Este año he diseñado unas mariposas  para la inauguración del Festival del Piorno 2019 : las realizamos con otros diseños y arreglos en el taller que desarrollamos el día 16 de mayo, en el programa del Piorno en flor que desarrolla ASENORG.

Ya antes de ir a impartir estos talleres en Gredos, para impulsar el amor hacia las flores silvestres, la emoción de vivir en sitios tan privilegiados como Gredos, y empujar el trabajo y la colaboración de los vecinos, ya estoy llena de piornos en mi interior. Es el primer paso, piornizarse,… que significa dejar que toda esa belleza natural entre por dentro, me relaje y me haga disfrutar con su colorido, aroma y silueta toda llena de dulzor amargo.

 

Elegí unas mariposas de papel para que en su sencilla imagen todos volásemos un poco sobre la vida, disfrutando relajadamente de lo que la naturaleza nos regala a cada poco. La actitud de ir por ahí mariposeando, oliendo, posándonos entre flores, arbustos y musgos.

Ver a los vecinos cómo se acercan a estos talleres, en este caso en Navalperal de Tormes, un precioso enclave de la Sierra, con unas vistas increíblemente bonitas. El Aula de la naturaleza donde se desarrolló el taller parecía que estaba dentro de un jardín botánico de piornos, allí salíamos acoger algunas flores, y me parecía increíble cómo todo esta colocado y diseñado con tanta gusto,… por la madre naturaleza.

Las señoras de los pueblos disfrutaron haciendo mariposas, delicadamente pusieron el nombre botánico a cada especie de piornos, realizaron jarrones y arreglos con Moss de manera vegetativa, ramas, cortezas, musgos,… setas.

Dejamos nuestros deseos a los que iban a participar al día siguiente en la inauguración, en forma de arreglos. Piornos como plantitas para ir recreando en nuestros pueblos, jardines, rotondas, entradas de localidades, terrazas, la belleza de esta flor. Cuidándola como lo que es, una verdadera reina,…

Siempre es un gusto coger la furgoneta de Donzoilo y lanzarnos a Gredos, sentirme así, madre pionera, semilla del amor por las flores silvestres,..un regalo de la vida.

 

 

La familia de Bach

 

En estos días me cuestiono donde se encuentra la libertad del individuo, cómo los hombres de todas las épocas pese a los condicionamientos políticos, sociales, de género, han podido vivir en ella. Es cierto que determinadas actitudes, mentalidades, realidades que se imponen en la historia y en algunas sociedades y momentos incluyendo los actuales, no favorecen este suelo en el que pueda desarrollarse la libertad personal.

Vengo replanteando esto, oyendo y estudiando una música que cada día me impresiona mas, la de Johann Sebastian Bach. No hago mas que pensar en cómo en una situación histórica tan comprimida como era la de la sociedad alemana luterana del s. XVIII, en la vida de un músico de la iglesia ,un Cantor de Santo Tomás de Leipzig, con veinte hijos, teniendo que componer música religiosa toda su vida para atender los distintos oficios religiosos, enseñando a los pobres niños a su cargo en la parroquia música y canto para interpretar cada día sus composiciones, podemos ver la obra más libre, bella y completa de un músico genial.

Desde las perspectivas actuales consideramos que un artista, un creador en cualquier rama del arte tiene que poder trabajar en lo que él vea, sienta, lo que le motive, donde las musas aparecen en un determinado momento. Pero esto no es así, en un ambiente tan apretado, lleno de tantas normas, leyes, consideraciones de naturaleza religiosa y social, puede desarrollarse la verdadera libertad, que sale como pájaro de tantos barrotes.

La familia de Bach han sido músicos profesionales desde 1619, organistas, maestros cantores, componiendo música religiosa, cantatas, corales, preludios para acompañar y meditar, en un concepto de la música como instrumento para rezar mas que como una expresión artística en sí misma. Los músicos luteranos del centro de Alemania se dedicaron a componer e interpretar muy arraigados en la tradición antigua de naturaleza polifónica religiosa frente a los músicos del norte del país que empezaron a conocer y a componer en estilos mas relacionados con la ópera, como vemos en otro genio del momento Haendel.  Cercanos al ámbito católico, ya que era en Roma donde comenzaba a oírse y a componer en un estilo en la línea de las óperas dentro del ámbito eclesiástico y del Vaticano.

Si la vida de un músico era en estos momentos y ámbitos alemanes muy regulada por normas y conceptos, imaginemos lo que era para una mujer. Y tenemos un ejemplo sobresaliente en la propia mujer de Bach, Anna Magdalena. Sabemos hoy en día, después de los estudios del profesor  Martin Jarvis que se reflejan en la reciente película “ Crónica de Anna Magdalena Bach”  de Daniéle Huillet que  no fue simplemente la copista de su marido como se leía su vida hace años. Jarvis sostiene que ella compuso por ejemplo el aria de “Las Variaciones Golberg” o el Primer Preludio de “El Clave bien temperado”.

Se casó Anna Magdalena con el maestro Johann en 1721 cuando era una joven soprano que ya se ganaba la vida con su talento vocal. Era la segunda esposa de Bach, y juntos tuvieron trece hijos. Hija de un trompetista de la corte de Zeitz , estaba al tanto de toda la música que se iba componiendo en el momento y ayudó mucho a su esposo, no sólo en su familia numerosa y como ayudante a la hora de transcribir la ingente obra musical que creaba Bach, sino que fue creando a su alrededor un ambiente de libertad y de amor por la música. Organizaba veladas musicales en casa, invitando a los amigos y propiciando la creación de los Conciertos del Café.

