro paisano San Juan de la Cruz, viendo cómo estos idílicos paisajes son el fondo y el protagonista a la vez de mi propia vida y de la existencia de todos nosotros. Que todos los hombre somos realmente animales gregarios, y nos gusta vivir así. Que seguimos a los pastores que divisamos en nuestra cañada, y que esto que parece ser nuestra salvación y felicidad puede, y es a menudo, el pozo amargo de nuestra existencia. Pastores que guían pero a veces nos preguntamos que hacia dónde nos llevan y la revisión de los objetivos y metas nos dirige aquí o nos saca de allí. Decía San Juan a quien quería escucharlo que la mirada de Dios es el amor, ese pastor de las almas, mientras atravesaba media España a pie, calculan de mas de 35.000 kilómetros recorrió en su vida. Aquí está sin duda el filtro por el que pasar a cualquier pastor que aterrice en nuestras vidas. Un filtro llamado amor.

Realmente la actualidad tan llena de despropósitos, violencia, y terrorismo a veces no nos deja ver el fondo de la vida, de la nuestra, que en estos días se pinta con los colores de la primavera. Y sobre las rocas que berroqueñas se dibujan en el horizonte me gustaría recitar así en voz alta, “oye pastor, … vive con nosotros, y sé por favor nuestro amor”.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 29 de junio. 2017

Un paseo primaveral por el Pinar de Hoyocasero persiguiendo a las Pulsatillas, con un poemario de Dámaso Alonso y las palabras de San Juan de la Cruz, de su » Cántico»

El otro día en medio de miles de compromisos laborales y familiares y un dolor de cabeza del tamaño de una nube sobre la sierra, cogimos el coche y nos dirigimos a un lugar que al menos en mi recuerdo va a ser ya para siempre mágico: El pinar de Hoyocasero en Ávila. Un pequeño entorno natural único que bajo el cielo enredado en los altísimos pinos «Pinus sylvestris»se levanta de forma sorprendente, lleno de verdor, de flores increíbles, de praderas encharcadas, un verdadero oasis botánico. Y todo se levanta bañado de luz en mi memoria.

Se levanta la luz filtrada,

se levanta la mirada,

en  mis ojos, creadores de luz

en cada  sonido, se levanta

en cada pliegue, volando

en cada aguja de pino, arriba,

en cada flor.

Iba mirando cada tronco de los pinos, las gotas de agua que sobre los pétalos de las Pulsatillas Alpinas formaban pequeños estanques en los que tendía a sumergirme, los pelos y pelusas de su tallo, el movimiento acompasado por millares de corolas hacia la luz que jugaba por allí filtrándose a veces, ocultándose al fin muchas otras. Las matas de peonías silvestres que parecían sacadas del jardín romántico mas elegante de Europa, con sus flores rosas en movimiento como de baile por las laderas. Los muguetes (Convallaria Majalis) se desplazaba por las praderas bajo las otras flores como si nada, las orquídeas de Gredos (Orchis masculla),  los sellos de Salomón (Polygonatum odoratum)…

Muchas veces sientes que vives momentos cerrados, estancos, definidos como este paseo, circunscrito a un lugar como este pinar isla. Lugares con una vegetación y condiciones sorprendentes en medio del resto, como esta sierra de Hoyocasero en Ávila.  Momentos que se quedan recostados en tu interior. Sobresale esta isla interior en medio de un paisaje duro, agreste, lleno de piedras berroqueñas, tomillos, piornos y robles. Nuestro propio interior y su paisaje.

Los días, las horas, la vida con toda su cadena de casualidades va avanzando, y sientes que nada está dejado al azar. Es como si mi propia existencia la viera escrita en un libro del que no soy yo la autora aunque al irlo descubriendo, leyéndolo,  vaya viendo mi mirada, mis reflexiones, lo hondo de mi sentir hacia algunas cosas, el tallo de la Pulsatilla, y lo tierno de su presencia en medio de la migraña que nubla a veces mi vida. Y al ver  cómo todo se va escribiendo sientes un escalofrío, algunas personas lo llaman «temor», el sentimiento de estar imbuido en una corriente cálida y paternal que te envuelve y te va empujando a caminar, a mirar y ver estas cosas, a cantar al viento lo descubierto entre lo natural. A alabar a la Creación por levantarse en mi mirada creadora, hallando la luz dentro de mis ojos cerrados, dentro de mi ceguera y mi debilidad.

En esta sorpresa, en este regalo fortuito, la Creación parece que me deja mirar y crear y caminar así. Cae en mis manos, tras un paseo por un mercado de libros, un poemario de Dámaso Alonso, y siento que esto que yo vivo es tan real como otras muchas cosas de la vida, que él con su hondo sentir poético y su lirismo delicado también lo sintió. Lo siente,… dice así

Ah, gracias por mis ojos inventores.

¿Qué es la luz sin un ojo que la mire?

Sordamente se irradia, vibración utilísima,

por mares de negrura: un mundo ciego.

 

Mis ojos inventores crean luz.

Colaboran a cada millonésima parte de segundo

en el plan providente de la gran Creación:

prologan Creación, inventan luz.

 

Soy colaborador, soy delegado

de mi Dios, a través de mis ojos.

Y mas; afirmo aun mas

( y me aterra al decirlo un terror dulce)

Ojos inventores de luz, colaborando en el plan de la Creación que mas que estática y ya creada, vamos viviendo y sentimos que está viva y en continuo movimiento, y que de donde arranca es de nosotros, de esos ojos colaboradores y creadores de luz y de belleza.

En medio de lo árido de nuestro día a día, con problemas, nubes de sentimientos entrelazados, cansancio, apatía, tristeza en muchos rincones, aparece como una isla, como este pinar mágico esta llamada a colaborar con el movimiento mas dinámico y poderosos del universo: la Creación. Se levanta con nuestra búsqueda sin fin de belleza y de luz, la isla mas bella poblada de flores silvestres increíbles como estas Pusatillas tan bellísimas. Se levanta como estos pinos tan altos al cielo, siempre buscándolo. Es necesario amigos tener esa apertura de búsqueda. Para encontrar tenemos que buscar, y en esto ir con el corazón y el alma lleno de pasión. Para poder sentirnos identificados vitalmente con lo natural, para no ser un mero espectador, sino parte de todo lo creado, tan llenos de luz y belleza como todo lo que vemos alrededor. Vemos que es bello este rincón que nos cautiva al que he vuelto en muchos ratitos desde entonces, pero que es bello en general todo el paisaje, el nuestro, el interior. Que en muchos lugares de dentro hay aridez y dureza, zonas llenas de arenas y de salitre. Que el mar desde luego se extiende por dentro y que está ahí para  aprender a navegar sobre y con él, a bucear en él sin perder nunca la vista en la luz que como columnas se van levantando en mi vida. Hay bellos bosques que nacen en medio de la niebla y el dolor, y su belleza depende de mis ojos, de mi sensibilidad que es la que levanta toda la belleza y colabora con su Creador.

Con las palabras de Dámaso se unen los bellos pensamientos de mi paisano del alma de San Juan de la Cruz en el cántico Espiritual B, 1,11, que hago mis en este paseo por el pinar

Dicho queda,! oh alma!, el modo que te conviene tener para hallar al Esposo, hallarte en tu escondrijo ; pero, si lo quieres volver a oír, oye una palabra llena de sustancia y verdad inaccesible: es buscarla en fe y en amor,….que esos dos son los mozos del ciego que te guiarán por dónde no sabes, allá a lo escondido de Dios.

Ese Esposo que como Creación se levanta en nuestros ojos, que los deja amorosamente ser ellos los creadores de la luz. Un Amado al que hay que buscar en lo escondido de nuestra existencia, en el silencio interior, abriendo de manera valiente el escondijo mas profundo del alma, estando allí muchas veces, tomando en esto posesión. Una naturaleza, una Creación en pie, que se eleva en la mirada. Buscar con pasión, poniendo en esta aventura todo nuestro ser, avanzar, volver a caer y levantarnos, gatear, bucear, subir a las cumbres y bajar al fango del corazón.  Y como nos dice Juan creernos de veras que esto es así, que la vida se compone también de esto, de la interioridad habitada y florecida, de que la luz nos ilumina siempre aunque a veces nuestra migraña nos impida mirar.

Me encanta esta imagen de los dos mozos, la fe y el amor. Dos mozos que pueden guiarme hacia lo escondido de Dios. Mozos de ciego que me guían, pasión, empuje, determinada determinación de caminar, fe  y amor.

Os dejo una maravillosa música de Liszt en la interpretación del gran pianista Claudio Arrau.  Bendición de Dios en la soledad de las Harmonies poétiques et reeligieses. Unas piezas para piano que compuso en 1847, en donde toda la creación en forma de sonidos se levanta para los oyentes, toda creada para disfrutar.

¡La encontré!

 

Cada uno de nosotros va buscado algo, se afana a lo largo del día en medio de toda la carga del trabajo y la familia en intentar encontrar eso que parece levantarlo de la cama o el sofá. Y lo que buscamos tiene mucho que ver con nuestra propia vida. Reconozco que soy florista porque son las flores una de las cosas que me lanzan por ahí a caminar. Contemplarlas, meter la nariz dentro de su corola, tocar los pétalos, tenerlas cerca de mi a lo largo del día, planear diseños mas o menos imposibles,…. Algo parece que ladra dentro, ese ladrido interno que te impulsa a buscarlas dando un paseo en el campo, a lo largo de una vereda, en las cunetas de la carretera, en los mercados internacionales de flores. Como decía Goethe “ Ladran, luego cabalgamos/ Cabalgamos en todas direcciones/ después alegrías y negocios,/ pero siempre ladran detrás/ y ladran con todas sus fuerzas”.

Unas de las flores que mas me empujan a “cabalgar” desde niña son los Acianos (Centaureas Cyanus), conocidas como azulejos, clavelinas, azulinas, unas preciosas flores que nacen en los terrenos baldíos al lado de los campos de cereales y que florecen en primavera. Consideradas como signo de espacios naturales limpios, su crecimiento en estos entornos de cereales se va año tras año reduciendo por el uso de pesticidas y herbicidas, que también acaban con ellas en las cunetas, los basureros y los terrenos baldíos.