Pero el ambiente en el que vivían era realmente rígido y muy cruel, así al menos lo leo yo. Cuando murió Johann, Anna tuvo que irse a los pocos días de su casa en la Escuela de Sto. Tomás, buscando un lugar donde poder sacar adelante a sus cinco hijos pequeños. Sólo pudo disponer de un tercio de la herencia de Bach, que era más o menos el sueldo que ganaba como maestro y músico durante un año. Llegó a pasar hambre, a pedir para poder mantener a sus hijos.

Y al ir oyendo la enorme obra de este genial músico nos sobrecoge la emoción por cada giro de la melodía, las arias de las cantatas, el delicado estudio de la belleza sonora de cada instrumento.  Recoge Ramón Andrés “Los días, las ideas y los libros” la lista de volúmenes que componían la biblioteca de Bach al morir, y entre ellos me encuentro con una traducción alemana de “Llama de amor” de San Juan de la Cruz de Müller. Libertad como reducto del hombre. En familia Bach encontró la llave de la creación y la puerta para la libertad individual.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, el 4 de abril de 2019

 

Estamos en estos días preparando el encuentro con la poesía japonesa y los haikus en la Casa de la Poesía Juan de la Cruz y me encuentro inmersa en este mundo fascinante de la cultura nipona.

Muchas de las manifestaciones culturales y vitales de Japón han ido entrando en la civilización occidental para quedarse: la comida asiática con el Sushi llena de restaurantes y puestos de comida los supermercados. Palabras y actividades como el Origami , la papiroflexia está atrayendo cada vez a mas personas, lo que Unamuno llamaba cocotología o el arte de construir pajaritas de papel. Los libros de Murakami son top ventas en las librerías y muchos de nuestros hogares van siendo decorados con toda la filosofía del minimalismo de Feng Shui con su lema sencillo y claro: “menos es mas”. Los dibujos animados japoneses Manga con Oliver y Benji han sido los cuentos de un montón de generaciones de españoles, los bonsáis llegaron con fuerza como elemento de vida natural en medio del salón de casa desde que en los años 80 se pusieran de moda por la afición a cuidarlos y coleccionarlos del entonces presidente Felipe González.

Me planteo un poco todo este “sunami” oriental y las causas de la fascinación que suscita no solo entre nosotros sino en todo el mundo occidental. Creo que se basa en algo muy sencillo y a la vez muy espiritual como todo lo que hacen y piensan, y se reduce en un verbo: “quitar”. Tendemos a acumular mil cosas, mil pensamientos, mil actitudes en occidente, en un ansia a veces imparable por el cambio y el movimiento de todo que llega en muchos casos y millones de personas a la desorientación y la ansiedad. Queremos hacer, conocer, tener, oír, leer a un ritmo mas acelerado del que nuestra vida nos permite con su trabajo, quehaceres y familia. Todas las actividades, tradiciones y artes que vienen de Japón se basan en este principio de la simplicidad del que ha sabido quitar tantas cosas para disfrutar con pocas de la vida.

Voy ahondando un poco mas y me encuentro con los japoneses en su verdad construida en parte muy importante por sus dos tradiciones religiosas, el Sintoismo y el Budismo Mahayana. El sintoísmo, originario de Japón no tiene libros sagrados al estilo de las Sagradas Escrituras. Sus dioses “ Kami” los encuentran en los fenómenos como la lluvia, el viento, que interrelacionan interiormente con la misericordia o la fertilidad .Las personas al morir se convierten en Kami y son venerados por su familia, personas que se consideran desde su nacimiento buenos, honrados y nobles.

La espiritualidad budista aporta también a este corpus del alma nipona elementos fundamentales. El budismo mas que una religión es una forma de vivir que trata de eliminar todo sentimiento vital insatisfactorio mediante la practica de la meditación como motor base de todo este viaje interior transformante.

Este sustrato cultural ha ido construyendo unos pueblos muy diferentes a los occidentales y a los que miramos con mucho interés. Así estos días estoy analizando cómo son los niños nipones y cuales son las bases de su educación. En los colegios se enseña a los niños a ser independientes, a aprender a ir solos de casa al cole, a hacer la mochila adecuadamente, a hacer las tareas cotidianas necesarias en el cole como barrer, quitar el polvo, cuidar las plantas, atender en el comedor y limpiar las basuras de los bosques, los parques o las playas. Así es como van aprendiendo los principios básicos de la convivencia que ya van a marcar su vida, la honestidad sabiendo comportarse decorosa e íntegramente tanto con los demás como consigo mismos, el respeto a todos sin discriminaciones, la solidaridad dando parte de su tiempo a otras personas que los rodean, la humildad conociendo las propias limitaciones y la paciencia del que aprende a esperar.

Reforzamiento de los valores personales y cívicos, y un deseo de tener poco y disfrutar de cada momento, así lo hacen en medio de las maratonianas jornadas laborales que llegan a producir hasta enfermedades y muerte por exceso de trabajo. La felicidad está en las pequeñas cosas de cada día y en la estabilidad interior y la paz de espíritu.