Adoro estas flores, su limpio color como de cielo y entiendo que hayan sido utilizadas a lo largo de la historia por muchos pueblos para decorar, e incluso como elemento claro de lenguaje floral: con esta flor se han dicho muchas cosas. Es la flor nacional de Estonia, y en Francia es el símbolo de la conmemoración del Armisticio de 1918. La flor favorita de Goethe y de todos los románticos alemanes con Novalis a la cabeza. Pero es también lenguaje floral y es utilizado aun hoy como emblema, así se puede ver en los bailes de salón en Austria “ Cornflower Ball” cuyas parejas danzan bajo el suelo de la ultraderecha mas cercana al nazismo. Utilizaban estas bellas flores azules para reconocerse los nazis entre si cuando su partido no estaba aún legalizado en Alemania. Podemos también rastrear el horror que causaban en la población judía estas florecitas en los testimonios de algunos supervivientes que las relacionan con sus verdugos.

Parece mentira cómo la historia va apareciendo a cada paso, incluso en la apreciación de las flores silvestres que vemos creciendo por tantos lugares, y cómo lo que inspiró a los padres del romanticismo alemán “ Die Blaue Blume” la bella flor azul que perseguían como a su amada inmortal, se convirtió en la amante del régimen del horror nazi.

Ya el botánico Mattioli en el s. XVI recomendaba su infusión para las afecciones de los ojos y tienen los Acianos como padre botánico nada menos que a Linneo, publicando su estudio en 1753 en “ Species Plantarum”

Conducía el otro día por el Valle Amblés, la mañana estaba surcada de nubes que enegrecían el horizonte y rayos de luz descolgándose parecían bañar el campo. Iba buscando piornos en la Sierra de Gredos para comenzar a diseñar las decoraciones de la inauguración en Navadijos del “Festival del piorno 2017” y la vista de la sierra berroqueña que comienza a pintarse de amarillo se quedó fijada en los campos cercanos a la carretera llenos en sus bordes de Acianos, que al aire parecían bailar. Un baile mucho mas suave y tranquilo que el de sus parientes en Austria. Recordé uno de los poemarios mas bellos de todos los tiempos, el de Vicente Huidobro  y su canto II lleno de lirismo, imaginación con nuevas formas de expresión tan sorprendentes como delicadas , “Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil,/ Se pierde el mundo bajo tu andar visible/ Pues todo es artificio cuando tu te presentas/ Con luz peligrosa,… Haces dudar al tiempo/ Y al cielo con instintos de infinito/ Lejos de ti todo es inmortal,…

A Vicente lo que le movía en estos versos era el amor, el motor de toda la historia que con su cadena va haciendo rodar la vida. Dentro de esa cadencia infinita, la primavera aparece florecida tras los fríos meses de rigor. Renace la vida, los piornos llenan la sierra con su dulce y a la vez agreste olor, pintando todo de color amarillo, mientras las flores de al lado del camino también arrancan a nacer. Parece que el cielo se queda reflejado por el suelo en una pequeña flor. Con ellas, desde tiempos remotos, al mirarlas sentimos que buceamos lentamente en un infinito azul que renace fresco. Eternidad, amor, anhelo de vida natural, eco desde lo mas hondo del alma, la expresión de la vida y su devenir.

Amar nuestras cosas, la cultura, el patrimonio arquitectónico, la ciudad, los pueblecitos con sus casas construidas sobre la roca, la gastronomía, el arte y la poesía, lleva también de la mano, como de paseo otra realidad: la naturaleza. Fuente de riqueza material y también hondo surtidor de emociones y de pasión. Sensibilizarnos hacia estas pequeñas flores, recapacitar sobre su belleza, su historia y lenguaje nos regala el disfrute total que podemos alcanzar con sólo pasear por el campo tranquilamente una mañana de mayo como esta. Tomando un verso de Goethe como bandera libertaria, en voz alta recitando.: “La encontré/ era en un bosque: absorto/pensaba andaba/ sin saber ni qué cosa/ por él buscaba,…

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 18 de mayo 2017 

 

EJERCICIOS DE CONTEMPLACION EN EL CAMPO EN SEMANA SANTA

Muchas veces cuando veo que se van acercando los días de Semana Santa me invade un sentimiento muy complejo lleno de muchos otros, como una argamasa de distintas cosas. Probablemente el mas acentuado tiene que ver con mis creencias y mi fe, el hondo sentir de la primavera que como Pascua llega a la vida tras un doloroso proceso de dolor, sufrimiento, soledad, incomprensión y abandono. Un camino a la muerte que abre la puerta a la vida verdadera. Creer que todo esto que pasó en la figura de aquel joven judío llamado Jesús, nos marca un camino a todos sus amigos, nos va ayudando a comprender nuestro propio proceso de muerte y vida, de fin del invierno y de la primavera que nace llena de brotes.

Llena de deseos de vivir esto, me marché al campo, sabiendo que la naturaleza me iba a ayudar. Morir a tantas cosas de mi que no me gustan y sobre todo allí me acercaba para, dejando al silencio y al tiempo en toda su amplitud, mirarme por dentro de manera honesta. El campo estaba realmente impresionante, despuntando a la primavera en los brotes de los fresnos y alisos, los prados encharcados que en algunas pendientes se vestían de Jacintos o de botones amarillos de los Narcisos, las Escilas comenzando a florecer en los cercados, las Violetas arrancando a mostrar su tímido olor, los primeros Eremurus, y las flores de las Prímulas se volvían a pintar, entre los capullos de los Geranios silvestres, el porte elegante de las Aguileñas. La garganta bajaba a toda prisa y envolvía mi silencio en una verdadera música, como una sinfonía de agua y de velocidad. La familia volvía a la vida sencilla del campo, a fregar en la pila de piedra y a cocinar bajo la claraboya de la casilla.

Sentí de manera instintiva que tanta belleza me quería marcar, dejar en mi su huella, que tenía que ir tras ella abriendo los sentidos a tope, dejando el pensamiento discursivo, la mente con todo su entramado mundo de pensamientos, sentimientos, anhelos, miedos, ansiedades, problemas, aparte, lejos de esa naturaleza increíble que se me ofrecía como regalo. Dejar a los sentidos su trabajo, y frenar en mi entrenamiento meditativo, dejando a un lado por primera vez en mi vida adulta los libros y la música. Poco a poco lo iba consiguiendo, con paciencia. No es fácil dejar a un lado la mochila toda llena de pensamientos y sentimientos aparte. Me costaba por momentos, y en otros me sentía muy feliz, liberada.Como una mariposa de las que por allí volaban, me dejaba caer, de una flor, a una hierba,…

 

La increíble sensación de todo lo que me rodeaba, iba siendo mi maestro y mi guía. Lejos de mi lanzaba hasta las oraciones que habitualmente llenan mi vida, las ideas y los propósitos, libros, análisis, estudios. El ruido tan musical y a la vez profundo de la garganta parecía que llevaba en su trajín de gotas, espuma y rocas chorreando, el agua hasta mi interior y que calaba profundamente por dentro, me refrescaba, y sobre todo me limpiaba. El agua se mezclaba con la suave brisa primaveral, y movía las hojas secas de los robles que a la puerta de la ermita se arremolinaban, y que con su barrido me llevaban también a mi entre ellas. El verde brote de los castaños se abrían tan dentro que hasta podía sentir el hondo quejido del dolor, de aquello que nace en un cuerpo envejecido por tanta dureza y rigidez.

Estaba en otro lugar al que nunca antes había ni soñado, y todo estaba impresionantemente dentro de mi. En apariencia yo estaba allí, sentada simplemente en actitud de escucha de todo, en términos coloquiales podríamos decir que sin hacer nada. Pero esto desde luego, os comparto, no es así ni mucho menos. Si dejamos a la naturaleza su verdadero poder, nos abrimos a todo aquello que nos regala en este santuario vivo y lleno de amor, nos encontraremos con la puerta del mismo y podremos oír cómo el aire que mueve todo nos invita a pasar muy dentro.

Las horas pasaban tan lentas en apariencia como fugaces en mi corazón, como en una cadena de momentos dichosos que te hacen sentir que ya no puedes mas con tanto, que lo que se regala es demasiado para ti. Al pasar a contemplar todo, a sentirme mirada y empujada, llena de agua que entre rocas arrancaba todo por dentro, por primera vez me empecé a ver de manera diferente. Recordé a Teresa de Jesús, y ese consejo de ir por el camino del » conocimiento de si», una sugerencia que cambió de sentido, pasó en un momento de ser algo que yo podía conseguir por mi misma a ser un regalo. !Un regalo de verdad!  Me he mirado muchas veces por dentro, pero sólo cuando realmente mi actividad meditativa frenó y dejé que lo que me rodeaba me mostrara lo que quisiera, entonces sentí este regalo de verme así. Y realmente, lo que vi, y aún sigo viendo, tiene muchas cosas, como capas, hojas, hilos, madejas y barros que no me gustan nada.

Y comenzó en estos días la vivencia de la Pasión del Señor, porque me vi tan llena de cosas que debería arrancar, pulverizar y dejar al margen, que realmente sufrí y sentía dolor profundo. Un dolor que por primera vez se mezclaba con el disfrute del momento, era como si desde la cruz se me dijera » disfruta» en vez de » llora y sufre por tu traición».  Repetía sin poder parar estos versos del Cántico de San Juan de la Cruz. Eran como un mantra para mi, como las cuentas de un nuevo rosario:

» Gocémonos amado,

y vámonos a ver en tu hermosura,

al monte y al collado

do mana el agua pura,

entremos mas adentro en la espesura.

Todo así , en esta pasión llena de entrega y gozo,  remueve  el corazón mucho mas. El amor, la dicha del momento, se mezclaban con el deseo de cambiar, de morir, de ser un poco mas digna de tanta belleza, de la naturaleza que me rodeaba, de la familia tan amorosa que esperaba a que hiciera la comida, de las procesiones, las torrijas, y la vida que en todo se filtraba.

El silencio y el tiempo al dejarlo abierto en nuestra vida, mas que ser tiempo perdido, poco productivo, es realmente forjador de vida y de verdad. Vivimos en una vida en la que parece que hacemos todo lo posible por vivir fuera de nosotros mismos. Podemos estar años, incluso decenios sin darnos cuenta, no dejando la puerta abierta a nuestra propia humanidad, a aquello que nos define como personas. En este camino, que desde luego precisa de estar muchas veces en silencio, y dejar que el momento nos envuelva con los sentidos finos, la mente quieta y el corazón entregado, encontramos nuestro equilibrio. Estar todos los días un ratito así, entrenarnos en esto, como hacemos en otras muchas cosas de la vida, para poder encontrar nuestro verdadero lugar viéndonos como somos con los verdaderos ojos del corazón, esos que nos miran de veras.