 

Todo esto que he ido exponiendo de condensa en un tipo de poema tan esencial y breve como profundo y hondo, me refiero al Haiku. En pocas palabras, tres versos sin rima, con un esquema 5, 7, 5 se puede decir mucho, hacer verdaderas obras de arte. La forma básica de haiku se reforzó y se llenó de espiritualidad con Matsuo Basho (1644-1694), que fue un monje zen budista que estuvo toda su vida de viaje aprendiendo de la naturaleza, dejándola ser la protagonista y llevando su escritura hasta el mínimo de expresión y de contemplación.

Pretender en estos días aquí en Ávila ir por este camino de escritura de la naturaleza  es algo al menos refrescante. Me permite ver todo como muy prescindible, arranca el deseo de organizar mi casa al método Konmari , coger un rama, dos flores, tres hojas y una piedra y comenzar a recrear la naturaleza en un ikebana sencillo y verdadero, lo que veo por dentro de mi. Hacer esto con palabras escribiendo haikus, intentarlo al menos siguiendo lo que Basho nos dijo,… “ no sigas el camino de los antiguos, busca lo que ellos buscaron” . Nos apunta esto algo que tiene que ver con el verbo perforar, mirar contemplando la naturaleza para ir mediante un ejercicio de quitar tanta cosas hasta lo que subyace, lo que me hace persona y donde está en fondo de mi equilibrio y felicidad. Escribimos haikus aquí en Avila, y nos vemos con todos los que quieran venir a compartir en la Casa de la Poesía.

DE CENA CON LEONARDO

 

Hace unos días me encontré de viaje familiar ante el fresco de la Ultima Cena de Leonardo Da Vinci en el Monasterio milanés de Santa María delle Grazie. Y como me ha pasado en otros lugares donde se exponen sus cuadros, me pregunto qué es lo que tiene para causar tal efecto de masas hoy en día tantos siglos después.

Igual que en otras ocasiones, en el Louvre o incluso durante el curso sobre la Gioconda del Prado tras su restauración, creo que esta fascinación tiene que ver con las proporciones y el estilo. La mirada, el sfumato y las dimensiones y sobre todo porque a todos los que las contemplamos nos mandan mensajes. Intuimos que hay siempre algo más detrás de lo que vemos.

El fresco de Cenáculo abre con su trampantojo la pared del antiguo comedor o refectorio de los monjes, creando una falsa perspectiva que nos mete dentro de la escena, colocando los personajes en la verdad y la cotidianeidad, por sus proporciones casi humanas. Dirías que hay una mesa más en el comedor, y que allí está Jesús, y curiosamente como comensales estamos también los visitantes.

Parece que Leonardo utilizó una técnica de óleo y no al fresco que está causando desde hace siglos muchos problemas de conservación. Utilizó esta técnica por algo que desde esta visita entiendo, él quería y así lo hizo, estar mucho rato pintado y recreando la escena, interactuando con la luz que desde las paredes del comedor iba moviéndose. La rapidez del fresco no podía ir acorde con este modo de proceder casi meditativo. Es como si la escena estuviera allí antes de que Leonardo la pintara, y él iba poco a poco como un arqueólogo levantándola en este caso a base de pinceladas, y color, veladuras, y movimientos.

Pintada por encargo de su patrón el Conde Ludovico Sforza en 1597, después de un largo estudio que empezaba como en cada cuadro suyo, tomando apuntes a lápiz en un cuaderno por las calles, tabernas y las tiendas.  Iba viendo en cada modelo cómo la luz caía por su rostro, y qué era lo que anímicamente transmitían para ir confeccionando ese puzzle tan complejo y bello de los protagonistas de la escena. Esto nos lo cuenta él mismo en su “Tratado de pintura”, ligando los movimientos de las figuras con sus estados de ánimo, tratando de detener el tiempo, y hacerlo eterno, en ese momento en el que Jesús les dice que uno le va a traicionar, pese al banquete y la camaradería de ese día de fiesta.

 

Hoy en día, entendemos muy bien que es ese “quedar a cenar”. Es una parte importante de nuestro tiempo de relax y de la dinámica social.  Y la comida al menos en España nos une, celebrando todo alrededor de una mesa. Hay estudios minuciosos de recreación de qué alimentos había en la mesa y en la época de Jesús.  Nos indican que comían mucho menos que nosotros ahora, y era el pan el alimento básico, recordamos que ya Homero definía al hombre como “comedor de pan”. Se prohibía tirar migas, o poner carne roja encima y como sabemos por las escrituras no se podía cortar sino partir con las manos.  Los granos de trigo eran también aderezo para las carnes y se hacía con ellos una especie de “polenta” o “pulens” al modo romano. Tortas de trigo e incluso buñuelos fritos en aceite y recubiertos de miel. Aceitunas, frutas frescas y secas como los higos y las granadas, … Platos con salsas y hierbas aromáticas, hierbabuena, ruda, coriandro, romero silvestre en ramitos para aderezar junto con la sal y la canela. Ajos, alcaparras y cominos.