La Pascua llegó iluminando mi interior como nunca lo había hecho. La vida espiritual está llena de emoción, amigos, y no deja que un momento se pueda confundir con otro, ya  que tratando de lo mismo, se llena de colores muy diferentes, de nuevos olores a primavera, la tierra llena de barro y de hojarasca se va convirtiendo en pradera florecida al sol. Es diferente porque yo soy diferente en cada día de mi vida, voy avanzando por ella, a veces tropiezo, me equivoco, confundo cosas, y otras encuentro nuevas rutas por las que parece que me van llevando.

Ahora que ya estoy en mi trabajo diario en la floristería, en la empresa y en medio de todo el trajín de llevar mi casa y familia, siento que el regalo de esta Pascua debo no dejar que se vaya llenando de polvo y de verdín. Volver cada día un ratito a ese lugar increíble que se abre dentro, a encontrarme conmigo y a ir afinando los sentidos para empezar a ver, oír, sentir, acariciar, ayudar a los demás. La actividad contemplativa es así un nuevo entreno para la vida diaria, para ser mas permeables a las necesidades, el amor, la ternura que los demás nos dan y que nosotros queremos también entregar.Y además todo lo vivido siento que me ha abierto realmente el corazón, si, ha sido así. Estuve en la puerta de ese santuario interior de lo natural de mi existencia, y la Pascua floreció ante mi rasgando todo como la rama que se abre en el brote. Entonces como esa otra María que tenía también el corazón pillado, siento que debo salir por ahí a contar estas cosas, a compartirlas con todos, y a volver cada día a esta Galilea tan hermosa con su santuario interior, cerrando los ojos del cuerpo y abriendo los del corazón.

Feliz Pascua a todos.

Os recomiendo la lectura de estos libros , en este nuevo camino, para empezar a entrenarnos:

» El libro de la vida» de Teresa de Jesús.

«El Cantico Espiritual «de San Juan de la Cruz.

» Ejercicios de contemplación» Franz Jalics

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA SEMANA SANTA EN AVILA, CON LA MÚSICA DE TOMÁS LUIS DE VICTORIA.

Una reflexión sobre la historia de Ávila y el tesoro musical que tenemos.

 

Estaba el sábado pasado colocando unos Lotos en medio de un camino de gravas volcánicas rematando mi exposición de Mistica y arte floral “Los ojos del corazón” cuando me di cuenta que la muralla allí también aparecía mas que en la foto solamente, en toda la realidad del Museo y de los arreglos florales. Por la calle se veían muchos grupos de turistas y en el ambiente de toda la ciudad se empezaba a sentir la Semana Santa. Intenté pensar cómo se vivían estos días en los años de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz, qué arropaba la espiritualidad, mas allá de los pasos y las cofradías. Y el nombre de Tomás Luis de Victoria comenzó a llenarlo todo, especialmente en su “Tenebrae”, una música depurada, que parece levantarse en medio de la oscuridad de la Semana Santa, y que de manera cristalina construye una nueva catedral sobre los oyentes que sin saber qué es lo que oímos, nos sentimos impresionados.

Es Tomás un músico único, según musicólogos de reconocido criterio como mi buen amigo Alfonso de Vicente, el mejor compositor del Renacimiento tardío español y uno de los mas sobresalientes de todos los tiempos. Tomás es a la música religiosa, a la que se dedicó toda su vida desde que con 9 años y huérfano de padre, llegó a la catedral de Ávila, lo que Teresa es a la literatura religiosa. Son ambos junto con San Juan, místicos profundos y universales. Un autor al que se le define como “El compositor de Dios”, algo así como aquel que compuso las obras que casan perfectamente con los cuadros de otro artista profundamente religioso y genial como el Greco. Llenos ambos de la mas depurada técnica artística del momento, con una educación elevada, supieron llenar de color en forma de pinceladas o de notas las imágenes del alma de los creyentes.

 

Y me encuentro con este poema de José Hierro, al igual que él que componía siempre en los cafés, dejando sus versos recogidos en las servilletas de papel, en un momento de descanso dominical . El proceso o camino que me ha llevado a considerara su poema “ Acordes a Tomás Luis de Victoria” como uno de los mas depurados y bellos de su producción, tiene que ver con haberlo leído tranquilamente con los “Tenebrae” victorianos sonando en mis oídos. Son un conjunto de dieciocho motetes para cuatro voces a capella. textos litúrgicos para oír en el oficio de Tinieblas de toda la Semana Santa , en el Triduo, en los laudes de Jueves Santo, el Viernes y el Sábado Santo. Fueron compuestas y publicadas en Roma en 1585. Este oficio, que se celebraba con mas frecuencia antes de 1962, es realmente impresionante. Los rezos de las Horas se adelantan a la víspera por la tarde para no interferir a los oficios solemnes y se celebra en la entrada de la noche. Imaginémonos la catedral toda a oscuras, con el candelabro denominado “ tenebrario” con sus 15 velas encendidas. A cada canto de un salmo, se va apagando una vela, hasta llegar a la última que viene a significar la pasión de Jesucristo y en la que se canta el Salmo 50 “Miserere”, y se sitúa en la parte de atrás del altar ocultándolo. En ese momento los fieles producen un ruido de carracas para simbolizar los fenómenos naturales que precedieron a la muerte de Cristo.

La música que impresiona, va como pintando al modo del Greco, en pinceladas como lágrimas, todo el momento. Así dice Pepe poniendo palabras y versos al momento:

¿ Aún abrirás los bosques?, 

¿Aún talarás las olas?

¿ Alzarás las columnas 

de la noche a la gloria?…

¿ Poblarás con tu lumbre

crepuscular aurora”

Harry Christophers, director del famoso conjunto de música renacentista “The Sixteen» en un estupendo reportaje realizado por la BBC con motivo de los 400 años de la muerte de Victoria, habla de algo que yo y muchos oyentes de su obra hemos sentido algunas veces, que se mueve algo dentro de nosotros, y que parece que nos eleva a otra dimensión por momentos, entre sonidos tan dilatados en el tiempo que rompen los límites de la audición convencional, las voces cristalinas de los niños, ahora interpretados por sopranos de brillantes y limpios registros. Y esto, desde luego sitúa a Tomás en el lado de los místicos, desde la composición musical, sobre toda la estructura que parece tan férrea de la armonía que acampaba en las iglesias del Renacimiento. Parece que nos hay constancia de la relación directa de Teresa con Tomás en Ávila, por la diferencia de edad, y por la marcha del joven a Roma a los 17 años. Pero lo que no podemos dudar es que ambos junto con Juan, muestran en el arte místico, la belleza insondable de los lienzos de la muralla, el cielo cristalino sobre las almenas, el frio del ambiente que lucha por congelar el hondo sentir de un pueblo que aparece lleno de pasión y amor, que abre los bosques, que está orgullosos del pasado que aún mira dentro, con los ojos del corazón …

“ luna verde y redonda

ojo donde los hombres

apacientan sus horas”

Es la música religiosa un patrimonio increíble y bellísimo, que debería volver a ocupar su lugar en nuestras celebraciones, para construir así nuevas catedrales bajo las vidrieras de las actuales, taladrando olas, alzando columnas. Feliz Semana Santa, poblada con lumbre crepuscular y auroras.

 

Acordes a T. L. de Victoria.

José Hierro. 1952

¿Estarás donde estabas,
Tomás Luis de Victoria?
¿Al pie de las vidrieras
abiertas a las olas?
El órgano de plata.
Los rosales sin rosas.
El viento galopando
por la luz misteriosa.
El amarillo otoño
besándonos la boca.

¿Aún abrirás los bosques?
¿Aún talarás las olas?
¿Alzarás las columnas
de la noche a la gloria?
¿Gotearás de estrellas
las rojas amapolas?
¿Harás brillar los peces
sobre la orilla sola?
¿Prenderás tus marfiles
en las cimas remotas?
¿Poblarás con tu lumbre
crepuscular la aurora?
¿Serás el mismo que eras,
Tomás Luis de Victoria?
¿Llevarás en la mano
la dorada limosna,
misteriosa moneda,
luna verde y redonda,
ojo donde los hombres
apacientan sus horas?

Silencio. Del instante
lunar, la fuente brota.
¡Dios mío! Estamos muertos.
Gira el astro. Se borra
la eternidad herida,
las heridas palomas,
el cristal donde estalla
la luz que se desploma.
Todas las almas llevan
sangrando su corona.
Sin tiempo. Sin caminos.
Como un árbol sin hoja.
Como una primavera
muda, y errante y rota…

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 5 de abril, 2017https://www.youtube.com/watch?v=KKeL6_NaHtg

 

Taller de meditación con flores y música sobre el poema de San Juan de al Cruz » Cántico Espiritual»

El pasado martes 4 de abril desarrollamos una actividad con flores, música y poesía muy especial en el Monasterio de San Francisco. Dentro del marco de la Exposición » Los ojos del corazón» que está abierta desde el día 1 al 15 de abril de 2017 en el Centro de Interpretación del Misticismo de Ávila, en su Museo de mística.

Llevaba mucho tiempo con la idea de poder realizar algún día algo así, con música en directo que fuera, junto con las flores naturales, vehículos en un viaje mas contemplativo que propiamente meditativo. Dejar que las palabras de Juan nos llevaran y hacerlo en grupo, compartir con otros esta experiencia. El taller se desarrolló para 20 personas, y con la técnica de Ikebana fueron realizando sus arreglos dentro de todo lo que sentíamos sensorialmente, la música, el olor de las flores, su tacto. Abriendo en ello los sentidos, los interiores, como dice el titulo de la Exposición, » los del corazón».

La tarde en Ávila estaba primaveral, con los prunos florecidos y las primeras cabezas de león saliendo en las praderas. Fui en los días anteriores seleccionando todas aquellas flores que considero que tienen que decir algo al corazón y que andan muy bien de la mano de las palabras de Juan: brezos, narcisos, tulipanes, guisantes de olor, claveles de poeta, lilums, astrantias, delphinios, acónitos, claveles, crisantemos, ranúnculos, celosías, escalas,anémonas. Con ramas de magnolia, esparragueras Spengueri, eucaliptos, helechos, musgos, hojas de salas. También había rañas de  cortezas, piñas, tramas de ciruelos, mimbres.