En estos días de fiesta me he acercado nuevamente en mi recuerdo a este lugar, como seguramente se acercó en vida la bella Beatriz del Este, patrona y amiga de Leonardo, cuyo retrato mira ya para siempre la escena.  Y me sorprende que en España haya tanta devoción por la Semana Santa, y tan poca recreación de este momento que como le pasó a Leonardo nos remueve muchas cosas por dentro, a nosotros que nos gusta tanto quedar para cenar. Quizá esto es así porque esta escena está pintada a nuestra escala, nos introduce y nos lleva inevitablemente a vernos reflejados en algún personaje, buscando sin duda nuestro lugar. Un lugar y una figura que es móvil porque todos pasamos en momentos, por ser Judas, Pedro o Juan que está retratado de forma femenina, como mostrando también el lado maternal del mundo, representando a María que luego fue su madre y amiga.

Más que fijarme sólo en este momento que lleva a cada figura al borde del precipicio, me centro en la auténtica hora de la verdad. Me recreo con el momento en la amistad y alegría que aparece retratado, en la belleza de lo cotidiano como esta reunión de amigos por Pascua.  Con esto, avanzamos en una nueva visión más serena de la Pasión, lejos de ese “Sentimiento trágico de la vida” que D. Miguel de Unamuno analiza en los españoles.

Como recuerdo de la visita traje puntos de libro con el hombre de Vitrubio, y creo que esta es la imagen de Leonardo, de todos aquellos que ponen al hombre en el centro del mundo. Esto es lo que nos fascina de él. Muchas veces necesitamos bajar al suelo para desde allí mirar, vislumbrando al hombre como el centro del universo, y comenzar así a construir desde allí nuestra mirada. Sentarnos en el comedor, y con los monjes compartir una cena, comiendo peces, con panes y copas llenas

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Reflexión sobre el arte, el lenguaje y la naturaleza en la expresión artística de Carlos de Gredos. Los incendios de Gredos  de estos días y sobre los delincuentes de lo natural, los pirómanos,…

Muchas veces ocurre algo que ya estaba escrito, que las rocas mostraban, las matas daban forma, el aire allí se enredaba y la mirada con él, se paraba. Hay algo potente detrás de la naturaleza entendida en la plenitud esa que abarca junto con los árboles y los mamíferos, el pájaro carpintero, la libélula, la cigarra y el bolo de granito, la piedra caballera sobre el horizonte. Algo o alguien que mueve con su viento las hojas y las arremansa sobre la cortante, llenando sólo de manera racheada cada cavidad que el granito en su panza talla. Está escrito en el aire decimos y hay quien como Carlos de Gredos siente que está escrito también en roca madre, en cardo, el cencerro de mimbre, en hilo de luz cargado de cardos que hasta el infinito se mueve. Está escrito en la palabra esa que está viva y como legado de civilizaciones pasadas, historias, tradiciones y cuentos, nos llega a la boca, al cuaderno, a la canción, a la mente creadora como la suya. Reflexionamos muchas veces sobre el poso del tiempo, y el devenir de la historia que conforma nuestro pensamiento y articula cada civilización, y no nos damos cuenta que somos también los herederos del idioma, de las palabras que desde tiempos inmemoriales nos acompañan como pueblo, que nos relacionan con otros lugares, que amplían nuestro suelo en otras direcciones también nuestras.

Estaba el sábado pasado viendo la exposición que Carlos ha levantado en el patio del Colegio de Arquitectos de Ávila, al lado de la muralla, más bien cerrado por ella. La ciudad estaba bulliciosa al calor del verano que empujaba a todos a disfrutar de las piedras centenarias, los palacios renacentistas, la luz que se iba chocando por las iglesias para morir en el suelo. Y al encontrarnos en la entrada con los verracos comiendo y bebiendo fuego y agua tuve la sensación de que esas imágenes levantadas por Carlos en platos de acero bajo las esculturas, mostraban de manera potente e intuitiva lo que estaba comenzando a ser imparable, el fuego que arrasó laderas y bosques cerca de Hoyocasero, su hogar y lugar donde se asienta su museo al aire vivo llamado “Cerro Gallinero”. El círculo del que en la noche bebían fuego los verracos se transformó de sol de firmamento pacificador en fuego voraz que aniquila la vida y se la traga como un gigante devorador de sus propios hijos, como Saturno puesto en pie. Estaba escribiéndose, y así fue todo rodado.

Carlos es un artista muy especial con el que me une el amor y la contemplación de la naturaleza como enigma de vida, motor de crecimiento personal y fuente de la belleza sin par. Lo natural tal y como es, lejos de los estereotipos. Ávila, su sierra, las peñas graníticas que como grandes vacas pastan en las colinas, la sierra oscura preñada de tomillo, los piornos con su embriagador y ácido perfume llenando de amarillo lo gris, lo pardo, lo dormido. Salir a la sala de exposiciones más impresionante que el hombre tiene en el campo, detrás de su casa, bajo la bota al pasear, entre las cabras perdidas en el risco, bajo los cardos que flotando arman bolas mágicas en el horizonte. Carlos coge todo esto, y nos lo muestra perfilado, diseñado a la manera precisa de un arquitecto, cincelando la naturaleza, en proporciones perfectas, el equilibrio, la luz y la sombra que proyecta. La belleza que estaba siendo quemada en la sierra en ese momento, era la joya más preciada en el patio del palacio, los cardos, las santolinas, la luz que de lo iluminado se proyecta, el calor sofocante, el incendio vital que todo lo cambia.

Estos días hablamos y nos dolemos de tanto incendio, y siempre nos queda ese enigma de qué es lo que hay en el fondo del ser de los pirómanos, y cómo son capaces de disfrutar y sentir placer provocando incendios, muerte y destrucción. Dejando que los ríos no sean capaces de digerir tanto hollín, y que la lluvia de las tormentas resbale sobre lo quemado y como lágrimas recorra la superficie aún caliente. Las turberas encendidas de Menga, en esos prados que son como el firmamento donde la vista quiere pastar.  Esos delincuentes de lo natural no han visto nunca el entorno de su vida como lo hace Carlos, la belleza de aquello que queman, pisoteando con fuego el tesoro de lo natural que además del valor material que puede llegar a cuantificarse, tiene como mochila el emocional, la belleza, la propia historia, mi casa, el huerto de mi padre, el bosque lleno de mí mismo, mi propia piel.

¿Recuerdas Carlos esas divinidades bicéfalas que ponían los romanos en las puertas de sus casas, Janus?, así debíamos todos mirar por estas mirillas al poner un pie fuera, en el bosque de Hoyocasero, en la sierra de Ávila, en el camino verde de las Hervencias. Para darme cuenta que si lo mancho y degrado con basuras, lo quemo con gasolina, lleno las aguas de venenos y el aire de pesticidas, me va todo a mirar también a mi cuando asqueado de tanta mugre me siente en mi casa para descansar. Ya no podemos hacerlo, la imagen de lo quemado ahí está, y nos mira, y nos quema, y nos hace sufrir.

Una mirada poética en el verdadero sentido es la de Carlos. Articulada en las palabras que como dovelas construyen su mente, y que se muestran en la verdad, la piedra, el cardo, la tierra, el cable, la luz y el color. ¿Es poesía lo que tenemos a nuestro alrededor?, desde luego que sí, sólo tenemos que sentirlo así, y ser capaces como él de crear museos vivos en lo que nos rodea, sintiendo que eso es la vida y que en esta mirada se llena de ser y de verdad. Palabra y roca, cardo y mirada, verraco y vaca y berroqueña piedra sobre mi, las dualidades bicéfalas del interior. Arte y naturaleza, fuego y horror.

Publicado en el Diario de Ávila. sábado, 2 de septiembre, 2017

Ven, vive conmigo , y sé mi amor

y probaremos todos los placeres

que producen los bosquecillos, las colinas y los campos,

el bosque, o las montañas elevadas.

 

Y nos sentaremos en las rocas,

y veremos a los pastores alimentar sus rebaños,

por rios poco profundos, por cuyas cascadas

pájaros melodiosos cantan madrigales.

 

Y te haré una cama de rosas

y un millar de ramilletes frangantes

una gorra de flores y una túnica

todo bordado con hojas de mirto,…

Cristopher Marlowe

El pasado fin de semana si cogías un coche para desplazarte desde Ávila hasta Arenas de San Pedro, te encontrabas en un momento sumergido en una estampa del pasado, rotunda y dinámica, la trashumancia de las vacas que de Extremadura subían a los frescos pastos de Castilla. Subiendo el puerto al ritmo de los rebaños, sentías que el coche con toda su tecnología, tenía que acomodarse al paso de las vacas, y el motor parecía rugir como un mamífero mas.

La Sierra oscura del invierno se llena en estos días de luz, con los piornos florecidos, las flores silvestres de los barbechos, las praderas encharcadas que este año están mas secas de lo normal en estas épocas, los ríos y arroyos bajando entre rocas, espumeando el ambiente con su movimiento.

Parece que entras así de golpe a una parte de tu pasado que aun está viva y que te pide a golpe de cencerro que la protejas como parte de tu patrimonio, la Trashumancia, y que en ella descanses un rato. Hubo hace siglos un poderoso grupo de personas que unidas bajo el nombre de la Mesta, eran una de las organizaciones mas poderosas del país. Parece que procede etimológicamente del adjetivo mixto que significaba mezcolanza, personas de muy distinto tipo social y laboral formaban parte del mismo, de señores a medianos propietarios, aristócratas ricos y eclesiásticos , ganaderos pequeños y pastores. También puede proceder del vocablo bereber mechta, es decir las majadas invernales del ovino.

Esta asociación en Castilla tuvo mucho poder, incluso llegaron a tener la jurisdicción legal desde el reinado de Alfonso X que puso estos privilegios en 1273, en las manos de sus administradores, que se comportaban como verdaderos alcaldes.

Los caminos por los que atravesaban el territorio, las cañadas siguen tan marcadas en el territorio, con unos derechos sobre el mismo claros y rotundos, que hacen que ahora, muchos siglos después, incluso en esta época de las comunicaciones rápidas por medio del coche y el ferrocarril, sigan manteniéndose, y puedan ser las “autopistas” de las vacas que por ellas estos días se mueven.

Está la sierra preciosa, los ganados se mueven en la cañada conducidos por las caballerías, y los pastores pese al esfuerzo de las largas caminatas, vuelven a su verdadero oficio, y disfrutan.

La belleza de la sierra ha llevado desde hace siglos también a cantar todas estas cosas, dando cuerpo a un tipo de poesía que es la pastoril. Lo idílico del paisaje en primavera, ha llevado desde siglos a idealizar la vida en el campo. La sierra llena, con su capa de colores, habla en la boca del poeta de la belleza de lo natural, desde que el griego Teócrito creara este género poético, donde los personajes son pastores que buscan en la naturaleza el consuelo para sus males. El paisaje pasa de ser el fondo de la historia contada, a irrumpir como el protagonista, dando cuerpo al tópico del “ locus amoenus”. Virgilio cantó estos versos, y el Renacimiento castellano continuó en su rastro, con Garcilaso de la Vega.