La musica fue sublime. No sé cómo agradecer a la pianista Adela Ochadiano y a la soprano María García el concierto bellísimo que nos ofrecieron. Una música que se constituyó en la verdadera voz que nos guiaba y nos transportaba a otro lugar en la limpia coloratura de María. El » Aria di Chiesa» de Alessandro Stradella, » Caro mío Ben» de Giuseppe Giordani,  » Domine deus» de Vivaldi y para finalizar, Ridonami la Calma de Paolo Tosti y el Ave María de Schubert.

Fuimos dejando que todo nos fuera llevando y los arreglos florales comenzaron a levantarse. Cada uno de los participantes hizo suyo un trozo del Cántico de San Juan y todos ellos, una vez terminados y colocados allí en el escenario, junto con la música, levantaron el Cántico desde el corazón de todos los que allí estábamos.

Un momento inolvidable, en el que vamos caminando por nuevas formas de expresión y de vivencias de lo natural. En los que dejamos que el momento nos sorprenda, sabiendo que lo que vivimos es algo mas que la suma de las partes y de los elemento que allí teníamos. Hay algo mas, un lugar mágico al que nos llevan, a cada uno al suyo propio, y que todos juntos levantados en flores parece que nos dicen hondamente que la mística, como experiencia de lo espiritual está viva, y que sólo tenemos que disponernos, abriendo los sentidos, con un corazón anhelante que diga de forma profunda…¿ Dónde estás?, para poder sentir que el momento nos mira, y el espíritu se llena de paz y de armonía. De sensaciones que desde luego sentimos como regalo, como parte de la hermosura viva de lo creado.

Agradezco desde estas líneas a la concejala de cultura del Ayuntamiento de Ávila,  Sonsoles Sanchez-Reyes esta oportunidad,  a Juanjo Barcenilla y a Adela y María nuevamente mi agradecimiento total. A todos los que levantasteis juntos este poema con flores, el poema de amor mas bello de la historia. Mil gracias a todos.

La inscripción para el curso será donada a la Cruz Roja en su dedicación a los Refugiados de la guerra de Siria.

MEDITACIÓN EN LA NATURALEZA EN CUARESMA

Ser peregrino, al menos sentirse así, es vestirnos un poco del espíritu de estos días de cuaresma.

Ser peregrino es sentir que hay en nuestra vida algo tan importante y que nos apremia tanto, que nos empuja a salir por ahí tras ello, tras Él, el dueño del corazón. En la búsqueda siempre arriesgamos en la medida de lo que nos importe lo que andamos siguiendo, es ese ansia profunda la que acelera o retrasa nuestro buscar y nuestro paso.

Estaba estos días muy abatida, sintiendo que tenía tanto que arrancar de mi misma para ser realmente la peregrina que quiere mi corazón. Sintiendo que a veces, las ansias y deseos no van por el mismo camino que nuestros actos, que me pierdo en veredas que no me llevan a lo que anhela mi corazón. La mañana estaba cubierta de niebla, y era tan espesa como mi tristeza, veía el Puerto del Pico taponado con nubes y no podía mas que reprimir mis ganas de llorar, porque todo aquello era el paisaje de mi propio interior. Serpenteando la carretera mas bonita que una peregrina pueda desear, bajamos el puerto y nos llenamos de niebla. Allí, con los focos antiniebla a tope, sentía que la niebla me consolaba como una sábana, la humedad me iba perfectamente para hidratar mi piel.

Con el Libro de Rainer María Rilke » El libro de las horas»  en mi mochila, arrancaba a caminar en medio del campo. Iba intentando ver si la primavera se comenzaba a notar, los brotes, las primeras flores de los frutales, las matas de hierbas florecidas de los lados de la cuneta. Peregrinaje hacia otro lugar, un amarre vital a la naturaleza que florecerá dentro de mi también. Sentí, y así os lo comparto, que este momento  es realmente muy bello, con toda su cola de tristeza y de silencio. Es como cuando preparas un viaje, y en la preparación vas eligiendo el lugar donde quieres dormir, qué vas a visitar, qué vas a probar de comida,…  te vas entrenando para poder subir cuestas, aligeras el equipaje para poder caminar por dónde vayan los demás. Pensando así en mi vida espiritual, voy avanzando también con espíritu de cuaresma, de regalo, de preparación. Quitando tanto que siento que me lleva a caminos de tristeza y desencanto, caminos por los que avanzo a veces siguiendo un canto de sirena, el mío propio, mi imagen y todo el sobre mundo que a ella he ido agregando. Quizá es eso lo mas difícil de estos días y el mayor sacrificio que podemos tener, quitar de nuestra alma todo lo que hemos puesto basado en nuestra propia apreciación de lo que somos. Arrancar hasta llegar a lo que soy, mi verdadero corazón, un lugar que siento realmente cuarteado.

Dice Rilke: ( en el Libro de las horas, traducción de Federico Bermúdez-Cañete )

DIOS habla a cada cual sólo antes de crearlo;

luego sale, callado, con él desde la noche.