Reconozco que esta “evasión pastoril” siempre me ha encantado. Sé de la dureza de la vida al aire libre, de las noches a cielo raso, el dolor de los pies desgastando sandalias, la soledad y el aire racheado , la lluvia, la nieve y el pedrizo. Las tormentas, las plagas y el desapego de los pastores de sus familias, compartiendo el tiempo con su ganado y el cielo que sobre ellos sienten que se cae. Releo poesía pastoril como esa tan bella de Christopher Marlowe(1564-1593) el eterno contrincante de William Shakespeare, que dice esto de “ ven, vive conmigo y sé mi amor,/ y probaremos todos los placeres/ que producen los valles, los bosquecillos, las colinas y los campos,/ el bosque , o la montaña elevada,/….y te haré una cama de rosas,…”

Estaba estos días metida en estos versos, recitando a la vez el Cántico Espiritual de nuestro paisano San Juan de la Cruz, viendo cómo estos idílicos paisajes son el fondo y el protagonista a la vez de mi propia vida y de la existencia de todos nosotros. Que todos los hombre somos realmente animales gregarios, y nos gusta vivir así. Que seguimos a los pastores que divisamos en nuestra cañada, y que esto que parece ser nuestra salvación y felicidad puede, y es a menudo, el pozo amargo de nuestra existencia. Pastores que guían pero a veces nos preguntamos que hacia dónde nos llevan y la revisión de los objetivos y metas nos dirige aquí o nos saca de allí. Decía San Juan a quien quería escucharlo que la mirada de Dios es el amor, ese pastor de las almas, mientras atravesaba media España a pie, calculan de mas de 35.000 kilómetros recorrió en su vida. Aquí está sin duda el filtro por el que pasar a cualquier pastor que aterrice en nuestras vidas. Un filtro llamado amor.

Realmente la actualidad tan llena de despropósitos, violencia, y terrorismo a veces no nos deja ver el fondo de la vida, de la nuestra, que en estos días se pinta con los colores de la primavera. Y sobre las rocas que berroqueñas se dibujan en el horizonte me gustaría recitar así en voz alta, “oye pastor, … vive con nosotros, y sé por favor nuestro amor”.

Articulo publicado en el Diario de Ávila. 29 de junio. 2017

 

Decía León Tolstoi en Guerra y Paz que “toda la variedad, todo el encanto y toda la belleza que existe en este mundo está hecha de luces y sombras”. Esta ultima semana siento que está descrita con este titulo de su obra mas conocida. La barbarie de los asesinos radicalizados que siembran el terror por medio mundo, acuchillando a personas que van paseando por la calle, al trabajo, a jóvenes que descansan en un concierto, a fieles que oran dentro de un templo, a familias que disfrutan de fiestas navideñas ,… entran a saco para pronunciar sobre todos la palabra guerra a base de cuchilladas. Estamos en guerra, y es una de las mas crueles que podemos vivir, la que en creencias religiosas se asienta. Una guerra santa contra los infieles, aquella que pregona que al morir matando a los demás, se podrá encontrar el paraíso soñado, ¿ la paz en la guerra, en la muerte y la violencia?

En medio de la desazón por los atentados de Londres, apareció esta imagen de Tolstoi llena de matices, la del joven madrileño Ignacio Echeverría. El héroe del monopatín que con su testimonio ayudando a las otras victimas de la barbarie, dando la vida por socorrerlas, ha puesto de pie una arma increíble y llena de potencia, su humanidad y su amor por los demás. Un corazón generoso y un espíritu libre que sabe lo que tiene que hacer cuando ve el sufrimiento, la muerte y la crueldad de los demás, a su lado en medio de la calle.

La lectura profunda de todo esto va conmoviendo al mundo y a la opinión publica, porque nos viene a mostrar que esta guerra tiene contrincantes muy diferentes, y que frente a los que se inmolan matando hay quienes aman hasta morir. Unos creen que matando llegarán a la paz eterna y otros saben que solo el amor puede cambiar el mundo y qué es lo que como seres llenos de humanidad deben hacer: amar.

Todo este panorama de guerras, de sombras y matices de la paz planea sobre todos y se hunde en nuestras conciencias. Estaba el otro día en un recital ópera de la conocida mezzosoprano norteamericana Joyce di Donato en el Teatro Real de Madrid. El publico operístico tan acostumbrado a un ritual tranquilo, se encontró dentro de este panorama bélico, de luces y penumbras. No hubo actos violentos, pero si apareció en la escena una especie de trinchera hecha de música en la puesta en escena de Joyce que no dejaba adormilado a nadie mientras toda la carga de música y ritmo vertiginoso, acción, pasión y vida de la música de Haendel comenzaba a sonar y a caer sobre todos. No quería un recital al uso, no. Quería conseguir lo que desde luego se vivió, una experiencia de guerra y paz dibujada en sonidos, melodías, trinos, cadencias y ritmo que a veces era trepidante y otras parecía ir posándose hasta morir en la panza de cada sonido que se dilataba. “Lascia ch’io pianga”, o si déjame llorar, cantaba llorando…

Joyce cree en algo que comparto profundamente, en el poder redentor de la cultura.

El movimiento , la acción social del “ Sistema Greece” que desde Atenas recorre el mundo desde finales de 2016 , tratando de promover la inclusión social y el bienestar de los niños que viven en los campos de refugiados griegos, al modo de las escuelas venezolanas promovidas por Dudamel o las peruanas de Juan Diego Florez.

La cultura también es redentora nuestra en otro sentido mas personal, tiene un efecto catártico y nos hace capaces de soportar nuestra existencia, siendo el refugio interior y la medicina en momentos de agitación. Nos hace habitar por dentro, y eso es siempre motivo de crecimiento personal. Al menos para mi esto es así sin duda y la música de Haendel me conduce a través de compases de guerra y otros de pacifica mirada, a mi misma.

La cultura nos redime también, cuando conocemos las raíces de nuestras sociedades y lo que han tenido que pasar, milenios de guerras y de horror para llegar a conseguir la civilización en la que estamos. Así podremos defenderla de veras, y no encontraremos niños criados en Europa que se alisten con los del otro lado de la trinchera.

Estaba el domingo en Gredos en la entrega de los premios del Festival del Piorno. Y cuando me nombraron “Embajadora de Gredos”, realmente me emocioné, sentí que en este panorama de guerra y paz, la vida, los vecinos de Gredos y ASENORG, me situaban no en su bando, sino a la cabeza de ellos , como portando la bandera. La de la paz, aquella que se encuentra en la naturaleza que nos redime y nos sosiega de tanto trajín y de tanta violencia, intransigencia y horror que donde nace es en el interior de cada uno. En medio de tanto caos, la contemplación de la naturaleza nos trae la paz, y nos hace avanzar en lo auténtico que hay en nosotros.

 

No conocí a Ignacio Echeverría en vida, pero ahora creo que comparto con todos, algo, siento que lo conozco y que su ejemplo empuja mi vida también, porque esta bandera que llevó está hecha de la misma tela. Ignacio, siempre en nuestro corazón, gracias.

Articulo publicado en el Diario de Ávila, 15 de junio 2017

 

Los tesoros de la Hispanic Society of America en el Museo del Prado

Corría el año 2009 cuando llegaron al Museo del Prado las impresionantes y enormes tablas de la “ Visión de España” de Sorolla, dibujadas para el Museo de la Hispanic Society de Nueva York. Y tras quedarme impresionada por su tamaño y belleza, comenzó mi interés por conocer quien era ese magnate norteamericano, hispanista y humanista llamado Archer Milton Huntington que hizo a nuestro pintor el encargo. Me pregunto, cómo se llegó a impresionar tanto de España, de una manera tan rotunda, para querer encargar esta obra tan sobresaliente y monumental. En magnificas imágenes que son como fotografías llenas de arte y de color, Sorolla va mostrándonos la España del s. XIX que tanto subyugó a Archer, en tablas tan especiales como la de “ La fiesta del pan” con una imagen bellísima de nuestras murallas, y con los abulenses de aquellos años ataviados con sus trajes y adornos tradicionales. Una suerte de ventana a nuestra historia.

Archer aparece después de revisar su vida y sus fotografías y dibujos como el protagonista de una película al estilo del “el gran Gasby”, como recién salido de una novela de Henry James. Hijo del fundador de la compañía de ferrocarriles Central Pacific Railroad, y de los astilleros de Newport, Collins Huntington, un empresario multimillonario y de Arabella , una fascinante mujer cuya historia apetece contarla en una novela al estilo de “ Lo que el viento se llevó”, una suerte de Escarlata. Nació en Richmond, Virginia, donde su madre tenía una pensión en una zona deprimida de la ciudad, allí en aquellos años abundaban las casas de juego y los burdeles. Casada muy joven con John Worsham ,regentaban varias casas de juego en Nueva York, donde probablemente conoció a Collis Huntington cuando este estaba aún casado con su primera mujer. Se especula que Archer nació de esta relación y que luego cuando sus padres se casaron, fue reconocido como hijo legitimo, y luego heredero de la fortuna paterna.

Al enviudar Arabella de Collis, como viuda triste recorrió media Europa, viviendo como una reina, en compras y visitas a museos y colecciones donde empezó su afición a coleccionar objetos de arte. Con su madre a los doce años Archer visitó Europa, y se quedó cautivado por España. Comenzó a coleccionar todo aquello que podía, arte, libros, mapas, y a estudiar la lengua y la cultura españolas. Un joven que tenía como sueño vivir en una biblioteca llena de España.

Tanta pasión y fascinación por nuestra cultura, arte y civilización me lleva a plantearme muchas cosas. Es posible que un americano que aterrizó por aquí se sintiera mas español que muchos de nosotros, mas orgulloso de nuestra propia historia y manera de ser. El pesimismo por España, muy acentuado en los últimos años del siglo XIX con la pérdida de Cuba, hacía mella en todo el país. Y me parece que en muchos aspectos seguimos imbuidos en este mismo sentimiento.

Cuando entras en la exposición del Prado y ves en unas largas paredes los retratos de artistas, pensadores, literatos, destacados de la España del momento, en los pinceles de Sorolla, Zuloaga y López Mezquita, como los de José Echegaray, Azorín, Machado, Juan Ramón Jiménez, Gumersindo de Azcárate, Pérez Galdós, Baroja, Unamuno,…sientes como un latigazo de admiración por tanta pasión por nuestra historia y cultura. Grandes personajes que están muy olvidados, no sólo de nombre, sino también en su pensamiento y obra. Qué lastima, y qué vergüenza también.