Mas las palabras de antes que cada uno comience,

esas palabras nebulosa, son:

 

Enviado al exterior por tus sentidos,

vete hasta el limite de tu ansia;

dame con qué vestirme.

 

Crece como llama tras las cosas,

para que así sus sombras, extendidas,

me cubran siempre por entero.

 

Deja que te suceda lo bello y lo terrible.

Sólo hay que andar: ningún sentimiento es remoto.

No dejes que te aparten de mi lado.

Cercana está la tierra

a la que llaman vida.

 

La reconocerás por su gran seriedad.

Dame la mano.

Las primulas se miran en la corriente que arrasa con todo, y sobre su ímpetu de agua se miran agarradas a las piedras de la cortante. Y florecen cada mes de marzo, abiertas como ojos llenos de infancia y de candor. El trajín del agua deslizándose sobre la tripa de la reguera, las rocas de la cortante del arroyo, refrescan el alma, y siempre esto a sido así. Llenan el silencio que envuelve estos días de penitencia, de música que arrasa por dentro todo atisbo de tristeza.

Y es que todo » crece como llama tras las cosas», en mi caso sé lo que persigo, y doy gracias a la vida que me lo ha mostrado desde la hierba florida, la aromática recién nacida, la rama de albaricoque llena de capullos, la luz y cómo se filtra entre los alisos. Llegar a Dios a través de lo natural, no es que sea fácil, es que es automático.  Querer seguir a Jesucristo sentimos que nos llena el alma de semillas de primulas, que aunque no sepamos cuidar como merecen, florecerán en primavera. Crearán con su color y belleza el aspecto del Reino ese que quiere en nosotros construir para deleite y gusto de los demás. Los otros, los que son realmente los dueños de todo este jardín de dentro del corazón, por los que florece por Pascua.

 

Sólo tenemos que estar ahí en la naturaleza y hacer eso que Teresa de Jesús llama » conocimiento de si», o mirarnos por dentro, y veremos, como así a mi me pasa, que somos un ser mas de un lugar mágico y bello que no es sólo nuestro. Y que estamos en su ciclo como algo mas, que tenemos que salir del invierno, quitar el frío y la tristeza, y llegar florecer para dar fruto. Algo que ofrecer con las manos abiertas.

Poco a poco los días van pasando, y vuelvo a salir por ahí en cuanto puedo. La naturaleza es verdaderamente nuestra casa, como lo es de las arañas que se agarran a los palos del establo, de los membrillos que comienzan a brotar, de los mirlos que canturrean por las sendas, los gatitos que pasan por allí, el topo que deja toda la pradera llena de volquetes de tierra oscura y humeante. Allí encuentro el sentido de mi verdadera alma de peregrina que hacia adelante avanza, siguiendo el rastro del corazón. ¿Dónde está el mío?, en dónde a veces lo coloco no sabiendo que debe estar cerca del agua manantial, y siempre bañándose en la luz.

Pasé el otro día por mis propios pasos, y aún había una prímula viviendo tan tranquila en la pila de agua de la entrada de la ermita. La luz se filtraba entre los robles que empezaban a brotar, los castaños y los nogales. En forma de triángulo se dibujaba sobre la superficie, y me conmovió su figura. Sin querer recitaba las palabras del libro de Isaias: » como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra y fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca»,… cómo bajan,…y cómo empapan,…

 

Palabras que abren el alma, arrancan la niebla y hacen en lo hondo de nosotros crecer la vida en forma de jardín. Empujan mi alma peregrina hacia delante y digo con Rilke, desvistiendo mi vida de tanta tristeza,…

» DESDE  mis amplias alas vuelvo a casa,

de extraviarme con ellas.

Como un canto fui yo, y Dios, como una rima,

aun suena en mis oidos»

 

Cuaresma como camino

y mi alma hecha de anhelos

vestida de capa de peregrina

con anémonas de luz dentro de la tristeza,

arrancando la maleza que el invierno oscuro crió

dentro de mi, para seguirte

y en las alas de la luz bañarme

suspendida en el agua del amor.

 

 

El paisaje me susurra, para que no esté ya triste,…  Deja que te suceda lo bello y lo terrible,… Vive de veras tu vida,…Sólo hay que andar, nada de lo que sientes es remoto, ajeno, extraño, es la misma vida que a chorros sobre ti va cayendo.

Y grito yo también !! no dejes que te aparten de mi lado, Oh Señor mío!. Mira aquí abajo, mira,… está cercana la tierra, la que llaman vida.

Peregrinando por mi propia vida, sintiendo que ya sólo el camino aunque a veces esté nublado es un regalo,  un don que nos regala la sombra que nos cubre. Voy así avanzando hacia la primavera , la Pascua  que renacerá en el abismo de mi vida.

 

La música de todo este paisaje interior que comparto con vosotros es esta maravillosa pieza de Anton Webern, Im Sommerwind, compuesta en 1904. Con sus sonidos como tendidos al infinito, flotando, creando una especie de tela de araña, de ala delta para nuestro espíritu. De terciopelo en su naturaleza, lleno del post romanticismo mas brillante y lleno de belleza. Una obra para oír en soledad, cerrando los ojos y sumergiéndonos en toda la hondura de la música. Una obra maestra, al menos para mi.