A Archer le describen los expertos en su obra como la comisaria de su Museo de Nueva York, Mencía Figueroa como un verdadero humanista e hispanista de verdad, como el arqueólogo que excavó por ejemplo en Italica en Sevilla. Bibliófilo con una de las mejores colecciones hispanas después de la Biblioteca Nacional, con mas de 25.000 manuscritos, miles de libros raros como el bellísimo “Libro de las Horas” escrito en papel negro con letra en oro que se expone en Madrid, con primeras ediciones de la Celestina y del Quijote. Archer era también un apasionado de la cartografía atesorando joyas como el mapamundi de Guiovani Vespuchi de 1526. Un coleccionista de arte español de primera línea, con obras de Velázquez en un “Conde- Duque de Olivares” genial, “La Duquesa de Alba” de Goya y otras obras maestras de arte hispano. Este es el término que utilizó Archer, muy consciente de que si buscamos lo español, lo encontramos en nuestra historia, en toda la fuerza expansiva del imperio y su legado, su civilización, cultura, pensamiento, religión, abarcando desde luego toda la América Latina y Portugal.

La figura de este filántropo norteamericano nos hace reflexionar sobre nuestras cosas, a valorar lo que somos y hemos sido, a buscar con él el tesoro oculto tras cada piedra, a cantar en voz alta “ El Cantar del Mío Cid”, a maravillarnos protegiendo nuestro patrimonio, queriendo como él vivir ya para siempre en una biblioteca, llena de historia, arte y cultura hispanas. Una exposición única que podemos visitar hasta principios de septiembre en el Museo del Prado.

Con motivo de los 75 años de la muerte del admirado poeta Miguel Hernández nos reunimos un grupo de poetas y amigos de la literatura en el Episcopio de Ávila al comienzo de la primavera. Un año mas acudimos a la convocatoria del poeta Jose María Muñoz Quirós, leemos nuestros poemas, y otros del querido Miguel Hernandez. Con música en directo de una flauta  travesera, usamos un encuentro único.

 

Puse en pie mi poema floral leve la piedra. Poder mostrar el mágico proceso de la creación, cómo se va todo creando en flores, ramas, musgos ante nuestros ojos. El arte floral que normalmente disfrutamos es un arte ya final, le falta toda la vida del proceso creativo que normalmente se quedó solitario en el taller de las flores. Me gusta compartirlo con  otras personas, dándole el sentido que tiene.

 

 

 

Leve la piedra,

sobre la piedra se apoya,

sobre el estanque del musgo.

El mantel de la mancha, la viña,

el silbido, la menta y el piano,

leves sobre la montaña .

 

El circulo de las piedras

que enhiesto se inmola, leve.

El oxido de la grieta, el guerrero

de la pintura, su buril,

la gravidez de la cierva

que danza mientras muere.

 

Leve la vida que sobre el principio

del triángulo se tiende, la vulva,

la piel de la caricia, la zinnia

del corazón boscoso.

El latigazo del sonido al rasgarse,

El cielo marrón y su seco cable.

 

Leve la manzana que

sobre otra verde se pudre.

El moho del polvo, el tiempo,

terciopelo que se ahoga.

El pinchazo y tu dedal,

que sobre mi dedo descansa.

 

Leve la nube que sobre el monte

se rasga, el cielo sobre

el horizonte del trueno.

En gritos disuelto, en rabia,

la paz y el desencanto del airado

tambor de la pancarta.

 

Leve tu mirada sobre los ojos

descansa, el sembrado sobre el mijo,

La cal que por el suelo se baña.

Y la sinuosa soga de la luna

que nos amordaza, hermano.

La parva que del tendido se lanza.

 

 

Exposición de arte floral de María Ángeles Álvarez en el Museo de la Mistica de Ávila. Centro de Estudios Misticos.

Elijo la evocadora expresión de San Juan de la Cruz, » Los ojos del corazón» para dar nombre a esta muestra, porque viene a resumir de manera muy bella y mística todo el proceso artístico y vivencial que con las flores emprendemos, como un viaje sensorial, mágico y muy personal, de descubrimiento de la belleza de lo que nos rodea. Nos abre esta perspectiva los ojos mas interiores y nos deja ir saboreando la Hermosura de la que nos hablan los místicos, en una dinámica en la que lo vamos haciendo nuestro y dentro de nuestra alma toda llena de pasión y amor, que ya sentimos que es alma- corazón, latente, viva y llena de sentimientos.

» Máteme tu vista y Hermosura,…

pues que se sabe que en aquel mismo punto que le viene,

sería arrebatada a la misma hermosura,

y transformada en la misma hermosura,

y ser ella hermosa como la misma hermosura,

y abastada y enriquecida como la misma hermosura,…

» Cántico Espiritual . San Juan de la Cruz. 11

En el marco del centro de estudios místicos, y en su museo se desarrollará esta exposición, en un marco incomparable, lleno de interés y belleza. Al lado de la muralla de Ávila, en un edificio muy singular de arquitectura contemporánea que deja con su rotunda silueta, de manifiesto la esencia de la mistica y permite entrar en su mundo de manera sosegada y tranquila.